Paradojas del superpeso
EN JULIO LOS ingresos de remesas fueron de 5 mil 613. millones de dólares, lo que representa una caída de uno por ciento, tras haber crecido 11.1 por ciento en junio. Convertidas a pesos, aumentaron 6.1 por ciento. Parece sofisma, pero no lo es. Bajan las remesas en dólares, pero éstos han aumentado de precio y suben en superpesos, cuyo valor se desinfló en julio. Es un esquema en que millones de familias salen ganando. En los últimos tres meses nuestra moneda se ha devaluado 16 por ciento y lo que para otros es desgracia, para los migrantes y sus familias es bendición. (Enrique Galván Ochoa, La Jornada, Política, p. 14)
Desde junio los acontecimientos económicos, financieros y políticos han despertado mucho nerviosismo y volatilidad en los mercados, incrementado los temores sobre un choque adverso sobre la economía mexicana.
El impacto negativo del entorno —interno y externo— se ha traducido concretamente para México en un aumento del riesgo país y la consecuente depreciación del tipo de cambio que ya ronda los 20 pesos por dólar (una depreciación de 17% respecto al nivel previo a las elecciones).
Considero que los factores de riesgo internos tienen preponderancia en la actual coyuntura. El resultado de las elecciones que proporcionó una mayoría calificada en el Congreso a la alianza oficialista, la reforma al Poder Judicial y la posible eliminación de los órganos autónomos han incrementado la incertidumbre entre muchos inversionistas generando mayor y más intensa volatilidad financiera.
Los factores de riesgo externos son de consideración. Los elementos que contribuyen al mayor riesgo provienen especialmente del lado financiero. Uno de ellos asociado a un posible mayor endurecimiento de la política monetaria de Japón cuya fuerza ya quedó claramente confirmada hace unos días. Asimismo, hay mucha incertidumbre sobre la magnitud del próximo relajamiento monetario por parte de la Fed. Finalmente, es considerable la evidencia de desaceleración productiva en Estados Unidos que constituye el principal riesgo en materia económica para nuestro país.
Como arriba menciono, toda esta ensalada de riesgos ha generado tal incertidumbre que promueve un mayor riesgo país y una depreciación cambiaria. Desafortunadamente, hacia adelante los riesgos continúan. Es posible que no se haya materializado del todo el impacto de un segmento importante de los mercados que se oponen a la reforma judicial y a la desaparición de los órganos autónomos y, por tanto, falte por verse un mayor desenlace ahora que queden consumadas las estrategias oficiales.
Asimismo, la preocupación sobre la estabilidad de las finanzas públicas viene creciendo progresivamente. En la medida en que las perspectivas de crecimiento para 2025 vienen ajustándose a la baja (actualmente en 1.2%), se generan dudas sobre la viabilidad del mega ajuste al gasto público anunciado por la Secretaría de Hacienda que será necesario después del déficit de casi 6.0% previsto para este año.
En el planteamiento del programa económico para el próximo año la autoridad tendrá que ser muy convincente en el regreso a la estabilidad de las finanzas públicas, de lo contrario, veremos otra vez nerviosismo e incertidumbre.
En lo externo, habrá que añadir el discurso de las campañas en la elección presidencial de Estados Unidos que pondrán de relieve nuevamente los temas de migración y de relaciones comerciales de México con ese país, que por experiencia sabemos que en nada favorecen la estabilidad en México.
Es en efecto, un panorama complicado para la economía mexicana que requerirá necesariamente respuestas claras y precisas por parte de la nueva administración. De lo contrario, puede afectarse seriamente la confianza en las políticas públicas y mermar las decisiones de inversión productiva.
Si bien considero que a la fecha las repercusiones sobre la perspectiva de crecimiento para la economía mexicana no han sido de consideración, no está exento un escenario de un descalabro económico mayor. Ello significaría un duro golpe para el cumplimiento de las metas y programas de la siguiente administración. (Arturo Vieyra, La Razón, Negocios, p. 24)
El 11 de septiembre de 2001 cuando asistí a la Conferencia de las Naciones Unidas como cada año, fue la peor experiencia aterradora de mi vida, siendo testigo del ataque a las torres gemelas, quedando atrapado en Manhattan sin posibilidad de salida, el espacio aéreo estaba militarizado, los aeropuertos civiles estaban cerrados, las carreteras cerradas, las centrales de autobuses también estaban cerradas. Me pregunté: ¿qué hacer? Encontré un libro de un autor que había consultado mucho, Samuel P. Huntington, autor de aquella obra “El choque de civilizaciones”. Encerrado en un hotel me dediqué a leer su libro: ¿Quiénes somos? Esta obra hace una investigación sobre los desafíos actuales de la identidad nacional estadounidense, la devoción patriotera que inundó las calles de Nueva York.
Me interesaba mucho encontrar la esencia del espíritu americano, el individualismo y la ética del trabajo, el moralismo y la ética de la reforma, las relaciones entre religiones católicas, protestantes y muchas más. Observé que la Unión Americana actualmente se debate en explicar cuál es su identidad, ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos? Parodiando al nigromante don Ignacio Ramírez encontré la respuesta: el pueblo americano viene de todas partes y llegan a la tierra prometida con una carga cultural en un proceso de inmigración-asimilación como integrarse a lo largo del tiempo en un ambiente hostil de discriminación efectuada por otros migrantes que habían llegado antes a la civilización al “American Way of Life”, una perpetua integración difícil de asimilación como es especialmente la población hispana y muy especialmente los migrantes de origen mexicano quienes al entrar a un mundo diferente a su cultura deciden integrarse formando barrios, colonias o guetos para poderse defenderse de la migra.
La parte central de la obra en cuestión es la siguiente: “el peligro para el interés vital de la nación americana está representado por la inmigración procedente de América Latina especialmente la migración mexicana” masiva que está provocando la reconquista demográfica en zonas que los estadounidenses habían arrebatado por la fuerza a México.
En el siglo XX, los Estados Unidos se convirtieron en una sociedad multiétnica y multirracial caracterizada por una cultura mayoritaria dominante que es angloprotestante. Debajo de esta cultura se engloban múltiples subculturas. Concebí muy bien que el panorama de que ese país está en proceso de convertirse en una sociedad anglohispana con dos lenguas nacionales —el inglés y el español—, en medio de un multiculturalismo de élites intelectuales y políticas de una sociedad bilingüe.
La constante es el avance de la migración de mexicanos quienes conservan sus costumbres de la tierra que los vio nacer. Esta población crece más rápido que la población anglosajona, los mexicanos conservan sus tradiciones, lo que los hace muy diferentes a otras poblaciones que se integran y adaptan rápidamente olvidando su cultura e historia.
Algunos autores han sugerido que el suroeste de la Unión Americana podría acabar convirtiéndose en el “Quebec” estadounidense, porque esta región tiene poblaciones católicas conquistadas por pueblos angloparlantes, el uso de la lengua inglesa de los mexicanos de primera y de segunda generación siguen en el patrón de preferir su iglesia católica, y hablar su lengua de origen el español. Es hasta la tercera generación que cambia de patrón lingüístico. Ya no quieren hablar inglés, ya son gringos.
El epílogo de la obra se encuentra en la página 284. Debido a la intensa corriente migratoria mexicana al suroeste de EU, es decir a California, la entrada de ilegales tolerada muchas veces por la enorme demanda de las explotaciones agrícolas de estas regiones, es de las zonas más ricas de la Unión Americana y naturalmente demanda la mano de obra y sudor de los mexico-americanos. La conclusión es la siguiente, la amenaza potencial para la integridad política de los Estados Unidos la constituye la población mexicana. (Jorge Nuño Jiménez, El Universal A17)

(Calderón, Reforma, Opinión, p.9)

(El Fisgón, La Jornada, Política, p.5)
