Un empresario, sin ningún cargo oficial, sin poderes legales, carente de experiencia diplomática, pero arropado por la aquiescencia de su protector, participó en las negociaciones de un acuerdo, que además de espurio resultó oneroso para la soberanía nacional.
Bajo las instrucciones del entonces designado secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, el empresario Javier López Casarín realizó un activo papel en las negociaciones del programa migratorio “Permanezca en México”, según el libro Border Wars: Inside Trump’s Assault on Immigration (Guerras fronterizas: una visión interna del ataque de Trump a la migración) de Julie Hirschfeld Davis y Michael D. Shear, corresponsales de The New York Times en Washington.
En el capítulo 30 del libro, intitulado “Mexican Standoff”, se reveló que López Casarín sostuvo varias reuniones “clandestinas” antes de diciembre de 2018 con Miles Taylor, consejero de Kirstjen Nielsen, secretaria de Seguridad Pública.
Debido a que López Casarín, que hoy goza de inmunidad por ser diputado del Verde, carecía de credenciales para negociar, las negociaciones no se realizaron en recintos oficiales como embajadas u oficinas gubernamentales sino en restaurantes y hoteles de ambas capitales, indica el libro.
Los periodistas del Times investigaron que Ebrard se reunió con Mike Pompeo y con Nielsen el 15 de noviembre de 2018 en un hotel del aeropuerto de Houston, reunión secreta en la que el futuro canciller aceptó recibir a los solicitantes de asilo por medio del programa migratorio “Remain in Mexico” a cambio de que, según Ebrard, Estados Unidos destinaría 10 mil millones de dólares para el desarrollo del sur de México y de Centroamérica, pero Trump no envió un solo dólar.
Al final solo hubo un ganador (Estados Unidos) y un gran perdedor (México), de lo cual hasta Trump se mofó de cómo doblegó a Ebrard meses después.
Ebrard no consultó a la futura secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, responsable de la política migratoria, quien desconoció el acuerdo, y el comisionado del Instituto Nacional de Migración, Tonatiuh Guillén, renunció en protesta porque el acuerdo viola leyes migratorias. Desde entonces, la conducción de la política migratoria se la arrebató a la Segob y la ejerce la SRE.
López Casarín negoció y operó el acuerdo por instrucciones de Ebrard, según confirmaron otros testimonios que hemos recabado:
El 19 de octubre de 2018, López Casarín estuvo sentado a la derecha de Ebrard en una reunión con Pompeo en el Club de Banqueros cuando trataron la contribución de México para frenar las caravanas migratorias centroamericanas.
Cinco días después de que Ebrard aceptó “Remain in Mexico”, López Casarín invitó a funcionarios migratorios mexicanos de Tijuana a una reunión el 20 de noviembre con la secretaria Nielsen en las instalaciones del Customs and Border Protections (CBP) en la Garita de San Ysidro, cerca de San Diego, para comenzar a recibir en nuestro territorio a los migrantes, según lo acordado por el futuro canciller.
Sin embargo, ante la posición en contra de las autoridades mexicanas que indicaron que el marco jurídico no lo permite, Nielsen molesta se dirigió a López Casarín para reclamarle: “Do we have an agreement or don´t we have an agreement?”, según refirió un testigo de la escena.
El 1 de diciembre de 2018, López Casarín fungió como maestro de ceremonias en una cena en la Casa de la Bola ofrecida por Ebrard a la delegación estadounidense que asistió a la toma de posesión de López Obrador, incluida la secretaria Nielsen, acompañada de su asesor Miles Taylor, el mismo que negoció el acuerdo con López Casarín.
“Quédate en México” (como también es conocido) pasará a la historia como una de las negociaciones más vergonzosas y opacas que ha tenido México, cuya responsabilidad política es de Ebrard, pues aceptó convertir el territorio mexicano en sala de espera de Estados Unidos, a cambio de nada, creó una crisis humanitaria al no poder brindar condiciones dignas a los migrantes y transformó la política migratoria del gobierno de López Obrador en un muro militar para complacer a Estados Unidos. (Agustín Gutiérrez Canet, Milenio Diario, Política, p. 12)
En palabras del autor uruguayo Eduardo Galeano, nuestro norte es ser el sur. Hago propia esta idea porque refleja la visión estratégica que México ha asumido bajo la administración del presidente López Obrador, al poner a América Latina en el centro de la política exterior.
La gira que emprende el presidente López Obrador a Guatemala, El Salvador, Honduras, Belice y Cuba es la primera en su administración. La prioridad de la región quedó constatada en diciembre de 2018 al suscribir en su toma de posesión el acuerdo con tres de estos países: Guatemala, Honduras y El Salvador para el lanzamiento del Plan de Desarrollo Integral (PDI).
No se trató de un plan asistencialista sino de auténtica cooperación que beneficia por igual al sureste mexicano. Con ello empezamos a reconocer que esta región representa un espacio común étnico-geográfico, histórico y cultural que comparte problemáticas socioeconómicas similares que requieren soluciones conjuntas. Nuestro objetivo es maximizar beneficios para los estratos más desfavorecidos de nuestros pueblos, en especial los jóvenes, enfocándonos en atender las causas de la migración forzada.
Respecto a Cuba, sobra recordar que, durante décadas, nuestro país ha acompañado de cerca la construcción de la revolución social en ese país. No olvidemos que una de las tesis fundamentales de la Cuarta Transformación es lograr mejores condiciones de igualdad en México para enfrentar la persistente pobreza. Esta visión no sólo se aplica a México, sino que el presidente López Obrador propuso hacerla extensiva al resto del mundo durante su participación en el Consejo de Seguridad de la ONU.
América Latina y el Caribe fue una de las regiones que sufrió más secuelas por la emergencia sanitaria de 2020, tanto sociales como económicas. En particular, los países de la región no tuvieron acceso inmediato a enseres médicos como respiradores, ventiladores e incluso mascarillas para enfrentar la enfermedad de Covid-19. En este mundo interconectado, cada gobierno nacional debió asumir que dependía de sumar esfuerzos con sus pares. Por convicción y por interés, se llegó a la conclusión de que era necesario asumir esta búsqueda como una causa latinoamericana y caribeña. En México, el presidente López Obrador tenía claros los alcances de la cooperación regional. De esta manera, instruyó que el Gobierno de México promoviera la cooperación con medidas como la donación de vacunas y otros artículos médicos a varios países de América Central, del Sur y del Caribe.
Con esta visión solidaria, auténtica seña de hermandad bolivariana, promovimos desde la CELAC iniciativas como el plan de autosuficiencia sanitaria para América Latina y el Caribe. Es imperativo reducir la dependencia externa y ampliar las capacidades de todos los países en la región, sin por esto renunciar a la fraternidad internacional. Como lo expresé en la VI Cumbre de jefas y jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que tuvo lugar el año pasado, en lo que respecta a Covid-19 salimos adelante con “la lección aprendida y el camino adoptado”.
Como parte de nuestras pertenencias múltiples en el mundo, México mira al sur más que en los últimos cuarenta años. La convergencia en el ideario progresista y liberal de cada vez más países de nuestra América favorece que el diálogo político regional sea cercano, permanente y prioritario. En esta circunstancia histórica inédita, el presidente López Obrador emprende el camino del sur. (Marcelo Ebrard, El Universal, Opinión, p. 17)
Que Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del Presidente, asistirá como invitada de honor de los Biden a los festejos del 5 de Mayo en la Casa Blanca, en el contexto de las celebraciones con motivo del bicentenario del inicio de las relaciones entre ambos países. Además del embajador Esteban Moctezuma y su esposa, Cecilia Barbará Morfín, el evento contará con la presencia de miembros del gabinete, gobernadores, alcaldes, legisladores y amigos de la comunidad migrante. (Milenio Diario, Al frente, p. 2)
Festeja en la Casa Blanca
Invitada de honor es Beatriz Gutiérrez Müller a los festejos del 5 de mayo, en la Casa Blanca. Hoy, la esposa del presidente López Obrador estará en Washington D.C, a convocatoria de la primera dama de EU, Jill Biden, encargada de organizar la ceremonia. De ahí, la mexicana viaja a Honduras, donde acompañará a su marido en la gira por Centroamérica.
Acompañan al Presidente
Por cierto, los titulares de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval; y de la Marina, Rafael Ojeda, viajan este jueves con el Presidente a la gira por Centroamérica y Cuba. Ambos funcionarios son de la mayor importancia para los temas que se abordarán en cada país, pues tienen que ver con asuntos de seguridad, en especial, sobre migrantes. (El Heraldo de México, La dos, p. 2)
Notas en remolino
…Lamentable que el Gobierno de México diga que detiene migrantes centroamericanos porque no puede garantizar su seguridad si transitan por el territorio nacional… (José Fonseca, El Economista, Política, p. 39)
Quizá un poco contra su voluntad, pero suponemos que sabe que es algo que tiene que hacer, el Presidente inicia mañana una gira por Centroamérica.
Estará en Guatemala, Honduras, El Salvador, Belice y el domingo en Cuba. Si bien es un viaje que se debió hacer desde el inicio del sexenio, lo relevante es que visitará países con los que tenemos mucho que ver y con los que tenemos problemas, intereses y agenda comunes.
Es un viaje que el Presidente tenía pendiente. No basta con que el canciller tuviera contacto con sus homólogos, la presencia de López Obrador le da un giro sustantivo a las relaciones bilaterales.
Si el Presidente no ha salido del país tendrá sus motivos, como la no muy convincente idea de que la mejor política exterior es la interior. No se puede vivir aislado y más en tiempos de la inevitable globalización en donde todos tenemos que ver con todos.
Es evidente que por ahora no hay condiciones para visitar Europa, pero no por ello se puede pasar por alto la importancia de formar parte de la dinámica internacional, sobre todo por lo que está sucediendo en Ucrania. Los oficios diplomáticos en el Consejo de Seguridad de la ONU han colocado al país en una posición comprometida y de responsabilidad, va a seguir siendo tema el que México se una a la petición de sanciones a Rusia, a EU no le gusta, pero éste es un asunto que debe pasar por un hilo muy fino de acciones diplomáticas.
Ya se sabe que con España difícilmente las cosas van a cambiar. El propio López Obrador ha asegurado que tendrá que ser después de su administración cuando se encuentren caminos. Es definitivo que no se le ve sentido al hecho de que su gobierno mantenga un tono rudo en una relación de mutuo interés histórico, en lo social y en lo económico.
La gira por Centroamérica y Cuba tiene diferentes vertientes, empezando por la importancia de fortalecer nuestros lazos de historia y vida. Presumimos que las conversaciones que han sostenido el Presidente y el canciller con sus homólogos estadounidenses permitirán llevar propuestas integrales en materia migratoria.
Lo que ha pasado estos años en nuestras fronteras con los miles de migrantes hondureños, guatemaltecos, salvadoreños y en años recientes nicaragüenses, venezolanos y de otras nacionalidades es algo que no podemos seguir aceptando, nos hemos convertido en un muro hacia EU y en destino.
Ya no somos solamente el país de paso a lo que ahora hay que sumar que la migración mexicana ha crecido considerablemente. Entre la pandemia y las condiciones económicas miles de mexicanos están migrando a EU.
Si efectivamente ahora sí existe un proyecto de inversión en Centroamérica desarrollado por los gobiernos de México y EU, recordemos el fracaso del proyecto Trump-AMLO, podrían crearse condiciones en que se pudiera atemperar la migración, pero sobre todo que se ataquen de manera directa las difíciles condiciones de vida en estos países.
Habrá que ver cómo resulta el breve paso de López Obrador por El Salvador. No se trata de que el tabasqueño se meta en lo que está pasando en el país, pero no se puede pasar por alto lo que el gobierno de Bukele está haciendo; todo aquel que tenga un tatuaje o parezca de las Maras está siendo amenazado, detenido y torturado, se habla de cerca de 20 mil personas encarceladas.
En Cuba el Presidente será placeado, reconocido y aplaudido a lo cual en buena medida va; será un encuentro en algún sentido de identidades.
Como decíamos al inicio, quizás no le gusta del todo al Presidente salir, pero la gira es necesaria, se trata de ser solidarios visitando la extensión de vidas y territorios comunes.
RESQUICIOS
Cuando los votos no dan en el Congreso, cuando se aparecen los amparos o cuando nadie usa el AIFA llegan los decretazos. Con el Tren Maya cada vez hay más evidencias de las irregularidades, empezando por los estudios de impacto ambiental. El decretazo resolverá lo que quiere el Presidente, pero no el problema de fondo. (Javier Solórzano, La Razón, La dos, p. 2)
Una forma de entender la política en general es como un organismo vivo y en constante mutación. Esa definición es especialmente útil para hablar de política exterior en general y particularmente en lo que se refiere a la relación entre México y Estados Unidos.
Los temas son los mismos hace décadas, pero las variaciones son infinitas. Tanto como las posiciones adoptadas por los gobiernos, que cambian de administración en administración y de mes en mes para ajustarse a momentos y condiciones.
El gobierno de Donald Trump demandó y obtuvo mediante amenazas que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador dedicara a 28 mil elementos militares para detener o al menos controlar el flujo de caravanas centroamericanas hacia la frontera con Estados Unidos.
Ahora, el gobierno de Joe Biden emplea la diplomacia y los entendidos para empujar al régimen de AMLO a posiciones de colaboración en temas como migración y medio ambiente.
“Estamos trabajando juntos para responder a un desafío migratorio que no tiene precedentes en el hemisferio, o incluso en el mundo, y la colaboración con México resulta absolutamente vital”, subrayó el martes el secretario de Estado, Anthony Blinken, al recibir al secretario mexicano de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard.
“Nos reunimos para generar una mayor competitividad económica en América del Norte, creando cadenas de suministro con mayor resiliencia (…) Trabajamos codo a codo cada día en áreas como seguridad energética, clima y muchas otras cuestiones”, agregó.
En el encuentro se abordarían, según Ebrard, “la competitividad y la prosperidad entre México y EU y el resto de América, y también las nuevas situaciones geopolíticas y económicas globales, y los riesgos geopolíticos que deberíamos atender, además de intercambiar opiniones sobre cómo resolver conflictos a nivel mundial y fortalecer la estabilidad de (organismos) multilaterales y la solidez de las Naciones Unidas para encontrar soluciones de paz y prosperidad para todos”.
Blinken y Ebrard hablaron también sobre la próxima “Cumbre de las Américas”, a celebrarse del 6 al 10 de junio en Los Ángeles, y que para Ebrard será “una oportunidad muy positiva de intercambiar esas perspectivas sobre el futuro y empezar a trabajar juntos no sólo en América del Norte, donde ya tenemos fuertes lazos y estamos colaborando, sino también con el resto del continente, con todos en las Américas”.
No hace dos meses, el mismo Ebrard había declarado a Alfredo Serrano Mancilla, del Centro Latinoamericano de Análisis Geopolítico (CELAG), que “en el rediseño geopolítico de la política exterior de México siempre vas a tener dos reflexiones: una corriente apuesta a que México prácticamente no tenga una política exterior. Propone alinearte a EU en decisiones, llámese Grupo de Lima, OEA, ONU; defender lo necesario para estar en el mismo cauce. Como México tiene tal asimetría con EU, la única posibilidad de México de tener una buena relación con Estados Unidos es la subordinación”. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 30)
Una vez terminada su matraquera promoción de la candidatura de Julio Menchaca en Hidalgo, Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores (con todo cuanto de exterior tenga el Valle del Mezquital), tomó sendero hacia el norte y llegó a Washington, la capital de los Estados Unidos, tan bella y tan airosa como Pachuca, para reunirse, ya en terrenos del Primer Mundo, con los secretarios de Estado, Anthony Blinken, y de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, con quienes disertó sobre migración y los preparativos para la excluyente Cumbre de las Américas, cuya asamblea será en Los Ángeles, en junio.
Hace poco tiempo, en tiempos de Trump, la Cumbre de las Américas en Perú, produjo el llamado “Grupo de Lima”, cuya declaración condenaba a los gobiernos de las izquierdas populistas. Hoy México –adherido entonces a aquel grupo–, se convierte en el abogado de Maduro; Díaz Canel y compañía, para llevarlos a la fiesta. No le van a hacer caso. La información publicada nos lo dice:
“…Al insistir en que Cuba, Venezuela y Nicaragua (La jornada) deben estar en la Cumbre de las Américas, el canciller Marcelo Ebrard dijo que no tuvo respuesta positiva de altos funcionarios del gobierno de Joe Biden. “Fueron muy respetuosos; no nos dijeron que desechan nuestra propuesta, pero sabemos que su posición es diferente (a la nuestra)”, señaló”.
Eso significa sencillamente, nos mandaron por un tubito.
Y tampoco le van a hacer caso en materia de migración. En este asunto, México no se hace caso ni a sí mismo.
“…Con estas reuniones, México y Estados Unidos intensificaron las negociaciones para acordar una estrategia regional de atención a la crisis migratoria que el gobierno de Biden prevé que se acreciente con el levantamiento del Título 42, la orden de salud pública que ha impedido el ingreso de solicitantes de asilo…”
Aquí vale la pena revisar dos detalles: una estrategia regional y una crisis previsible.
Hasta donde la historia demuestra no hay posibilidades de una solución regional, porque no hay una región homogénea. Los países expulsores de mano de obra o de fugitivos económicos o desplazados por la violencia estilo El Salvador u Honduras (por no hablar de los genocidios guatemaltecos de años atrás), no son parte de una región de la cual Estados Unidos forme parte.
América es un continente dividido. Canadá y Estados Unidos no tienen nada en relación ni con Honduras ni con Nicaragua. Son las partes abandonadas del patio trasero cuyos linderos comienzan en México, el menos desfavorecido de los países miserables del sur. El desprecio y el racismo han sido las constantes. Para decirlo en palabras de Trump: esos no son países, son letrinas (shit holes).
La condición de bisagra o antesala entre esos dos mundos, le ha dado a México una situación incómoda. Por un lado forma parte de una asociación económica con Estados Unidos y Canadá y por la otra quiere encabezar esfuerzos de integración latinoamericana. De lo primero, se beneficia. Con lo segundo, se asfixia.
La retórica de López Obrador es a veces hilarante (delirante también) . Pretende exportar un programa de reforestación (Sembrando vida) para solucionar el desarraigo ocasionado por la miseria.
Y ahí están llevando matitas a Tegucigalpa o al Chilamatal, república de El Salvador. Son esfuerzos tan escenográficos como ridículos. Nada se arregla con eso. Ni en Chiapas.
Pero la diplomacia consiste, a veces, en repetir rollos y perder el tiempo en conferencias sin resultado. La información nos ilustra:
“…Ebrard planteó a ambos funcionarios que México propone la realización a corto plazo de una conferencia en Centroamérica, con el fin de presentar una estrategia para el desarrollo económico y la creación de empleos en la región, en la que participen empresas y gobiernos locales, así como para hablar del número de puestos de trabajo que se podrían crear en la zona…”
Ajá… (Rafael Cardona, La Crónica de Hoy, Opinión, p. 2)
El presidente Andrés Manuel López Obrador inicia hoy su tercera gira internacional en los tres años y medio que tiene en la administración. Una vez concluida la celebración del 160 aniversario de la Batalla de Puebla, abordará el vuelo que lo llevará a cumplir su gira por Centroamérica y el Caribe, el tema fundamental es la migración.
La visita será a países como Guatemala, Honduras, El Salvador, Belice y Cuba que en los últimos años han generado miles y miles de migrantes que avanzan en caravanas, huyendo del hambre, la violencia y del crimen organizado de sus países.
El presidente López Obrador ha propuesto a Joe Biden, Presidente de los Estados Unidos, que se invierta en Guatemala, Honduras y El Salvador. La 4T ya está aplicando programas sociales ”Jóvenes Construyendo el Futuro y Sembrando Vida” en Centroamérica. El Jefe del Ejecutivo confirmó en la mañanera su gira internacional, y declaró que Guatemala todavía no se está aplicando, sin embargo, para los norteamericanos, los programas sociales propuestos por México, no tienen su visto bueno.
La semana pasada, los presidentes Biden y López Obrador tuvieron un encuentro telefónico, un tema prioritario fue la migración. Y el martes, para dar seguimiento a los acuerdos entre ambos presidentes, el canciller Marcelo Ebrard fue a Washington, en sus reuniones con los secretarios Blinken y Mayorkas, la migración dominó la agenda. Tema que también tratará en la Cumbre de las Américas, así como el de trata de personas, delitos que van juntos.
La visita del presidente López Obrador a los países centroamericanos y Cuba, tiene como objetivo contener desde los lugares de origen el fenómeno migratorio, que no solo se debe a la falta de empleo y sí mucho tiene que ver la presencia del crimen organizado que provoca las movilizaciones masivas, en México las autoridades migratorias están rebasadas y se debe evitar que nuestro país sea el paso de la migración centroamericana rumbo a los Estados Unidos. (Dolores Colín, 24 Horas, México, p. 5)
México siempre se ha ufanado de tener una buena y estrecha relación con la isla caribeña. Eso no es del todo cierto, pero digamos que, en momentos críticos para Cuba, nuestro país estuvo ahí para apoyar.
Cuando, en 1959, Fidel Castro derrocó a Fulgencio Batista, el único país de América que no rompió relaciones diplomáticas con Cuba fue el nuestro. Al ser expulsada de la OEA, en 1962, México fue una de las seis naciones que se abstuvieron en esa decisión.
Aciago el momento en que Vicente Fox espetó aquel “comes y te vas”. Su falta de tacto fue ventaneado por el viejo lobo de mar, quien grabó aquella ominosa conversación. Eso y una deuda de 400 millones de USD que Cuba se negó a pagar fueron motivo para romper relaciones diplomáticas, mismas que fueron retomadas ya con Raúl Castro como presidente.
Relaciones que fueron impulsadas por Enrique Peña Nieto y ensalzadas, naturalmente, por Andrés Manuel López Obrador. El actual presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, asistió a la investidura del tabasqueño, y en septiembre del año pasado, fue invitado de honor en la celebración del Día de la Independencia nacional. AMLO está por realizar una visita de Estado a Cuba y a otras diversas naciones centroamericanas.
Hasta aquí la gira que planea hacer López Obrador no tendría nada de particular. Cobra relevancia, no obstante, por otros motivos.
Primero, coincide con que le ha dado por abogar a favor de las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela para que sean incluidas en la IX Cumbre de las Américas, a celebrarse del 8 al 10 de junio en Los Ángeles, California.
Segundo: lástima que AMLO no participará de la fiesta del 5 de mayo en Estados Unidos. Esta fecha, si bien no es día feriado en México, sí lo celebran ampliamente los mexicanos que viven fuera del país. Al menos estará Beatriz Gutiérrez Müeller, en calidad de invitada en la Casa Blanca.
Tercero. Causa escozor que AMLO visite El Salvador. Su presidente, Nayib Bukele, lleva instalado un régimen de excepción con ya más de un mes de duración, bajo el pretexto de disminuir la violencia. Los derechos de libertad de reunión y varias garantías al debido proceso se encuentran suspendidas.
Cuarto. En Guatemala se dice irá a promocionar el Tren Maya, pero nada se sabe sobre si discutirán el tema más importante: la migración. Valdría saber más sobre esto último, dado que tanto en Guatemala, como en El Salvador y Honduras, el gobierno de México dice ha financiado los programas Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro precisamente para desincentivar la migración hacia México y hacia EU.
Y quinto: ¿Lleva Andrés Manuel algún mensaje de Washington para que se evite la migración? ¿O simplemente va de mutuo propio a trastabillar la historia de nuestros países?
Supongo que será lo primero, dado que el canciller Marcelo Ebrard ya anunció que México está en espera de que EU nos presente el plan que habremos de seguir para contener el aumento de la migración ilegal desde toda Centroamérica. (Verónica Malo Guzmán, El Heraldo de México, País, p. 10)
Extraña la esgrima que libra México con Estados Unidos a través de su presidente. Trump, que es un interlocutor miserable, barrió los pasillos de un mitin con el canciller Ebrard y el Presidente de México, al narrar abusivamente cómo los dobló exigiéndoles 28 mil soldados gratis para contener la migración centroamericana.
En la versión de Trump todo fue sumisión mexicana y triunfo suyo, pero lo cierto es que para López Obrador hubo una ganancia en el episodio.
A cambio de imponerse en migración, Trump concedió por default no meterse con otros aspectos del gobierno de López Obrador y dejarlo hacer en su gallinero como le viniera en gana.
Y vaya que el Presidente mexicano hizo lo que quiso en México bajo la mirada a la vez arrogante e indiferente de Trump. Se llevaron muy bien.
Pensando, supongo, que las manos libres cambiarían con la llegada de Biden, en materia energética, de cambio climático, de democracia y derechos humanos, López Obrador le mostró una cara hosca desde el principio al nuevo presidente. No lo felicitó por su triunfo sino hasta que fue oficial.
Quizá Biden tenía en efecto la intención de dejar menos suelto a México, pero entrando a la presidencia apareció el problema migratorio de su frontera sur como el más sensible y riesgoso.
Aceptó entonces que el arreglo de Trump con México era lo menos malo que podía tener. El Presidente de México volvió a quedar en posición de fuerza frente a su colega estadunidense, el cual, salvo en el asunto de la energía, ha mantenido el pacto de dejar hacer al mexicano.
López Obrador ganó otra vez, sin el costo de verse sumiso, como con Trump. Pero Trump le simpatiza y Biden no. A Biden lo trata mal desde el principio.
Ahora le pide que invite a Cuba a la Cumbre de las Américas. La respuesta negativa de Biden no se hizo esperar, síntoma de la molestia de recibir del vecino una petición tan incómoda y desencaminada.
Muy rara la esgrima azteco-gringa. Trump maltrata a López Obrador y López Obrador maltrata a Biden. Los primeros se caen bien. Los segundos, creo que mal. Y los tres van rumbo a elecciones presidenciales en 2024. Mucha carga en el alambre. (Héctor Aguilar Camín, Milenio Diario, Al frente, p. 3)
El presidente se quitó la máscara. Su pretendida lucha democrática de casi cuatro décadas fue a dar a la basura apenas tuvo el poder en sus manos. Su rostro quedó al descubierto:
Pluralista como Daniel Ortega. Quiere en la cárcel a sus opositores. Acusa de traidores a la patria a los legisladores por el “grave delito” de representar a casi la mitad de la población que, en una elección constitucional, votó contra su proyecto.
Incluyente como Carlos Salinas de Gortari.- A quienes no piensan como él, ni los ve ni los oye. Como nunca, ha cancelado el diálogo. En su credo, dialogar es pecado mayor. Hay que cumplir su palabra al pie de la letra. Sólo su voz vale y quien le diga que no, debe ser combatido.
Demócrata como Vladimir Putin.- Por años, exaltó la libertad de expresión y de información. Se aprovechó de ella para hacer campaña. Ya en el poder, alimenta a una corte de aplaudidores a sueldo y persigue a quien ejerza esos dos derechos fundamentales en democracia. Frente a la realidad, lo de él son las mentiras, la propaganda. Si lo criticas, serás denostado. Si lo investigas, serás hostigado. Si documentas su corrupción, serás perseguido. ¿Qué sigue?
Legalista como Nicolás Maduro.- Si la Asamblea Nacional tiene mayoría opositora, hay que invalidarla. Si los jueces fallan contra el gobierno, que los atropelle el Tribunal Supremo. Así procedió Maduro en Venezuela. Aquí la consigna es: “a mí no me vengan con que la ley es la ley”.
Soberanista como Antonio López de Santa Anna.- En el siglo XIX, el caudillo defensor de la patria, terminó doblándose y entregó la mitad del territorio. Eso sí, su pierna —perdida durante la Guerra de los Pasteles— fue sepultada con honores militares. En el siglo XXI, la soberanía se entregó enviando 26 mil soldados a perseguir migrantes tal como lo ordenó el presidente de la potencia vecina. Y en Tijuana se rindieron honores a la “negociación heroica”.
Defensor de los pobres como el FMI.- Ni el Fondo Monetario Internacionalni Ronald Reagan ni Margaret Thatcher se hubieran atrevido a sugerir o aplicar la austeridad presupuestaria decretada en este sexenio en México. Ni frente a la pandemia se aprobó un peso de apoyo a pequeños empresarios para que sobrevivieran y sostuvieran a sus empleados. Su desaparición de programas sociales –desde comedores comunitarios hasta estancias infantiles— tiene un saldo claro: en tres años logró 2.9 millones más de pobres, 2.1 millones más en pobreza extrema y pasamos de 21 a 36 millones de mexicanos sin acceso a la salud pública.
Todas las mañanas, el hombre más poderoso de México narra desde su palacio —en transmisión televisiva, radiofónica y digital en vivo— su gesta heroica. Se exalta a sí mismo al colocarse junto a Morelos, Hidalgo, Juárez, Madero y Lázaro Cárdenas. Todos los días, en sus acciones y omisiones, se coloca al lado de Ortega, Salinas de Gortari, Maduro, Putin, Santa Anna y el FMI.
El héroe nacional no es como lo pintan. (Carlos Loret de Mola, El Universal, Nación, p. 5)
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, calificó a los seguidores de su predecesor Donald Trump de “grupo extremista” y advirtió que el movimiento comandado por el magnate, Make America Great Again, representa un peligro para los valores democráticos estadunidenses al ser la “organización política más extrema en la historia reciente” del país. En conferencia de prensa, el demócrata sostuvo que las iniciativas republicanas son favorables a los ricos, mientras su agenda está destinada a la clase trabajadora.
Estas expresiones, vertidas en el contexto de toma de posiciones ante las elecciones legislativas de noviembre próximo, muestran que el gobierno de Biden no ha podido superar la profunda crisis política, institucional y social con que inició su mandato. (…)
Con el paso de los meses se ha evidenciado que Biden sigue sujeto a un “trumpismo sin Trump”, y que en algunos ámbitos continúan o hasta empeoran las orientaciones de su antecesor.
Tal es el caso de la política exterior, donde prosigue el hostigamiento y la violación de la soberanía de los estados cuyos gobiernos no le son afines, y donde ha desplegado una postura incluso más imprudente que la que se habría esperado de su antecesor en el conflicto ruso-ucranio (…)
En lo que toca al tema migratorio también parecería que sigue gobernando Trump. Pese al cambio retórico y a las promesas para abordar las causas de la migración, en el día a día impera la lógica de detener a los migrantes, y se pospone de manera indefinida una solución integral. Ejemplo de ello es que hasta ahora no se ha dado una respuesta seria y estructurada a las propuestas del gobierno mexicano para trabajar de manera conjunta en el desarrollo de los países centroamericanos, que son los principales expulsores de población.
Con estas ambigüedades y ambivalencias, Biden construye su derrota en las elecciones que determinarán el control del Congreso dentro de unos meses, y prepara la revancha de Trump en 2024. Para enderezar su proyecto tendría que ir más allá de la actual insustancialidad y asumir posturas consistentes con la defensa de los derechos amenazados por el trumpismo –en particular, los de las mujeres, afroestadunidenses, comunidades de la diversidad sexual y migrantes–, así como en medidas efectivas para rescatar a las personas más pobres, entre las cuales Trump ha construido su bastión ante el abandono en que las dejó la clase política tradicional, tanto demócrata como republicana. (Editorial, La Jornada, p. 6)
Esta semana la cancillería mexicana, representada por Marcelo Ebrard y la Secretaría de Estado de Estados Unidos, liderada por Anthony Blinken, comenzarán a darle forma a un plan económico de apoyo a Centroamérica, que de realizarse, significará un parteaguas para el desarrollo, el combate a la pobreza y la desigualdad en una región especialmente precaria del continente americano.
El estado de extrema pobreza en el que viven muchos centroamericanos, a excepción de Costa Rica, es verdaderamente triste. Su calidad de vida es a veces casi infrahumana. Su historia reciente, plagada de gobiernos corruptos e ineficientes, de pobreza y marginación y de intervenciones extranjeras desastrosas, le han dado forma a un bola de nieve que parece imparable.
La iniciativa del gobierno estadounidense y del mexicano por generar desarrollo y bienestar en la región, si bien tiene un obvio interés particular de EU por detener las olas migratorias provenientes de Centroamérica y con ello calmar las turbulentas aguas de su política doméstica, de todas formas, el hecho de que se busque paliar la pobreza y marginación de sociedades enteras, desde cualquier óptica, es una buena noticia.
No quiero caer en nacionalismos o sentimentalismos, pero me da mucho gusto que el gobierno mexicano esté al pie del cañón en el diseño de todo este plan de ayuda. No sé hasta qué punto la línea discursiva de la 4T permeará en la forma de hacer política en este país, pero lo que sí es un hecho, y esto es un fenómeno global, es que ya no podemos seguir negando la realidad: el actual modelo económico ya no da de sí, está colapsado.
Necesitamos acelerar motores en el diseño e implementación de políticas públicas que generan mayor bienestar. Necesitamos que existan gobiernos y empresas dispuestos a hacerle una cirugía mayor a un sistema económico que ha excluido a una gran mayoría de la población mundial. Es un hecho que la pobreza y desigualdad que enfrenta el mundo son un lastre, y debemos combatirlo.
Hasta ahora, la iniciativa para generar inversión y empleos en Centroamérica está en pausa debido a que no se han definido los mecanismos y métodos de inversión. Las reuniones de Ebrard y Blinken, en la víspera de la Cumbre de las Américas en Los Ángeles, tienen el objetivo de dar seguimiento a esos obstáculos y en el mejor de los casos, librarlos.
La necesidad de que este nuevo Plan Marshal llegue a buen puerto es crucial no solo para aliviar las necesidades de países como Nicaragua, El Salvador, Belice y Guatemala, sino para afianzar el espíritu de colaboración entre naciones, que hoy peligra debido al ascenso de los nacionalismos. Si bien el modelo de economías integradas tiene fallos, estos pueden corregirse y hasta ahora el mundo no ha conocido otra forma de generar mayor riqueza y bienestar. El problema ha estado en la distribución de esa riqueza.
Recién se acaba de conmemorar el Día Internacional de los Trabajadores y ello debe servir de recordatorio, para gobiernos y empresas, acerca de la importancia y la urgente necesidad de generar empleos de calidad y bien remunerados. Pero eso solo se logrará si se trabaja en equipo, si gobiernos de todas las latitudes entienden que funcionamos mejor si nos apoyamos entre todos, y creo que ese debe ser el mensaje que debe prevalecer, sobre todo en estos tiempos en los que los discursos hostiles aprovechan las grietas del sistema para dividir y provocar encono. Y creo firmemente que el camino no debe ser ese. (Javier García Bejos, El Heraldo de México, Editorial, p. 14)
Por décadas, el gobierno de México fue, en América Latina, el principal aliado de Cuba en el continente y por años funcionó de hecho como el intermediario entre La Habana y Washington. Con la salida del PRI del poder, la relación con Cuba se enfrió con los gobiernos panistas, los cuales fustigaron al gobierno emanado de la Revolución Cubana por las condiciones en las que mantenía a su pueblo y el trato que daban a la disidencia.
El distanciamiento empieza con la gestión de Ernesto Zedillo, cuando la canciller Rosario Green se reúne con los disidentes en La Habana, lo que inicia un enfriamiento que se profundizaría posteriormente con Fox, cuyo punto mínimo fue el célebre y bochornoso episodio del “Comes y te vas”, duramente criticado tanto desde Cuba por Castro, como internamente por prácticamente toda la clase política mexicana, que vieron en el gesto una enorme falta de diplomacia y criterio ante la figura que significaba el comandante Fidel Castro, que no solamente representaba a su país, sino también por su carácter de símbolo del socialismo y la posibilidad de victoria de las luchas revolucionarias.
Más tarde, la gestión de Felipe Calderón tomaría todavía mucho más distancia del gobierno cubano, argumentando el tema de la defensa de los derechos humanos y la exigencia al gobierno de Castro para que se respetara a las voces discordantes y se atendiera el problema de la creciente y precaria salida de migrantes hacia la Florida.
Años después, con el retiro y la posterior muerte de Fidel Castro, se perdieron los discursos incendiarios del comandante revolucionario desde los cuales fustigaba a los gobiernos que orbitaban en torno a Estados Unidos. El posterior relevo de Raúl, el hermano de Fidel, en el poder, solo vino a consolidar el punto muerto en que quedaron las relaciones entre Cuba y México.
Ahora, con la visita que el presidente Andrés Manuel López Obrador hará a la isla, como parte de su gira por Centroamérica y el Caribe, se afirma que México vuelve a mirar por primera vez en 40 años hacia los olvidados hermanos del sur en el continente, con algunos de los cuales manifiesta su afinidad ideológica al compartir su interés por ayudar a los más pobres.
Será un buen instante para replantear la relación entre ambos países, recuperar el terreno perdido y mirar de cara hacia el futuro en medio de una coyuntura de crisis y confrontación entre naciones, donde México se encuentra distanciado de su principal socio, Estados Unidos, y Cuba ha dejado de depender de su otrora protector y aliado ideológico, Rusia. (Editorial, El Universal, Opinión, p. 16)
Hay que felicitar al Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, por su decisión de no invitar a las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua a la IX Cumbre de las Américas que se realizará del 6 al 10 de junio en Los Ángeles. Los autócratas que no permiten elecciones libres en sus propios países nunca deberían ser invitados a cumbres internacionales de líderes democráticos.
No fue una decisión fácil para Biden. El Presidente populista de México, Andrés Manuel López Obrador -quien está jugando un rol clave en los esfuerzos de Washington por frenar la migración en un año de elecciones legislativas en Estados Unidos- y otros líderes latinoamericanos han exigido públicamente a Biden que invite a Cuba, Venezuela y Nicaragua a la Cumbre.
“Le planteé al Presidente Biden que si va a haber una Cumbre de las Américas, tienen que participar todos los países”, dijo López Obrador en una conferencia de prensa el lunes 2 de mayo, tres días antes de su salida a una gira regional que incluirá una visita de dos días a Cuba.
Asimismo, el Presidente populista de Argentina, Alberto Fernández, como líder interino de la Celac -un grupo regional que incluye a Cuba, Venezuela y Nicaragua, pero no a Estados Unidos ni a Canadá- tuiteó el martes 3 de mayo que “exhortamos a los organizadores de la cumbre a evitar exclusiones”.
Horas antes del tuit de Fernández, el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Brian Nichols, dijo que es poco probable que las tres dictaduras latinoamericanas sean invitadas.
Estos países “no respetan la Carta Democrática Interamericana”, declaró más tarde a la cadena NTN24.
Funcionarios estadounidenses dicen que al menos 27 países participarán en la Cumbre, que se lleva a cabo cada tres o cuatro años en diferentes países. Cuba estuvo en la de 2015 en Panamá y en la de 2018 en Perú, pero Venezuela fue excluida de la Cumbre de 2018 por su proceso electoral fraudulento.
La decisión de Biden se justifica, entre otras cosas, porque uno de los objetivos clave de la Cumbre de las Américas será fortalecer la democracia en la región. Invitar a dictadores hubiera significado legitimar a gobernantes ilegítimos, premiar la represión, y darles un gran megáfono en el escenario mundial.
Cuba no ha permitido elecciones libres en más de seis décadas, ni partidos políticos de oposición, ni medios independientes. A finales del año pasado, Cuba tenía unos 700 presos por las históricas protestas pacíficas del 11 y 12 de julio, según Amnistía Internacional.
En Venezuela, las fuerzas de seguridad del dictador Nicolás Maduro asesinaron a más de 19 mil personas por “resistencia a la autoridad” entre 2016 y 2019, según Human Rights Watch (HRW).
En Nicaragua, los escuadrones de la muerte del dictador Daniel Ortega mataron a más de 300 manifestantes durante las protestas antigubernamentales de 2018, según HRW y otros grupos de derechos humanos. Ortega se reeligió a sí mismo por cuarto mandato consecutivo en las elecciones fraudulentas de 2021.
Estos personajes no solo deben ser excluidos de la Cumbre de las Américas, sino que deberían ser castigados por América Latina y el Caribe con sanciones diplomáticas.
Biden también merece crédito por no prestar atención a los llamados del ala izquierda del Partido Demócrata para reparar los lazos con Cuba. Eso ya lo intentó la Administración Obama, y muchos de nosotros apoyamos ese esfuerzo en su momento, pero el régimen cubano no ha movido un dedo para permitir libertades mínimas.
La decisión de Biden de excluir a las tres dictaduras también ha expuesto la hipocresía política de los legisladores republicanos de Miami, como el senador Marco Rubio y la representante María Elvira Salazar. Ellos, y sus colegas republicanos, llaman descaradamente “socialista” al Gobierno de Biden y hacen grandilocuentes declaraciones denunciando la dictadura cubana, pero no dicen nada sobre el intento del ex Presidente Donald Trump por subvertir la democracia en Estados Unidos -su propio país- al tratar de revertir ilegalmente los resultados electorales de 2020.
En resumen, Biden merece un aplauso por su decisión de no invitar a los tres países a la Cumbre. De una sola movida, humilló a tres dictadores, avergonzó elegantemente a los Presidentes populistas de México y Argentina por no defender la democracia en la región, y expuso la hipocresía de sus adversarios políticos en Estados Unidos. ¡Bien hecho! (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 14)