Hace un año, el presidente Trump amenazó con imponer sanciones comerciales a México para presionar al aún nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador a detener en territorio mexicano a las caravanas de migrantes centroamericanos.
La amenaza provocó protestas tanto de políticos como de empresarios estadounidenses, especialmente en los estados fronterizos con México que, como Texas, habrían visto un impacto negativo en su economía. El gobierno mexicano decidió no poner a prueba la fuerza de esa oposición y envió elementos del Ejército y la recién formada Guardia Nacional a tratar de controlar el paso de los centroamericanos.
Un año después, el 8 de julio, el presidente Trump recibió en la Casa Blanca al mandatario mexicano, al que califica como su amigo, para celebrar la entrada en vigencia del Tratado comercial México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) y de paso obtuvo imágenes y frases que ahora son usadas por su campaña de reelección.
Ahora tanto en Estados Unidos como en México se piensa que el mexicano puso capital político en su relación con Trump y aceptó la posibilidad de ser utilizado electoralmente, pero el hecho es que la situación y las necesidades económicas de México llevaron a López Obrador a apostar más bien en un mayor vínculo con el país gobernado por Trump.
La entrevista provocó protestas e inconformidades en los dos países, así como pronósticos de desencuentros con un posible gobierno demócrata. Pero la profundidad de la relación hace que su calidad dependa más de factores económicos, sociales y de política doméstica que del trato personal entre los mandatarios. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 21)
En temporada electoral el lenguaje político sólo se comprende conjugando el verbo competir. Bajo este entorno Marcelo Ebrard articuló muy bien su estrategia porque su mensaje hizo más olas en la campaña de Joe Biden que en la opinión publicada en México. Es claro que Ebrard coordinó su mensaje con el demócrata.
El mismo lunes, Biden subió un video a sus redes sociales sobre el atentado en contra de los latinos. En Twitter, lo acompañó con el siguiente mensaje: “Hace un año un supremacista blanco, armado con un rifle semiautomático atacó a gente en El Paso. Pensó que con su odio hacia los latinos y los inmigrantes iba a demostrar superioridad sobre la cultura y la vitalidad de la comunidad. Él estaba equivocado”. El video de Biden dura tres minutos y medio. Con sus primeras palabras recuerda que los habitantes de El Paso mantienen permanente interacción con los de Ciudad Juárez. Por momentos, el mensaje de Biden es idéntico al de Ebrard: “Este es un momento para invocar el propósito de lo que sentimos hace un año (…) un momento para comprometerse con la batalla contra el supremacismo blanco, el odio y la violencia armada. No será fácil, pero es una batalla que debemos ganar”.
Hace un año el secretario Marcelo Ebrard calificó como “ataque terrorista” lo ocurrido en El Paso, y empujó a la agenda bilateral el tema del traciego de armas estadounidenses hacia México. Este lunes, Biden dijo: “Tenemos que desaparecer estas armas de guerra de nuestras comunidades y responsabilizar a los fabricantes que provocan mucho daño”. Finalmente, Biden colocó a Trump como blanco de su mensaje: “Nosotros como americanos debemos hacer lo que nuestro actual presidente no puede hacer, tenemos que permanecer juntos, permanecer juntos contra el odio y levantarnos por lo que nuestra nación cree”. (Fausto Pretelin, El Economista, Geopolítica, p. 41)
En abril, el Banco Mundial predijo que las remesas hacia los países de ingresos medios y bajos caerían 20% en el 2020. La sorpresa es que tenemos datos del primer semestre completo y esto no ha ocurrido, cuando menos para el caso de México. Los recursos enviados por los paisanos crecieron un poco más de 10.6% y llegaron a 19,075 millones de dólares. El incremento es relevante porque ocurre en medio de una crisis, pero también porque el periodo de referencia implica una marca difícil de superar: en el 2019 se alcanzó la cifra más alta de nuestra historia, 36,000 millones de dólares.
Si los pronósticos del Banco Mundial se hubieran cumplido, la reducción de los recursos sería de alrededor de 600 millones de dólares mensuales para México. En un año, serían 7,200 millones de dólares. Un desplome de ese tamaño significaría una crisis dentro de la crisis: las remesas son la principal fuente de ingresos de 8.7 millones de hogares en México.
En nuestro país hay 34.7 millones de hogares. En cada una de las crisis que hemos vivido, los envíos de los paisanos han sido un tanque de oxígeno para los receptores. El temor de los expertos es que esta vez no ocurriría así. Es la primera vez en nueve décadas en las que Estados Unidos y México comparten caídas del Producto Interno Bruto de dos dígitos.
México es una excepción en el mapa. Tenemos que hacer un esfuerzo para entender lo que está pasando, porque no hay una explicación lógica.
El pronóstico del Banco Mundial partía de una premisa sensata: las remesas caerían porque iban a mermar los ingresos de los que hacen los envíos. Éstos subieron, mientras la economía estadounidense sufría la mayor caída desde la crisis de la década de los 30 del siglo pasado. (Luis Miguel González, El Economista, El Foro, p. 47)
Esta semana serán protagonistas del rumbo del mercado los reportes de las empresas que cotizan en la bolsa de EU, el manejo de la pandemia, la publicación el viernes de la creación de empleos en EU, la inflación en México y las decisiones de los bancos centrales de Inglaterra y Brasil.
En México no hay buenas noticias, la contracción de la economía es históricamente alta y las encuestas están pronosticando -9.9% del PIB para todo el año, la inflación terminará por arriba de la meta en 3.6%, la tasa de interés de nuestro banco central seguirá bajando hacia 4%, actualmente está en 5%, y el tipo de cambio puede cerrar sobre 22.6 pesos por dólar.
Las remesas han aumentado respecto a 2019 y lo lógico ante la difícil situación global sería que bajaran, lo que no es una buena noticia porque al final son paisanos que tuvieron que emigrar ante la falta de oportunidades. Es un ingreso indispensable para el país, pero no un dato para presumir. Por lo pronto, a seguir aguantando y sobreviviendo al 2020, ese es el reto. (Juan S. Musi, Milenio Diario, Negocios, p. 16)
El canciller Ebrard es sin duda uno de los secretarios más competentes. Por ello “ajonjolí de todos los moles”, asume funciones casi “vicepresidenciales” desvalijando la Secretaría de Gobernación, asumiendo funciones de la “acéfala” Secretaría de Salud, de la de Seguridad y contribuyendo a la disfuncionalidad administrativa. Se requiere configurar una política exterior a partir de un área en Cancillería que examine escenarios y plantee estrategias. El orden empieza en casa ante un debilitado andamiaje institucional. El único subsecretario de altura es Ventura. Carece de subsecretario de América del Norte, que más bien fue de negociación T-MEC, con sede en Hong Kong y ahora en la búsqueda ilusoria de la Organización Mundial de Comercio. No se ha designado embajador en Argentina y Reino Unido por varios meses. Penosos nombramientos como Isabel Arvide, cónsul en Estambul, ¿“méritos o cuatas”?
Se debe romper la tradición que la política exterior es poco más que suscribir tratados de libre comercio y resolver problemas migratorios. Tampoco debe agotarse en la política bilateral con Estados Unidos. Ésta, sin embargo, va a ser crucial y debemos prever consecuencias, sea del triunfo de Trump, cada vez más errático, o de Biden, con demócratas enojados. La Agenda, además del T-MEC, debe precisar posiciones en migración, tráfico de armas, lucha contra el crimen organizado, cooperación con Centroamérica. Canadá debe ser relación prioritaria, socio, contrapeso fundamental, ignorado y a veces ofendido. América Latina abandonada, la región económicamente más afectada, fracturada, ofrece la oportunidad de reconstruir la cooperación. ¿Qué decimos ante la imposición de Trump del presidente del BID? La relación con China es fundamental, más allá de la compra de medicinas. Atención a la Ruta de la Seda como el gran proyecto geopolítico global. Reforzar la tradicional relación con la India. Hay que estar cerca de Europa, aprender de su ingeniería institucional social, como el gran Fondo de Recuperación recién creado. África no existe. (Francisco Suárez Dávila, El Universal, Opinión, p. 11)