El Tren Maya es un proyecto planteado, diseñado e implementado por el gobierno federal que busca impulsar el desarrollo de la región sursureste del país a través de la conexión de municipios, la creación de empleos, el reordenamiento urbano y el desarrollo de ciudades. Es una visión de desarrollo con un fuerte componente económico que se puede relacionar con la visión que se generó en periodo comprendido entre 1960 y 1970 que se caracterizaba por el supuesto de que el crecimiento económico tendría un efecto Top Down que permearía a todas las capas de la sociedad, dice la investigadora del CIDE, Mariana Guevara Rosado.
El problema, según su investigación Acción pública en el diseño e implementación de megaproyectos: el caso del Tren Maya en el Estado de Yucatán, es que esta visión de desarrollo desde el gobierno federal no la comparten todos los actores en la zona. Al leer la tesis para graduarse como Maestra en Administración y Políticas Públicas, el lector puede entender porque el Tren Maya no es un proyecto que pueda concluir una administración en turno.
Se trata de una obra que tendrá que confirmar su viabilidad y su utilidad durante los próximos años y que, por lo tanto, los juicios al calor de los desencuentros políticos no toman en cuenta la ambición de integrar a la economía al sureste del país. Para que el Tren Maya no se convierta en un elefante blanco, será necesario que su construcción e impulso se extienda durante los próximos años y que, por supuesto, siga contemplado en los presupuestos públicos. Sería necesario, por lo tanto, considerar que la rentabilidad de la inversión pública no responde a los indicadores tradicionales, sino a la ganancia social de integrar esta región a la economía. ONU Habit ha estado al tanto de los trabajos; ha firmado convenios y ha participado en los acuerdos sociales. ¿Será suficiente esa mirada multilateral? Veremos.
Basquetbol, la apuesta para perder, pero con la que algunos ganan
¿Por qué en el basquetbol “profesional” mexicano se apuesta para perder?
Porque en este deporte, cuando los jugadores pierden – sin liderazgo y sin un proyecto a largo plazo – algunos ganan. Me refiero, por supuesto, a quienes se aferran al control y a los acuerdos en este deporte que sólo benefician a unos cuantos que lo mismo controlan a la selección nacional que a las ligas del deporte ráfaga. Injusto, bajo cualquier perspectiva, para niños, niños, jóvenes y chicas que han cifrado sus esperanzas en el baloncesto para seguir estudiando, para salir de la pobreza y para triunfar.
Bajo el control oligopólico que se hace presente en el basquetbol “profesional”, los sueños de la niñez y la juventud en México no tienen expectativas claras de realizarse. ¿La razón? Llegar a un equipo profesional en México o fuera del país, o ser seleccionado es, claramente, un golpe de suerte y no resultado de un sistema que con trasparencia y justicia promueva el talento. Y no es que a las mexicanas y a los mexicanos les falta talento, el problema es que el embudo lo controla un grupo de personas con claros intereses económicos. Ese embudo, por lo tanto, resulta cada día más estrecho. Para ellos, el baloncesto es un patrimonio personal y hasta familiar.
Un buen reportaje de investigación ataría muchos cabos sueltos. Aquí las preguntas de investigación ¿Quién controla la Asociación de Basquetbol? ¿Quién controla la agencia que representa a los jugadores? ¿Quién hace trámites ante el Instituto Nacional de Migración? ¿Quién decide quién sí y quién no patrocina el baloncesto? ¿Quién descarta a aquellos a quienes observa como competidores o peor aún a quien identifica como un riesgo para mantener el control que mantiene al basquetbol mexicano en el terreno de los perdedores? ¿Quién festeja que una Selección Nacional que logró regresar a la Copa Mundial “gane” en el grupo de los perdedores?
En nuestra anterior entrega, decíamos que la Selección Nacional de Baloncesto perdió de manera contundente frente al pequeño país de Lituania con tan sólo 2.8 millones de habitantes. Es pequeño en población y extensión territorial, pero enorme en talento y pasión por este deporte, lo que confirma que en el baloncesto – como lo demostró la Selección Mexicana al regresar a las duelas mundialistas después de casi una década – el factor que marca el ascenso o descenso es el liderazgo y la transparencia. Así que perder frente al pequeño país de Lituania debería ser una lección porque también ganaron frente a la potencia estadounidense.
De acuerdo con el periodista Francisco Ávila, quien publicó en Infobae, el baloncesto para Lituania es el equivalente a una religión, es un fenómeno contracultural que va más allá de la práctica de un deporte y que está relacionado con la identidad nacionalista. (Claudia Villegas Cárdenas, La Crónica de Hoy, Negocios, p. 10)
La migración sigue siendo uno de los problemas globales más acuciantes de la actualidad. En Italia, por ejemplo, los números del primer semestre del año superan en más de 13% los del año pasado y se siguen rompiendo récords de entradas irregulares, rescates en altamar y, por supuesto, muertos. Al igual de lo que sucede en EU, la causa de la migración hacia Europa está en las guerras invisibles que asedian a las naciones de origen de los que huyen buscando un poco de esperanza.
Portales como ABC cuentan más de 60 conflictos armados en toda regla. A este número habrá que sumar todos los conflictos internos de países que están asolados por el crimen organizado. Así, la guerra fuera de los reflectores de conflictos como el de Ucrania es mucho más de lo que nos gustaría aceptar, y todos estos conflictos provocan la movilización de millones de personas que huyen del terror, el hambre y la inseguridad. Haití, Yemen, Sudán, Siria, Etiopía, etc., países colapsados e ignorados por los más poderosos.
Los países receptores están obligados a acoger a los refugiados que cumplen con las condiciones pactadas en la Convención de Ginebra; sin embargo, estos países han hecho gala de cualquier tipo de artilugio para evadir esta responsabilidad compartida y cerrar sus fronteras. Es una vergüenza histórica para algunos de ellos puesto que son ellos mismos naciones compuestas de inmigrantes o fueron beneficiados con la generosidad de naciones en desarrollo que acogieron a sus ciudadanos cuando las grandes guerras del siglo XX azotaban sus territorios. Sin embargo, hoy, a pesar de necesitar mano de obra en múltiples industrias, se elevan argumentos proteccionistas y nacionalistas que no hacen más que enmascarar un racismo galopante.
Europa, sin ir más lejos, tiene una deuda histórica con el continente africano. Colonialismo, ocupación, esclavitud, pactos comerciales que hasta el día de hoy dejan en condiciones de precariedad a la industria local… siglos de abusos que han colaborado en la pobreza y el caos que reina en dichos países. Y ahora que el colapso es inminente, cierran las puertas con horror y abandonan a su suerte a millones de personas.
En lugar de invertir millones en financiar, y chantajear, a países como Turquía para que funjan como receptores y construyan enormes campos de concentración para estos refugiados, los países europeos deberían atender la raíz de los problemas en las poblaciones de origen. Levantar muros no va a detener la migración, sólo la hará más mortífera.
Lamentablemente el odio por el extranjero es una de las pasiones más sencillas de crear y manipular en la política, por lo que, en tiempos de elecciones, veremos cómo la puerta de la esperanza se hace cada vez más estrecha. (Montserrat Salomón, La Razón, Mundo, p. 23)
Durante las últimas semanas tuve la suerte de descansar visitando varios países y regiones de Europa y siguiendo más de cerca la actualidad europea.
Mi primera impresión es siempre constatar la comodidad de viajar fácilmente en la Unión Europea (UE) sin la necesidad de sacar el pasaporte o cambiar dinero entre países, sin tener que pagar roaming por usar el celular ni contratar un seguro médico adicional, con la posibilidad de comprar en un país de la UE cualquier mercancía en cualquier cantidad para llevarla a otro, entre otras ventajas.
Mi segunda impresión este verano fue ver la gran cantidad de turistas europeos y no europeos: después de la pandemia, Europa vuelve a atraer a los visitantes internacionales y la temporada vacacional de verano, según las primeras cifras, ha sido excelente para el sector en muchas partes. Eso, por supuesto, se explica por la diversidad y riqueza increíbles de la oferta turística y cultural europea. Este año tuve la oportunidad de visitar Lisboa, la capital de Portugal, que apenas conocía. Me impresionó la modernidad de este país que ha hecho progresos increíbles desde que entró a la UE hace 37 años, pero, sobre todo, la belleza de Lisboa y sus cercanías.
Europa atrae también a los migrantes: se habla mucho de los que buscan entrar de forma irregular, pero hay cientos de miles que lo hacen legalmente para estudiar o trabajar en la UE. La mano de obra es muy necesaria, por ejemplo, en el sector de la salud y los cuidados a las personas. Cuando uno viaja por Europa no tiene para nada la impresión de una “fortaleza”, como a veces se le llama, sino de una Europa con una fuerte identidad cultural, pero abierta, como siempre lo ha sido, a lo extranjero.
Otra fuerte impresión de este viaje tiene que ver, nuevamente, con los estragos del cambio climático: olas de calor de duración y temperaturas sin precedentes, en fechas inauditas; escasez de agua en muchas regiones; las devastadoras inundaciones en Eslovenia y los megaincendios, como los que han arrasado Grecia, incluido uno que ha sido el más grande registrado en la historia de la UE. La conciencia del reto ecológico se vuelve cada vez más fuerte, ya no sólo entre los jóvenes. Cada vez más, las empresas ofrecen productos más respetuosos con el planeta y enfocan su comunicación al respecto.
El alza de precios también es una realidad y, de un año a otro, uno se da mejor cuenta de su alcance. Lo anterior puede atribuirse, por un lado, a los costes del cambio climático, pero también al contexto internacional y, en particular, a los efectos de la agresión rusa contra Ucrania. En este sentido, me llamó la atención el amplio consenso que sigue habiendo en las opiniones públicas europeas a favor del apoyo continuo a Ucrania y de las sanciones contra el agresor ruso.
Los europeos de hoy me parecen más conscientes también de la necesidad de defender sus valores, sus principios, pero también su seguridad y autonomía estratégica: son los temas que también ocupan y preocupan a nuestros dirigentes.
Finalmente, uno se da cuenta de la suerte que tiene, como europeo, de poder tomar varias semanas de vacaciones muy necesarias para descansar, leer, caminar, pasar momentos relajados con familiares y amigos, en fin, ocupar la mente y el cuerpo en otras cosas diferentes al trabajo. Eso hace de la mano de obra europea una de las más productivas del mundo y que uno realmente se sienta recargado de energía. En mi caso, estoy feliz de regresar a México para vivir unos meses apasionantes para el país y su relación con la UE. (Gautier Mignot, Embajador de la Unión Europea en México, Excélsior, Global, p. 25)
