A pesar de la pandemia, el fenómeno migratorio sigue vigente e incluso existe un repunte en el flujo desde México y Centroamérica hacia Estados Unidos. Los Republicanos han criticado esta situación, mencionando que su país se ha convertido en un imán migrante por las políticas emprendidas por el gobierno demócrata, como el fin del programa Permanece en México, que obligaba a los solicitantes de asilo a esperar en la frontera mexicana su proceso, así como el ingreso de menores no acompañados que había sido limitado por su antecesor.
Asimismo, la política migratoria de Biden ha sido criticada por la mayoría de la población. De acuerdo con el Pew Research Center, 68% de los estadounidenses opinan que el gobierno tiene una mala gestión de las solicitudes de asilo en la frontera y 69% estima que debería existir una vía legal para apoyar a los migrantes que cumplan determinados requisitos. Además, grupos pro migrantes como la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles, han manifestado su decepción y reactivaron litigios contra el uso del Título 42, que, con el pretexto de la pandemia, permite la expulsión inmediata de aquellos que consideren un riesgo para la salud pública.
La vicepresidenta Kamala Harris ha comunicado de manera reiterada durante sus visitas a México y Centroamérica, que las puertas de Estados Unidos están cerradas, que el viaje es peligroso y no conviene hacerlo. Aparentemente, la principal diferencia entre Biden y Trump radica en un giro discursivo que ha dejado atrás declaraciones xenófobas, así como la construcción del demagógico muro. Aunque ha habido avances, políticas duras en materia migratoria como la implementación del Título 42 y las deportaciones expeditas siguen vigentes, y han sido particularmente notorias en la primera etapa del gobierno de Biden. Según datos de la patrulla fronteriza, en lo que va de la administración, las detenciones bajo Título 42 han aumentado 51.22 por ciento. De octubre pasado a la fecha, más de 750,000 migrantes han sido expulsados bajo este supuesto, generando presión y desorden en sitios como Tijuana y Ciudad Juárez, que son los principales receptores.
Recientemente, el gobierno estadounidense anunció que reanudará las deportaciones expeditas, para núcleos familiares que no puedan expulsar vía Título 42. Este tipo de remoción se creó desde 1996, y originalmente aplicaba a migrantes sin permiso de entrada, detenidos a 100 millas de la frontera, hasta 15 días después de haber ingresado a Estados Unidos. Derivado de una orden ejecutiva de Trump, estas medidas se extendieron a personas detenidas en cualquier parte del territorio norteamericano, que no cuenten con al menos 2 años de residencia.
Las deportaciones expeditas, además de violentar el debido proceso de los migrantes al no permitirles que su caso sea analizado por las cortes migratorias, pueden provocar que algunas personas sean erróneamente retomadas de manera inmediata, vulnerando aún más su situación.
Por ejemplo, a personas que cumplen con los requisitos para obtener el refugio, no se les permite ser entrevistados y evaluados correctamente por un oficial de asilo, como corresponde bajo el marco legal internacional y de Estados Unidos. Pueden ser expulsados pocas horas después de su aprehensión, sin la posibilidad de hablar con un abogado, reunir pruebas, llamar a testigos o presentar un reclamo de exención de la deportación para expresar temor de persecución.
No se han dado a conocer los detalles y lineamientos bajo los cuales se realizarán las expulsiones aceleradas. Diversas cuestiones quedan en el aire. Por ejemplo, actualmente los menores no acompañados no pueden ser removidos de esta forma, haciendo valer el interés superior de la niñez y entendiendo que este grupo poblacional es el más vulnerable. Sin embargo, cuando se trata de menores de edad pero que vienen en compañía de un adulto o familiar, la consideración cambia. ¿A estos no se les debe proteger ni defender sus derechos?
Muchos migrantes huyen de la persecución y del riesgo a perder la vida en sus lugares de origen por ello se utiliza el refugio. Para dar una oportunidad de vida a estas personas. Lo que el gobierno estadounidense está haciendo con este tipo de decisiones lejos de proteger a las personas que lo requieren, es deportarlos al peligro y posiblemente a la muerte.
*Eunice Rendón, experta en migración y seguridad y Janet Moreno, abogada migratoria en Boston. (Eunice Rendón y Janet Moreno El Economista, Opinión, p.40)
Hace mucho tiempo no se había leído en la prensa extranjera un editorial tan crítico contra un presidente mexicano, como el que publicó este jueves el Financial Times, uno de los medios más influyentes del mundo, y que muestra la forma cómo el prestigio internacional de Andrés Manuel López Obrador está con fuertes rendimientos decrecientes. La fascinación que tenían muchos corresponsales extranjeros con López Obrador como líder de la izquierda y como candidato presidencial se ha evaporado. Lo que se esperaba de él, como de forma optimista reflejaban sus despachos en esos tiempos, no se concretó, sino pasó lo contrario.
Educadas y crecidas la mayoría de ellas y ellos en países con viejas culturas democráticas donde el Estado de derecho es parte de la vida cotidiana, el choque con la realidad de quien se formó en Macuspana y por decisión propia decidió encerrarse en su mundo y construir su propia verdad absoluta, ha sido muy contrastante. De la admiración caminaron a la decepción, y del desencanto al análisis crítico de su gobierno. Como Presidente electo causaba mucho escepticismo entre un grupo de corresponsales cuando alguien describía a López Obrador como un político con tendencias al autoritarismo y poco respeto por las leyes. Encontraban confusas e insuficientes las descripciones sobre su personalidad y carácter, que no se alcanzaban a comprender.
López Obrador, lleno de prejuicios contra los medios, ha incorporado en su visión rudimentaria de las cosas a la prensa extranjera, descalificándola con acusaciones de complicidad con los gobiernos a los que llama genéricamente “neoliberales”, porque no le gusta que lo critiquen o que no apoyen su proyecto. Sus asesores le llenan la cabeza de humo diciéndole que se debe a que “no lo comprenden”. Sus denuncias son alimento para sus clientelas políticas y combustible para su maquinaria de propaganda, que le alcanza muy bien para la autocomplacencia en las mañanas y su ensimismamiento ideológico. Pero para la construcción continua de las condiciones que le permitan consolidar su proyecto de gobierno, no le sirve para nada, sino al contrario, le afecta el no ver críticamente lo que piensan de él.
La fotografía del editorial en el Financial Times, en ese sentido, es muy negativa. A la consulta del domingo pasado para enjuiciar a cinco expresidentes, una “particular” forma de democracia, como la calificó, la comparó con “el terror de Robespierre”, trazando una analogía con el incorruptible Maximilien Robespierre, líder de la izquierda radical que emergió de la Revolución francesa, que formó y encabezó el infame Comité de Salud, que se encargó de perseguir políticamente a sus adversarios, primero, y luego a aniquilar a sus propios camaradas y enviarlos a la guillotina, donde finalmente también él terminó. “Los inversionistas ya han experimentado el daño que puede hacer esa peculiar forma de democracia de López Obrador”, subraya el editorial.
Citó los grandes casos donde consultas sin representación real definieron políticas públicas costosas para los inversionistas, como la cancelación del aeropuerto en Texcoco y la de una planta cervecera en Mexicali. En la del domingo pasado, “López Obrador utilizó el referéndum para movilizar a sus simpatizantes y recordarles que está persiguiendo a los enemigos de su autodenominada ‘cuarta transformación’”, agregó el Financial Times. “En realidad, la búsqueda de la justicia de López Obrador parece curiosamente selectiva”.
El diario presenta los contrastes: ningún avance real en el caso del exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, acusado de corrupción, pero acoge a los más notables narcotraficantes como su estrategia de “abrazos, no balazos”. Le ofreció disculpas a Joaquín Guzmán Loera por llamarlo el Chapo, y hay reportes alarmantes sobre cómo los cárteles de la droga favorecieron a candidatos de Morena en las elecciones intermedias, agregó el Financial Times. Al Presidente le puede parecer que es una difamación y una acción de mala fe lo que el consejo editorial del periódico publicó, pero eso que leyó –uno supone que así lo hizo– también lo registraron en la City londinense, en Wall Street, y en las sedes de gobierno, cancillerías y ministerios del Tesoro de las principales capitales del mundo.
La imagen que proyecta el diario de López Obrador es negativa. “El Presidente tiene gusto por espectáculos para enmascarar su desdén por las instituciones y el Estado de derecho”, afirma el diario en su editorial, “pero el cariño que tiene el Presidente por el espectáculo sobre la sustancia, esconde la indiferencia por las instituciones y las leyes. Los inversionistas deben tener cuidado de ello”. No para ahí. Como cada vez se empieza a leer con creciente regularidad, en el editorial critica al presidente Joe Biden, quien, porque López Obrador lo apoya para frenar la inmigración a Estados Unidos, “ha dicho poco sobre (estos) temas, una reticencia de la que se arrepentirá”.
El doble mensaje que lanza el editorial podría tener fuertes repercusiones para el Presidente y su proyecto de nación. López Obrador dice a sus cercanos que Biden no se atreverá a actuar contra él por los altos índices de aprobación que tiene, y que los inversionistas tendrán que seguir sus reglas para operar en México. Una vez más, aplicando el simplismo de su inexplicable racional.
Pero los inversionistas han ido reduciendo sus proyectos, como importantes empresarios mexicanos, que desde 2019 han ido reubicando su capital en otras partes del mundo, protegiéndose para cualquier eventualidad en este país. Y aunque Biden no vaya a actuar públicamente contra López Obrador ni declarar en su contra, no tiene carta de impunidad. Para él, actualmente es muy importante que López Obrador frene la migración, pero la paciencia en Washington se está agotando. Lo sabe el Presidente porque el canciller Marcelo Ebrard es el mensajero de las malas noticias que vienen del norte, y las crecientes molestias del gobierno de Estados Unidos contra sus acciones y declaraciones. Ya no son síntomas de que algo malo está pasando con la imagen de López Obrador en el mundo. Es una gangrena que le empieza a subir por el cuerpo. (Raymundo Riva Palacio El financiero, Opinión, p.36)
En México lo que sucede en Centroamérica pocas veces tiene relevancia. Ya sea en medios de comunicación o redes sociales, lo que sucede con 61 millones de personas que viven a unos cuantos kilómetros de nuestra frontera nos importa poco a menos que la noticia sea la creación de una caravana migrante o un desastre natural, lo cual regularmente va de la mano.
Así, parece no importar que en Nicaragua gobierne Daniel Ortega, un intento de dictador que está encarcelando a toda la oposición antes de las elecciones presidenciales de noviembre, y que ha acallado a casi toda la prensa independiente. Algunas organizaciones internacionales le han pedido prudencia mientras él sigue eliminando a todas las instituciones democráticas.
Tampoco pareciera importar que Honduras sea un narco-Estado en el cual gobierna Juan Orlando Hernández, cuyo hermano fue condenado de por vida en Estados Unidos por narcotráfico. Para este año, especialistas calculan que 75% de la población estará en la pobreza pues, además de la pandemia, sigue sin recuperarse del paso de los huracanes Iota y Eta, los cuales destrozaron el país en 2020.
Está también la restricción de garantías individuales en El Salvador, con Nayib Bukele a la cabeza, enemigo declarado de la prensa independiente y la rendición de cuentas, y que ya intentó una especie de golpe de Estado. O la crisis que vive Guatemala a partir de la destitución del fiscal contra la impunidad, que fue removido por la fiscal general. No son temas a los cuales consideremos (esto también es un mea culpa) dignos de poner nuestra atención, mucho menos de actuar al respecto.
Este olvido es histórico, pero con Andrés Manuel López Obrador parecía que algo iba a cambiar. Al inicio de su gobierno dio la bienvenida a los migrantes centroamericanos, solo para después enviar 26 mil efectivos de la Guardia Nacional a cerrar la frontera por exigencia del ex presidente estadunidense Donald Trump. Hoy México sigue siendo el muro antimigrante que Trump prometió construir.
En 2019, López Obrador prometió la creación de 20 mil empleos y una inversión de 30 millones de dólares por cada país centroamericano, que hasta mayo de este año se había cumplido en menos de 10%, según una nota de Animal Político. También habló de exportar sus programas asistenciales como Sembrando Vida, pero su aplicación también ha sido mínima.
Este abandono es absurdo más allá de los obvios temas éticos y humanos, sino incluso en el económico. Desde 2011 hay un tratado de libre comercio entre México y esa región; en 2017, según la Cepal, México exportó casi siete veces más productos hacia Centroamérica que los que recibió de regreso: mientras las exportaciones centroamericanas a México fueron por 832 millones de dólares, México exportó 5,522 millones. Hubo una diferencia de 4,690 millones de dólares en favor de nuestro país (lo que López Obrador dijo que costará el aeropuerto de Santa Lucía). Que a esa región le vaya mal, implica también un problema para la economía mexicana.
A la vez, la migración centroamericana —que ante la andanada dictatorial y la pobreza seguirá creciendo— sigue pasando por tierra mexicana en su camino a Estados Unidos. Los refugios en las fronteras no se dan abasto y hay una clara crisis humanitaria.
El reciente llamado del presidente López Obrador para una nueva unión latinoamericana debería empezar por poner los ojos y el bolsillo en Centroamérica, una región importantísima a la cual hemos abandonado a su suerte. (Mael Vallejo, Milenio, Política, p.14)
El 3 de agosto de 2019, un supremacista blanco llamado Patrick Wood Crusius publicó un manifiesto en el sitio 8chan, en el que se alojaban grupos de extrema derecha, y en donde denunció “la invasión hispana de Texas”.
“Los hispanos tomarán el control del gobierno local y estatal de mi amada Texas”, escribió.
Minutos más tarde entró en un Walmart ubicado en Cielo Vista Mall, en El Paso. Llevaba protectores auditivos y un rifle AK-47 en las manos.
Comenzó a caminar por los pasillos de la tienda, abriendo fuego contra la gente que se encontraba ahí. Era sábado, cientos de familias recorrían la tienda. Entre éstas, varias formadas por residentes de Ciudad Juárez que habían acudido a aprovechar las ofertas ante el inminente regreso a clases. (Alejandro Hope, El Universal, Nación, p. 2)
En unos minutos 23 personas murieron. 9 eran mexicanos. Hubo 26 heridos. La matanza de El Paso figuró entre las diez peores masacres cometidas en aquel país, en el que en solo ocho meses de 2019 habían sucedido 50 tiroteos.
Walmart es una de las tiendas donde los adolescentes de más de 21 años pueden adquirir armamento.
El canciller Marcelo Ebrard anunció que buscaría imputar cargos al responsable, detenido mientras intentaba huir a bordo de un auto, y buscaría su extradición por “terrorismo contra ciudadanos mexicanos”.
La masacre desató un profuso debate sobre el acceso a las armas en Estados Unidos, en medio de la polarización desatada por Donald Trump y la proliferación de grupos de extrema derecha ligados al supremacismo blanco.
Al desarrollar la investigación del caso, el gobierno mexicano constató que con la misma facilidad con que Crusius adquirió el arma homicida para llevar a cabo el ataque en El Paso, los cárteles del narcotráfico y otras organizaciones delictivas adquieren las armas, incluso de alto poder –en supermercados, ferias y por internet— que luego son empleadas en todo tipo de crímenes.
Solo entre 2007 y 2020, más de 160 mil mexicanos fueron asesinados con armas de este tipo.
Según cifras del propio gobierno mexicano, cada año ingresan al país, atravesando la frontera de manera ilegal, entre 230 y 250 mil armas adquiridas en algunas de las 50 mil tiendas que las ponen a la venta en Estados Unidos.
Se afirma que cada 15 días los cárteles resurten su armamento por medio de diversas vías: desde el tráfico hormiga hasta los grandes movimientos en buques y tráileres.
Según la consultoría jurídica de México, “las empresas demandadas son conscientes de que sus productos son traficados y utilizados en actividades ilícitas en contra de la población civil y autoridades de México. Sin embargo, siguen priorizando el beneficio económico y utilizan estrategias de la mercadotecnia para promover armas cada vez más letales sin dispositivos de seguridad o trazabilidad”.
De ese modo se han detectado armas dirigidas expresamente para el consumo de narcotraficantes: existe en el mercado, por ejemplo, una pistola de cachas nacaradas conocida como “El Jefe”, y hay registro de armas cuyo diseño original puede ser modificado para aumentar su poder destructivo.
La demanda va dirigida contra Smith &Wesson, Barret Firearms, Colt Manufacturing Company; Glock Inc y Sturm y Ruger & Co. Inc., entre otras.
Leyes expedidas en 2004 por el gobierno de George Bush otorgan inmunidad a productores y distribuidores de armas. “México reconoce el derecho de los Estados Unidos de mantener ese marco normativo. No obstante, reclama el derecho de establecer su propia relación con los productores y distribuidores de armas cuando el daño se está produciendo en nuestro país. La demanda exige una compensación económica por los daños que el país ha sufrido y acciones concretas para lograr un comercio responsable”.
El 14 de diciembre de 2012, joven de 20 años, Adam Lanza, asesinó a su madre de cuatro tiros en la cabeza. Con un fusil AR-15 que le había pertenecido a ella, así como con dos pistolas, un Glock y una SIG Sauer, se dirigió a la escuela primaria de Sandy Hook, en Connecticut, en donde más de 450 niños recibían clases.
Ese día iba a ocurrir el tiroteo más mortífero ejecutado por una sola persona en la historia de Estados Unidos.
Lanza caminó por los pasillos, recorrió las aulas. Mató a 20 niños y a seis adultos, y luego se pegó un tiro.
Nueve familias iniciaron una demanda en contra de Remington, la empresa fabricante del fusil, por la manera en que lo había ofrecido al público (a través de un videojuego violento). Hace apenas unos días, después de un largo litigio, Remington propuso a la familia de las víctimas una reparación por 33 millones de dólares.
Dice el gobierno mexicano que cuenta con argumentos para ganar este litigio, al que “una cuestión de principio y una obligación moral” que contribuya “a la restauración social y económica de innumerables comunidades de México”. (Héctor De Mauleón El Universal, Opinión, p.2)
El bloqueo de Estados Unidos a Cuba no es un discurso. El bloqueo es real. Y el bloqueo agudizado por las 243 medidas de Trump, han hecho todavía más difícil la vida en la isla.
Podría contar cantidad de historias personales al respecto, refiere el embajador mexicano Miguel Díaz Reynoso, pero aquí mismo en la embajada este bloqueo lo vimos todos los días:
-No podemos pagar a veces el mes al personal de la embajada, no podemos pagar los servicios porque las cuentas de bancos se complican muchísimo, nos congelan los pagos. No podemos a veces comprar comida…; se bloquean las cuentas y bloquean a los bancos que se atreven a hacer operaciones con Cuba.
Las órdenes ejecutivas que aprobó Trump —que tienen que ver con turismo, comercio, con el tema financiero—, “lanzaron dos tiros de bazuka al corazón de la gente, no del gobierno, de la gente”: las remesas y el tema migratorio.
¡Terrible tema! No puedes recibir remesas…, y si no hay turismo, si no hay ingresos, el nivel de vida de las familias se desploma, señala el también ex embajador de México en Nicaragua.
—Bloquear las remesas es terrible. Conozco familias cubanas desesperadas por no tener la posibilidad de recibir remesas.
Haber cerrado además la posibilidad de realizar trámites migratorios en el consulado de Estados Unidos en La Habana, ha metido a la región —a México incluido— en graves problemas porque llevamos los últimos años viendo cómo la migración se iba a Centroamérica, a Sudamérica para buscar la manera de subir el penoso peregrinaje hacia el río y entrar a México de ilegal. Esto ahora no se puede, es parte de la política de ahogo.
La cuestión financiera es gravísima también, comenta Díaz Reynoso. Las naves que traen el petróleo no pueden luego ir a Estados Unidos. ¡Es un pecado ir a Cuba! EU impidió, por ejemplo, que llegara ayuda humanitaria de China y bloqueó el transporte de los que querían llevar insumos y material médico.
Y lo último para completar el cuadro es la declaración de Cuba como patrocinador del terrorismo. Eso que hizo Trump antes de irse —lanzar esta bomba de tiempo— tuvo graves consecuencias. Entre otras cosas, ahí se llevan entre las patas a todos los que tienen tarjetas de bancos con alguna relación con EU.
Tenemos que hacer malabares para hacer envíos de la embajada a las empresas mexicanas, cuenta: Me hablan los empresarios: ¿cómo le hago para que me paguen o para que yo pague a Cuba sin que me bloqueen las cuentas?
“O sea, esto del bloqueo no es un discurso. Tiene toda la razón el presidente (López Obrador) en decir ‘no basta con rechazar el bloqueo en las Naciones Unidas’; hay que hacer algo más. Y en ese algo más está describir lo grave, lo horrible, lo inhumano, lo ilegal de estas medidas”. (Martha Anaya, El Heraldo de México, Opinión, p.5)
Gringos consumistas
Nos dicen que mientras aquí el gobierno piensa que no hay que ser consumistas y que por ahora no es necesario vacunar contra Covid a menores de 18 años, en ciudades como Tijuana y otras de la franja fronteriza, ya se empieza a perfilar la posibilidad que el gobierno de Estados Unidos o de estados como California, doten de vacunas para miles de menores de edad, algunos de los cuales cruzan diariamente a tomar clases en aquel país. Tal como ocurrió con empleados de maquiladoras en su momento y con los jóvenes de 18 a 30 años que fueron inmunizados con dosis regaladas por el gobierno de Biden, es posible que pronto apliquen la vacuna a niños, pero ya ve usted como son de consumistas esos estadounidenses. (El Universal, La 2, p.2)