Trump: salvaje política migratoria // Crece repudio en EU // “Cooperación para el desarrollo”
LA PRESIDENTA CLAUDIA Sheinbaum se pronuncia en contra de la política migratoria de Donald Trump y sus decisiones demenciales, entre ellas la más reciente: un centro de concentración conocido como Alligator Alcatraz. Sin embargo, la mandataria yerra la puntería cuando a su par estadunidense le pide algo totalmente fuera de las muy limitadas capacidades, por no decir nulas, del hombre naranja: el tema de la migración debe basarse en la “cooperación para el desarrollo”, sin discriminación ni persecución, pues no se trata de delincuentes.
ESA PETICIÓN REBASA, por mucho, el entendimiento del salvaje de la Casa Blanca (“me no entender”, dirá), pues él aplica la diplomacia del buldócer, cancelando cualquier posibilidad civilizada para solucionar esta histórica situación, como la negociación de un tratado migratorio bilateral que beneficie a todos, especialmente cuando la mano de obra foránea es más que necesaria para la economía estadunidense. Sin embargo, de esto Trump no tiene idea y menos voluntad, pues sólo repite el proceder de sus antecesores en la Oficina Oval, todos negadores de esta contundente realidad.
EN LOS HECHOS, no sólo la mandataria, los mexicanos en su conjunto y los paisanos todos – más los inmigrantes latinoamericanos y de otras nacionalidades, cuyos gobiernos permanecen agachados– están en contra de la bestialidad de Donald Trump en materia migratoria (como en tantos otros renglones), porque es tal el salvajismo por él mostrado que de forma creciente hasta los propios estadunidenses rechazan esas prácticas, las cuales “no son buenas desde ningún punto de vista, ni humanista ni desde la perspectiva económica” (Sheinbaum dixit).
DE ELLO DA cuenta la reciente encuesta del Pew Research Center, entre cuyos resultados destaca el siguiente: “la opinión pública (estadunidense) está dividida sobre el uso de las fuerzas de seguridad estatales y locales en los esfuerzos de deportación (50 por ciento lo aprueba y 49 por ciento lo desaprueba), y sobre ofrecer dinero y fondos de viaje a los inmigrantes que se encuentran indocumentados en el país si se van voluntariamente (49 por ciento lo aprueba, 50 por ciento lo desaprueba). A medida que la administración Trump ha intensificado la aplicación de leyes migratorias en todo el país, los estadunidenses ofrecen opiniones mixtas y negativas sobre algunas de sus acciones más destacadas”.
OTROS RESULTADOS DE la encuesta del Pew Research Center son: 60 por ciento de los estadunidenses desaprueba la suspensión de la mayoría de las solicitudes de asilo (39 por ciento la aprueba); 59 por ciento desaprueba poner fin al estatus de protección temporal (TPS) para muchos inmigrantes que llegaron a Estados Unidos escapando de la guerra u otros desastres en su país (39 por ciento lo aprueba); 54 por ciento desaprueba el aumento de las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en lugares de trabajo donde pueden estar laborando personas indocumentadas en Estados Unidos (45 por ciento lo aprueba).
TAMBIÉN SUBRAYA QUE entre los estadunidenses, “el enfoque general de la administración Trump hacia la inmigración se percibe más negativamente que positivamente, con 42 por ciento a favor y 47 por ciento en contra. Sin embargo, estas evaluaciones, así como las opiniones sobre políticas específicas, se dividen en gran medida según líneas partidistas: los republicanos apoyan ampliamente la medida y los demócratas se oponen: 78 por ciento de los republicanos y los independientes con inclinaciones republicanas aprueban el enfoque de la administración sobre la inmigración, incluyendo 51 por ciento que lo aprueba firmemente. Sólo 12 por ciento lo desaprueba”
EN CONTRASTE, “81 por ciento de los demócratas y simpatizantes lo desaprueban; sólo 9 por ciento lo aprueba. La mayor parte de la encuesta se realizó antes de las protestas de alto perfil en Los Ángeles y otras ciudades contra las redadas de ICE en los lugares de trabajo y el despliegue de marines y tropas de la Guardia Nacional en Los Ángeles por parte de la administración Trump”.
¿CÓMO AFECTARÁN LAS acciones migratorias de Trump al país?, preguntó el Pew: “los estadunidenses son más propensos a decir que cuestan dinero a los contribuyentes (53 por ciento) en lugar de ahorrarlo (29 por ciento), y un mayor número afirma que debilitarán la economía estadunidense (46 por ciento) en lugar de fortalecerla (34 por ciento). Sólo 19 por ciento afirma que no tendrán un gran impacto”.
Las rebanadas del pastel
¿LA CASA BLANCA “no negocia con terroristas”? Jajaja: no sólo lo hace, sino que los crea y financia. Y ejemplos sobran. (Carlos Fernández Vega, La Jornada, Economía, p. 16)
La diferencia es obscena, aun considerando la disparidad de las dos economías. Trump firmó ayer con fanfarrias su plan fiscal que le dará una bolsa de 170 mil millones de dólares para deportar a indocumentados y “crear la frontera más fuerte de la tierra”.
Tendrá tres veces más dinero para construir el muro del que tuvo en su primer mandato (2017-2020) y el presupuesto del Servicio de Inmigración se multiplicará por tres. Los recursos descomunales anhelados para expulsar a un millón de personas al año estarán en manos de los crueles.
El gobierno de México se llena la boca con palabras huecas, como soberanía, pero se encoge en los hechos. La asistencia consular, primera línea de defensa dentro de Estados Unidos, tiene un presupuesto cada vez más corto. Al tipo de cambio de hoy, el gobierno de López Obrador recibió en 2018 un presupuesto anual de 61 millones de dólares y lo bajó a 40 millones en 2019.
En 2024, el presupuesto había descendido a 30 millones y en el apocalíptico 2025 será de 28 millones. Si se multiplica por los años que le restan a Trump, el presupuesto rondaría los 120 millones de dólares.
Si optimistamente ese total se multiplica por ocho (dinero que se obtendría por los ingresos de los propios consulados), la cifra final quedaría en torno de los mil millones de dólares, contra 170 mil millones de aquel lado. Diferencia obscena. Y real politik. (Ciro Gómez Leyva, Excélsior, Nacional, .p 4)
Digamos que cuando Julio César Chávez estaba en la cúspide de su carrera, Carlos Salinas de Gortari le aconsejó que anduviera con cuidado con “esa gente”. No tengo a la mano la revista Proceso, medio por el que me enteré de la relación del gran campeón mexicano con los capos de la droga, hoy auténticos clásicos de la narcocultura, pero es de sobra conocido que el presidente Salinas de Gortari, para bien o para mal, nunca se andaba por las ramas: les hizo la vida imposible a sus enemigos y le tendió la mano al aliado, todo con cargo al erario.
Ya en febrero de 1993, Chávez ofreció un entrenamiento de exhibición afuera del Estadio Azteca. Se instaló ahí un ring, pues preparaba su pelea en el gigantesco recinto de Santa Úrsula contra el gringo Greg Haugen, evento al que entraron unas 132 mil personas, récord para una función de boxeo. El caso es que el primer mandatario asistió para desearle suerte a Chávez, acompañado por el regente del Departamento del Distrito Federal, Manuel Camacho Solís. Fotos y ovaciones para dos grandes mexicanos. Demagogia en estado puro.
Pero el mundo cambia. El PRI actualmente es polvo y una estudiante de la Facultad de Ciencias de la UNAM que protestó de manera muy activa durante el largo salinato es hoy la presidenta de México. Chávez, por su parte, ha hecho un gran esfuerzo por permanecer libre de sustancias tóxicas, alejado de las malas compañías. Su hijo “Julito”, como le llama su padre, optó por el camino torcido, sin escarmentar en cabeza ajena, comportándose como el junior torpe que, teniendo todo para salir adelante, se comporta como inadaptado. Ni hablar: el dinero y la educación no van siempre de la mano.
En algún martes de café del Consejo Mundial de Boxeo, don José Sulaimán, presidente del CMB, ofrecía su conferencia de prensa, frases y datos por aquí y por allá para entregar alguna nota regular. Por fortuna, y sin previo aviso, apareció en esa pequeña sala de un edificio de la Zona Rosa (que ya no existe) Julio César Chávez, cuyas declaraciones salvaron el día para los reporteros que estábamos presentes.
El asunto a abordar era obligado: los primeros pasos de sus hijos Julio y Omar como boxeadores profesionales. Jovencitos, eran la envidia de la camada de peleadores que trataban de hacerse campo en el dificilísimo ámbito del deporte de los puños. Acusaban a ambos de tener una evidente y amplia ventaja respecto al resto de los rivales, que apenas tenían para sus pasajes. Así es en ocasiones el box: los que sólo tienen lo que traen puesto (que empiezan) y los consagrados (campeones), extremos sin colidir.
Hay varias interrogantes respecto a la detención de Julio César Chávez Junior, en Los Ángeles, de parte de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (el execrable ICE). Una residencia sin documentos en orden y un cúmulo de acusaciones por vínculos con el Cártel de Sinaloa y tráfico de armas bien valen cualquier medida cautelar, pero quizás el caso de Chávez Junior se trate de un “work in progress”, dado el actuar extemporáneo de las autoridades. Sencillamente, el sábado pasado, protagonizó el combate estelar en una cartelera en el Honda Center, de Anaheim. ¿Qué tan lícito es que un ilegal, investigado por delitos graves en la Unión Americana, se haga de varios miles de dólares en una noche, a ojos de todo mundo?
En México, asimismo, Julio César Chávez Junior tenía orden de aprehensión desde 2023. ¿Por qué no se le capturó desde entonces? Cuando Ovidio canta, el campeón muere. (Fernando Islas, Excélsior, Nacional, p. 10)
La promulgación del One Big Beautiful Bill –el megaplan fiscal de Donald Trump– marca un parteaguas en la política económica y social de Estados Unidos, con repercusiones profundas tanto para los grupos más vulnerables dentro del país como para México y América Latina. Detrás del discurso triunfalista de crecimiento y prosperidad, la letra pequeña de esta ley es, para millones, una factura monumental y devastadora.
El corazón de la reforma es claro: un recorte masivo de impuestos para los más ricos y las grandes empresas, financiado a costa de los pobres, los migrantes y los trabajadores. El plan perpetúa y expande las ventajas fiscales al 1% más acaudalado, mientras introduce recortes históricos a Medicaid, SNAP (cupones de alimentos), programas de vivienda y créditos para energías limpias. Según la Oficina de Presupuesto del Congreso, al menos 17 millones de estadunidenses –especialmente niños, adultos mayores y personas con discapacidad– perderán su seguro médico en la próxima década. El 10% más pobre verá reducido su ingreso neto en 4%, mientras que el 1% más rico ganará, en promedio, 70 mil dólares adicionales sólo en el primer año.
Entre los más afectados están los inmigrantes. Y aunque no será de 5% ni tampoco de 3.5%, el plan sí introduce un impuesto de 1% a las remesas enviadas desde Estados Unidos, aplicable a todas las transferencias que no se realicen por vía bancaria o con tarjeta de débito. Para México, donde las remesas alcanzaron un récord de 64 mil 700 millones de dólares en 2024 –representando hasta el 4.2% del PIB y siendo el principal ingreso para millones de familias–, el golpe es directo y doloroso. El impuesto no sólo reducirá el monto neto recibido por los hogares más pobres de México, sino que también incentivará el uso de canales informales, aumentando el riesgo de lavado de dinero y fraudes. Además, la ley endurece los requisitos para acceder a beneficios sociales, excluyendo a inmigrantes legales de varios programas federales y elevando los costos de trámites migratorios.
Pero el impacto para México va mucho más allá de las remesas. El plan fiscal de Trump eleva el techo de la deuda estadunidense en cinco billones de dólares, asigna 175 mil millones a seguridad fronteriza y 46 mil millones al muro con México. También contempla un aumento de 20 mil plazas en ICE y CBP, lo que anticipa una ola de deportaciones masivas y una presión sin precedentes sobre la frontera sur. Si a esto se suman los nuevos aranceles a las exportaciones mexicanas –que Trump ya ha amenazado con imponer hasta en 25%–, el resultado puede ser una recesión en México, depreciación del peso, inflación y un aumento de la pobreza y la migración forzada.
Este Big Horrible Bill es, en suma, una transferencia de riqueza de los pobres a los ricos, de los migrantes a los millonarios, y de la periferia al centro. Para México, significa menos remesas, más deportaciones, menos inversión extranjera y un entorno comercial hostil. Para los grupos sociales más vulnerables de Estados Unidos –migrantes, familias pobres, niños, adultos mayores–, representa la pérdida de derechos básicos y la profundización de la desigualdad. El cohete fiscal de Trump, lejos de llevar a todos al espacio, amenaza con dejar a millones en la estacada, a ambos lados de la frontera. (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p. 12)
Que no obstante las tormentas sin cesar que azotan desde el norte, la presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo que va “muy bien” y que “la gente está contenta”, durante un acto en Ciudad Madero, Tamaulipas, desde donde reivindicó su defensa de “los hermanos migrantes”, que son “héroes de la patria”, justo el día en que el jefe de la Casa Blanca, Donald Trump, promulgó su “gran y hermosa ley” de recortes fiscales, que incluye el impuesto de 1 por ciento a las remesas. (Trascendió, Milenio, Al Frente, p. 2)
Migración, en mínimo histórico
La cifra de migración en la frontera con EU está en mínimos históricos. Al cierre de junio, se registraron 6 mil 70 indocumentados interceptados, 15% menos que en marzo. Una de las causas es que la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, instaló una mesa que opera 24 horas, los siete días de la semana, para atender esa problemática. (El Heraldo de México, La 2, p. 2)
La estrategia antiinmigrante de Donald Trump no tiene vuelta atrás y con su polémica Ley fiscal podrá disponer de recursos para continuar con su plan de expulsión de indocumentados. Los llamados de países vecinos, como México, han caído en saco roto, pues el republicano quiere cumplir su promesa no sólo de dejar al país sin indocumentados, sino presionar al regreso de empresas bajo amenaza de aranceles (La Crónica De Hoy, P.p)
La historia de las migraciones es la historia de la humanidad. La invasión europea de Anáhuac no fue otra cosa que una enorme migración. La presencia árabe en el mediodía español que se extendió por ocho siglos fue una de las mayores migraciones humanas.
Hoy mismo en Europa coexiste la población originaria con una presencia permanente y creciente de migrantes de origen africano. Y en la llamada Europa occidental crece cada día el número de migrantes provenientes del este de pasado socialista.
En México es grande y creciente la población estadounidense aquí avecindada. En general, se trata de jubilados, pensionados y otros rentistas. El buen clima favorece y estimula esa corriente migratoria. Y también por supuesto el mayor rendimiento de los ingresos del rentista. Esas rentas rinden más acá que en su lugar de origen.
Pero, como siempre, en general la vida del migrante es dura y muchas veces dolorosa. Hay que adaptarse. A la tierra que fueres, haz lo que vieres, reza el proverbio.
La juventud ayuda a sobrellevar la rispidez de la vida del migrante. Emigrar a los veinte años no es lo mismo que hacerlo a los cuarenta o sesenta. También el sexo hace diferencias. Para la mujer, con hijos o sin ellos, suele ser más difícil. Y sin que importen demasiado las razones que empujan a la migración y las dificultades que haya que enfrentar, ésta no para. O como diría Lavoisier respecto de la materia, la migración no cesa, sólo se transforma.
Y hoy la migración mexicana a Estados Unidos vive una etapa de hondas transformaciones. Ya no es una migración básicamente masculina que va y viene. Ahora ya no se va y regresa. Y el componente femenino e infantil es mayor.
También ahora es más grande y notoria la mal querencia nativa hacia los fuereños. Y ya no es rasgo distintivo de esa mal querencia el color de la piel. Se repudia por igual a morenos y amarillos que a caucásicos.
El idioma hace su parte. No es fácil aprender y menos dominar la lengua nueva. Y esto dificulta todo. Y acrecienta el rechazo hacia el forastero. Y abona la marginalidad de éste.
Ciertamente, hay unas épocas más difíciles que otras. Y ahora mismo la migración mexicana hacia Estados Unidos vive una de sus etapas más dolorosas.
La extrema derecha, siempre presente, se ha adueñado absolutamente de los hilos del poder. Y con ellos está tejiendo las redes de repudio y persecución que hacen más dolorosa e insoportable la vida del migrante. Y, sin embargo, la población mexicana sigue migrando. (Miguel Angel Ferrer, El Sol de México, Análisis, p. 13)
Estados Unidos tiene la mala costumbre de meter en jaulas a muchos de sus inmigrantes. Sobra decir que se trata de una práctica injusta, innecesaria e inhumana. Pero la utilizó por igual el expresidente Barack Obama que el actual mandatario Donald Trump.
Hace unos días, en medio de los pantanos de los Everglades en la Florida, Trump estaba presumiendo unas nuevas instalaciones para detener a extranjeros. Fueron construidas en tiempo récord en un viejo aeropuerto… y se nota. Son unas gigantescas carpas blancas diseñadas para albergar hasta 5 mil personas. Y en su recorrido por la improvisada cárcel, Trump y un grupito de sonrientes funcionarios pasaron frente a lo que solo puede describirse como jaulas.
Los videos están por todos lados. Son unas enormes jaulas construidas con alambres, rodeando cientos de literas (para que quepan más detenidos) y unos inodoros en las esquinas sin paredes ni privacidad. Si alguien quiere ir al baño, lo tendrá que hacer frente a la vista de todos sus compañeros de celda. La humillación pública es parte de la nueva estrategia de seguridad. Además, basta con una fuerte lluvia de verano o un huracancito para acabar con este efímero sueño de seguridad.
Extraoficialmente y fallando en el humor, el gobierno trumpista ha llamado a estas instalaciones el “Alcatraz de los Caimanes” (Alligator Alcatraz, en inglés) en referencia a la prisión en una isla de California, frente a San Francisco, de la que era casi imposible escaparse. Huir de la nueva Alcatraz sería una locura. Solo hay un camino de entrada y salida, y para llegar a alguna población hay que cruzar varias millas de pantanos repletos de lagartos. En su visita, Trump, buscando el chiste, dijo que la mejor manera de escapar de un caimán es zigzagueando, no corriendo en línea recta. La broma no hizo reír a nadie.
Es la crueldad como política antiinmigrante.
La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, aseguró en un comunicado que están trabajando muy rápidamente para cumplir con el “mandato de deportar masivamente a ilegales criminales”. Pero la realidad es muy distinta. Menos del 30 por ciento de los inmigrantes detenidos recientemente por ICE, la policía migratoria, ha cometido algún tipo de delito, según cifras oficiales del propio gobierno de Trump. Estas cifras van en contra de la narrativa trumpista de que Estados Unidos está siendo invadido y que los deportados son criminales o terroristas. La gran mayoría de los extranjeros arrestados durante este gobierno son trabajadores, gente que salió de sus países de origen buscando una segunda oportunidad, y que nunca ha tenido un problema con la ley.
Los arrestos de inmigrantes no se han detenido y han creado un pavor en la comunidad latina. Son frecuentes las imágenes de agentes federales encapuchados, sin identificación, arrestando en las calles, oficinas, restaurantes y hasta en las cortes a personas que llevan años o décadas viviendo pacíficamente en Estados Unidos. Y han detenido a tanta gente -actualmente hay unos 59 mil arrestados- que no tienen dónde ponerlos. La capacidad del gobierno es de solo 41 mil camas. Por eso Alcatraz de los Caimanes fue construida. Y quieren construir otras similares en el resto del país.
El concepto de poner a inmigrantes en jaulas no es nuevo. También lo hizo el entonces presidente Barack Obama. La prueba: el fotógrafo John Moore publicó en el 2014 la imagen de un niño de 8 años dentro de una enorme cerca de alambre en un centro de procesamiento en Texas, mientras lo veía un agente uniformado. Muchos más pasaron por ese lugar.
Trump, como candidato presidencial en un debate en octubre del 2020, denunció que había sido Obama, y no él, quien construyó esas “horribles jaulas” para los inmigrantes detenidos. Irónicamente es ahora Trump quien está construyendo esas “horribles jaulas” y, además, presumiendo de ellas. Es una muestra de cómo han cambiado los tiempos; lo que antes era motivo de vergüenza ahora se usa como arma política y con orgullo.
La idea de que unos caimanes se comerán a los inmigrantes que se quieran escapar de la nueva Alcatraz para ir a ver a su familia es totalmente desalmada. Y solo crea un falso sentido de seguridad. Enjaular inmigrantes nunca ha sido la solución. (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p. 8)
Michael Goldstein dice que se enteró por el periódico de que su cliente, el boxeador Julio César Chávez Jr., estaba acusado en un caso penal en México. Luego, vio una declaración de Claudia Sheinbaum. “Es una investigación de la Fiscalía que tiene que ver con delincuencia organizada”, dijo ella. “Se busca que se deporte a México”. Pero el trámite para detenerlo no pasó por los canales regulares, como una orden de detención con una ficha roja de Interpol y con fines de extradición, me confirmaron fuentes en el gobierno mexicano.
Hace una semana, Chávez Jr. perdió una pelea ante miles de personas en California. En la arena estaba su abogado penal, Goldstein, y varios terapeutas que le han ayudado en el último año. Dice Goldstein que Chávez los invitó para agradecerles su apoyo para lidiar con la ansiedad y la depresión, que casi lo llevaron al suicidio. Este lunes, la defensa de Chávez tiene cita en una corte penal en California. Allí, planean presentar evidencias de cómo su cliente ha mejorado. Pero Chávez no podrá asistir.
En 2019, dijo Sheinbaum, Chávez Jr. fue involucrado en una investigación de delincuencia organizada. Como publicó Reforma, en la acusación se le mencionó en llamadas telefónicas y se dijo que golpeaba a empleados del Cártel de Sinaloa. En 2023, en Sonora, un juez incluyó al boxeador en una orden de aprehensión. “La orden es por delincuencia organizada con el fin de traficar armas y cartuchos”, me dijo una fuente oficial. Según esta versión, la sospecha sobre el tráfico de armas provino de unos cateos. Sin embargo, Chávez estuvo en México durante meses después de la acusación, sin que nadie lo detuviera.
En los últimos años, me dijo su abogado, el boxeador ha tenido una vida muy pública en EU, inconsistente con un criminal que huye. En enero de 2024, la familia de Chávez Jr. en EU llamó a la policía. Creían que el boxeador podía cometer suicidio. Cuando las autoridades llegaron a su casa, encontraron un arma y se abrió un proceso penal que aún continúa. “Pero no se acusó a mi cliente de ser un peligro, sino que a su familia le preocupaba que atentara contra sí mismo”.
En los siguientes meses, Chávez Jr. ha ido a terapia y a grupos de apoyo. Goldstein me dijo que si hubiera sabido o sospechado que había una acusación tan grave en México, “(su cliente) no hubiera vivido en la misma casa, no hubiera asistido a una pelea multitudinaria ni hubiera hecho un entrenamiento público”, días antes de que lo detuvieran.
Esta semana, agentes migratorios llegaron a casa de Chávez Jr. El gobierno de EU anunció que preparaban una expulsión acelerada a México. Goldstein me dijo que los pocos detalles que se conocen de la acusación mexicana le parecen “una locura” y que no se le ha informado de ninguno por canales oficiales.
“No puedo responder sobre esa acusación en México porque no tenemos ninguna información de ella”, me dijo Goldstein. “Espero que la Presidenta sepa lo que es la presunción de inocencia y que una acusación no es lo mismo que probar un caso más allá de la duda razonable”.
Desde México, las autoridades dicen que esperaron más de un año a que terminara un trámite migratorio, que definiría si podría seguir viviendo en EU. “Se la pasaba allá (en EU), estaba tramitando su residencia”, me dijo una fuente oficial. Sin embargo, Chávez estuvo en México en enero de 2025, cuando entró a California desde Tijuana. Y las autoridades mexicanas no lo detuvieron.
Luego, en junio, EU le negó la residencia. “La ficha roja estaba en proceso pero no se va a alcanzar a emitir. Nos lo van a entregar en unos días porque su calidad migratoria se venció”, me dijo una fuente oficial mexicana.
“Mi cliente ha vivido en EU por años, está casado con una ciudadana estadounidense y estamos encaminándonos a que eliminen los cargos (de 2024) en su contra”, replicó Goldstein. “Su detención contribuye a una retórica peligrosa y a una acusación frívola que busca crear titulares y aterrorizar a la comunidad latina”.
Las autoridades mexicanas afirman que obtuvieron información comprometedora sobre Chávez Jr. en unos cateos en México. No queda claro por qué, en dos años, no lo detuvieron. Dicen que tiene una conexión criminal con el Cártel de Sinaloa. Pero falta mucho por ver y probar, porque en el expediente, hasta ahora, no queda claro cuál habría sido su colaboración con el narcotráfico, si hubo alguna. (Peniley Ramírez, Reforma, Opinión, p. 8)

(Camacho, Reforma, Opinión, p. 9)

(Fer, El Universal, Opinión, p. 17)

(Jerge, La Jornada, Política, p. 9)

(Alarcón, El Heraldo de México, La Dos, p. 2)