Opinión Migración 050326

Bajo Reserva

Un estadounidense atrapado en el Reclusorio Sur

Nos comentan que hay un caso judicial que está recibiendo mucha atención y seguimiento por parte de autoridades del gobierno de Estados Unidos. Se trata, nos dicen, del caso del estadounidense John Urich, uno de los dueños de BACO, la empresa líder de útiles escolares, quien ha permanecido 8 meses en la cárcel. Existe la presunción de que su hermano, el CEO de BACO, Edgar Urich, compró un “combo” que incluía orden de aprehensión y prisión preventiva justificada. Señalan que el arreglo podría haber llegado a un alto nivel del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México. De comprobarse la existencia de un acto de corrupción don Edgar podría enfrentar a la justicia estadounidense y tener un veto para ingresar a Estados Unidos. (Bajo Reserva, El Universal, p. A2)

Frentes Políticos

1.Codo a codo. Juan Ramón de la Fuente, titular de la SRE, coordina la evacuación de 279 mexicanos atrapados en el conflicto bélico entre EU, Israel e Irán. La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta una crisis exterior que exige operación fina más que discurso. Mauricio Kuri, gobernador de Querétaro, confirmó la salida de 21 queretanos mientras decenas siguen en Emiratos Árabes Unidos y Egipto. Espacios aéreos cerrados, traslados terrestres y embajadas en alerta permanente. Cuando el mundo arde, la protección consular es política de Estado.

3.Confianza. El Mundial 2026 será vitrina de estabilidad, asegura la presidenta Claudia Sheinbaum, mientras la Secretaría de Turismo de la CDMX, a cargo de Alejandra Frausto, reporta aumento de 35% en búsquedas de viaje y descarta cancelaciones masivas. El comité de la FIFA México asegura que el Estadio Azteca estará listo, pese a las dudas que circulan en redes. Más de 63 mil habitaciones y coordinación con hoteleros son la carta oficial. El torneo no espera y la obra tampoco. La cita del mundial con el balón rueda en tiempo y forma. A pisar el acelerador. © 2025 Imagen – Excélsior. Todos los derechos reservados. El contenido de este sitio y de la edición impresa está protegido por la Ley Federal del Derecho de Autor. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización previa y por escrito. El material de terceros conserva sus propios derechos. (Frentes Políticos, Excélsior, Nacional, p. 11)

La identidad no se deporta

Las políticas migratorias en Estados Unidos mantienen a la población latina en el epicentro de la confrontación política. Con 68 millones de personas de origen hispano –uno de cada cinco habitantes–, su peso demográfico y económico es innegable al representar cerca del 15 por ciento del PIB nacional. Pese a ello, este grupo sigue siendo blanco de discursos de exclusión y estigmatización que intentan reducir su presencia a una cifra estadística o a una amenaza de seguridad.

Hoy, la operatividad del Immigration and Customs Enforcement (ICE) se percibe más violenta y abiertamente ideológica, enviando un mensaje de miedo, control y deshumanización. A esto se suma un nacionalismo que exige la asimilación cultural absoluta como condición de pertenencia. Ante esta amenaza a la integridad física y al sentido de pertenencia, la cultura se convierte en un refugio. El antropólogo Jorge Duany señala que las identidades migrantes se mantienen vivas gracias a la memoria y a las redes comunitarias; son, en esencia, un acto de resistencia y protección emocional frente al asedio político.

En este contexto de hostilidad, irrupciones culturales como la de Bad Bunny en el Super Bowl de 2026 cobran una relevancia que trasciende el entretenimiento. Al ocupar el escenario más visto de Estados Unidos se rompió la narrativa de la invisibilidad para dar paso a una reivindicación explícita de lo latino frente a la retórica migratoria imperante. Recordando a Marshall McLuhan, el medio fue el mensaje: la plataforma se utilizó para expresar lo que millones callan por falta de medios o protección, demostrando que es posible habitar el centro de la cultura estadunidense sin renunciar a la dignidad del origen.

Esta presencia masiva dejó en claro que América no es un país, sino un continente compartido, y que la identidad latina no es una nota al margen, sino una de las fuerzas vivas que sostienen la estructura nacional. Cuando las condiciones de origen fuerzan el éxodo, la preservación de la cultura adquiere un valor protector porque funciona como anclaje frente al desarraigo y como un mecanismo simbólico de continuidad. La identidad, así expresada, no es nostalgia; es la seguridad de pertenecer a una comunidad que ni las fronteras ni las leyes de deportación pueden disolver. (Leticia Treviño, Milenio Monterrey, Opinión, Online)

Sacapuntas

Afinan protocolos para el Mundial

Avanza el esquema de seguridad y protección civil del gobierno mexicano de cara al Mundial de Futbol, a inaugurarse el 11 de junio en la CDMX. Ayer, el gabinete en la materia, encabezado por Omar García Harfuch, se reunió con representantes de la FIFA, entre ellos su encargado de seguridad Rodrigo Martínez-Celis Wogau, para revisar los protocolos de inteligencia y prevención antes, durante y después del certamen. Estuvieron Rosa Icela Rodríguez, Ricardo Trevilla, Raymundo Pedro Morales, Juan Ramón de la Fuente y Pablo Vázquez, entre otros. 

Aprovechando la visita

Visitó el senador morenista Juan Carlos Loera a Alejandro Gertz, embajador de México en Reino Unido. Se reunieron en una oficina de la Ciudad de México, y el legislador parece que le fue a pedir chamba, toda vez que le habló sobre “mi experiencia como empresario y las relaciones comerciales que he formado en Inglaterra desde 2015”. Así. (Sacapuntas, El Heraldo de México, La 2, p. 2)

Mundial en tiempos de guerra

Cada vez se vuelve más difícil aceptar que un evento de participación global como el mundial de futbol se esté llevando a cabo en un país que ha financiado o exacerbado múltiples conflictos internacionales en los últimos meses. Algo no sienta bien en darle oportunidad de recibir a todo el mundo a un país liderado por un hombre reconocido por repudiar, castigar y violentar al extranjero y, sobre todo, al diferente.

Sinceramente, ¿con qué cara dará la bienvenida Donald Trump al mundo cuando no para de confrontarlo? Su política migratoria, el respaldo bélico a Israel y su reciente conflicto con Irán vuelve bastante difícil disfrutar de un evento que presume unión y diversidad en un país reconocido actualmente por su intervención y crueldad global.

Ahora bien, tampoco conviene caer en la hipocresía. México, coanfitrión del mundial, tampoco es una perita en dulce: las fosas clandestinas encontradas en los alrededores del estadio Akron y la violencia desatada por el crimen organizado tras la captura y muerte de El Mencho también exponen a nuestro país como una opción poco confiable para garantizar seguridad. Al final del día, no hay mal mejor: mientras uno se sabe en la mira del enemigo que está bombardeando, el otro acepta estar a la merced de criminales.

Con como están las cosas, este mundial no solo anuncia una posible catástrofe, sino que se acerca cada vez más a su cancelación. Sin embargo, parece ingenuo imaginar que una organización tan lucrativa e insaciable como la FIFA decida cancelar su evento más redituable a solo cien días de su comienzo. Más que nada, la historia de la FIFA sugiere que, cuando los patrocinios ya fueron acordados, los contratos firmados y las inversiones confirmadas, el negocio importa más que cualquier escrúpulo.

Si el torneo llegara a cancelarse, difícilmente sería por la voluntad de los ejecutivos en Zurich, sino por la presión de distintos activistas y comunidades que tienen razones suficientes para boicotear la Copa del Mundo. Los campesinos y transportistas mexicanos, por ejemplo, amenazan con paralizar la Ciudad de México durante la copa para protestar la inseguridad que sufren sus respectivos sectores. Mientras tanto, colectivos internacionales también contemplan intervenir los partidos de Israel para denunciar la devastación en Gaza.

Al final del día, acontecimientos conflictivos como los que nos rodean actualmente suelen obligarnos a poner las cosas en perspectiva. ¿En verdad resulta indispensable celebrar la deportividad internacional cuando las mismas relaciones internacionales nunca habían estado tan ásperas y fracturadas? ¿Merece la pena poner en riesgo la integridad de múltiples personas por un deporte? Algunos dirán que, precisamente, el Mundial será una oportunidad para protestar, tomar postura o, incluso, sanar heridas y propagar un sentido de paz desligado de los gobernantes. Sin embargo, una sensación extraña permanece en el cuerpo: una cierta culpabilidad por preocuparse por el futbol cuando quizá nuestra atención debería estar puesta en otra parte. (Tomás Lujambio, El Heraldo de México, Opinión, Online)