ALGO MÁS: “FUERA de su base republicana, relativamente pocos estadunidenses están satisfechos con su desempeño. Su puntaje ha caído al nivel más bajo de su segundo mandato, prácticamente igualando su peor calificación histórica en ese mismo período durante su primer mandato. Además, recibe puntuaciones generalmente bajas en su manejo de temas claves, como inmigración y economía, principales focos de su campaña”.
ALGO MÁS: “LA gran mayoría de los adultos mexicanos (91 por ciento) afirman tener poca o ninguna confianza en que Trump haga lo correcto en asuntos internacionales. En comparación, una mayoría menor de mexicanos (60 por ciento) expresó poca o ninguna confianza en Biden en 2024. La falta de confianza de los mexicanos en Trump se extiende a su enfoque de la política migratoria: 87 por ciento tiene poca o ninguna confianza en su gestión del tema. Los mexicanos son más propensos que los habitantes de cualquiera de los otros 23 países encuestados este año a calificar negativamente a Trump por su gestión de la política migratoria”. (Carlos Fernández-Vega, LA Jornada, Economía, p. 19)
En la Ciudad de México, ver a personas en situación de calle envueltas en cartones, refugiadas en rincones para esquivar la lluvia o a niñas y niños haciendo malabares en los semáforos, se ha vuelto parte del paisaje urbano. Pero que sea habitual no significa que deba normalizarse, ya que son personas en riesgo constante sin acceso a sus derechos básicos.
Según datos de la Secretaría de Bienestar e Igualdad Social (SEBIEN), en la Ciudad de México hay mil 124 personas en situación de calle; sin embargo, organizaciones de la sociedad civil estiman que la cifra asciende a 30 mil. Conocer un número preciso es complejo por diversas razones, entre ellas, el movimiento constante de esta población; lo que sí es un hecho es que hay niñas, niños y adolescentes, así como personas con algún tipo de discapacidad en las calles expuestos a múltiples riesgos.
Uno de estos riesgos es su involucramiento en la delincuencia, provocado por la falta de oportunidades y la ausencia de redes de apoyo que les permitan romper con el ciclo de violencia y pobreza del que provienen. Muchas de estas personas no están en la calle por elección, sino porque han huido de contextos de maltrato.
De acuerdo con Marimar Cosio, fundadora de Peinando Sonrisas, una organización que trabaja directamente con la población en situación de calle, cada vez hay más personas habitando el espacio público, incluyendo migrantes de Venezuela, Belice y Guatemala, y comparte que han atendido a infantes de tan solo tres años en estado de desnutrición grave.
Marimar, consciente de que las personas en situación de calle son las más olvidadas y juzgadas, decidió fundar hace 18 años Peinando Sonrisas, una organización sin fines de lucro que cada 15 días acude a la Alameda Central para donar ropa, comida, productos de higiene personal y ofrecer cortes de cabello. Este último gesto, aunque parezca simple, transforma por completo el estado emocional de quienes lo reciben ya que al ver su rostro y cabello limpio les recuerda que son personas valiosas y dignas de atención.
Con la intención de hacer más por esta población y brindar una solución efectiva para que dejen de habitar las calles, la fundadora de Peinando Sonrisas se unió al Colegio Nacional de Integración Profesional (CONAIP) para ofrecerles la oportunidad de estudiar, el objetivo es que puedan acceder a un empleo y cuenten con las herramientas necesarias para construir una vida digna.
El Colegio Nacional de Integración Profesional es una institución avalada por la SEP para que las personas aprueben su bachillerato, licenciaturas e ingenierías en un solo examen y desde hace 20 años profesionaliza a más de 10 personas a diario.
Tener un certificado de preparatoria es indispensable en la actualidad para acceder a un trabajo regular y tener una contratación formal con lo que ello implica, como acceso a seguridad social. Marimar considera que la única forma de romper con el círculo de la pobreza, es la educación. Esta ayuda para la certificación de estudios de bachillerato y profesionales además de ser para las personas en situación de calle, también se brindará a las familias de escasos recursos.
Peinando Sonrisas, al igual que otras organizaciones sin fines de lucro, requiere de manos para continuar su labor. Puedes hacer donaciones de ropa, alimento, productos de higiene personal o puede ser parte de su voluntariado. (Dulce Galindo Villa, El Heraldo de México, País, p. 8)
Donald Trump desde su primer mandato ha sido claramente un populista, pero se ve que en esos cuatro años que estuvo lejos de La Casa Blanca se dedicó a perfeccionar la implementación autoritaria del método con sus maestros mundiales.
Podrá el republicano no tener un control total al estilo chino o norcoreano, pero sí encontró una oposición debilitada, una sociedad apática y una base social amplia cautivada en sus emociones que le ha permitido avanzar en sus intenciones imperiales.
Aprendió muy bien la retórica del “nosotros contra ellos”, de los “enemigos del pueblo”, lo aplicó en el Make America Great Again, y comprendió al pie de la letra que tenía que ponerlo en práctica.
Retomó el Proyecto 2025 de la Fundación Heritage, conservadora y chauvinista, que además plantea el desmantelamiento del Estado Profundo y lo ha puesto en práctica sin oposición.
Se ha convertido en un claro supresor de la libertad de expresión y represor de los derechos civiles y de la diversidad.
Y ni qué decir de los tantos abusos en la aplicación de su política migratoria, que, si bien tiene derecho a la implementación de restricciones de entrada a su país, eso no debería incluir las graves violaciones a los derechos humanos.
Todo lo hace, porque puede. Porque los valores que se creían entendidos en una sociedad como la estadounidense no tienen defensores reales y permiten esos márgenes para que una agenda política, que no por conservadora es ilegítima, sí explore actos autoritarios en la que se presumía como una democracia ejemplar.
Estados Unidos, por su tamaño, genera repercusiones globales. La más evidente es la política proteccionista con la aplicación indiscriminada de aranceles comerciales.
También tendrá sus efectos la política fiscal desordenada que consiguió sin mucha oposición en el Congreso.
Pero para añadir otro par de ejemplos de la manera de proceder de Donald Trump hay que ver cómo si no le gusta la política monetaria, busca entonces destituir al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell.
Y si no le gustan los datos revisados de las nóminas no agrícolas, entonces despide a la comisionada de la oficina de estadísticas laborales, Erika McEntarfer.
Con ello lo que Trump busca es dar cuenta a su estilo de dos conceptos populistas que acá conocemos muy bien: que él tiene otros datos que demuestran que su economía va requetebién.
Hay países que han sucumbido completamente en esa tiniebla populista hasta dar paso a regímenes autoritarios. Venezuela en un ejemplo literalmente acabado de las consecuencias.
Y como ejemplo de que los populismos autoritarios no sólo se valen de la retórica de izquierda, ahí está El Salvador y Nayib Bukele que recién dio un paso más en esa dirección.
Estados Unidos se supone que tiene un diseño democrático a prueba de estas tentaciones. La narrativa está dominada por Donald Trump, pero puede ser frágil ante escándalos locales importantes como su relación con el pederasta Jeffrey Epstein.
Sin embargo, la verdadera prueba para el sistema democrático estadounidense será el proceso electoral intermedio el próximo año que demostrará si una mayoría de electores está a gusto con este estilo populista-autoritario de gobernar o bien si prefieren una moderación desde del poder Legislativo. (Enrique Campos Suárez, El Economista, Finanzas y Dinero, p. 14)
En el documental “Masacre en Columbine”, del cineasta Michael Moore, célebre porque sus filmes, con precisión, dan en el blanco de la sociedad estadounidense, sugiere que la política intervencionista de EU en otros países y la persistente amenaza de guerra contribuyen a una cultura del miedo que impregna la vida diaria de los norteamericanos. Los gobiernos han utilizado el miedo a las amenazas externas (el comunismo y el terrorismo) para justificar sus acciones y este miedo se filtra en la conciencia colectiva, alimentando la sensación de que el peligro está en todas partes, tanto dentro como fuera de sus fronteras.
Hoy gringas y gringos —dicho sea con cariño para evitar la tautología— sienten el miedo más cercano que nunca. Este lo provoca Donald Trump, timonel de un barco al garete, desorientado por la brújula de su egolatría y los intereses más abyectos. Perra brava que hasta a los de casa muerde.
Debido a una ley que Trump bautizó como “grande y bella” entre 11 y 16 millones de pobres perderán su seguro de salud, además millones de personas con insuficiencia alimentaria no contarán con asistencia para comer, todo a cambio de la reducción de impuestos para los más ricos.
El lingüista, politólogo, filósofo, activista, e intelectual estadounidense, Noam Chomsky, en una entrevista para The New Yorker, calificó a Trump como el peor asesino de la historia. Peor que Stalin y Hitler, ambos eran monstruosos —afirmó— pero no intentaban destruir la vida humana organizada en la Tierra; su charla la remató así: “No sé que palabra en el idioma inglés —no encuentro una— se aplica a personas que están dispuestas a sacrificar la existencia organizada de la vida humana a cambio de poder poner unos cuantos dólares más dentro de sus ya repletos bolsillos. La palabra ‘maldad’ no llega ni cerca”.
Según un análisis de la doctora Brooke Nichols, de la Universidad de Bostón, debido a los recortes a programas de asistencia de salud de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid, por sus siglas en inglés) en los primeros cuatro meses del gobierno de Trump se perdieron 300,000 vidas en el mundo. En una investigación de expertos en salud publicada por la acreditada revista médica británica The Lancet, se calcula que más de 14 millones de personas podrán morir en los próximos cinco años, debido a las reducciones programadas por la Usaid; en la cifra se incluyen 4 millones y medio de niños.
Como nunca antes la sociedad norteamericana ha repudiado a su gobernante, todos los días se registran protestas en torno a las medidas antidemocráticas e ilegales del gobierno de Trump y sus aliados plutócratas.
El pasado sábado, según información de David Brooks y Jim Cason, miles de manifestantes, convocados por el movimiento ciudadano 50501 (abreviatura de 50 protestas en 50 estados —originalmente— 1 día), participaron en 463 actos con la consigna: “Rage against the regime” (“Rabia contra el régimen”) en poblaciones de California, Oregon, New Hampshire, Colorado, Florida, Oklahoma, Iowa, Wiskonsin, Kansas, Tennesse y Georgia. En las concentraciones se denunciaron las nefastas medidas antimigratorias, los recortes a los programas sociales, las políticas antiambientales, las represiones a disidentes y hasta la complicidad del gobierno estadounidense con el Estado israelí en el genocidio de Gaza.
“Saquen al ICE (la migra) de nuestras comunidades” fue una de las pancartas más repetidas. “Despierten. El gobierno es corrupto”, se podía leer en un cartel en Oklahoma; el Topeka, Kansas, otro con la leyenda: “No reyes, no fascistas, no nazis, no tiranos, no mentirosos, no Trump”. “No al odio. No al temor, los inmigrantes son bienvenidos aquí”, corearon en Denver. Y por todos lados el mensaje más fraternal: “Ningún ser humano es ilegal”.
Punto final
Donald Trump tiene el ego tan grande que cuando hace el amor con su guapa esposa cierra los ojos y se imagina que se está masturbando. (Manuel Ajenjo, El Economista, Política y Sociedad, p. 40)
MUJER EN ARO. A más de seis meses del nuevo gobierno federal, mujeres jornaleras agrícolas, mayormente indígenas y migrantes, siguen enfrentando condiciones laborales precarias, exclusión institucional y abandono estatal. A pesar del “Año de la Mujer Indígena” declarado por la presidenta, la Alianza Campo Justo manifiesta preocupación por la falta de avances reales en las medidas prometidas en el Plan Nacional de Desarrollo (PND). Esta situación evidencia la persistencia de la vulnerabilidad y la falta de apoyo a un sector fundamental para la agricultura y la economía rural. (Economista, El Foro, p. 46)
A la Sombra
Los reportes sobre la disminución en los envíos de dinero de los connacionales que radican fuera de México, principalmente en Estado Unidos, son preocupantes, porque a diferencia de las divisas que llegan al país por la venta de petróleo o turismo, por ejemplo, las remesas son recursos que llegan directamente a los bolsillos de sus familiares en México.
Resulta que en la primera mitad del año, en 23 estados del país las remesas fueron menores a las de hace un año, pero hay algunos con caídas estrepitosas, como Ciudad de México (-25.5%), Estado de México (-19.7%), Nuevo León (22.1%) y Sinaloa (-25.5%).
Con Donald Trump al frente, el panorama es adverso para los trabajadores migrantes. Con este panorama, los analistas del área de Estudios Económicos de Banamex anticipan ya una caída de 4 por ciento para todo 2025. (A la Sombra, El Sol de México, Republica, p. 2)
La relación político-diplomática entre México y Estados Unidos ha transitado de la tensión a la asociación estratégica. Sin embargo, nunca ha dejado de ser asimétrica. México defiende su soberanía como un valor histórico y cultural irrenunciable.
EU protege sus intereses con pragmatismo. En medio, se construye una diplomacia compleja, resiliente y vital para ambos. La relación entre EU y México es una de las más complejas y multifacéticas del mundo. Con una frontera compartida de más de 3 mil kilómetros, una historia entrelazada y una profunda interdependencia económica, social y cultural, EU y México se necesitan mutuamente. Los vecinos siempre seremos vecinos. En este sentido, resulta innegable que para Estados Unidos, fomentar y mantener una relación sólida y constructiva con México es una cuestión de interés y seguridad nacional.
Desde el punto de vista económico, México es uno de los principales socios comerciales de Estados Unidos. En 2024, nuestro país fue por segundo año consecutivo el principal socio comercial de EU con una derrama económica de 839 mil 892 millones de dólares, según datos de la Oficina de Censos de EU. Además, México fue el segundo destino de las exportaciones de EU con 16.2 por ciento del total, solamente por debajo de Canadá, que tuvo una participación de 16.9 por ciento. Entre México, EU y Canadá, la región de Norteamérica se consolidó como el mercado global más dinámico, con un flujo de 1.6 billones de dólares el año pasado. Sin embargo, en cuestión de semanas y con una caótica “doctrina” económica que amedrenta y acorrala a sus mismos socios y que no distingue entre aliados y rivales, el presidente Donald Trump ha pretendido condicionar las relaciones que sostenía con sus vecinos más cercanos.
Hoy, a cien años de distancia del reconocimiento diplomático de 1923, la relación bilateral sigue viva, exigente y cargada de contradicciones. Pero también es una oportunidad permanente de madurez política. La buena vecindad no es una utopía: es un trabajo diario. La crisis económica de 1982 obligó a México a aceptar condiciones del FMI y abrir su economía. Estados Unidos fue clave en el rescate, pero impuso cambios estructurales: privatizaciones, reducción del Estado y libre comercio. En 1994, el TLCAN selló la nueva era. Pese a ello, la rebelión zapatista y la crisis del peso ese mismo año mostraron que la estabilidad era frágil. El rescate financiero de Clinton (20,000 millones de dólares) fue controvertido, pero evidenció la interdependencia.
La amenaza de aranceles llevó a México a ceder en migración: desplegó la Guardia Nacional y aceptó el programa “Remain in Mexico”. Aunque el T-MEC sustituyó al TLCAN, la relación estuvo marcada por desequilibrio. En otro tema, China se colocó como la fábrica del mundo, lo cual provocó la disminución de la capacidad productiva de Norteamérica, por lo que exhortó a Washington a incrementar su producción.. “En el tema de China, México produce más productos agrícolas, agregando que a buscado por todos los medios crear empleos y aumentar sueldos. Actualmente, la simpatía de muchos congresistas estadounidense hacia el gobierno mexicano es determinante en nuestras relaciones bilaterales, hubiera sido acertado que los servidores públicos mexicanos cabildeara en el Capitolio y limara entre otros desacuerdos las asperezas suscitadas a la fecha.
En 2025 existen unos 40 millones de mexicanos y mexicoestadounidenses viviendo en los Estados Unidos, cuyo número aumenta cada año. Paralelamente, los migrantes norteamericanos que se establecen en México han registrado un crecimiento récord. Si bien la frontera sigue siendo una de las principales preocupaciones en la agenda bilateral, ésta se hace más difusa todos los días cuando cientos de ciudades mexicanas están recibiendo nuevos vecinos, jóvenes en particular, que buscan disfrutar de una forma de vida más relajada y económicamente atractiva. Al mismo tiempo, millones de ciudadanos de ambas naciones han comenzado a coincidir en los mismos objetivos de desarrollo social, migración legalizada, protección del medio ambiente, educación y salud. (Vicente Gutiérrez Camposeco, El Sol de México, Análisis, p. 22)