Desde hace meses, Andrés Martínez, director general del Consejo de Promoción Turística de Quintana Roo (CPTQ), anticipó que el verano sería complicado para los destinos del Caribe mexicano debido a la falta de aviones por los problemas de Boeing y Airbus.
Hace apenas unos días se hicieron públicos los datos del Instituto Nacional de Migración (INM) a julio, que reportaron una baja de -3.7 por ciento en la llegada de pasajeros a México por la vía aérea.
En ese contexto, el aeropuerto de Cancún se ha defendido de forma relevante, pues sólo trae -0.2 por ciento de ajuste, que en términos absolutos son menos de 10 mil pasajeros, al pasar de seis millones 38 mil 200 a seis millones 28 mil 700.
Además de que en los primeros seis meses del año entraron 149 mil 800 turistas por el nuevo aeropuerto de Tulum, lo que produjo casi 140 mil pasajeros más para los destinos del estado.
Martínez ha estado trabajando con las herramientas digitales, al punto de que ahora sabe cuáles son los colores que deben destacar en las aplicaciones para aumentar el tráfico y está haciendo alianzas con empresas financieras para llegar con precisión a los públicos objetivo de los diferentes productos turísticos de Quintana Roo.
Un hecho que ha sido muy comentado en el mundo de la publicidad es que la campaña Nueva Era (New Era, en inglés) del Caribe mexicano, no sólo ha llamado la atención de los viajeros, sino también de algunos competidores que la están copiando.
En el argot publicitario a esto se le llama look alike, es decir, producir algo que se parece a un trabajo exitoso, para subirse a la ola, pero sin pagar derechos o regalías.
Hay que ver, por ejemplo, Prueba el paraíso (Taste the paradise), la campaña de República Dominicana, cuyo spot comienza igual que el de la Nueva Era del Caribe mexicano, con una imagen del mar y una voz masculina, cuyo ritmo y narrativa son similares a los de la campaña de Quintana Roo.
Además de las estrategias digitales, también ha sido positivo que, en todo momento, se estén escuchando las sugerencias e ideas de los empresarios locales, es decir, de hoteleros, operadores y prestadores de servicios turísticos.
Así es que el CPTQ, bajo la conducción de Martínez, está marcando la pauta en esa región ahora que están por realizarse algunas de las ferias internacionales de turismo más importantes del año.
Divisadero
Tótem. En sus interminables rollos de sobremesa, varias veces Miguel Torruco, el ya casi exsecretario de Turismo, citaba El Kybalión, un libro esotérico, supuestamente redactado por el alquimista Hermes Trismegisto, aunque, en realidad, lo escribió un comerciante estadunidense.
Entonces hablaba de Akenatón y las leyes de la correspondencia, considerando que priistas y panistas estaban aferrados al poder y a sus privilegios, lo que les estaba saliendo muy caro, porque lo que das, recibes.
Ahora parece cojear de la misma pata y sigue complicándole la vida al equipo entrante, negándoles, incluso, una oficina mientras se realiza la transición.
En el discurso, el proceso se está haciendo de forma tersa, pero, en la realidad, sigue operando para conservar posiciones después de que saque sus pertenencias en unas cajitas.
A lo mejor ya olvidó el principio de causa y efecto, que tanto pregonaba, lo que le puede dar algunas sorpresas tras el 1 de octubre. (Carlos Velázquez, Excélsior, Dinero, p. 5)
El presidente Andrés Manuel López Obrador parece haber lanzado algo comparable a un dramático “volado” con la economía mexicana al promover una reforma del sistema judicial mexicano que encuentra oposición doméstica y desconfianza externa.
Si López Obrador tiene razón, México seguirá como un país atractivo para la inversión externa por valor propio, gracias al anzuelo del “nearshoring”, o sea la posibilidad de reubicación de empresas desde China para acercarlas a los Estados Unidos y por supuesto, el acceso mexicano al mercado estadounidense gracias al Tratado México-Estados Unidos-Canadá. Pero si no…
En lo inmediato, al menos en términos de comentarios, las reacciones internacionales fueron negativas.
La Cámara de Comercio Estados Unidos-México reportó que “algunas empresas estadounidenses” frenaron planes de inversión en México, por lo que se ha definido como “aversión al riesgo” ante temores de que “la reforma puede comprometer la independencia del Poder Judicial, debilitar la democracia y en consecuencia, reducir la inversión extranjera directa y deteriorar la relación comercial con Estados Unidos y Canadá”.
Es una opinión ampliamente compartida. Para Daniel Kerner, director general para América Latina de Eurasia Group, una empresa de análisis de riesgos, “la reforma judicial seguramente se convertirá en un punto de conflicto cuando se renegocia el Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá en 2026”.
La realidad es que las nubes están ahí desde hace tiempo y que en 2026 habrá una revisión, no una renegociación del T-MEC, pero eso no implica mucho: los gobiernos de esos países no tienen capacidad para ordenar a sus empresas donde invertir, pero sí de imponer medidas para obstaculizar el comercio, como se ha visto ya en los casos de algunos productos chinos.
Peor aún, tampoco garantiza la confianza entre inversores que desconfían de sistemas judiciales susceptibles a la influencia de los rejuegos de la política doméstica y ven una actitud negativa a sus intereses como única certidumbre
Al mismo tiempo, la reforma y su consecuencia ocurren cuando hay un sentimiento nacionalista presente en las campañas de los principales candidatos presidenciales estadounidenses, que puede reflejarse en esfuerzos para recuperar industrias o trasladar los esfuerzos de reubicarlas hacia lugares considerados como más amistosos o más seguros, como algunas naciones del Caribe o los miembros del grupo “Desarrollo en Democracia”.
La jugada de López Obrador parece llevar implícita la preocupación estadounidense por evitar la desestabilización de un vecino con el que comparte una frontera de tres mil kilómetros de largo y donde una crisis económica podría provocar una migración masiva hacia los Estados Unidos.
Pero si bien eso permitirá una relación al menos respetuosa con el gobierno estadounidense, no ofrece necesariamente tranquilidad para inversionistas internacionales ni certidumbres para el futuro de sus inversiones o un acceso seguro a los mercados norteamericanos. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 29)
El próximo martes 10 de septiembre, se llevará cabo el debate presidencial entre Kamala Harris y Donald Trump. Será en Filadelfia, ciudad situada en Pennsylvania, el estado que probablemente inclinará la elección hacia un lado o hacia otro.
Hoy, para fines prácticos, la contienda está empatada, pues, aunque Kamala aventaja a Trump y muy probablemente ganará el voto total de los electores la cosa se complica con el anacrónico sistema que da el triunfo a quien gane el Colegio Electoral. Esto en 2000 y 2016 ya le dio la presidencia a George W Bush y al propio Trump.
Las encuestas indican que el resultado de la elección dependerá de lo que suceda en solo 7 estados de los 50 con los que se integra la Unión Americana. En estos 7 estados, todas las preferencias electorales se encuentran dentro del margen de error (+/- 3%).
Tomando en cuenta el peso de los otros 43 estados, el marcador actual nos diría Kamala Harris 226 y Donald Trump 219 (se necesitan 270 para ganar). Lo más probable es que la elección se decida por un puñado de votos en los estados “péndulo”.
Pennsylvania (19 votos electorales), North Carolina (16), Georgia (16), Michigan (15), Arizona (11), Wisconsin (10) y Nevada (6) es donde se está jugando el futuro de los Estados Unidos y, debido a su poderío e influencia, un impacto que tendrá resonancia en el mundo y desde luego en México.
La marcha de nuestra economía, del régimen político, la migración y el combate al crimen trasnacional será muy diferente en una dinámica Harris-Sheinbaum que en una Trump-Sheinbaum. Un camino sería más serio e institucional y el segundo más transaccional (el primero podría ser mejor para México como nación y el segundo para la presidenta electa para consolidar su proyecto nacionalista antiglobalización).
En competencias no tan cerradas, el impacto de los debates presidenciales ha sido limitado (claras excepciones han sido —cuando Kennedy deslumbró a Nixon y cuando Biden ratificó que un triunfo demócrata solo sería posible si declinará su nominación)— pero ahora lo que veremos el martes abrirá un nuevo capítulo en la contienda.
El evento se presenta como un riesgo y oportunidad para ambos.
Para Kamala Harris, el riesgo consiste en que se vea disminuida y aplastada por Trump, mientras que la oportunidad radica en presentarse como la fiscal férrea que es capaz de derrotar en las urnas al criminal convicto y así no perder el gran momentum que ha tenido su candidatura desde el día uno.
Para Trump, el riesgo consiste en perder su aura de macho alfa dominante y en dar continuidad a una campaña que ha perdido toda la disciplina y que viaja a la deriva en función de las ocurrencias del día. La oportunidad radica en posicionar a un rival como una persona no apta para el puesto, entre otras cosas por su “radicalismo izquierdista”.
Estados Unidos está cada vez más desunido, tanto por la emergencia de discursos de odio, inconformidades económicas, guerras culturales, regresiones en derechos, debilitamiento internacional, todo esto azuzado por la fragmentación del ecosistema de comunicación, donde cada facción ve una realidad totalmente diferente y antagónica a lo que percibe la otra mitad.
Por ejemplo, poco ayuda queel dueño de X —hasta el día de hoy la red social más influyente en materia de asuntos políticos— esté abiertamente no solo a favor de Trump sino difundiendo memes y ataques a la candidata demócrata.
Si usted viviera en Estados Unidos y fuera uno de los 2 millones de personas que en promedio ven Fox News, creería que los demócratas y Kamala tienen la misión de instaurar el comunismo, dejarse invadir por migrantes criminales y pervertir a las personas con sus preferencias sexuales.
Si usted fuera uno de los 1.8 millones que ven en promedio las dos cadenas más críticas con los republicanos, MSNBC (1,2 millones) o CNN (600 mil), sentiría que una dictadura estaría llegando a su país, la colusión con los rusos para abandonar a Europa y una cruzada para acabar con los programas sociales.
Esta polarización basada en romper una casa compartida, el acuerdo, el diálogo, el respeto al otro y la búsqueda del bien común es el que está quebrando a la convivencia democrática. Veamos cómo se expresa esta tendencia disruptiva en el espectáculo del debate del próximo martes. (Guido Lara, El Financiero, Opinión, p. 32)
El controvertido tema de la migración le ayuda con creces al republicano. Migración y frontera ha sido el gran talón de Aquiles de Biden y de Kamala
La elección de 2024 en Estados Unidos ha estado llena de sorpresas: el intento de asesinato de Donald Trump, la renuncia de Joe Biden y el rápido ascenso de Kamala Harris. Como se dice en México, “hay tiro” en esta elección, y todas las encuestas indican que la moneda está en el aire.
Tradicionalmente, el martes después del Labor Day (Día del Trabajo, siempre el primer lunes de septiembre), es decir el próximo martes 3, arranca la recta final de la elección. Ya pasaron las eliminatorias (la temporada primaria), las semifinales (las convenciones nacionales de ambos partidos durante el verano) y el próximo martes arranca el partido final con un marcador cero a cero. Ambos, demócratas y republicanos, tienen con qué ganar.
Aunque las apuestas muestran un empate técnico, en mi opinión Trump lleva una ligera ventaja. Esto es, la moneda está en el aire, pero cargada a Trump. Hay cuatro principales factores subyacentes.
El Colegio Electoral es un sistema electoral anticuado y caduco. No hay autoridad central. Nuestros vecinos simple y sencillamente se durmieron en sus laureles y nunca reformaron un sistema creado por los Constituyentes (llamados Padres Fundadores) a finales del siglo 18. Se creyeron el mito de que eran infalibles. Y para suerte de los republicanos, el diseño de este sistema favorece los estados con población blanca y rural.
Por ejemplo, cada voto electoral del estado de California representa a más de 700 mil personas, mientras que ese mismo voto electoral en la pequeña y rural Wyoming sólo representa a 190 mil. Es decir, es un sistema injusto que beneficia al Partido Republicano, cuya base es mayoritariamente blanca y rural.
Mi apuesta es que Kamala Harris ganará el voto popular, como los demócratas Gore, en 2000, y Hillary, en 2016, pero que no llegaron a la Casa Blanca por el anacrónico Colegio Electoral. El camino de la victoria para Trump está en los seis o siete estados columpio, los únicos que pueden decantarse por uno u otro partido.
Inflación. Para los votantes independientes, quienes decidirán la elección, la inflación y la economía son, por mucho, los temas más importantes. Una encuesta de esta semana de The New York Times muestra que, en este terreno, Trump aventaja claramente a Kamala. La narrativa popular es que, como bajará los impuestos, creará más empleos y fomentará la inversión privada.
Posible voto oculto por Trump. En las elecciones de 2016 y 2020, las encuestas, y el Partido Demócrata, subestimaron el apoyo popular hacia Trump. El llamado “voto oculto”, que captura a aquellos que “les da pena” apoyar abiertamente al fanfarrón y misógino señor Trump. No obstante que el poder político de la mujer ha avanzado claramente desde la intentona de Hillary en 2016, no hay que olvidar que Kamala es minoría doble: mujer y negra.
Finalmente, el controvertido tema de la migración le ayuda con creces al republicano. Migración y frontera ha sido el gran talón de Aquiles de Biden y de Kamala. Cerca de 9 millones de personas han ingresado al país durante su cuatrienio. No obstante, aunque esta enorme inmigración está en la base del repunte económico de Estados Unidos, la narrativa republicana y de Fox News se ha impuesto: la frontera con México ha estado fuera de control, por lo que urge el regreso a la Casa Blanca del señor de la bella y hermosa pared en la frontera, Mr. Trump.
Kamala y su partido tendrán que realizar un juego impecable en los próximo 60 días para descontar las ventajas que avizora Trump. Esto lo dejaremos, querido lector, para mi próxima entrega. (Rafael Fernández de Castro, El Financiero, Mundo, p. 29)

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p.12)