Opinión Migración 051022

¿Será?

La ley de la improvisación

Habrá que estar atentos si ahora la 4T no mete una reforma a la Ley de Migración, para que la Marina pueda tomar el control migratorio, como pretenden en el AICM. Y es que de tan apresuradas que están haciendo las cosas no le echaron un ojo a la ley, la cual establece que el único facultado es el Instituto Nacional de Migración para permitir la entrada y salida de extranjeros al país. A ver si no se avientan otro decretazo, total la Constitución se cambia a modo en la época de la Cuarta Transformación. Parece película, pero es la realidad. ¿Será? (24 Horas, La dos, p. 2)

Pepe Grillo

Tareas extracurriculares

Queda claro que al presidente no le amilanan las críticas por estar encomendando a las fuerzas armadas tareas que no están contempladas en sus documentos básicos.

No solo no se ha echado para atrás, sino que les da más tareas.

Ahora sabemos, por ejemplo, que el Ejército proyecta tener su propia aerolínea y que la Marina Armada será la encargada del proceso migratorio en el AICM

En el caso del Ejército la flotilla inicial de su aerolínea comercial serán seis aviones, se habla incluso de echar a volar al avión presidencial, ese que no sale ni en rifas.

El problema de la inseguridad no cede. Hay bandas criminales que hoy son más fuertes que nunca antes. La gente vive con temor en muchas plazas del país. ¿Cómo es que les queda a las fuerzas armadas tanto tiempo libre? (La Crónica de Hoy, Columnistas, p. 3)

Uso de Razón // Treinta y cuatro días de vértigo para Estados Unidos

Comienza un mes decisivo para Estados Unidos. Y lo que suceda de ahora al 8 de noviembre nos incumbe a todos.

Las elecciones de ese día, que ponen en juego los 435 escaños de la Cámara de Representantes, una tercera parte del Senado y 36 gubernaturas, definirán el futuro inmediato de Trump y del trumpismo.

Definirán también el futuro del Partido Republicano.

Sabremos si el “viejo y gran partido” logra desprenderse del tutelaje de Donald Trump y de su plataforma xenófoba, racista y antiinmigrante, o si profundiza su crisis de identidad que podría dejarlo arrinconado como un partido de blancos, sureño, sin posibilidad real de ganar la Casa Blanca.

Ahí está la razón por la que estas elecciones intermedias se han convertido en las más costosas de la historia, con una factura estimada en 9 mil 300 millones de dólares, como detalló la semana pasada el corresponsal de El Financiero en Washington, José López Zamorano.

Los republicanos han perdido el voto popular en la mayoría de las últimas elecciones presidenciales, incluidos los triunfos de George Bush Jr y Donald Trump, porque han alejado a las crecientes franjas de votantes independientes, suburbanos o nacidos en el extranjero.

Si los republicanos logran arrebatar a los demócratas el control del Congreso, convertirán a la Colina del Capitolio en el campo de batalla para ponerle freno a la agenda de Joe Biden y negarle cualquier triunfo legislativo hacia las elecciones de noviembre de 2024.

Por el contrario, si los demócratas retienen el control de la Cámara baja y del Senado, mantendrán una plataforma que les permitiría agregar otras victorias legislativas con una agenda de corte moderado.

Recientes encuestas distritales sugieren que los republicanos tienen mejores posibilidades de recuperar el control de la Cámara baja, pues sólo requieren ganar cinco curules adicionales a las que ya tienen.

En el Senado la perspectiva se ve diferente, con los demócratas que probablemente mantendrían la mayoría, debido a la selección de candidatas y candidatos republicanos que aquí hemos señalado como “impresentables”.

Ahí está el factor Trump y el futuro de esa corriente del Partido Republicano: son los candidatos financiados por el expresidente que ganaron las elecciones internas.

Su estrategia, discurso y credo es polarizar a los votantes con posiciones extremistas sobre temas como las armas, el aborto, la migración y la “gran mentira” del inexistente fraude electoral de 2020.

Otra baza para la subsistencia del trumpismo se encuentra en los estados. Si sus candidatos ganan las gubernaturas de Arizona y Pensilvania, tendría la posibilidad influir en la calificación de las elecciones presidenciales.

Eso pondría a Estados Unidos, en 2024, al borde de una nueva crisis constitucional de consecuencias incalculables.

Pero todo el escenario podría ser puesto boca abajo si se materializa encausamiento criminal contra Trump por parte del Departamento de Justicia, no sólo en relación con su papel en el putsch del 6 de enero de 2021, sino por la potencial comisión de delitos de espionaje y obstrucción de la justicia, por los documentos secretos extraídos de la Casa Blanca.

Esto último podría inhabilitarlo para cualquier cargo de elección popular por el resto de su vida.

La última audiencia de la comisión legislativa que investiga el putsch del 6 de enero estaba programada para el pasado miércoles 28 de septiembre, pero fue pospuesta debido al huracán Ian. Cuando se realice, en principio el 13 de este mes, podría ser determinante porque consolidará todas las evidencias contra el entonces presidente y su principal círculo de colaboradores.

Ahí hay algunas razones que hacen de este mes uno de los que tendrá mayores consecuencias para Estados Unidos en la era moderna. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 32)

Repensar // Tortura aeroportuaria

Desde hace años la industria aérea viene luchando por sobrevivir. El mercado crece, pero la competencia es intensa. Obliga a endeudarse para renovar las flotas con equipos que consuman menos combustible y permitan, aunque sea en el margen, reducir el costo por pasajero transportado. Docenas de aerolíneas han desaparecido.

En una época se disputaban a los pasajeros ofreciendo buen servicio: personal amable, asientos cómodos, películas de estreno, comidas apetitosas, bebidas gratis. En la última década, para abatir los costos, decidieron reducir los beneficios u otorgarlos con un cargo extra.

En muchos casos, ya no permiten hacer cambios gratuitos y los boletos más económicos no pueden cancelarse. Para añadir cupo, pusieron asientos más angostos y con menos espacio para las piernas. Dejaron de ofrecer alimentos en vuelos cortos y los venden por separado en los largos. Ya no hay periódicos y revistas para leer. Hoy cobran por el equipaje documentado y hasta por el de mano. El colmo es que llegan a exigir un pago por dar asientos adyacentes a miembros de una misma familia.

La pandemia de Covid tuvo efectos catastróficos para las compañías aéreas. De la noche a la mañana muchos países cerraron su espacio aéreo y la demanda se cayó hasta el fondo. Cientos de aviones, sobre todo los de mayor capacidad, pasaron meses estacionados, sin usar. Aun con menos vuelos, hubo dificultad para operar porque el personal se enfermaba y tuvieron que despedir a miles de trabajadores.

Afortunadamente, en la medida en que hay menos miedo al contagio, el mercado se está reanimando. Muchos están tomando las vacaciones que aplazaron en los dos años anteriores. Sin embargo, los viajes de negocios, que son los que originan la compra de los boletos más caros (clases primera y business) siguen por debajo de los niveles de 2019. Muchas juntas de trabajo son ahora virtuales y se prevé que los congresos y convenciones se normalicen muy lentamente.

En todo caso, la recuperación será prolongada. Para empezar, porque el crédito, el aluminio y la turbosina, que son los principales factores que determinan los costos (y el precio de los boletos), van a seguir caros por un buen tiempo. Y para terminar porque hay incertidumbre sobre la evolución de la guerra en Ucrania y sobre la posibilidad de una recesión mundial.

¿Dónde está el piloto?

Con todo, el principal problema al que se enfrentan las aerolíneas es el laboral. En Estados Unidos, tienen en la nómina 54 mil empleados menos que en febrero de 2020. Por más que se esfuerzan, no logran reclutar al personal necesario. A los que renunciaron o fueron despedidos les ofrecen bonos para que regresen. A los nuevos, sin experiencia, les proponen capacitación acelerada e incentivos para hacer carrera.

Lo que más se dificulta es conseguir pilotos. Tradicionalmente los jalaban de las filas de la aviación militar, pero ahora ellos entrenan menos porque crecientemente utilizan aviones no tripulados.

Por razones de seguridad, la autoridad aeronáutica (FAA) no ha aceptado reducir las horas de vuelo requeridas (1,500) para conceder una licencia comercial, ni extender la edad obligatoria de retiro (65 años). Tampoco lo quieren los pilotos jóvenes, en espera de un ascenso.

Como es frecuente que las tripulaciones no se completen, se volvió común la cancelación de vuelos. Los sobrecargos están furiosos porque cada vez que pasa eso tienen que esperar, sin remuneración, a que los reasignen. Exigen mejores sueldos y condiciones de trabajo, pero las empresas se resisten a otorgarlos porque operan con déficit. En Europa y en la Unión Americana vamos a seguir viendo huelgas de pilotos, aeromozas y personal de mantenimiento.

Para el pasajero, los aeropuertos se convirtieron en una experiencia depresiva. Sus vuelos se retrasan o se cancelan, pierden sus conexiones. Tienen que hacer largas colas porque hay pocos empleados en los mostradores de registro y faltan agentes en la revisión de seguridad, de migración y de aduana. Hay filas hasta para conseguir un café. Sus equipajes no aparecen en el carrusel o de plano se pierden porque tampoco hay suficiente personal de tierra.

Las quejas se triplicaron y el secretario de Transporte, Pete Buttigieg, no ha podido expedir una norma para asegurar la devolución a los que sufren retrasos o cancelaciones. Ni siquiera ha conseguido ocupar las plazas vacantes de inspectores y, sobre todo, de controladores aéreos (lo que provoca los grandes congestionamientos). (Alejandro Gil Recasens, El Financiero, Mundo, p. 29)