Aunque el derrotero de las elecciones en EU genera matices en nuestra relación económica con ese país, por ahora lo interno ligado a las políticas públicas del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador lleva mano con un PIB que este 2020 caerá cerca del 10%, un rebote acotado del 3% en 2021 y el golpe a empresas, empleo y consumo.
Y es lógico. Raúl Feliz, investigador del CIDE, hace ver que México es un país importante para EU gobierne quien gobierne, y que al final lo que impera son los intereses relacionados con la economía.
De ahí que la mayor preocupación, más allá de EU, debe estar en los problemas de finanzas públicas, quizá más evidentes en 2021, con un Pemex cuya estrategia no ha caminado y la posibilidad de una nueva baja a la calificación soberana. Esta última opción debe ser considerada y vendría para el primer trimestre, advierte Mario Correa, cabeza de Estudios Económicos de Scotiabank.
Hasta ahora los mercados parece ya habían descontado la posibilidad de que Joe Biden, candidato demócrata, eventualmente pudiera ganar los comicios. Claro que no hay nada definido, máxime las visibles impugnaciones de Donald Trump. Con el republicano, pese a la buena relación con AMLO, más allá del expediente chino, no hay nada asegurado respecto a nuevas sorpresas proteccionistas contra México. Incluso el muro para detener el flujo migratorio se expandiría. (Alberto Aguilar, El Economista, Opinión, p.24)
Los resultados aún no son definitivos, aunque, después de la declaración de la victoria de Joe Biden en Wisconsin, parece que los demócratas se llevarán el triunfo. Sin embargo, a pesar de que es posible que Biden no solamente haya recuperado Michigan, Wisconsin y tal vez Pensilvania, sino logrado victorias en Georgia y Arizona, estados que en décadas no habían votado por un candidato demócrata, la victoria de éste estuvo mucho más cerca de lo que las encuestas predecían.
Con los datos disponibles hasta el momento, sabemos que parte de la explicación es un cambio de cuatro puntos porcentuales entre dos grupos: hombres blancos sin educación universitaria y latinos. Para muchos este cambio parece una aberración ¿cómo es posible que Trump, “Mr. Build the Wall”, haya podido mejorar su margen entre este grupo de votantes?
Lo primero que hay que notar es que, aunque cuatro por ciento es sin duda significativo, la mayoría de los electores latinos (alrededor de un 60 por ciento) votaron en contra del presidente ¿quiénes son entonces los latinos que votaron por el Partido Republicano? Para tratar de contestar esta pregunta y entender este fenómeno que parece contradictorio hay que observar con más atención a estos votantes. En primer lugar, un buen porcentaje de los votantes de este grupo no son “latinos tradicionales” ni hijos de migrantes, sino individuos que han estado en el país por ya varias décadas, muchas veces asimilándose a la población blanca en términos de lenguaje, cultura e incluso apariencia (a través de matrimonios interraciales). Un buen número de los votantes que se identifican como latinos son blancos, no hablan español y a simple vista sería difícil distinguirlos del resto del electorado blanco. El segundo factor, que es importante resaltar, es que los latinos, en promedio, tienden a ser más conservadores y religiosos que el electorado en general y los republicanos han invertido tiempo y dinero para convencer a estos electores de poner sus intereses culturales y religiosos por encima de otros temas. (Gabriel Morales La Razón, Opinión, p.5)
La incertidumbre por la elección en Estados Unidos está por concluir con la victoria electoral de Joe Biden, acontecimiento que tendrá un impacto en México.
A pesar de que Donald Trump se declaró ganador antes de terminar el escrutinio de los votos y amenazó con impugnar los resultados, Biden está a punto de ser el próximo presidente de Estados Unidos.
En la medida en que avanzaba el conteo final de la cerrada contienda, el candidato demócrata ganó ayer en Michigan y Wisconsin (y después del cierre anoche de esta columna, se espera que también haya ganado en Arizona), mientras que hoy está previsto que, de seguir la tendencia, puede obtener Nevada, aunque por un estrecho margen, para alcanzar los 270 votos electorales necesarios para declararse ganador o si no puede rebasar a Trump en Filadelfia mañana. Lo sabremos pronto.
Los comicios se desarrollaron en medio de una profunda crisis de salud, social y económica ocasionada por la pandemia, que afectó la aspiración de Trump de reelegirse.
En algunos estados se brindaron facilidades para que los ciudadanos pudieran votar por adelantado, por medio del envío postal de su voto o por el depósito en casillas especiales.
Fueron emitidos más de 101 millones de votos anticipados, o sea, 43% del electorado. Pero en algunos estados como Michigan y Wisconsin no pudieron empezar el conteo adelantado de votos, por obstáculos de los republicanos.
Unir a una nación dividida, curar las heridas del odio, será la tarea más difícil que le espera a Biden como presidente.
Trump se podrá ir tranquilo a jugar al golf en su hotel en Mar-a-Lago, pero seguirá circulando el veneno inoculado en las venas de 67 millones de estadunidenses que votaron por él.
Muchos seguirán pensando que Trump los protegió de los violadores mexicanos, seguirán diciendo que gracias a él recuperaron su trabajo desplazado por el TLC, seguirán creyendo que él no miente sino los medios de comunicación, y seguirán convencidos de que, gracias a Trump, “América es más grande otra vez”.
Ante el odio sembrado por Trump, la prioridad de Biden será conciliar a una nación dividida. “Soy el candidato demócrata, pero gobernaré como presidente de todos los Estados Unidos de América”, dijo.
Con Biden en la Casa Blanca, México puede esperar cambios positivos de forma, pero no tanto de fondo, pues los intereses de Estados Unidos siguen siendo los mismos.
Habrá trato respetuoso para México y para las comunidades mexicanas en Estados Unidos. No más insultos a los mexicanos ni amenazas de imponer aranceles para frenar a los migrantes centroamericanos. Y cancelará el ignominioso programa “Permanezca en México”.
Biden prometió que apenas llegue a la Casa Blanca impulsará una reforma migratoria que permita a 11 millones de indocumentados obtener la ciudadanía, la gran mayoría mexicanos.
Veremos si podrá convencer a la mayoría republicana en el Senado para aprobar la iniciativa de ley, benéfica para nuestros paisanos al garantizar sus derechos humanos y laborales.
Por otro lado, Biden vigilará que México cumpla con sus obligaciones laborales y ambientales previstas en el T-MEC, e incluidas por los demócratas. De no hacerlo, puede aplicar sanciones comerciales onerosas para nuestro país. (Agustín Gutiérrez Canet, Milenio, Opinión, p.10)
Si el señor Donald Trump deja de ser presidente de Estados Unidos, hay que pagar la cuenta y de acuerdo con él, México debe un muro a su país.
Al inicio del año, el costo de ese muro fronterizo ya rondaba los 11 mil millones de dólares, de acuerdo con un reporte gubernamental de la agencia fronteriza y de aduanas de ese país.
Pongan esa cifra en perspectiva. Es más o menos lo que costará la tabasqueña refinería de Dos Bocas solicitada por el presidente Andrés Manuel López Obrador como el gran proyecto energético de su gestión. O sea, no hay de dónde para otra friolera de esa dimensión. (Jonathan Ruiz Torre, El Financiero, Opinión, p.22)
El conflicto electoral en EU deja mensajes que a México deberían preocuparle, independientemente del vencedor en la Casa Blanca. Los comicios son la fotografía de un país muy dividido que pone en juego la estabilidad de la potencia mundial. El resultado cerrado muestra que el “fenómeno Trump” no es un accidente, sino producto de transformaciones profundas en la política estadunidense que, necesariamente, impactarán en la forma de relacionarse con su vecino. La relación bilateral está a punto de cambiar cuando no pasa por su mejor momento.
EU tendrá un gobierno muy fragmentado por la polarización de un electorado en que prevalecen visiones nacionalistas y exacerbado sentido étnico, que desafía a las instituciones democráticas y tiene interiorizada una cultura de la conspiración agudizada los últimos años. El voto popular refleja que esa visión no se ha ido del “alma” estadunidense a la que apelaron republicanos y demócratas ante la herida tribal del racismo y la xenofobia.
Trump trató de deslegitimar las elecciones, pero él no es una aberración en la política estadunidense. Eso es lo que debe inquietar a México. Sus denuncias de fraude y, sobre todo, la exigencia de detener los conteos desde la noche de la votación no tienen precedente en la política de ese país. Exhiben la poca preocupación por el efecto de sus palabras sobre la democracia, en consonancia con un electorado que desde 2016 dio señales claras de no sentirse representado por las instituciones y los políticos tradicionales. Y que en los últimos cuatro años tampoco le retiró su apoyo, no obstante las trasgresiones políticas y el discurso de odio que se constató con la polarización en las urnas. El peor antecedente de la elección es que el comportamiento tóxico de un mandatario señalado como mentiroso patológico, racista y sexista no fue castigado en las urnas, como se creyó que sucedería desde el día que llegó a la Casa Blanca en 2016.
La elección enseña que Trump deja una democracia debilitada y un discurso racial vivo en casi la mitad del electorado. México debe poner su foco de atención en esos daños duraderos para el futuro de la relación bilateral, dado que se trata de factores disruptivos y que pueden desencadenar tormentas sobre una agenda cargada de tensión por problemas bilaterales en la migración, energéticos, seguridad nacional y narcotráfico. La permisividad a malas conductas de un gobernante como Trump socavan antiguas restricciones y abre la puerta a acciones unilaterales y violaciones de límites, de donde surgen conflictos y hasta guerras. (José Buendía Hegewisch, Excélsior, Opinión, p.22)
Las rebanadas del pastel
Los paisanos rompen marca tras marca: de enero a septiembre del presente año, las remesas sumaron 29 mil 964 millones de dólares, 10 por ciento más que en igual periodo de 2019, informó el Banco de México (Israel Rodríguez, La jornada, Opinión, p. 22)