Opinión Migración 060321

Sin vacuna contra el racismo

 

Las pandemias pasan. El racismo no. Igual en México que en cualquier otra parte del mundo. En nuestro país se trata, sobre todo, de ataques e insultos racistas contra la población indígena y contra los grupos más pobres y desprotegidos. Es un arrogante, ofensivo y peligroso clasismo enraizado por siglos en un país con enormes distancias sociales en el hemisferio más desigual del mundo. Pocos ricos muy ricos y muchos pobres muy pobres. Y no somos los únicos que sufrimos el racismo.

 

En Estados Unidos el racismo apunta contra las minorías y contra todos aquellos que no son blancos. Desafortunadamente estamos acostumbrados a escuchar ataques y actos racistas contra los afroamericanos y los latinos en Estados Unidos. A muchos mexicanos nos han dicho: “Lárgate de aquí; regrésate a tu país”. Y hace décadas había algunos parques, tiendas y restaurantes del suroeste de Estados Unidos que tenían avisos que decían: “Prohibida la entrada a perros y mexicanos”.

 

Pero ahora hay gran preocupación por las personas de origen asiático. Esto es lo nuevo. Y cuando un Presidente como Donald Trump acusa injustamente a un grupo o a una nación por la actual epidemia de Covid-19, las consecuencias pueden ser discriminación y violencia. O algo mucho más grave.

 

Este es el caso de Vicha Ratanapakdee, un hombre de 84 años de edad de Tailandia, quien fue brutalmente atacado mientras caminaba en un vecindario de San Francisco. Eran las ocho y media de la mañana de un jueves del pasado mes de enero cuando un joven de 19 años corrió contra la víctima y lo golpeó con el antebrazo en la cabeza, sin ninguna razón aparente. Ratanapakdee cayó y no le dio tiempo de poner las manos. Murió dos días después en el hospital.

 

Sus familiares le dijeron a una estación de televisión local que creen que se trata de un crimen de odio por el simple hecho de que Ratanapakdee era un hombre de origen asiático. No es el único. (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p.8)

 

Encuentro virtual López Obrador-Biden

 

Al inicio de este mes se registró el primer encuentro entre los presidentes de México y Estados Unidos de manera virtual, se dijo que se realizaba bajo esta fórmula debido a la pandemia de covid-19.

 

Razonamiento poco sólido si recordamos el azaroso viaje de López Obrador  para reunirse con el “amigo Trump”, la celebración del T-MEC no justificaba dicho viaje, ya que el tratado fue concretado en la administración anterior y entró en vigor una semana antes de dicha visita presidencial, como resultado de la ratificación de los Congresos respectivos.

 

En esta ocasión la agenda fue más importante y nutrida y se desahoga en una conferencia virtual (cosas de la política internacional).

 

Los temas básicos que se trataron fueron migración, coronavirus, T-MEC y el cambio climático. Estos dos últimos puntos son espinas clavadas en la relación que tendrán que resolverse con un trabajo político-diplomático arduo y consistente.

 

La aprobación del proyecto de reforma a la Ley de la Industria Eléctrica no sólo representa un retroceso para la industria en esta materia, sino que además será motivo de controversias jurídicas, nacionales e internacionales.

 

Aprobada por la Cámara de Senadores, de manera expedita y devuelta a la Cámara de Diputados para su trámite, vulnera diversas disposiciones jurídicas y, nuevamente, pone en peligro las inversiones en el país con la consecuente afectación de la economía mexicana, atenta contra la certidumbre jurídica y el Estado de derecho.

 

Por otra parte, de las primeras acciones que tomó el presidente Biden fue firmar una orden ejecutiva para volver al Acuerdo de París que se hará efectiva en unos días más; la reincorporación proporcionará al país norteamericano un objetivo climático actualizado a partir del objetivo para reducir las emisiones domésticas del sector eléctrico y energético.

 

Apuestas encontradas de ambos presidentes para combatir el cambio climático.

 

La institucionalidad de Biden es uno de sus grandes aciertos y lo demuestra al iniciar el diálogo diciendo:

 

“Los Estados Unidos y México somos más fuertes si estamos unidos, la historia es larga y complicada, no siempre fuimos los mejores vecinos, sin embargo, como comprobamos en muchísimas oportunidades avanzamos cuando cooperamos y gozamos de más seguridad cuando trabajamos juntos, ya sea abordando los desafíos de la frontera compartida o controlando la pandemia”. Agregó que Estados Unidos y México son más fuertes juntos. Que no siempre fueron los mejores vecinos, pero se ha comprobado que cuando cooperan juntos avanzan ambos países.

 

Por su parte, López Obrador replicó: consideró fundamental mantener las buenas relaciones entre ambos países. Dijo que nos une 3 mil 180 kilómetros de frontera, pero también la economía, comercio, cultura, historia y amistad entre nuestros pueblos. (Federico Ponce Rojas, Excélsior, Opinión, p.10)