A la deriva. Mientras miles de migrantes optan por quedarse en México, el INM, bajo el mando de Francisco Garduño, sigue como un espectador. Las filas interminables en la Comar son el reflejo de una burocracia que no da abasto, mientras Garduño, más preocupado por escándalos que por soluciones, administra una política migratoria de contención disfrazada de hospitalidad. México es opción por necesidad, no por planificación gubernamental. Que los migrantes encuentren aquí una oportunidad no es gracias al INM, sino a pesar de él. ¿Por cierto, sí deja su lugar a Salomón Céspedes? (Frentes Políticos, Excélsior, Nacional, p. 11
Cabeza de Comar
La nueva cabeza de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, instancia clave en la asistencia que reciben los migrantes extranjeros irregulares en México, es efectivamente una mujer. Resulta que desde el pasado 25 de enero fue nombrada Xadeni Méndez Márquez como titular de la Comar, aunque las autoridades federales no lo han hecho “tan público”, pues ni las organizaciones civiles, albergues, o expertos saben que ya hay titular en esa dependencia federal. Incluso, nos comentan desde la Agencia de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, que la funcionaria ya participó en reuniones de coordinación. Y es que, después de casi cuatro meses de no haber liderazgo en esa dependencia y de vivir una fuerte presión por la migración irregular, decidieron elegir a la exdirectora de Asuntos Internacionales del Instituto Nacional de Migración y que ya conoce el sistema migratorio. Ahora tiene el reto de sostener a la Comar ante el incremento de solicitudes de refugio que se teme empezará a desbordar a esa institución. Ahí el dato. (Rozones, La Razón, LA DOS, p. 2)
Este lunes, en una llamada telefónica con Trump, la presidenta Sheinbaum logró frenar la aplicación de aranceles a las exportaciones a Estados Unidos. Sin embargo, la amenaza seguirá latente y podrá ser reutilizada por el presidente estadounidense.
Los acuerdos alcanzados abrieron un canal de comunicación que podría establecer las bases para la relación bilateral en los próximos años, con el propósito de avanzar hacia la consecución de objetivos comunes: México desplegó 10 mil soldados en la frontera norte para evitar el tráfico de drogas (especialmente fentanilo) y la migración indocumentada hacia EU y, según el gobierno de México, Estados Unidos se comprometió a trabajar para evitar el tráfico de armas hacia México.
Ambos gobiernos reafirmaron el compromiso de colaborar particularmente en temas de seguridad, migración y comercio. Sin embargo, el mismo día fue detectado un avión de inteligencia de la Fuerza Aérea de Estados Unidos sobrevolando el Golfo de California. Y días después, otras aeronaves y buques estadounidenses se han acercado a nuestras costas.
Aunque el debate se ha centrado en discutir si el vuelo fue legal o no, si cumplió con los protocolos, o si sobrevoló territorio mexicano o se mantuvo en el espacio aéreo internacional, lo cierto es que la presencia de estos aviones y barcos militares estadounidenses cerca del territorio mexicano, es decir, a una distancia desde la cual su tecnología les permite vigilar e intervenir, es en sí misma una intromisión y una amenaza para nuestra soberanía territorial.
Lo que todavía es difícil asegurar, es si se trata de una muestra de fuerza más para inclinar la balanza hacia el lado estadounidense en las negociaciones con México, si busca comunicar a su audiencia que va en serio en la lucha contra el narcotráfico, si se trata únicamente de operaciones de inteligencia para obtener información, o si es el preámbulo del inicio de acciones militares en nuestro territorio. El problema aquí es que esta amenaza en contra de los delincuentes representa al mismo tiempo una amenaza directa para nuestra población.
Tanto el secretario de Estado, Marco Rubio, como el Secretario de Defensa, Pete Hegseth, han señalado no descartar la posibilidad de una intervención militar en México. En ese sentido, el nombramiento de los cárteles como terroristas sería una señal clara de esa posibilidad. Trump y su gobierno han acusado al gobierno mexicano de tener una “alianza intolerable” con los cárteles del narcotráfico ¿qué garantías hay de que la lucha contra los cárteles no pueda derivar en un ataque contra las fuerzas armadas y el gobierno mexicano?
Una intervención unilateral en territorio mexicano podría ser desastrosa para nuestro país. Esperemos que, al margen de las tensiones diplomáticas y amenazas, Estados Unidos y México logren enarbolar una estrategia conjunta que ataque los problemas de raíz, no una guerra contra el narcotráfico que ya demostró ser ineficaz en el pasado.
Ni el allanamiento de cargamentos de fentanilo detendrá el problema del consumo, ni la destrucción de laboratorios y la captura o asesinato de traficantes acabará con las organizaciones criminales. El enfoque debe estar centrado en desmantelar el poder financiero de los cárteles, así como atender el problema de adicciones en Estados Unidos que ha matado a cientos de miles de personas y que tiene sus raíces en la crisis de opioides de la década de 1990, cuando farmacéuticas promovieron el uso de analgésicos como la oxicodona generando dependencia en la población. En 2015, la FDA restringió las recetas de opioides, pero no se implementaron políticas de prevención ni tratamiento para los adictos, lo que llevó a muchos a consumir primero heroína y luego fentanilo.
Los problemas compartidos entre México y Estados Unidos exigen estrategias conjuntas y coordinadas para su solución. Ambos países tienen fuertes incentivos para mantener una relación estable y colaborativa, especialmente en áreas críticas como la seguridad y el comercio. La clave estará en establecer grupos de trabajo binacionales que permitan una coordinación efectiva y sostenida, maximizando los esfuerzos y recursos disponibles. (Eunice Rendon, El Universal, Nación, A8)
El desinterés por la política es inmenso y muy justificado. En estos días me he dado cuenta de la indiferencia de gente de todo tipo por la política: taxistas, trabajadores, mujeres maravillosas jefas de familia viviendo en zonas de pobreza extrema como Chalco, jóvenes estudiantes de diversos niveles, pequeños comerciantes e incluso personas de actividades profesionales de tipo intelectual, no sabían lo ocurrido entre Donald Trump y Claudia Sheinbaum en torno a los migrantes o los aranceles. Vamos, muchos no saben siquiera que existe un país llamado Palestina y menos que hay una guerra genocida en Gaza.
Con esa lejanía de la gente por los asuntos públicos, uno se explica por qué hay una dominación creciente de los demagogos en todo el planeta, que ofrecen el oro y el moro, denuncian la corrupción de los políticos, se oponen a pagar impuestos y odian a los migrantes, inclusive sí ellos mismos lo han sido, como ocurrió con millones de hispanoparlantes que viven y laboran en los Estados Unidos y votaron por Trump.
En ese contexto, los enredos de un tahúr que blofea con poner aranceles a los productos mexicanos, canadienses, chinos y habla del renacimiento de América y su destino manifiesto planteando que Canadá se convierta en el Estado 51 de USA, Panamá les devuelva el canal, Groenlandia sea parte de los Estados Unidos, el Golfo de México se llame Golfo de América y protejan a los americanos de los invasores que llegan de todo el mundo a través de México. Insisto, en ese contexto todo puede pasar.
Incluso que la palabrería patriotera de Trump y su vecina Sheinbaum, se ponga en pausa y acuerden suspender los aranceles por 30 días, a cambio de tropas de la Guardia Nacional de 10 mil soldados para combatir al fentanilo y evitar la invasión de criminales apestosos como la ex esposa de Obama, Michelle.
Tal para cual. Trump escupe shit y los gobernadores de 30 estados reviven el carro completo en desplegados escritos con la lengua de los dinosaurios echeverristas: “condenamos enérgicamente las acusaciones que sugieren nexos entre nuestro gobierno y los cárteles del narcotráfico”. Ese vómito de nacionalismo de guaraches y agua de Jamaica con guayaberas, como que no checa con la estirpe científica de nuestra doctora presidenta.
Hasta dan ganas de mandar a todos al demonio, pero al escuchar a Javier Milei en Davos, no hay más remedio que, aunque sea ejercer el derecho de pataleo, así sea desde la soledad política.
A mis 79 años entrados a los 80, está cabrón creerles a las mulas de siempre que se ponen la máscara de sociedad civil, aunque algunos lleven más de 50 años saltando de trapecio en trapecio, perdón de puestos altos en los gobiernos a puestos en los partidos en decadencia PRI, PAN y la franquicia en extinción PRD. Que su abuelita les crea.
Ento’ns pues, a dónde vamos con esta casta eternizada en el poder por más de un siglo, por más que el terminajo disguste a algunos muy respetados jóvenes creadores e intelectuales no enchufados en la 4T, NUEVA MÁSCARA DE LOS REDENTORES MILLONARIOS, aunque algunos vengan del PCM, del maoísmo, el trotskismo y hasta del guerrillerismo del reformismo armado, como decía Víctor Rico Galán.
Pues ni modo que nos bajemos de la montaña rusa a media curva.
Hay que seguir neceando, en una de esas se descarrila el Tren Maya de nuestros próceres de Nacajuca.
Como dice Alex Lora, nunca digas que no, o como canta Joaquín Sabina: lo niego todo, no soy rojo de salón. (Joel Ortega Juárez, El Universal, Opinión, A15)
Uno. No importa quién llegue a la Casa Blanca, presidentes demócratas y republicanos desarrollan por igual políticas que favorecen los intereses estratégicos y de “seguridad nacional” de las clases dominantes, del Pentágono, las industrias militares y del imperialismo estadunidense, con las variantes y los giros discursivos de cada gobernante.
Recordemos, por ejemplo, que Obama deportó a 2 millones 768 mil 357 migrantes sin documentos, esto es, 40 por ciento más que su predecesor Bush, e involucró a su país en la estrategia de guerra permanente, asimétrica y de amplio espectro, duplicando el número de países en que Estados Unidos ejecuta operaciones clandestinas de las fuerzas especiales, manteniendo la infernal e ilegal prisión de Guantánamo, en territorio cubano, y respaldando los golpes de Estado blando en Honduras, Paraguay y Brasil.
Este Premio Nobel de la Paz (sic) defendió el derecho a llevar a todos los confines del mundo la guerra de su país contra sus adversarios, bajo la peregrina idea de que “Estados Unidos es la única nación indispensable que existe en el planeta”, y de que a partir de ser un creyente fervoroso del excepcionalismo estadunidense, es posible utilizar la fuerza militar unilateralmente “cuando nuestros intereses esenciales así lo requieran.”
Dos. Trump, en el marco de lo que se ha denominado el oscurantismo estadunidense, expresa la estridencia, la barbarie, la vulgaridad, lo grotesco, incluso la ilegalidad, en la esfera de la política, siendo el primer presidente con antecedentes penales por graves delitos comprobados.
Trump representa las posiciones antiabortistas, antidiversidad sexual, de una estructura familiar en la que se le permite todo al macho, incluyendo sus obscenidades públicas, y las mujeres no hacen más que apoyarlo porque encarna el modelo familiar del presidente. Los simpatizantes de Trump forman parte de esa población amorfa de ciudadanos descrita por Morris Berman en su libro Edad oscura americana: la fase final del imperio (2008), marcada por la religiosidad providencial y fundamentalista, la ignorancia ignorada, esto es, no reconocida, incluso negada, los prejuicios racistas y la creencia en una jerarquía racial; producto todo ello de la atrofia del sistema educativo y el pensamiento crítico y la racionalidad; el narcisismo e individualismo exacerbados y el patriotismo estadunidense forjado en el expansionismo territorial y en la ideología de “pueblo escogido por la Divina Providencia” del destino manifiesto y la visión dicotómica del mundo, entre buenos y malos, perdedores y ganadores; características que unificadas e intensificadas, en coyunturas electorales o de crisis, conforman el terreno fértil para demagogos como Trump, quien expresa de manera pública y a través de los decretos ejecutivos de sus primeras semanas en el gobierno, las ideas que mantiene esta población, abierta o soterradamente.
Tres. Trump tiene todos los rasgos de un fascista: su nacionalismo exacerbado, su misoginia, su política antimigrante, su xenofobia. El fascismo –no hay que olvidarlo– es una herramienta del capital financiero que se emplea cuando se considera que es indispensable apretar las tuercas para imponer o fortalecer su dominación y control, es el terrorismo de la burguesía, la violencia extrema aplicada a la dominación y la explotación de clase, en la que no se respeta ningún derecho, nacional o internacional, e incluso puede tener lugar un genocidio, como el del pueblo palestino por el régimen sionista, sin que organizaciones internacionales –como la ONU–, intervengan y detengan a los responsables. Es un hecho que se ha logrado vaciar de contenido al conjunto de organismos internacionales creados en la segunda posguerra, siendo EU el principal responsable de esta situación, junto con Israel y sus subalternos europeos.
Cuatro. Es una burlesca ironía que Trump refiera al terrorismo de los grupos delincuenciales, cuando este país ha utilizado sus fuerzas armadas en centenares de acciones abiertas o encubiertas que sólo pueden ser consideradas como terroristas, a través de un gigantesco aparato de bases y enclaves militares distribuido por todos los ámbitos planetarios, contando con la estrecha colaboración de los aparatos de represión de sus aliados europeos y de aquellos países que aceptan la existencia de enclaves militares o de inteligencia en sus territorios, contabilizándose 867 bases militares, además de la desinteresada ayuda que presta el Departamento de Defensa estadunidense en el adiestramiento de las fuerzas armadas de otros países, incluyendo las de México, desde abril del año pasado, a solicitud presidencial y con anuencia del Senado.
Cinco. Demócratas o republicanos, es el terrorismo global de Estado el que EU intenta imponer con violencia extrema, que debe ser enfrentado con la fuerza organizada de naciones, pueblos y estados progresistas en defensa de la humanidad y la vida en el planeta. (Gilberto López y Rivas, La Jornada, Opinión, p. 11)
Una tregua no es más que el cese temporal de hostilidades, no el finiquito de ellas. ¿Es un logro? Lo es, sin duda. Más allá de los factores y actores que coincidieron determinantemente en conseguir ese respiro, es debido reconocer el temple mostrado por la presidenta Claudia Sheinbaum en su desempeño.
Sin embargo, con Donald Trump más vale no descartar como posible el peor de los escenarios. Es de los depredadores que, al oler sangre, arremete aún más duro contra su presa.
El flujo migratorio y el tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos no son el pretexto para imponer aranceles a las exportaciones mexicanas, los tres elementos forman parte de una sola carambola: frenar la migración, abatir el trasiego de drogas y reducir el déficit, disfraz para emprender una limpieza étnica; recargar en la oferta, el problema del consumo; y responsabilizar al socio del déficit comercial propio.
Ante ese peligro urge darle consonancia a la política exterior y la interior a fin de ampliar el margen de maniobra dentro y fuera. Sólo así se podrá afirmar lo dicho por la mandataria, el miércoles en Querétaro: “Estamos unidos, estamos listos para encarar el futuro que nos depare el destino.” Siempre y cuando por destino no se entienda lo fortuito. (René Delgado, El Financiero, Enfoque, p. 35)
La semana pasada, el INEGI informó sobre el crecimiento de la economía mexicana en 2024, confirmando una desaceleración que para muchos analistas representa una recesión económica. El crecimiento anual fue de apenas de 1.3 %, muy por debajo del 3.3 % de 2023.
El deterioro económico se dio con mayor agudeza en el último trimestre, donde se registró una contracción del PIB del 0.6 %. Para agravar el panorama, Pemex ya representa un riesgo mayor a nuestra economía, su producción ha caído a sus peores niveles en tres décadas, al mismo tiempo que enfrenta un elevado endeudamiento, tanto en emisión de deuda como obligaciones con proveedores.
Cabe mencionar que esta desaceleración se dio en un año en el que el endeudamiento del país y el déficit fiscal fueron los más altos desde hace 30 años, sumamente grave porque los textos clásicos apuntan que a mayor gasto más estímulo al crecimiento, situación que no se dio porque se desperdiciaron recursos en compra de votos y obras inservibles.
Los pronósticos de las instituciones más serias señalan un crecimiento en 2025 de entre el 0.8 y 1 %, confirmando la tendencia de recesión que implica la pérdida de empleos, presiones al tipo de cambio e inflación. En resumen, nuestra economía viene en picada por errores del gobierno, independientemente de los factores externos.
El país ha vivido una tensión política y económica muy particular durante este fin de semana, Trump anunció la imposición de un arancel generalizado a las importaciones mexicanas del 25 %, pero además, de forma explícita, inculpó al gobierno de estar aliado con las organizaciones criminales. Esta acusación dolió más a la Presidencia que la sanción arancelaria porque pega en la línea de flotación del régimen cuatroteista, cuyo discurso pretende tener una superioridad moral y ser un ejemplo de honestidad.
En México, muchos investigadores y periodistas han denunciado diferentes episodios de la colusión entre políticos de Morena y el crimen organizado. El propio Porfirio Muñoz Ledo, antes de morir, denunció este hecho usando el calificativo de narcopartido para Morena y narcogobierno refiriéndose al gobierno de AMLO. Sin embargo, que esta acusación viniera directamente de la Casa Blanca puso de cabeza al gobierno actual.
Igual o más graves fueron otras manifestaciones que siguieron después. El Departamento de Seguridad Nacional publicó en X el 25: “El gobierno mexicano podría colapsar en semanas … quizás días”. En la misma fecha, el Vicepresidente JD Vance publicó: “Pobre y triste México. Los carteles de la droga operan libremente dentro de sus fronteras y México no puede hacer nada al respecto”. Para rematar, Elon Musk se burló de la declaración de Sheinbaum, donde calificaba de calumnia la acusación de contubernio entre el gobierno y el crimen organizado, reposteando la declaración de CS con un emoji de carcajada.
Ante el anuncio de la Casa Blanca, CS intentó atajar la acusación calificándola de calumnia, acusando al gobierno americano de no impedir la venta de armas a narcos y la falta de combate interno al tráfico de droga, con el propósito de desviar la atención sobre la inculpación al gobierno mexicano. Con toda seguridad, la información que tiene la administración Trump sobre la asociación de políticos y narcos es certera y abundante, lo que les permite hablar con tanta soltura de este tema. En estas incomodas condiciones, CS tuvo una conversación telefónica con Trump en la que se acordó una tregua por un mes a cambio de que el gobierno mexicano dispusiera de 10 000 elementos de la GN en la frontera para impedir el tráfico de fentanilo y, aunque no se dijo, para apoyar en las tareas de vigilancia migratoria.
Horas más tarde, se supo que Trump tuvo un acuerdo similar con Trudeau, agregando que el gobierno canadiense también considere a los carteles de la droga mexicana como organizaciones terroristas.
En los siguientes dos días se iniciaron sobrevuelos de aviones militares en nuestro espacio aéreo y embarcaciones de la Marina americana frente a las costas de Baja California y Oaxaca. La primera comunicación de la Secretaría de la Defensa fue negar que los vuelos fueran sobre nuestro territorio.
Sheinbaum se encuentra en una encrucijada que definirá su gobierno y el futuro del país; tenemos una economía en caída libre, fruto de los errores cometidos por AMLO; las organizaciones criminales están más empoderadas que nunca, en una batalla campal por todo el territorio nacional; la amenaza de sanciones arancelarias si no se contiene al crimen organizado; la recepción forzada de miles de emigrantes deportados y la presión de nuestros socios, EU y Canadá, que sumaran recursos para combatir a los narcoterroristas.
Suena chocante, pero en colaboraciones anteriores se le advertía a CS sobre un escenario así, se le expresó la conveniencia de deslindarse de López, que evitara el desmantelamiento del PJ, que frenara al crimen organizado y diera certidumbre a las inversiones.
Hoy todavía puede corregir el rumbo, aunque sea forzada por circunstancias externas y que parte del daño ya está hecho, pero aún es posible evitar escenarios catastróficos para el pueblo de México al que dice defender. Sin embargo, ella prefiere dividir más y dejar fuera a la SCJN del festejo de nuestra Constitución, el acto republicano por excelencia. Allá ella, allá ellos…(Benjamín González Roaro, El Sol de México, Análisis, p.21)
Aunque el fin de semana anterior se vislumbraba muy poco probable, Claudia Sheinbaum consiguió el lunes pasado que Donald Trump pausara por un mes la imposición de aranceles a las exportaciones mexicanas.
No es cosa menor en el contexto rijoso e intransigente con que Trump ha amagado a nuestro país y sería injusto regatearle a Sheinbaum un resultado con el que ganó tiempo para apuntalar el camino de una buena negociación.
Quienes negocian deben ceder algo. Sheinbaum cedió el despliegue en la frontera de diez mil efectivos de la Guardia Nacional y aceptó la condición impuesta por Trump al pausar los aranceles: la obtención de resultados concretos e inmediatos en la contención de migrantes y de fentanilo.
La prerrogativa de decidir si tales resultados son buenos para mantener en pausa los aranceles quedó, sin embargo, en manos del estadounidense y eso es como tener una espada de Damocles sobre nuestras cabezas.
Para ser bien calificados ¿cuántas deportaciones debemos aceptar? ¿cuántos inmigrantes debemos repatriar? ¿cuánto fentanilo debemos decomisar? ¿cuántos cárteles de la droga debemos desmantelar? ¿cuántos capos debemos capturar o extraditar? ¿cuántas cabezas de narco políticos deben rodar?
Queda eso a criterio de Trump y, por lo ocurrido durante los días más recientes, parece inapelable su decisión de escalar la amenaza de una intervención militar para obtener de México más cesiones y finalmente destruir a las organizaciones criminales, con la justificación plasmada en el comunicado de la Casa Blanca que acusa al gobierno de México -sin más pruebas que su dicho y como nunca lo había hecho- de una “intolerable alianza” con el narco y la decisión ya tomada de clasificarlos como terroristas.
Que ellos cooperen con México para destruirlos y erradicarlos está bien, pero no es lo mismo que incursionen encubierta o abiertamente en nuestro territorio mediante la fuerza.
Una cuenta verificada de X, que se identifica con el nombre US Homeland Security News (Noticias del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos), pero arrobada como @defense_civil25, informó el miércoles pasado de un avión Boeing RC-135 Rivet Joit que sobrevolaba la península de Baja California (“todo territorio de los cárteles”, dice su post) para vigilar, levantar inteligencia y fijar blancos, “en espera de ver ataques aéreos muy pronto”, según advierte.
La cuenta, que no es la oficial del Homeland Security (@DHsgov) también aseguró que tres barcos de la Armada de los Estados Unidos navegaban en tareas de reconocimiento en aguas no territoriales del Mar de Cortés a 65 kilómetros de Ensenada, “cerca de territorio de los cárteles”, dice el post.
Sin embargo, una aclaración también del miércoles de la secretaria de Marina en el sentido de que los referidos barcos estadounidenses navegaban en mares internacionales, confirmó un hecho que, de acuerdo con militares consultados, no es usual puesto que ese tipo de operaciones, tanto aéreas como navales, se han realizado en coordinación y bajo el acompañamiento y supervisión de las fuerzas armadas mexicanas. (Raúl Rodríguez Cortés, El Universal, Opinión, A14)
Los aranceles aduaneros del Presidente estadounidense, Donald Trump, a México y Canadá harán aumentar -en lugar de disminuir- la migración de indocumentados y el tráfico de fentanilo a Estados Unidos.
Es decir, tendrán un efecto exactamente opuesto al prometido por el nuevo Mandatario.
Trump ha presentado su amenaza de imponer gravámenes del 25 por ciento a los productos mexicanos y canadienses, y del 10 por ciento a los productos chinos, como una gran victoria en su objetivo declarado de detener el flujo de migrantes y el tráfico de drogas.
Pero la mera amenaza del magnate de aplicar estas tarifas hará caer en picada las inversiones en México, paralizará la economía mexicana, aumentará el desempleo y empujará a muchos más mexicanos a cruzar la frontera estadounidense, o unirse a los carteles del narcotráfico.
Aunque Trump ha postergado por 30 días la implementación de sus aranceles a México y Canadá, la sola amenaza de estas sanciones ya está frenando las inversiones, según me dicen economistas en ambos lados de la frontera.
¿Qué empresas multinacionales van a invertir en fábricas en México ahora que el mismo Presidente estadounidense que firmó el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC) en 2020 amenaza con anularlo imponiendo tarifas de manera unilateral?
Incluso si el republicano retrasa los gravámenes después del período de gracia de 30 días, ¿qué le impedirá restablecerlos en cualquier momento en los próximos cuatro años?, se preguntarán los inversionistas.
“Trump ha demostrado que puede cambiar las reglas del juego en cualquier momento, por cualquier motivo”, me comentó Marcelo Giugale, ex alto funcionario del Banco Mundial y profesor de economía internacional en la Universidad de Georgetown.
“En este momento, sería imposible convencer al directorio de una empresa multinacional de que invierta en una fábrica en México para establecer su cadena de suministros”.
Más del 83 por ciento de todas las exportaciones mexicanas van a Estados Unidos, lo que representa una parte considerable de los ingresos externos de México.
Para empeorar las cosas, la amenaza del Mandatario hará subir los precios de los bienes importados y aumentará la inflación en Estados Unidos, y empujará a muchos socios comerciales tradicionales de Washington a los brazos de Beijing.
“El único ganador real en todo esto es China”, me indicó Giugale de la Universidad de Georgetown.
“Los países tendrán un mayor incentivo para diversificar sus asociaciones comerciales y geoestratégicas”.
Trump está celebrando como una gran victoria el hecho de que, ante la amenaza de los aranceles estadounidenses, la Mandataria mexicana, Claudia Sheinbaum, aceptó enviar 10 mil tropas adicionales a la frontera, y el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, aceptó crear una fuerza de ataque conjunta para combatir el crimen organizado y el contrabando de fentanilo.
La Secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, se jactó de que “Canadá dobló las rodillas, igual que México”.
Pero el Gobierno mexicano ya había enviado tropas adicionales a la frontera, y muchas de las promesas de Trudeau eran medidas que Canadá había puesto en marcha antes de la amenaza arancelaria del magnate.
No está muy claro si Trump les dobló el brazo, o si México y Canadá le vendieron como nuevo algo que ya existía. El hecho es que el contrabando de fentanilo, que es un problema grave, solo se puede reducir combatiendo tanto la oferta como la demanda de la droga.
La demagogia unidimensional del Presidente de culpar a otros países ni siquiera menciona la necesidad de reducir el consumo de drogas en Estados Unidos con mejores programas de prevención y tratamiento, y combatiendo la distribución de narcótivos y el lavado de dinero.
El 99 por ciento de los consumidores de fentanilo están en Estados Unidos y el 86 por ciento de los contrabandistas de esa sustancia son ciudadanos estadounidenses, según un estudio del Cato Institute.
El diario conservador The Wall Street Journal ha calificado la ofensiva arancelaria de Trump como “la guerra comercial más tonta de la historia”.
Efectivamente, las tarifas del Mandatario no solo aumentarán los precios de los automóviles importados y otros bienes de consumo en Estados Unidos, sino que, entre otras cosas, dañarán gravemente la economía de México y aumentarán la migración ilegal y el contrabando de fentanilo.
Es una política absurda, que probablemente tenga el impacto contrario al que Trump pretende conseguir. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 13)

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 10)

(Patricio, El Sol de México, Análisis, p. 22)