En México hay más de siete mil mujeres migrantes que atraviesan su embarazo en condiciones de extrema vulnerabilidad. De ellas, casi la mitad —el 46.6%, según datos del Consejo Nacional de Población— no puede acceder a servicios de salud simplemente porque carece de documentos oficiales. Son mujeres que huyeron de la violencia y la pobreza buscando una vida mejor, y que, durante su trayecto por nuestro país, enfrentan nuevos episodios de discriminación, xenofobia y abandono institucional.
La realidad que viven estas mujeres es desgarradora. En muchos albergues, los bebés no pueden llorar ni jugar porque sus madres son amonestadas y, a la tercera llamada de atención, deben irse. Parir en la incertidumbre, criar en el silencio forzado, maternar en la invisibilidad es el panorama para miles de mujeres que cruzan nuestro territorio.
Por ello, desde Fondo Semillas lanzamos la campaña “Madres que migran” con el objetivo de reunir 500 mil pesos para financiar a organizaciones que brindan atención médica, acompañamiento y espacios seguros a mujeres migrantes y a sus hijas e hijos pequeños.
Por ejemplo, la organización Partería y Medicinas Ancestrales, en Tijuana, que brinda atención profesional, cálida y humanizada durante el embarazo y parto de mujeres migrantes. Solo en 2024, atendieron en su propio idioma a más de 3,500 mujeres provenientes de 70 países, ofreciendo incluso traducción al créole y otras lenguas.
Otra institución que apoyamos es Centro 32, también en Tijuana, que a través del Bebebús ofrece un espacio seguro de juego, arteterapia y acompañamiento emocional para madres refugiadas o desplazadas y sus hijas e hijos, beneficiando a más de 600 mujeres el último año.
Queremos que incluso en medio del desplazamiento, la maternidad pueda vivirse desde el amor, el cuidado y la dignidad, porque ninguna mujer debería parir sola y ningún bebé debería crecer en silencio.
La campaña “Madres que migran” estará activa hasta el 31 de diciembre. Donar es una forma concreta de sumarse a este esfuerzo colectivo y acompañar a quienes buscan un futuro mejor para sus familias. Se puede donar, de forma segura, en https://semillas.org.mx/. (Gabriela Toledo, El Universal, Opinión, Online)
A Trump no le está yendo bien en su segunda presidencia. De acuerdo con las encuestas, tiene los niveles de popularidad más bajos de este mandato. Sólo entre 35% y 40% aprueban su gestión, muy cerca del mínimo histórico que alcanzó después del intento de golpe de Estado en enero de 2021.
A pesar de que el boom de la inteligencia artificial y el crecimiento extraordinario de unas cuantas empresas del sector han amortiguado los efectos negativos que los aranceles y otras políticas han tenido sobre la economía, detrás de esta aparente imagen de crecimiento la realidad es otra. La inflación sigue subiendo, el mercado laboral y los salarios se han estancado, y los estadounidenses observan con decepción a un presidente que les prometió bajar los precios.
Su mejor oportunidad para aprobar leyes que impulsaran el crecimiento y redujeran los costos la perdió con la llamada “Big Beautiful Bill”, que en pocas palabras fue un regalo para los multimillonarios del país, reduciendo sus ya de por sí bajos impuestos a cambio de recortes en programas básicos de seguridad social, como la asistencia alimentaria y el sistema de salud. Por si fuera poco, el escándalo de los archivos de Epstein, que exponen su cercanía con el difunto pedófilo, ha dañado seriamente su imagen de “luchador contra la élite”, incluso dentro de su propia base.
En política exterior, el presidente ha tenido algunos logros, como la firma del cese al fuego entre Israel y Hamas y varios acuerdos comerciales alrededor del mundo. Pero estos avances importan poco a la mayoría de los ciudadanos, preocupados por el costo de vida y la situación económica.
Hay una correlación clara entre el declive de su popularidad y el nivel de agresividad de sus políticas contra los migrantes. En lo que va de su presidencia, Trump ha enviado a la Guardia Nacional a reprimir manifestaciones contra sus políticas migratorias en distintas ciudades; ha llevado a cabo una campaña agresiva de detenciones clandestinas, con agentes vestidos de civil que, sin identificarse, acosan y capturan a migrantes en sus lugares de trabajo, en la calle y en restaurantes, cometiendo repetidamente errores e incluso deportando en varias ocasiones a ciudadanos estadounidenses. Esta semana, el presidente detuvo la migración legal de más de 19 países y llamó “basura” a los inmigrantes de Somalia. Las imágenes desgarradoras las hemos visto todos.
El ataque a los migrantes le sirve a Trump de dos maneras. Primero, le permite desviar el enojo por el costo de vida hacia un chivo expiatorio. Segundo, como cualquier líder autoritario, sabe beneficiarse del caos. Militares en las calles, policías sin uniforme, redadas, manifestaciones y desorden –generados en buena parte por él mismo— le permiten argumentar que sólo él puede poner las cosas bajo control.
La verdadera prueba llegará el año próximo. En las elecciones de medio término veremos si los estadounidenses compran su campaña de odio contra los migrantes o si, por el contrario, son capaces de ver más allá de la retórica y reconocer el fracaso económico del presidente Trump, poniéndole un alto en el congreso. (Gabriel Morales Sod, La Razón de México, Mundo, p. 30)
LAS AUTORIDADES de Washington requirieron la visa de ingreso a Estados Unidos de Alex Tonatiuh Márquez, director general de Investigación Aduanera, siendo el funcionario federal de mayor rango al que le invalidan ese documento.
AYER Márquez acudió con la flamante fiscal Ernestina Godoy para conocer si existe alguna investigación en su contra en la FGR. Al todavía funcionario de Aduanas le notificaron que no existe alguna carpeta abierta sobre su situación aquí en México.
LO DELICADO del tema es que una de las funciones primordiales de Márquez es combatir el huachicol fiscal desde la trinchera aduanera. Y vista la forma en que ha crecido, queda claro que su gestión no ha tenido el mayor de los éxitos.
SE SABE que a Márquez no le han explicado la razón del retiro de su visa. Aunque las revelaciones que hubo recientemente despertaron las suspicacias en Washington. Una es su colección de relojes que se calcula con valor de ¡ocho millones de pesos!, que le ganó el sobrenombre de “Lord Relojes” y aunque asegura que los adquirió antes de estar en Aduanas, el tema llama muchísimo la atención. Otra es la compra de un departamento millonario a un jefe militar que él asegura haberlo adquirido con una donación.
EL HECHO de que le quiten la visa no significa que lo acusen de algo. Pero el contexto se presta a muchas suspicacias. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)
Que no fue la cooperación en seguridad ni la política migratoria, tampoco el diálogo en materia comercial, sino el futbol el factor que permitirá que la presidenta Claudia Sheinbaum y su homólogo de EU, Donald Trump , se conozcan hoy personalmente en el sorteo de la FIFA para definir los grupos del Mundial 2026, luego de más de un año y una decena de llamadas telefónicas. Como parte de esta visita, la mandataria sostendrá también un encuentro con líderes de la comunidad mexicana de Washington, Virginia y Maryland, un acto que será moderado por el embajador Esteban Moctezuma. (Trascendió, Milenio, Al Frente, p. 2)
Por fin llegó el anhelado encuentro entre Sheinbaum y Trump, aunque este será breve en el marco del sorteo de los equipos que participarán en el mundial de futbol a desarrollarse en México, Estados Unidos y Canadá.
Sin embargo, esta primera reunión de “pasillo” entre ambos mandatarios servirá, primero, para conocerse personalmente. Segundo, para establecer una agenda básica bilateral que contenga temas como el trasiego de drogas sintéticas, narcoterrorismo, migración, tratado comercial, contrabando de armas y otros tantos temas.
Estos incluyen el trato inhumano padecido contra los migrantes mexicanos legales e ilegales por parte del temido ICE, que más parece un escuadrón de la muerte que un cuerpo de seguridad para detener a indocumentados.
Hoy se sabrá cuál es el trato real que el presidente norteamericano da a su contraparte mexicana. Una cosa serán los comunicados de ambas partes sobre el contenido de la reunión, donde se privilegiará el respeto y la cordura; y otra distinta será lo que se diga en privado, principalmente ante el grave señalamiento emitido por Donald Trump de que los cárteles de la droga gobiernan en México.
La información privilegiada que deben tener los gringos producto de la información proporcionada por Los Chapitos y por El Mayo Zambada ha puesto a temblar a altos personajes de la 4T que no solo han perdido la visa para ingresar a Estados Unidos, sino que ya están en las listas negras de las agencias de inteligencia y de combate a las drogas.
Algunos especialistas en geopolítica señalan que Donald Trump no dejará pasar la oportunidad de mostrar su preocupación a la presidenta Sheinbaum sobre estos temas y su visión de cómo piensa combatir a los narcoterroristas, donde el modelo venezolano es muy explícito.
La seguridad interior es la prioridad máxima del también magnate inmobiliario y, por ello, tiene la visión perfilada para acabar con el tráfico de fentanilo proveniente de México.
El propio mandatario estadounidense ha reiterado que combatirán militarmente a los gobiernos que estén involucrados con los narcotraficantes en introducir drogas a Estados Unidos. Por ello, en tan solo unos días se llevará a cabo la intervención en Venezuela, si es que no abandona antes el país el sátrapa de Nicolás Maduro.
Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar, reza el dicho popular y aplica perfectamente al caso Venezuela-México.
De ninguna manera se comparte la visión de la intromisión militar norteamericana en nuestro país, pero ante la incapacidad del gobierno mexicano por someter a los criminales, se requieren acciones internacionales conjuntas para limpiar la casa.
Por otro lado, está el tema de la próxima renegociación del T-MEC. Ya se avizoran algunos ajustes de gran calado, donde el proteccionismo comercial a los productos y servicios provenientes de EU será la regla. Esto es aún más probable debido a la presión inclemente e incesante que Trump ejerce sobre Sheinbaum, gracias al poder de negociación que tiene con todos los ases en la manga.
Una reunión que en corto sacará chispas y que tratarán de apaciguarse con las versiones oficiales torcidas de ambas partes. Es decir, que mientras en la mañanera se dirá que todo fue miel sobre hojuelas y que hay un gran entendimiento y respeto porque hay un “mexicano al grito de guerra”, en contraparte, en la Casa Blanca se dirá que la presidenta mexicana es un encanto, pero que “tiene miedo para enfrentar a los narcoterroristas”.
En cualquiera de los casos, el encuentro personal entre ambos mandatarios será positivo. Ojalá se establezca el compromiso de una reunión bilateral inmediata en Washington, donde se le dé trato de jefa de Estado a la presidenta mexicana, a diferencia de lo que ocurrió en la visita que hizo AMLO durante su gestión.
Desde luego, paralelo a esa reunión cupular, seguirán los encuentros entre las delegaciones de ambos países, en donde Marcelo Ebrard, secretario de Economía, ha remado a contracorriente, ya que, por un lado, logra acuerdos significativos con sus contrapartes norteamericanas y, por otro, los tira Trump al día siguiente.
Cabe hacer notar que, además del saludo de Trump-Sheinbaum, se llevará a cabo otra reunión entre la mandataria mexicana y el primer ministro del gobierno canadiense, Mark Carney. Ello representa un paso adelante de ambos gobiernos en una eventual negociación comercial bilateral, en el caso de que Estados Unidos decida romper con el acuerdo trinacional. (Alejo Sánchez Cano, El Financiero, Opinión, p. 37)
Hoy, la presidenta Claudia Sheinbaum se encontrará por primera vez, cara a cara, con Donald Trump. Han platicado vía telefónica en 14 ocasiones, pero la relación con la Unión Americana la llevan casi cotidianamente otros funcionarios: el principal, Omar García Harfuch, que cada dos semanas suele visitar Washington para coordinar tareas de seguridad; el general Ricardo Trevilla, que mantiene una comunicación constante con el jefe del Comando Norte, el general de la Fuerza Aérea, Gregory M. Guillot, quien también comanda el NORAD, el mando aeroespacial de defensa de Norteamérica.
Marcelo Ebrard, que está viendo todos los temas comerciales en una agenda que, sin otras decisiones colaterales, parece agotada y, por supuesto, el canciller Juan Ramón de la Fuente, actualmente retirado por una delicada operación de columna, una posición que ocupa el hombre que desde el sexenio pasado ha controlado mucho de la relación bilateral, Roberto Velasco. Y, en Washington, el embajador Esteban Moctezuma, con menos protagonismo del esperado.
La relación tiene innumerables problemas, algunos, en parte, solucionados (el paso de migrantes y de fentanilo), y otros empeorados (todo el ámbito comercial con los aranceles) por la frenética y contradictoria actividad del presidente Trump, que puede hacer una caricia y dar un manotazo en una misma frase.
En el gobierno federal había temor de ir a Washington y sufrir en la Casa Blanca un descalabro similar al que vivió en su momento el presidente Zelenski. Todo puede ser, pero no creo que sea así. La Presidenta se tardó en buscar un encuentro personal con Trump, que podría haber ocurrido con condiciones idóneas durante el sepelio del papa Francisco o la entronización de León XIV (como hizo Zelenski para reparar los daños del encuentro en la Casa Blanca).
Se perdió esa oportunidad, pero el sorteo del Mundial se presenta como la mejor opción para ese encuentro: es un acto formal, en el Centro Kennedy, estará también el premier canadiense Mark Carney. Y, sin duda, además de la actividad protocolar, habrá espacio para encuentros privados, en un momento en el que la agenda tri y bilateral crece, un día sí y el otro también, sin que se cierren los temas.
Ayer mismo, poco después de que la Presidenta hablara de que el hecho de que los tres mandatarios estuvieran juntos en el sorteo mundialista fortalecería el T-MEC, Trump declaraba que quizá no iniciará la renegociación del tratado, que lo dejaría que se agote en 2026 y entonces comenzaría a crear uno nuevo. No es una ocurrencia.
Cuando se ven la cantidad de objeciones que existen de prácticamente todos los sectores productivos, financieros y de servicios sobre el T-MEC en Estados Unidos, la mayoría de las ocasiones por evidentes vulneraciones del mismo por parte del gobierno de López Obrador o del tristemente célebre plan C que se aprobó en esta administración, suena lógico que, en vez de remendar un tratado existente y que ha sido vulnerado, es mejor emprender la negociación de uno nuevo, donde Estados Unidos y Canadá quieren imponer acuerdos que van mucho más allá del T-MEC.
Primero, un convenio democrático para que las instituciones, incluyendo las de justicia, estén homologadas, en normas y procedimientos, en la forma y el fondo para operar institucionalmente los problemas. Quieren, además, un convenio paralelo en seguridad que homologue también criterios e instituciones y en donde haya compromisos adquiridos comunes. Dentro de eso hay propuestas de acuerdos en comunicaciones y ciberseguridad. Y todo en la lógica de sí tener un sólido mercado de América del Norte, como una sólida entidad económica, pero también de seguridad y posiblemente defensa en un mundo que se fracciona en bloques y donde el principal adversario es China. No está tan alejado de lo que es la Unión Europea.
Si se avanza hacia ese esquema, México no tiene más opciones que aceptarlo, primero, porque es benéfico para el país y la región, daría estabilidad y crecimiento, y se podrían colocar temas en esa agenda común (pienso, sobre todo, en regularizar la migración), y porque, además, es la tendencia que están siguiendo los otros países de competir a partir de sus bloques y porque, además, ha cambiado el momento en América Latina. Política e ideológicamente México se está quedando sin aliados en la región, hoy, sólo Brasil (en realidad, un competidor geopolítico) y Colombia, gobernado por el impresentable Gustavo Petro, tienen simpatías ideológicas con México, y ambos países tienen elecciones en 2026, en las que puede ganar la derecha, como lo está haciendo en todos los demás países de la región.
Sinceramente, creo que a la presidenta Sheinbaum le irá bien en Washington, que Trump no hará ningún desplante y que incluso la tratará caballerosamente. Eso no quita que no lleguen los reclamos, las propuestas y los objetivos puestos en la propia estrategia trumpista, por ejemplo, Venezuela, pero también la corrupción, el narcotráfico, la migración, la energía, las inversiones, la presencia china y rusa en México, la certidumbre jurídica y mucho más. Se necesitará pragmatismo, decisión y capacidad de abrir puertas por las cuales transitar en todos estos temas en 2026 con encuentros formales de presidentes y negociadores mucho más cotidianos para acordar esa agenda que, con renegociación del T-MEC o la elaboración del nuevo tratado, nos obligará a hacer cambios muy profundos que sería suicida no aceptar. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 8)

(Xolo, 24 Horas, Página 2, p. 2)

(Obi, Reforma, Opinión, p. 8)