Pase lo que pase, con o sin pandemia, los paisanos –millones de ellos expulsados de su tierra durante el régimen neoliberal– no dejan de apoyar a sus familias, a la vez que, en forma permanente, inyectan grandes cantidades de divisas que, de paso, ayudan a la destartalada economía mexicana.
Como subrayó el presidente López Obrador en su segundo Informe de gobierno, muchas gracias a nuestros paisanos migrantes. Ahora que más se les ha necesitado es cuando más han ayudado a sus familiares en México. Pese a la pandemia en Estados Unidos, las remesas han crecido 10 por ciento respecto del año pasado y previó que llegarán a 40 mil millones de dólares a finales de 2020, un récord en beneficio de 10 millones de familias (alrededor de 40 millones de mexicanos). Con el aumento de las remesas desde Estados Unidos de paisanos a sus familiares, con los programas de Bienestar y los créditos que otorgamos a los de abajo, la pandemia no ha desembocado en hambruna ni en escasez de alimentos ni en asaltos, y el pueblo de México tiene recursos para su consumo básico. (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Economía, p. 28)
Los dilemas que enfrenta nuestro país son graves. “Las opciones disponibles para México y Estados Unidos para abordar los problemas no son fáciles ni baratas, pero el costo de la inacción es inaceptable. La interdependencia entre los dos países es demasiado grande para abordarla incluso con los muros más altos”. (José Carreño, El Heraldo de México, Orbe, p. 23)
Eso sí, contemos con George Washington: en abril podrán usarse los remanentes de Banxico (la diferencia que ganó por la apreciación del dólar versus sus reservas internacionales) que suman unos 500 mil mdp. Y también los dólares de las remesas, que se espera aumenten gracias a los planes de recuperación en EU. El ingreso por remesas como proporción del PIB pasó de 2.9 puntos en 2019 a 3.8 en lo que va del año. Nada indica que sea un paquete económico excepcional a pesar de estar en una coyuntura excepcional. Será un presupuesto diseñado para administrar la austeridad. (Bárbara Anderson, Milenio, Negocios, p. 18)