Mientras más avanzan las investigaciones, más huele a San Fernando lo sucedido en Camargo hace un par de semanas.
Se trata en ambos casos de una masacre de migrantes. La fiscalía general de justicia de Tamaulipas ha identificado a 16 de las 19 víctimas. Catorce de ellas eran de nacionalidad guatemalteca.
Si bien no se han acabado de dilucidar las circunstancias del crimen, esto parece ser un secuestro de migrantes que acabó mal, con participación directa de autoridades tanto estatales como federales. No está de más recordar que ya hay acusaciones formales en contra de 12 policías estatales y que al menos ocho funcionarios del Instituto Nacional de Migración (INM) han sido suspendidos en relación con estos hechos
Este trágico acontecimiento forma parte de un patrón constante de agresión en contra de migrantes que cruzan el territorio mexicano para llegar a Estados Unidos. Es posible que esa violencia se haya agudizado en los últimos dos años, a resultas del endurecimiento de la política migratoria mexicana. Esto, como es bien sabido, fue una concesión hecha a la medida de las obsesiones xenofóbicas de Donald Trump. (Alejandro Hope, El Universal, Ciudad de México, p.6)
Muy gallito el señor Trudeau prohibiendo a los mexicanos viajar a su país, a todos menos a los paisanos que les sacan las castañas del fuego, como en EU. (Rayuela, La Jornada, Opinión, P.p)
on 165 mil fallecidos hasta el momento, según López-Gatell, y muchos más según el Inegi, la pandemia es el tema dominante y deja a un lado la otra matanza en México. Diariamente se suman 100 o 120 cruces al paisaje nacional y el duelo es exclusivo de los deudos. No hay conmoción social porque en su mayoría no son políticos, empresarios, catedráticos o en general personas “relevantes”.
Los más son pobres, cumpliéndose (fatídicamente, si de asesinatos hablamos) la promesa presidencial: “primero los pobres”; como en la inundación de Tabasco, los más pobres fueron “el mal menor”, según decidió López Obrador, su autonombrado protector y rayito de esperanza.
Hay agravantes: 1) la mayoría de asesinados son jóvenes, y 2) son masacrados migrantes, mujeres y familias enteras con suma sevicia.
Que muchas de esas víctimas pertenecieran al crimen organizado solo aumenta el drama, porque es consecuencia directa de familias destruidas, del pésimo nivel educativo oficial, la violencia en las comunidades, la falta de oportunidades para un trabajo digno y la debilidad institucional. Son atrapadas, así, por los más torvos criminales.
La última pincelada macabra es la frecuente participación de policías en bandas criminales, como afloró en la reciente matanza de migrantes en Tamaulipas. (Diego Fernández De Cevallos, Milenio, Al Frente, p.2)
Leobardo, quien fue reelecto para la alcaldía de Chahuites en 2019 y cuyo segundo periodo concluiría en diciembre de este año, viajaba en su automóvil cuando fue interceptado por sujetos armados, quienes lo asesinaron.
El alcalde de Chahuites había causado polémica con su discurso y declaraciones. En varias ocasiones fue cuestionado por activistas pro derechos humanos debido al discurso que manejaba en contra de migrantes provenientes de Centroamérica; incluso se le conocía como El Trump oaxaqueño. (Bibiana Belsasso, La Razón, México, p.12)
En un país peligrosísimo para los migrantes, es posible que usted recabe testimonios y documentos que dan cuenta de secuestros masivos a su paso por estados del norte del país, pero mejor no los publique.
Tristemente, en estos años, es mejor quedarse callado, porque hasta la CNDH —el órgano garante de los derechos—, como el de libre expresión y a estar informados, le puede quitar hasta su trabajo. Piénselo, es mejor contribuir al silencio en el que desde el poder quieren sumir a los medios de comunicación. (El Duende, La Razón, México, p.9)
El viernes pasado, la fiscalía informó que, con información “científica y tecnológica”, fue posible establecer que al menos 12 elementos del Grupo de Operaciones Especiales, GOPES, al mando de Horacio Rocha Nambo y Mayra Elizabeth Vázquez Santillana, habían tomado parte en la ejecución de un grupo de migrantes guatemaltecos y de las “estacas” del crimen organizado que los conducían a territorio estadounidense.
De acuerdo con la indagatoria, los GOPES, a bordo de 10 unidades, interceptaron una caravana que se movía hacia la brecha Rancho Piedra, entre la que iba la camioneta Silverado de cabina y media en la que los migrantes guatemaltecos eran transportados a Estados Unidos.
Las versiones recabadas hasta el momento indican que los elementos creyeron que se trataba de un convoy del crimen organizado. Hubo una persecución. Los GOPES abrieron fuego y dieron muerte a cuatro personas.
Al advertir que en realidad habían asesinado a migrantes, decidieron aniquilar al resto de los tripulantes de la Silverado.
Una mujer entrevistada por personal de la fiscalía relató que ese día patrullas “azul con blanco” pasaron a toda velocidad frente a su casa, cercana a la brecha de Santa Anita, persiguiendo varias camionetas. La mujer escuchó minutos más tarde una balacera y vio retirarse a los uniformados. (Héctor De Mauleón, EL Universal, Ciudad de México, p.2)
Desde hace un año ya advertía que la estrategia de mano dura en Tamaulipas tenía un talón de Aquiles “…es preocupante, por decir lo menos, que algunos elementos de la Policía Estatal se presenten como una especie de escuadrón de la muerte, y que se les conozca en redes sociales como fabricantes de viudas”. Con el hallazgo de los cuerpos de 19 migrantes en el municipio de Camargo, y la presunta responsabilidad de integrantes del Gopes, parece confirmarse, de la peor manera, que dicho grupo policial participa en violaciones graves a los derechos humanos.
Sin embargo, en mi artículo del año pasado también destacaba un precedente importante. El despliegue del Gopes en Tamaulipas fue necesario, en parte, por el retiro previo de elementos de la Secretaría de Marina, el cual se debió, a su vez, a la desaparición de varias decenas de personas, las cuales fueron detenidas por marinos en 2018 y jamás fueron remitidas al ministerio público. (Eduardo Guerrero Gutiérrez, El Financiero, Nacional Política Y Sociedad, p.36)
La situación en este momento es que NO HAY VACUNAS que poner.
Sólo les quedan como unas 80 mil dosis de la Pfizer, que no alcanzan ni para el personal médico de primera línea a nivel nacional, y las VACUNAS RUSAS, las Sputnik V (así llamada porque te la ponen y en cinco días te salen antenitas), simplemente NO HAN LLEGADO.
Está anunciada una demora de dos a tres semanas, pero esta declaración se realizó en ruso, que traducido al castellano mexa quiere decir de dos a tres meses.
Incluso nuestras mismas autoridades chamanas, porque doctas no son, afirman que en marzo, ahora sí, empezaremos a vacunar a diestra y siniestra con la Sputnik y con la china (CanSino), de la mano del Ejército.
Nuestro Ejército ubicuo y polifacético, anda en todo y hace de todo: aparte de ser ponevacunas, está encargado de las aduanas, y ahora también tomaron los puestos de MIGRACIÓN en nuestros aeropuertos. (Manuel J. Jáuregui, Reforma, Opinión, p.10)