La intervención de Estados Unidos en Venezuela no sólo cambia la correlación de fuerzas en ese país sudamericano, que en la práctica se convirtió en un protectorado; también transforma las relaciones de poder en el resto de América Latina.
Las organizaciones internacionales como la ONU y la OEA no influirán en este proceso, simplemente porque no tienen poder. Si no lograron jugar un papel relevante en los casos de Israel con Palestina ni en el de Rusia con Ucrania, mucho menos lo harán en el caso comentado.
Para México, las presiones aumentarán en todos los campos de la vida política y económica. En esta última materia destacan el sector energético, el estado de derecho y las negociaciones del nuevo tratado comercial.
En cuanto al petróleo y la electricidad, se buscará abrir el sector a la competencia mediante de la participación de empresas privadas, en especial en la generación de electricidad, ya que se requieren grandes inversiones para el desarrollo de la inteligencia artificial y el gobierno no cuenta con recursos para enfrentar este reto. También habrá que cuidar el envío de petróleo a Cuba, proceso que estará en la mira del secretario de Estado, Marco Rubio.
En el caso del estado de derecho, la reforma judicial no fue del agrado de Washington y presionará para cuidar sus intereses. Nacionalizaciones, estatizaciones y frenos a los capitales estadunidenses serán vigilados con lupa.
La revisión del tratado comercial irá más allá de los intercambios de mercancías. Si Canadá y México quieren seguir en el convenio tendrán que abrir sus economías al socio más grande y cerrar sus fronteras a otras naciones, como acaba de suceder con China y otros países. México impuso fuertes aranceles con el pretexto de fortalecer la planta productiva y el empleo. Además, se estimulará la inversión regional frente a la de otras partes del mundo.
No hay que descartar en las negociaciones compromisos en materia de seguridad, tanto jurídica como física, para las empresas y para frenar el paso de drogas y migrantes a Estados Unidos. Quizá esta parte no quede por escrito, pero será uno de los compromisos de México y de Canadá. (Miguel Pineda, La Jornada, Economía, p. 20)
En estos aciagos días de intervencionismo atroz y atropello del derecho internacional, no han faltado las comparaciones entre México y Venezuela. Incluso para aquellos, ilusos que aplaudirían un operativo semejante al que implementó Estados Unidos en contra de Maduro. Que vinieran a deshacerse de todos los narcos mexicanos y de todos lo políticos cómplices ligados al crimen organizado.
Existen múltiples, enormes e infinitas diferencias entre ambos países, en dimensiones tan distintas como la institucional –ciertamente en deterioro creciente en México bajo el gobierno de Morena– o la industrial, o la empresarial, pero incluso simplemente la política en términos de fuerzas de oposición, hoy disminuidas, pero con trayectoria y experiencia en México.
Pero ante todo, la más importante, radica en la estrecha y profunda relación con Estados Unidos.
No sólo somos vecinos, socios, aliados –incluso en estos tiempos polarizados– sino además compartimos poblaciones de millones de habitantes que son de ambos países.
Pero vamos a lo relevante: Claudia Sheinbaum ha sido una excelente colaboradora del gobierno de Trump. En términos fronterizos, migratorios, comerciales –ya nos alineamos incluso en aranceles contra China– pero sobre todo de seguridad y combate al narcotráfico.
A diferencia de su antecesor, la presidenta actual comprendió que no podía tener cartas de negociación frente a Trump si no lanzaba operativos, detenciones, arrestos y confiscaciones a la organizaciones del narco.
El problema después de la intervención el sábado y la extracción de Maduro, es que Trump quiere más.
Su interés –revise usted en detalle la conferencia del sábado pasado donde habla de petróleo y energía 18 veces, y ni una sola vez menciona la palabra democracia– está concentrado en lo que va a obtener de Venezuela. Y eso es petróleo, en grandes y poderosas cantidades que, además, ya no irá a China -otro factor de poder y palanca de presión- sino que controlará Washington.
Pasadas las primeras 72 horas del operativo, extraordinariamente exitoso hay que subrrayar en términos logísticos y militares, se han revelado ya diferentes variables.
No establece un gobierno diferente, ¡deja a los mismos! Delcy Rodríguez jurada ayer como presidenta de Venezuela, fue la vicepresidenta de Maduro y estrecha colaboradora de Chávez. No hay un solo alto mando de las célebres y corruptas fuerzas armadas bolivarianas, detenido por Estados Unidos, nadie más que Maduro y esposa.
A Trump no le interesa administrar el país, ni instalar un gobierno interino que impulse y establezca mecanismos democráticos para recuperar la vida institucional después de un régimen dictatorial. No quiere repetir los casos de Iraq o de Afganistán, cuyas intervenciones americanas fueron desastrosas en todos los sentidos, además de la enorme deuda que generaron al Tesoro estadounidense.
A Trump le interesa el negocio, la ganancia, el petróleo. Lo que va a poder extraer del subsuelo venezolano, la inversión para hacer más eficiente la deteriorada industria petrolera y explotar las ganancias por todo lo alto.
Para hacerlo, resulta mucho más simple entenderse con la exvicepresidenta y corresponsable del fraude electoral que mantuvo a Maduro en el poder después de perder las elecciones.
Este no es un tema de justicia social o libertad democrática. Es un tema económico, de poder y de control de las terceras –algunos afirman que las segundas sólo después de Aarabia Saudita– reservas probadas de crudo en el planeta.
Si en Venezuela se queda la revolución bolivariana al mando, si no se convocan elecciones en los siguientes tres años, si no se liberan presos políticos o reestablecen garantías de prensa, de movimiento, de tránsito, de tantas otras pisoteadas por la dictadura chavista, a Trump, Rubio, Hegseth y otros miembros del gobierno estadounidense, les da exactamente lo mismo.
La retórica oficial es que fue detenido un criminal internacional acusado de narcoterrorismo que inundó Estados Uniddos con droga. Tal vez sea cierto, pero lo hechos señalan que el interés de control energético es mucho más poderoso.
Para México en este contexto hay riesgos y áreas de extrema vulnerabilidad.
Donald Trump ha sido extremadamente generoso y lisonjero en su trato a Claudia Sheinbaum, pero no ha dejado de decir incansablemente que el control de México lo ostentan los cárteles del narcotráfico.
Parte de los interrogatorios a Maduro consistirá en que revele su relación con otros líderes de la región, no vayan a aparecer por ahí los notables nombres de algunos mexicanos.
Trump está en la posición envalentonada y bravucona que le conocemos de exigir condiciones a la presidenta a cambio de no lanzar operativos en contra de cárteles, líderes o incluso, políticos.
La única salida para México es la colaboración, en todas las áreas: en inteligencia, en operativos militares, en efectivos mexicanos guiados por información clasificada de Estados Unidos. Si en el gobierno de México alcanzan a comprender esta básica premisa, tal vez, sólo tal vez, nos libremos de un operativo al estilo Venezuela. (Leonardo Kourchenko, El Financiero, Opinión, p. 23)
A Flory Riquer.
En Juego de Tronos, “Winter is coming” es una advertencia política: mientras las élites pelean por el trono, se acerca un cambio devastador que vuelve irrelevantes sus disputas y castiga a quien no se preparó. La intervención de Donald Trump en Venezuela cumple esa función. Anuncia un invierno geopolítico: poder ejercido sin pudor normativo, potencias reclamando zonas de influencia y una frontera cada vez más borrosa entre “seguridad” y “negocio”.
La captura y extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores y el anuncio de que Estados Unidos “manejará” Venezuela por un periodo indefinido, deben leerse como doctrina en acción. La Estrategia de Seguridad Nacional de noviembre de 2025 ya había fijado el marco: America First, “paz a través de la fuerza”, primacía del Estado-nación, desconfianza hacia lo multilateral, dominio energético, fin de la migración masiva y un “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe para consolidar una esfera hemisférica excluyente. Venezuela es el primer escenario donde ese libreto se ejecuta sin la coartada retórica que durante décadas acompañó las intervenciones: la promesa explícita de democracia.
Trump llega a 2026 con flancos domésticos: inflación resistente, desempleo al alza y escándalos que erosionan su aprobación (39% aprueba, 56% desaprueba). Con las elecciones intermedias en puerta, necesita un golpe de timón: retomar el ciclo de noticias, excitar a su coalición y mostrar resultados. La opinión pública sobre la intervención en Venezuela está partida: frente al rechazo del 70% de 2025, sondeos de ayer reflejan un país dividido entre quienes temen otra “guerra eterna” y quienes compran el argumento de seguridad (42% en contra, 40% a favor, según Wahington Post).
La justificación mezcla seguridad y derecho penal para forzar la legitimación. Presentar la captura como persecución de “narcoterrorismo” convierte un conflicto de soberanía en expediente judicial y desplaza la discusión del Congreso y del derecho internacional hacia la lógica policial: política exterior como extensión de la interior.
Trump inscribió la intervención en la lógica de golpes ejemplares (Irán): fuerza para producir reputación. En Venezuela, esa palanca no abre negociación; abre tutela. “Manejar” el país, condicionar al gobierno provisional y advertir una segunda oleada no es una ocupación formal, pero sí control político bajo amenaza de fuerza.
El petróleo es objetivo explícito, sin subtexto. Recuperar derechos “robados” y dar entrada a empresas estadounidenses para invertir y obtener ganancias: reconstrucción con reembolso y reordenamiento de rutas energéticas con efectos regionales (¿Cuba sin suministro?). Se extrajo a un presidente y se anuncia un capitalismo extractivista sobre recursos venezolanos.
El día después desautoriza a quienes festejan. El golpe contra Maduro no equivale a un triunfo opositor. María Corina Machado, la oposición y sus simpatizantes (incluida parte de la comentocracia mexicana) quedaron colgados de la brocha cuando Trump apostó por un arreglo con figuras del chavismo, empezando por Delcy Rodríguez, “mientras haga lo que nosotros queremos”, aunque ella lo niegue. Esa tensión revela el dilema: para “manejar” sin ocupación formal, Washington necesita intermediarios; pero esos intermediarios requieren legitimidad. Es una transición administrada donde se promete seguridad y riqueza, no democracia.
III. Nuevo orden: zonas de influencia
El hemisferio se redefine como esfera excluyente. El “Corolario Trump” inaugura un nuevo orden dividido en áreas de influencia geopolíticas. Europa reaccionó con tibieza; con excepciones como Marine Le Pen, predominó la fatiga. Eso vuelve urgente la pregunta por Groenlandia: quizá no haya bombardeos, pero sí coacción y ultimátum, con Dinamarca bajo presión se redefine el tablero.
La incógnita mayor es el margen que este precedente concede a otros: ¿manga ancha para China sobre Taiwán? ¿Más espacio para Rusia en el este europeo? Una potencia rompe tabúes y altera expectativas.
México sabe que las formas de intervención varían: desde operaciones encubiertas de extracción hasta acciones abiertas como la venezolana. En este clima, su postura es funcional al interés nacional. El comunicado con España, Colombia, Brasil Chile y Uruguay —defensa del derecho internacional, desescalada y cauces diplomáticos— es el paraguas correcto. No cambia el hecho consumado, pero preserva consistencia jurídica, reduce costos de alineamiento automático y sostiene una idea mínima de reglas.
“Winter is coming” antecede a un nuevo orden que cambia: de reglas a fuerza, de democracia a administración, de multilateralismo a transacción y de disuasión a extracción.
Lectura sugerida: “Venezuela. Ensayo sobre la descomposición” de José Natanson (Debate).
Gracias LGCH (Luis Castro Obregón, El Financiero, Opinión, p. 23)
¿Quién analiza qué pasa con las mujeres venezolanas? ¿Quiénes son y cómo enfrentarán la intervención de Estados Unidos? Son más de 4 millones de migrantes y desplazadas en la última década. Viven en riesgo constante. La pregunta es si la intervención les devolverá tranquilidad, seguridad y derechos.
Este domingo, la Coordinadora Feminista 8M de Venezuela repudió el intervencionismo de Donald Trump y advirtió el recrudecimiento de la eterna crisis económica y social venezolana.
La analista Claudia Vargas publicó en la revista Nueva Sociedad, el 29 de diciembre pasado, un texto sobre la actual situación de las venezolanas. Dice que enfrentan un riesgo estructural permanente; que la migración reforzó su discriminación y explotación en los países de tránsito y destino, lo que las hizo migrar. El chavismo impidió acceder a los “avances” marcados por la política internacional de género. En su país, el aborto sólo se permite cuando peligra la vida de la madre, y nada más.
La Coordinadora 8M coincide con el 70% de estadounidenses que están en contra del intervencionismo, según encuesta de la CBS News, y afirma que el bombardeo y la intervención son inaceptables. Llama a reflexionar porque Estados Unidos busca ejercer su control militar en toda América Latina.
Advierte que la salida de Nicolás Maduro no disminuirá la violencia de género, el feminicidio, la discriminación, la migración forzada, la trata y la estigmatización de las venezolanas hipersexualizadas.
Vargas afirma que el desplazamiento y la migración de venezolanas supera los 4 millones, viviendo doble vulnerabilidad de género y migración. Huyeron por la crisis, las políticas restrictivas, la violencia y los estigmas culturales e imaginarios, reforzados en todas las rutas de migración.
La cuestión no es menor. Las noticias indican que dentro de Venezuela creció el temor por lo que suceda en los próximos días. La cifra de migrantes equivale al 23% de la población; la mayoría está en edad productiva y 85% reside en América Latina y el Caribe; 56.8% regularizó su situación migratoria. Su destino es Colombia, Perú, Brasil, Estados Unidos y Chile. Las razones de la salida variaron con el tiempo, pero comparten un mismo trasfondo: la crisis que hizo imposible sostener una vida cotidiana digna y libre.
¿Cómo regresar?, se interroga Vargas, ante la falta de protección institucional y la irregularidad migratoria, colocando a las mujeres en riesgo permanente. La violencia sexual, la explotación, la discriminación o la invisibilidad se entrelazan en un mismo hilo: vulnerabilidad sistémica que atraviesa fronteras.
Entre 2016 y 2018, 2.7 millones de venezolanos y venezolanas dejaron el país. Al principio, los países receptores respondieron de manera hospitalaria, pero esto fue cambiando cuando el flujo se intensificó. Lo que empezó con un gesto solidario terminó en políticas de control crecientes: las fronteras se endurecieron y los trámites se multiplicaron.
Las venezolanas viven precariedad. Ellas encabezan más del 50% de los hogares, con escasa tasa de ocupación del 36.8%, desempleo de 57%, y muchas mujeres abandonaron su trabajo para asumir tareas de cuidado, sin autonomía, atrapadas en una red de dependencia económica y vulnerabilidad.
Existe una crisis devastadora de servicios básicos: 69.2% de la población no accede al agua potable; 69.3% no ha tenido atención médica; 46% de mujeres como concejalas, pero no gobernantes. Abandonada la niñez y las embarazadas. Encima, un clima de restricción de libertades, prensa controlada, sólo muchas víctimas. Habrá que esperar para reconocer que la simple destitución y secuestro de Maduro no garantiza nada. Veremos. (Sara Lovera, El Sol de México, Análisis, p. 13)
¿Por qué la democracia liberal se encuentra en declive en el primer mundo? En el siglo pasado, la democracia liberal tenía un enemigo declarado: el comunismo. Después del derrumbe del muro de Berlín, es decir, del derrumbe del comunismo como sistema político y económico, parecía que la democracia liberal reinaría, sin oponentes, en el mundo entero, por eso se habló del fin de la historia política, porque la democracia liberal se quedaría para siempre, hasta el fin de los tiempos. Pues bien, ¿qué sucedió con el cambio de siglo? ¿Quién derrotó a la democracia liberal? No fue el comunismo, repito. Ni siquiera queda claro que haya sido otra ideología opuesta. ¿Qué fue, entonces?
Mi respuesta es que fue el desarrollo del sistema capitalista impulsado por las nuevas tecnologías. Para ponerlo en pocas palabras: la democracia liberal no embona con el mundo regido por la Inteligencia Artificial, el Internet y las redes sociales. Son esas nuevas tecnologías o, mejor dichos, los intereses políticos y económicos de los dueños de esas nuevas tecnologías los que han socavado el régimen global de la democracia liberal que surgió después del fin de la Guerra Fría.
Para usar el tipo de lenguaje que empleaba el filósofo francés Michel Foucault, digamos que el sujeto de la democracia liberal ha quedado superado por las nuevas estructuras de poder político y económico. Ese sujeto ideal era un individuo autónomo, crítico, discursivo, que lee el periódico por las mañanas, ya no tiene sitio en el mundo de hoy. El nuevo sujeto ya no lee el periódico, sino que está amarrado a las redes sociales y a la información seleccionada que recibe por su teléfono. El nuevo sujeto ya no es autónomo, sino que cree y siente lo que las estrategias de mercado le indican lo que crea y sienta. El nuevo sujeto critica lo que se le instruye que critique, sobre todo, las viejas políticas de la democracia liberal. El nuevo sujeto, dicho en cuatro palabras, ya no es autónomo. El nuevo sujeto está moldeado por los algoritmos, capturado en las burbujas de la información, dominado por una Inteligencia Artificial brutalmente poderosa que lo convierte en un peón.
No es una coincidencia que el declive de la democracia liberal haya coincidido con el desarrollo de las nuevas tecnologías.
Los nuevos enemigos del mundo occidental son los narcotraficantes, los delincuentes, los emigrantes. Para acabar con ellos se propone cerrar las fronteras, instalar cámaras de seguridad, hacer redadas en las calles, disponer de la información de todas las personas, cortar las libertades que se daban por supuestas hasta hace poco. Los orgullosos ciudadanos de los países avanzados exigen que el Estado se vuelva más poderoso, que expulse a los indeseables, que elimine a los enemigos. Esos individuos son los que votaron por Trump y aplauden sus desplantes. Son los hombres y las mujeres del presente. (Guillermo Hurtado, La Razón, México, p. 7)
Se acuerdan que uno de los principios de la política exterior de la 4T con Trump era de mantener la calma porque si bien anuncia la imposición de aranceles o sanciones, pero finalmente no aplica? Bueno, lo que nos dicen es que el mensaje central del gobierno de Estados Unidos es claro: son un gobierno que actúa, no se limitan a lanzar amenazas y las cosas van a cambiar.
La operación en Venezuela busca demostrar que la administración en su conjunto son serios y cumplen además pone al secretario de Estado, Marco Rubio, como el personaje que está detrás de la advertencia, apenas velada, que hizo el presidente Trump a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, en el momento que anunciaba la captura de Nicolás Maduro el sábado, según nos dicen.
Lo malo es que la metió al mismo saco de Colombia y Cuba, si bien se aclaró que el ataque a Venezuela no pretendía ser una advertencia para México, pero SÍ dijo que “algo tendrá que hacerse”. A pesar del fuerte secretismo que rodea las acciones en curso, desde el punto de vista mediático el resultado representa una clara victoria, principalmente de Trump. dentro de Estados Unidos y es un mensaje muy relevante para México, dado el riesgo regional que representa. presidente Trump ya tiene un historial de enfrentamientos con la presidenta Claudia Sheinbaum por los aranceles comerciales e insiste en culpar a México de permitir el flujo de inmigración ilegal y de narcóticos a través de su frontera.
“Somos muy amigables con ella, es una buena mujer”, dijo Trump a “Fox & Friends” el sábado. “Pero los cárteles están manejando México, ella no está manejando México”. Por lo pronto, primero el sábado, Sheinbaum dijo que condena y rechaza enérgicamente la acción militar estadounidense en Venezuela e instó a Estados Unidos a poner fin a “todos los actos de agresión contra el gobierno y el pueblo venezolano”y luego ayer hizo un segundo pronunciamiento: “La posición de México frente a cualquier forma de intervención es firme, clara e histórica.
A raíz de los hechos recientes en Venezuela, donde el gobierno de Estados Unidos llevó a cabo una intervención directa que derivó en la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, así como en la pérdida de vidas humanas, México reafirma un principio que no es nuevo y que no admite ambigüedades.
Rechazamos de manera categórica la intervención en los asuntos internos de otros países” ¿Es el fin de la historia? En pasillos de la Fiscalía General de la República se da por sabido que el factor técnico determinante en el siniestro del Tren Interoceánico fue el cambio de tipo de riel -de uno pesado y robusto a uno estándar menos resistente- realizado sin estudios de impacto ni recalibración de seguridad.
pero el trascendido apunta a que la línea política buscaría cerrar el caso responsabilizando al operador por presunto exceso de velocidad, despla zando el foco del fallo estructural documentado por auditorías hacia una culpa individual conveniente, aun cuando la evidencia técnica interna podría señalar que el riesgo estaba en la vía, no en la palanca.
Cuando parecía que las contrataciones públicas ya no darían sorpresas, el inicio de 2026 volvió a encender las alertas. En el ISSSTE, que encabeza Martí Batres, se adjudicó al cierre de diciembre un convenio por más de 2 mil 400 millones de pesos a Hurga Sanitización y Limpieza, empresa ligada al “cártel de la limpieza” de José Juan Reyes Domínguez.
Nos hacen notar que la licitación incluyó requisitos por lo menos extraños como la exigencia de una norma técnica derogada, lo que en los hechos limitó la competencia. La operación, según fuentes internas, fue empujada desde la Dirección de Administración, dirigida por Omar Butrón Fosado. quien validó un esquema que ya había sido observado por la Secretaría Anticorrupción, de Raquel Buenrostro, en otros casos.
Se han terminado las vacaciones, en todo el país las oficinas han regresado a tener movimiento: nos cuentan que en algunas dependencias, los recortes de trabajadores han comenzado a pesar.
De hecho. los recortes de personal no son nuevos para estas fechas, pero nos mencionan que no son actuales. sino que son los que se han realizado en los últimos años. Así es, para reducir al mínimo la burocracia, no sólo federal, sino en algunos estados, bajo el concepto de austeridad republicana, se ha disminuido la atención al público, pero a pesar de ellos creció la carga laboral y no se ve que vaya a bajar en el mediano plazo. (Red Compartida, La Prensa, p. 2)
1.- Billetes venezolanos al congelador.
Son varias razones de mucho peso las que sustentan nuestra afirmación de que Donald Trump, de ninguna manera, puede darse el lujo de tratar a México como lo hizo con Venezuela en su exitosa operación para capturar a Nicolás Maduro y a su esposa. Y lo hizo en el preciso lugar en donde, apenas hacía unos días, un envalentonado dictador le espetó al líder norteamericano lo siguiente: “No sea cobarde. Venga por mí. Lo estoy esperando”.
Estados Unidos tiene una frontera con México de más de 3 mil kilómetros, con toda la complejidad económica y migratoria que ello implica.
En nuestro país existen inversiones de los más importantes corporativos norteamericanos, provistos de una muy costosa infraestructura, que impiden a Donald Trump realizar una escalada (invasión) como la que ocurrió en Venezuela la madrugada del pasado sábado 3 de enero, por las afectaciones que haría a sus coterráneos que han tomado a México como su espacio más conveniente para invertir.
Independientemente de los factores mencionados, EU negocia con México más de 80 por ciento de sus exportaciones. Y productores agrícolas, ganaderos, manufacturas de autopartes o de artículos de alto consumo como ropa o electrodomésticos, cuidan sus intereses, con el T-MEC o sin él, a la par de que están pendientes de que las relaciones con México no se descompongan y produzcan algún desequilibrio social.
La piedra en el zapato para nuestro país sigue siendo el señalamiento, casi cotidiano de Trump desde antes de la captura de Maduro, de que la mayor preocupación de su gobierno sigue siendo lo que él considera como la existencia de un narcogobierno en nuestro territorio.
Y el bravucón mandatario de Estados Unidos no se anda por las ramas cuando dice que esos son mensajes para que el actual gobierno de México, “haga algo suficiente para detener a los narcopolíticos”.
2.- Votos oportunistas del desastre del Interoceánico.
Las demandas que se han presentado para exigir, desde indemnizaciones para deudos de los fallecidos y reparación del daño a los que aún están hospitalizados, hasta que se impongan severos castigos a los responsables directos e indirectos de la tragedia sufrida en el Tren Interoceánico, desgraciadamente están sufriendo ya el oportunismo de los buitres disfrazados de activistas.
Partidos políticos que están a punto de desaparecer; organizaciones que aspiran a conseguir un registro que les permita obtener jugosas prerrogativas del INE y alguna que otra posición legislativa o los taimados como Claudio X. González que han engañado a los electores disfrazándose de opositores e inventando figuras de oropel, como fue el caso de Xóchitl Gálvez, son los que ahora están rondando a los familiares de las víctimas de la tragedia ocurrida en el Interoceánico.
No vaya a suceder como el caso de los padres de los normalistas de Ayotzinapa, cuya protesta sólo sirvió para que medradores de las tragedias se llenaran los bolsillos. (José Luis Camacho, 24 Horas, Estados, p. 11)
Varias barbas de gobernadores están en remojo.
La administración de Donald Trump ha acentuado su vigilancia sobre sus actuaciones y por ello ha tomado decisiones.
Hasta ahora, dato de agencias estadounidenses, a cuatro de ellos se les ha informado sobre la cancelación de sus visas de ingreso de turistas.
Tras la obtención de este dato, se han pedido datos específicos sobre nombres, militancia -todos son del Movimiento de Regeneración Nacional, Morena-, pero se mantienen reservados.
La información se les da individualmente a los políticos mexicanos cuando intentan viajar hacia algún lugar de Estados Unidos, en otros son invitados a algún consulado o bien se les manda el documento respectivo.
Teléfono Rojo está en condiciones de proporcionar un dato: uno de esos cuatro gobernadores pretendió vacacionar el fin de año allende el Río Bravo y en una terminal aérea del sur se le pidió no viajar.
¿Razones?
Tampoco se les da a los afectados y, ante cualquier insistencia, se les sugiere acudir a la embajada de Ronald Johnson en busca de causales.
EU reserva nombres
La información se maneja en secreto.
Pocas veces trasciende, como sucedió con la bajacaliforniana Marina del Pilar, quien fue llamada por el cónsul de Estados Unidos en Tijuana, Christopher Teal.
Los dos se fotografiaron sonrientes, pero ahí se aclaró también lo del esposo de la gobernadora de Baja California, Carlos Torres -hasta donde se sabe su divorcio está en curso-, quien fue regresado de la frontera cuando pretendía cruzarla.
A partir de entonces -mayo de 2025- los dos tramitan la recuperación de ese permiso de ingreso para poder regresar a Estados Unidos para atender propiedades y otros asuntos familiares.
En general los gobernadores morenistas tratan de mantener el dato secreto, actitud no seguida por un exmandatario de Guerrero, el priista Héctor Astudillo, quien está en espera de la respuesta oficial.
-Nunca he cometido una ilegalidad, nunca me he relacionado con algún grupo criminal, no conozco acusación en mi contra y como gobernador me conduje con rectitud -se defiende Astudillo.
Quizá pronto se difundan los nombres de los cuatro señalados por corrupción o nexos con el crimen, pero hay un dato inocultable: ellos forman parte de la lista de políticos mexicanos bajo supervisión de agencias estadounidenses.
CHAVISMO SIN MADURO
1.- Con los días parece confirmarse en Venezuela la teoría de Giuseppe di Lampedusa:
-Que todo cambie para seguir igual.
Si se mantiene la estructura de gobierno de Nicolás Maduro con la vicepresidenta Delcy Rodríguez, el mismo ejército e instituciones públicas, no puede haber mutación.
Ella se quedará tres meses, convocará a elecciones y dependerá del reporte a Donald Trump de Marco Rubio, Pete Hegseth y Stephen Miller.
¿Es el acuerdo?
Y 2.- En espera de sucesos en Venezuela, vigilemos las relaciones de México con la Cuba de Miguel Díaz-Canel.
En especial si se mantiene el envío de grandes donaciones de petróleo hacia La Habana y la contratación de médicos mientras en el país cunde el desempleo facultativo.
Son apoyos también bajo seguimiento por Washington y ya criticados por congresistas estadounidenses, entre ellos Carlos A. Giménez y María Elvira Salazar.
Según Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), a partir de esos señalamientos se han reducido los embarques hacia la isla. (José Ureña, 24 Horas, México, p. 4)
Antes que Trump intente ejecutar una nueva intervención militar, ahora en México, nosotros, los mexicanos debemos tomar las calles, citar a los escasos legisladores de la oposición, protestar en las cámaras empresariales de industria, comunicación, construcción y comercio, entre otras más, sin olvidar a las organizaciones sindicales, a las estaciones valientes de radio y televisión, a los domicilios de medios escritos para impedir la reforma a las leyes electorales que eternizarían la catastrófica presencia de la 4T en lo que todavía podemos disfrutar de las instituciones republicanas.
¡Defendamos lo nuestro, antes que Trump venga a imponer su ley y a colocarnos frente a un espejo en el que no queremos ni nos merecemos vernos reflejados…!
Trump no tendría que intervenir en nuestro país por medio de una invasión armada. Bastaría con suspender por unos días las ventas de gas y gasolinas para paralizar a la nación… Washington ha advertido que Sheinbaum “es una buena mujer”, pero que los cárteles “son los que gobiernan”. Al jefe de la Casa Blanca le tendría sin cuidado la penetración brutal del crimen organizado, si no fuera porque el fentanilo, elaborado principalmente en nuestro país, priva de la vida a casi 100,000 norteamericanos al año. Las leyes patrióticas (patriotic laws) permitirían a Trump invadir México ante la amenaza de su salud doméstica a manos de unos cárteles terroristas…
La desaparición del Estado de Derecho en México, la ausencia de certeza jurídica, la parálisis de las inversiones y del crecimiento económico provocarán la contracción del empleo, el disparo de la informalidad, el desplome de la recaudación tributaria, aumentarán la incapacidad del “gobierno” para enfrentar sus crecientes obligaciones derivadas de la inmensa deuda pública, complicará el elevado pago de las pensiones, de los escandalosos intereses de Pemex, de los sueldos y salarios burocráticos, e impedirá el financiamiento de los programas asistenciales destinados a comprar la voluntad electoral de los sectores marginados, para ya ni hablar de los proyectos de infraestructura, entre otros más.
Si las agencias calificadoras declararan nuestra insolvencia financiera, los fondos internacionales retirarían de inmediato sus inversiones, decisión que propiciaría una devaluación monetaria de incalculables proporciones.
Si México es el principal socio comercial de EU, el primer comprador de sus productos, y millones de norteamericanos trabajan para surtir los pedidos mexicanos, una brutal depreciación del peso podría originar desempleo en el mercado laboral yanqui, un problema, no menor, que afectaría los resultados de las elecciones intermedias de EU, lo anterior, sin considerar los efectos en las próximas negociaciones del T-MEC. En lo que hace a Maduro, la principal preocupación de Trump consistía en que las exportaciones petroleras encubiertas de Venezuela no ayudaran a sus adversarios económicos, quienes las adquirían en divisas distintas al dólar, sí, pero, en lo relativo a México, alarma el desplome de nuestra economía y la incontenible penetración del crimen organizado en las diferentes esferas del país, un conjunto siniestro que podría traducirse en otra pesadilla para EU: ¡La migración masiva e incontrolable! De Venezuela ya huyeron 8 millones personas, de los cuales solo 800,000 se desplazaron a Estados Unidos. Si de nuestra catástrofe política continuara la financiera y una cuarta parte de los mexicanos, o sea 30 millones o los que se deseen, escaparan de la dictadura morenista, éstos emigrarían, desde luego, rumbo a la frontera norte, sin que nada ni nadie pudiera contenerlos por medio de cientos de túneles.
¿Conclusión? A Trump sí debe preocuparle la desaparición de los poderes públicos en México, así como la ausencia de certeza jurídica porque, entre otras razones, paraliza el desarrollo económico y facilita la expansión del crimen organizado en el país. A los mexicanos nos corresponde rescatar el patrimonio político heredado de nuestros abuelos, volver a imponer el orden, antes de que Trump, para nuestra vergüenza y ante nuestra pasividad e indolencia, también nos aplique la ley del revólver, salvo que volvamos a instalar el Estado de Derecho, la división de poderes y, por ende, la democracia y la civilidad. Es el turno de todos nosotros, los defensores de la libertad y del progreso en México. (Francisco Martín Moreno, Reforma, Opinión, p. 8)

(Garci, El Financiero, Opinión, p.22)