Esa es la versión que leyeron anoche los habitantes del otro lado del planeta. Es el encabezado que mostraba Nikkei, el medio de negocios japonés más influyente en todo Asia: “Los ricos del mundo huyen de Estados Unidos”.
¿Qué opinan ustedes? ¿Estados Unidos se descompone aceleradamente? Lo que dijo Nikkei es que en Estados Unidos, bajo la “administración autoritaria de Trump”, los ricos planean huir del país y el número de personas que solicitan la ciudadanía en naciones como el Reino Unido está aumentando rápidamente. Curiosamente, la migración no parece detenerse ahí.
En el Reino Unido, también, los ricos están huyendo del país en respuesta a cambios fiscales, lo que ha dado lugar a una tendencia de “wexit” o “west-exit”.
La salida de los habitantes de Occidente, de acuerdo con el medio japonés. Cálculos de una consultora británica citados por el Nikkei advierten que la migración de personas adineradas en 2025 podría duplicar con creces la de hace 10 años, estableciendo un nuevo récord. ¿Por qué se quieren ir? Busquemos pistas. Ayer hubo un rompimiento estruendoso entre dos símbolos de Estados Unidos: el hombre más rico, Elon Musk, pateando la reputación del político más poderoso, el magnate presidente Donald Trump.
Su diálogo de jueves no fue muy distinto a uno que hayan escuchado ustedes en una cantina, pero ante el nombre de los involucrados, el mundo puso atención a lo que parece el final de un perenne idilio, un ‘bromance’ entre ambos, que duró unos cuantos meses. ¿Por qué se pelearon? ¿Por qué va a ser? ¡Por dinero!. Musk dijo que el “hermoso” paquete fiscal calificado así por Trump en realidad es “una abominación” que endeudará más a los estadounidenses.
El presidente respondió que su contraparte conocía la propuesta y el otro dijo que no es cierto. Trump insistió en que la molestia de Musk estalló cuando se enteró de que sería cancelado un plan de compras de autos eléctricos en el gobierno y después de negarlo también, el fundador de Tesla advirtió que Trump aparece en documentos relacionados con el fallecido millonario Jeffrey Epstein, quien fue acusado de pederastia.
Para efectos prácticos, Trump y Musk son hoy los líderes del destino estadounidense. La gente ayer destacó que el precio de cada acción de Tesla cayó un 16 por ciento esta semana por ese pleito.
Quizás valga la pena ver que el dólar ya cayó 3 por ciento en menos de un mes y 9 por ciento en lo que va del año. Ojo, no solo frente al peso, sino contra un coctel de monedas del mundo como el euro, por ejemplo. ¿Entonces Estados Unidos va en picada? Yo no lo creo. Pero definitivamente ha terminado una era.
Un error visible está en el abandono del “sueño americano”: el desplome de esa creencia de que cualquiera, sin importar su origen, puede alcanzar el éxito y ascender socialmente mediante el trabajo duro y la determinación. Los que van seguido al ‘shopping’, pregunten a empleados del Walmart cómo les va con eso. Los más jóvenes ya no creen en la “carrera profesional” en la que creyeron sus padres. Al menos no en esa zona que llamamos el “mundo occidental” que va de Alaska a Alemania y de Canadá al río Bravo.
Peter Diamandis es un empresario y futurista estadounidense, conocido por fundar la XPRIZE Foundation y promover tecnologías exponenciales para resolver desafíos globales. Ayer envió un newsletter que dice textualmente: “La escalera profesional tradicional ha muerto. La curiosidad y la adaptabilidad ahora superan la planificación profesional”.
Coincide con los respuestas que recogió Deloitte en su estudio sobre la situación de los más jóvenes (2025 Gen Z and Millennial Survey): “Están más enfocados en su balance de vida y trabajo que en subir a la parte más alta de la escala corporativa”. Apenas 6 por ciento de los menores de 30 años persigue la meta de llegar a un puesto de liderazgo, de acuerdo con la consultora.
Tiene sentido al observar el comportamiento de símbolos estadounidenses peleando en las redes sociales. Si miles de ricos se mudan a otros continentes y los más chicos no están entusiasmados con el sistema que les ofrecen, es evidente que Estados Unidos tiene serios problemas sociales que no resuelve. Y eso no es bueno para México, de ninguna manera. (Jonathan Ruiz, El Financiero, Empresas, p. 20)
Al presidente Donald Trump los poco más de tres años que le quedan en su administración no le alcanzarán para cumplir sus promesas de campaña.
Sin embargo, está dejando ya una herencia de radicalización, racismo e incertidumbre que ha volteado de cabeza al mundo en apenas unos meses.
En su retorno al centro del escenario político, Donald Trump no ha hecho más que reafirmar viejas y peligrosas obsesiones: atacar a los migrantes y socavar los cimientos del neoliberalismo con políticas proteccionistas que destruyen la idea de multilateralismo que EU promovió por más de medio siglo.
Desde su primera campaña en 2016, Trump construyó su capital político culpando a los extranjeros de los males económicos y sociales de EU. Hoy, con propuestas reloaded y viejas tácticas, vuelve a colocar a alrededor de 30 millones de personas en la mira de un aparato migratorio cada vez más agresivo y arbitrario.
Uno de los actos más notorios de su primer mandato fue restringir el ingreso de ciudadanos de 12 países a territorio estadounidense. El llamado “Muslim Ban”, una orden ejecutiva firmada apenas una semana después de asumir la presidencia, prohibió la entrada de personas provenientes de Irán, Irak, Libia, Somalia, Sudán, Siria y Yemen. Posteriormente, su gobierno amplió la lista para incluir a Nigeria, Eritrea, Myanmar, Kirguistán, Tanzania y Venezuela.
Ahora Trump repite la misma medida y prohíbe la entrada a ciudadanos de Afganistán, Myanmar, Chad, República del Congo, Guinea Ecuatorial, Eritrea, Haití, Irán, Libia, Somalia, Sudán y Yemen, y limita el ingreso a nacionales de Burundi, Cuba, Laos, Sierra Leona, Togo, Turkmenistán y Venezuela.
El pretexto, como hace 9 años, fue la seguridad nacional, aun cuando ninguno de esos países ha cometido acciones terroristas en suelo estadounidense.
La medida, condenada por organismos internacionales y activistas de derechos humanos, en el pasado separó familias e impidió que miles de personas accedieran a tratamientos médicos, educación o refugio ante situaciones de violencia extrema, lo que se repetirá de nueva cuenta.
Pero los efectos de la política antimigrante de Trump no se limitan a las fronteras. En esta administración, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) intensificó sus redadas con una brutalidad sin precedentes, repitiendo las tácticas empleadas entre 2017 y 2020, cuando llevó a cabo cientos de operativos en lugares de trabajo, iglesias y escuelas, sembrando el terror entre comunidades enteras.
Uno de los casos más representativos ocurrió en agosto de 2019 en Misisipi, donde ICE arrestó a casi 700 trabajadores en plantas procesadoras de alimentos, la mayoría de ellos sin antecedentes criminales. Se trató de una de las mayores redadas en lugares de trabajo en la historia moderna del país. Mientras decenas de niños esperaban en las puertas de las escuelas sin saber si sus padres volverían por ellos, la Casa Blanca celebraba la operación como “un triunfo del orden”.
Ahora, afuera de las cortes civiles, donde migrantes que se acogieron a las leyes de EU tratan de dirimir sus casos, decenas de agentes del ICE los cazan, como ocurrió hace apenas una semana en NY, cuando detuvieron y deportaron a 7 personas que habían acudido a sus audiencias.
El sistema educativo tampoco está exento de esta ofensiva. En julio de 2020, en plena pandemia, el gobierno de Trump anunció que revocaría las visas de estudiantes extranjeros si sus universidades ofrecían clases únicamente en línea. La medida habría afectado a más de un millón de alumnos, forzándolos a abandonar el país en medio de una emergencia sanitaria global. Solo tras una oleada de demandas encabezadas por universidades como Harvard y MIT, el gobierno dio marcha atrás. Sin embargo, ahora repite la estrategia y deja en claro que los estudiantes internacionales no son más que piezas desechables en su tablero político.
Más allá de los números, el verdadero daño de estas políticas está en el discurso que las sustenta. Un discurso que asocia la migración con el crimen, la enfermedad o la amenaza cultural. Un discurso que normaliza la discriminación y convierte al extranjero en chivo expiatorio de problemas estructurales que poco tienen que ver con la migración.
Ante este escenario, es urgente no perder de vista lo que está en juego. Las políticas migratorias no son simples herramientas administrativas: son expresiones del tipo de sociedad que queremos construir. Una sociedad que valore la dignidad humana y la diversidad, o una que levante muros y viva del miedo al otro.
La historia nos ha enseñado que las épocas de mayor oscuridad se gestan cuando el poder convierte en enemigos a los más vulnerables. El legado migratorio de Trump es un recordatorio de lo frágiles que pueden ser los derechos cuando el odio se institucionaliza.
Los efectos pueden agravarse en el mediano y en el largo plazo. Al presidente Trump se le olvida que, salvo que se le cumpla su sueño guajiro de reelegirse por cuatro años más, solo le quedan tres para recomponer las consecuencias de sus ocurrencias.
Sotto voce
Muchos críticos y analistas coinciden en el debilitamiento que está sufriendo Donald Trump. Si bien llegó como un boxeador de peso completo, ahora uno de sus principales sparrings, Elon Musk, le conecta un gancho al hígado que podría convertirse en el primero de muchos que recibirá debido a sus excesos y decisiones viscerales…
Desde Acapulco, la gobernadora de Guerrero, Evelyn Salgado, tuvo un enlace con Palacio Nacional para participar en el inicio de la estrategia nacional de limpieza de playas y de eliminación de plásticos, que la presidenta Claudia Sheinbaum anunció como una estrategia integral del gobierno federal en los 12 mil kilómetros de costas en México. La meta es que para el 2030 no haya basura en las playas del país…
Por los resultados que dio como director de la Agencia Digital de Innovación Pública en la Ciudad de México durante el gobierno de la doctora Claudia Sheinbaum, las gestiones de Eduardo Clark Dobarganes en la Subsecretaría de Salud son garantía de honestidad, transparencia, eficiencia y productividad, que ayudarán a resolver la problemática de la compra y abasto de medicinas en el país, una de las grandes asignaturas pendientes. (Oscar Mario Beteta, El Financiero, Opinión, p. 34)
Esa es la versión que leyeron anoche los habitantes del otro lado del planeta. Es el encabezado que mostraba Nikkei, el medio de negocios japonés más influyente en todo Asia: “Los ricos del mundo huyen de Estados Unidos”.
¿Qué opinan ustedes? ¿Estados Unidos se descompone aceleradamente?
Lo que dijo Nikkei es que en Estados Unidos, bajo la “administración autoritaria de Trump”, los ricos planean huir del país y el número de personas que solicitan la ciudadanía en naciones como el Reino Unido está aumentando rápidamente.
Curiosamente, la migración no parece detenerse ahí. En el Reino Unido, también, los ricos están huyendo del país en respuesta a cambios fiscales, lo que ha dado lugar a una tendencia de “wexit” o “west-exit”. La salida de los habitantes de Occidente, de acuerdo con el medio japonés.
Cálculos de una consultora británica citados por el Nikkei advierten que la migración de personas adineradas en 2025 podría duplicar con creces la de hace 10 años, estableciendo un nuevo récord. ¿Por qué se quieren ir? Busquemos pistas.
Ayer hubo un rompimiento estruendoso entre dos símbolos de Estados Unidos: el hombre más rico, Elon Musk, pateando la reputación del político más poderoso, el magnate presidente Donald Trump.
Su diálogo de jueves no fue muy distinto a uno que hayan escuchado ustedes en una cantina, pero ante el nombre de los involucrados, el mundo puso atención a lo que parece el final de un perenne idilio, un ‘bromance’ entre ambos, que duró unos cuantos meses.
¿Por qué se pelearon? ¿Por qué va a ser? ¡Por dinero!.
Musk dijo que el “hermoso” paquete fiscal calificado así por Trump en realidad es “una abominación” que endeudará más a los estadounidenses.
El presidente respondió que su contraparte conocía la propuesta y el otro dijo que no es cierto. Trump insistió en que la molestia de Musk estalló cuando se enteró de que sería cancelado un plan de compras de autos eléctricos en el gobierno y después de negarlo también, el fundador de Tesla advirtió que Trump aparece en documentos relacionados con el fallecido millonario Jeffrey Epstein, quien fue acusado de pederastia.
Para efectos prácticos, Trump y Musk son hoy los líderes del destino estadounidense.
La gente ayer destacó que el precio de cada acción de Tesla cayó un 16 por ciento esta semana por ese pleito. Quizás valga la pena ver que el dólar ya cayó 3 por ciento en menos de un mes y 9 por ciento en lo que va del año. Ojo, no solo frente al peso, sino contra un coctel de monedas del mundo como el euro, por ejemplo.
¿Entonces Estados Unidos va en picada? Yo no lo creo. Pero definitivamente ha terminado una era. Un error visible está en el abandono del “sueño americano”: el desplome de esa creencia de que cualquiera, sin importar su origen, puede alcanzar el éxito y ascender socialmente mediante el trabajo duro y la determinación.
Los que van seguido al ‘shopping’, pregunten a empleados del Walmart cómo les va con eso.
Los más jóvenes ya no creen en la “carrera profesional” en la que creyeron sus padres.
Al menos no en esa zona que llamamos el “mundo occidental” que va de Alaska a Alemania y de Canadá al río Bravo.
Peter Diamandis es un empresario y futurista estadounidense, conocido por fundar la XPRIZE Foundation y promover tecnologías exponenciales para resolver desafíos globales. Ayer envió un newsletter que dice textualmente: “La escalera profesional tradicional ha muerto. La curiosidad y la adaptabilidad ahora superan la planificación profesional”.
Coincide con los respuestas que recogió Deloitte en su estudio sobre la situación de los más jóvenes (2025 Gen Z and Millennial Survey):
“Están más enfocados en su balance de vida y trabajo que en subir a la parte más alta de la escala corporativa”. Apenas 6 por ciento de los menores de 30 años persigue la meta de llegar a un puesto de liderazgo, de acuerdo con la consultora.
Tiene sentido al observar el comportamiento de símbolos estadounidenses peleando en las redes sociales.
Si miles de ricos se mudan a otros continentes y los más chicos no están entusiasmados con el sistema que les ofrecen, es evidente que Estados Unidos tiene serios problemas sociales que no resuelve. Y eso no es bueno para México, de ninguna manera. (Jonathan Ruiz Torre, El Financiero, Online)
“Pienso, luego existo”, Cogito ergo sum, palabras del filósofo francés René Descartes, se pueden aplicar al derecho a la movilidad de los seres humanos.
El derecho al desplazamiento es prioritario y una persona no es libre si no se puede mover a donde quiera.
A pesar de que la movilidad humana es un fenómeno complejo y multifacético, es un derecho fundamental que se traduce en un profundo impacto para cada persona, para la sociedad y para la cultura.
La historia de la humanidad está ligada a la movilidad. Los cambios de residencia son fundamentales para que las sociedades crecieran y se desarrollaran. Sin la posibilidad de moverse, el ser humano está condenado al castigo y al encierro.
Puebla está ligada a una historia de movilidad humana. La ciudad se funda en medio del trayecto entre Veracruz y la Ciudad de México, así como entre el puerto de Acapulco y la capital del país.
En la historia de Puebla, la movilidad humana es un fenómeno clave que explica situaciones económicas, sociales, políticas y ambientales. Puebla es una consecuencia de la movilidad de las personas.
La ciudad de Puebla fue fundada por la migración española en el año 1531, como parte de la expansión colonial en la Nueva España. Es más, por orden del rey Felipe II de España, Puebla se funda en una ubicación estratégica para el comercio entre la Ciudad de México y Veracruz, es decir, en medio de los flujos migratorios.
A casi 500 años de la fundación de Puebla, se pueden identificar distintos tipos de movilidad, como la migración interna, la migración nacional, la movilidad internacional, el flujo de personas que, en teoría solo estaban de paso y se quedaron, así como una circulación de personas.
La Sierra Mixteca, la Sierra Norte y la zona centro vieron la salida de sus hijos, la mayoría, hacia Estados Unidos. Al mismo tiempo, se aprecia la migración de retorno; y se registra en la Zona Metropolitana de Puebla y en área colindantes con Veracruz y Tlaxcala, la movilidad internacional.
Al final, la movilidad es un derecho que nadie puede coartar porque se trata del sinónimo de existir, de vivir y de la posibilidad de mejorar las condiciones de vida. “Primero la movilidad y luego existo” (Jaime Zambrano, Milenio, Online)
En un mundo marcado por conflictos, polarización, exclusión social y malestar psicosocial generalizado, el deporte emerge como un lenguaje universal con la capacidad de sanar, igualar y unir. Así lo confirmó la reciente Cumbre “Sport for a Better World”, organizada por el Comité Olímpico Internacional (COI) en Lausana, Suiza, que reunió a líderes de gobiernos, organismos multilaterales, fundaciones, deportistas olímpicos y organizaciones sociales de todo el mundo para repensar el rol del deporte más allá de la competencia.
Entre las personalidades participantes destacaron Thomas Bach, presidente del COI; el Dr. Tedros Adhanom, director general de la OMS; Laura Chinchilla, expresidenta de Costa Rica; Remy Rioux, CEO de la AFD; Pau Gasol, medallista olímpico; y Olivia Grange, ministra de Cultura y Deporte de Jamaica.
Hoy más que nunca hablar de deporte implica hablar de desarrollo, de salud pública, de educación, de cohesión social y de igualdad de género. A lo largo de dos días de reflexión quedó claro que el deporte no sólo promueve bienestar físico, sino que también tiene un impacto profundo en la salud mental y en el desarrollo humano especialmente en contextos donde la violencia, la pobreza o la migración forzada han dejado cicatrices difíciles de cerrar.
Tuve el honor de participar en este encuentro presentando Knockout: No Tires la Toalla, un programa con más de una década de trabajo de prevención terciaria del delito y reintegración social a través del boxeo, el acompañamiento emocional y metodologías de perdón y reconciliación. Nuestra experiencia demuestra que el deporte puede transformar incluso los espacios más adversos —como los centros penitenciarios— en entornos de esperanza, disciplina y reconstrucción personal.
Una de las mayores virtudes del deporte es su capacidad de reducir desigualdades. En la cancha, en el cuadrilátero o en el tatami, poco importa el origen social, el género, la religión o el estatus migratorio. Todos tienen la posibilidad de participar, de competir con dignidad y de construir comunidad. Y cuando ese principio de equidad se traslada al diseño de políticas públicas, tiene el potencial de convertirse en una herramienta poderosa para cerrar brechas históricas y dar voz a quienes han sido sistemáticamente excluidos.
El foro también subrayó la urgencia de fortalecer las alianzas multisectoriales. La transformación no puede venir únicamente desde el Estado ni desde la filantropía: requiere del trabajo conjunto entre gobiernos, sector privado, organismos internacionales y sociedad civil. Desde modelos de financiamiento innovadores hasta marcos normativos que reconozcan el deporte como derecho y no sólo como entretenimiento, hay mucho por construir. Asimismo, se puso sobre la mesa la importancia de ampliar la noción del deporte competitivo hacia aquel social y comunitario, el que se practica en la calle, en los barrios, en espacios públicos rescatados por las propias comunidades. Ese que no necesariamente busca una medalla, pero que transforma realidades.
¿Cómo responder eficazmente a los desafíos de nuestras comunidades y activar acciones conjuntas desde el deporte y el Olimpismo? Es necesario escuchar a los territorios, construir alianzas significativas y asegurar un financiamiento sostenible con visión de impacto social. Esto requiere superar enfoques asistenciales y avanzar desde lo local, donde el deporte actúe como motor de pertenencia, prevención y reconstrucción del tejido social. Los compromisos deben traducirse en acciones concretas que articulen esfuerzos de gobiernos, sociedad civil, empresas y atletas en favor del bien común. En un contexto marcado por crisis múltiples, el deporte ofrece una vía tangible para recuperar comunidad, dignidad y sentido colectivo. (Eunice Rendon, El Universal, Nacion, A.5)

(El Fisgón, La Jornada, Política, p. 7)