Desde hace una década vivimos una fase migratoria que rompe con los cánones y los patrones establecidos. Lo paradójico es que esta nueva modalidad migratoria implica la ruptura del orden establecido por los migrantes, el gobierno de México y el de Estados Unidos.
La caravana de 2018 que logró conducir a cerca de 7 mil personas desde el río Suchiate, en Chiapas, a Tijuana, Baja California, fue un fenómeno sin precedentes en la historia de la migración. Los caravaneros recorrieron más de 3 mil kilómetros a pie, en autobús y por otros medios motorizados.
Fue la primera de varias, ahora, paradójicamente, se inician en territorio mexicano, en el tapón de Tapachula, Chiapas. Las caravanas suelen cumplir objetivos para luego dispersarse y después llegar en diferentes grupos a la frontera.
Por su parte, los migrantes haitianos demostraron, en septiembre de 2021, que se podía llegar de manera silenciosa y ordenada a Ciudad Acuña, concentrar a más de 10 mil personas para luego cruzar el río en un solo día y establecer su campamento en territorio estadunidense. En 2023, miles de venezolanos intentaron atravesar el puente en Ciudad Juárez y fueron rechazados, pero finalmente encontraron vías por las cuales pudieron pasar y entregarse a las autoridades.
Los migrantes irregulares dejaron de ser clandestinos, operan a cara descubierta, en grupos numerosos y exigen y reclaman el libre tránsito hasta la frontera. En una isla del Río Bravo, los venezolanos plantaron su bandera y exigían reconocimiento por parte de las autoridades.
En estos años el migrante ha demostrado tener un carácter disruptivo, exige que se respeten sus derechos, pone el cuerpo por delante, tiene argumentos y avanza grupalmente de manera determinada, a pesar de los riesgos. Los reclamos imprudentes, como en el albergue de Ciudad Juárez, cuando prendieron colchones, les pueden costar la vida, sobre todo cuando se dan situaciones de alta incompetencia por parte de los custodios y personal a cargo.
Por su parte, el gobierno de México, también ha roto con el orden establecido, imponiendo o negociando políticas disruptivas y que van en contra del derecho internacional, la seguridad y la soberanía nacional. Los acuerdos en lo bajito entre Marcelo Ebrad y Mike Pompeo sobre el programa Quédate en México (MPP en inglés), por razones supuestamente humanitarias, fueron convenios en contra de la soberanía nacional, porque esos migrantes extranjeros ya no estaban en el territorio.
Tampoco es aceptable la aplicación del Título 42, de deportación en caliente de extranjeros por una ley de sanidad de otro país. Para rematar, se firmó el acuerdo de devolución de 30 mil migrantes mensuales de cuatro nacionalidades. En el caso de los cubanos, carece de toda lógica, porque durante 70 años Estados Unidos favoreció el refugio irrestricto de cubanos y generó con su política el efecto llamada.
Si México tiene que deportar a extranjeros, puede hacerlo de manera soberana, no tiene que dejarlos pasar hasta la frontera norte para luego recibirlos de retache y deportarlos, porque los del otro lado no pueden o no quieren hacerlo. ¿A cambio de qué? ¿De unas cuantas visas temporales?
Finalmente, Estados Unidos también va en contra de sus propias leyes en cuanto a refugio. Cualquier extranjero que solicite refugio en su territorio y se entregue a las autoridades tiene derecho a que se considere su caso, no tiene por qué esperar en México y tampoco debe ser rechazado de manera inmediata. Incluso la nueva disposición de hacer el trámite en línea (CBP One) va en contra de la normativa. La saturación del sistema legal es un asunto de presupuesto que se puede arreglar en el congreso, igualmente las deportaciones.
No obstante, la práctica más disruptiva y aberrante, por parte de la administración Trump, fue la de separar a más de 500 niños de sus padres. Esta medida va en contra de los derechos fundamentales del niño y de las familias migrantes. Peor aún, la separación se hizo de manera tan apresurada y sin controles que después no se pudo localizar a los niños que estaban dispersos en múltiples albergues.
Se ha generado un clima de tensión regional por los flujos masivos de migrantes que transitan por el continente con recursos escasos y por países que viven en un equilibrio precario, que no tienen protocolos de atención establecidos y políticas claras. Las tensiones en Chile, Perú y Ecuador, con migrantes venezolanos, re-percuten meses después en Panamá, México y Estados Unidos, donde tampoco hay políticas claras.
Las tensiones en Tapachula muestran sus efectos meses después en la frontera norte. ¿Es forzoso que a decenas de miles de personas migrantes se les deje pasar, por varios países, para que simplemente se topen con el muro, la puerta cerrada? (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 15)
Días aciagos debieron ser para el presidente López Obrador cuando fue informado del huracán Otis que había devastado buena parte del puerto de Acapulco y sus alrededores. Difícil aceptar que la información que recibió no fue suficiente para entender la magnitud del daño y las múltiples ramificaciones de éste, empezando por los fallecimientos de un número todavía no precisado, de lesionados, la destrucción de cientos de casas, edificios, hoteles, restaurantes, comercios y avenidas que, en unas horas, quedaron irreparablemente dañadas.
El Presidente ha sostenido desde el inicio de su carrera política que su prioridad son “los pobres”, combatir la corrupción y la desigualdad económica y social que caracteriza a México. Lo anterior se ha traducido en diversos programas sociales a los cuales ha destinado millones de pesos como el de Jóvenes Construyendo el Futuro que, por cierto, no sabemos si existe una evaluación seria, independiente de sus resultados.
El Presidente se embarcó en el desarrollo de obras de infraestructura costosas y de impacto comunitario cuestionado, como son el Tren Maya y la refinería de Dos Bocas en Veracruz, las cuales muy probablemente serán heredadas, sin operar, a la próxima administración.
La historia dirá si tenía razón, pues si esos recursos se hubieran destinado a financiar la creación de microempresas, de pequeños o medianos negocios para generar empleos fijos los beneficios serían mucho mayores.
La llegada del huracán Otis vino a exponer que hay necesidades mucho más apremiantes en todo el territorio nacional, las pobres condiciones de servicios básicos en las zonas afectadas, la dependencia del empleo y de su ingreso por medio del turismo esperable en el puerto, ha creado una crisis de proporciones catastróficas.
Como bien dice Jesús Silva Herzog Márquez: “¿Cuánta responsabilidad carga el gobierno por no alertar lo que venía?… no es responsable del huracán. Pero lo es sin duda de la falta de preparación y lo es aún más por la respuesta ante la desgracia… Morena no es responsable del huracán. Es responsable, en primer lugar, de haber dejado a Guerrero sin gobierno… es responsable de que Evelin Salgado ‘gobierne’ Guerrero y por lo tanto, del abandono que su nulidad implica”.
Guerrero es el estado más pobre del país, ha sufrido de pésimos gobernadores que se han enriquecido impunemente, hoy lo azota la delincuencia organizada que extorsiona, agrede y asesina a quienes no pagan su “derecho de piso”.
El deterioro es notable desde hace mucho tiempo en los negocios que están a lo largo de su avenida principal. Por ello fue que se desarrolló la zona conocida como Punta Diamante, donde se construyeron lujosos edificios, fraccionamientos, restaurantes, y todo tipo de comercios de alto nivel. Pero eso no la salvó de la furia de Otis. Tomó por sorpresa a los cientos de empresarios que asistían a un evento sobre minería.
Unas semanas antes, López Obrador fue anfitrión de una reunión a la que convocó a los jefes de Estado de Centroamérica, Cuba, Venezuela y Haití, su objetivo era unificar una visión sobre los retos que les plantea la salida de decenas de miles de sus nacionales que emigran hacia Estados Unidos.
La premura en su convocatoria, la ausencia de claridad de los objetivos buscados y la complejidad del tema derivó en un largo comunicado en el cual se plasmaron todo tipo de propuestas, reclamos y expresiones demagógicas, como responsabilizar a Estados Unidos de dichos flujos migratorios.
No obstante, el Presidente ofreció presentar este documento a Biden en su próximo encuentro. Más allá de una amable sonrisa, el ocupante de la Casa Blanca tendrá su mente en asuntos que demandan su total involucramiento.
Reúno en esta colaboración dos temas en apariencia distintos por tener un elemento común: son muestra de la errática e improvisada manera en que López Obrador administra su gobierno, de la ausencia de su equipo de trabajo, pues la conocida centralización de todas las políticas, acciones y trabajos deben ser aprobadas por el mandatario con antelación.
Como mejor lo expresa Silva Herzog: “Otis exhibió las varillas del lopezobradorismo. Su demagogia esconde incompetencia e insensibilidad. Su retórica popular disfraza una perversa centralización militarista”. (Gustavo Mohar, Excélsior, Nacional, p. 10)

(Rubén, El Sol de México, Análisis, p. 16)

(Llera, Excélsior, Nacional, p. 10)