Opinión Migración 061219

La Diplomacia Consular, herramienta al servicio de México y los mexicanos

Uno de los recursos más valiosos con los que México cuenta para articular su política exterior es la Diplomacia Consular. De hecho, hoy en día se ha convertido en una herramienta indispensable para atender el complejo abanico de temas y actores que participan en los millones de intercambios gubernamentales, académicos, empresariales y humanos que tienen lugar todos los días entre México y Estados Unidos.

Bajo este paradigma único de la diplomacia mexicana se desarrolla una intensa actividad desde los consulados con dos objetivos prioritarios: la atención de las necesidades de nuestra diáspora y generar condiciones favorables a los intereses nacionales en los contextos locales.

La ruta que nos ha marcado esta administración para atender a nuestros connacionales tiene como marco de referencia la estrategia de protección al migrante del Gobierno de México anunciada en febrero de 2019 por el canciller Marcelo Ebrard, que establece diez acciones encaminadas a que nuestros consulados se consoliden como defensores eficaces de los migrantes. En consistencia con este “decálogo”, durante 2019 el Consulado General de México en Chicago ha fortalecido la infraestructura para elevar la calidad de la atención a nuestra comunidad en los 87 condados que cubrimos en Illinois e Indiana. Este año emitimos alrededor de 200,000 documentos desde nuestra sede, en los 46 Consulados sobre Ruedas que han visitado 32 ciudades de la circunscripción y durante las 25 jornadas realizadas en el fin de semana. (Reyna Torres Mendivil, La Razón, Opinión, p.15)

 

Trípoide / El engaño del empleo en México y Centroamérica

Sorprende que el Legislativo mexicano haya reducido al Grupo de Amistad México-Honduras a una falacia. Fue el pasado jueves, durante la presentación oficial de la creación de esta institución que tiene la noble misión de buscar acciones en común para frenar la migración y empujar el desarrollo regional.

En pleno recinto de San Lázaro, la diputada Martha García replicó el discurso del Ejecutivo y, como si tal cosa, dijo que los gobiernos de ambos países “deben crear empleos suficientes” para evitar el éxodo y de paso olvidó que el Estado tiene una misión mucho más alta que crear fuentes de trabajo: ser el garante de las condiciones para que los ciudadanos lo hagan. Esto es: dar seguridad pública y certeza jurídica.

Mexicanos y centroamericanos no son inútiles, pueden emprender todo tipo de negocios por sí mismos como lo demuestran a diario, pero, de nada sirve que abran sus propias empresas si un ejército de chacales, vivillos, criminales al amparo de la impunidad les cae arriba para extorsionarles y exigir derecho de piso o “protección” a punta de pistola. Y lo hacen con más saña contra los pobres. En México van contra las tortilleras de Guanajuato, los taxistas de San Luis Potosí, los tenderos de Jalisco, los ganaderos y taxistas de Guerrero… (Gardenia Mendoza, Heraldo de México, Opinión, p.24)

 

Apuntes Globales / Los motivos de la cruzada antimigratoria de Trump

El presidente número 45 de los Estados Unidos está llevando a cabo una cruzada anti-migratoria. No solamente quiere impedir que lleguen inmigrantes indocumentados, sino también está intentando disminuir los números de inmigrantes legales. En especial, ha realizado un esfuerzo extraordinario por obstaculizar a los peticionarios de asilo que llegan a la frontera México-Estados Unidos.

¿De dónde viene este celo migratorio? ¿Es puro y duro racismo?

Me parece que Trump es un racista. Pero sobre todo es un pragmático sin principios. Eso explica que tenga a veces una posición contradictoria. Por ejemplo, un racista anti-migratorio puro y duro nunca vería bien a los dreamers, quienes llegaron de niños a Estados Unidos de la mano de sus papás. Sin embargo, Trump se refería a ellos como “buenos chicos,” como una población positiva para Estados Unidos. Aunque, al final de cuentas, acabó con el programa de Acción diferida conocido como DACA, por sus siglas en inglés, que les permitía quedarse y trabajar legalmente.

La cruzada antimigratoria de Trump se compone de dos elementos. El primero consiste en una retórica subida, incluso grosera anti-migrante –son unos violadores y criminales—, la cual se ha convertido en un gran instrumento electoral. Y el segundo, es un grupo de sofisticados racistas y anti-inmigrantes que desde que Trump era candidato lo apoyaron y le exigen desde que es mandatario que instrumente una agenda integral antimigrante. (Rafael Fernández de Castro M., El Financiero, Opinión, p.31)

 

Astillero

México abre (más) puertas a EU// Contra crimen trasnacional // Avanzan exigencias de Trump // Combatir a monstruos y terroristas

Exactamente a un mes de haber soltado un mañanero tuit de amago, aunque disfrazado de amable exploración, y a ocho días de haber advertido que consideraba declarar como terroristas a los cárteles mexicanos del crimen organizado, Donald Trump hizo que su procurador de justicia, el fiscal general William Barr, se reuniera en México con el Presidente de México y sus principales secretarios para fortalecer un Grupo de Alto Nivel de Seguridad (Ganseg, formado el 27 de agosto del año en curso) que ensanchará las vías de injerencia del país imperial en su vecino ya doblegado este mismo año bajo el rubro de los asuntos migratorios.

El tuit de Trump (emitido a las 7:25 am del martes 5 de noviembre de 2019) se produjo un día después de la aún insuficientemente esclarecida matanza de mujeres y niños pertenecientes a la comunidad mormona asentada en Chihuahua, una de cuyas ramas familiares más conocida es la de los LeBarón. El ocupante de la Casa Blanca comenzó diciendo: “Una familia y amigos maravillosos de Utah quedaron atrapados entre dos viciosos c á rteles de la droga, que se disparaban el uno al otro, con el resultado de que fueron asesinados muchos grandes estadunidenses, incluidos niños pequeños, y algunos desaparecidos”. (Julio Hernández López, La Jornada, Opinión, p.8)

 

¿Y ahora qué le daremos a Donald Trump?

Como una de las derivaciones del asesinato de nueve integrantes de la familia LeBarón en el noroeste de México y en su búsqueda desesperada de justicia que no encuentran en México, le solicitaron a Donald Trump que considerara a las organizaciones criminales mexicanas como terroristas. Días después, en una entrevista, Trump dijo que lo haría. Más allá del tecnicismo y de sus implicaciones, sorprende la actitud del gobierno mexicano.

El comentario de Trump se dio en una entrevista sobre varios temas. Ni siquiera era ese el más importante y fue en reacción a la insistencia del entrevistador. No era un tema que Trump trajera en su agenda y no ha habido declaraciones posteriores. El gobierno mexicano sobrerreaccionó y presentó esa respuesta como casi una declaración de invasión e intervención en territorio mexicano. (Jorge Santibáñez*, La Jornada, Opinión, p.28)

 

¿Terroristas en México?

Hace unos días, el presidente Donald Trump declaró en una entrevista en medios que su gobierno estaba próximo a designar a las bandas criminales en México ligadas al narcotráfico internacional como “grupos terroristas”, una categorización que da algunos poderes extra a autoridades estadounidenses para intervenir en las finanzas de estos grupos y de usar otras estrategias legales contra sus colaboradores. En México hubo señales de alarma, tanto de parte del gobierno mexicano como de analistas independientes.

Vamos a empezar por lo primero. Los narcos no son terroristas. Usan el terror, sin duda, y merecen una respuesta mucho más coordinada y enérgica de parte de los dos gobiernos, de la que estamos viendo en este momento. Pero los grupos terroristas, por definición, son los que usan el terror para lograr fines políticos o ideológicos. Los grupos criminales en México (que son, en realidad, transnacionales, pero tienen su base y liderazgo en México) usan el terror para perseguir fines económicos y mercantiles. Se dedican a hacerse ricos a través de la producción, transporte y venta de drogas, así como otras actividades ilícitas, que van desde el robo de gasolina hasta la extorsión y el secuestro (dependiendo del grupo).

Sin embargo, habría una ventaja clara en designarlos terroristas, que es que el gobierno de los Estados Unidos tendría más facultades para intervenir sus finanzas y de perseguir a sus colaboradores cercanos. Esto no está mal. Y no tendría un impacto directo en la soberanía de México, ya que estas acciones tomarían lugar en territorio estadounidense. (Andrew Selee, El Universal, Opinión, p.16)