Opinión Migración 061021

EU-México: reconstruir la confianza

Nuestro país tiene un nexo casi indisoluble con su vecino del norte, al punto de que una gran parte de su población se encuentra en este momento residiendo en Estados Unidos, hay gran influencia intercultural entre ambos países y esa nación es en más de un sentido el principal socio de México.

La relación bilateral se vio debilitada durante el gobierno de Trump, pero con la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, varios pasos se han dado con el objetivo de restaurar una relación que, si bien nunca se perdió, sí quedó bastante deteriorada.

Estos nuevos pasos de acercamiento se han dado con la visita de la vicepresidenta Kamala Harris a nuestro país, así como la serie de llamadas sostenidas entre Biden y López Obrador, o las visitas del secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, para abordar temas conjuntos de migración. Y sin dejar de lado la reciente reunión del Diálogo Económico de Alto Nivel (DEAN) que se verificó el mes pasado en Washington.

Un nuevo paso más se dará este viernes con el Diálogo de Seguridad de Alto Nivel, que no se efectuaba desde la administración del presidente Barack Obama. Esta reunión muestra su importancia al contar con la participación de Antony Blinken, secretario de Estado de EU, teniendo como asuntos de interés prioritario para la relación bilateral a la migración, el narcotráfico y el contrabando de armas.

Nuestros destinos están vinculados y no es sano que las dos naciones tomen rumbos separados, sino que se debe dialogar para hallar soluciones conjuntas a problemas comunes que atañen a ambos lados de la frontera.

La plática sostenida por este diario con el exembajador de Estados Unidos en México Anthony Wayne deja ver varios puntos interesantes para una colaboración de largo plazo, que no esté restringida a los cambios de presidentes. Por ejemplo, el exfuncionario reconoce la necesidad de inversión de largo plazo en el sur de México, pero también en sistemas de asilo, de refugio para migrantes.

La confianza se gana con hechos, y ambas partes tienen que colaborar para la solución de problemas que les confieren a los dos al compartir una frontera tan larga y problemática. La apuesta es por el diálogo hasta hallar puntos de acuerdo y beneficio común. (Editorial, El Universal, Opinión, p. 20)

Pepe Grillo

Adiós a los helicópteros

La llamada Iniciativa Mérida recibirá los santos oleos en la reunión de alto nivel en materia de seguridad entre México y Estados Unidos que se realizará en viernes.

Ese es al menos el objetivo del gobierno mexicano que ya no quiere más helicópteros ni armas. El canciller Marcelo Ebrard va por mayor acceso a información de inteligencia y apoyo para el desarrollo.

Esa es la visión de México. Nada indica que la administración Biden la comparta. A ellos lo único que les interesa es asegurad su frontera sur y para eso es necesario detener la migración y que México les haga es trabajo es sucio.

A pesar de las sonrisas y las palabras diplomática, la realidad es que la reunión de seguridad del viernes se dará en un entorno de claro distanciamiento. (La Crónica de Hoy, Nacional, p. 9)

Desde afuera // EU y México: una vieja / nueva relación

Un rediseño de la cooperación de seguridad entre México y Estados Unidos será el resultado formal de la reunión de Alto Nivel que este viernes sostendrán funcionarios de los dos países en México.

La idea es reemplazar la Iniciativa Mérida que, desde 2008, puso el marco a las relaciones entre los aparatos de seguridad y justicia de los dos países, para inaugurar la “guerra contra el narco” a la que hoy se atribuyen todos los problemas de violencia que sufre el país.

De acuerdo con Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores, esa iniciativa “está muerta”, y según fuentes de la propia SRE, lo que viene es mejor. Por primera vez, aseguró un informante, “vamos a trabajar hombro con hombro”.

El nuevo “entendimiento bicentenario”, como adelantó Jesús Esquivel en el semanario Proceso, llevará a modernos acuerdos para compartir inteligencia y para acotar las acciones de los agentes estadounidenses en México.

El diálogo “de alto nivel” sobre seguridad traerá a México a los secretarios Anthony Blinken (Estado), Alejandro Mayorkas (Seguridad Nacional), y al Procurador General Merrick Garland, que la semana pasada se reunió en Washington con Alejandro Gertz Manero, su contraparte en México.

Para el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, la idea central sería poner orden en una relación en la que el gobierno federal había perdido incluso control sobre los apoyos que pedían los estados.

La intención sería restablecer igualmente un equilibrio: a raíz de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, los vínculos regionales de seguridad han estado determinados, sobre todo, por los intereses estadounidenses.

Desde ese punto de vista, la realidad es que si hay 100 mil muertos en México por la violencia, hay otros tantos en Estados Unidos por el consumo de drogas, lo que brinda mayor urgencia e importancia a la necesidad de que ambos países trabajen de manera conjunta.

Qué tan profundo o que tan significativo sea el cambio está por verse, aunque en alguna medida la nueva conformación puede ser de utilidad para ambas partes.

Se podría recordar que cuando se convino la Iniciativa Mérida también se subrayó la importancia de que por primera vez EU reconociera su corresponsabilidad en el problema. Pero de acuerdo con sus críticos, la propuesta “se envició” y no dio los resultados esperados.

Esta vez, dicen los informantes, los actores son diferentes y por tanto el resultado va a ser distinto.

Pero la verdad sea dicha, todo cambio genera riesgos, y a veces costos: días antes del 11 de septiembre de 2001 el gobierno de México había denunciado –y renunciado, de paso– al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).

La renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) dio lugar al tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) que por lo pronto, más bien complicó las cosas a los socios. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 31)

La divisa del poder // Reunión AMLO – Biden en noviembre

La Presidencia de la República realiza los preparativos para el encuentro que sostendrán el presidente Andrés Manuel López Obrador y el mandatario estadounidense Joe Biden el próximo mes.

López Obrador acudirá a la Casa Blanca, como lo hizo en su momento con Donald Trump, a invitación del presidente Biden.

El encuentro genera mucha expectación pues es bien sabido que el Presidente de México apostó por la reelección de Trump, a quien consideró en su momento su amigo.

Además de apostarle al republicano, recientemente dos senadores de ese partido enviaron una carta a López Obrador quejándose porque el jefe del Ejecutivo recibió, en el marco de la reunión de la CEPAL, a los presidentes de Venezuela y Cuba, sobre quienes pesan acusaciones añejas de violaciones a los derechos humanos de los habitantes de ambos países.

En el contexto actual, dos temas han tensado la relación entre nuestro país y el vecino del norte: la multitudinaria migración de haitianos y la violencia que no cesa.

Sobre el primer tema, Estados Unidos sigue utilizando a México como país de refugio; los indocumentados que son detenidos en su territorio son enviados a la frontera norte y a partir de ahí el problema ya es del Gobierno mexicano.

En el tema de la violencia, ayer el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, anunció que pedirá a Estados Unidos que ya no envíen al país “ni armas ni helicópteros’’.

Ebrard declaró concluido el Plan Mérida, mediante el cual el Gobierno estadounidense aportaba millones de dólares en efectivo y equipo para contribuir al combate a la delincuencia organizada.

Los resultados del fracaso de tal estrategia están a la vista.

López Obrador tendrá la oportunidad de poner los temas que le interesan al país en la mesa de Biden, y no como ocurrió con Trump, aceptar resolver los temas que le interesaban al expresidente, como la contención de la migración en Chiapas, al costo que fuera. Veremos. (Adrián Trejo, 24 Horas, México, p. 4)

Brújula // La reunión con Ebrard

En dos días llegan a México el secretario de Estado norteamericano, Anthony Blinken, el de Homeland Security, Alejandro Mayorkas, y el procurador Merrick Garland para reunirse con el canciller Marcelo Ebrard en el Diálogo de Alto Nivel que se enfocará en temas de seguridad.

A estas pláticas llegan los funcionarios del gobierno de Joe Biden, que están con un tema central en su agenda: evitar la injerencia de China en el mundo en general y en América en particular.

Si bien Ebrard tiene entre sus temas prioritarios cerrar el capítulo de la Iniciativa Mérida y abrir uno nuevo en materia de seguridad, para Garland, Blinken y Mayorkas no habrá pasado desapercibido que en la Cumbre de Celac, fue Ebrard quien presentó con bombo y platillo la videoconferencia del Jefe de Estado chino, Xi Jinping.

Con este antecedente vale la pena preguntarnos ¿con qué ánimo llegarán Mayorkas, Garland y Blinken al diálogo con Ebrard?

En un momento en donde la doctrina de política exterior de Biden es ya muy clara: su tema principal es China, México ha decidido inexplicablemente acercase a ese país. Inexplicablemente porque, desde la entrada de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC), estamos ambos países en una situación de suma cero. Lo que China gana con Estados Unidos, México lo pierde y viceversa.

Entonces, cuando Estados Unidos decide que su estrategia es frenar a China, resulta incomprensible que México no opte por aprovechar la circunstancia para acercarse aún más al vecino del norte.

Para Biden, que enfrenta enormes problemas internos y de política internacional, China es uno de los pocos frentes en donde logra respaldo bipartidista. Tanto demócratas como de republicanos están en favor de contener a China. En la más reciente encuesta de Gallup, el 79 por ciento de los estadounidenses expresó tener una opinión muy desfavorable sobre China. Aquí no hubo diferencias notables entre miembros o simpatizantes de cada partido.

Por ello, a diferencia de prácticamente el resto de las acciones de Donald Trump, en la relación con China, Biden no solo ha mantenido la postura de fuerza y contención que implementó su antecesor, sino que la ha aumentado: mantiene las tarifas a los productos chinos; ha seguido con las críticas del manejo del coronavirus por parte de China; ha criticado los abusos en materia de derechos humanos de ese país y ha expresado abierto apoyo a un Taiwán independiente.

Para el gobierno de Biden, el papel de Estados Unidos actualmente es lograr que prevalezca la democracia sobre el autoritarismo y ahí China es el principal rival. Esto explica muchas de las acciones de política interna e internacional que ha llevado a cabo el gobierno.

Así las cosas, se antoja complicado el encuentro del 8 de octubre entre Ebrard y la comitiva de Estados Unidos. El memorándum que quiere firmar el gobierno mexicano con el estadounidense, para ser viable, requiere que la relación que tenemos con China cambie. Nuestro desarrollo está atado a Estados Unidos. No es muy difícil de entender esto. O cuando menos, no debería serlo.

Si el gobierno mexicano cree que puede abrazar a Xi Jinping y a la vez pedir cooperación y confianza de Estados Unidos, muy pronto se dará cuenta de que está muy equivocado. (Ana Paula Ordorica, El Universal, Nación, p. 10)

Estira y afloja // Apoyo de EU contra trabajo infantil

Mientras se endurece la crítica a la contrarreforma energética que provocará miles de amparos en caso de aprobarse, miles de millones de dólares en pérdidas y una ruptura de la débil oposición política a la 4T, Estados Unidos anunció fondos federales para combatir el trabajo infantil y forzoso en las cadenas de suministro de tomate y chile producidos en Baja California, Baja California Sur y Chihuahua que violan el T-MEC.

México es el mayor exportador mundial de tomates y chiles, y EU compra 85 por ciento de los tomates y 72 por ciento de los chiles. El Departamento del Trabajo de ese país concluyó estudios que revelaron que en ese sector se incumplen leyes laborales internas y normas internacionales que favorecen la explotación de indígenas, de migrantes, la trata de personas, el abuso sexual de mujeres y la presencia del crimen organizado.

La Oficina de Asuntos Laborales Internacionales utilizará 5 millones de dólares de asistencia técnica en proyectos mexicanos que impulsen el cumplimiento de las leyes y el T-MEC respecto al combate a prácticas de trabajo ilegales en las cadenas de suministro de tomate y chile en esos tres estados. En San Quintín, Baja California y Baja California Sur se produce más de 12 por ciento del tomate a escala nacional y en Chihuahua 25 por ciento del chile.

De acuerdo con los análisis, el Módulo de Trabajo Infantil 2019 reveló que casi 638 mil niños trabajan en actividades agrícolas en México. En los dos primeros estados la tasa de trabajo infantil es de 5.3 y 8.1 por ciento con 26.4 y 16.2 por ciento de mujeres respectivamente; en Chihuahua la tasa es de 9.5 por ciento. Muchos son migrantes indígenas del sur del país.

El apoyo ofrecido por Estado Unidos incluye a asociaciones empresariales, pequeños y medianos productores formales e informales, empresas empacadoras y de logística, exportadores y otros actores involucrados en las cadenas productivas de tomate y chile. Las solicitudes vencen el 6 de diciembre y el proyecto durará máximo 54 meses; se deben proponer estrategias para enfrentar el trabajo infantil y forzoso, y otras formas de explotación laboral, y pueden incluir cualquier organización comercial, internacional, educativa o sinfines de lucro, como organizaciones religiosas, comunitarias o públicas. (Jesús Rangel, Milenio Negocios, p. 18)