Mandan más músculo militar a Tabasco que a Tamaulipas
Luego de que un grupo criminal secuestró a 32 migrantes en Reynosa, Tamaulipas, y los dejó en libertad dos días después, el gobierno federal envió 850 elementos del Ejército para reforzar la seguridad, en tanto que a Villahermosa, Tabasco, tierra del presidente Andrés Manuel López Obrador, despachó a 2 mil 500 elementos, en su mayoría integrantes de las fuerzas especiales, tras la ola de atracos en esa capital la semana pasada. Nos hacen ver que ambas ciudades tienen cerca de 700 mil habitantes, pero en la tierra presidencial se decidió desplegar más músculo. Hay prioridades, pues.
¿Y la inauguración de la presa El Zapotillo?
En las conferencias mañaneras de Palacio Nacional se había anunciado que el 27 de diciembre del año pasado se inauguraría la primera etapa de la presa El Zapotillo, en Jalisco. Sin embargo, ese día el presidente López Obrador canceló la ceremonia porque se encimó una reunión con una delegación del más alto nivel del gobierno de Estados Unidos para enfrentar la crisis migratoria. Dos semanas después, no se ha fijado nueva fecha. ¿Será que todo está listo para que la primera etapa de la presa sea inaugurada o será que le habrá “caído como anillo al dedo” la reunión con los estadounidenses porque aún no está lista la obra? (Bajo Reserva, El Universal, Nación, p. A2)
POR CIERTO, finalmente la secretaria de Seguridad, Rosa Icela Rodríguez, aclaró que en el caso de los 32 migrantes secuestrados y después liberados por sus captores en Tamaulipas sí hubo un rescate… pero el que fue pagado por los familiares de algunas de las víctimas.
ESO SÍ, para nada es lo mismo que te rescaten las fuerzas del orden a que te rescaten tus familiares a fuerzas y con una orden… ¡pero de pago! (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 10)
No suele ocurrir que haya elecciones presidenciales el mismo año en México y Estados Unidos. Pasa solo cada 12 años, cuando coinciden los calendarios electorales en ambos países. Y esa coincidencia es una oportunidad para arreglar las cosas que no han funcionado. En este 2024 las combinaciones de posibles ganadores apuntan a destinos muy distintos.
Las opciones, desde luego, son: Trump-Claudia, Trump-Xóchitl, Biden-Claudia y Biden-Xóchitl. Llama la atención que las candidatas mexicanas sean conocidas por su primer nombre -y más cercanas a los votantes- que los candidatos estadounidenses, identificados por sus apellidos y más distantes de la gente.
En el 2024 mexicanos y estadounidenses escogeremos uno de varios posibles futuros. Para México, por ejemplo, no es lo mismo que gane Trump a que gane Biden. Si Trump regresa a la Casa Blanca podemos esperar las mayores deportaciones masivas de la era moderna.
Si Biden gana las cosas tampoco serán fáciles para México. En un solo día de diciembre entraron más de 12,600 migrantes ilegalmente a la frontera sur de Estados Unidos. Multiplica eso por 365 y verás el tipo de crisis que hay. Y por eso Biden va a pedir -¿exigir?- mucha mayor ayuda de México para limitar la entrada de indocumentados.
El presidente Andrés Manuel López Obrador dobló las manos, primero con Trump y luego con Biden, convirtiendo a México en la policía migratoria de Estados Unidos y en su sala de espera para los solicitantes de asilo político (con el programa “Quédate en México”). El reto para Claudia y Xóchitl es romper ese precedente. México no tiene por qué hacer el trabajo de la patrulla fronteriza estadounidense.
Además de la migración, los nuevos mandatarios de México y Estados Unidos tendrán que enfrentar de una manera distinta el problema de la violencia. No podemos aceptar como normal que haya casi 30 mil asesinatos por año en México. Estados Unidos puede ayudar mucho controlando el flujo de armas que van al sur de la frontera. Pero las dos estrategias que ha intentado México desde el 2006 -la guerra contra el narco y “abrazos, no balazos”- han sido un reverendo fracaso.
Xóchitl y Claudia tienen que calmar los gritos extremistas de los republicanos que piden intervenciones y operaciones militares estadounidenses contra los cárteles mexicanos de las drogas. Y la mejor manera de lograrlo es con una estrategia que libere carreteras y poblaciones, refuerce la presencia y poderío de las policías estatales y locales, y reduzca significativamente los asesinatos y desaparecidos. Ese será el gran reto de su sexenio.
Y ahora lo obvio. La cercanía entre México y Estados Unidos favorece que empresas mexicanas reemplacen productos de China. No, México no será la nueva China. Pero el nearshoring es más que un slogan. Empresas mexicanas puedan perfectamente suministrar partes y productos a Estados Unidos a precios competitivos y más rápido que los chinos. No importa qué Presidente o Presidenta gane en cada país, es más fácil venderle y comprarle al vecino.
Hay que aprovechar las coincidencias en este 2024.
Recuerdo una reunión en Guanajuato en febrero del 2001 entre los presidentes George W. Bush y Vicente Fox. El optimismo entre los dos nuevos mandatarios se desbordaba en el rancho de Fox. Hablaban de “toda la enchilada”; un término acuñado por el canciller Jorge Castañeda para describir un ambicioso acuerdo migratorio entre ambos países. Pero los actos terroristas del 9/11 lo destruyeron todo y comenzó la actual era antiinmigrante en Estados Unidos.
Trump, Biden, Claudia y Xóchitl pueden recuperar el entusiasmo binacional de hace más de dos décadas. Hay muchas cosas que pueden hacer juntos en materia migratoria, de seguridad y a nivel comercial. Estos vecinos distantes -como los describió el periodista Alan Riding- están más cerca que nunca y la idea de un nuevo comienzo siempre es emocionante.
El 2024 abre esa oportunidad. Esto solo ocurre cada 12 años… (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p. 8)
Las migraciones son un fenómeno universal y milenario. Siempre las ha habido y siempre las habrá, pero cada época histórica ha presentado modalidades migratorias particulares. Y para su comprensión, cada una de ellas requiere reflexión y análisis.
Aunque en general todas tienen una causa económica que las explica, son muy diversas sus singularidades. Por lo que toca a México, ahora mismo somos testigos de una novedosa expresión: las caravanas masivas y multinacionales.
Pero no sólo eso. Se trata también de migraciones de tránsito, cuyo destino final es Estados Unidos, país que se niega a recibirlas y darles refugio. Esta negativa de Washington constituye un tapón más o menos inútil ante una migración irrefrenable.
De modo que no hay solución a la vista. O, mejor dicho, no hay solución. Porque, en rigor, la migración no es el problema, sino el empeño en impedirla.
Así planteado el problema, su resolución es clara y está a la mano. Pero esa solución no se encuentra al alcance del gobierno mexicano. México ya hace lo que le corresponde. No criminalizar ni perseguir a los migrantes. Así como brindarles atención, protección, refugio y trabajo.
La salida se encuentra en Estados Unidos. Pero siendo posible tampoco es fácil. Una atmósfera social y política preñada de racismo, xenofobia, supremacismo, intolerancia y propaganda negra impide en los hechos un cambio de política migratoria.
No hay, sin embargo, alternativa. Y a la par que crecen y se trasforman las migraciones crecen las cotas de sufrimiento y desesperación de los migrantes.
Y los problemas se agudizan tanto en los países expulsores como en los de tránsito y destino. ¿Hace falta mucho seso para comprender esta situación? No, no es un problema de juicio, sino de prejuicio.
Prejuicios, ciertamente, con base material y sistémica. La repulsa a los migrantes esconde el interés del capital por asegurarse un statu quo que mantenga bajos lo salarios.
Porque la migración irregular o indocumentada posibilita y facilita la utilización de esa fuerza de trabajo sin derechos, prescindible, desechable y, por ello, superexplotada. Nuevamente el interés del capital sobre la razón, la equidad y el humanismo.
Con la solución a la vista y a la mano, sólo queda insistir, picar piedra, hasta que, poco a poco se vaya modificando esa atmósfera social y política que hoy obtura la solución, que a todos conviene, del ingente problema de las migraciones. (Miguel Ángel, Ferrer, El Sol de México, Análisis, p. 10)
Es lunes 1° de enero de 2024. Mmm. Primero de enero. Día anual de pensamientos e ilusiones. De sonrisas hacia adentro y miradas fijas en el vacío. Día de introspecciones y sueños por alcanzar. Pasan de las cinco de la tarde en la región de Arroyo San Miguel, 30 kilómetros al norte de Monterrey, Nuevo León. El tren, en cuyos lomos de hierro se montan los migrantes todos los días en su intento por llegar a la frontera con Estados Unidos, avanza. No va muy rápido, pero sí con suficiente potencia como para que sea temerario treparse a cualquiera de sus vagones de carga. La marcha de la bestia que rueda por el ferrocarril con sus toneladas a cuestas siempre es implacable: apenas tres días después de Nochebuena, el 27 de diciembre, la desgracia acabó con la alegría navideña de una familia centroamericana en La Piedad, Querétaro: una menor de 5 años cayó de un vagón. El monstruo de metal la engulló y luego la escupió a un lado de la vía. La niñita sobrevivió pero perdió la pierna derecha y sufrió heridas graves en la izquierda.
Hoy, Emma Dayana Portillo Centeno no tuvo esa suerte, si es que acaso se le puede llamar así —“suerte”— a perder una pierna, tener gravemente dañada otra, y sobrevivir desde los 5 años con mutilaciones que cargarás el resto de tu existencia; no, Emma Dayana, una bebita de cinco meses, no tuvo esa fortuna este 1° de enero de 2024 porque cayó de los brazos de su madre, se le resbaló cuando ésta trepaba al tren junto a su padre y La Bestia se sacudió severamente, tal como suele hacerlo de forma intempestiva. La chiquita murió justo ahí, por Arroyo San Miguel: su cuerpecito quedó tirado junto a las vías mientras la bestial máquina, con trayecto hacia Piedras Negras, continuaba su camino sin detenerse y su mamá, Lourdes Guadalupe Centeno, de 25 años, y su papá, Josué Alberto Portillo Martínez, de 22, los dos hondureños, quedaban levemente heridos porque ambos se lanzaron del tren para tratar de salvar a su bebé nacida ya en suelo mexicano, en Tapachula, Chiapas.
Encuentro imágenes de Telemundo sobre el entierro de la bebita en un pequeño ataúd blanco. Su joven padre, que porta una gorra de lana con la estrella azul y gris de los Dallas Cowboys y la bandera de Estados Unidos, se postra en el piso ante la tumba de su hija, llora desconsolado sobre una corona de flores blancas y araña la tierra con un gesto de furia, desesperación y desgarramiento.
—¿¿¿Por quéeee??? —grita a la nada—. ¡Ay, mi niña!
En otro momento la madre había estallado en llanto mientras la entrevistaban. Cómo se sobrepondrán a semejante tragedia estos emigrantes de Honduras. Cómo se cierra una herida de ese tamaño, como se habitúa alguien a una mutilación así, producto de ir a buscar su sueño americano, un sueño que a ellos se las ha convertido en una imborrable pesadilla mexicana. Y ahora, con dos hijos más a su lado a pesar de su corta edad, los padres seguramente tendrán que insistir y acercarse a la frontera con Eagle Pass, Texas, a ver si pueden cruzar a la hostil tierra del racista gobernador republicano Greg Abbott.
La emigración hacia Estados Unidos de cientos de miles de personas de Centroamérica y México, que siempre huyen de la pobreza o la violencia predominante en sus países -o se alejan de ambas circunstancias-, genera cada mes desgracias como la de Emma Dayana y sus padres. El Proyecto Migrantes Desaparecidos estima que, desde 2014, al menos 5 mil 116 personas han muerto y desaparecido en la frontera México-Estados Unidos. Eso da un promedio de 568 personas emigrantes muertas o desaparecidas por año, al menos una por día. Esta organización “documenta casos de personas migrantes (…) que han fallecido en el proceso migratorio (…). Dado que la recopilación de información es un reto -advierte- los datos deben considerarse como una estimación mínima”. Y sí: la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos estimó en 853 muertes en el año fiscal 2022.
Vaya tragedia permanente. Tenemos que hacer algo, pero ya… (Juan Pablo Becerra Acosta, El Universal, Nación, p. A7)
En este inicio de año, me permito elevar mi voz en una carta abierta con 10 peticiones que anhelo ver realizadas en el 2024. Confío en su magia ancestral para llevar estos deseos a cada rincón de México y más allá.
Paz en México: mi primera petición es simple, pero urgente. Deseo que la paz se instale en mi país. Que la violencia ceda su lugar a la convivencia pacífica y que los ciudadanos puedan transitar por las calles sin temor.
Un proceso electoral y transición presidencial en paz y civilidad. Que la contienda se dé en los cauces institucionales, sin violencia ni desconocimiento de los resultados. Que el cambio de estafeta en el gobierno se lleve con altura de miras y visión de Estado.
Políticas económicas sensatas y pragmáticas frente a la inflación global y la desaceleración. Que no se tomen decisiones abruptas ni se abandone la disciplina fiscal y financiera. Que el próximo gobierno muestre responsabilidad para mantener la estabilidad.
Un gobierno entrante, sea de Claudia Sheinbaum o Xóchitl Gálvez, abierto al diálogo con todos los sectores de la sociedad. Que construya acuerdos y consensos para un proyecto incluyente. Que contemple a todas, todos, todes…
Recursos y decisión política para rescatar y transformar el sistema de salud pública. También para modernizar la educación e impulsar la economía del conocimiento.
Mayor inversión en ciencia, tecnología e innovación. Que la iniciativa privada y el Estado alienten la investigación y el desarrollo.
Acuerdos migratorios regionales con visión humanista y de largo plazo. Soluciones integrales para atender los flujos desde Centroamérica.
Leyes ambientales efectivas y su aplicación para reducir emisiones y proteger la biodiversidad. Incentivos a las energías limpias.
Programas focalizados y políticas redistributivas para reducir la desigualdad y pobreza. Impulso al salario y oportunidades reales.
Cooperación global para enfrentar la crisis climática y cumplir los compromisos del Acuerdo de París.
Valores de paz, empatía y solidaridad para construir un mundo y un país más justo. Porque todos somos parte de la misma humanidad. Que el hate encuentre que siempre será un boomerang y termina por destruir a todos.
Educación de calidad para todos: que cada niño tenga acceso a una educación de calidad, independientemente de su lugar de nacimiento. La educación es la llave que abre puertas y construye futuros.
Salud y bienestar global: pido que la salud sea un derecho universal. Que el acceso a servicios médicos de calidad no sea un lujo, sino una garantía para todos los habitantes del planeta.
Inclusión y respeto por la diversidad: que en este año, la inclusión y el respeto por la diversidad sean banderas que ondeen alto en todos los rincones del mundo. Cada ser humano merece ser reconocido y respetado por su singularidad.
Diálogo y soluciones pacíficas: que los líderes mundiales opten por el diálogo en lugar de la guerra. Que la diplomacia prevalezca sobre la violencia, construyendo puentes en lugar de muros.
Ética en el desarrollo tecnológico: la tecnología avanza a pasos agigantados, pero pido que este avance vaya de la mano con la ética. Que la innovación respete la privacidad y preserve la humanidad de cada individuo.
Queridos Reyes Magos, sé que estas peticiones son grandes y complejas, pero confío en la magia de la esperanza y la voluntad humana. Que cada uno de nosotros, inspirado por la posibilidad de un futuro mejor, contribuya a hacer de este año un periodo de verdadero progreso y bienestar para todos.
Con gratitud y esperanza,
Yuriria (yo, como millones de mexicanas y mexicanos, me porté muy bien este año. Tráiganme al menos la mitad de mis regalos. ¡Ya dejen de traer sólo carbón o un cuerno bien retorcido!). (Yuriria Sierra, Excélsior, Pulso Nacional, p. 12)
El optimismo inteligente implica la aceptación real de los problemas y su análisis a partir de los recursos que tenemos.
La esperanza positiva es la que busca soluciones, es activa y construye una salida a partir de lo que tenemos para cambiar el curso de situaciones adversas.
Dr. Alfonso Rodríguez
Recibimos el año con una serie de retos, pendientes, promesas incumplidas, esperanzas fallidas y expectativas en duda, sin embargo, no podemos abdicar a expresar nuestros mejores deseos a esta gran nación, a nuestro México y debemos hacerlo con optimismo inteligente y esperanza positiva; con fuerza, voluntad, coraje, entusiasmo y confianza, construyendo de manera colectiva, herramientas fundamentales para alcanzar las metas que nos hemos trazado.
Los cambios vendrán en lo social, económico, jurídico y, sobre todo, político, una mezcla dañina alimentada por un resentimiento social, odios y fracasos en un círculo vicioso que se retroalimenta cada día.
La inseguridad no cesa y los actos extorsivos aumentan, como recientemente sucedió con el secuestro de una treintena de migrantes en el norte del país, la delincuencia campea al amparo de la corrupción y la impunidad, y aumentan las venganzas políticas con el ejercicio perverso de supuestas acciones de justicia.
El acecho al Poder Judicial se incrementa, ahora con una ministra belicosa al interior de la Suprema Corte, cuya designación, inédita, fue hecha por la gracia del Ejecutivo, quien al asumir el cargo acusa y descalifica a la propia SCJN, con un discurso harto demagógico y con inquina, fuera de lugar, aplaudido y festejado como si se tratara de un mitin, ¿o mitote?, por familiares y seguidores de un partido político, que llenaron el salón de plenos de la institución.
Ignora la flamante ministra, de lenguaje florido, el principio de derecho constitucional que establece que: “El Poder Judicial juzgue no sólo el hecho, sino principalmente de la ley con relación a la Constitución, para que ésta impere siempre y que limite los poderes públicos, para no atentar nunca a los derechos del hombre. Éste es el fin principal del Poder Judicial”.
En lo económico, el ingreso de divisas por factores exógenos, el más cuantioso, pero también el más doloroso, es por las remesas de los mexicanos que con gran sacrificio y trabajo envían a sus familias en nuestro país. Remesas que no están exentas de las garras de la delincuencia organizada y que son destinadas en ocasiones al pago de extorsiones, rescates o al blanqueo, sin que la totalidad de dichos recursos terminen completamente en manos de sus legítimos destinatarios.
Las previsiones del Banco de México respecto de la inflación son superadas y rebasarán 4% para este año, las arcas del gobierno casi vacías, los compromisos de pago por la enorme deuda externa en riesgo, debido al excesivo gasto en obras inconclusas que han rebasado, por mucho, lo presupuestado.
El complejo problema de salud y desabasto de medicinas, pues las autoridades en la materia ignoraron de manera atropellada la cadena de accesos a los medicamentos, generando un caos en los procesos de adquisición y distribución.
La megafarmacia recientemente inaugurada por el Ejecutivo, no resuelve con el acopio de todas las medicinas del mundo el desabasto, grave problema de salud, pues, entre otras cosas, no se consideró la caducidad de dichos medicamentos, el alto costo financiero, el almacenamiento apropiado y el control básico de mínimos, máximos y desde luego la distribución.
La opacidad continúa campeando en los actos de gobierno, básicamente en la asignación directa de contratos sin concurso o licitación, amparados por el absurdo de generalizar dichos actos con la improcedente calificación de “seguridad nacional”.
El mayor reto para la democracia mexicana será el proyecto, anunciado por el Ejecutivo, sobre reformas, adiciones y derogaciones de diversas disposiciones de la Constitución, en tiempos electorales. (Federico Ponce Rojas, Excélsior, Nacional, p. 10)
Media docena de aspirantes tienen la intención de arrebatarle la candidatura presidencial republicana al exmandatario mediático Donald Trump; destacan el gobernador de la Florida, Ron DeSantis, y la exgobernadora de Carolina del Sur, Nikki Haley, aunque ninguno de los dos se atreve directamente a increpar al magnate.
Trump tampoco les ha dado la oportunidad de medirse con él, porque no ha asistido a los debates de los precandidatos de cara a la Convención Republicana: se siente seguro de su fuerza política y lo ve como una perdedera de tiempo.
Lo peor de todo es que es posible que el exmandatario tenga razón, porque su popularidad sigue en aumento de cara al próximo 15 de enero, día en que se celebrará el primer caucus republicano en Iowa.
A DeSantis y Haley les urge un buen resultado para poder seguir en competencia, pero no se atreven a atacarlo, por ejemplo, sobre la responsabilidad clave que podría hacerlo tropezar en unas elecciones generales y que lo perseguirá en la historia: su asalto a la democracia estadounidense.
Si algo le incómoda al magnate es su presunta responsabilidad en el asalto al Capitolio de Estados Unidos, el 6 de enero de 2021, cuando partidarios del entonces mandatario saliente irrumpieron en la sede del Congreso.
La acción buscaba evitar la certificación de la victoria del demócrata Joe Biden en las presidenciales de 2020, pero fracasó, aunque sí dejó cinco muertos, daños físicos y saqueos al Capitolio. Por ese hecho, Trump ya enfrenta una demanda por un grupo de policías debido a su comportamiento.
La reticencia de DeSantis y Haley podría sugerir una mala praxis de campaña y traicionar una falta de coraje político a medida que Trump adopta un tono cada vez más autocrático ante una posible Presidencia, que promete utilizar para la retribución personal.
Como dijo un votante de Iowa a DeSantis en una pregunta escrita en un foro de Gray TV: “¿Por qué protege a Trump? ¿De qué tiene miedo?”.
Pero para nadie es un secreto que la postura de sus oponentes tiene sentido estratégico, dado que el expresidente tiene el control aún más firme sobre el Partido Republicano que cuando abandonó Washington en desgracia.
El poder y dominio de Trump se basa en parte en su carácter disruptivo, su negativa a seguir las reglas del juego y su estatus de héroe popular entre los votantes republicanos. Sobre todo, por su radical discurso antinmigrante.
Pero su poder también se ve reforzado por el desinterés generalizado de las bases por cualquier intento de pedirle cuentas por su comportamiento antidemocrático, pese a que enfrenta cuatro juicios.
Esta burbuja de poder mediático, creada por Trump, es la que intimida a sus rivales de partido, que a lo mucho buscan algún ataque disfrazado para que no se vaya a molestar el magnate.
Antes de que comience la lucha electoral republicana, parece que ya hay un ganador. No sólo eso, a una buena parte del mundo le preocupa el regreso a la Casa Blanca de un déspota con aires de emperador, y es que tampoco hay resistencia en el lado demócrata. (Israel López Gutiérrez, El Heraldo de México, El Orbe, p. 11)
Algunas especies de dinosaurios migraban. Insectos como la mariposa monarca migran. Las aves migran. Ballenas y tortugas migran. En tierra existe un proceso peculiar, en las sabanas africanas: cada año, un millón y medio de ñus, con cebras y antílopes en menor medida, recorren el parque nacional del Serengueti, entre Kenia y Tanzania, en busca de mejores pastos.
Sin embargo, ese espectáculo conlleva peligros mayores y a cada paso deben ir sorteando obstáculos y evitando a los depredadores. Manadas de leones, familias de guepardos, jaurías de licaones y de hienas, todos siguen cada paso de los viajeros, que se aventuran no solo a desafiar esa custodia mortal a ras de pastizal, sino que deben también cruzar ríos infestados de cocodrilos.
Cuando hayan llegado a su destino el grupo resentirá múltiples bajas, decenas y decenas devorados por felinos, cánidos y reptiles, otros lastimados y exhaustos que ya no podrán hacer el éxodo de regreso. En medio de todo ese frenesí, centenares de turistas atestiguando la lucha por la vida y en tierras más inhóspitas cazadores furtivos acechando trofeos para sus salas.
La analogía de la sabana con lo que pasa a diario en México, como paso obligado para los migrantes, dista de ser mínima. Las caravanas deben pagar desde cada país de Centroamérica del que parten por el “servicio” de cruzar al norte del río Suchiate, donde un infierno de coyotes, narcotraficantes, agentes corruptos y entorno hostil, racista, los espera para exprimirles cada dólar.
Cuando han logrado superar la primera escala, Chiapas, el camino se irá complicando, porque escaseará la comida. Deberán recurrir a trenes de carga y a pedir limosna. Los que cuentan aún con dinero, pagarán un lugar en autobuses con disfraz de servicio de pasajeros que son trampas: el nuevo infierno se llama secuestro.
Los pocos que superen el río Bravo, sanos y salvos, tendrán un reto mayor: autoridades racistas, antimigrantes, como el gobernador de Texas, Greg Abbott. El camino es tanto o más peligroso que el de los ñus. (Alfredo Campos Villeda, Milenio, Cultura, M2, p. 23)
Montaje

(Jerge, La Jornada, Política, p. 8)
Clasistas pero incluyentes

(Fer, El Universal, Opinión, p. A17)