Charlas previas
Intensa comunicación hay entre los gobiernos de México y EU, previo a la llamada telefónica que tendrán hoy el presidente López Obrador y la vicepresidenta Kamala Harris. El miércoles, el Canciller Marcelo Ebrard y el Secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, hablaron de migración, tema en el que hay más coincidencias que diferencias. (El Heraldo de México, Opinión, p.2)
Algunos temen que la emergencia creada por la situación doméstica haya desviado la atención de Biden respecto a otros problemas en nuestro país
El gobierno mexicano se encuentra en una rara situación de fuerza, al menos temporalmente en la relación con Estados Unidos, en la que normalmente se le considera como la parte más débil.
La crisis migratoria en la frontera común absorbe la atención de la administración del presidente Joe Biden, que hizo campaña electoral sobre la promesa de reparar un aparato migratorio roto y desbaratar las abusivas políticas de su predecesor Donald Trump.
Pero el súbito influjo de migrantes, especialmente desde Centroamérica, ha alcanzado tal gravedad en la política doméstica de EU que desplaza a cualesquiera otra preocupación.
De hecho, algunos temen que la emergencia creada por esta situación haya desviado la atención del gobierno Biden respecto a otros problemas en México, especialmente de las que ven como acciones discutibles de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador.
“La capacidad de México para limitar la migración le ha dado a su gobierno una influencia significativa sobre un tema que es una vulnerabilidad política para Biden. También coloca a la administración de Biden en la incómoda posición de pedirle a México que intensifique sus esfuerzos de aplicación, después de flexibilizar los controles fronterizos de Estados Unidos al hacer retroceder las políticas de la era Trump, incluidos los acuerdos hechos con López Obrador”, afirmó The Washington Post.
La sensación es extraña, luego de meses de pronósticos sobre las probabilidades de roces o problemas en una relación bilateral que incluye temas con enormes potenciales de conflicto, como medio ambiente, energía, seguridad, narcotráfico, salud e inversiones.
Para algunos en Washington, parecía inevitable que uno o varios de esos temas se convirtiera en motivo de choque entre las administraciones de Biden y de López Obrador.
Después de todo, las medidas del gobierno mexicano para restaurar el control estatal sobre la producción y distribución de energía, así como el énfasis en el uso de combustibles fósiles y acciones propuestas para tomar control sobre judicaturas y organismos autónomos electorales y de acceso a la información parecían anunciar la posibilidad y probabilidad de conflictos.
Más de algún analista en Washington se preguntó si el mandatario mexicano estaba en busca de un pretexto para pelearse con Estados Unidos.
Pero la realidad de la política doméstica estadounidense ha sido otra, y algunos se preocupan por el peso que esa situación otorga al gobierno mexicano en la relación.
“Tres administraciones estadounidenses consecutivas se han dirigido a México en busca de ayuda con la aplicación de la ley de inmigración en momentos de crisis a lo largo de la frontera sur de Estados Unidos, y cuando la vicepresidenta (Kamala) Harris se reúna hoy virtualmente con el líder mexicano López Obrador el viernes, Estados Unidos volverá a llegar con la necesidad de un favor”, consignó The Washington Post. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Opinión, p.23)
Es considerable la diferencia de cifras entre los mexicanos que viven en Estados Unidos y los que podrán votar en las elecciones del próximo 6 de junio.
Tan ínfima parece la cantidad que el presidente López Obrador hizo antier este planteamiento:
“Se tiene que renovar el sistema electoral mexicano y esa es una prueba del fracaso del INE. Lleva años manejando presupuesto y no logra que se faciliten los trámites para que puedan votar nuestros paisanos en el extranjero. Así ha sido siempre. Llevamos como 20 años así, se han hecho foros, se hacen viajes al extranjero, se destina presupuesto y ese es el resultado”.
Los números que tiene no le dan:
¿Por qué según el INE hay tristes 33 mil 698 solicitudes para votar desde el extranjero si se calcula que solo en EU viven “38 millones de mexicanos”?
La sospecha de ineficiencia o mano negra llega al extremo de que AMLO preguntó en la mañanera del miércoles: “¿Ustedes creen que les preocupa esto a los consejeros? Aunque parezca contradictorio, increíble, son aparatos para que no haya democracia, creados para no permitir la democracia o para obstaculizar que el pueblo pueda elegir libremente. Puede parecer irreal, kafkiano pero eso es…”.
Más allá del recargón (su embestida contra el INE lleva más de dos años), lo ínfimo del número de registrados frente al de residentes en el extranjero pareciera darle cierto sustento al nuevo ataque.
El 6 de junio serán algo menos de34 mil quienes votarán desde donde residan
Lo real es que el INE ha expedido credenciales de elector a un millón, aproximadamente, de emigrantes mexicanos, y no más porque los restantes paisanos no tienen el menor interés en las elecciones (y menos las intermedias) del país que se vieron orillados a dejar por no brindarles oportunidades de sobrevivencia.
Si el 6 de junio serán algo menos de 34 mil quienes votarán desde donde residan, es porque lo podrán hacer únicamente para 11 gubernaturas.
La explicación es muy fácil: los congresos de las entidades federativas determinan en qué tipo de elecciones pueden participar sus migrantes.
Para elegir presidente de la República y senadores tiene derecho la totalidad de ciudadanos mexicanos que residan en el extranjero y para diputados federales o locales ni uno solo.
Eso no depende del INE sino de la legislación aplicable.
Y en el caso de las gubernaturas, de las 15 que se renovarán, en cuatro estados las leyes locales impiden que sus migrantes participen.
De nueva cuenta, el presidente López Obrador se dejó llevar por sus endebles “otros datos”, y ninguno de sus achichincles le previno de que el punto de partida para lo que se diga o haga es el simple cumplimiento de la Constitución y las leyes que de ésta se desprenden, incluidas por supuesto las de cada entidad jurídicamente “soberana”.
Con información precisa, como se ve, pero que López Obrador desconoce, resulta muy sencillo no solo entender el porqué de las cosas, sino lo injusto de afirmar que la diferencia de cifras de que habló sea “una prueba del fracaso del INE…”. _ (Carlos Marín, Milenio, Opinión, p.7)
Al teléfono con Kamala
A cada capilla le llega su fiesta. Después de varios anuncios hoy se llevará a cabo la reunión a distancia entre el presidente López Obrador y la vicepresidenta de los Estados Unidos, Kamala Harris.
En una tarea por demás compleja, el canciller Ebrard continúa trabajando en construir una relación funcional con el nuevo gobierno de Estados Unidos del que Kamala es figura estelar.
Ebrard adelantó que en la llamada se abordará la propuesta de extender el programa “Sembrando Vida” a Centroamérica y la necesidad de contar con un Plan de Desarrollo Integral para crear bienestar en la región e impulsar la recuperación económica. Habrá nota. (La Crónica de Hoy, Opinión, p.3)
Hoy, la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, se reunirá virtualmente con el presidente Andrés Manuel López Obrador, para discutir ‘metas comunes de prosperidad, buen gobierno y abordar las causas profundas de la migración’.
Las comunidades de fe, los pequeños productores agrícolas, organizaciones indígenas y afrodescendientes, movimientos sociales y organismos de la sociedad civil de EEUU, México, Guatemala, El Salvador y Honduras nos unimos porque es hora de que nuestras autoridades adopten un nuevo enfoque de cara a los desafíos de nuestra región.
La dinámica del poder debe cambiar. Las voces de los pobres deben ser escuchadas de una vez por todas.
En este espíritu, hacemos un llamado a los gobiernos de Estados Unidos y de México para que comprendan la profunda tragedia humana, la desesperación y la desesperanza que impregna nuestras sociedades, y escuchen las voces de los centroamericanos que claman por justicia, oportunidades y respeto.
Esta no es una crisis fronteriza, sino una crisis humana que llega al núcleo de quiénes somos como pueblos.
La pandemia Covid-19 y los huracanes Eta e Iota devastaron los territorios y empobrecieron aún más a cientos de miles de personas. Sin embargo, si bien los fenómenos naturales son inevitables, los desastres posteriores son el resultado de deficiencias en el modelo de gestión del riesgo y las emergencias. Hace falta un sistema eficiente de vacunación y de prevención.
Lamentablemente, el negocio más rentable en Guatemala, El Salvador y Honduras es exportar a los pobres, para que envíen remesas a casa, en lugar de generar valor económico, social y ambiental en sus comunidades de origen. Es imperativo regular la movilidad laboral para promover los intereses de empleadores y trabajadores sin criminalizar a éstos.
Es hora de emprender un nuevo estilo de desarrollo, como propone https://bit.ly/2RAzCBu la CEPAL. Una estrategia no diseñada para Centroamérica, sino decidida con los centroamericanos.
Hay socios confiables en Centroamérica y México. En Guatemala, El Salvador y Honduras pensamos en Fe y Alegría, la red de escuelas de educación popular que ha transformado comunidades en toda Centroamérica durante casi medio siglo. Brinda educación de calidad a 78.244 personas, incluidos estudiantes de primaria, secundaria y bachillerato, así como padres de familia y capacitación técnicas para jóvenes en aldeas rurales y vecindarios pobres.
Fe y Alegría construye seguridad humana, prevención de la violencia, equidad de género, educación ambiental y buena gobernanza. Su programa “La luz de las niñas” crea espacios libres de violencia para niñas y mujeres.
Una buena política exterior empieza con los vecinos. Esta es nuestra casa común, como ha dicho el Papa Francisco.
Esperamos que la conversación Harris-López Obrador y las próximas visitas de la vicepresidenta a la región conduzcan a un nuevo comienzo en la cooperación regional. Esta es una buena política, es positiva para la economía, y es esencial para la seguridad y la dignidad humanas. (Carlos Heredia Zubieta, El Universal, Editorial, p.15)
El día de hoy, el presidente López Obrador sostendrá una reunión virtual con la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris.
Por las responsabilidades que el presidente Biden ha dado a Kamala, su rol como vicepresidenta trasciende las funciones usuales de esa figura.
Entre otras cosas, la convirtió en cabeza de la problemática migratoria, que quizás es una de las más importantes y complejas que hoy afronta la administración Biden.
Así que la reunión de hoy estará muy lejos de ser un encuentro de cortesía.
Y, aprovechando la ocasión, ayer se hicieron presentes los petroleros norteamericanos, que están más que preocupados con las reformas legales que recientemente se han realizado.
Pero, empecemos con la migración.
En este tema, los gobiernos de México y EU tienen una coincidencia y una diferencia.
Coinciden en que la solución de fondo al problema migratorio es el desarrollo y la seguridad. Solo así los centroamericanos se quedarán en su país sin intentar llegar a Estados Unidos a través de México.
Difieren en cómo propiciar el desarrollo. Para el gobierno de EU, es clave la inversión privada en la región, mientras que el presidente López Obrador quiere empujar el programa “Sembrando Vida” a Guatemala, Honduras y El Salvador.
Pero, hay otra diferencia.
Para Estados Unidos, el desarrollo implica democracia, y actos como el que recientemente orquestó el presidente Bukele, de El Salvador, que, a través de la Asamblea, destituyó a los jueces del Tribunal Constitucional, preocupan mucho a la administración Biden.
Dijo Kamala: “Un sistema judicial independiente es crítico para lograr una democracia sana y una economía fuerte”, expresando su preocupación por los hechos en El Salvador.
¿Usted cree que en México el gobierno ha expresado alguna preocupación por este hecho?
Bingo, acertó. Ninguna. Pero la Asociación de Jueces y Magistrados en nuestro país sí expresó su solidaridad con los jueces salvadoreños.
Obviamente, no habrá ningún pronunciamiento explícito de Harris respecto a la extensión del plazo constitucional del ministro Zaldívar, pero el gobierno mexicano ya sabe cómo piensa la administración Biden.
Por si algo faltara para generar un cortocircuito entre las visiones de los dos gobiernos, ayer, el presidente de la República señaló que si se comprobaba que agencias del gobierno norteamericano eran aportantes a la organización “Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad”, se enviaría una nota diplomática al gobierno de Estados Unidos.
Si el gobierno llegara a ese punto, creo que los problemas con la administración Biden crecerían, pues desde hace años, el gobierno norteamericano es aportante, a través de vehículos como la propia embajada o la USAID, a decenas de organizaciones civiles en México y muchos otros países, lo que es perfectamente legal.
El otro frente abierto es el económico. El día de ayer, el Instituto Estadounidense del Petróleo (API), que es la principal asociación de empresas de este sector, pidió al gobierno de Biden que interceda con el gobierno mexicano para que cumpla con sus compromisos suscritos en el T-MEC, pues, a su juicio, las reformas legales en la materia los socavan.
No son los únicos ni serán los últimos que demanden el cumplimiento de los términos fijados en el tratado.
La de hoy no va a ser una conversación fácil, aunque para cuidar las formas, se difundirán fotos en las que todos salen sonrientes, y habrá un comunicado respecto a lo constructivo de las conversaciones, previas al viaje presencial de la vicepresidenta en junio.
Lo habíamos anticipado muchas veces, pero va a empezar a constatarse, que la relación con la administración Biden va a ser ríspida para el gobierno de AMLO… por decir lo menos. (Enrique Quintana, El Financiero, Opinión, p.2)
En sus primeros 100 días en la Casa Blanca, Joe Biden sorprendió a los estadounidenses y al mundo entero por su ambición transformadora. Un candidato débil que se ha constituido en un estadista que está empeñado en preparar a Estados Unidos para seguir siendo la primera economía del mundo en todo lo que resta del siglo 21.
A los mexicanos y a los centroamericanos nos sorprendió por su mensaje inequívoco: los migrantes son bienvenidos. Y en especial por querer ir a la raíz de la expulsión migratoria procurando progreso y bienestar, especialmente en el Triángulo Norte de Centroamérica: Honduras, El Salvador y Guatemala.
En sus primeros días en la Casa Blanca envió una reforma migratoria integral al Congreso. Evidenció que aprendió la lección de Obama. Si quieres hacer algo significativo en migración, más vale hacerlo pronto y suspendió temporalmente las deportaciones. A los 100 días de Biden hay un nuevo récord, esta vez altamente positivo, las más bajas deportaciones en décadas.
En el terreno estratégico internacional nos ha sorprendido por su claridad de visión sobre América del Norte. Es un líder tradicional que considera indispensable tener buenas relaciones con los vecinos: México y Canadá. Por eso, sus primeras reuniones virtuales fueron con Justin Trudeau y Andrés Manuel López Obrador (AMLO).
Más aún, en el fondo de su ambicioso proyecto de reconstrucción económica está cerrar las brechas entre las minorías étnicas –negros, latinos y asiáticos– y las clases privilegiadas. Esto es música para los oídos de la comunidad mexicana en Estados Unidos. La búsqueda de mayor justicia social es una bandera de gran relevancia que comparten ambos mandatarios –AMLO y Biden–.
Sin embargo, AMLO, en lugar de apostar sin cortapisas a Biden y aprovechar la enorme ventana de oportunidad que el nuevo inquilino de la Casa Blanca representa para México y la relación bilateral, está actuando como el “puercoespín”, según la metáfora del libro de mi amigo y colega, el embajador Jeff Davidow, El oso y el puercoespín. AMLO está actuando como un vecino distante y renuente, que se desempeña con desconfianza y es impredecible.
Por otro lado, efectivamente, hubo un error de cálculo, y se creó una crisis en la frontera México-Estados Unidos. Sin embargo, nadie puede reprocharle tener una narrativa abierta y valientemente promigrante.
¿POR QUÉ ESTÁ ACTUANDO AMLO ASÍ?
Mi respuesta apunta hacia dos elementos: primero, la elección de medio término en México del 6 de junio, y por sentirse incómodo con algunas de las posturas que definen al inquilino de la Casa Blanca.
AMLO y algunos de los más radicales de sus colaboradores parecen creer que el tomar distancia de Washington y tomar posiciones que implican “independencia” de la potencia del norte serán bien vistas por sus bases electorales.
Más importante aún son las posiciones de Biden con las que AMLO está incómodo: la lucha contra el cambio climático y el desarrollo de las energías limpias como prioridades internas e internacionales, el fomento de la democracia y las agendas de derechos humanos y de género.
En cuanto al papel del Estado en la economía hay una diferencia abismal. Biden es un keynesiano y AMLO es, fiscalmente, abiertamente conservador.
Mi pronóstico es que no habrá una confrontación entre ambos líderes, que muchos predicen y tantos otros esperan. Biden y su equipo diplomático saben perfectamente que, si le enmiendan la plana a AMLO, lo ensalzan.
Considero que probablemente se repetirá la historia reciente. Al llegar un nuevo inquilino a la Casa Blanca, como George W. Bush en 2001 y Barack Obama en 2009, apuesta a fortalecer la cooperación con México, pues entiende el potencial beneficio para Estados Unidos de un vecino próspero. Sin embargo, el gobierno de México no logra sacudir las inercias y la ventana de oportunidad se cierra pronto. Una vez más, Washington, ahora con Biden a la cabeza, empezará a sortear muy pronto todo tipo de crisis internas y externas.
Parecemos condicionados a no aprovechar a cabalidad la relación con el vecino del norte. Las señales son que AMLO no aprovechará la ventana de oportunidad más grande en las últimas décadas para profundizar la cooperación con el vecino del norte que representa Biden. Volveremos, una vez más, a un escenario bilateral predecible y mediocre: la negligencia negociada. O como dice la canción, contigo (vecino) a la distancia. (Rafael Fernández de Castro M., El Financiero, Opinión, p.35)