Opinión Migración 070522

Apuntes de la aldea global / AMLO, Centroamérica y Cuba

El presidente Andrés Manuel López Obrador insistió durante su campaña presidencial y los primeros años de su gobierno en que la mejor política exterior era la interior. En la recta final de su sexenio puede asegurarse que la máxima se ha cumplido al pie de la letra.

Es cierto que la relación con América Latina ha merecido un interés especial por parte de la actual administración. México ejerció la presidencia pro tempore de la Celac y concedió asilo al presidente Evo Morales y varios miembros de su gabinete, tras el golpe de Estado en Bolivia. También ha mantenido una interlocución privilegiada con los gobiernos de Alberto Fernández en Argentina y Pedro Castillo en Perú.

Sin embargo, en términos de profundidad de las agendas bilaterales y regionales, la política exterior hacia América Latina y el Caribe está muy por debajo del prioritario vínculo que el gobierno de AMLO sostiene con Estados Unidos. Para México, el nexo con su vecino del Norte es una cuestión de política doméstica, por lo que la relación con América Latina se articula sobre un fluido acuerdo con Washington.

Los gobiernos centroamericanos y caribeños aprovechan esa proyección diplomática para autorizarse y legitimarse ante sus ciudadanías y la comunidad internacional. El guatemalteco Alejandro Giammattei intenta rebajar su imagen de corrupción, el salvadoreño Nayib Bukele apuntala su cruzada punitiva contra las pandillas de la Mara Salvatrucha, la hondureña Xiomara Castro capitaliza su afinidad ideológica con AMLO

En buena medida, el “entendimiento bicentenario” con Estados Unidos es la base de toda la política exterior del gobierno de López Obrador. A partir de ese trazado de intereses comunes entre Estados Unidos y México, en términos de comercio, seguridad y migración, se ramifican los vínculos del gobierno de la Cuarta Transformación con Europa y Asia, América Latina y el Caribe.

No es casual que la actual gira del Presidente por Centroamérica y Cuba se produzca después de su conversación con Joe Biden y de la visita del canciller Marcelo Ebrard a Washington en las que se renovó el compromiso de México con la política de contención migratoria de Washington. México reiteró entonces que continuará reforzando sus dos fronteras con la Guardia Nacional y que, con independencia de si se suspende el título 42 de la política migratoria de Estados Unidos, seguirá deportando migrantes centroamericanos y caribeños.

Tras sellar su pacto migratorio con Estados Unidos, el gobierno de AMLO recurre a la diplomacia para contrarrestar simbólicamente sus prioridades. El énfasis en programas como Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo Futuro, así como el reclamo de la falta de apoyo financiero de Estados Unidos al desarrollo regional, sirven para dotar a la política de contención migratoria de un cariz autónomo.

No es casual que la actual gira del Presidente por Centroamérica y Cuba se produzca después de su conversación con Joe Biden y de la visita del canciller Marcelo Ebrard a Washington en las que se renovó el compromiso de México con la política de contención migratoria de Washington. México reiteró entonces que continuará reforzando sus dos fronteras con la Guardia Nacional y que seguirá deportando migrantes centroamericanos y caribeños

Los gobiernos centroamericanos y caribeños aprovechan esa proyección diplomática para autorizarse y legitimarse ante sus ciudadanías y la comunidad internacional. El guatemalteco Alejandro Giammattei intenta rebajar su imagen de corrupción, el salvadoreño Nayib Bukele apuntala su cruzada punitiva contra las pandillas de la Mara Salvatrucha, la hondureña Xiomara Castro capitaliza su afinidad ideológica con AMLO.

Un gobierno tan iconocéntrico como el cubano hará de la visita presidencial un evento apoteósico de solidaridad mexicana, rechazo al bloqueo de Estados Unidos y crítica a la exclusión de la isla de la Cumbre las Américas en Los Ángeles. Como en la época del viejo PRI, se hablará de los lazos históricos entre las dos revoluciones, de la admiración por Fidel y el Che, y de la recuperación de la colaboración cultural y científica, pero lo cierto es que, bajo la 4T, la agenda bilateral entre México y Cuba no acaba de despegar y el vínculo con Estados Unidos se refuerza.

Por debajo de la hojarasca simbólica y afectiva, el gobierno mexicano deberá tratar el tema migratorio con el cubano. Tendrá que informar a La Habana de sus acuerdos con Washington en materia de deportaciones y no podrá ocultar que el paso de cientos de miles de cubanos por territorio mexicano es un punto de conflicto con Estados Unidos. Aunque lo intenten, los mitos no podrán ocultar la realidad de una crisis migratoria de la que México forma parte en todas sus variantes: como emisor, como tránsito y como destino. (Rafael Rojas, La Razón, Informativa, p.5)

Estado por Estado / Salva oposición a Aureoles de ir a prisión

CHIAPAS: Mientras la crisis migratoria está en su límite, la alcaldesa de Tapachula, Rosa Urbina Castañeda, de Morena, se fue a Nueva York para asistir a la ONU y proporcionar su conocimiento en materia de movilidad. ¿Así les enseñará lo que no se debe hacer cuando llegan 131 mil solicitudes de refugio? Tapachula no es incluyente, ni solidaria. Contrario al tema de encuentro de alcaldes en la ONU, donde estaba el director de Acnur, José Samaniego, quien seguramente contuvo la risa la receta de Rosita. (Víctor Sánchez Baños, El Heraldo de México, Estados, p.9)

Templo Mayor

QUIENES presumen haber convencido a Andrés Manuel López Obrador de no incluir a Nicaragua en su gira centroamericana, para que no tuviera que pronunciarse sobre las violaciones a los derechos humanos, tendrían que reconocer que en el caso de El Salvador les falló el cálculo.

Y ES QUE la precaria situación en la que están las garantías individuales en el país que gobierna Nayib Bukele está igual o incluso peor que en donde ejerce como dictador el sempiterno Daniel Ortega.

SIN EMBARGO, en la reunión que sostuvieron AMLO y Bukele, temas como las 25 mil detenciones arbitrarias, las desapariciones forzadas y el estado de excepción tan criticados por organismos internacionales no se tocaron ni con el pétalo de una izote, la flor nacional salvadoreña.

EL OTRO elefante en el cuarto, el de la inmigración ilegal, sí se tocó, pero sólo para ensalzar los programas sociales que la 4T exportó a ese país como el “remedio” para combatir las causas de la migración hacia México y EU. Vaya fiasco. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p.8)

Las maromas del canciller

Chicago, Illinois.– Leí el texto publicado por el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubón en este diario explicando la “doctrina López Obrador” sobre política exterior. En particular, Ebrard delinea las razones del presidente de México para visitar países de Centroamérica y Cuba. Su texto, suena bonito, pero creo que debe cuidar la espalda con tanta contorsión que hace para explicar otra estrategia fallida de esta administración.

Y no es que tenga problema en que este Presidente desee estrechar los lazos latinoamericanos, impulsar la cooperación y ampliar el bienestar continental. El problema es el desdén que el Ejecutivo de México tiene hacia su vecino y primordial interés estratégico: Estados Unidos.

Aquí dos cifras, según la Oficina del Representante Comercial de EU, en 2019, México exportó $387,800 millones de dólares en bienes, y fue el segundo socio comercial en volumen de mercancías a Estados Unidos. Según estos datos, las ventas mexicanas al vecino del norte representan cerca del 25 por ciento del PIB de México.

La otra cifra, en 2021 se alcanzó un récord de remesas enviadas por los migrantes a México, $51,594 millones de dólares. Sume, canciller, y le dará algo así como un tercio del valor de la economía mexicana. Es importante mencionar que los envíos de dinero son el fruto del trabajo arduo y honrado de los migrantes, pero que indudablemente son transferencias de riqueza generada en una nación que van a parar a otro país.

Esos datos deberían dejar claro que la prioridad de México es privilegiar el trato con su principal socio comercial. No obstante, lo que está ocurriendo es una serie de hostilidades del presidente de México para dinamitar los lazos con la administración Biden.

Un día sí y el otro también, el señor López Obrador acusa a los americanos de financiar opositores, de entrometerse en la soberanía nacional, les dice una cosa en privado a los negociadores estadounidenses en las conversaciones sobre la reforma eléctrica, para desconocer todo al día siguiente. “Yo no acepté, yo me quedé callado”, dijo entonces.

El activismo presidencial para incluir a regímenes antidemocráticos en la Cumbre de las Américas a celebrarse en Los Ángeles, California, del 6 al 10 de junio, así como su visita a Cuba también son un desafío y una provocación para los estadounidenses.

López Obrador habla del cuidado de la soberanía como la protección de algo impoluto, pero cuando llegan los millonarios recursos de las exportaciones y remesas, “el dinero del imperio” ya no es sucio. Al contrario, lo presume como logro propio sin serlo.

Canciller, entiendo que usted y la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, compiten por la gracia del jefe para recibir su bendición y sucederle en el poder montados en el corporativismo gubernamental y su partido de Estado, Morena. Su ardiente deseo por cuidar agendas les obliga a tragar sapos (acuérdese de la carta que mandó el presidente a España) y defender políticas que bien saben son erróneas.

Ebrard y Sheinbaum se han convertido en los Ted Cruz y Josh Hawley mexicanos. Son personas educadas en universidades de calidad mundial, con experiencia política, inteligencia y capacidad. Pero su ambición por “la grande” los lleva a hacer maromas para explicar lo ilógico, apoyar o minimizar la regresión democrática de este régimen que, por cierto, tiene características muy similares a lo que ambos lucharon en contra como opositores.

Procurar la unidad latinoamericana es un fin noble, pero más importante es defender y promover el interés de México dando su lugar a quien lo merece, Estados Unidos. Quizá usted puede ser un gran candidato, pero hoy le toca ser un buen canciller. ¡Libérese, Marcelo! (Antonio Rosas-Landa, El Universal, Opinión, p.15)

México SA

 

No más hegemonía ni imposición // Frenar migración, acción conjunta // América Latina, futuro común

El presidente López Obrador continúa su gira por Centroamérica y el Caribe. Durante su breve estancia en Guatemala subrayó que más allá de atender la migración, América debe avanzar hacia una integración económica y comercial sin exclusiones, en igualdad de naciones y sin excluir a nadie; basta de hegemonías, de la política impuesta por más de dos siglos, no sin subrayar que tras un periodo oscuro y decadente en el que México se ausentó de América Latina, hoy el gobierno tiene la convicción y el propósito de participar en la construcción de un futuro común para nuestra región, con pleno respeto a las soberanías y a las características propias de cada pueblo y de cada país.

En efecto, los gobiernos neoliberales olvidaron a la patria grande, porque servilmente se entregaron (y a México) a Estados Unidos y fungieron como sus cancerberos, sólo para violar todo principio de soberanía, conceder toda la riqueza nacional a los oligarcas nacionales y foráneos, y hundir, aún más, al pueblo. Se acabó, dice López Obrador, y es la hora de enfrentar conjuntamente los problemas comunes, que sólo pueden ser resueltos mediante la colaboración, el entendimiento y el respeto mutuo, con respeto a nuestras soberanías, bajo el principio de la independencia, de la autodeterminación de los pueblos y de la no intervención.

De la mano, las naciones latinoamericanas deben actuar conjuntamente, porque la raíz común de los principales problemas que nos aquejan es la misma: pobreza, desigualdad, postración del campo, desintegración social, marginación y negación histórica de derechos efectivos para las mayorías. Esas son las circunstancias que dan origen a la migración y a la delincuencia, a las adicciones y a la violencia. La otra cara de la moneda es el desarrollo y la paz social, que son frutos de la justicia y de una procuración de bienestar para las poblaciones.

De ahí que el gobierno mexicano haya llevado a la práctica ese concepto a las naciones más cercanas, más entrañables en lo cultural, geográfico, histórico y, repito, en lo afectivo. La fórmula que estamos aplicando en México para reactivar el campo, cuidar la naturaleza, crear empleos, rescatar a los jóvenes de la marginación laboral y educativa y crear, en fin, las condiciones de bienestar que demandan y merecen las mayorías de esta Mesoamérica contemporánea. Y la migración es la evidencia de la injusticia.

Reiteró su propuesta de erradicar las condiciones de pobreza, insatisfacción e inseguridad que la originan, para que nadie tenga que abandonar su hogar, su familia y su tierra por hambre o por violencia al verse obligado a vivir los peligros del trayecto en México, ni la discriminación y la persecución policial al norte del Río Bravo. Que sólo emigren quienes desean hacerlo por motivaciones más amables, que la migración sea optativa, no forzosa. Nuestro principal compromiso con los migrantes mexicanos en Estados Unidos es construir un país al que puedan y quieran regresar y que no expulse a ninguno de sus habitantes; esta es la misma propuesta que estamos haciendo de manera respetuosa para nuestros hermanos de Guatemala, de Honduras, de El Salvador.

Pero más allá del fenómeno migratorio, López Obrador subrayó la urgencia de que América toda avance hacia una integración económica y comercial sin exclusiones, al margen de diferencias ideológicas y, como lo ha expresado varias veces el presidente Biden, en pie de igualdad entre nuestras naciones. Que nadie excluya a nadie. Basta de las hegemonías, de la política que se ha impuesto por más de dos siglos en nuestra América. Necesitamos unidad, respeto a la soberanía de todos los países.

De Guatemala, López Obrador viajó a El Salvador (con cuyo gobierno acordó ampliar los programas sociales, como Sembrando Vida), en donde reiteró su mensaje de desarrollo, integración y erradicación de la injusticia y la violencia, dejando en claro que Estados Unidos debe ser corresponsable para contribuir a reducir el número de migrantes que abandonan sus países por problemas económicos y de inseguridad, siempre con absoluto respeto a la soberanía de las naciones. (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Economía, p.14)

El Caballito / La alcaldesa Cuevas y su desdicha

Sandra Cuevas, la controvertida alcaldesa de Cuauhtémoc, sigue tropezando con su propio temperamento. Y es que ayer se corrió en redes sociales la versión de que había sido detenida en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), pues no puede viajar fuera de la Ciudad por aquel juicio que enfrentó luego de abofetear a policías. Según se relató, la alcaldesa viajaba con rumbo a Estados Unidos. Ante las versiones, Sandra Cuevas respondió que desde finales de marzo las medidas cautelares que se le habían impuesto le fueron levantadas y notificadas a Migración. Total que ha quedado desvanecida la frágil mejora en su imagen al decirse perseguida, cuando ella es la causante de su propia desdicha. (El Universal, Metrópoli, p.10)