Bajo Reserva
El AIFA se ve más bonito con Ovidio y 30 mil deportados al mes
Nos cuentan que en unas cuantas horas, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles se empezó a ver más bonito, al menos a los ojos de los responsables de la seguridad del presidente estadounidense Joe Biden durante su visita a México, a partir del domingo próximo. No es que se hayan realizado obras para mejorarlo, sino que después de la captura de Ovidio Guzmán en Sinaloa, que tuvo a Washington más de tres años en espera de que por fin se cumpliera su solicitud de arresto con fines de extradición, y luego de que el gobierno mexicano se comprometió a recibir 30 mil deportados al mes con el famoso Título 42 de la política migratoria del país vecino, el Servicio Secreto que cuida a don Joe dio el sí para que el visitante aterrice en el AIFA, como quería el presidente Andrés Manuel López Obrador. “Así sí baila m’hija con el señor”, parece que dijeron en la Casa Blanca a la petición que les llegó desde Los Pinos. (El Universal, A2, p.2)
Estira y afloja / Ovidio e histórica migración a Canadá
Al igual que el 1 de diciembre del año pasado, este lunes se analizarán los temas clave en la relación México-Estados Unidos donde, además de la seguridad y el combate a la delincuencia transnacional que incluirá la detención de Ovidio Guzmán López, se abordará la facilitación comercial, la migración, la infraestructura y la competitividad de América del Norte.
Los presidentes Andrés Manuel López Obrador y Joe Biden revisarán los compromisos del Diálogo Económico de Alto Nivel (DEAN), que incluyen fortalecer las cadenas de suministro de semiconductores, tecnología de la información, las comunicaciones y la inversión en infraestructura fronteriza, donde EU canalizará 3 mil 400 millones de dólares en 26 proyectos de construcción y modernización en puertos de entrada terrestres, y México mil 500 millones.
Están los acuerdos de división de ingresos en la Mesa de Otay entre México y California, y la construcción del segundo puente ferroviario entre Nuevo Laredo, Tamaulipas y Laredo, Texas que acelerará el comercio bilateral a partir de 2024. En el tema de solución de diferencias está el plan de acuerdos amistoso presentado por México para resolver con EU y Canadá los temas de energía eléctrica, oleoductos y protección a inversiones.
El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, también estará muy atento a los acuerdos migratorios, una vez que en 2022 Canadá registró un número histórico de nuevos residentes permanentes con 431 mil 645 por su enfoque sobre inmigración para impulsar la economía y a las empresas locales. “Esto representa el mayor número de personas recibidas en un año en la historia en el país”, destacó Sean Fraser, ministro de Inmigración, Refugiados y Ciudadanía.
Esa dependencia procesó aproximadamente 5.2 millones de solicitudes de residencia permanente, temporal y ciudadanía para abordar la aguda escasez laboral y construir una economía sólida en el futuro. La última vez que Canadá recibió a un número tan grande de recién llegados fue en 1913, y aunque la presencia de mexicanos aumenta, su influencia no es mayor; en EU el número de mexicanos ocupados en negocios, ciencia y artes es de 3 millones 555 mil, y de éstos un millón 565 mil están en gestión, negocios y finanzas.
Cuarto de junto
Padres de familia de niños y jóvenes del Instituto Cumbres Internacional y Prepa Anáhuac cercanas al Centro Comercial Pabellón Bosques, en Tecamachalco, denunciaron la construcción del casino Kings en ese sitio y demandaron la atención de la alcaldía Cuajimalpa, que encabeza Adrián Rubalcava Suárez, por el alto riesgo que representa ese tipo de negocios cerca de centros escolares. Durante su manifestación portaron pancartas con un ¡No a la corrupción de casinos cerca de las zonas escolares! y ¡Cero tolerancia a casinos cerca de las zonas escolares! (J. Jesús Rangel M., Milenio, Negocios, p.22)
Corporativo / Migrar a Canadá
En tema que ha quedado pendiente en la creciente relación comercial de México con Estados Unidos y Canadá es la movilidad laboral, en donde existen avances que tendrían que replicarse.
Como es público, en los últimos años estudiantes, emprendedores y profesionales en varias ramas han buscado nuevos horizontes entre nuestros socios del Tratado México, Estados Unidos, Canadá (T-MEC), un proceso que incluso la pandemia del coronavirus no interrumpió, y que refleja la necesidad de tener mecanismos institucionales para la migración ordenada ante los cambios que experimenta la demografía y el mercado laboral.
En el caso específico de Canadá, por su demografía, la migración ha servido además de vehículo para apoyar a empresas que buscan talento, amén que se reconoce la importancia de ese capital humano para la economía del país de la flor de maple, y sólo el año pasado el gobierno de primer ministro Justin Trudeau dio la bienvenida a 431 mil 645 nuevos residentes permanentes, según cifras oficiales.
En ese contexto, una firma de abogados que ha expandido sus servicios en nuestro país para ofrecer servicios legales ligados a la migración tanto a trabajadores, estudiantes como empresarios es EXEO que dirige aquí el canadiense Marc-André Séguin.
Séguin encabeza una firma de abogados que ha servido además de enlace con autoridades laborales mexicanas e incluso algunos gobiernos estatales para apoyar la migración ordenada de trabajadores de los sectores agrícola y de salud a Estados Unidos y Canadá en el entendido que existe una oferta permanente de empleo en ambos países, y que se intensificó por la pandemia.
En el caso de Canadá, el ministro de Inmigración, Refugiados y Ciudadanía, Sean Fraser, dijo esta semana que esa nación alcanzó un nuevo récord el año pasado en lo que refiere a nuevos residentes permanentes, cifra que superó a la de 2021 en un fenómeno que no se veía desde 1913.
Fraser dijo que esa cifra no hubiera sido posible sin los empleados inscritos al Servicio de Inmigración, Refugiados y Ciudadanía de Canadá (IRCC), que continúa elevando la lista, ya que sólo el año pasado procesó más de 5.2 millones de solicitudes de residencia permanente, temporal y ciudadanía, lo que significó el doble de la cantidad de solicitudes procesadas en 2021.
La gran demanda de nuevas solicitudes de migración o de visas especiales resalta la operación de EXEO que, como le digo, ha logrado enlaces con las empresas que buscan talento en Canadá, que a partir de la aguda escasez que registra el mercado laboral, además de la buena relación que tiene con universidades y otras instituciones educativas para los mexicanos que deciden estudiar en ese país.
Se trata de servicios que ofrecen tranquilidad y certeza para las personas y familias que buscan migrar ya sea de manera temporal o permanente, y donde la idea es evitar cualquier sorpresa. (Rogelio Varela El Heraldo de México, Merk2, p.17)
Desde afuera / Una visita importante
Cuando el presidente Joe Biden llegue a la capital mexicana, el lunes próximo, será después de una escala en El Paso, en la que será su primera visita en la frontera con México, para subrayar además, la importancia que tienen para su gobierno los temas paralelos de migración y violencia.
Y de paso, para recalcar su inclusión en la agenda de su reunión bilateral con el mandatario Andrés Manuel López Obrador en la Cumbre de Líderes de América del Norte que se celebrará del 9 al 11 de enero en la CDMX.
Más allá del debate político creado por la pública petición del Presidente mexicano para que el Air Force One llegue al polémico Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) sobre la base aérea en el que aterrizará el avión presidencial estadounidense, la atención real está centrada en el diálogo entre ambos mandatarios.
Y en ese sentido, en la necesidad que cada uno tiene de la colaboración del otro.
Si Biden llega al AIFA puede reclamar un enorme favor al mexicano, que hizo notar la importancia política del tema en la polémica que rodea la transformación de la antigua base aérea.
Pero el Presidente de EU tiene intereses propios que cuidar, y AMLO tiene a su vez un elemento clave.
El tema migratorio y la frontera se han convertido en vulnerabilidades político-electorales para Biden y los demócratas, que ya inician sus preparativos para los comicios de 2024.
Los republicanos han criticado implacablemente a Biden por la crisis fronteriza, que el demócrata no ha visitado en dos años a pesar de que amigos y adversarios consideran que se trata de una situación insostenible, en todos los niveles, desde lo humanitario a la seguridad.
Según algunas fuentes, una de sus posibles fórmulas paliativas sería convencer a AMLO, de aumentar la seguridad en su propia frontera sur para interceptar a los migrantes que llegan desde América Central.
Esa consideración le vendría bien a López Obrador, que al igual que el estadounidense tiene interés en abordar las causas de migración y, propuesto, una integración económica hemisférica. En qué medida coincidan sus posturas puede determinar en mucho el tono de la relación bilateral.
No sería el único punto, en una relación tan extensa y tan profunda como la que mantienen ambos países y de cuya importancia ambas sociedades y sus políticos parecen a veces sólo vagamente conscientes.
Pero hay otros temas donde la colaboración sería importante. Los dramáticos tiroteos a cargo de grupos delincuenciales en diversas partes de México subrayan las quejas sobre el tráfico de armas desde EU, pero también una situación de seguridad general en la que Estados Unidos puede ayudar.
La resolución o acotamiento de los diferendos comerciales en torno al Tratado México-Estados Unidos-Canadá y su posible impacto en la integración económica regional conviene a los dos presidentes y a las dos naciones. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p.25)
Uso de Razón / Se enojó míster Biden
Es una magnífica noticia que el gobierno federal haya detenido a uno de los líderes del Cártel de Sinaloa, Ovidio Guzmán.
Ha mostrado que, cuando se quiere, se puede.
El Ejército y la Guardia Nacional realizaron la recaptura del capo que, por instrucciones presidenciales, dejaron libre hace tres años.
Cuando se quiere, se puede. Más aún si la detención fue en Jesús María, municipio de Culiacán.
En la sindicatura de Jesús María –perteneciente a Culiacán– está la presa Adolfo López Mateos, zona federal resguardada por la Guardia Nacional, que depende del Ejército.
Ahí se escondía, o no se escondía, el capo.
Su padre, el Chapo Guzmán, se ocultaba en la sierra.
Para el Departamento de Estado, el Cártel de Sinaloa es el más poderoso del mundo, por encima de las mafias siciliana, calabresa y colombianas.
De acuerdo con el gobierno de Estados Unidos, después del Cártel de Sinaloa, del cual Ovidio es una de sus cabezas, viene otro cártel mexicano, el llamado Jalisco Nueva Generación.
Así es que resulta imposible disociar la captura del capo con la visita que realizará a México, a partir del domingo, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden.
La Casa Blanca, el Congreso y un amplio sector de la opinión pública estadounidense ya no tienen más paciencia ante lo que ven como pasividad –en el mejor de los casos– del gobierno mexicano hacia el Cártel de Sinaloa.
Biden no podía venir a México a sonreír y tomarse la foto con López Obrador y Trudeau, y regresar a Washington con un ramillete de promesas y buenas intenciones que suelen expresarse en ese tipo de cumbres.
Narcotráfico y migración ilegal son dos de los problemas más acuciantes para quien gobierne Estados Unidos, y también para sus habitantes.
Esos flagelos –así los ven–, que entran por México, hacen vulnerable al presidente Biden.
Cerca de 110 mil estadounidenses murieron el año pasado por consumo de drogas –60 por ciento por fentanilo–, que entran por México casi en su totalidad.
¿Qué hace el gobierno mexicano para impedirlo?
Brindar una relación privilegiada a los grupos criminales, especialmente al Cártel de Sinaloa.
También el año pasado Estados Unidos registró una cifra récord de migrantes indocumentados que entran por México: 2 millones 400 mil detenciones de ilegales en la frontera.
Ese ritmo de crecimiento de drogas procedentes de México no es soportable para ningún gobierno estadounidense. Republicano o demócrata.
Tampoco resiste el vecino del norte la marejada de migrantes ilegales de manera desordenada, como ocurre.
Así es que Joe Biden no ha tenido más alternativa que dar dos manotazos sobre la mesa.
Vendrá a México luego de recibir una señal clara de que aquí se combate al narco.
Regresará a Estados Unidos con la recaptura de Ovidio.
Mostrará que él sabe cómo obtener resultados al sur de la frontera, en un tema prioritario de la seguridad nacional de su país.
Afortunadamente, el gobierno mexicano actuó con sensatez política y capacidad operativa.
El otro manotazo de Biden, previo a su viaje a México, fue el anuncio de nuevas restricciones para la migración a Estados Unidos.
Al tiempo que en la Ciudad de México se informaba la captura de Ovidio Guzmán, en Washington Biden daba a conocer la ampliación de programas para expulsar sin trámite alguno a quienes entren ilegalmente a Estados Unidos (Título 42).
Ni siquiera los solicitantes de asilo van a ser escuchados si entran ilegalmente al país del norte.
La expulsión será fast track.
Los mandarán a México.
Biden anunció que sólo recibirá a 30 mil solicitantes de asilo al año, de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Haití, con la condición de que sean requeridos por un tutor estadounidense.
Luego de este anuncio Biden viajará a El Paso, con la consigna de “paz y seguridad en la frontera”.
Y de ahí viene a México, el domingo.
Tanto abuso colmó su paciencia.
Por lo que respecta al narco, la captura de Ovidio es una buena noticia para México, en la medida que sea una política sostenida y no flor de un día.
Luego de esa reacción positiva del gobierno mexicano, más de alguien dirá “venga más seguido, míster Biden”. (Pablo Hiriart, El Financiero, Política, p.31)
En privado / A la segunda, pero cayó
La fallida captura de Ovidio Guzmán, el 17 de octubre de 2019 en Culiacán, puso el reflector en este hijo de El Chapo Guzmán.
Desde entonces, se convirtió en una obsesión para la Sedena y para el gobierno de Estados Unidos uno de los más buscados, solicitado en extradición, por lo que lo detuvieron entonces.
Pero la madrugada de ayer, en las vísperas del arribo del presidente Joe Biden a México, el lunes, para participar en la Cumbre de América del Norte, elementos de élite del Ejército activaron el operativo ultrasecreto, que traían de tiempo atrás, para capturarlo en el poblado de La Higuera, sindicatura de Jesús María, al norte de Culiacán, lo que, al igual que en octubre de 2019, detonó una violenta respuesta de sus sicarios que llevaron a la capital de Sinaloa a largas horas de terror, con tiroteos, incendios, bloqueos, quema de vehículos y escenas de guerra provocadas por la captura de este narcotraficante.
La ofensiva del crimen organizado llegó a tirotear un avión, un Boeing 737, de la FAM al aterrizar en el aeropuerto de Culiacán. Para esa hora, los militares ya tenían en una zona de seguridad al detenido para trasladarlo a la Ciudad de México y a la Fiscalía, en Reforma norte.
Hay que destacar la detención, a petición del gobierno de Estados Unidos, de Ovidio Guzmán, pero también la reiteración de la capacidad de respuesta de su grupo criminal, que si la relacionamos con el de la banda que el domingo en Ciudad Juárez asaltó el penal número 3 para rescatar, como rescató, a uno de sus jefes, dejando 17 muertos en la operación y ni un solo detenido, confirmamos los graves alcances de la delincuencia organizada que se ha convertido en el principal peligro para el Estado mexicano, que somos todos.
RETALES
A puerta cerrada / Golpe contundente y el ¿quid pro quo?
La proyección geopolítica de México debe comprenderse entre las grandes contradicciones entre el norte y el sur. En la coyuntura actual, la falta de liderazgo del régimen de López Obrador y su fracaso en que “..la mejor política exterior es la interior” ha quedado plasmada en el escenario dantesco—con secuelas en diversos estados y en esferas políticas aún difíciles de pronosticar—sucedido ayer con la detención del delincuente Ovidio Guzmán que fue liberado en 2019 por instrucciones presidenciales después de un desordenado, caótico y pésimo manejo de la crisis justificada con mentiras y que arrastró la credibilidad del gabinete de seguridad federal.
El terror que por horas se vivió en Sinaloa donde esa organización exhibió su poder para vulnerar zonas estratégicas como lo es un aeropuerto internacional y ¡disparar! contra aviones comerciales con pasajeros a bordo y contra aeronaves del gobierno no es cosa menor.
La detención del criminal ha sido epicentro de muchas lecturas, pero la principal es el timing en que se decide detener al capito que ha sido abrazado por la política de (in)seguridad de esta cuatroté que ha llevado a organizaciones criminales a controlar una parte importante del territorio nacional.
El “golpe contundente” a días del inicio de la Cumbre de Líderes de América del Norte también ¿fue una poderosa razón por la cual finalmente, con semanas de anticipación se tomó la decisión de pintar una raya a esa narrativa de los abrazos presidenciales?
Ese relato que ha ocupado espacios importantes en informes de inteligencia —los de Sedena incluidos en la filtración de los documentos “Guacamaya”— de un gobierno relacionado y coludido con cárteles y organizaciones trasnacionales que son parte de un debate legislativo estadounidense sobre terrorismo doméstico, empieza una nueva fase.
La hoja de ruta estratégica pasa por una serie de esferas bilaterales; Estados Unidos está en plena campaña electoral y México es una parte sustantiva de lo que serán las plataformas demócrata y republicana, nada de qué sorprenderse.
Indudablemente un tema será la red de vínculos político-criminales que empezarán a conocerse y que trastoca varias décadas.
En el centro de este torbellino de las consecuencias está la doble cara del poder en las técnicas políticas del gobierno estadunidense que le está aplicando con precisión a la cuatroté; el poder duro (“hard power”), simétrico y que reproduce una lógica retributiva.
El lunes en el encuentro-choque de las tensiones latentes entre la política de Joe Biden y López Obrador hay puntos nodales que ya llevaron la relación a un punto de inflexión. La esfera de la seguridad donde México ha fracasado de manera contundente ha empujado a Estados Unidos a presionar en varios frentes y en estos cuatro años la relación se ha lastimado y vulnerado construyendo un contexto enigmático lleno de asimetrías y ambigüedades.
De señales mañaneras donde los hechos y las palabras son contradictorias.
El asunto de la política energética y las constantes violaciones al T-MEC animan a vislumbrar una oportunidad de foto sonrientes y agradecimientos mutuos llenos de simulaciones enmarcados tras bambalinas por un escenario harto complicado aderezado por el tema migratorio clave en esta agenda bilateral. Pronto saldrá el diablo en los detalles.
Sin embargo, una de las incógnitas —aquí en México y en los Estados Unidos donde en breve inicia el juicio contra García Luna— que pronto se despejarán es ¿hubo quid pro quo detrás de la detención del capito criminal?
Y la pregunta de cajón, ¿quién se beneficia con esta detención? (Marcela Gómez Zalce, El Universal, Nación, p.12)
Estrictamente Personal El antes y el después de López Obrador
La realidad se hizo presente ayer en México. La captura de Ovidio Guzmán López, hijo de Joaquín el Chapo Guzmán, casi 39 meses después de que el presidente Andrés Manuel López Obrador ordenó su liberación para evitar un baño de sangre en Culiacán, pero que nunca autorizó que fueran tras él para ejecutar la orden de aprehensión con fines de extradición solicitada por Estados Unidos, es un cambio radical en su política de tolerancia con el narcotráfico, y en particular a la inacción contra todo lo que oliera al Cártel de Sinaloa. Por qué razones, no se sabe, pero el golpe de timón es saludable. En algún momento el jefe del Estado mexicano necesitaba mostrar que quien manda en el país es él, no los criminales.
Es fácil concluir que se debió a una presión de la Casa Blanca en vísperas de la visita del presidente Joe Biden a México –programada para el próximo lunes–, después de haber enviado múltiples mensajes en los últimos meses sobre la creciente participación del cártel en el trasiego de fentanilo, donde señalaban a Ovidio Guzmán López como el principal narcotraficante de la droga sintética que mató a más de 100 mil estadounidenses el año pasado, pero analizar lo que sucedió a partir únicamente de esa idea, por lo que significa la decisión, puede ser reduccionista.
Probablemente cedió a las presiones de Estados Unidos, como lo hicieron antes varios presidentes mexicanos, que regalaron a sus contrapartes estadounidenses capturas de capos de la droga en vísperas de un encuentro bilateral. Sin embargo, ninguno de ellos, a diferencia de López Obrador, les había extendido a los cárteles de la droga un salvoconducto y otorgado licencia de impunidad para hacer lo que quisieran. Para López Obrador, a diferencia de sus predecesores en los últimos 30 años, su decisión fue más difícil y más radical, porque quedó atrapado entre lo real y su ideal.
Por un lado, estaba su utópica política de “abrazos, no balazos”, que había defendido de manera sistemática y vehemente durante todo el sexenio, junto con el trato respetuoso a todos los líderes del narcotráfico; y por el otro, la creciente molestia y presión del gobierno de Estados Unidos –desde la administración de Donald Trump– por su falta de cooperación para lograr la detención –hasta el año pasado– y extradición de Rafael Caro Quintero, el exjefe del finado Cártel de Guadalajara, y al que hace lustros quieren en Washington que vaya a juicio por el asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena Salazar, en 1985.
La captura de Guzmán López no sólo es la más importante en lo que va del sexenio, sino marcará un antes y un después. El antes se había definido por el fracaso del primer operativo contra el hijo del Chapo Guzmán, el 17 de octubre de 2019 en Culiacán, donde la planeación pareció más que buscaba que no funcionara para detenerlo. Esa vez, la operación fue al mediodía, sin plan claro de extracción, y negociaciones trianguladas entre Iván Archivaldo Guzmán y las autoridades federales para que lo liberaran.
En esta ocasión, el operativo fue perfectamente ejecutado. Se realizó un trabajo de inteligencia de seis meses, según explicó el secretario de la Defensa, el general Luis Cresencio Sandoval, lo encabezaron los militares, respaldados por la Guardia Nacional y la Marina. Se llevó a cabo durante la madrugada, y cuando comenzaron a reaccionar en el Cártel de Sinaloa para impedir que lo extrajeran, Guzmán López ya estaba siendo trasladado a la Ciudad de México. Lo que no hubo en la captura fallida, existió en la de ayer.
La forma como durante horas batallaron en Sinaloa las milicias de la organización criminal contra las fuerzas federales muestra que también, a diferencia de lo que sucedió en 2019, se prepararon para esta eventualidad. Incluso, utilizaron en la ejecución de la operación y la contención de las milicias criminales, aeronaves artilladas como las que usó la Marina en 2017 cuando abatió en Tepic a Juan Francisco Patrón Sánchez, el H-2, líder en Nayarit y Sinaloa del Cártel de los Hermanos Beltrán Leyva, y que López Obrador criticó por haber causado una “masacre” violatoria de los derechos humanos.
El antes estaba reducido a confrontar sólo cuando hubiera actos flagrantes y estuviera en riesgo la vida de los militares, y replegarse y no actuar a menos de una agresión directa contra ellos. Igualmente se había caracterizado por un acoso permanente al Cártel Jalisco Nueva Generación, enemigo del Cártel de Sinaloa, para el que había deferencias y respeto por parte del Presidente, visitante frecuente de Badiraguato, el municipio donde nació el Chapo Guzmán, y cuna de varios de los capos más famosos de los últimos 40 años.
El después significa la ruptura con el Cártel de Sinaloa, y particularmente con los Chapitos, con quienes existía, si bien no institucionalmente, una alianza informal de facto. Por un tiempo indefinido se acabarán las visitas de López Obrador a Sinaloa y Nayarit, a donde tanto viajaba, por razones de seguridad. La alerta máxima que se prendió este jueves continuará por días y se mantendrá por algún tiempo, aunque se vaya reduciendo el grado de riesgo. El discurso de “abrazos, no balazos”, sonará hueco, porque quedó demostrado, con la realidad, que regalar dinero a los jóvenes y permitir la impunidad no lleva a la pacificación.
López Obrador, en la derrota de su dogma sobre la seguridad, en realidad gana, siempre y cuando no se arrepienta más adelante y dé marcha atrás a lo que comenzó ayer. Puede mantener su confusión de tratar a los narcotraficantes como guerrilleros, sin distinguir entre una lucha por motivos políticos y un negocio ilícito, pero si su voluntad política utiliza la información de inteligencia para su toma de decisiones, habrá dado un paso adelante que lo beneficiará a él, a su gobierno y al país en general. Ningún cartel tiene más fuerza que el Estado, y al fin el Presidente decidió dejarlo en claro. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Política, p.32)
Globalística / La Cumbre de Líderes de América del Norte
La Cumbre de Líderes de América del Norte llega en un momento en el que México y Estados Unidos están teniendo pequeños deslices en sus relaciones, especialmente por el tema político-económico y las tensiones que no cesan en torno a diferentes cuestiones en la frontera que divide a ambos países. Canadá, por su parte, es un país que resulta ser el más cómodo para negociar o para tener una agenda bilateral sin muchos problemas, principalmente ante un control más fuerte que ya se tiene en lo migratorio con México. Por otra parte, con Estados Unidos, Canadá está luchando el tema de los lácteos dentro del T-MEC.
En sí, aunque el formato es totalmente trilateral o es formalmente llamado “cumbre”, las incógnitas quedan más en los temas bilaterales, que en lo que pueda suceder a nivel Norteamérica.
Los tres países gozan de un tratado de libre comercio que no ha podido, muy a mi parecer, despegar o ir hacia un objetivo común desde que se transformó totalmente en 2018 y entró en vigor desde el primer día del mes de julio de 2020. Falta competitividad y crecimiento, especialmente ante un mundo que está tratando de resurgir después de la pandemia y de las dificultades económicas que se presentan en estos momentos. Falta echar a andar esos mecanismos que se transformaron para hacer un T-MEC más fuerte en la región.
No veo en sí una ruta fija o un camino donde los tres países norteamericanos quieran seguir juntos para consolidar su bloque. Y se entiende que en estos tres últimos años cada país de la región norteamericana tiene serios problemas económicos, migratorios, políticos y ambientales, pero falta más compromiso para que juntos puedan desarrollar verdaderamente al monstruo que es Norteamérica.
Los cambios políticos en Estados Unidos han afectado en gran parte a la región, fundamentalmente durante la administración de Donald Trump y su política agresiva o proteccionista en torno a lo comercial y económico.
Falta diálogo, negociaciones y apertura entre los tres países.
Dentro de todo esto, me parece que la cumbre llega en un excelente momento ante un inicio de año donde, aunque existen controversias politiconas entre Biden y López Obrador, se puede llegar a un consenso general para lograr una agenda más profunda entre los vecinos que los divide el río Bravo.
Tendrá que haber un estira y afloje, pero al final, las autoridades mexicanas necesitarán ceder ante un presidente Biden que es callado, pero que, muy por debajo del agua, exige sutilmente mucho en el tema migratorio. Vamos, ya lo estamos viendo a unos días de que llegue el presidente cuadragésimo sexto de Estados Unidos, principalmente con los migrantes que están echando para México.
El evento trilateral empieza a carburar y comienzan las especulaciones sobre qué se hablará en los encuentros bilaterales que tendrán los líderes en Palacio Nacional. El tema de la cumbre lo calentó el mandatario mexicano esta semana con una propuesta al estilo El Padrino que le hizo a su homólogo estadunidense de aterrizar en el AIFA y no en el AICM. En sí, el furor de este evento comenzó apenas hace unos días.
La Ciudad de México será la sede de esta décima cumbre en su historia. Los tres amigos, que no son muy amigos, se verán las caras de nueva cuenta en un Palacio donde se negociarán cosas que no sabremos hasta días después.
Especialmente, siento que Biden viene muy fuerte a México. Será diplomático, pero seguro tiene guardados algunos ases para su encuentro con las autoridades mexicanas.
GANCHO AL HÍGADO
Los Reyes Magos le dieron un regalazo a Joe Biden antes de que venga a la Ciudad de México. El regalo es de Sinaloa. (Ricardo Ortiz Esquivel, Excélsior, Global, p.17)
Ventana política / Una Cumbre inédita
A tres días de que se lleve a cabo la Cumbre de Lideres de América del Norte en la Ciudad de México crecen las expectativas. Los acontecimientos registrados ayer pueden modificar la agenda de trabajo de la Cumbre y de la propia relación bilateral con los Estados Unidos.
Por un lado, el anuncio de nuevas medidas migratorias del gobierno estadounidense, con implicaciones directas para nuestro país. Se amplía el programa de asilo ofrecido a venezolanos, para beneficiar a 30,000 migrantes al mes provenientes de Cuba, Nicaragua y Haití que soliciten el trámite desde sus países. Esto implica que, a partir de hoy, los cubanos, nicaragüenses o haitianos que crucen la frontera de México hacia Estados Unidos serán excluidos de dicho beneficio y deportados a nuestro país, que “aceptará recibir 30,000 deportados al mes”.
Por su parte, la administración Biden apoyará con 23 millones de dólares a México y Guatemala para atender a estos y los demás migrantes y refugiados que han sido devueltos a nuestro país bajo el Título 42 establecido como medida sanitaria por el gobierno de Trump. De todo esto nos enteramos por el propio Biden. Ni el presidente López Obrador ni el canciller Ebrard abordaron el tema en la conferencia matutina de ayer.
El segundo evento fue la recaptura de Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán, tres años después del fallido operativo que terminó con su liberación por ordenes del presidente López Obrador.
Quedan muchas incógnitas respecto de la sorpresiva reaprehensión, más allá de la coincidencia con la visita de Biden. No quedó claro quiénes llevaron a cabo el operativo. Si se trató del Ejército o la Guardia Nacional, y si la Marina quedó al margen como se desprende de los comunicados.
También está la duda sobre la participación, o en qué grado, de las agencias norteamericanas, particularmente respecto de la DEA con la cual quedaron fracturadas las relaciones luego de la detención del gral Cienfuegos ex secretario de Defensa mexicano, en octubre de 2020.
Ahora habrá que ver si se responde a la solicitud de extradición a los Estados Unidos o se prolonga la estancia del detenido en el penal del Altiplano, con los riesgos que ello implica. Mientras Ovidio Guzmán esté en territorio nacional, los actos de violencia en Sinaloa y los estados aledaños podrían recrudecerse.
Pero la incógnita mayor es si el operativo se llevó a cabo sin instrucciones del Ejecutivo, como podría deducirse dada la total omisión del tema en la mañanera de ayer. Si esto es grave, más sorprendente fue la declaración del Secretario de la Defensa en cuanto a que la Guardia Nacional respondió con fuego al ataque armado de Guzmán y sus narcotraficantes.
Duro mensaje del Ejército hacia su comandante en jefe, que lleva cuatro años machacando los “abrazos, no balazos” y permitiendo que el crimen organizado humille a las fuerzas armadas que tienen la orden expresa de no responder.
Con este telón de fondo, la Cumbre de la próxima semana será inédita. (Verónica Ortiz El Heraldo de México, País, p.9)
X Cumbre de Líderes de América del Norte
Que todo está listo para el arranque de la Cumbre de Líderes de América del Norte con la confirmación de que los gobernantes de EU y Canadá sí llegarán a México vía el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, a petición de Andrés Manuel López Obrador, para reunirse durante la próxima semana. El presidente Joe Biden adelantó su llegada para el domingo por la tarde, después de una escala en la frontera, en El Paso, y el primer ministro Justin Trudeau arribará el lunes con horario por confirmar. Ayer aterrizaron de avanzada en Santa Lucía dos aviones Boeing de la Fuerza Aérea Estadunidense. (Milenio Al Frente, p.2)
En Privado
Historias de reportero / Ovidio: el logro y la ofrenda
Los dos escenarios eran idénticos. ¿Por qué entonces en 2019 soltaron a Ovidio y en 2023 sí lo detuvieron?
El 17 de octubre de 2019, fuerzas federales rodearon la casa del hijo del Chapo Guzmán en Culiacán, Sinaloa, y lo detuvieron. La respuesta del heredero del cártel de Sinaloa fue el caos: más de 4 horas de balaceras, quemas, bloqueos, amenazas contra la población civil y contra las familias de los militares.
Ayer, 5 de enero de 2023, en un operativo de fuerzas federales y estatales detuvieron a Ovidio otra vez. La respuesta del heredero del cártel de Sinaloa fue el mismo caos: al menos 12 horas de balaceras. Hubo 19 bloqueos y agresiones armadas. Tiroteos en las calles, se pidió a la población civil no salir de sus casas, se cancelaron las clases, un grupo armado tomó el aeropuerto de Culiacán, se reportó que fue alcanzado por una bala gran calibre un avión de Aeroméxico en tierra con pasajeros a bordo que tuvieron que resguardarse porque quedaron en medio del tiroteo.
El 17 de octubre de 2019, según el parte oficial que filtró el hackeo de Guacamaya y revelamos en Latinus, a las 19:30 horas de ese día “se recibió la orden por parte del C. Presidente de la República del cese del operativo para detener a Ovidio Guzmán López, al tomar la decisión con personal del Gabinete de Seguridad, con el fin de que se cesen los desmanes, y las Fuerzas Operativas se replieguen”. Lo soltaron. En la conferencia mañanera se dijo que el saldo fue de ocho personas muertas: un civil, cinco agresores, un interno de un penal y un guardia nacional.
Ayer a la 1 de la tarde, las autoridades confirmaron la detención y el traslado de Ovidio Guzmán a la Ciudad de México. Para esa hora, las balaceras en Culiacán llevaban más de 7 horas sin cesar. No estaba nada bajo control. Dicho por el propio gabinete de seguridad, las fuerzas armadas recibieron agresiones directas ante las que se defendieron Al cierre de esta columna, no sabemos el saldo fatal.
¿Qué cambió de octubre de 2019 a la madrugada de ayer? Nada.
Si en 2019 el argumento para detener el operativo fue no poner en mayor riesgo a la población civil (como ha repetido el presidente cada vez que le echan en cara su tibieza en ese primer “Culiacanazo”), ¿por qué esta vez dejó correr el operativo, puso en riesgo a la población civil y no soltó a Ovidio?
Porque el lunes aterriza en México el presidente de Estados Unidos, Joe Biden. En la política no existen las coincidencias. Y la cabeza de Ovidio puede ser una ofrenda de paz. Lo han hecho por décadas los presidentes mexicanos. AMLO no se sale de ese viejo guion. ¿Y por qué le importa Ovidio a Estados Unidos? Porque tiene una orden de aprehensión contra él desde el 2019. Incluso ofrecían 5 millones de dólares por información que llevara a su captura.
¿Por qué ahorita? Porque en el último año se han roto todos los récords de muertes por sobredosis de fentanilo, y Ovidio es reconocido en México y Estados Unidos por controlar ese tráfico ilegal. Para Biden, el trofeo de llevarlo en extradición sería hasta electoralmente muy valioso. Y haría más fácil olvidar los insultos, sanar las heridas y cerrar los ojos frente a los abusos de López Obrador.
SACIAMORBOS. El operativo fue otra vez un desastre. Exhibe una ineptitud rampante. Pero tener a un peligroso criminal tras las rejas es un logro para el presidente de México. Y si así va a ser, pues inviten a Biden más seguido (Carlos Loret de Mola, El Universal, Nación, p.8)
Rozones
BIDEN EN EL AIFA
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, aterrizará nada menos y nada más que en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, obra icónica de infraestructura del gobierno actual, a la que el Presidente no deja de buscar la manera de darle promoción. Fue la Cancillería la que informó ayer la decisión del jefe de la Casa Blanca de llegar hasta esa terminal a bordo del Air Force One y además hacerlo un día antes de lo esperado, es decir, el domingo 8 de enero. Su decisión representa, nos comentan, una deferencia importante hacia Andrés Manuel López Obrador, quien previamente había solicitado que así fuera en señal de amistad. En Palacio ya deben estar alistando, nos dicen, cámaras de video y foto para retratar al avión presidencial estadounidense en el momento del aterrizaje. Y habrá que ver cómo se da la recepción del mandatario norteamericano. (La razón, A2, p.2)
Cartón

(Reforma, Opinión, p.8)

(Fernando Llera, Excélsior, Nacional, p.6)