Hoy en Estados Unidos la ciudadanía elegirá presidente o presidenta. Y en México las y los ministros votarán sobre la reforma al PJF.
Ambos sucesos, por distintos que sean, impactarán en la protección de nuestros derechos.
Políticos sin escrúpulos crean “enemigos” que les permiten echar culpas, avivar resentimientos, engañar y, a su vez, ganar adeptos mientras vulneran la pluralidad y los contrapesos.
Es una estrategia tan efectiva como deshonesta. No importa la región ni el tipo de gobierno, derecha o izquierda.
Trump promueve las figuras de los mexicanos y migrantes como amenazas permanentes. Generaliza, difama, azuza.
Ayer amagó con imponer, inmediatamente, 25 por ciento de aranceles a los productos mexicanos si Claudia Sheinbaum no detiene la arremetida de criminales y drogas que entran a Estados Unidos. Ah, pero, ¿qué tal cuando pactó con Andrés Manuel la liberación de Cienfuegos?
Millones de estadunidenses apoyan a Trump. Las encuestan señalan empate técnico.
Los populismos arrasan, mientras las democracias se erosionan.
Aquí entre nos
Y van por el INAI. Sheinbaum dijo que hay corrupción. Pero si de eso se tratara:
Por ejemplo, de acuerdo con datos oficiales, de las auditorías de 2019 al 2022 donde hubo más irregularidades, por mucho, fue en la administración federal. Hasta en el mentado Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado.
El periodista Arturo Ángel realizó un análisis de quién es quién en los desvíos a partir de estas cifras públicas. Por ejemplo, indicó que tan solo con lo desviado en el Insabi (que nació y murió en la gestión obradorista y tiene observaciones por cerca de 9 mil 800 millones) se cubrirían 10 años de presupuesto del INAI.
Además, en el INAI (antes IFAI) en ocho años, de 2016 a la fecha, existe un faltante de un millón y medio de pesos, mientras que en el Instituto Nacional de Migración, más de 567 millones; en la Conade, más de 600 millones; en la CFE, más de 8 mil 600 millones; en Segalmex, casi 14 mil millones… en fin, el mandato de AMLO cerró con cientos de miles de millones de pesos (ver ASF) que no se han acreditado, que están desaparecidos. Nadie sabe, nadie supo.
Eso sí, ya quieren quedarse con el INAI que, entre otras, ha permitido a la prensa revelar esos desfalcos de sexenios panistas, priistas y morenistas. (Elisa Alanís, Milenio, Al Frente, p. 2)
EL OTRO DESAFÍO es el resultado de las elecciones de Estados Unidos, en particular, si triunfa Donald Trump. No hace falta hacer un análisis de las consecuencias que tendría para México la victoria del republicano, que ayer mismo se encargó de mandarle un mensaje directo a Sheinbaum, advirtiendo que, de seguir el flujo de droga y migrantes a Estados Unidos, impondrá aranceles a los productos que provengan de México.
LA PRESIDENTA se negó a reaccionar a las amenazas de Trump, pero eso sí, declaró que ya contaban con un plan en caso de que ocho ministros de la Suprema Corte decidan declarar inconstitucional la reforma al Poder Judicial.
TOTAL: la crisis constitucional y un posible triunfo de Trump tienen con el Jesús en la boca a muchos mexicanos. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)
WASHINGTON, DC.— “Tienen una nueva Presidenta en México. Me dicen que es una buena mujer, pero no la conozco. Tarde o temprano le voy a informar que, si no detienen este embate de criminales y drogas que están entrando a nuestro país, voy a imponer de inmediato un arancel de 25% a cualquier cosa que nos manden a los Estados Unidos”.
Ayer, en el cierre de su campaña electoral, Donald Trump hizo esta amenaza desde Carolina del Norte, uno de los estados columpio que seguramente decidirán la elección presidencial estadunidense.
“Son los primeros a los que les digo esto”, dijo a sus seguidores. “Y (el plan) tiene 100% de posibilidades de funcionar, porque, si eso no resulta, lo subiré a 50% y, si se ponen duros, a 75%; luego, lo fijaré en 100%”, agregó, ante la algarabía de la audiencia.
Es la primera vez que el republicano se refiere a la presidenta Claudia Sheinbaum, aunque no lo hizo por su nombre.
Las críticas a la situación en la frontera con México –que, ha señalado, “está desbordada por migrantes que fueron liberados de cárceles y manicomios en otros países, como el Congo”–, así como al tráfico de drogas y a la liberalización comercial, han sido algunos de los pilares sobre los que Trump ha montado su aspiración de volver a la Casa Blanca.
Durante los últimos meses, ha acusado a los migrantes indocumentados de cometer crímenes contra estadunidenses, incluso asesinatos. Ha señalado varias veces al grupo criminal venezolano Tren de Aragua y a la Mara salvadoreña de haberse infiltrado a su país y de cometer “matanzas”. En septiembre, divulgó que los migrantes estaban comiéndose las mascotas de residentes de un pueblo en Ohio, una evidente noticia falsa.
También ha amenazado de usar la fuerza contra los cárteles de la droga en México. Y ha dicho reiteradamente que el libre comercio ha afectado el empleo en EU y que China usa el territorio mexicano para aprovechar indebidamente las ventajas del T-MEC, denunciando que empresas chinas construían plantas automotrices en nuestro país, cosa que luego corrigió para decir que gracias a él esos planes se habían detenido.
Todo ello puede calificarse de retórica de campaña. No se sabe si Trump vencerá en la elección de hoy, o lo hará la demócrata Kamala Harris, pues las encuestas en los siete estados decisivos (Arizona, Carolina del Norte, Georgia, Nevada, Michigan, Pensilvania y Wisconsin) no dejan ver a un claro ganador.
Lo que sí es cierto es que el comentario de ayer del expresidente no surge de la nada. La amenaza de usar aranceles para obligar a México a ordenar los flujos migratorios que buscan llegar a EU ya la usó Trump en 2019. En ese momento, le funcionó.
En mayo de ese año, declaró que impondría aranceles de 5% a todos los productos mexicanos que ingresaran a EU, a menos de que el gobierno del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador tomara medidas para detener la migración de personas provenientes principalmente de Centroamérica.
Trump dijo entonces que el porcentaje subiría mensualmente hasta alcanzar 25% a menos de que el flujo migratorio se detuviera. La advertencia provocó el episodio de mayor inestabilidad financiera en México durante la presidencia del republicano.
En discursos y entrevistas, el hoy candidato ha relatado que el entonces canciller Marcelo Ebrard –actual secretario de Economía del gobierno de Sheinbaum– “se dobló rápidamente” ante la amenaza, aceptando la exigencia de que México pusiera miles de militares a cargo de contener a los migrantes, luego de consultarlo telefónicamente con López Obrador.
Si la mera posibilidad de que Trump gane se ha manifestado ya en una depreciación del tipo de cambio, uno sólo puede imaginar cómo pueden ponerse las cosas si se concreta ese triunfo y si el expresidente sigue hablando, con cada vez mayor detalle, de lo que hará respecto de México: imposición de aranceles, incentivos fiscales para llevarse empresas, deportación masiva de migrantes, ataques transfronterizos a cárteles, etcétera.
Por eso –como he escrito aquí– es un error calentar aún más el escenario con reformas judiciales y energéticas que atenten contra el clima de inversión. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Nación, p. 2)
Washington, D.C.- El mensaje lo escribió en una servilleta uno de los hombres más cercanos a Donald Trump. Dibujó un mapa de México y Estados Unidos, y dijo: si ustedes resuelven el flujo de migrantes, nosotros los apoyamos en todo lo que quieran, y que quede claro, en todo.
Era el año 2017. Donald Trump había irrumpido en la política americana y había conquistado la Presidencia de Estados Unidos con un discurso marcadamente anti-mexicano. Se armó una reunión de altísimo nivel en la Casa Blanca con la élite del gabinete de México, en ese entonces gobernado por Enrique Peña Nieto. México entendió el mensaje de la servilleta.
Los dos presidentes mexicanos que tuvieron que lidiar con Trump utilizaron la misma estrategia: bajar la cabeza y frenar la migración. Aguantaron los insultos, no contestaron ninguno, detuvieron en la frontera sur de nuestro país las oleadas migratorias centroamericanas y con eso lograron sortear la personalidad irascible, ególatra y destrampada del mandatario americano. A cambio de eso, Trump no les reclamó nada más. Los dejó ser y hacer.
Peña Nieto pagó el altísimo costo de haber invitado a Trump cuando era apenas candidato. Ese fue su seguro de vida cuando, contra todo pronóstico, llegó a la Casa Blanca. López Obrador sigue pagando el costo de que una vez a la semana Trump lo identifique como el que quiso ponérsele al tú por tú y terminó achicado: “nunca he visto a nadie doblarse así” es la frase que repite el republicano para relatar cómo el gobierno mexicano no aguantó la amenaza de aranceles y optó por frenar la migración prácticamente donando 26 mil soldados mexicanos a la causa estadounidense.
Hace ocho años, el tema era uno solo: migración. Pero en los últimos dos años, ha surgido el tema del narcotráfico como central en la discusión política estadounidense. En este tema, el discurso de campaña es sencillo: los cárteles mexicanos mandan fentanilo, éste mata a 100 mil jóvenes al año y el gobierno de México no hace nada. El “abrazos no balazos” animó esta narrativa. También el rompimiento de López Obrador con las agencias de inteligencia americanas.
Gane quien gane, la próxima Presidencia de Estados Unidos no va a ser sencilla para México:
En migración, los dos candidatos van a endurecer la posición oficial. Están política y electoralmente obligados. Trump ha dicho varias veces que cerrará la frontera su primer día de gobierno. Va a tener que cumplir de alguna manera. México tendrá que trabajar para que sea sólo un día, o sea un medio-cierre. Las duras posiciones migratorias trumpianas han obligado a Kamala a recorrerse a la geografía dura.
En seguridad, los dos también van por más. Si la presidenta Sheinbaum quiere mantener rota la cooperación en seguridad de su antecesor, que se prepare para que sucedan más cosas como la del Mayo Zambada. Trump ha hablado de usar al Ejército estadounidense para hacer operaciones antinarco en México, así que puede prepararse para que drones americanos ataquen laboratorios en la sierra mexicana.
En economía, viene la renegociación del TMEC. ¿Piensan que Kamala es más suave porque no habla de aranceles como Trump? Ella misma ha recordado que nunca estuvo a favor del TMEC y votó en contra cuando era legisladora. Y él usa lo de los aranceles casi como muletilla.
¿Qué quiero decir con todo esto? Que dos huracanes amenazan con tocar suelo mexicano. Trump ya es huracán categoría 5. Su potencial destructivo está probado y a la vista. Kamala es 3, con potencial de crecer. Y no por ser 3 no es riesgoso. De cómo se prepare el gobierno de México para vientos y lluvia, dependerá el tamaño de los daños. (Carlos Loret de Mola, El Universal, Nación, p. A5)
Hoy se decidirá mucho de nuestro futuro en unas elecciones estadunidenses donde el destino no estará marcado por los votos ciudadanos. El mañana de Estados Unidos y de muchos países lo definirán los delegados electorales de Wisconsin, Michigan, Pennsylvania, Carolina del Norte, Georgia, Arizona y Nevada, los estados en disputada para este martes. No pensemos que el Donald Trump que compite en este 2024 es el mismo que ganó en 2016 y que ejerció la presidencia hasta enero de 2021. Es mucho peor y está rodeado de personajes mucho más embriagados de un discurso de extrema derecha decadente.
Describió el fenómeno a la perfección el español Antonio Muñoz Molina este domingo en El País “Ocho años más tarde, somos menos capaces todavía de comprender la atracción que un personaje así sigue ejerciendo sobre tantos millones de personas: un oligarca que viaje en avión privado con grifos y retretes chapados en oro es visto como un héroe de la clase trabajadora por hombres y mujeres sometidos a la pobreza y despojados de cualquier forma de protección social; un depredador sexual que compra el silencio de actrices pornográficas y exesposas sucesivas inspira un fervor religioso cercano a la idolatría en cristianos evangélicos obsesionados por el pecado y el infierno; un machista grosero que celebra en público el tamaño de los genitales de un as del deporte y ha sido condenado por un delito de abusos sexuales, provoca gritos entusiastas de mujeres cuando aparece como una estrella del rock en una tribuna; un racista confeso que califica de asesinos y violadores a los ilegales atrae a un porcentaje sustantivo de votantes de origen asiático o latinoamericano que llevan menos de una generación en el país, pero ya recelan de los recién llegados, por esa inclinación que tienen a veces los explotados a rendir pleitesía a sus explotadores con la esperanza de dejar atrás a quienes están peor que ellos”.
Misógino, machista, antiinmigrante y, sobre todo, antimexicano. Este mismo fin de semana, Trump insistió en sus mentiras y sus amenazas de poner aranceles a todas las importaciones mexicanas. No nos engañemos, con la administración de Biden las cosas están francamente mal en el ámbito bilateral, pero la candidata demócrata, Kamala Harris, es una mujer que entiende el mundo y su circunstancia, que tiene mucho que reclamarle a la pasada y quizás a la actual administración mexicana, pero que es consciente de que la relación con México es sumamente compleja y diversa. Trump es un pandillero que sólo entiende el poder como un juego de fuerza, al que no le importa nada más allá de sus intereses personales.
Quienes dicen que gane Kamala o Trump no habrá muchas diferencias no entienden a lo que nos estamos enfrentando ni la dimensión que puede adquirir una nueva administración Trump con los personajes que actualmente lo rodean. Hay muchos temas en la agenda que serán mucho más graves con Trump en la Casa Blanca. Es verdad que algunos también están en la de Kamala, pero los grados, la magnitud, es diferente.
En el tema migratorio Trump no sólo amenaza con aranceles y en militarizar la frontera, sino también con realizar la mayor deportación masiva de la historia, habla de expulsar de Estados Unidos a cerca de 13 millones de personas. Todos saben que eso es materialmente imposible, pero sí habrá deportaciones masivas sin respetar los derechos de hombres, mujeres y niños que llevan, en muchos casos, años viviendo en ese país. Se podrá decir que también Barack Obama o Joe Biden deportaron a muchos migrantes y es verdad, pero lo hicieron, en general, respetando normas, leyes y con criterios humanos: no volvimos a ver a niños en jaulas o deportados sin sus familias o abandonados porque los expulsados fueron sus padres.
En el tema de la seguridad, sean Kamala o Trump los próximos ocupantes de la Casa Blanca, no cabe duda de que la relación será tensa. Lo estamos viendo desde el 25 de julio con la detención de El Mayo Zambada y Joaquín Guzmán López, una tensión acrecentada por una mala reacción del gobierno mexicano que parece empeñado en defender al viejo líder del cártel de Sinaloa, describiéndolo incluso como un factor de estabilidad (como si no tuviera responsabilidad alguna en los 200 mil muertos y 50 desparecidos del sexenio pasado).
Pero Trump está decidido, desde el final de su pasada administración, no sólo a tener acciones de inteligencia como la que aparentemente derivó en la detención del El Mayo, sino a intervenir en forma directa, con drones, o con lo que sea, en México. En los últimos meses de su gobierno no lo hizo porque su jefe del Estado Mayor Conjunto le dijo que desencadenaría un conflicto gravísimo y Trump estaba ya en el final de su gobierno. Con cuatro años por delante y sin posibilidad de reelección habrá que ver quién resiste sus órdenes.
En los temas económicos, Kamala ha dicho que ella no votó a favor del T-MEC cuando era senadora, pero no ha dicho que se opondrá a renegociar el tratado. Su caso es similar al de Clinton en 1992, que hizo campaña contra el TLC, pero luego lo ratificó y más tarde tuvo un papel protagónico salvando la economía nacional con un préstamo de 20 mil millones de dólares en plena crisis económica de 1995. Kamala exigirá que el tratado se cumpla, pero Trump lo usará, como dijo este domingo, para chantajear políticamente, en todos los sentidos, en cualquier tema. La diferencia es notable. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 8)
Ante el inveterado injerencismo de Estados Unidos en prácticamente todo el mundo y los impactos que los procesos políticos internos de ese país suelen tener en otras naciones, se ha vuelto un lugar común señalar que la población humana en general debería tener derecho al voto en los comicios de la superpotencia. Y los que se realizan hoy vienen precedidos además por múltiples signos ominosos, tanto para la población estadunidense como para la del resto del planeta.
Con diversos matices, las encuestas marcan un empate técnico entre los aspirantes principales a ocupar la Casa Blanca de 2025 a 2029, la aún vicepresidenta Kamala Harris, demócrata, y el ex presidente Donald Trump, republicano. Y en los estados considerados bisagras (Pensilvania, Georgia, Carolina del Norte, Michigan, Arizona, Wisconsin y Nevada), que según se da por sentado son los que inclinarán la decisión del Colegio Electoral, los sondeos no arrojan un resultado nítido a favor de ninguno de los candidatos.
El populismo de derecha trumpista, agrupado en el movimiento MAGA (Make America Great Again, o Hagamos grande de nuevo a Estados Unidos), si bien ha sembrado desmesuradas expectativas de mejoría en grandes sectores empobrecidos y desencantados de la población, mantiene también una prédica de amenazas contra los inmigrantes, las mujeres y la diversidad. La campaña de Harris, por otra parte, aunque se presenta como la única manera posible de salvar al país del fascismo, no ha sido capaz de entusiasmar a los pobres, los marginados, las minorías, las mujeres y los votantes de origen latinoamericano.
La ausencia de una tendencia electoral clara se base, en buena medida, en la incertidumbre y el escepticismo basados en antecedentes: por una parte, cuando ejerció la presidencia, Trump no pudo o no quiso cumplir con la parte principal de sus amenazas, mientras en el desempeño de ese cargo su sucesor demócrata, Joe Biden, no quiso o no pudo concretar lo sustancial de sus promesas.
En el ámbito internacional, la llegada de Trump podría significar, según sus propias declaraciones, el fin del respaldo de Washington al gobierno ucranio, pero también un apoyo robustecido al genocidio que el régimen de Israel lleva a cabo en Gaza, Cisjordania y Líbano y a las agresiones de Tel Aviv contra Siria e Irán. Harris, por su parte, ha sido clara en su determinación de seguir azuzando el conflicto entre Kiev y Moscú, y extremadamente ambigua ante el clamor de que Estados Unidos presione a Benjamin Netanyahu para que ponga fin a la masacre de la población palestina. Por lo demás, el republicano promete una política exterior más aislacionista, como la que ejerció en su primer periodo, en tanto que su rival demócrata se mantiene apegada al modelo intervencionista global que lleva a cabo la administración de la que forma parte.
Por lo que hace a México, es oportuno recordar que Trump, salvo por sus chantajes en el asunto migratorio, fue uno de los presidentes estadunidenses menos injerencistas y que la dupla Biden-Harris retomó el tradicional intervencionismo político hacia nuestro país. Por otra parte, deben tenerse presentes las amenazas del republicano de reducir la cooperación económica y de imponer aranceles a las exportaciones mexicanas, lo que contrasta con la disposición demócrata a estrechar los intercambios económicos y comerciales.
Con todo, la preocupación principal no se refiere a lo que cualquiera de los contendientes haga o deje de hacer una vez que se instale en la Casa Blanca, sino la posibilidad real de que la elección de hoy en el país vecino desemboque en violencia y desestabilización, escenario que podría concretarse si Harris gana por un estrecho margen y Trump y sus partidarios llaman a desconocer ese triunfo. No debe olvidarse que hay una enorme cantidad de estadunidenses dispuestos de antemano a no creer en la legitimidad de una posible victoria demócrata; que muchos de ellos responden a una suerte de anarquismo de extrema derecha, antigubernamental e individualista; que se encuentran en posesión de armas de alto poder y que ya el 6 de enero de 2021 intentaron interrumpir de manera violenta la normalidad institucional.
En tales circunstancias, cabe esperar que en los comicios de hoy y en los días sucesivos imperen, gane quien gane, la sensatez, la moderación y una mínima civilidad democrática. (Editorial, La Jornada, p. 2)
FIEL A SU estilo escandaloso y su permanente aire pendenciero, Donald Trump aprovechó las últimas horas antes de la votación presidencial estadunidense, que se prevé cerrada, para lanzar la advertencia al gobierno de la presidenta Sheinbaum: de llegar al poder en el vecino país, impondría un arancel de 25 por ciento a productos de México si no se registran avances sustanciales en materia de combate al crimen organizado y de control migratorio.
EL TÓXICO PERSONAJE naranja ha amagado en otras ocasiones con autorizar intervenciones armadas contra cárteles y capos en territorio mexicano, como si la ecuación de compraventa de estupefacientes se formara solamente con el factor de la producción y distribución y no de la proporcional participación de cárteles y capos asentados en el propio país consumidor. En el fondo, el manejo de la política gringa antidrogas ha sido una coartada en Washington para presionar, controlar y desestabilizar a países extranjeros productores. Ya se verá si Trump tendrá oportunidad de concretar sus intimidaciones o todo queda en el plano de las fintas fanfarronas, en caso de que no logre hacerse nuevamente del poder presidencial. (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 8)
Llegó el supermartes y, con él, la elección presidencial en Estados Unidos, donde los contendientes son el republicano Donald Trump (expresidente) y la demócrata Kamala Harris (exvicepresidenta). Ambos contendientes llegan totalmente empatados en las encuestas. La elección será muy cerrada.
EU, CLAVE EN ECONOMÍA MEXICANA
La elección en Estados Unidos es clave para México. Somos una economía exportadora en un 40%. Y la mayoría lo exportamos hacia EU a través del tratado de libre comercio (T-MEC).
También de EU recibimos, como nunca, un monto de remesas que se ha convertido en una de las principales fuentes de divisas. Recibimos más de 63 mil millones de dólares en el 2023 proveniente de los mexicanos que trabajan en EU.
Por si fuera poco, nuestro principal país de origen de Inversión Extranjera Directa es Estados Unidos.
LO MEJOR, QUE KAMALA GANE
Para México, el mejor resultado sería que ganara Kamala Harris, la candidata demócrata. Y conste que Harris ha dicho abiertamente que revisará de cerca el T-MEC, así como la situación de los migrantes.
Sin embargo, no es lo mejor Donald Trump, quien todavía ayer, en el último día previo a las elecciones presidenciales, arremetió en contra de México:
“México nos está invadiendo, pero ahora tenemos una nueva Presidenta en México. Se supone que es una mujer muy agradable, según dicen. No la conozco. Y le voy a informar el primer día o antes que, si no detienen esta avalancha de criminales y drogas que entran a nuestro país, voy a imponer inmediatamente un arancel del 25% a todo lo que envían a Estados Unidos”, dijo Trump en Carolina del Norte.
A TRUMP YA SE LE CONOCE: ARANCELES Y MÁS ARANCELES
Es cierto que a Trump ya lo conocemos. Pero no fue fácil como presidente, primero, en el final de la administración de Peña Nieto y, después, en el inicio del sexenio de López Obrador.
Como presidente, Trump obligó a México a renegociar el Tratado de Libre Comercio, creando el T-MEC, al que considera “el mejor acuerdo del mundo”.
Aun así, en esta campaña de 2024 Trump ha dicho varias veces que a México le impondrá aranceles. Ayer dijo que del orden del 20 por ciento. Sin embargo, también ha dicho que si las empresas estadunidenses se van para México, entonces les impondrá aranceles del 200 por ciento. Y todas las importaciones chinas tendrán un arancel del 60 por ciento.
“Arancel es la palabra más bonita del mundo”, ha llegado a decir Trump.
KAMALA, PIE FUERTE EN T-MEC
Kamala Harris tampoco es una candidata sencilla para México. Recordó que ella votó en contra del T-MEC, pero sus posturas son más abiertas en la migración (no planea deportar masivamente ni construir un muro en la frontera). Pero tampoco es facilita: la política migratoria demócrata ha provocado que México trate de detener la migración desde la frontera sur.
Y en cuanto al T-MEC, Harris ha dejado entrever que en el 2026 habrá una revisión exhaustiva del acuerdo comercial.
Como sea, para México será más fácil negociar con Harris que con Trump. Y, eso sí, la presidenta Claudia Sheinbaum, de manera diplomática, dice que con cualquiera va a negociar.
PESO GANA POR FED, QUE BAJARÍA TASAS
El peso estuvo en la rueda de la fortuna previo a la elección de EU.
Sin embargo, el jueves se espera una baja en la tasa de interés de la Reserva Federal, al poderlas reducir a un intervalo de 4.50% y 4.75%.
Dicha posibilidad de bajar tasas debilitó el dólar a nivel mundial, pues las inversiones en dólares darían una menor tasa de interés.
En México, el tipo de cambio llegó a menos de 20 pesos por dólar. Sin embargo, en el momento en que Donald Trump expresó que desde su primer día de mandato elevaría los aranceles en 25% a productos mexicanos, el tipo de cambio se regresó para terminar en 20.10 pesos por dólar. (José Yuste, Excélsior, Dinero, p. 2)
REMATE ELECTORAL
Si bien es un hecho que Donald Trump es mucho más vocal en sus amenazas en contra de México, ayer dijo que piensa imponer un arancel de 25% a las exportaciones mexicanas, la realidad es que al gobierno de Claudia Sheinbaum le debe dar exactamente lo mismo quién gane la elección en Estados Unidos. Tradicionalmente, los demócratas han sido más duros en materia de migración, a pesar de que lo han hecho que formas menos amenazantes. Lo importante no es quién gane, sino cómo maneja el gobierno de México su relación.
La Presidenta hizo bien en decir que se pronunciará de esta elección hasta que el colegio electoral de aquel país determine quién ganó, pero dejó claro que buscará con aquel gobierno mantener una relación adecuada en la cual se pondrá como principio fundamental el T-MEC.
Más allá de esta declaración, es un hecho que tanto Marcelo Ebrard como Juan Ramón de la Fuente están armando un equipo para le negociación del T-MEC en la que destaca la inclusión de la iniciativa privada en los trabajos previos y en lo que en algún momento será el cuarto de junto.
Destaca que la relación no sólo se está construyendo con las cabezas de la iniciativa privada como el CCE, que preside Francisco Cervantes, sino con las agrupaciones directamente involucradas. Este gobierno está convencido de que esta manera de planear resulta sustancialmente mejor. (David Páramo, Excélsior, Dinero, p. 3)
En su último día de campaña, el ex presidente y candidato del Partido Republicano Donald Trump anunció ayer en la ciudad de Raleigh, en Carolina del Norte, previo a la jornada electoral que se vive hoy en nuestro vecino del norte, que desde el día uno de su administración, en caso de ganar desde luego, llamará a la presidenta Claudia Sheinbaum para advertirle que si no frena completamente el “embate” de criminales y drogas a los Estados Unidos, desde México, impondrá un arancel del 25% sobre el total de las exportaciones de México a Estados Unidos.
De inmediato se escuchó la ovación de la audiencia que lo escuchaba. Ya entusiasmado por la reacción, se siguió de largo, que si esa amenaza no surte el efecto deseado, subirá los aranceles a 50% sobre el valor de lo que se exporte de México a EUA, y que si tampoco se logra su objetivo, el arancel será del 75%, y ya en el éxtasis de su retórica, coronó su amenaza con la posibilidad de que esos aranceles sean hasta del 100%.
Ya sabemos cómo sometió en su momento a la administración del presidente López Obrador para que su gobierno colaborara con la estrategia migratoria de la Casa Blanca. A finales de mayo de 2019, Trump inició su estrategia consistente en amenazar a México con la imposición de aranceles por el 5% del valor de las exportaciones de México a EUA, hasta que no se frenara la migración de indocumentados a ese país. El 30 de mayo, el presidente López Obrador envió una carta al entonces presidente Trump para buscar un acercamiento al tiempo que pedía que los funcionarios del gobierno de Trump recibieran a una delegación mexicana encabezada por el canciller Marcelo Ebrard.
El viernes 7 de junio de 2019, Trump adelantó que si para el lunes siguiente, el 10 de junio, no se tenía un acuerdo firmado con México, empezaría a cobrar los aranceles de 5 por ciento. Ese mismo lunes, Trump se encargó de presumir nuevamente en X (en aquel entonces Twitter) que ya tenía el acuerdo firmado con México y que poco más adelante se podría dar a conocer. Penosamente, en abril de 2022, Trump presumió en un mitin en Ohio cómo había doblegado al canciller Ebrard, fue su versión claro, pero la realidad acreditó su dicho.
Así que ya sabemos que si bien la amenaza de aranceles del 25% puede ser solo un elemento central de una postura de negociación dura, Trump ya ha demostrado que es capaz de sostener esas amenazas hasta el último minuto. Por su parte, México ya demostró que no es inmune a esas amenazas. El 10 de junio de 2019 el gobierno de López Obrador se doblegó ante esa amenaza y aceptó ser un factor más de la política migratoria anti inmigrante del primer gobierno de Donald Trump.
Qué tanto le funcionará a Trump ese último lance de ayer para influir de manera decisiva en un número de indecisos tal que le permitan obtener los votos necesarios para lograr el umbral de 270 votos que se requieren para lograr la victoria en la elección presidencial, no lo sabemos. Pero en caso que al final de la jornada de hoy nos enteremos a través de la gigantesca cobertura mediática que el triunfador es Donald Trump, se abrirá un nuevo periodo de inestabilidad para México que posiblemente provoque que el tipo de cambio sobre reaccione durante varios días, a reserva de que más adelante se estabilice en un valor menor al observado en la sobre reacción, pero mayor al tipo de cambio de 20.10 pesos por dólar con el que cerró ayer el mercado de monedas.
Más allá del tipo de cambio, la administración de Claudia Sheinbaum enfrentará un grave problema porque ya sabemos que México no es inmune a las amenazas de Trump. No es creíble que nos plantemos y amenacemos con una represalia. Cualquier confrontación comercial con EUA le hace mucho más daño a México que a EUA. Frente a ese panorama, ¿ya pensaron la presidenta y su gabinete que es momento de ofrecerle a México políticas sensatas que lo alejen de una situación de crisis? (Gerardo Flores, El Economista, Empresas y Negocios, p. 30)
Mientras millones de estadounidenses acuden hoy a las urnas para elegir a su próximo gobernante, millones de mexicanos contienen su respiración. La elección entre el republicano Donald Trump y la demócrata Kamala Harris no es sólo un asunto interno de Estados Unidos; es un evento que marcará el rumbo de México en los próximos años porque las propuestas de ambos prometen sacudir los cimientos de la economía, las políticas migratorias y la seguridad nacional estadounidenses.
Si Trump resulta el ganador, es casi seguro que se endurecerán las políticas comerciales y migratorias de EU. Sus promesas de aranceles elevados a los productos hechos en México y deportaciones masivas plantean serios desafíos para la economía mexicana. Un estudio de la Universidad de California Los Ángeles (UCLA) sugiere que bajo estas políticas el PIB de México podría sufrir una contracción de hasta 16.3% para 2028. También es probable que la cooperación en infraestructura fronteriza y desarrollo regional quede en segundo plano, afectando a sectores como el automotriz y manufacturero.
Por otro lado, una victoria de Harris podría significar un enfoque más moderado, pero no exento de retos. Su propuesta de revisar el T-MEC y fortalecer las cadenas de suministro regionales podría beneficiar a ciertos sectores, pero también implicaría ajustes significativos en las políticas laborales y ambientales de México. Para sectores como el textil o agrícola, esto podría traducirse en mayores exigencias regulatorias y costos de producción más elevados.
En materia migratoria, ambos buscarán que México asuma un papel más activo en la contención de flujos migratorios. La diferencia radica en el enfoque: mientras Trump aboga por medidas más drásticas, Harris propone un sistema que ella describe como “justo y seguro”.
La seguridad es otro tema crucial. Las propuestas de Trump de posibles incursiones militares contra los cárteles contrastan con el enfoque de Harris de mantener el Diálogo de Alto Nivel sobre Seguridad. En cualquier caso, el gobierno mexicano enfrentará presiones para intensificar la lucha contra el crimen organizado, con demandas específicas sobre extradiciones y acciones policiacas en zonas críticas.
Ante este panorama, la preparación de México para enfrentar estos desafíos dependerá de la capacidad de su gobierno para fortalecer la economía, diversificar sus relaciones internacionales y construir un consenso interno sólido, lo cual bajo las actuales circunstancias no será fácil debido a que las políticas de Andrés Manuel López Obrador no contribuyeron a generar un crecimiento económico significativo, aislaron al país del mundo, sobre todo de los países desarrollados, y propiciaron una polarización de los mexicanos que dificulta cualquier consenso.
El resultado electoral de hoy en EU marca el inicio de una nueva era en las relaciones bilaterales. México deberá estar listo para navegar aguas turbulentas, sea cual sea el resultado. La habilidad del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum para adaptarse y responder estratégicamente a estos cambios definirá el futuro económico y geopolítico del país.
La cuestión fundamental es cómo responderá México a los desafíos y oportunidades que el resultado traiga consigo. (Eduardo Ruiz-Healy, El Economista, Política y Sociedad, p. 40)
Una semana antes de asumir como alcalde de Tijuana, el morenista Ismael Burgüeño cumplió con una intensa gira por la Ciudad de México. Aunque esta vez no traía agenda con funcionarios hacendarios ni con parlamentarios. La Federación –gracias a las gestiones de la gobernadora, Marina del Pilar— será generosa con Baja California, pero aquella mega urbe fronteriza tenía que atender urgentemente una petición superior.
Burgüeño –exlíder estatal de Morena y excoordinador de los programas federales— había sido testigo del trabajo eficiente de los servidores de la Nación. Ahora, la administración de Claudia Sheinbaum preparaba un plan nacional para eficientizar, a través de las mejoras regulatorias y del uso de la tecnología, la obtención de las CURP, las actas de los migrantes internos y los certificados, para los migrantes de otras nacionales.
En aquella ciudad fronteriza, diariamente se tramitan 2,500 actas de nacimiento y el trámite inicia con la presentación de la CURP certificada. Una semana antes de asumir su cargo, Burgüeño —quien hace cinco años fue delegado de SRE en Tijuana y tiene información sobre la problemática— se entrevistó con el titular de la Agencia de Transformación Digital, José Merino, y conoció de primera mano el plan para todas a todas las personas que radican en México —nacionales y extranjeros— de una Identidad Digital Nacional.
El éxito de esta nueva política pública depende de la modernización del Servicio Nacional de Identificación Personal, que depende de la Secretaría de Gobernación y que pronto pasará a manos de la Agencia, que también asumirá el control de la secretaría técnica del Consejo Nacional de Población.
Podría suponerse que este ajuste es mérito de José Merino y su equipo, pero lo cierto es que el mecanismo se activó hace seis meses, con la autorización del Manual de Operación del Sistema Nacional de Identificación Personal.
Entonces, Segob solicitó a la Conamer acortar los datos de la consulta pública. “Si bien el gobierno de México ha avanzado en la consolidación y certeza de la población a través del trabajo coordinado entre la Dirección General del Registro Nacional de Población y los 32 Registros Civiles del país”, argumentó, “esto no es suficiente para tener garantizado el derecho a la identidad de la población, toda vez que es necesario e imprescindible contar con los datos de información biométrica que permitan identificar a una persona de manera indubitable, con aquellas características físicas que la hace única e irrepetible como lo es la fotografía del rostro, las huelas dactilares, la imagen de los iris y la firma de cada persona”.
La implementación del SNIP supone un ahorro al gobierno de más de 28,000 millones de pesos… y que el Registro Nacional Electoral pase a segundo término. En los escenarios para el enrolamiento y la integración del procesos, el INE ya contempló qué ocurrirá cuando Segob —a través de la Agencia para la Transformación Digital— conforme su base de datos nacional biométrica: para actualizar la lista nominal de electores deberá consultar al SNIP de Renapo con la CURP y la huella del ciudadano. ¿Y la credencial para votar se convertirá en la cédula de identidad ciudadana? Ya no.
Ahora existirá un mecanismo único de autenticación digital basado en la Clave Única de Registro Nacional de Población con la protección de datos personales. Esa tarea y la integración del Servicio Nacional de Identificación Personal quedarán a cargo de la Agencia de Transformación Digital, en colaboración con la Secretaría de Gobernación.
Y también será responsable de la gestión de bases de datos que permitan interoperar los sistemas nacionales y de la administración pública federal con el Registro Nacional de Población, en coordinación con la Secretaría de Gobernación. (Alberto Aguirre, El Economista, Política y Sociedad, p. 40)
Estados Unidos acude a las urnas después de un intenso proceso electoral marcado por los atentados contra Donald Trump y del relevo demócrata en donde el presidente Joe Biden —tras un profundo desgaste— entregó la candidatura a Kamala Harris.
Si bien, la definición presidencial es por mucho la más visible, hoy se elegirá (aunque ya se emitieron millones de votos tempranos) también a 34 miembros del Senado y los 435 distritos votarán por sus congresistas; 11 estados definirán sus gobernadores, cerca de 80 por ciento renovará sus congresos estatales y algunos votarán por jueces locales, además de numerosas políticas que van a consulta.
El partido Republicano llega optimista a la elección a pesar de que su candidato tuvo un mal desempeño en el debate en contra de Harris; Trump perdió una valiosa oportunidad para vincular a su contrincante con los errores y costos que carga la administración Biden. Por su parte, Harris renueva la esperanza que el partido Demócrata había perdido en la aspiración de reelección de Joe Biden y trae consigo un apoyo significativo de las mujeres que simpatizan con su narrativa.
Las encuestas no dan certeza alguna sobre el resultado de la elección presidencial en los Estados Unidos ya que su sistema electoral tiene una estructura particular en la que el voto popular no necesariamente definirá al ganador o ganadora. Cada estado cuenta con al menos 3 representantes ante el Colegio Electoral y en función del tamaño de su población se le asignará un número mayor de electores. El partido que obtiene una mayoría —independientemente del margen que obtenga— se llevará la totalidad de los votos —salvo en Maine y Nebraska— al Colegio Electoral. La candidatura que obtenga al menos 270 de los 538 votos del Colegio Electoral ganará la presidencia de los Estados Unidos.
Es por ello que las miradas seguirán los resultados en aquellos estados que se consideran “bisagra” o “columpio”, es decir, que no tienen una marcada preferencia hacia un partido político, como son Pennsylvania, Georgia, Carolina del Norte, Michigan, Arizona, Wisconsin y Nevada, aunque durante estos días se ha mencionado que Iowa podría inclinarse en favor de Harris.
Para México, la relación con Estados Unidos es indispensable: nos unen 3 mil kilómetros de frontera, cada minuto se intercambian 1.5 millones de dólares a través de los flujos comerciales, 1 de cada 4 empleos en el país está vinculado a ello y millones de familias viven entrelazadas en ambos territorios.
En México se percibe nerviosismo, porque el posible triunfo de Donald Trump se traduzca en nuevos aranceles, deportaciones masivas y la revisión del T-MEC; incluso algunos analistas alertan sobre un posible incremento en los conflictos armados a partir de su política exterior. En contraste, hay pocas alertas en caso de que ganara Kamala Harris, como si el status quo fuese positivo para nuestro país.
La narrativa en las campañas estadounidenses tiene poca relación con la realidad: en materia comercial, Trump renegoció el T-MEC y Harris lo votó en contra como senadora; en el ámbito migratorio, Trump deportó en promedio 500 connacionales diarios, en contraste la administración Biden que las incrementó en 40 por ciento; en términos de política exterior y militar mientras Trump no inició nuevas guerras, los jóvenes estadounidenses reclaman el silencio —o la tímida voz— de la administración Biden-Harris frente a las más de 42 mil muertes palestinas.
A pesar de que no existen pronósticos claros para la futura presidencia estadounidense, la realidad es que México ya ha negociado con Trump y con Harris. Mientras allá la moneda está en el aire, en México la presidenta Claudia Sheinbaum asegura que mantendrá una relación institucional y sin subordinación con quien el pueblo de los Estados Unidos elija. (Gabriela Cuevas Barrón, El Heraldo de México, País, p. 11)
Ante las estridencias demagógicas del fin del proceso electoral, especialmente de Donald Trump, muy plantada se halla la realidad socioeconómica de nuestra colindancia con el país hegemónico, el intercambio comercial competitivo respecto de China, la política binacional vinculada al cambiante fenómeno migratorio, así como el combate a la incidencia delictiva con aspectos globales.
El probable, aunque indeseable, triunfo del conservadurismo en Estados Unidos encuentra de este lado una sólida plataforma de acciones, disposición creativa del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, fortaleza identitaria nacional y un proyecto de gobierno con inteligente ánimo de independencia y colaboración que hacen lejana la sobrevivencia de la demagogia de Trump ante la reorganización de sus prioridades como gobernante en caso de cumplirse la expectativa de apariencia funesta.
En 2015, las advertencias del republicano se concentraban en el levantamiento del muro fronterizo para contener el paso de migrantes. Al final de su administración sólo se habían completado 727 kilómetros que reemplazaban cercas existentes y aproximadamente 935 mil personas en situación de migración ilegal habían sido deportadas. Joe Biden ofreció un programa de retorno voluntario y a la fecha más de 1.1 millones han vuelto a sus países.
En otras palabras, por cierto, los demócratas tienden a ser más conservadores que los republicanos respecto de la migración. Hay también demagogia… omisa.
Este martes electoral es de zozobra democrática, pero no de incertidumbre del liderazgo nacional, más educado, sensible, firme y con mayor sentido de equipo de lo visible y previsible del otro lado, gracias a un talante afinado existente en el caso de Sheinbaum.
Entre el republicano y el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador hubo entendimiento pragmático, principalmente en materia comercial. Los resultados revelan, por ejemplo, en exportaciones incremento anual de México a Estados Unidos de 5.83 por ciento y de 4.33 a la inversa. De los vecinos distantes de la década de 1980 pasamos a los socios comerciales con Trump en su etapa menos veterana.
La eventual victoria de la demócrata Kamala Harris tampoco, por lo indicado, asegura solamente una impresumible tersura.
En Sheinbaum, al igual que en otras figuras centrales de la política mexicana, como Clara Brugada, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, hay una evidente disciplina estratégica para interactuar con ciudadanías libres, que no se embarcan, ni en martes ni nunca, con imposiciones, amenazas o bravatas electorales. (Salvador Guerrero Chiprés, El Heraldo de México, Editorial, p. 16)
Washington D.C. Estados Unidos decide hoy entre Kamala Harris o Donald Trump para gobernar este país durante los próximos cuatro años. Y con ello se definirá el rumbo que tomará la relación con México.
Ambos representarán retos importantes en materia migratoria, combate al crimen organizado y comercio. Aunque sus visiones y métodos son completamente distintos.
Los expertos aquí en DC ven complicado para México cualquiera de los dos escenarios, pues ambos candidatos han manifestado su intención de renovar la colaboración en los tres temas.
Para la mayoría de los mexicanos, los riesgos son mayores si Donald Trump regresa a la Casa Blanca. En el caso de los indocumentados porque temen ser deportados. Para quienes ya han regularizado su situación migratoria, el temor es por sus familiares que no han podido hacerlo.
En el tema comercial, la amenaza de Trump en el último día de campaña de imponer aranceles de 25 por ciento a cualquier producto mexicano si no se frena la migración es la advertencia más clara de que la revisión del T-MEC, programada para 2026, se adelantará si él regresa a la Casa Blanca.
Aunque en caso de que gane Kamala Harris la negociación tampoco se antoja tersa. Ella fue una de las pocas senadoras que se opuso al tratado cuando fue renegociado durante la administración Trump y seguramente pondrá condiciones de mejoras laborales y medioambientales para lo que se acuerde.
Ante tales escenarios adversos, en México debería promoverse la unidad y mostrarse fuerte ante cualquier negociación que Estados Unidos intente iniciar en estas materias que tanto esfuerzo le significarán a nuestro país porque ni impedirá la llegada de migrantes, ni el tráfico de drogas y mucho menos reducirá su intercambio comercial.
Sin embargo, la avasalladora actitud de Morena al frente del Poder Ejecutivo y Legislativo y ante la posibilidad de que durante un año ignore cualquier resolución del Poder Judicial provocará mayor división y polarización en México, por lo que las posturas internas seguirán separándose en vez de unirse.
A partir de que el resultado electoral se defina en Estados Unidos, el gobierno mexicano deberá establecer canales de comunicación con la próxima administración. Anticiparse ante las demandas que le hagan y plantear las suyas. En un ambiente de igualdad y haciendo respetar la soberanía, evitando la deportación de ciudadanos de otros países, la intervención en territorio para combatir al crimen y cualquier intento por violar el tratado comercial. Pero mientras la disputa interna sea la prioridad en México, será poco probable defender nuestros intereses ante los del vecino del norte. (Alejandro Domínguez, Milenio, Al Frente, p. 3)
La prensa mundial, y en particular la estadounidense, contempla las últimas horas antes de la elección con expectativas inciertas no solo por lo apretado de los momios, también por la sensación de que se trata de comicios inéditos. Nunca antes una de las partes había anticipado acusaciones de fraude en caso de perder, entre otras excepcionalidades que aporta el trumpismo. Del abundante material disponible entre los análisis más actualizados de diarios y semanarios, destaco lo que me parecen tres claves para aproximarse a lo que sucederá esta noche.
Los sectores populares están inconformes con el estado de cosas en el mundo. Cualquiera que sea el desempeño económico y la prosperidad o la falta de ella, las expectativas son superiores a lo que ofrece la realidad. Una percepción que favorece a los candidatos que se presentan como outsiders al sistema político tradicional. Y, para desgracia de los demócratas, en Estados Unidos se ha instalado la noción de que ellos representan al establishment. Lo paradójico es que Trump, un millonario de la élite, es el que habla el lenguaje de los obreros y los barrios, el que se pone la gorra de béisbol y se coloca detrás del mostrador de McDonald’s (aunque sea Kamala la que trabajó allí en su adolescencia). Buena parte de los votantes no quieren a la experta sino a un presidente básico que dé golpes sobre la mesa.
Eso dicen las encuestas, pero ¿qué tanto varían los resultados reales respecto a los sondeos? Dos consideraciones. La primera beneficia a Trump: es más probable que existan más votantes “de closet” a su favor, porque en ciertos círculos es impresentable; es decir, en una encuesta dirían una cosa, pero en votación anónima harían otra. La segunda es buena noticia para Harris: la respuesta a una encuesta es más improvisada y emotiva; el acto de votar es más reflexivo. Imposible saber cuál de estas dos tendencias modifique con mayor intensidad lo que hoy arrojan los sondeos.
¿Y qué arrojan los sondeos exactamente? Confirman que las entidades que votarán por Trump y por Harris están categóricamente definidas y que la suma de ellas no alcanza a ninguno de los dos. Todo dependerá de los siete estados que pueden irse para uno u otro lado: Michigan, Wisconsin y Pensilvania en los que Harris lleva pequeña ventaja y representan, sumados, 44 votos o delegados; y Arizona, Carolina del Norte, Nevada y Georgia que suman 49, en los que Trump lleva la delantera. Eso según The Economist. Pero para The New York Times cuatro favorecen a Kamala, en dos hay empate y solo Arizona es de Trump. En todo caso, en los siete cabe la posibilidad de un giro, porque en todos ellos la diferencia es menor en torno a un punto, salvo Arizona que arroja tres o más puntos en favor del republicano. Así es que las sumas y restas pueden venir de cualquier lado. Y, por supuesto, nunca es descartable alguna sorpresa mayúscula de alguno de los estados “seguros” de uno u otro bando (por ejemplo, se habla de que Iowa podría pasarse a los demócratas en el último momento o, viceversa, Minnesota o Virgina a los republicanos).
Migración y frontera serán también un duro campo de batalla entre los deseos del presidente y la inercia de la realidad que terminaría protegiéndonos. Los economistas afirman que si se dificulta la mano de obra extranjera se necesita entonces importar más productos del exterior. Por el contrario, si se obstaculiza la importación de mercancías, se necesita aumentar la producción interna y para eso se requiere mano de obra extranjera. Las dos cosas simultáneamente son difíciles de conseguir porque producen carestía o inflación intolerantes. Las dos puntas nos perjudican, y seguramente Trump intentará caminar hacia ellas, aunque en algún punto las presiones de los intereses en juego lo detendrán. ¿Cuánto alcanzará a avanzar en cada una de ellas? Imposible saberlo.
Con algo de suerte son preguntas que podríamos no tener que respondernos. Dependerá de lo que suceda esta noche. Suerte. (Jorge Zepeda Patterson, Milenio, Política, p. 18)
Cada doce años, las elecciones presidenciales de México y EUA coinciden, con diferencia de cuatro meses.
Esto sería un dato anecdótico, de no ser por el alto grado de integración que han alcanzado ambas economías, regiones fronterizas y hasta algunos núcleos familiares binacionales. Estados Unidos es el principal destino de las y los migrantes mexicanos y México es el país que más estadunidenses están eligiendo para emigrar de manera permanente.
En este sentido, no debe sorprendernos que el factor México sea un tema relevante en la actual contienda presidencial de la Unión Americana; desafortunadamente, no por las razones de buena vecindad que a todas y todos nos gustaría, sino por motivos de una estrategia electoral y propagandística que nos pinta como “amenaza” o “peligro”.
Frente al proceso electoral que hoy concluye, en medio de una incertidumbre pocas veces vista, lo primero que hizo bien el gobierno mexicano —tanto el anterior como el actual— fue renunciar a cualquier intención o propósito de “jugársela” o “quedar bien” con una u otro contendiente. La mexicanísima cargada política es una tradición que tiene caducidad territorial, y ya ni aquí se ve bien.
Sería más útil tener claridad sobre los escenarios de políticas públicas que podrían impactar a nuestro país en caso de que ganase la demócrata o el republicano. Por ejemplo, si la candidata Kamala Harris obtuviese la presidencia, debemos tener registrado que su prioridad hacia México será el combate al narcotráfico y el fentanilo, el reordenamiento migratorio, el impulso a las energías limpias y la inspección laboral y sindical al amparo de la revisión del T-MEC en 2026. Recordemos que, como senadora demócrata, Harris votó en contra del Tratado, apoyando las demandas de las grandes centrales sindicales de su país.
Por el contrario, si Donald Trump regresa a la Casa Blanca, preparémonos para enfrentar presiones inusitadas (de corte paramilitar, incluso) para desmantelar a los cárteles de la droga y contener la migración indocumentada, así como recibir amenazas arancelarias y fiscales sobre nuestras exportaciones y remesas, una revisión proteccionista del T-MEC o peticiones para convertirnos en un “tercer país seguro” en materia de migración. El “cooperas o cuello” será la divisa que se nos buscará imponer frente a China y el resto de los mercados con los que México mantiene relaciones comerciales.
Un factor coyuntural importante en esta elección es el papel estratégico que jugará el voto latino —especialmente el de origen mexicano— en el desenlace electoral, junto con el voto de la generación milenial. Por primera vez en décadas, los 32 millones de posibles votantes de origen mexicano tendrán la oportunidad de incidir en el resultado, por lo cerrada y polarizada que es la contienda. Es una elección con sabor mexicano, y eso tendrán que valorarlo allá, pero también nosotras y nosotros acá.
Gane la señora Harris o el señor Trump la Casa Blanca, ganen demócratas o republicanos la mayoría en el Capitolio, después de la elección de hoy, martes, debemos reposicionar el valor estratégico que México tiene para Estados Unidos, como vecino, socio y aliado.
No somos la amenaza ni el peligro que se dijo en esta campaña. Somos oportunidad, palanca y soporte para que toda América del Norte se convierta en el mayor polo de desarrollo del planeta, sin ser entreguistas ni aislacionistas. Y nuestro primer aliado y vocero puede y debe ser la comunidad mexicana asentada en EUA, cuya fuerza, presencia y valor habrá de sentirse este día. (Ricardo Monreal, Milenio, Política, p. 19)
Estados Unidos va a definir hoy y en los próximos meses su futuro. Su influencia provoca que su elección presidencial se convierta en un tema del mundo.
No está claro quién va a ganar. EU enfrenta un proceso fundamental totalmente dividido. Pase lo que pase nadie quedará satisfecho. La razón principal está en que la división interna ha generado una confrontación que a diferencia de otros tiempos ya está en las calles.
Donald Trump se ha encargado de ello. Entiende muy bien lo que piensan y sienten sus seguidores y se pasa azuzándolos con un discurso estridente, cargado de adjetivos y acusaciones. Lo que pasó el 6 de enero de hace cuatro años puede ser únicamente un preámbulo de lo que podría pasar, en caso de que el republicano fuera derrotado y no reconociera el resultado.
EU no ha encontrado manera de cohesionarse internamente. La división es ya un elemento de definición del país. Siguen presentes los grandes fantasmas que a lo largo de años se han querido erradicar, los cuales no dejan de estar en la cotidianidad de la nación.
La discriminación racial y social no ha dejado de ser parte de la idiosincrasia de lo que se conoce como la América profunda. En estos estados los grupos ultraconservadores no han evolucionado en pensamiento, más bien lo han agudizado y han encontrado en la persona de Donald Trump una especie de aliento para seguir en ello y, sobre todo, para hacerlo público sin que se escondan para hacerlo.
La elección no va a resolver ningún problema. Le va a dar una pausa al país siempre y cuando logren ponerse de acuerdo en reconocer el resultado fuera cual fuera. Lo contrario va a producir una enorme crisis interna en que no queda claro cuál será su desenlace.
El gran problema que muy probablemente se va a venir es que pareciera que el resultado va a depender de la voluntad particularmente de Trump. Es un enigma lo que será, en caso de que el resultado le sea adverso independientemente de lo que dictan las leyes electorales. Todo puede terminar por depender de un hombre que ha demostrado que arrebata cuando las cosas no le parecen.
Lo que no se puede soslayar es que Trump representa muchas cosas para buena parte de los estadounidenses. Es la cara supremacista en todos los sentidos. Su discurso refleja un pensamiento que ha ido permeando cada vez más entre los ciudadanos, los cuales siguen viendo a EU como una especie de tótem del mundo, que además tiene el derecho de meterse en la vida de otros países, como en los tiempos de la Guerra Fría.
Asume que tiene el derecho de cerrar sus fronteras sin importar lo que piensa el vecino; está dispuesto a confrontar de manera extrema la migración sin importarle los derechos humanos; y tiene una concepción del papel de las mujeres definitivamente lejana a lo que hoy se vive en todo el mundo, el aborto es un asunto que podría restarle una buena cantidad de votos entre las mujeres estadounidenses.
Para nuestro país, gane quien gane las cosas serán complicadas. Una de las razones es que la o el futuro presidente tiene que tomar en cuenta a la otra mitad que no votó por él o ella. Incluso Kamala Harris tendrá que atender muchos de los asuntos que son fundamentales para la otra mitad de la nación y difícilmente podrá soslayarlos, tendrá que buscar cómo resolverlos, y en ese paquete está en el centro nuestro país en temas como migración, narcotráfico y la violencia interna.
Para la democracia de EU y el mundo la opción es Kamala Harris. La demócrata representa la posibilidad de una evolución interna, la cual es necesaria en la vida estadounidense.
Lo que pase a partir de hoy va a definir el destino de EU no solamente por cuatro años más.
RESQUICIOS.
También México empieza a decidir su destino-país este día. La Presidenta pareciera que va visualizando lo que viene por eso habla del Plan B. Se vislumbra un choque de trenes entre un Gobierno fuerte sin interés en dialogar y un Poder Judicial que poco a poco se va diluyendo. (Javier Solórzano Zinser, La Razón, La DOS, p. 2)
El día de hoy se definirá quién será el próximo inquilino de la Casa Blanca. Esta elección presidencial en Estados Unidos, donde votarán más de 65 millones de personas, está muy cerrada.
Muy probablemente no se tendrán los resultados el día de hoy, a menos que las encuestas se equivoquen y haya una ventaja mayor hacia alguno de los candidatos.
Recordemos que el sistema electoral de EU se rige por quien gane mayor número de colegios electorales y no quien más votos directos tenga.
Un sistema electoral que fue creado en 1787, si bien mucha gente está en contra de este sistema que en su momento se hizo para que todo el país estuviera representado, ahora una de sus ventajas es que en un conflicto postelectoral solamente se tiene que revisar cierto estado donde se tienen dudas, y esto hace que sea mucho más fácil que contar todos los votos de un país tan grande como lo es EU.
Son 538 Colegios Electorales, y el próximo presiente o presidenta deberá tener la mitad más, por lo menos, uno. Según el tamaño del estado es el número de votos que tiene en el Colegio Electoral, por ejemplo, California, tiene 54 votos, Texas también es un estado que tiene muchos votos dentro del Colegio Electoral, con 40.
Hoy, parece que la elección está definida en varios estados, pero donde se ve difícil tener resultados confirmados el día de hoy, es en los estados que llaman “columpio”. Los que no están definidos como republicanos o demócratas y que podrían atrasar el conteo hasta varios días posteriores a la elección: Nevada, Arizona, Wisconsin, Michigan, Pensilvania, Georgia y Carolina del Norte.
Para Kamala Harris, si logra recuperar, por ejemplo, un estado clave como lo es Pensilvania, que es el que más votos en el Colegio Electoral tiene dentro del columpio, con 19, podría ganar.
Trump, por su parte, necesitaría un estado como Carolina del Norte o Georgia, que cuentan con 116 votos cada uno.
La tendencia de voto ha ido cambiando en los últimos años. Hasta hace poco el discurso demócrata, por ejemplo, que funcionaba muy bien con los latinos, hoy no, esas personas se han decantado por los republicanos.
Platicando con algunos paisanos legales y establecidos en EU, cuando les dicen que ojalá lleguen más migrantes como ellos y que tengan oportunidades, te contestan que ya llegaron ellos y que no quieren más competencia laboral.
Y en estos momentos, el voto latino se ha convertido en una pieza clave en estos siete estados de la Unión Americana, que podrían definir la elección. En Arizona, 25% de las personas habilitadas para votar son latinos; en Nevada, 22%; Pensilvania, 6%; Carolina del Norte, 6%; Georgia, 6%; Wisconsin, 5%, y Michigan, 4 por ciento.
Se espera que para esta elección voten 17.5 millones de latinos, lo que significa un incremento de 6.5% respecto de la participación registrada en 2020 y 38.3% más que en 2016.
Lo único seguro es que quien gane la presidencia de EU tendrá una política muy dura contra México y, sin duda, presionará al Gobierno de nuestro país para que se respeten los acuerdos comerciales y que se garantice la seguridad.
Muchos piensan que Donald Trump será más fuerte con la seguridad en la frontera, pero Kamala Harris, en tono mucho más suave, tiene un discurso muy fuerte y contundente, además, tiene experiencia. Como fiscal de California dio golpes a estructuras criminales mexicanas que operaban en EU.
Ella asegura que no cederá en la lucha contra estas bandas criminales. En sus discursos asegura que cuando era fiscal de California, de 2011 a 2017, combatió a estos grupos y que lo mismo hará de llegar a la presidencia.
Desde 2011, Harris ha dado duros golpes a los grupos criminales que operaban a través de la frontera entre México y California.
En 2013 trabajó en las acusaciones en California contra Ismael El Mayo Zambada y dos de sus hijos: Ismael Zambada Imperial, El Mayito Gordo, e Ismael Zambada Sicairos, El Mayito Flaco, a quienes acusaron de fabricar y traficar drogas hacia ese estado de la Unión Americana.
Para 2014, Kamala Harris ya tenía identificadas las operaciones que realizaba el Cártel de Sinaloa en California, donde indicaba, se había mimetizado entre la sociedad y había formado alianzas con pandillas locales para poder expandir su negocio de las drogas. Así lo dio a conocer en un documento denominado “Pandillas más allá de las fronteras: California y la lucha contra Delincuencia Organizada Transnacional”.
La llegada de Ismael El Mayo Zambada y de Joaquín Guzmán López no es un acto espontáneo, ni se trabajó en poco tiempo, es producto de investigación y de inteligencia de años, que hicieron las autoridades estadounidenses a través del FBI.
Desmantelar las estructuras del Cártel de Sinaloa, al que el Gobierno de EU señala de ser el principal introductor de droga, principalmente fentanilo, que mata a miles de estadounidenses, ha sido una prioridad para Harris.
En los comerciales publicitarios que ha lanzado la candidata demócrata, ha sido durísima contra la migración ilegal a su país y contra los grupos criminales mexicanos que atentan contra la seguridad estadounidense.
Harris, como fiscal de California, trabajó en la detención de Miguel Ángel Treviño Morales, líder de Los Zetas, en 2013, y quien era el principal rival de los de Sinaloa.
Por su parte, Donald Trump ha dicho que mantendrá una lucha frontal con los cárteles, asegurando que podría invadir entidades mexicanas, de ser necesario, para neutralizar a los líderes de las drogas.
Recordemos que con las leyes extraterritoriales que tiene EU, pueden operar sin permiso en el país, cuando hay una amenaza a su territorio, y están por declarar a los cárteles de la droga en México, precisamente, como terroristas.
Una de las promesas de campaña de Trump y que está escrita en su página de Internet es declarar la guerra a los cárteles mexicanos, que de regresar a ser presidente planea enviar fuerzas especiales a México para acabar con los narcotraficantes, incluso, si el Gobierno de nuestro país no está de acuerdo.
En su portal, el exmandatario estadounidense detalla las medidas que tomará para lograr este objetivo, entre ellas: “Ordenar al Pentágono a usar de manera apropiada las fuerzas especiales y otras acciones abiertas y encubiertas para infligir el máximo daño al liderazgo, la infraestructura y las operaciones de los cárteles”.
Desde 2019, cuando Trump fue presidente por primera vez, ya tenía en la mira a los cárteles de la droga, y ya buscaba clasificarlos como grupos terroristas, con la finalidad de poder perseguirlos de forma más amplia.
Todavía no se tiene certeza de quién llegue a la Casa Blanca. Lo que sí es un hecho es que las autoridades estadounidenses, gane quien gane, tienen todo en sus manos para presionar al Gobierno mexicano para que éste tenga una estrategia de seguridad mucho más dura y que garantice los acuerdos comerciales. (Bibiana Belsasso, La Razón, México, p. 14)

(Perujo, El Economista, El Foro, p. 47)

(Rictus, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 34)

(Garcí, El Financiero, Opinión, p. 24)

(Rapé, Milenio, Al Frente, p. 2)

(Xolo, 24 Horas, Pág. 2)