Opinión Migración 071023

La Esquina

Ante el masivo éxodo de migrantes que atraviesan México en pos de llegar a Estados Unidos, es necesario garantizarles medidas mínimas de protección y auxilio. Pero para eso también se necesita saber quiénes son, de dónde vienen, en dónde están. Urge un registro más fiel, que serviría, de entrada, para conocer el verdadero tamaño del problema y, de paso, para empezar a controlarlo.  (La Crónica de Hoy, Pp.)

Catalejo  /  Elon Musk, socio activo de los populismos

La oleada de movimientos populistas que inunda el escenario político mundial no augura nada bueno. Se han multiplicado al amparo del fenómeno migratorio que crece inconteniblemente por efecto de un sinnúmero de causas, entre las que se encuentran las propias políticas populistas ya en marcha. Es así que hoy somos testigos de la inminente toma del poder por fuerzas de esa naturaleza en diversas regiones. Argentina, con la excéntrica y temible figura de Javier Milei como candidato puntero, Estados Unidos al borde de elegir el próximo año a Trump u otro republicano de línea dura, y Eslovaquia, con el reciente triunfo de Robert Fico, quien está por armar su coalición gobernante.

Los mencionados casos se suman ahora a Polonia, Hungría y al puñado de gobiernos latinoamericanos, africanos y asiáticos de corte populista, ya sea de derecha o de izquierda, que han conseguido imponerse con su agenda radical en la que caben tanto la xenofobia, como el supremacismo nativista, el racismo, el antisemitismo y la misoginia, así como el desprecio por el respeto a los derechos humanos y de las minorías.

Instrumentos esenciales para el ascenso de esas fuerzas políticas han sido las burdas mentiras, el falseamiento de datos, las llamadas fake news, los rumores sin fundamento real esparcidos en las redes sociales deliberadamente, el burdo engaño de presentar como real lo que no es sino una realidad alternativa, inventada a la medida de teorías de la conspiración que poseen la capacidad de inyectar en el público la percepción de que la única opción política admisible es un liderazgo fuerte y con mano de hierro, capaz de pisotear lo que sea necesario con tal de restaurar el orden que está siendo subvertido por quienes forman parte de esa gran conspiración.

De ahí lo seductor del control militar, de los políticos merolicos que asumen el rol de salvadores de la nación mediante fórmulas simplistas y radicales. Véase a Milei, a Bukele, a Maduro, Putin y Erdogan. Recuérdese a Bolsonaro o a Trump con su grandilocuente Make America Great Again. Hitler, Stalin y Mussolini fueron los grandes maestros en ese arte de vender utopías que acabaron en baños de sangre, y sin embargo fungen como modelos inspiradores para esos personajes con alma de dictadores de nuestro presente. Sólo que hoy cuentan, para desgracia nuestra, con un instrumento que les facilita enormemente la tarea: las redes sociales, las plataformas digitales, que les permiten difundir en cuestión de instantes y de forma masiva esa propaganda malintencionada que, mediante granjas de bots, hacen creer lo que sea, cualquier barbaridad y cualquier patraña que les sirva para difamar adversarios e inventar datos y conspiraciones capaces de transmitir a diestra y siniestra que ellos son los verdaderos salvadores de su patria respectiva.

Se asume que a fin de evitar esa malévola manipulación, existen o deberían existir regulaciones legales que impidan la difusión de los discursos de odio y engaño deliberado. Sin embargo, hoy estamos ante el hecho de que el extinto Twitter se ha convertido en X, y el señor Elon Musk, el hombre más rico del mundo, es el dueño de esa poderosa herramienta. Alguien que en nombre de la libertad de expresión ha decidido no plegarse a regulaciones y no filtrar mensajes problemáticos, éticamente hablando.

Así es como Musk les ha abierto las puertas a toda suerte de supremacistas blancos y a exponentes de teorías de la conspiración con agenda antisemita. Ha declarado la guerra a la organización judía norteamericana Anti-Defamation League (ADL), que se atrevió a denunciar los discursos de odio que empezaron a fluir abundantemente en X a partir de que Musk se hizo dueño de la plataforma. El magnate no ha ocultado su simpatía por el partido alemán de ultraderecha con claros tintes neonazis, Alternative fur Deutschland (AfD), ni su cercanía con Paul Golding, líder del partido de ultraderecha británico Britain First, hacia los cuales ha abierto las puertas de X sin ningún reparo. En su plataforma hay cabida para los mensajes radicales del ala más extrema del conservadurismo norteamericano con sus discursos de satanización de los millones de migrantes que intentan escapar de la violencia, las amenazas de muerte y la miseria.

La oleada populista que se expande hoy por el mundo cuenta así con un agente de promoción de indudable eficacia y, por tanto, de gran peligrosidad. X, manejada por Musk, se está perfilando como una herramienta poderosísima al servicio de las campañas de quienes aspiran a encabezar verdaderas dictaduras, regímenes sin contrapesos democráticos en los que la libertad, las disidencias y las minorías sean aplastadas bajo la bota del tirano al mando. (Esther Shabot, Excelsior, Nacional, p. 11)

Rayuela

Los dramas que acompañan a la migración siguen… y parecen no tener fin. (La Jornada, Contraportada)

Dorar la píldora / Los caminantes

Hace 25 años fui al Soconusco buscando huellas de la vida de mis abuelos Lavín Riaño, pues mi abuelo Miguel y sus hermanos montaron una finca de café llamada El chorro. Era 1911, mi abuela se casó por poder con él en Santander y navegó para encontrarse tres años después en ese lejano Tapachula, tan distante y distinta a su natal ciudad cántabra. Ellos venían buscando un futuro, yo iba buscando el material para mi novela Café cortado. Tenía la intención no resuelta de averiguar quién mató a mi abuelo en 1929.

He vuelto a Tapachula invitada por la Feria Internacional del libro de la Universidad Nacional Autónoma de Chiapas que, por primera vez, se extiende a la zona Pacífico. Este viaje además de la amabilidad de los anfitriones, de los gozos culinarios chiapanecos —quesos, tamales, camarón seco, tascalate, garnachas— me confrontó con un paisaje distinto. Campamentos aquí y allá en plazas, claros en la carretera, cunetas, aceras, estacionamientos donde minúsculas carpas improvisan una pequeña comunidad con la ropa tendida, niños jugando, gente comiendo o charlando. Aspectos físicos distintos desde los muy largos de piel oscura haitianos como muchos de origen salvadoreño, guatemalteco, nicaragüense, hondureño, venezolano… Dicen que las mujeres cubanas parten plaza y hay quien ha visto los elegantes autos de los potentados levantar alguna.

Pero bastó salir de la ciudad tomando la carretera a Tonalá para observar la puesta del sueño migrante en marcha. Entre uno y otro retenes pude ver, con la explicación de quienes me llevaban, las hileras de caminantes internarse a los costados entre las matas para eludir la revisión y poder proseguir hacia su meta. Todo el tiempo al costado derecho los caminantes bordaban con sus pasos el paisaje carreteril. Grupos de jóvenes con la mochila en la espalda, o familias con niños pequeños sobre los hombros o intentando seguirle el paso a sus padres. ¿A dónde vamos?, preguntarán. Supongo que la madre y el padre, jóvenes y fuertes y deseosos de otra vida menos amenazada y con una promesa de bienestar, les iluminarán el trayecto con imágenes del paraíso que encontrarán una vez que crucen del otro lado, recorriendo más de 4 mil kilómetros. Los caminantes no giraban la cabeza, no pedían aventón, miraban de frente atareados en su propósito. Conmovía ese peregrinaje que mueve a los migrantes del mundo a alcanzar un sueño posible. La Bestia ya no llega a Tapachula, seguramente lo abordarán clandestinamente en Oaxaca. Ocuparán el techo de los vagones como los resquicios en Tapachula. Se aferrarán con sus fuerzas y su vehemencia y abrazarán a las crías para que el viento y los jaloneos y las frenadas no los lancen tierra abajo. Ellos van a la tierra prometida, aunque sea muy difícil, aunque a lo mejor se queden varados en otra ciudad fronteriza que cada vez acumula más sueños resignados, más población que se queda en este lado. Los pasos de los caminantes insisten en recordar el derecho que tenemos todos a una vida mejor; la ilusión que nos mantiene en pie de que esa vida existe y que vale la pena caminar por ella de la frontera sur de México a Tijuana en la frontera con Estados Unidos. Entristece que los países de origen no puedan retener a quienes ahí nacieron y que tendrán que renunciar al arraigo, al apego, a los suyos. Enfurece la incapacidad de cada uno de nuestros países que no ofrece las condiciones para una vida digna.

Vengo de abuelos migrantes: tomaron el barco, tomaron el tren. Mis abuelos maternos no tuvieron más remedio porque había una guerra en España que perdieron, mis abuelos paternos soñaban un bienestar para la familia que fundarían. Podría costarle la vida a alguien, como pasó con mi abuelo. Pero nada detiene el paso decidido de la migración. (Mónica Lavín, El Universal, Cultura, p.18)

El naufragio migratorio europeo

Quizá no sea exagerado decir que las personas migrantes mueven el mundo. Si formasen un país, se convertiría directamente en el cuarto más habitado del mundo, con 281 millones de personas. Si le adjudicásemos como PIB las remesas que envían a su lugar de origen, hablaríamos de uno de los 20 países con mayor PIB, con 700 mil millones de dólares. Eso, ignorando todo lo que los migrantes dejan en el país que los recibe, que no es poco, como bien explican los trabajos de la UCLA sobre la crucial aportación de la migración a la economía estadunidense. No parece, por lo tanto, nada exagerado decir que los migrantes mueven, en buena medida, este mundo.

El crucial y cruel papel de la esclavitud en la acumulación capitalista y el posterior desarrollo industrial ha sido ampliamente estudiado. No hace falta forzar la realidad, las condiciones no son las mismas para los migrantes de hoy que para los esclavos de ayer, por terribles que sean, pero su función en el engranaje económico global responde a las mismas necesidades: mano de obra a bajo costo que permite extraer mayor beneficio al mismo trabajo. Puede que sea por ello que no para de crecer. En 1990 había 128 millones de migrantes en el mundo, 2.4 por ciento de la población global. Tres décadas más tarde, son 281 millones. Un 3.6 por ciento del total.

A menudo pensamos en la migración forzada por la necesidad como en un pequeño fallo, un tropiezo del sistema capaz de remediarse actuando sobre el terreno, es decir, incidiendo sobre las causas que la provocan. Básicamente, la pobreza y la falta de expectativas en los países de origen. Resulta obvio que hay que combatir estas causas, pero conviene no perder de vista que la migración no es un accidente del sistema, sino que forma parte estructural del mismo. Europa permite ejemplificarlo: muchos países estarían ya perdiendo población, y esta sería todavía más anciana, si no fuera por la llegada de la migración, mano de obra fundamental para mantener la maquinaria en marcha. El decrecimiento demográfico no es malo en sí mismo, de hecho, es algo que el planeta y sus futuros habitantes agradecerán, porque reducirá la presión sobre los territorios; pero en el actual sistema, que glorifica el crecimiento económico, la pérdida de habitantes no acostumbra a ser una gran noticia para la economía. El bienestar europeo es inviable sin la aportación de miles de africanos y latinoamericanos.

Pese a ello, la política europea contra la inmigración ha convertido el mar Mediterráneo en la mayor fosa común del planeta. La frontera mexicana con EU es la más peligrosa de entre las terrestres, pero van a permitir que hoy ponga el foco sobre la más mortal de todas. El mar que, de Egipto a Grecia y Roma, dio cobijo a algunas de las primeras grandes civilizaciones, es hoy en día una grieta abismal en la que al menos 28 mil 133 personas han perdido la vida en menos de una década, según la Organización Internacional para las Migraciones de la ONU. Estos días se ha celebrado el décimo aniversario de la peor de las tragedias documentadas, el naufragio de Lampedusa, en el que una embarcación abarrotada con más de 500 personas se hundió sin remedio frente a la costa de esta isla italiana, mientras Europa miraba con desidia.

El naufragio de los pretendidos valores europeos es colosal. Lejos de aprender la lección adecuada, las cosas han ido a peor. La Unión Europea ha militarizado la gestión de las fronteras a través de la agencia Frontex, que en pocos años ha pasado de dedicarse a asesorar a los Estados, con un presupuesto de 80 mil euros, a coordinar y dirigir labores de vigilancia y operaciones de retorno de migrantes, con un presupuesto de 70 millones de euros.

También ha cerrado acuerdos vergonzosos con países como Turquía y Marruecos, con un resumen muy sencillo: dinero y reconocimiento internacional a cambio de control de la migración. Europa externaliza así la gestión de la migración a países con una más que cuestionable carpeta relativa a la salvaguarda de los derechos humanos. En el caso de España, el control de los flujos migratorios por parte de Marruecos es una de las claves que explica el acercamiento de Madrid y Rabat, así como la traición definitiva al Sahara Occidental, antigua colonia española, ocupada por Marruecos en 1975.

Ahora, en una nueva vuelta de tuerca, los jefes de Estado y de gobierno de la UE han aprobado esta semana impulsar un nuevo reglamento para hacer frente a las llegadas de migrantes, según la propia terminología que emplean. Se trata de una propuesta enmarcada en el Pacto de Migración y Asilo que verá la luz a finales de este año o principios del que viene, tras las pertinentes y algo teatrales negociaciones con el Parlamento Europeo. El reglamento pone más trabas a las peticiones de asilo, permite extender medidas de excepción como las detenciones en la frontera y da un nuevo paso en la criminalización de las organizaciones que, con varias embarcaciones, auxilian a barcos de migrantes a la deriva. Cada vez es más fácil que se produzca otro naufragio como el de Lampedusa, pero cada vez es más difícil que lo sepamos. (Beñat Zaldua, La Jornada, Opinión, p. 16)

Cartones

Esquizofrenia imperial

Cartón 07 octubre

(El Fisgón, La Jornada, Política, p. 4)

Cartón 07 octubre 2

(Boligán, El Universal, Opinión, p. A12)