Para Garduño, todo pagado hasta el final
Nos cuentan que en el Instituto Nacional de Migración hay incertidumbre sobre dos cosas: la estrategia ante la llegada de Donald Trump con sus deportaciones masivas, y la fecha exacta en que su todavía titular, Francisco Garduño, finalmente dejará el cargo después de gastarse 80 millones de pesos del erario en 29 viajes con comitiva a Ciudad Juárez, donde cada 15 días tiene que firmar en un juzgado por el caso de los 40 migrantes muertos en el incendio de la estación migratoria, por el cual está acusado. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció que lo sustituiría en diciembre el gobernador saliente de Puebla, Sergio Salomón. La toma de protesta del nuevo mandatario estatal, Alejandro Armenta, será el día 15, pero en el INM dicen, un poco en serio y un poco en broma , que a lo mejor don Francisco decide quedarse hasta fin de año para recibir su aguinaldo completo y tal vez tomarse dos semanas de vacaciones. La protección desde Palenque no flaquea. (Redacción, El Universal, p. A2)
Como percibimos con muchas otras cosas, nuestro país carece de política migratoria.
En el mejor de los casos, sus afanes se dividen en dos conductas: satisfacer las órdenes del gobierno de Estados Unidos (como ocurre con el fentanilo), y servir de barrera a los caminantes centroamericanos rumbo al norte, o perseguir a quienes aquí se quedan, con la salvedad de las afinidades ideológicas.
Ambas actitudes se enmascaran con una patraña mayúscula: el subsidio de la siembra de árboles en Guatemala y El Salvador, principalmente, para convertir en madereros o recolectores frutales a quienes hoy miran escuálidos varejones, en el mejor de los casos.
En otros momentos, las matitas se han secado.
Es un cuento ridículo celebrado por la IV-T y sus infatigables mitologías, como el programa de reforestación más grande e importante del mundo, tanto como para proponérselo al G20 donde la diplomacia de la realpolitik frenó a las carcajadas.
En el otro extremo de la no política migratoria está el INM, cuyo director saliente, Francisco Garduño —por cierto— reúne los distintivos de la Cuarta Transformación: inepto, ignorante, displicente ante la irresponsabilidad, cargado de denuncias, y por todo lo anterior, impune y enchufado al carro del presupuesto.
Pronto, como a otros iguales, lo veremos en las nóminas inmortales del gobierno.
En esas condiciones, la titular del Ejecutivo ha decidido reunirse con los gobernadores de los estados fronterizos del norte para ver si a alguien se le ocurre algo, porque pronto vamos a tener expulsados hasta en la sopa.
Y no hay caldo para todos.
Trump, quien sí tiene una política migratoria definida (cruel, inhumana, fascista y demás), los va a echar. ¿A dónde? Por lo pronto al patio trasero (nosotros), pero con la advertencia soberana: primero veremos por los nuestros. A esos sí los queremos. Antes no; ahora sí.
Por eso, además de hablar con los gobernadores (para nada, si no tienen dinero), se envía a Juan Ramón de la Fuente a recorrer consulados. También para nada.
Entonces no queda más recurso: pedirle favores a Trump.
Ha dicho la SPEUM (señora presidenta de los Estados Unidos Mexicanos): le voy a pedir a EU la deportación de las personas a sus países, lo cual significa, a mí no me los eches.
Vaya cosa, el caudillo de la 4-T decía, malévolo y falso, vengan, aquí donde comen dos comen tres, porque dominamos la tecnología digital de echarles agua a los frijolitos; les vamos a dar empleo, les vamos a dar pájaro, jaula y alpiste.
Nunca fue posible, cuando más los carbonizamos en una jaula en Ciudad Juárez o les permitimos pedir limosna, con sus niños de ébano en el Viaducto de los haitianos.
Política migratoria…Vaya. (Rafael Cardona, El Heraldo de México, País, p. 6)
Trump lleva varias semanas enormemente activo. En cierto sentido, pareciera que ya gobierna EU y se está adelantando para ir logrando concesiones o ir resolviendo varios asuntos internacionales desde antes de que asuma la presidencia. Como se puede observar, sus mensajes son altamente eficaces en movilizar no solo opinión pública, sino decisiones y acciones específicas por parte de actores varios. Esto, naturalmente, lo empodera y le incentiva a seguir adelante con amenazas anticipadas, o efectuar declaraciones que tienden a dejar una sensación de que ahora sí todo está cambiando, y de que su agenda nacionalista, proteccionista y promotora del respeto a la voz y el poder estadounidenses, avanzará como hace tiempo no avanzaba. Varios conflictos en el mundo, desde esta visión, “serán velozmente resueltos” y EU conseguirá enfocarse en sus propios asuntos como lo propone. En nuestro propio país, a veces tendemos a concentrarnos demasiado en nuestra agenda bilateral y suponemos que Trump está haciendo lo mismo; es decir, que cuando habla sobre México (o sobre comercio, migración o seguridad) nos está hablando exclusivamente a nosotros. No obstante, para poder evaluar más a fondo la situación y pensar en escenarios acerca de lo que viene, necesitamos primero, observar un panorama más amplio, y segundo, revisitar con detenimiento distintos momentos de su gestión anterior. Si se hace esa revisión, veremos que no todo le sale a Trump como lo propone y que, en ese contexto, México, lamentablemente, es uno de los mayores objetos de su comportamiento errático. Para ilustrarlo, comparto algunos ejemplos de su período previo.
Antes, comentar que, para un personaje como Trump, resulta poco relevante el producto o resultado final de sus gestiones si este resultado es medido en términos técnicos o estadísticos. Mucho más importante es proyectar que su fuerza, su poder o su toma de posición, impacta sobre comportamientos o decisiones, y por tanto, ello produce la sensación de que efectivamente él está caminando en la dirección que ha prometido. Esto importa porque él siempre va a intentar mostrarse como un presidente que cumple—y por ello, siempre hay que tomar en serio sus amagues o amenazas—tanto en términos de su agenda y sus promesas políticas dirigidas hacia la gente que votó por él, como hacia afuera para que la próxima vez que emita amenazas, los otros actores le escuchen, le crean y se comporten acorde con ello.
Cuando él amenaza a México o a Canadá con aranceles, o cuando vincula esos temas comerciales con asuntos de migración, narcotráfico o seguridad, necesitamos observar mucho más allá de nuestras fronteras. Porque él efectivamente nos habla a nosotros y quiere asegurar que se vea con claridad que él ya está trabajando sobre sus temas prioritarios (entre los que se incluyen asuntos como el déficit comercial, la migración o la crisis del fentanilo). Pero además de ello y de su audiencia interna, él también se está comunicando con una audiencia internacional. No solo para que se entienda que ahí vienen aranceles a ser repartidos por todos lados, sino para que también Hamás entienda que “si no suelta a los rehenes”, ahí viene “el infierno sobre Medio Oriente” (como dijo esta semana) y que él—a diferencia de Biden—habla en serio. De igual forma, los países del BRICS+ deberán entender que ahora es Trump quien está al mando, y que deben “abandonar sus aspiraciones de buscar divisas alternativas al dólar” para sus transacciones porque los aranceles podrían llegar “hasta el 100%”.
En otras palabras, Trump necesita cumplir con lo que promete o con lo que amenaza porque hay demasiadas cosas en juego, las cuales van mucho más allá de la agenda bilateral con nuestro país, por más que eso en específico sí le importe. Mucho más le importa mostrar que está caminando hacia donde prometió que iba a caminar. Lo que pase después, resulta menos relevante. En ese sentido vale la pena recordar varios ejemplos de su gestión previa para contrastar la percepción de resultados con los resultados mismos:
El tema acá es que, en todo este contexto que explico, México era continuamente usado por Trump como una especie de “punching bag” o blanco de ataques. No era casual que cada vez que algo no salía como él lo proyectaba en lo internacional, justo pocos días o semanas después, retomaba temas de migración o comercio con su vecino del sur.
Así que acá la recomendación vuelve hacia los sentidos que señalo. Primero, con Trump no es imposible conversar o negociar, siempre y cuando él pueda, al final, exhibirse como un presidente eficaz, un actor cuyas estrategias de presión funcionan para su agenda y para lograr mejores condiciones para su país. Segundo, nunca asumir que él solo tiene a México en la cabeza. Por tanto, monitorear lo que le está sucediendo en diversos ámbitos internacionales resulta esencial para prevenir en qué momentos se puede voltear o regresar hacia México, incluso cuando pensábamos que ya se habían resuelto los asuntos que nos preocupan. La característica esencial de Trump está en su comportamiento errático, disruptivo e impredecible. Eso es lo que a él le funciona y probablemente lo va a explotar como nunca. (Mauricio Meschoulam, El Universal, Opinión, p. A15)
Muy recientemente el gobierno de Claudia Sheinbaum realizó tres acciones de enorme importancia para beneficio de México. Primeramente se dió un golpe mayúsculo al negocio del contrabando de mercancías de origen chino.
Mediante un operativo sorpresa fueron decomisados muchos millones de dólares en artículos almacenados y comercializados en pleno centro de la ciudad de México y a la vista de todo el mundo.
Casi simultáneamente Sheinbaum le ordenó al secretario de Seguridad desplazarse por tiempo indefinido a la ciudad de Culiacán, capital de Sinaloa, para coordinar los esfuerzos federales, estatales y municipales en el combate a la ola de violencia criminal que azota a esa y a otras urbes y regiones de la entidad.
La tercera acción fue coordinar de modo pacífico y público la disolución de una muy numerosa caravana de migrantes indocumentados de diversas nacionalidades (muchos de ellos con niños) que, habiendo partido de la frontera sur de México, pretendían llegar a la línea fronteriza con Estados Unidos, para lograr la tarea imposible de internarse en la Unión Americana, a fin de sumarse al mercado laboral estadounidense.
Como era de esperarse, los críticos más contumaces e insensatos de Sheinbaum afirmaron que tales acciones del gobierno mexicano se habían dado para responder a las presiones y amenazas de Donald Trump en materia comercial, migratoria y de narcotráfico.
Para empezar el análisis habría que preguntarse si es bueno o malo combatir, hágalo quién lo haga, el contrabando de mercancías. Malo sería tolerar las violaciones a las leyes fiscales.
También debería uno preguntarse si es bueno o malo que desde las máximas instancias gubernamentales se combata coordinadamente la violencia criminal. Malo, muy malo, sería tolerarlas y, más aún, fomentarlas.
Y en cuanto a la política disuasiva del organizado negocio de la trata de migrantes, Claudia Sheinbaum está haciendo lo que hacía e hizo el gobierno del Presidente López Obrador a lo largo de su sexenio: no maltratar a los migrantes, ofrecerles refugio, protección y empleo en suelo mexicano.
¿Son buenas o malas estas medidas migratorias? Malo sería el reparto de palos. Malo sería acudir a las deportaciones forzadas y violentas y a la negativa de protección, refugio y empleo.
Sheinbaum ha ofrecido a Washington cooperación, lo que se está viendo. Y esa cooperación, como igualmente se está observando, es principalmente en beneficio de México.
Y si adicionalmente estas políticas públicas evitan conflictos con el gobierno de Estados Unidos, pues miel sobre hojuelas. (Miguel Ángel Ferrer, El Sol de México, Análisis, p. 13)
Migrantes y fentanilo. Para alimentar los instintos sanguinarios de sus seguidores tiene a los migrantes. El combate al fentanilo es una enorme tragedia. Como lo son los más de 100 mil muertos y desaparecidos en México. El problema es que la sociedad estadunidense está atravesada por todas las adicciones del mundo y los principales incitadores de esas adicciones son las empresas comerciales estadunidenses, desde las farmacéuticas que originaron las adicciones a las drogas, hasta las casas apostadoras, empresas deportivas y fabricantes de comida chatarra. (Gustavo Gordillo / III, La Jornada, Economía, p. 14)

(Boligán, El Universal, Opinión, p. A14)

(Fer, El Universal, Opinión, p. A15)