Cambiar el nombre del golfo de México por el de “golfo de América”; recuperar el canal de Panamá y anexar Groenlandia a Estados Unidos sin descartar el uso de la fuerza, son las últimas propuestas incendiarias de Donald Trump.
Sin olvidar sus intenciones de convertir a Canadá en el estado 51 de la Unión Americana; los avisos de que va a poner aranceles de 25 por ciento a las exportaciones de México y Canadá, y expulsar masivamente a migrantes indocumentados.
A esa larga lista de provocaciones se suma la afirmación de que México está dirigido por los cárteles de la droga.
“No podemos dejar que eso pase. México está realmente en problemas, muchos problemas, es un lugar peligroso”, dijo el magnate en rueda de prensa que convocó en su residencia de Mar-a-Lago, Florida.
¿Cómo lo va a hacer? Ya avisó que desde el primer día de su gobierno va a declarar a los cárteles como “organizaciones terroristas”.
Eso implica, según la ley aprobada por el Congreso después de los ataques en 2001 a las Torres Gemelas en Nueva York, que habrá luz verde para utilizar incluso las capacidades militares para combatirlos.
Trump es el presidente gringo que más ha lastimado verbalmente a México. Dice que los migrantes son criminales, violadores que provienen de instituciones mentales.
Sus humillaciones no paran. Sobre el cambio de nombre al golfo de México dijo: “golfo de América. Suena muy bonito. Eso cubre mucho territorio. El golfo de América, qué hermoso nombre, es un nombre apropiado”.
* La presidenta Sheinbaum no se ha quedado callada frente a las provocaciones del republicano. “Arancel contra arancel”, respondió al presidente electo de Estados Unidos.
Dijo más: “Si hay invasión tenemos el himno”.
No le entendí. ¿Habrá querido decir que si un extraño enemigo osare profanar suelo mexicano, hay un soldado en cada hijo de esta tierra? O ¿mexicanos al grito de guerra? Son preguntas.
Marcelo Ebrard habló del tema. Recomienda “inteligencia y sangre fría” frente a las decisiones que tome Trump, una vez que ocupe la Casa Blanca.
“Estamos listos. Tenemos meses preparando esto. Sabemos qué hacer en cada caso de los escenarios factibles. Sorpresas no va a haber”, prometió ayer en Guadalajara.
¿Cuál debe ser nuestra guía? Preguntó.
Él mismo respondió: sangre fría, no podemos contestar las declaraciones todos los días. El país no se va a inmiscuir en debates estériles.
El propósito será proteger la relación bilateral. El tratado comercial que se acordó en épocas anteriores, puntualizó.
*Trump sorprendió al mundo con su plan de anexar a Groenlandia, territorio de Dinamarca, y arrebatar el canal de Panamá a ese país que lo recuperó cuando Jimmy Carter era presidente de Estados Unidos. “Por eso perdió la reelección”, dijo.
Le preguntaron si descartaba el uso de la fuerza militar para lograr esos objetivos. “No voy a comprometerme a eso”, reviró. Dice que el canal de Panamá es vital para los intereses económicos de EU y Groenlandia, donde recientemente estuvo un hijo suyo en calidad de “turista”.
Después de escuchar a Trump, la representante republicana Marjorie Taylor Greene declaró que enviará “lo más pronto posible” una iniciativa al Congreso para cambiar el nombre del golfo de México.
Sobre Groenlandia, asevera que su anexión es necesaria para la seguridad de Estados Unidos. Quiere comprarla, pero advierte que si se niega Dinamarca a venderla, la ocuparía por la fuerza.
* Murió en Francia, a los 96 años, Jean-Marie Le Pen, personaje destacado de la galería del horror. Fundador del ultraderechista Frente Nacional, hoy Agrupación Nacional, se destacó como predicador de odio por motivos de raza o de religión.
Fue el campeón de la xenofobia. Sobre él pesan acusaciones de tortura durante la llamada guerra de Argelia, que acabó con la colonia francesa.
Alguna vez lo vi y lo escuché en la sede de la Asociación de Corresponsales Extranjeros en París. Eran los tiempos de François Mitterrand en el Palacio del Elíseo. “La France aux français” (Francia para los franceses) era uno de sus lemas.
Ayer revisé su cuenta de X. La dejó de utilizar en 2023, pero allí sigue. En noviembre del 2022 alcanzó a escribir: “El tráfico de inmigrantes es una cuestión político-comercial. Ayudarlos es una estafa a expensas de los pueblos europeos”. ¿Cómo la ve? (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 6)
Bienvenido el año 2025 y, con su inicio, deseo que logremos seguir avanzando en la consolidación de todos nuestros proyectos.
Este año, particularmente, los mexicanos tenemos varias expectativas por delante, considerando que en México tenemos a Claudia Sheinbaum como la primera mujer presidenta de la nación y a Donald Trump como próximo mandatario del vecino país, Estados Unidos, quienes habrán de revisar obligadamente el tratado de comercio trilateral (T-MEC), que incluye a Canadá. En el escenario global inciden dos guerras armadas, en Ucrania y Oriente Medio, que representan y contribuyen a un alto grado de incertidumbre para la economía y las finanzas globales.
Así, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y el de Hacienda, Rogelio Eduardo Ramírez de la O, en el ámbito de sus responsabilidades, dan seguimiento a la hoja de ruta que el gabinete económico y de seguridad desarrolló, para, con inteligencia y responsabilidad, hacer frente a todas las eventualidades que habrán de presentarse este año 2025.
Para nadie es algo nuevo el carácter belicoso y pragmático de Donald Trump. Los mexicanos sabemos cómo gusta conducir los asuntos de su país. Son tantos los temas que ha ido abriendo que ni siquiera sus colaboradores saben a cuáles dará prioridad. Por lo pronto, no es difícil imaginar que su juguete preferido es el proteccionismo comercial, lo desarrollará por medio de la política comercial arancelaria y, junto a los flujos de migrantes, ocuparán el primer lugar de su agenda, máxime que no necesita aprobación legislativa de su Congreso para instrumentar aranceles y políticas antiinmigrantes.
El secretario Ebrard impulsó la creación de los Corredores del Bienestar, alineándolos con los gobernadores de los estados de la República, y ha desplegado una presencia internacional con su gente más equipada y experimentada en los temas de inversión. Con el apoyo del secretario de Relaciones Exteriores, doctor Juan Ramón de la Fuente, habrá de consolidar esta estrategia con el cuerpo diplomático del país acreditado en el mundo.
Dos retos importantes del secretario Ramírez de la O son haber diseñado un presupuesto definido que logre la reducción del déficit fiscal a menos de 4%, para estabilizar primero a las finanzas públicas, con una meta de crecimiento de 2.3% del PIB como alta prioridad y evitar impacte el costo financiero y el encarecimiento del dinero, interrumpiendo el ciclo de degradación económica de las calificadoras, que inhiben a la inversión extranjera.
Los analistas financieros sostienen que al exportar 80% de nuestros productos a EU, más allá de lo que suceda con las negociaciones del tratado de libre comercio, el flujo comercial continuará de alguna manera, y con las políticas que va a desarrollar Trump en apoyo a su industria, la actividad económica se fortalecerá en su país y con reducciones a los flujos migratorios subirán más los salarios, entonces habrá más consumo y se reflejará en la fortaleza del dólar que debilitará a todas las monedas del mundo, entre ellas la nuestra, que ya está a 20-21 pesos por dólar.
Estos analistas pronostican que si Trump cumple con la amenaza de imponer aranceles de 10%, lo vamos a absorber y eso llevará a 22 pesos por un dólar; que si empieza con 20%, lo más probable es que el peso se devalúe 20% y que estará entre 24 y 25 pesos el tipo de cambio.
Sostienen que, de no firmarse y cancelarse el T-MEC (sería lo más cómodo para ellos, dicen) y, sumado al otro factor de perder el grado de inversión en 2026, entonces sí tendremos una situación como que la que vivió Brasil en 2016, donde su real brasileño se depreció 80%, y nuestra moneda volará por los cielos.
Todas estas especulaciones financieras son sólo eso, pues recordemos que existe un periodo en el acuerdo comercial actual, de 10 años de gracia, para salir y desmantelarlo, entonces esto es un periodo suficientemente cómodo para ambos países y reorganizar las políticas y programas económicos de cada país. ¿O no, estimado lector? (Juan Carlos Sánchez Magallán, Excélsior, Nacional, p. 10)
La crisis política en Venezuela ha alcanzado un punto de máxima tensión con la inminente toma de protesta de Nicolás Maduro como presidente, en medio de cuestionamientos nacionales e internacionales sobre la legitimidad de su mandato. Ahora, la disputa por el poder entre Maduro y Edmundo González, líder opositor, que asegura haber ganado las elecciones con un amplio margen, amenaza con desatar una nueva ola de inestabilidad.
Maduro, quien se ha mantenido en el poder desde 2013, no logró acreditar su triunfo en las últimas elecciones presidenciales. Se ha denunciado desde la manipulación del sistema electoral hasta la falta de observadores internacionales independientes. Por otro lado, González ha presentado pruebas que respaldan su victoria, incluidas fotografías y documentos que muestran resultados favorables en las urnas. Sin embargo, el régimen de Maduro ha cerrado filas para impedir cualquier intento de reconocimiento oficial a González y ha intensificado la represión contra los sectores opositores.
El trasfondo de esta crisis es una situación humanitaria devastadora que afecta a millones de venezolanos. De acuerdo con datos recientes, más de 60% de la población vive en condiciones de pobreza extrema, mientras que la inflación anual supera 400%, convirtiendo al bolívar en una moneda inútil. La escasez de alimentos y medicinas continua es alarmante, con hospitales colapsados y familias enteras luchando por sobrevivir. Además, la inseguridad alimentaria afecta a más de 50% de los hogares venezolanos, y enfermedades erradicadas, como la malaria y el sarampión, han resurgido debido al colapso del sistema sanitario.
A esta tragedia se suma una crisis migratoria. Más de 7.7 millones de venezolanos han abandonado su país desde 2014, convirtiéndose en refugiados o migrantes forzados en países como Colombia, Perú y Brasil. Esta diáspora masiva no sólo refleja el nivel de desesperación dentro del país, sino que también ha generado tensiones en los países receptores, que enfrentan desafíos para integrar a estas poblaciones.
La comunidad internacional ha sido clara en su postura: Maduro debe convocar nuevas elecciones libres y transparentes bajo supervisión internacional para restaurar la democracia en Venezuela. Organismos como la OEA, la UE y la ONU han emitido resoluciones exigiendo un cambio político urgente. Sin embargo, el régimen venezolano ha ignorado estas demandas y ha optado por reforzar su alianza con Rusia, China e Irán para mantenerse a flote.
Ante este panorama, es necesario explorar posibles salidas a esta prolongada crisis, como que haya elecciones supervisadas por organismos internacionales imparciales, pero para que esto ocurra, sería necesario ejercer una presión diplomática más contundente sobre el régimen de Maduro.
Los países democráticos deben fortalecer las sanciones contra los altos funcionarios del régimen y sus redes financieras internacionales, éstas no deben afectar al pueblo venezolano, sino enfocarse en quienes sostienen al régimen autoritario. Al mismo tiempo, es crucial aumentar la ayuda humanitaria dentro y fuera del país.
Otra posible solución es que haya un diálogo genuino entre las facciones políticas enfrentadas. Países como Noruega o instituciones como el Vaticano podrían desempeñar un papel clave como mediadores imparciales. También es fundamental empoderar a la sociedad civil venezolana para que se convierta en un agente activo del cambio político.
El futuro inmediato de Venezuela está cargado de riesgos. La decisión de Edmundo González de regresar al país para juramentarse como presidente legítimo podría desencadenar una escalada represiva por parte del régimen, incluso enfrentamientos civiles. Sin embargo, también podría ser el catalizador necesario para movilizar a una ciudadanía cansada, pero esperanzada en un cambio real.
Venezuela no puede seguir atrapada en este ciclo interminable de autoritarismo y miseria. La comunidad internacional tiene una responsabilidad para ayudar al pueblo venezolano a recuperar su democracia y dignidad. Aunque serán los propios venezolanos quienes tendrán que liderar este proceso. El camino será largo y difícil, pero no imposible si hay unidad y compromiso con un futuro mejor para toda Venezuela. (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p.12)
Que este miércoles la presidenta Claudia Sheinbaum se reunirá con los cónsules y embajadores de México en Palacio Nacional, pero pedirá específicamente a los encargados de sedes de México en Estados Unidos que refuercen la atención para los paisanos, ante las posibles deportaciones masivas con las que ha amenazado Donald Trump una vez que vuelva a la Casa Blanca, y que realicen asambleas públicas para conocer las principales inquietudes de los migrantes mexicanos. D. (Trascendió, Milenio, Al Frente, p. 2)
Donald Trump hizo ayer un anuncio que Claudia Sheinbaum no puede ignorar: los aranceles, la intervención militar y la crisis migratoria. Cada uno representa una amenaza real.
El riesgo inmediato es el de los aranceles. Trump amenazó con gravar las exportaciones mexicanas si el gobierno no detiene el tráfico de fentanilo. Esto podría ejecutarse el mismo día 20, con una simple orden ejecutiva. El comercio con Estados Unidos representa 80% de nuestras exportaciones y no hay plan B ni mercados alternativos que puedan sustituir esta relación.
Pero el peligro más grave es la intervención militar. Trump y los suyos han insistido en declarar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas, lo que abriría la puerta a operaciones directas bajo su Ley de Seguridad Nacional. Las declaraciones de ayer son el preámbulo de un discurso que busca legitimar esta acción, poniendo a México en una posición de máxima vulnerabilidad.
A esto se suma la crisis migratoria.
Ante este panorama, Claudia Sheinbaum enfrenta su primera gran prueba como presidenta. La respuesta debe ser inmediata y contundente. En el frente económico tiene que enfocarse en una estrategia de negociación directa con Estados Unidos, subrayando que el comercio bilateral es vital para ambos países. En seguridad, es urgente intensificar la cooperación con Washington pero bajo los términos de México, dejando claro que no tolerará intervenciones unilaterales. En lo diplomático, Sheinbaum debe articular una narrativa firme y sólida que defienda la soberanía nacional y contrarreste el discurso de Trump, fortaleciendo la posición de México a nivel internacional.
México debe anticiparse, no reaccionar. Lo que está en juego no es solo nuestra relación con Estados Unidos, sino nuestra soberanía, estabilidad y futuro como nación.
El mensaje de ayer no es una advertencia, es un aviso de que su reloj ha comenzado a correr.
RETALES
Por Trump, más caravanas
Resulta que el fenómeno migratorio, más que ir desapareciendo por el miedo a las amenazantes deportaciones masivas de Donald Trump, al parecer va retomando nuevos aires, nos hacen ver. Y es que desde Honduras salió un éxodo más, como no se había visto en muchos meses. Los migrantes ya habían abandonado esa opción, porque ya no era muy funcional para llegar a Estados Unidos y cruzar. Sin embargo, nos cuentan, la desesperación y la contención que hay en otros países ya los obligó a retomar esa antigua práctica, ahora desde Centroamérica. Además, en México ya anunciaron tres caravanas más para los siguientes días, ya que siguen entrando personas en condición irregular, se sigue llenando la frontera sur y continúan en traslado cientos de extranjeros. En suma, se está dando un inicio de año muy fuerte, ante el inminente arranque del nuevo periodo presidencial del republicano. Uf. (Rozones, La Razón, LA DOS, p. 2)
A quienes en México aún dudan que Donald Trump vaya a cumplir algunas de sus amenazas, ayer declaró que nuestro país “es un lugar muy peligroso, esencialmente dirigido por los cárteles y no podemos dejar que eso pase” al reiterar que el mismo próximo lunes 20, tras regresar a la Casa Blanca, firmará el decreto declarándolos “terroristas” para combatirlos y desaparecerlos.
En la conferencia de prensa que ofreció en Florida, luego de ser declarado oficialmente presidente electo de Estados Unidos, advirtió que el Gobierno mexicano “no está haciendo lo suficiente” para impedir que las drogas crucen la frontera ni frene la migración hacia su país, lo que dijo que tiene que evitar que entren millones de personas a su país y anticipó que durante su administración cambiará el nombre del Golfo de México por el de Golfo de América. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p.8)
Tan mal como suenan y tan brutalmente como hayan sido presentadas, las últimas declaraciones del presidente electo Donald Trump para que Canadá se convierta en el estado 51 de Estados Unidos, adquirir Groenlandia y el Canal de Panamá por la fuerza si es necesario y para presionar al gobierno mexicano en temas de seguridad migración y narcotráfico–, tienen razones geopolíticas, estratégicas y económicas considerables.
Presentan una nueva señal de la forma caótica, transaccional, con que el viejo-nuevo mandatario espera llevar a cabo su segunda Presidencia, cuatro años después de haber terminado la primera. Las propuestas, tan arbitrarias como son, causaron irritación y preocupaciones internacionales. Para los canadienses en particular fueron insultantes, aunque poco más de 20% consideró que sería deseable. Para los daneses-groenlandeses, parte del reino de Dinamarca, fueron absurdas. Para Panamá, una ofensa, y para México, más allá que eso, un serio problema político.
Las tendencias, imperiales y egocéntricas, del nuevo ‘César’ quedaron acentuadas por su idea de cambiar de nombre al Golfo de México. En cuanto a Canadá y Groenlandia, Trump aseguró que la idea sería muy positiva para unos y otros, pero la verdad, es que si las que por ahora solo son ideas resultan convenientes para los canadienses o para los daneses-groenlandeses, está por verse.
Con todo, desde el punto de vista de Trump, lo real es que de convencer a unos u otros que Estados Unidos se verían beneficiados con un aumento exponencial de su territorio, con soberanía directa sobre el Círculo Ártico y el control de rutas marítimas en el Atlántico Norte, así como el posible usufructo de enormes recursos naturales –incluso de energía y minerales raros–.
En los casos de Panamá y México, uno parecería buscar el aseguramiento de la ruta transoceánica y en el otro forzar la mano del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum para buscar un alineamiento con Estados Unidos en cuanto a la lucha antidroga, la migración y el comercio con China.
Y no del todo curiosamente, Canadá, México, Dinamarca y Panamá tienen fuertes vínculos con Estados Unidos. Pero no debería olvidarse que, de acuerdo con Ravi Agrawal, editor en jefe de la prestigiosa revista Foreign Policy, “lo que define al Presidente electo de EU es su oportunismo descarado, a menudo a expensas de valores, alianzas e incluso tratados”.
En ese marco, Agrawal advirtió que “los estados que han llegado a depender de alianzas respaldadas por Estados Unidos seguramente necesitarán recalibrarse. Los mercados globales experimentarán turbulencias”. Más allá de Canadá, Dinamarca, Panamá o México, el aviso es importante para otros países que esperan hacer valer sus acuerdos con la potencia hegemónica. Trump en todo caso contribuye a estos tiempos de turbulencias en que las potencias buscan asegurar sus entornos geopolíticos, aunque todavía alejado del barbarismo conquistador que practica su gemelo ruso, Vladimir Putin. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 23)
En el renglón de las remesas, se estima que durante el 2024 se hayan recibido $ 67 mil millones de dólares (MMDD) un ingreso que va directo a las familias que tienen alguno de sus miembros trabajando en Estados Unidos (el 98 % de las remesas vienen de EUA). El promedio mensual que recibe cada familia es de $ 397 dólares. Sin embargo, la nota negativa es que a partir del 20 de enero nuestro vecino del norte tendrá una nueva política respecto a los migrantes en esa nación y con ello, se da a conocer que la relación inicial para deportar indocumentados es de 1.5 millones de personas donde aparentemente figuran 252 mil mexicanos (revista News Week, Fox News, Univisión y New York Times). Aunado a esto, ese próximo gobierno intenta que México sea el responsable de repatriar a todos los deportados. La mayoría de nuestros paisanos que laboran en la Unión Americana son oriundos de estados donde no hay oportunidad de empleo y este regreso será un problema nacional. En este primer paquete aparecen ciudadanos de Honduras, Guatemala, México, El Salvador y Venezuela. México tiene 32 millones de personas que subsisten en la informalidad y 4 millones de desempleados, por lo que no habrá oportunidad de empleo a los deportados. (Gustavo Puente Estrada, La Crónica de Hoy, Nacional, p. 12)
Donald Trump volvió ayer a la carga, y la pregunta que surge es si la presidenta Claudia Sheinbaum empezará a tomar el futuro de las relaciones bilaterales de una manera más seria y responsable. Hasta ahora ha sido mucha la ligereza con la que ha actuado, y la posición beligerante que ha tenido frente a los amagos del presidente electo han tenido como audiencia primaria la mexicana, pero las consecuencias las tendrá su gobierno, que no parece estar preparado.
Sheinbaum decidió alejarse de Trump y de su equipo a partir de un etnocentrismo inexplicable para una jefa de Estado, que ha optado por jugar una apuesta nacionalista infantil, no digamos anacrónica, ejemplificada en la reciente evocación del “mas si osare un extraño enemigo”, y en el análisis de Morena en el Senado sobre una intervención militar estadounidense.
Es muy confusa la posición de Sheinbaum, pero, sobre todo, errática.
Trump disparó ayer sus cañones contra México durante una larga conferencia de prensa en su mansión de Mar-a-Lago en Palm Beach, donde dijo ocurrencias –como buscar que el golfo de México sea rebautizado como golfo de Estados Unidos–, pero también expuso sus percepciones. La peor fue asegurar que “México está esencialmente manejado por los cárteles” de las drogas. A decir de Trump, “México está realmente en problemas” y se ha convertido en un lugar peligroso que no va a permitir que siga así.
Hasta dónde llegará Trump, no se sabe. Eliminar a los cárteles sí es algo que piensa y ha considerado, aunque no necesita a un nuevo general Pershing para que comande las tropas dentro de México, que es lo que se imagina la Presidenta, por lo que dice, que pudiera darse. La respuesta que ha dado Sheinbaum a las amenazas de Trump ha sido la defensa implícita del Cártel de Sinaloa, repitiendo los temores y angustias del expresidente Andrés Manuel López Obrador, más preocupado por cómo se realizó la operación en sus narices, que en restablecer la cooperación en materia de seguridad con Estados Unidos.
Sheinbaum ha dicho que habrá cooperación en la materia con Estados Unidos, pero sólo son palabras, no hechos. Por decisión de ella, más ideológica que ignorante, no ha permitido contactos oficiales entre su gobierno y el equipo de Trump, aduciendo que no ha sido ratificado por el Senado. No todos en este campo de interés mutuo tendrán que pasar por el Capitolio, y es posible que inicie el segundo periodo del nuevo gobierno en la Casa Blanca sin que estén confirmados todos aquellos que deben pasar por el proceso.
¿Pondrá Sheinbaum en espera la patada de salida de la relación bilateral? Le va a suceder lo mismo que cuando ganó la elección: tuvo que felicitarlo antes de que hubiera resultados oficiales, perdiendo tiempo importante para establecer una comunicación directa, como está sucediendo ahora. Trump no tiene prisa por arrancar la relación bilateral con ella, porque es irrelevante para sus objetivos unilaterales en materia de inmigración, al tener pensado firmar cinco decretos en las primeras horas de que esté despachando en la Oficina Oval.
La Presidenta no tuvo los reflejos para buscar un encuentro con Trump en Mar-a-Lago, a donde fueron varios líderes para sostener una reunión con él, o hubo sesiones de trabajo entre el equipo del presidente electo y otros dirigentes para ver temas específicos, como los ucranianos que hablaron sobre las opciones para la guerra que tienen con Rusia, o los canadienses, que trabajaron con Tom Homan, el futuro zar de la frontera –uno de los que no necesita ratificación senatorial–, un plan fronterizo, y hablaron sobre el impacto de los aranceles con el próximo secretario de Comercio, Howard Lutnick. Tampoco ha tenido buena asesoría en su gabinete.
Ayer, como ejemplo del desvarío, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, declaró que la renuncia del canadiense Justin Trudeau había sido consecuencia de su encuentro con Trump, lo que es falso; en todo caso fue esa visita una jugada desesperada para salvar su puesto, que no le salió.
Su desconocimiento y la falta de asesoría calificada ha llevado a Sheinbaum a equivocar la única estrategia que ha puesto en marcha, la migratoria. Armar un ‘ejército de abogados’ para defender a inmigrantes mexicanos indocumentados en Estados Unidos es una posición ética y solidaria, pero también es un acto de intervencionismo abierto en la política interna de ese país. A muchos nos molestan las amenazas de Trump y lo inhumano de sus políticas, pero la mayor parte de ellas se fincan en la ley.
Esgrimir como antídoto lo mucho que aportan los mexicanos a la economía estadounidense es otra aberración. La gran mayoría de quienes emigraron fue porque ni su país ni sus gobiernos les proveyeron de las condiciones y oportunidades para vivir dignamente. Son refugiados económicos y vergüenza nos debería dar a todos que no hayan tenido otra opción antes de irse de México. El cinismo de elogiar su heroísmo por lo que han hecho –y las remesas enviadas que han sido factor de estabilidad social y política en estos últimos años– nos enseña lo trastocado del pensamiento mexicano.
No hay engaño con Trump. Migración, aranceles y cárteles son sus temas con México. Sheinbaum integró un equipo con miembros de su gabinete, su oficina de asesores y otros consejeros, para trabajar sobre cómo hacer frente a las acciones que quiere emprender Trump y a sus declaraciones. Pero, por los resultados vistos hasta ahora, no han dado muestra de estar a la altura de las circunstancias.
El tiempo se está agotando mientras Trump está endureciendo sus posiciones. Ayer abrió la posibilidad de utilizar al Ejército para retomar el canal de Panamá, una vía marítima donde quien más se beneficia en la actualidad es China, y forzar a Dinamarca a vender Groenlandia, porque dijo que es necesaria para la seguridad nacional. ¿El “golfo de Estados Unidos” se encuentra en esa lógica? Sheinbaum tiene que ampliar sus escenarios y dejar de lado su ideología para actuar pragmáticamente, buscando el consejo de quienes realmente entienden lo que está en juego, aunque no formen parte de su movimiento. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 32)

(Chelo, El Universal, Opinión, p. 15)

(Tacho, Milenio, Al Frente, p.3)