Opinión Migración 050123

Sube y baja

Sube.- Andrés A. Ramírez Silva, Coordinador General de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, órgano desconcentrado de Segob, por reactivar trámites y destrabar el conflicto con los migrantes en Tapachula. (La Crónica de Hoy, La dos, p. 2)

Nudo gordiano // Rumbo a la X Cumbre

Es el segundo encuentro desde que se retomó esta agenda, la de reunir a los tres mandatarios de los países de América del Norte en un ejercicio necesario cuando se evidencian los lazos que unen a México, Estados Unidos y Canadá.

Recordemos que, previo a la ocurrida en 2021, en Washington DC, se suspendió porque a Donald Trump no le interesó mantener la relación trilateral en óptimas condiciones. Y grave error, porque política, económica y socialmente los cruces en estas naciones son inevitables. Han sido tiempos convulsos en lo colectivo, así lo expresaron los tres líderes en aquel encuentro, cuando recordaron lo duro que era (es) enfrentar los efectos de la pandemia desde varios frentes, pero también en lo individual.

La próxima semana, Andrés Manuel López Obrador, Joe Biden y Justin Trudeau compartirán agenda. Tres reuniones a la vista por cada mandatario y los temas se han adelantado bajo promesa de que hoy, en Palacio Nacional, tendremos más detalles: diversidad, equidad e inclusión; cambio climático y ambiente; migración y desarrollo; competitividad, salud y seguridad. Y cada país tendrá mucho qué decir sobre cada tópico, también mucho qué cuestionar a los otros al respecto, pero la finalidad de una cumbre como ésta es encontrar los puntos en común para así no sólo ayudarse, sino también para construir puentes por los que puedan transitar juntos.

En 2021, recordemos, la pandemia y sus aristas: vacunas y abastecimiento, fueron de los temas principales. EU hizo lo suyo con la donación de dosis prometidas, a México llegaron más de 13 millones de inmunizaciones. Nuestro país, subrayemos, fue uno de los primeros en asegurar el fármaco cuando el mundo apenas terminaba de entender el momento que vivía.

Lo hemos dicho en este espacio, se ha reconocido desde varios escenarios: el trabajo de la Secretaría de Relaciones Exteriores fue vital para que siete de cada diez mexicanos hayan completado su esquema de vacunación. Sin la labor de Marcelo Ebrard y su equipo no se habría garantizado con prontitud nuestro acceso a las vacunas.

Catorce meses después de aquella primera Cumbre desde 2016, el cruce de migrantes parece asomar otra crisis, pero ayer mismo el gobierno estadunidense anunció que Joe Biden podría visitar la frontera previo a su llegada a la CDMX, una señal de su intención de resolver este tema vital en la dinámica política y social de esta región del continente.

Los migrantes representan millones en mano de obra activa en territorio estadunidense y Canadá, y otros miles de millones de pesos más en remesas que entran a México: “En términos de movilidad laboral, por la demanda de mano de obra que hay en Estados Unidos y en Canadá, y también parcialmente en México y, por otro lado, pues que también tiene esta integración que extenderse hacia el resto de las Américas para aprovechar todas las complementariedades que hay en la región…”, afirmó Roberto Velasco, jefe de la Unidad para América del Norte de la Cancillería, en entrevista concedida a La Razón, al referirse a que esta cumbre tendrá las pilas puestas para hablar de movilidad laboral como una estrategia para potencializar estos territorios. 

La reunión de la próxima semana será, más que decisiva, importante para el fortalecimiento de los lazos entre México, Estados Unidos y Canadá. Más allá de la polémica por el aeropuerto en el que aterrizarán los mandatarios invitados, está el arduo trabajo de la Cancillería, desde su titular, Marcelo Ebrard, al jefe de la Unidad para América del Norte y una comitiva que está hoy trabajando a marchas forzadas para asegurar que a partir de esta Cumbre se vigorice el papel de México en materia de política exterior. (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p. 8)

2023 viene cargado

Iniciamos, con el pie derecho por el nombramiento de la ministra presidenta, un año recargado de eventos críticos que nos pondrán a prueba en más de un sentido.

Pero arrancamos bien. El nombramiento de la ministra Piña es de celebrarse por tres motivos: por ser mujer, de carrera judicial y de valiente autonomía en sus resoluciones. (…)

El 2023 también trae en el costal dos procesos electorales cruciales: la gubernatura del Estado de México y de Coahuila y se tiene la esperanza de revertir la tendencia aplanadora de Morena que ha logrado ya encabezar 22 de los 32 estados de la República en su breve existencia. (…)

Este año traerá dificultades económicas sobre todo para la población de menores recursos por el aumento de los precios de los productos y los servicios y la pérdida de poder adquisitivo del salario.

La actividad económica se ralentizará afectando al mercado interno y a la inversión pública y privada a excepción de la industria de exportación que continuará teniendo buen dinamismo gracias a la demanda de nuestro vecino por tener empresas e inversiones nearshore a sus fronteras.

La gran oportunidad que representa el Tratado comercial de Mexico, Estados Unidos y Canadá, TMEC no ha sido plenamente aprovechada por la errática política exterior y por las controversias en materia energética y agropecuaria de nuestro gobierno con ambos socios comerciales.

Parece increíble la obsesión del presidente a López Obrador de ir contracorriente en estas materias; ojalá que en la Cumbre que se llevará a cabo la próxima semana en nuestro país pueda servir para limar las asperezas ya que el Presidente Biden tiene una molestia con nuestro país por el explosivo incremento de la migración ilegal a su país y la ineficacia de la guardia nacional para cumplir el indigno papel asignado desde el presidente Trump. (…) (Gustavo Madero, El Sol de México, Análisis, p. 13)

Éxodo y privilegio

La Casa Blanca calculó que en 2022 la política de “máxima presión” a Cuba daría sus frutos y las protestas se llevarían todo por delante. La máquina de guerra de Florida quedaría tan contenta que quizás los demócratas tendrían una segunda oportunidad en las elecciones de medio término y Joseph Biden terminaría cumpliendo el sueño frustrado de 13 presidentes.

Pero los cálculos fallaron. El caos se ha producido, sí, en la frontera sur de Estados Unidos y en el estrecho de Florida. En vez de lanzarse a la calle y dar cuenta de una colectiva pulsión de muerte, 250 mil cubanos bien educados y provistos de recursos salieron pacíficamente de la isla para cumplir sus sueños en otro lugar que no sea una castigada isla del Caribe. “Esto no es ciencia espacial: si arruinas un país a 90 millas de tu frontera con sanciones, la gente vendrá a tu frontera en busca de oportunidades económicas”, comentó a propósito del tema Ben Rhodes, asesor adjunto de Seguridad Nacional de Barack Obama, en declaraciones a The New York Times.

Cuantificar lo que significa esta ola es complejo, pero sí se sabe que está enriqueciendo a los coyotes y dinamitando la política migratoria estadunidense. La mayoría viaja por aire, el grupo más grande a Nicaragua, y luego por tierra a través de Centroamérica y México.

Según The Wall Street Journal, sólo el pasaje aéreo a Nicaragua ha costado a los migrantes cubanos y sus familiares unos 800 millones de dólares, mientras los pagos a los traficantes de personas que los guían en el peligroso viaje hasta la frontera generan mil millones de dólares adicionales. Los coyotes, a plena luz del día y sin dejar de robar, organizar secuestros y violar en el momento oportuno, hacen su agosto con total impunidad.

El aumento de migrantes ha llevado a la administración Biden a reabrir el consulado estadunidense en La Habana –cerrado desde 2017 por falsos “ataques sónicos” a los diplomáticos estadunidenses– y a retomar los acuerdos migratorios entre los dos países, que Trump anuló unilateralmente.

Pero, a diferencia de las políticas que aplica para los países centroamericanos, Washington no ha movido un dedo para reducir en el ámbito migratorio lo que los expertos en estos temas llaman “factores de expulsión-atracción” (pushpull factors, en inglés), es decir, la fuerza centrífuga de la depresión económica por el cerco de una potencia extranjera, que estimula el flujo de migrantes, y la fuerte atracción que suponen los privilegios que desde hace más de medio siglo reciben los cubanos que llegan de manera irregular al territorio estadunidense. Para ellos las medidas de control son relajadas y pueden convertirse en residentes permanentes al año y un día de su llegada a Estados Unidos, mientras mexicanos, centroamericanos y otros nacionales son sistemáticamente reprimidos en la frontera, sometidos a la devolución exprés y, si logran pasar, viven bajo el terror de la deportación.

La incertidumbre por el futuro y el temor a la pobreza se presentan como factores sicológicos del éxodo, pero los analistas coinciden en que existe otra gran diferencia entre los cubanos y el resto de los latinoamericanos que pujan por entrar a Estados Unidos. Visten bien, poseen teléfonos de alta gama y tienen solvencia económica, porque previamente han acumulado dinero, han vendido sus propiedades en la isla o cuentan con familiares que pueden pagar la costosa travesía. Con este mercado floreciente, ha aparecido una red que involucra a aerolíneas, operadores de vuelos chárter y agentes de viajes que manejan los hilos desde centros comerciales en Florida hasta aeropuertos en América Central y el Caribe. The Wall Street Journal ha documentado el mecanismo de relojería que hace funcionar esta estructura, con un precio promedio de 10 mil dólares por cada individuo que sigue la ruta.

Para hacer de este un éxodo más singular, no ha faltado quien culpe al gobierno cubano de utilizar la migración para forzar un cambio en la política de Estados Unidos hacia la isla. “Esa acusación es un absurdo, porque estamos perdiendo capital humano, estamos perdiendo jóvenes, estamos perdiendo familiares, personas que podrían estar con nosotros, junto a nosotros, trabajando por el bienestar de sus familias y de su país”, reaccionó Johana Tablada, subdirectora general de Estados Unidos de la cancillería.

La palabra que resume la historia de la migración cubana en EU ha sido y sigue siendo “privilegio”, pero tiene un alto precio pronunciarla en voz alta, incluso ahora que la Casa Blanca parece tener conciencia de lo que le cuesta la riada. La académica Susan Eckstein, de la Universidad de Boston, presentó su más reciente libro, Cuban Privilege: The Making of Immigrant Inequality in America (Privilegio cubano: La creación de la desigualdad migratoria en Estados Unidos), donde demuestra que las leyes especiales para los refugiados cubanos “no expiran ni evolucionan”, porque Washington, en el proceso de privilegiarlos para castigar al país caribeño, “los transformó de agentes de la política exterior de la guerra fría de EU en una fuerza políticamente poderosa que influye en el gobierno nacional”.

Afirmar la verdad en Miami le costó a la multipremiada investigadora el escarnio, la amenaza y el linchamiento mediático. La llamaron “bruja”, y si la herejía de presentar un libro no llegó a más, fue porque en los nuevos juicios de Salem ya no se puede quemar a la gente en la hoguera. Pero hay otras llamas. (Rosa Miriam Elizalde, La Jornada, Opinión, p. 11)