Opinión Migración 080323

Seguridad social para las y los migrantes

Nuestras hermanas y hermanos migrantes, aunque vivan lejos de casa, son una parte fundamental de la población mexicana por muchas razones. Pero sobre todo por la injusticia económica y la inseguridad a la que nos sometió el periodo neoliberal.

A pesar de que las y los migrantes se vieron forzados a salir del territorio mexicano, han continuado aportando a la economía, a la riqueza y a la cultura de nuestro país. Junto a mis compañeras y compañeros de Morena, quiero responderle a las y los migrantes que trabajan en Estados Unidos.

Las y los mexicanos que viven en los Estados Unidos, son la mayoría de la población migrante; son mexicanas y mexicanos que han hecho un enorme sacrificio para salir adelante, y con esfuerzos admirables han trabajado muy duro para sacar a sus familias adelante.

Durante la semana pasada, convocamos a un foro de expertas y expertos para estudiar la Ley del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), con el objetivo de poder darles seguro social a las personas mexicanas que trabajan en Estados Unidos.

Con esta propuesta, que presentaré ante el Pleno de la Cámara de Senadores como una iniciativa de reforma, queremos que el Estado mexicano dote a los migrantes un grado importante de protección y seguridad social.

La iniciativa busca que las personas migrantes que contribuyen con sus remesas a la economía mexicana puedan inscribirse voluntariamente al IMSS, para gozar de servicios médicos hospitalarios y atención obstétrica, incapacidad en caso de accidentes de trabajo, pensión por invalidez y vida, ahorro para el retiro y servicios de guardería, velatorio y prestaciones sociales.

Se trata de una medida de protección integral a las personas físicas que contribuyen con la actividad económica del país y a sus familiares en México.

La iniciativa busca establecer el sustento jurídico para que las personas trabajadoras migrantes, tengan acceso de manera voluntaria a los cinco seguros del régimen obligatorio del Seguro Social por medio de sus aportaciones.

Las contribuciones en remesas a la economía mexicana han aumentado hasta en 13.4% durante este sexenio. Son más de 36 millones de migrantes mexicanos en Estados Unidos; por eso, es importante que nuestro país reconozca este aporte con una justa y necesaria retribución a su trabajo, a los riesgos y el sufrimiento que nuestros paisanos pasan por ayudar a sus familias que viven en México.

Eso quiere decir que podrían acceder a servicios médicos hospitalarios y atención obstétrica, incapacidad en caso de accidentes de trabajo, pensión por invalidez y vida, ahorro para el retiro y servicios de guardería, velatorio y prestaciones sociales. La lealtad hacia sus familiares debe ser reconocida: año con año envían un cachito de sus ingresos; y eso no es poca cosa.

Las remesas en 2020 y 2021, nos ayudaron a enfrentar la crisis postpandemia; significó estabilidad para la economía nacional; y le dio esperanza y apoyo en los momentos más difíciles a todas las familias de migrantes que viven en México.

Desde el Senado de la República ratificamos nuestro compromiso con las y los migrantes mexicanos, que sepan que la bancada de la Cuarta Transformación en el Senado está con ustedes. (José Narro Céspedes, El Heraldo de México, Editorial, p. 14)

Día Internacional de la Mujer… Migrante

La conmemoración del día Internacional de la Mujer 2023, bajo los auspicios de la ONU, trae como tema “Hacia un mundo digital inclusivo: innovación y tecnología para la igualdad de género”. Apliquémoslo de manera especial a un sector que se encuentra en una preocupante situación de vulnerabilidad, la mujer migrante.

Recordemos que de los cerca de 8,000 millones de personas que somos, alrededor de 280 millones son migrantes internacionales y de ellos casi la mitad (47,9%) son mujeres. Su presencia ha aumentado al verse obligadas a dejar sus países por la situacion en la que viven, en donde no es de extrañar el contexto de violencia sexual o la feminización de la pobreza. Su situación desafortunadamente no es mejor en los países de destino en que sufren fuertemente de una doble discriminación, por ser mujeres y migrantes, o bien por ser víctimas de malos tratos o de diversos ilícitos, y resulta mucho peor durante la travesía migratoria en que la mujer queda expuesta a una serie de violaciones a sus derechos humanos.

Del lado de la fuerza de trabajo, la participación de las mujeres migrantes ha ido en aumento, aun cuando si nos referimos al trabajo doméstico su presencia es mayoritaria. Un dato que llama la atención es que la participación de las mujeres migrantes en la fuerza de trabajo es superior a la de las mujeres no migrantes, por lo que puede afirmarse que un alto número de las mujeres que emigran terminan finalmente trabajando.

La migración no es ajena a las tecnologías de la información y de la comunicación (TICs). El desarrollo y uso vertiginoso de estas tecnologías en los últimos cinco años, incluido el periodo de pandemia, ha sido impactante. No es de extrañar, por tanto, que de cerca de 8,000 millones de personas en el mundo, más de 5,000 millones usan internet y casi esa misma cantidad tiene un teléfono celular. Esto quiere decir que hay más personas conectadas por internet y usando un teléfono celular que las que podrían tener acceso al agua, por ejemplo. Estamos, en consecuencia, en un mundo telemático en el que casi todo se hace mediante estas tecnologías.

Para empezar, las TICs le permiten a las personas en contexto de migración mantener una comunicación permanente y fluida con su país de origen, a través de redes sociales y familiares, creándose así un nuevo tipo de inclusión transnacional o espacios mediáticos diaspóricos. Las TICs, igualmente, pueden ayudar a las personas migrantes a buscar una mejor inclusión social en el país de destino.

Desafortunadamente, la existencia de diferentes brechas digitales impiden que las personas en contexto de migración, especialmente las mujeres, puedan utilizarlas completamente en su beneficio. La primera brecha digital, la del acceso, sigue siendo un desafìo muy importante, sobre todo en relación con las computadoras y los programas de formación virtuales, que son el medio más idóneo para lograr un buen desenvolvimiento profesional; de igual manera, tener una buena conexión a internet es realmente complejo. Desafortunadamente, el solo acceso a las tecnologías de información y comunicación no erradica las desigualdades, ya que el uso de las herramientas tecnológicas requiere de conocimientos y aptitudes especiales, las cuales forman parte de una segunda brecha digital que es la de las habilidades. Finalmente, la tercera brecha digital aparece ante las dificultades propias para hacer que la tecnología mejore las opciones de vida de las personas ayudándolas a reducir la desigualdad social. Recuérdese que tanto los Objetivos de Desarrollo Social como el Pacto Mundial para un Migración Segura, Ordenada y Regular promueven el acceso y uso de las tecnologías para cerrar estas brechas digitales.

La inclusión digital de las mujeres migrantes debe ser una estrategia a seguir por todos los Estados y la sociedad en general, a efecto de evitar que las brechas digitales amplíen la desigualdad social en que se encuentran, o que continúen siendo víctimas de la discriminación y la exclusión social. La inclusión digital ofrece buenas oportunidades para mejorar las opciones de vida al acceder a mejores trabajos, mejores sueldos u obteniendo mejores ofertas educativas, ayudando todo esto a mejorar su inclusión social.

Hay buenas experiencias que deben fomentarse, como la de los colectivos de mujeres migrantes que participan en plataformas digitales capacitando vitualmente a más mujeres, lo que les ha permitido emprender negocios con éxito y conjuntar proyectos lidereados igualmente por mujeres.

A nivel personal y profesional, las tecnologías de información y comunicación deben permitir a las mujeres establecer intercambios frecuentes con sus familias de origen para evitar el aislamiento; tener acceso a la información, lo que es fundamental para el conocimiento de los derechos humanos que constituyen el núcleo de la Convención Internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares, como la protección contra la discriminación, la protección contra el trabajo forzoso, la servidumbre y la esclavitud, y la protección contra la tortura, tratos y penas crueles, inhumanas y degradantes; beneficiarse de una fuente de distracción y bienestar personal mediante la consulta de los contenidos de entretenimiento disponibles en Internet en libre acceso (música, vídeos, películas, entre otros); dar lugar a iniciativas colectivas como las de ahorro rotativo que tienen una amplia aplicación en otras regiones, reforzando a la vez los espacios de socialización y de cooperación profesional que son las asociaciones y los sindicatos de personas trabajadoras migrantes.

Cabe recordar que la acción colectiva y la libertad sindical son pilares que la Oficina Internacional del Trabajo considera parte del núcleo de los principales derechos fundamentales en el trabajo. Además, están garantizados por las disposiciones de la Convención Internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares. Un uso juicioso de las aplicaciones de comunicación telefónica, así como de las redes sociales como WhatsApp, Facebook, Telegram, por citar algunas, servirán sin duda a los colectivos de trabajadoras migrantes como marcos eficaces para la promoción y defensa de los derechos de todas las personas trabajadoras migrantes.

En consecuencia, en este día reiteramos lo importante que es la promoción de mecanismos efectivos de inclusión de la población migrante femenina en el uso de las tecnologías de información y comunicación; la generación de estadísticas de la migración en función del sexo para identificar vulnerabilidades y capacidades específícas de mujeres, evidenciando así brechas y desigualdades, y la reducción de las distintas brechas digitales a las que están expuestas las mujeres migrantes. (Édgar Corzo Sosa, Presidente del Comité de Trabajadores Migratorios de la ONU, El Sol de México, Análisis, p. 44)

EU y su salud económica

En la actualidad los agentes y analistas económicos se encuentran desconcertados por los datos que arroja la economía norteamericana. La economía mundial alcanzó los 101.6 trillones (millones de millones) en 2022, de ellos EU aporta 25 trillones muy por arriba de quienes más se le acercan como: China (18T), Japón (4.3T), Alemania (4.1T), e Inglaterra (3.2) o Francia, Rusia, India, Canadá e Italia que juntos acumulan 15.5T; estamos hablando que de cada 100 dólares que la humanidad produce 25 los generan ciudadanos norteamericanos. Una cifra igualmente ilustrativa de su influencia económica global la observamos con los 257 MMDD que año con año migrantes de todo el mundo radicados en EU envían a sus países de origen para la manutención de sus familias y comunidades. Es evidente su influencia por ello, su desempeño importa. En tan sólo los últimos tres meses creó un millón de nuevos empleos, aunque al mismo tiempo, pese a las altas tasas de interés que la Fed mantiene, el dólar se ha depreciado ante todas las monedas destacadamente con el peso chileno, el peso mexicano, el real brasileño, el dólar australiano, el dólar canadiense, el yuan chino, el dólar de Taiwán, la corona checa e incluso el rublo ruso. En el caso de la paridad peso–dólar alcanza 17.94, situación que sorprende al mundo financiero por lo ya extraña que resulta.

La inflación en EU no es de las más altas, incluso está por debajo de la media en donde en la parte alta vemos a Venezuela, Argentina, Turquía, Italia, Rusia, la UE y, México. Pero al mismo tiempo su nivel de inflación que oscilan en el rango de 6%, ha detonado en tasas de interés no vistas desde el 2001 cuando se encontraban en 6 por ciento. La manufactura de EU por sí sola alcanza 18% del total del planeta con 2.3T, pero al mismo tiempo sus grandes marcas están cerrando puntos de venta alrededor del mundo destacadamente: Bed Bath & Beyond (416), Tuesday Morinig (265), GAP (74), Party City (22) y Walmart (7). El gobierno federal recauda 4.9T y gasta 6.2T, aunque lo más relevante es el nivel de endeudamiento del ciudadano común norteamericano que en la suma debe 12T en hipotecas, 1.6T en automóviles y 1T en tarjetas de crédito. Este es un breve repaso de las cifras de quien la principal potencia económica global. Estos datos desconciertan por lo disímbolos entre sí. Hace unos meses la recesión se daba por sentada, hoy día ya hay quienes aseguran que no habrá tal y otros que pensamos que sí la estaríamos viendo durante el 4Q del año. Cualquiera que sea su destino, se mantendrá el avance de la restricción monetaria, la guerra en Ucrania, la guerra comercial con China y; lo más importante, la latencia de que cualquier cosa puede suceder porque así lo muestran sus datos económicos que traen locos a decenas de instituciones financieras y cientos del analistas a lo largo y ancho del planeta. (Carlos Alberto Martínez Castillo, El Economista, Política y Sociedad, p. 49)

Caso de estadounidenses muertos

Templo mayor

BASTÓ con que Estados Unidos le tronara los dedos al gobierno mexicano para que por fin las autoridades federales y estatales hicieran lo que siempre deberían hacer: proteger a las víctimas y perseguir a los criminales. Lo ocurrido en Matamoros deja muy mal a la 4T, por donde se le vea.

DE ENTRADA resulta evidente que ni el gobierno federal ni los estatales tienen bajo control el territorio nacional. En el caso específico de Tamaulipas, la administración de Américo Villarreal gobierna en el pedacito que le deja el crimen organizado. Además, la intervención rápida y sin miramientos de las dependencias norteamericanas puso en evidencia a las mexicanas, pues nunca actúan y ni siquiera se plantean la posibilidad de perseguir a los criminales.

LO MÁS GRAVE es ver cómo se ha normalizado en México la barbarie y la violencia. El video del ataque y levantón de los cuatro estadounidenses fue visto en redes sociales sin que nadie pusiera el grito en el cielo, nadie se preocupara por saber quiénes eran las víctimas y, sobre todo, dónde se las habían llevado. De no haber sido ciudadanos de EU, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no habría reaccionado y el video habría sido uno más de los muchos que se registran a diario en el país de los abrazos para los delincuentes. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 10)

Bajo reserva

A sus órdenes, señor Presidente

Nos hacen ver que quien no lució muy bien ayer fue el gobernador morenista de Tamaulipas, Américo Villarreal, quien, sin que le dijeran agua va, fue puesto en altavoz por el presidente Andrés Manuel López Obrador en plena conferencia de prensa mañanera para que informara sobre el estatus del caso de los cuatro estadounidenses secuestrados en Matamoros —dos de ellos fueron asesinados—. La crítica no fue el que se informara al Presidente de lo sucedido, sino el tono en el que lo hizo don Américo. “Señor, siguiendo sus instrucciones y el trabajo conjunto, no hemos dejado desde el día viernes de estar atentos a este problema, y hoy, aproximadamente hace una hora, nos notificaron que había indicios de haber visto a los cuatro ciudadanos norteamericanos, y hace 35 minutos ya fue plenamente confirmado por la fiscalía”. ¿Un gobernador que recibe instrucciones del Presidente? (El Universal, Nacional, p. 2)

Frentes políticos

Punto de quiebre. En una casa de seguridad en Matamoros, Tamaulipas, fue donde encontraron muertos a dos ciudadanos estadunidenses, de los cuatro secuestrados el fin de semana pasado, quienes habrían cruzado la frontera por cuestiones de salud. Ante las circunstancias, el mensaje es claro: Estados Unidos va a asegurarse de llevar a los responsables ante la justicia. Así lo advirtió el portavoz de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby. Dijo que Estados Unidos trabajará con el gobierno de México para que aya justicia en el caso. El gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal, tiene un enorme desafío por delante. Y oportunidad para demostrar que existe la justicia en México. A ver si es cierto. (Excélsior, Nacional, p. 15)

La esquina

El asunto de los estadunidenses secuestrados en Matamoros obliga tanto a México como a Estados Unidos a actuar con racionalidad y ánimo constructivo. Con retórica agresiva no se va a solucionar el problema ni se van a limar diferendos con EU, cuyos políticos están ahora atentos a las Mañaneras, como no lo estuvieron antes. (La Crónica de Hoy, Pp)

Sacapuntas

Lo subieron de nivel

Nos dicen que el congresista republicano Dan Creenshaw está más que feliz. Porque, para la clase política de su país, el veterano de guerra es considerado un legislador de segundo nivel, pero le respondió el presidente López Obrador por su propuesta de usar al ejército de EU para combatir a cárteles en México. Lo subió de nivel, pues. 

Relación, sin fractura

Mucha confianza tiene la 4T en que el caso del crimen contra cuatro estadounidenses en Matamoros no afectará la relación bilateral. El titular de la Segob, Adán Augusto López, sostuvo que “es un incidente lamentable, pero no tiene por qué fracturar las relaciones de amistad, comerciales, económicas, con los Estados Unidos”. Además, hay coordinación.  (El Heraldo de México, La dos, p. 2)

A la sombra / John Biden

El secuestro de cuatro estadounidenses y el asesinato de dos de ellos, propició una andanada de críticas a nuestro país de casi toda la prensa de EU, congresistas de los dos partidos, think tanks, organizaciones de derechos humanos y grupos de interés antimexicano en general, incluso de miembros de la administración de John Biden.

Las crecientes tensiones binacionales no se limitan al plano de los temas de la seguridad, sino que abarcan los temas migratorios, drogas como el fentanilo, las disputas comerciales y páneles en curso, y hasta diplomáticos, como aquella frase de Anthony Blinken, secretario de Estado criticando el ataque presidencial al INE, a la que el mandatario mexicano contestó diciendo que aquí hay más democracia que en EU. Se vienen días todavía de más tensión, presiones y desencuentros. (A la Sombra, El Sol de México, República, p. 2)

Pepe Grillo

Tamaulipas, dura prueba

Se extiende la mala racha para Tamaulipas. El estado fronterizo se muestra ante México y el mundo como un lugar peligroso, donde la delincuencia impone condiciones.

El embajador de EU, Ken Salazar, estableció que Tamaulipas representa para los ciudadanos norteamericanos un riesgo por sus altos niveles de criminalidad y violencia. ¿Quién puede contradecirlo?

En los recientes hechos de sangre en Nuevo Laredo y Matamoros hay una pregunta que sigue sin respuesta: ¿Dónde estaba la policía?

Los ciudadanos norteamericanos fueron agredidos a mediodía, en una calle céntrica, con un denso tráfico, sin que la policía se acercara a ver qué estaba pasando. No se sabe todavía dónde se compraron las armas que se usaron para ultimar a los norteamericanos. ¿Son de armerías de Texas? (La Crónica de Hoy, Columnistas, p. 3)

Estrictamente Personal / Asesinatos en Matamoros

Desde 1985, cuando secuestraron en Guadalajara al agente de la DEA Enrique Camarena Salazar, no se había visto una reacción pública y generalizada en Estados Unidos –gobierno, políticos y medios– tan uniformemente encendida como ahora, con la privación de la libertad de cuatro ciudadanos estadounidenses en Matamoros, y que crecerá tras la ejecución de dos de ellos. El episodio, como sucedió hace 38 años, provocó una crisis en el gobierno mexicano. Hay un problema de Estado, y el gobierno mexicano quedó envuelto en sus contradicciones.

El gabinete de seguridad federal y el gobierno tamaulipeco, que encabeza el morenista Américo Villarreal, que se reunieron ayer con el presidente Andrés Manuel López Obrador, conocían al detalle desde hace meses las operaciones criminales en Matamoros, una plaza totalmente controlada por el Cártel del Golfo. No había acciones contra esa organización criminal en la ciudad, que ha sido su bastión por años, porque no estaba bajo disputa. En sus calles operaba, de manera impune, el grupo armado del cártel, llamado Escorpión, probablemente el responsable directo del secuestro y asesinato de los estadounidenses.

Matamoros es una de las 13 ciudades hermanas en la frontera con Estados Unidos, vecina de Brownsville, que a falta de acceso al mar de la ciudad tamaulipeca, depende del cercano puerto de Brownsville para las exportaciones marítimas. En esa ciudad, centro de control de todas las actividades del Cártel del Golfo en Tamaulipas y en San Luis Potosí, donde también tienen fuerte presencia, se da una febril actividad criminal, como el tráfico humano, el contrabando de todo tipo de mercancías, incluidos los combustibles, y el control de la aduana, que actualmente está administrada por la Marina.

Nada se mueve sin que lo sepa el Cártel del Golfo, que tiene en Matamoros un santuario desde donde se dirige la guerra contra el Cártel del Noreste, que tiene su base en Nuevo Laredo, y con el que disputa el control en la zona llamada “ribereña”, que comprende Ciudad Gustavo Díaz Ordaz, Nueva Ciudad Guerrero y Miguel Alemán. Díaz Ordaz, el punto más cercano donde hay enfrentamientos, está a 134 kilómetros de Matamoros.

El Cártel del Golfo mantiene otra zona de confrontación en Ciudad Valles, San Luis Potosí, con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), pero a 550 kilómetros al sur de Matamoros. Desde octubre, en otro flanco abierto con un viejo aliado del cártel, y en la actualidad con el Jalisco Nueva Generación, Héctor Crescencio de León Fonseca, el R-3 o el Pantera, la organización empezó a desplegar sus sicarios hacia El Mante, a 224 kilómetros al sur de Matamoros, y a Jiménez, a 450 kilómetros, que conecta con la costa del municipio Soto la Marina, que son de alta relevancia para el tráfico de migrantes.

El secuestro de los estadounidenses fue en el centro de Matamoros. De acuerdo con el reporte inicial de las autoridades, el viernes pasado, la privación de la libertad se dio al término de la persecución de una camioneta a la que le iban disparando, que chocó con dos vehículos, en uno de los cuales, una miniván blanca, iban las víctimas. Los criminales los echaron en el piso de una camioneta pick up y, según un informe publicado por El Universal, fueron encontrados ayer en el ejido de El Tecolote, a poco más de 10 kilómetros al noreste de Matamoros, que tiene una población de apenas un centenar de personas.

No se conocen detalles de cómo fue que llegaron las autoridades a ese ejido, aunque todo indica que fue un hallazgo, no como resultado de una investigación. Tampoco se sabe qué motivó la persecución de un vehículo en el centro de Matamoros, aunque existe la posibilidad de que se tratara de una acción preventiva. La experimentada corresponsal en Washington, Dolia Estévez, informó, de acuerdo con fuentes estadounidenses con quienes habló, que habían sido confundidos con traficantes haitianos. En abono a esta versión, en estos momentos no hay ninguna disputa por el liderazgo del Cártel del Golfo, como fue hace un año, tras la captura de José Alfredo Cárdenas Martínez, apodado el Contador, en la Ciudad de México.

Tras su detención se generó una disputa entre los lugartenientes de Cárdenas Martínez, y su primo Osiel Cárdenas, Osielito, hijo del astuto y sanguinario exjefe del Cártel del Golfo y Los Zetas, Osiel Cárdenas. Las disputas no cesaron y en la actualidad no hay un liderazgo visible en la organización, aunque desde el lunes, como consecuencia del secuestro, se comenzó a manejar en las zonas criminales en Matamoros el nombre de José Alberto García Vilano, el Kena, uno de los jefes en esa ciudad, como el posible nuevo líder del cártel.

La estructura criminal del Cártel del Golfo, sus alianzas y sus enemigos, sus actividades y protección institucional no eran desconocidos por el gobierno mexicano. En uno de los correos hackeados por el grupo conocido como Guacamayas a la Secretaría de la Defensa Nacional, se describe cómo las diferentes facciones del Cártel del Golfo tenían la protección y el apoyo de la Policía Estatal y de la Guardia Nacional para enfrentar al CJNG. El reporte del Ejército señala cómo el cártel reclutó a miembros del Grupo de Operaciones Especiales de la policía tamaulipeca y de la Guardia Nacional, para ubicar a las células del CJNG y de sus aliados al mando del Pantera.

El secuestro y la ejecución de los estadounidenses dejó expuesto al gobierno mexicano. Por un lado, la rapidez con la que las autoridades encontraran a los estadounidenses explica la celeridad con la que los criminales se deshicieron de una bomba que les estalló en sus manos, no una eficiente investigación. Con toda la información recabada por el Ejército, como se reveló en el correo de los Guacamaya Leaks difundido a mediados del año pasado, lo increíble es que no tuvieran inteligencia actualizada para encontrarlos antes. Si no capturan a los autores intelectuales y materiales, el calor quemará en Palacio Nacional, porque saben aquí y en Washington quién manda en Matamoros. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 34)

Pulso político // Insisten en EU venir a combatir cárteles

Tras de que dos de los cuatro norteamericanos desaparecidos el viernes pasado en Matamoros, fueron encontrados muertos, los otros heridos y trasladados a su país, el presidente de Justicia del Senado, Lindsey Graham, anunció que presentará una inciativa que permitiría a Estados Unidos utilizar la fuerza militar para acabar con los cárteles de la droga, y exigió que el gobierno de Joe Biden “debe ser duro con México”, en tanto el procurador de Justicia, Merrick Garland, a su vez, advirtió que el Departamento de Justicia será implacable en la persecución y castigo a los culpables.

A su vez, el embajador estadounidense en México, Ken Salazar, después de dialogar con el presidente Andrés Manuel López Obrador en Palacio Nacional, adivirtió que es imperante la necesidad de actuar contra los cárteles de la droga, al señalar que “Tamaulipas representa un riesgo por los altos niveles de criminalidad y violencia, ante el control que ejerce el Cártel del Golfo”, al reafirmar el compromiso de fortalecer el combate a esas organizaciones criminales.

DE ESTO Y DE AQUELLO…

Ante las reacciones gubernamentales y legislativas de México contra las iniciativas de representantes y senadores de los Partidos Republicano y Demócrata de Estados Unidos, de que los cárteles mexicanos sean declarados terroristas y ese país los combata aquí, voces de la oposición y de organizaciones sociales coincidieron en que es no sólo necesario sino urgente, que en vez de “abrazos no balazos”, se actúe en contra de ellos. (Francisco Cárdenas, La Razón, México, p. 6)

En privado // Cómo pesa Estados Unidos

El asesinato de dos estadunidenses el viernes en Matamoros, Tamaulipas, da una dimensión del peso que tiene un par de homicidios por el hecho de que las víctimas son estadunidenses, cuando en lo que va del gobierno del presidente López Obrador desde el 1 de diciembre de 2018 se han cometido 148 mil 186 asesinatos dolosos, y como si nada. La mayoría sin resolver.

El gobierno mantiene el mismo discurso, el Presidente niega la realidad y se aferra a un karma de abrazos y no balazos como fórmula mágica y descalifica a todos y a todo lo que no vaya en ese sentido.

Como argumento sostiene que hay una tendencia a la baja que, siendo levemente cierta, es tan delgada que no alcanza a reducirla notablemente cuando se habla de decenas de miles de homicidios dolosos en los 51 meses de su gobierno y que apunta a superar los totales de sus antecesores, incluido el sexenio de Enrique Peña Nieto, el máximo, con 156 mil, barrera que rebasará en tres meses y llevará su proyección por encima de los 210 mil para septiembre de 2024.

Estos casi 150 mil homicidios dolosos que suma el gobierno de la 4T los recupero para dar la dimensión que tiene el secuestro y muerte de estos ciudadanos estadunidenses, que llevó el par de asesinatos a la atención central de la Casa Blanca, el Congreso de Estados Unidos, los departamentos de Justicia y Estado, los medios todos, dando pie a delirantes, e inaceptables, amenazas de intervenir militarmente en México y declarar a los cárteles del crimen organizado, que tienen una parte que sí lo son, como organizaciones terroristas.

La reacción más cercana le llegó a López Obrador el lunes cuando recibió al embajador Ken Salazar, sin que se diera versión oficial del encuentro que, en realidad, fue para transmitirle la crisis que enfrentaba con su gobierno por este caso de Matamoros.

No obstante el silencio oficial, Salazar insistió en su cuenta de Twitter para hacer público lo que habían sellado como secreto: la dura declaración de Washington por la violencia en el gobierno de López Obrador y la vulnerabilidad de los estadunidenses en nuestro país.

Como adelanto, el diplomático escribió: este ataque contra nuestros ciudadanos demuestra la imperante necesidad de actuar contra los cárteles.

 

Y agregó, bueno, reiteró porque ya lo había dicho, que Tamaulipas representa un riesgo por los altos niveles de criminalidad y violencia.

 

El hecho es que por tratarse del secuestro de cuatro ciudadanos estadunidenses, dos vivos y dos muertos, todo se resolvió en menos de 48 horas, y reunió de emergencia a todo el gabinete de seguridad en pleno.

Si existiera esa eficiencia para los asesinatos de los mexicanos, no estaríamos por llegar a las 150 mil víctimas en lo que va del gobierno.

Y reitero, la mayoría en la impunidad. (Joaquín López Dóriga, Milenio Diario, Al frente, p. 3)

El asalto a la razón // Matamoros: hasta patinaron ahora

El atentado contra cuatro ciudadanos estadunidenses ha generado explicables reacciones de indignación en el gobierno y los medios de su país.

Por “confusión”, como aventura el fiscal de Tamaulipas, o cualquier otra razón, como en muy pocos otros casos, el crimen hizo trabajar en chinga a las corporaciones federales y estatales de seguridad que dieron (de perdido lo hallado) con la sobreviviente, con el herido, con los dos cadáveres y con un único malhechor.

La reacción del presidente López Obrador a los reclamos de justicia en EU desatina con el reproche de que la misma cobertura no se da cuando mexicanos mueren asesinados en aquel país.

 

El razonamiento es insensato, ya que el silencio aquí se debe a la pasividad o el desinterés con que tales crímenes son vistos por el gobierno mexicano y a que ningún caso ha sido, ni remotamente, equiparable al de Matamoros.

¿Alguien sabe de mexicanos que hayan viajado a EU con algún propósito clínico y que a poco de cruzar la frontera fueran atacados a balazos y secuestrados como sucedió con los cuatro desafortunados estadunidenses?

Usos y costumbres (legales o no) son muy distintos en ambas naciones, al grado de que en EU es natural que la vida y los intereses de uno solo de sus ciudadanos justifique inclusive intervenciones militares (una orden de aprehensión girada por un juez en Miami motivó la invasión, la guerra y el bombardeo de Panamá, con el único propósito de capturar al narcodictador Manuel Antonio Noriega).

Lo dicho ayer por AMLO apuntala los pretextos y las argumentaciones de congresistas “duros” para que el gobierno de Joe Biden asuma como “terroristas” a las organizaciones mexicanas del crimen organizado que campean en amplias regiones del territorio mexicano (un tercio, según afirmaron hace dos años ante el congreso estadunidense los jefes máximos del Comando Norte, general Glen VanHerck, y del Comando Sur, almirante Craig Faller). Verbigracia Tamaulipas.

 

El “rápido” hallazgo de las víctimas es impensable sin el factor presión y el FBI de Estados Unidos, como sucedió también con el asesinato de nueve integrantes de la familia binacional LeBarón-Miller-Langford el 4 de noviembre de 2019 (van 31 detenidos, quedan nueve pendientes de captura).

Por eso AMLO dijo ayer:

“Se va a buscar a los responsables, se va a castigar, como se hizo cuando lamentablemente asesinaron a mujeres, niños en Bavispe” (Sonora).

La misma prestancia no se ve cuando se trata de mexicanos.

Para Larry Rubin, representante de algo más de dos millones de estadunidenses radicados en México y presidente de American Society, “estos crímenes suceden a mexicanos y americanos continuamente y es tiempo de exigir resultados diferentes a nuestras autoridades en ambas naciones. La lucha contra el crimen debe ser un esfuerzo binacional”.

Su llamado sin embargo no prosperará mientras la parte mexicana se envuelva en la bandera y continúe atribuyendo las críticas a su “estrategia” de “abrazos, no balazos” a una “conservadora politiquería…”. (Carlos Marín, Milenio Diario, Política, p. 5)

Bitácora del director // ¿Confusión? No: impunidad

Después de reconocer y celebrar –como debe ser– el rescate, ayer, de dos de los cuatro estadunidenses levantados en Matamoros el viernes pasado, y condenar –como es obligado– que los otros dos miembros del grupo hayan sido asesinados, debemos abordar dos gravísimos problemas de seguridad pública que tenemos en casa:

El primero, los grupos criminales siguen actuando con absoluta impunidad, indiferentes a las acciones de las autoridades, dueños y señores de ciudades y hasta de regiones completas.

El segundo, los ciudadanos están indefensos contra esos grupos, pues no hay corporación de seguridad que prevenga que sean víctimas de delitos como robo, extorsión, secuestro y homicidio, o que investigue exhaustivamente cuando sucede.

De cara a esta durísima realidad, tenemos que preguntarnos qué vamos a hacer.

El presidente Andrés Manuel López Obrador prácticamente reconoció ayer que él ya no se le ocurre nada. “Porque nosotros no deseamos eso, ¿no?, estamos trabajando todos los días para garantizar la paz, la tranquilidad y vamos a continuar trabajando”, dijo. Es decir, no podemos esperar sino más de lo mismo: reuniones madrugadoras del gabinete de seguridad.

¿Qué sentirán los familiares de los desaparecidos que el caso de los estadunidenses se haya resuelto tan rápido? Especialmente aquellos que llevan meses o años buscando a sus seres queridos, sin ayuda de la autoridad y sometidos a acciones de intimidación y venganza por parte de los criminales.

¿Qué pensarán quienes tienen que esperar varios días para que la policía se digne a tomar nota de una desaparición, después de sugerir que la víctima se ausentó de casa de forma voluntaria y que mejor esperen a que se le antoje regresar?

El mensaje que se envía es que sí pueden investigarse crímenes tan graves como el ocurrido en Matamoros y arrojar resultados de manera rápida, pero que el problema –tratándose de ciudadanos mexicanos– es que no quiere hacerse.

Ahí, en la misma ciudad fronteriza, hay un predio que sirvió para que los cárteles realizaran sus carnicerías y desaparecieran los restos de sus víctimas. Se llama La Bartolina y no está lejos del lugar donde, según las autoridades, los criminales se llevaron a los estadunidenses para ocultarlos.

En ese predio –dicen integrantes de la Unión de Colectivos de Madres Buscadoras de Tamaulipas, quienes han recibido muchas amenazas– podrían estar los restos de hasta dos mil personas. Pese a que en junio de 2021 la titular de Comisión Nacional de Búsqueda (CNB), Karla Quintana, reconoció la existencia de ese centro de exterminio y la presencia de gran cantidad de restos, solamente se han identificado los cuerpos de dos migrantes deportados.

Ayer, en un comunicado dirigido al presidente López Obrador, el Colectivo celebró que se hubiese resuelto el caso de los estadunidenses secuestrados, al tiempo que transmitió su “total indignación, desesperación, angustia, impotencia y tristeza”, por “la inacción de las autoridades cuando las familias mexicanas sufren la desaparición de un familiar”.

Los estadunidenses, agrega el comunicado, “fueron encontrados gracias a que Estados Unidos sí protege y busca incansablemente” a sus ciudadanos. “Esperamos que esto sea un ejemplo para usted y los tres ámbitos de gobierno, de cómo se debe buscar a personas secuestradas y/o desaparecidas”.

La organización recordó que la Red Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas tiene a la fecha el registro de más de 112 mil personas ausentes, y que, pese a ello, la titular de la CNB rara vez está en su oficina, donde “sólo trabajan presencialmente tres personas”.

Ayer, autoridades tamaulipecas dijeron que la principal línea de investigación sobre el secuestro de los estadunidenses fue la confusión, pero después de ver el video en el que los sicarios cargan tranquilamente los cuerpos de sus víctimas para lanzarlos a la batea de una camioneta, a plena luz del día, en uno de los sitios más concurridos de Matamoros, queda claro que la mejor explicación de lo sucedido es la terrible impunidad que nos asuela. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Nacional, p. 2)

Arsenal // Vecinos encolerizados

Tenían que secuestrar a cuatro ciudadanos de Estados Unidos –dos de ellos asesinados– para que el gobierno mexicano dejara de voltear para otro lado frente a las continuas masacres que el crimen organizado comete a sus anchas por todo el país.

 

 En los cuatro años, tres meses, veinte días de “abrazos, no balazos”, han sido asesinados más de 140 mil ciudadanos mexicanos, una cifra más alta que en los sexenios de Fox, Calderón y Peña Nieto.

 Guanajuato, Sinaloa,  Zacatecas, Sonora, Colima, Guerrero, Veracruz, Jalisco, Tamaulipas, entre otros, son estados donde el narco controla porciones del territorio.

Las matanzas se suceden unas tras otras, pero el presidente tiene  “otros datos”: En México ya no hay masacres.

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Los cuatro estadunidenses secuestrados fueron localizados en tiempo récord, si lo comparamos con secuestros de los nacionales. 

 

 El Cartel del Golfo, que tiene bajo su control la Ciudad de Matamoros, los confundió con narcotraficantes de otra pandilla, según el fiscal de Tamaulipas, Irving Barrios.

 

 El viernes los levantaron. El martes los encontraron en una casa de madera de ejido El Tecolote, vecino a Matamoros.

 Los sobrevivientes fueron entregados en el puente internacional a las autoridades de la Unión Americana. En el ataque murió una mujer mexicana por una bala perdida, informó el fiscal Barrios, pero su caso apenas se menciona.

 Las autoridades ya lograron una hazaña: capturaron al que vigilaba a los secuestrados. Un joven de 24 años.

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Lo ocurrido en Matamoros vigorizó en Estados Unidos la iniciativa para que se declare terroristas a los cárteles de la droga. Ya está el Congreso y en el Senado.

 

 Eso significa, según las leyes de aquel país, que pueden recurrir a una intervención armada para combatir a los carteles. 

 

 El senador por Carolina del Norte, Lindsey Graham, la llevó a la Cámara Alta, luego que el republicano por Texas Dan Crenshaw, lo hiciera en la Cámara Baja.

 

 El embajador Ken Salazar hizo público un comunicado en el que subraya que la violencia contra ciudadanos estadunidenses en Tamaulipas demuestra la imperante necesidad de actuar contra los cárteles.

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En México la reacción del presidente López Obrador no fue la más atinada hacia los medios de comunicación de Estados Unidos.

 

“Llama mucho la atención que se dan estos hechos lamentables y todos los medios en Estados Unidos manejan de manera amarillista la información. No así cuando asesinan a mexicanos en Estados Unidos, callan como momias…se rasgan las vestiduras como hipócritas”.

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 Las autoridades mexicanas niegan que haya agentes gringos moviéndose en territorio mexicano, pero ayer salió a la luz que la oficina más grande que el FBI tiene fuera de la Unión Americana está en la embajada de ese país en nuestro país.

 A Germán Martínez no se le escapo la declaración del fiscal general de Estados Unidos, Merrick Garland, quien reveló que el FBI está trabajando con las autoridades mexicanas en el territorio nacional. Nota en mano nos dijo: “Es absolutamente una cesión de soberanía.”

Ricardo Monreal, coordinador de la bancada de Morena en la Cámara alta, afirmó que lo ocurrido en Matamoros no puede ser pretexto para invadir o aplicar extraterritorialmente una norma jurídica.

 

 “No hay condiciones para una invasión. Es absurdo, es francamente inadmisible. No se atreverían. Es una invasión tajante de la soberanía. No creo que haya mexicanos, salvo algunos golpistas, que lo admitan”, puntualizó.

 El gobierno de Estados Unidos no se ha sumado a la iniciativa que les permite invadir países terceros para cazar terroristas, pero al presidente Biden, que busca su reelección, se le estrecha el margen para no dar una respuesta contundente. (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 4)

Razones // Seguridad, desprestigio y sinsentidos

No se termina de comprender en Palacio Nacional la magnitud del conflicto existente con Estados Unidos en temas de seguridad y comerciales. Si la reacción de instituciones como el FBI o el departamento de Estado (y hasta de la Casa Blanca), medios y legisladores de ese país, ante el secuestro de cuatro ciudadanos estadunidenses en Matamoros fue durísima, otra, en las redes sociales, puede exhibir mucho mejor los riesgos que se transitan.

Elon Musk, propietario de Tesla, el mismo que anunció la semana pasada (sorteando las amenazas de Palacio Nacional de que no concedería los permisos federales para ello), una inversión inicial de 5 mil millones de dólares para montar la gigaplanta en Monterrey, enterado de lo que había sucedido en Matamoros, subió un tuit en el que, simplemente, decía: “Esto es una locura”. Y era verdad. Le llovieron mensajes reclamando que esa planta no se instale en México. Sucesos como el de Matamoros ponen en riesgo las inversiones en el país.

Por supuesto que no es lo mismo Monterrey que Matamoros, donde el control del municipio está bajo el Cártel del Golfo, pero lo que la gente sabe e interpreta, con buena o mala voluntad, es que en la frontera entre Estados Unidos y México puede secuestrarse a cuatro personas con toda impunidad en una zona muy transitada a las 12 del día de un viernes y nadie hace nada hasta que, tres días después, el FBI, no el gobierno municipal ni el estatal ni las fuerzas federales, emitiera una alerta demandando su aparición. El secuestro, en un primer momento, fue ignorado por las autoridades porque, se argumenta, pensaron que eran “migrantes haitianos”; el gobernador Américo Villareal dedicó el fin de semana a hacer montañismo (y lo subía a redes sociales) y no existió, hasta que se dio la exigencia del FBI, ninguna movilización especial.

Es más, ahora sabemos dos cosas: primero, que existía desde el viernes un video con el secuestro, que fue obtenido y difundido antes por medios estadunidenses que divulgado por las autoridades mexicanas. Segundo, que todo indica que no hubo un operativo para rescatar a los cuatro secuestrados, dos de ellos ya muertos, sino que fueron abandonados por los criminales.

Ayer, en la mañanera, el presidente López Obrador sostuvo que detrás de las demandas estadunidenses, que incluyen cada vez más la exigencia de declarar terroristas a los grupos del crimen organizado en México, “hay también intereses partidistas, yo diría politiqueros, hay gente muy hipócrita que, por ejemplo, lamenta estos hechos, los utiliza con propósitos políticos, trafica con el dolor humano”. Claro que hay intereses partidistas y que estos hechos pueden utilizarse con propósitos políticos. Sería ingenuo pensar otra cosa.

Lo que sucede es que viendo la avalancha que se le viene encima, el gobierno federal no se aparta ni un centímetro de una línea discursiva y una estrategia que ha perdido ya su narrativa, que es vista como un fracaso en Estados Unidos y el resto del mundo, como lo exhiben prácticamente todos los medios de referencia internacionales.

Sin duda hay intereses partidarios, relacionados con la elección estadunidense de 2024, para declarar a los grupos criminales de México como terroristas, y existe una fuerte presión para que haya algún tipo de intervención directa de fuerzas de seguridad de ese país en el nuestro. Es inaceptable, está bien, pero la pregunta es: ¿qué estamos haciendo para contrarrestar esas presiones y esa imagen?

Cuando uno ve cómo operan los grupos criminales en México no se diferencian demasiado del terror que ejerce el Estado Islámico: secuestros, decapitaciones, personas torturadas y quemadas vivas, ejecuciones sumarias, masacres de mujeres y niños, como parte de una interminable lista de horrores, con un ejercicio de la violencia que se percibe impune, sobre todo cuando se compara con su magnitud.

Hace casi dos años, el jefe del comando norte de la Defensa estadunidense, el general VanHerck, dijo que una tercera parte del territorio mexicano estaba fuera del control del Estado. Han pasado los meses y la impresión en las autoridades de ese país es que esa pérdida de control estatal ha crecido y no se hace nada para detenerla.

Sé que, en algunos ámbitos, la estrategia ha cambiado, con los golpes que se han dado a laboratorios de fentanilo, sobre todo, pero el gobierno lo trata de mostrar como si fuera parte de la misma estrategia de abrazos, no balazos. El presidente López Obrador jamás ha reconocido que su estrategia no funciona en casi ningún ámbito: hay más tráfico de fentanilo, los cárteles se han empoderado y extendido incluso a otros países, se roba y extorsiona más, hasta el huachicoleo hoy es mayor que hace dos años, y hay muchas detenciones, pero se ha optado por no ir contra las cabezas públicas de los cárteles.  (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 12)

Desde afuera // México – EU: ¿Situación normal?

De acuerdo con las apariencias, si hubiera que definir la actual situación de la relación Estados Unidos-México sería como el aforismo militar estadounidense: SNAFU (Situation Normal, All f….d up/situación normal, todo fregado).

El acento fue puesto por la muerte de dos de cuatro jóvenes estadounidenses secuestrados el fin de semana en Matamoros, tras declaraciones del presidente Andrés Manuel López Obrador, que se sintió obligado a responder a la interpelación por Twitter del diputado republicano Dan Crenshaw, autor de una propuesta de ley que definiría a los cárteles como grupos terroristas y allanaría el camino al envío de tropas para “ayudar” a México a enfrentar la amenaza social y política que representan.

Los cárteles son denunciados en especial por la fabricación y distribución de fentanilo en el país del norte, así como por lo que algunos analistas estadounidenses califican como una alianza con el “Partido Comunista Chino”.

Para complicar más el argumento, hay alegatos de que los alcances internacionales de los cárteles, su influencia en varias regiones del país y sus vínculos con el tráfico de personas, los convertirían en posibles aliados para grupos terroristas, en especial de Medio Oriente.

En vez de dejar el debate con Crenshaw a nivel legislativo, o de la embajada en Washington, el presidente López Obrador se sintió obligado a denunciar el injerencismo de EU y los tonos politiqueros de las quejas sobre la falta de colaboración mexicana en la lucha antidrogas.

Pero politiquería o no, esa queja subraya una opinión ya existente en torno a los problemas del Estado mexicano y su posible impacto sobre la seguridad nacional estadounidense, amén de haberse convertido en parte del argumento electoral republicano.

El renovado debate añadió drama al insistente tamborileo de sectores derechistas en temas como la inseguridad fronteriza y los peligros de una inmigración sin restricciones.

En lo inmediato, esa presión ha llevado a que el gobierno de Biden asuma una política de vigilancia fronteriza cada vez más similar a la impuesta por la Presidencia de Donald Trump, incluso, en lo que se refiere a la detención de familias. El impacto directo se siente sobre los miles de peticionarios de asilo que aguardan en México.

Paralelamente, el gobierno de EU anunció que planteará “consultas técnicas” sobre las medidas mexicanas para prohibir la importación de maíz transgénico, que se agrega a los diferendos sobre energía, donde el peso político estará sujeto a interpretaciones sobre acuerdos comerciales existentes.

El cúmulo de problemas de alto perfil oculta situaciones en que hay una colaboración real y la integración bilateral.

La situación no es simple, pero esa relación nunca lo ha sido. Con todo, hay momentos en que la retórica debe ser controlada antes de que escale a otro acrónimo, FUBAR (F….d Up Beyond All Recognition/fregado más allá de todo reconocimiento). (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 28)

Contra las cuerdas // La presión gringa contra la inseguridad

El caso de los cuatro norteamericanos secuestrados va a cambiar el escenario sobre la discusión de la fallida estrategia de lucha contra el crimen organizado en México, pues a pesar de que ha fracasado porque los números son más grandes que con Calderón y Peña, una narrativa oficial del lopezobradorismo miente diciendo que vamos mejor.  (En los 6 años de Calderón hubo 120,463 ejecutados, con Peña 156,066 y en lo que va de AMLO 148, 186).

El FBI de Estados Unidos fue la instancia que dio a conocer la noticia de sus cuatro ciudadanos estadounidenses secuestrados en Tamaulipas. No fueron las agencias de seguridad mexicanas. Desde las primeras horas, el gobierno de Joe Biden presionó a México para dar con sus desaparecidos.

Hay más de 130 mil personas desaparecidas en el país en los últimos años, entre ellos dos marinos y aún cuando hay un senador de Morena aparentemente involucrado en este último caso, todavía no existe una sola pista de ellos. No sólo eso, sino que algunas madres que dejaron su vida para dedicarse a buscar a sus hijos o hijas, han sido ejecutadas.

La presión estadounidense surtió efecto, 17 horas después, el gobierno mexicano encontró a los cuatro estadounidenses secuestrados, dos sin vida, en una entidad que es primer lugar en niños mexicanos levantados.

El caso de los estadounidenses exhibió la incompetencia mexicana en la búsqueda, pero sobre todo la dejadez para no hacer las investigaciones de las víctimas mexicanas, pues en esta ocasión sí pudo dar con las personas. EU encontró el argumento perfecto para no dejar de lado sus intenciones de meterse al territorio con el propósito de enfrentar a los grupos criminales.

No es lo mismo que lo diga un congresista que el gobierno de Joe Biden para reforzar la narrativa de su proyecto de enviar soldados estadounidenses a México con el fin de combatir a los cárteles de la droga. Veladamente y tras confirmarse el asesinato de dos ciudadanos estadounidenses en Tamaulipas, Ken Salazar, embajador de EU en México, urgió la necesidad de reforzar la lucha contra las organizaciones criminales. Tamaulipas representa un riesgo por los altos niveles de criminalidad y violencia, es el argumento con que el gobierno de EU se va a meter con fuerza en la agenda bilateral y nadie lo va a poder desmentir. A Washington hace falta más que una mañanera donde se manipulan cifras y se dicen mentiras. Hacen falta resultados. Mal cierre sexenal de López Obrador. (Alejandro Sánchez, El Heraldo de México, País, p. 7)

En tercera persona // A vivos y muertos los movían de un lado a otro

Uno de los sobrevivientes dijo que el olor a muerto era tan fuerte que no podían resistirlo. A vivos y muertos los movieron de un rancho a otro, a través de brechas de terracería, en los extensos campos que circundan Matamoros.

 

Desde el pasado viernes habían circulado en redes sociales imágenes que ilustraban la manera en que cuatro ciudadanos estadounidenses eran arrastrados, “como perros muertos”, dijo uno de los familiares de las víctimas, hasta la caja de una camioneta de color blanco,

Las cámaras del C5 mostraron que en los hechos ocurridos en la calle Lauro Villar habían participado cinco o seis vehículos que se dirigieron hacia el rumbo de Playa Bagdad, en la región costera.

En Lauro Villar había quedado abandonado el vehículo en que los cuatro extranjeros habían llegado a Matamoros, la mañana del 3 de marzo. Una de las viajeras, según las autoridades, habría acudido a practicarse una liposucción. La unidad tenía placas de Carolina del Norte.

La primera versión indicaba que “los levantados” eran haitianos involucrados en el tráfico de drogas. Se pensó que se había tratado de un enfrentamiento entre los grupos criminales que disputan el control de esa parte de la frontera, y son escisiones del Cártel del Golfo.

Una identificación hallada en el interior de la camioneta abandonada indicó otra cosa. Pero no había denuncias de desaparición. Agentes de la fiscalía contactaron a autoridades estadounidenses basadas en el Consulado General de Estados Unidos en Matamoros para ver si el vehículo tenía reporte de robo. Mientras avanzaba el fin de semana, las pesquisas dejaron claro que no se trataba de ciudadanos haitianos, sino de un grupo de estadounidenses que aquella misma mañana había cruzado desde Brownsville, Texas.

El domingo, el FBI tomó conocimiento del asunto y entabló comunicación con el secretario de Seguridad Pública de Tamaulipas. El Buró solicitó también la ayuda de ciudadanos que pudieran aportar información: ofreció una abultada recompensa y abrió una línea de emergencia para la recepción de datos. El embajador de Estados Unidos, Ken Salazar, se comunicó con el gobernador Américo Villarreal —quien mientras Matamoros se hallaba en llamas había salido a practicar el alpinismo. La fiscalía estatal solicitó también la colaboración ciudadana.

A lo largo del lunes se comenzaron a recibir llamadas. Supuestos testigos hablaban de convoyes que se movían en brechas, de vehículos incendiados, de migrantes secuestrados y de cadáveres abandonados en ranchos y ejidos.

 

Fuentes cercanas a la investigación relatan que agentes de la fiscalía, reforzados por más de 40 agentes federales de la Conase, se dividieron en bloques de búsqueda y comenzaron a seguir las pistas. “Fueron a todas”, explican. Pero no había ni incendios ni muertos. (Héctor de Mauleón, El Universal, Nación, p. 7)

Un terrorista en la Presidencia

La resolución conjunta que preparan el Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos para otorgar a Biden “poderes de guerra” en contra de los cárteles mexicanos deja ver que el gobierno de López Obrador es considerado, por muchas razones, un grave asunto de seguridad para Washington.

El problema central reside en lo que declaró el exfiscal norteamericano William Barr: “El principal facilitador de los cárteles es AMLO. No está dispuesto a tomar medidas para desafiarlos. Los protege invocando constantemente la soberanía para impedir que Estados Unidos tome medidas”.

 

Este tipo de declaraciones más el debate que existe en el Congreso norteamericano para clasificar como terroristas a los traficantes de fentanilo y otras sustancias ilegales, muestran que Estados Unidos ya no está dispuesto a seguir tolerando la evidente complicidad entre el gobierno mexicano y el crimen organizado.

 

Desde esta óptica no solo los cárteles tendrían que ser considerados como terroristas, sino también el mismo gobierno mexicano y su presidente Andrés Manuel López Obrador.

Para Estados Unidos combatir el terrorismo es uno de los objetivos clave de su política exterior. Lo interesante es que lo define tanto como una batalla armada como ideológica en contra de aquellos países dogmáticos y dictatoriales donde no se respeta la democracia y la dignidad humana.

El régimen de la 4T cae perfectamente en la definición que los norteamericanos hacen del terrorismo: Los terroristas promueven la enajenación, culpan a los demás de su violencia, explotan la mentira, las teorías de conspiración y destruyen por medios violentos y arbitrarios los cimientos de la democracia.

La propuesta de colocar a México en la lista de países terroristas coincide con las críticas que ha hecho la prensa estadounidense en contra del Plan B de la reforma electoral de AMLO. Para el analista David Frum de la revista Atlantic López Obrador no solo es un autócrata sino alguien que al tratar de destruir la solidez y la autonomía del órgano electoral facilita la participación del crimen en los procesos electorales.

Para EU, México es un país donde los cárteles han alcanzado tal poder de fuego y poder político que no solo controlan regiones enteras con la fuerza de las armas sino que tienen las puertas abiertas para imponer al próximo Presidente de la República.

 

Dicho de otra forma: Las elecciones mexicanas que se llevarán a cabo en el 24 ya son consideradas como un asunto de alto riesgo para la seguridad hemisférica.

 

En la guía para combatir el terrorismo hay una parte final que dice: “No hacemos distinción entre aquellos que cometen actos de terrorismo y aquellos que apoyan o protegen terroristas”

 

Es decir, Washington tendría que calificar como terroristas tanto a los narcos como a aquel que les manda “abrazos y no balazos” para que ayuden a su partido a mantenerse en el poder. (Beatriz Pagés, El Universal, Opinión, p. 20)

“Inaceptable”: el crimen no es electorero

Impaciencia en el establishment. Como si él mismo no ejerciera todo el poder, a toda hora y en todo lugar para destruir competidores y desbaratar la competencia misma, a fin de asegurar su permanencia de alguna forma en el poder —o sea, como si su narrativa y su gestión toda no estuvieran guiadas por un propósito, en el peor sentido, electorero— el presidente mexicano pretende minimizar y reducir a eso, a un móvil simplemente electorero la creciente impaciencia estadounidense por sus costos en vidas del país vecino del descontrol de la violencia y el control criminal de instituciones y territorios mexicanos. “Inaceptable”, llamó la Casa Blanca el brutal ‘levantón’ de cuatro ciudadanos de aquel país en Matamoros. Fue transmitido de costa a costa por las principales cadenas de tele del otro lado, en medio de voces de congresistas de allá que sugieren algo más que incompetencia del gobierno de López Obrador en las libertades de acción de los cárteles de acá.

De la Corte de Brooklyn a los crímenes de Matamoros. Tampoco pueden desestimarse las percepciones de cercanía de esos cárteles con el poder político como una intriga intervencionista del exterior. En realidad, este es un ángulo recurrente en conversaciones y análisis del interior, aderezados con indicios y comportamientos, al menos equívocos, del presidente. Más todavía: abona en la misma dirección la intensa —y electorera— propaganda realizada por AMLO para que se conocieran por todos los testimonios de criminales contra García Luna. Sí, los que trazaban la existencia en nuestro país de un narcoestado, por cierto, no reducido —para efectos de las mencionadas percepciones— al estado de hace 10 o quince años, sino al actual. Quien aquí y en Estados Unidos atendió y retuvo las escenas de la Corte de Brooklyn y ahora las confronta con las imágenes de los impunes secuestros de Matamoros, a plena luz del día, afianzará sus creencias de un estado criminal mexicano, impedido para prevenir crímenes y perseguir y castigar criminales. Y fue así que llegó el FBI.

Trastorno colectivo. Trastornadas por la familiaridad con imágenes y cifras de muertes violentas a granel, no faltan las voces recelosas del revuelo de los medios de ambos lados sobre el secuestro de cuatro personas, “sólo por ser norteamericanas”. Trastornado por sus planes de prolongación del poder, el presidente minimiza el tema, como antes la amenaza de muerte contra la presidenta de la Corte. Ni siquiera registra los mensajes intimidatorios de su representante en plena sesión del Consejo General del INE. Le dedica mucho más a la preparación de sus marchas (electoreras) del 18 de marzo y del 1 de mayo. Pero los hechos violentos ponen en acto la narrativa del presidente. Matamoros y la indulgencia con las bandas criminales (abrazos, no balazos). Y las agresiones a la Corte y al INE, derivadas de la repetición cotidiana de sus —trastornados— mensajes de aniquilación. Todo ello genera climas indicativos de un trastorno más grave, de alcance colectivo. Conformismo con violencia, en el primer caso, y probables desbordamientos de seguidores, dispuestos a llevar más lejos las visiones, actitudes y conductas destructivas de su líder, a la manera de las hordas de Trump en el Capitolio.

Disrupción e incertidumbre. Al servicio de ese escenario concurrirá —de aquí en adelante— otro elemento disruptivo de terror e incertidumbre: el choque entre las normas constitucionales vigentes en materia político electoral y las (electoreras) leyes inconstitucionales de AMLO encaminadas a disolver el sistema de garantías democráticas. Todo ello, en un previsible caos propiciatorio del endurecimiento del régimen autoritario y de nuevos golpes al orden constitucional en las elecciones presidenciales del año próximo. (José Carreño Carlón, El Universal, Opinión, p. 20)

Extintor

Lo que se requiere en estos momentos es un extintor para apagar el fuego y NO, definitivamente no, echarle más gasolina al mismo.

El ASESINATO de dos norteamericanos tras su SECUESTRO en Matamoros encendió el fuego de la indignación en Estados Unidos justo en el momento en el que en el Capitolio norteamericano influyentes Senadores pretenden introducir leyes que permitan a las Fuerzas Armadas norteamericanas atacar a los CÁRTELES mexicanos de la droga (lo cual pueden hacer con drones sin pisar suelo mexicano), como el Cártel del Golfo, al que se culpa del secuestro de los cuatro norteamericanos y muerte de DOS de ellos y herir a un tercero.

Aparte de la molestia allá de que aquí el Gobierno no hace nada para combatir a los cárteles, es decir, de nuestra creciente inseguridad, traemos la bronca del maíz transgénico, la cual si se va a panel de arbitraje, perderíamos seguro dentro de las reglas del T-MEC.

Ante todo esto, el Presidente López en su despapayera de ayer se arrancó en primera reforzada quesque reclamando que nadie dice nada cuando allá matan a mexicanos (lo cual es falso) y arremetiendo a diestra y siniestra contra medios (qué raro) y contra el Gobierno vecino.

Mientras, al Presidente López lo han vuelto a pescar en una MENTIRA, pero una mentira trascendente.

Él afirmó tiempo atrás con toda la convicción del embustero profesional que su Gobierno, esto es, la Cuarta Intervención, “no espiaba a nadie, que él no es como los de antes”.

¡Y sopas!, un reportaje publicado por Aristegui Noticias y otros dos medios saca a relucir que el EJÉRCITO, al cual López le escrituró el País, SÍ ESPÍA con conocimiento y tolerancia del mismo López.

El espionaje ha sido contra activistas sociales y periodistas, no dudamos que también en perjuicio de sus “adversarios”.

O sea que problemas no le faltan al señor López y como quiera, en lugar de resolverlos y aplacarlos, se empeña en agravarlos recurriendo a su usual táctica -siempre errónea- de ponerse más “agresivo” con quien le toque.

 

En nuestra humilde estimación lo que estamos presenciando es el ocaso de una tiranía: es decir, a este señor se le acumulan los problemas grandes más rápido de lo que los puede solucionar.

Por lo mismo, su Gobierno, su “movimiento”, su Trastornación -que no Transformación-, cada día se EMPANTANA más, se atora más, se desdibuja más.

Lo cual sucede ante la mirada del MUNDO ENTERO, especialmente la de los vecinos al norte del Bravo que se muestran más que encamionados con los NULOS esfuerzos del señor López por frenar el trasiego de drogas de nuestro territorio hacia el norteamericano.

Sobre todo de la droga que MATA, el fentanilo, de la cual los cárteles mexicanos se encargan de inundar el mercado norteamericano tras fabricarla aquí en México.

Por la actitud de los congresistas norteamericanos, Dan Crenshaw, Mike Waltz, Chuck Schumer y Lindsey Graham, queda claro que la “estrategia” de “abrazos, no balazos” no les causa una nada buena impresión.

Sobre todo porque les ha otorgado a los militares mexicanos TODAS LAS LABORES habidas y por haber: control de aduanas, de puertos y aeropuertos, del espacio aéreo, del abasto de medicinas, de cuidar los destinos turísticos, de repartir juguetes, y la de ESPIARNOS a todos mediante la herramienta israelí conocida como “Pegasus”, que es un virus que le transmite al ESPIADOR toda la información de video, audio y texto captado, recibido o mandando por el dispositivo intervenido.

Esto hace el virus, se encuentre encendido o apagado el dispositivo: es especialmente invasivo y se supone -o eso dicen en su defensa los israelís- que sólo se les vende a los Gobiernos.

 

Sólo que en México se sabe que está, o ha estado, en manos de particulares y de muchas dependencias gubernamentales, entre ellas el Ejército y, por supuesto, lo que antes era el CISEN, pero que afirma embusteramente este Gobierno que la desapareció.

Sólo que no, que para variar es otra mentira, pues ahora opera en el Centro de Inteligencia Militar igual que el CISEN hacía.

Esto, en VIOLACIÓN a la privacidad constitucional de una larga lista de mexicanos, ciudadanos normales, que pronto se conocerá.

Sumadas todas las broncas que hoy les hemos relatado fácilmente entenderán, estimados amigos, que al señor López no le faltan lumbritas por apagar.

 

Por lo mismo es que no cuadra dentro de ninguna lógica sensata que en lugar de dedicarse a desarmar bombitas, el Presidente gaste su tiempo en ENCENDER MÁS MECHITAS.

No sólo con sus palabras disonantes, sino también con su actitud beligerante, ésta en contraste con la mesurada y sensata que en boletines ha manifestado nuestra Secretaría de Relaciones Exteriores, mostrando preocupación por la percepción que se tiene del Gobierno mexicano en Estados Unidos.

No es la primera ocasión en la que se muestra más sensata la corcholata despreciada que el propio Presidente y Gran Elector. (Manuel Jáuregui, Reforma, Opinión, p. 9)

Quebradero // Algo más que “confusión”

La hipótesis de la “confusión” va prevaleciendo en Matamoros, pero el desenlace muestra la evidencia de la violencia.

Destacar las violaciones a los derechos humanos y el maltrato a los mexicanos en EU ante lo que pasó en Tamaulipas a lo único que lleva es a una respuesta menor, porque si se tienen elementos para presentar denuncias de todo lo que pasa con nuestros paisanos, lo que incluye nuestras responsabilidades en la frontera común, en su momento se debieron haber presentado denuncias formales y no hablar del tema cuando tenemos una situación tan lamentable como lo sucedido en Matamoros.

A los gobiernos, incluyendo al actual, poco les importa la vida de los paisanos en EU. Lo que les importa son las remesas, las cuales, incluso, pueden llegar a ponderar o tratar de identificar como parte de sus políticas, lo que es claro que no es así.

La hipótesis de la “confusión” evidentemente cabe y es posible. Bajo las circunstancias de tensión y violencia en que se vive en diferentes ciudades del país, las cuales padecen cotidianamente la presencia de la delincuencia organizada, lo sucedido el viernes en medio del caos que provoca este tipo de enfrentamientos termina por tener a la “confusión” como una posibilidad real.

Sin embargo, el problema no está ahí, a pesar de la importancia que tiene conocer cómo se dieron los hechos dejando en claro la delimitación de responsabilidades.

La cuestión clave está en el hecho que las bandas delincuenciales se enfrentan sin importar la hora y la zona y que por ello toda persona que pase por ahí, llámese como se llame, esté expuesta a morir, salir herida o como se vio en este caso, ser secuestrado con lujo de violencia sin importarles a quienes perpetran la violencia si son grabados por cualquier ciudadano que ande con su teléfono en el lugar en esos momentos.

El nombre del juego termina por ser la impunidad. La delincuencia sabe que se puede mover a sus anchas, porque saben que no pasa nada. La rapidez con la que se actuó es evidencia de la preocupación que le fue generando al gobierno lo sucedido y particularmente las reacciones que se dieron, de hecho se siguen dando, en EU. No casualmente se ha planteado que la misma efectividad y rapidez con que se actuó debería extenderse a lo que muchos ciudadanos mexicanos padecen.

El secuestro acaparó la atención y además está generando una corriente de opinión adversa para México que se convierte en un elemento estratégico de cara al proceso electoral de la Unión Americana.

Dicho de otra manera, además del lamentable acontecimiento, lo que se viene son los diversos usos e interpretaciones que diferentes sectores de EU y de México están produciendo sobre el secuestro.

El caso adquiere una preocup

percusión ya es de escándalo y da la impresión que estamos empezando apenas a ver las primeras consecuencias de lo sucedido.

 

La noticia pasó por las principales cadenas de EU porque, además del hecho mismo, desde hace tiempo se viene creando una imagen negativa en términos de la seguridad en México por lo que viene pasando en diferentes comunidades y porque en algunos casos turistas estadounidenses se han visto involucrados.

Algunos en EU y en nuestro propio país han definido con razón narcoestados a varias entidades, al tiempo que cada vez son más comunes las alertas para que se tomen todo tipo de medidas de seguridad o las alertas de viaje para que no se visiten ciertas ciudades.

El futuro va a depender de cómo enfrente López Obrador el caso, lo que queda claro es que no es un asunto de callejón.

RESQUICIOS.

El embajador Ken Salazar planteó que “nos preocupa” el control que ejerce el Cártel del Golfo. A esto se suman los informes de la delicada situación que se vive en Matamoros desde enero y las alertas de viaje a los estadounidenses por la criminalidad y la violencia en Tamaulipas. (Javier Solórzano, La Razón, La dos, p. 2)

La divisa del poder // Caen bonos de AMLO en Estados Unidos

Nunca es buen momento para tener un diferendo con el Gobierno de Estados Unidos, y menos si la causa es el asesinato de dos de sus ciudadanos, cometido en territorio mexicano.

Aunque el “levantón’’ -secuestro no fue- y posterior homicidio de dos de los cuatro estadounidenses que habían cruzado la frontera por atención médica trató de compararse con el asesinato del agente de la DEA, Enrique Kiki Camarena, en febrero de 1985, hay algunas diferencias pero también graves coincidencias.

Camarena fue asesinado por órdenes del capo Rafael Caro Quintero, cuando había documentado las operaciones del narco y su sociedad con algunos miembros de aquel Gobierno.

Hasta donde se sabe, ninguno de los cuatro estadounidenses “levantados’’ en Matamoros, pertenecía a alguna agencia de seguridad o policía.

Pudo tratarse, efectivamente, como se dijo en el gabinete de Seguridad, de una confusión.

 

Este incidente político-policiaco le sucede al gobierno mexicano justo cuando los republicanos más ultras le exigen al presidente Joe Biden que declare terroristas a los grupos de narcotraficantes mexicanos.

Ocurre cuando se ha hecho público cómo es que las bandas criminales se apropiaron de la frontera no solo para el tráfico humano sino también de estupefacientes.

¿Cómo es posible que después de que los drones de la patrulla fronteriza documentaran los campamentos de los narcos en la frontera no se tengan noticias de detenciones u operativos?

El episodio puso en los medios internacionales la fragilidad (o nulidad) de la política de los “abrazos y no balazos’’, de las instituciones de seguridad nacional y la colusión entre autoridades y delincuentes.

¿Por qué ni el gobernador Américo Villarreal ni el presidente municipal, Mario Alberto López Hernández, también de Morena y acusado por empresarios locales de extorsionarlos, hicieron público el saldo del enfrentamiento?

Parece ser que los bonos que tenía el Gobierno de López Obrador con Biden, están más que devaluados.

Y lo veremos pronto. (Adrián Trejo, 24 Horas, Estados, p. 8)

Itinerarios // ¿Destino manifiesto?

Comienza ya, tanto en México como en los Estados Unidos, la batalla electoral del 2024. De cara a las elecciones presidenciales que habrán de celebrarse el próximo año -en ambos países con apenas unos meses de diferencia- se sincronizan, en la infamia, las voces de los conservadores al sur y al norte de la frontera. 

Halcones y racistas de aquel lado, traidores a la Patria de este otro, quieren revivir e incrementar la matanza desatada por Felipe Calderón y Genaro García Luna. Por un puñado de votos -y sin correr ellos, por supuesto, riesgo alguno- están dispuestos a que otros, esta vez los marines incluso, empuñen las armas y salgan a matar y a morir a mansalva.

Aquí la derecha y sus voceros en los medios comienzan a soñar y a desear una intervención armada norteamericana que logre lo que ellos no lograron en las calles; ni en los tribunales, ni en los medios, ni en las urnas; destruir a Andrés Manuel López Obrador e impedir que continúe la 4ª Transformación.

Fieles a la tradición de los conservadores que se postraron, en el Castillo de Miramar, ante Maximiliano y Carlota y les ofrecieron la corona del imperio, los conservadores de nuestros días ruegan a Washington que intervenga igual que hicieron, otros como ellos y en el siglo XX en la embajada norteamericana en la Ciudad de México, cuando Victoriano Huerta defenestro y luego asesinó al presidente Francisco I. Madero.

Los argumentos siguen siendo los mismos; este país -si está en manos de los liberales o de los izquierdistas- no tiene remedio. Se necesita la “fuerza civilizadora” de una potencia extranjera.

Nada importa que Francia solo quisiera, allá en el siglo XIX, apoderarse de Sonora o que, en nuestros días y en los Estados Unidos, responsables en última instancia del narcotráfico en este país, los más fanatizados entre los miembros de la élite gobernante, solo busquen consumar la narrativa del “Estado fallido” poniendo fin al Estado Mexicano.

Cifran Donald Trump y los republicanos sus esperanzas de volver al poder en el endurecimiento extremo de la retórica contra nuestro país. El mismo Joseph Biden y los demócratas, para ampliar su base electoral, recurrirán, me temo, al mismo truco; la “mano dura” y más en un país en crisis como los Estados Unidos siempre vende.

 

Confluirán pues republicanos y demócratas en la retórica antiinmigrante y antimexicana. La amenaza de un enemigo externo, más si este es moreno y es hoy casi omnipresente, resulta muy rentable electoralmente.

 

Economía en crisis, xenofobia y racismo suelen, desgraciadamente, llevar, gracias al voto mayoritario, a los tiranos al poder. La democracia como la razón, hay que decir parafraseando a Goya, también engendra monstruos.

Gasolina para el incendio, que la derecha conservadora aviva criminalmente, como si ella misma no fuera a ser consumida por el fuego, son los hechos violentos en Tamaulipas y también el juicio hipócrita y puritano a Genaro García Luna; ese hombre de Washington y del narco, dualidad criminal que, nadie ni en los medios ni en la política, se atreve a destacar al norte de la frontera.

De lo sucedido en Tamaulipas hay que decir que, en tanto sus intereses coinciden y su enemigo es el mismo; López Obrador, no debe descartarse la existencia de un cierto nivel de coordinación operativa entre el crimen organizado y la extrema derecha que apenas fue expulsada del poder en ese estado.

Del juicio a García Luna y la guerra, de quienes nos la impusieron -Washington y Felipe Calderón- hay que decir que engendraron el huevo de la serpiente y que, sustituir a los soldados del Ejército mexicano por marines, provocaría, otro estéril baño de sangre.

¿Destino manifiesto? ¿Librar guerras en el extranjero y empantanarse, como les sucedió en Vietnam, en Afganistán, en Irak? ¿Invadir a un país vecino desde el que llegaron millones de mexicanas y mexicanos? ¿Agraviar a 40 millones de personas cuyo peso político y económico es cada vez más decisivo en ese país? 

 

Criminal y suicida a la vez, aunque les haga ganar unos votos, lo que hacen, al promover el incendio entre nuestros países, los halcones de aquel lado y los traidores a la Patria de este. (Epigmenio Ibarra, Milenio Diario, Política, p. 6)

Trópicos / ¿Quién gobierna Tamaulipas?

Algo pasa en Tamaulipas (y en México) que llevan semanas viviendo hechos de extrema violencia. Disparos que bien pueden salir de armas del Ejército o de criminales y terminar impactando en civiles, nacionales o extranjeros. No hay estrategia ni efectividad, el problema se está saliendo de control.

Primero fue la masacre que se dio la madrugada del 26 de febrero en Nuevo Laredo, cuando soldados dispararon indiscriminadamente contra una camioneta donde viajaban siete jóvenes. Murieron 5 de ellos después de recibir hasta doce impactos de bala. Se desangraron en el lugar. En las sienes de dos de los muchachos se encontraron impactos. Uno era estadounidense.

Las versiones sobre lo ocurrido esa madrugada comenzaron a resultar contradictorias. No coincidían en absoluto las de la Sedena con las de familiares y testigos, pero sobre todo, con las de un sobreviviente. La presión en medios mexicanos e internacionales se desbordó de manera inmediata, hasta forzar a la Fiscalía General de Justicia Militar a vincular a cuatro militares.

Esta no fue la primera masacre de los últimos años en Tamaulipas, instituciones de derechos humanos del estado, han documentado constantes asesinatos contra la sociedad civil desde 2019, a manos del Ejército.

Para colmo, días después, las cosas empeoraron en Tamaulipas. El pasado 3 de marzo, criminales, dispararon a cuatro personas estadounidenses que cruzaron la frontera con México. Tardaron cuatro días para que el gobernador Américo Villarreal, anunciara que dos de ellas estaban muertas y las otras con vida, aunque una gravemente herida. Viajaron a Matamoros para que una de las víctimas se realizara un “procedimiento médico”. Dentro del grupo de amigos, había una persona de 33 años, y una madre de 6 hijos.

Las alarmas se activaron cuando el FBI dio a conocer la noticia y ofreció una recompensa a quienes proporcionaran información sobre el paradero de sus connacionales. Muchos especialistas coinciden en que no se trató de un secuestro, sino fue una equivocación de los criminales al confundirlos con enemigos.

El embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, se apresuró a visitar al presidente López Obrador, el mediodía del lunes bajo un hermetismo absoluto; ya por la tarde, el gobierno tamaulipeco, rebasado, ofrecía una escueta conferencia de prensa para anunciar la creación de un grupo de búsqueda. Paralelamente, la Casa Blanca alertaba a sus ciudadanos a no viajar al estado fronterizo.

Fue hasta la mañana de ayer cuando se confirmó la muerte de dos estadounidenses, la prensa nacional e internacional dio cuenta inmediatamente en sus principales titulares, algo que no gusta al presidente mexicano. La crisis se había desatado.

En consecuencia, se pronostica que las relaciones entre México y Estados Unidos salgan también lastimadas. La frontera entre ambos países se está convirtiendo en un polvorín en ambas sociedades y está siendo utilizada por interés políticos, de ambos lados, ante los procesos electorales de 2024. Tanto Joe Biden como AMLO, buscan reivindicar sus respectivas fuerzas. El primero reeligiéndose, y el segundo, dándole continuidad a lo que él llama la cuarta transformación.

Estos desafortunados eventos, han comenzado a desgastar la cooperación interinstitucional entre México y Estados Unidos, principalmente las de procuración de seguridad (otro tema son las afectaciones comerciales dentro del T-MEC). Además, es evidente que se ha incrementado la guerra verbal entre AMLO y funcionarios estadounidenses, lo que imprime tensión e incertidumbre.

El viernes pasado, quien fuera procurador general bajo las presidencias de George W. Bush y de Donald Trump, William Barr, abrió la herida al afirmar en un artículo publicado en The Wall Street Journal, que el narcoterrorismo en México es equivalente a ISIS; subrayando que los estadounidenses muertos por consumir drogas, ya exceden a los ocasionados en la Segunda Guerra Mundial. Y señala al presidente López Obrador, del fracaso al combate contra el crimen organizado, calificándolo como el “facilitador en jefe de los cárteles mexicanos”.

Barr es uno de los hombres que más conocen el poder judicial estadounidense. Precisamente se ha especializado en la lucha contra el crimen organizado. Su artículo retomó la polémica resolución presentada el pasado 12 de enero por los legisladores republicanos, Dan Crenshaw y Mike Waltz, donde solicitan la autorización del uso de la fuerza militar para atacar a cárteles de la droga, a quienes consideran terroristas y están “envenenando” a más de 80 mil estadounidenses. Afirman que en México se vive un narco-Estado.

El lunes se incrementaron las acusaciones. El presidente López Obrador les recriminó de ser propagandistas e invasores. Inmediatamente, Crenshaw le respondió con una pregunta en Twitter: “¿A quién representa, a los cárteles o a la gente?”. Ayer AMLO de plano no logró hilar argumentos sólidos, y se fue hacia otro lado, al decir que a los muertos mexicanos en Estados Unidos, nadie les hace caso, después del momento escabroso en el que se escucha por teléfono decir al gobernador de Tamaulipas, que dos estadounidenses habían sido asesinados. Crenshaw volvió a poner el dedo en el renglón, sobre la necesidad de autorizar la fuerza militar contra el crimen organizado y le pidió a López Obrador: “Ayúdenos a ayudarlo”. Mientras tanto, Tamaulipas, ¿en manos de quién está? (Omar Cepeda, periodista mexicano especializado en asuntos internacionales, El Financiero, Opinión, p. 26)

La Feria / Todo es jijiji, jajaja… hasta que llega la realidad

De una torcida manera es cierto que la mañanera no es un acto de autoridad. Es cierto que un juzgado le ha dado ese argumento legaloide a Denise Dresser para no atender su demanda de amparo frente al acoso del Presidente de México, pero quizás en su intento de zafarse, la secretaria de acuerdos que eso afirmó nos recuerda una gran verdad: hablar tres horas al día no es ejercer la autoridad para gobernar.

La mañanera puede ser un espacio para los abusos del poder (lo es), un mecanismo de propaganda, un show de variedades, una oda a la personalidad del jefe del Estado, una fábrica de mentiras, eventualmente un canal de anuncios públicos, pero no un acto de gobierno, no la representación del ejercicio de la autoridad para el bien de todos, ni siquiera de los más pobres, porque sí sabemos quiénes padecen más la violencia, ¿verdad?

El telón de la mañanera se cayó el viernes en Matamoros. Pero la verdad el truco de Palacio Nacional queda evidenciado cada rato, y si hoy el quitarrisas al Presidente fue en Tamaulipas, donde la tragedia le pegó a cuatro estadounidenses, la verdad es que algo igual o parecido o peor puede ocurrir hoy o mañana en Tijuana o en Colima.

Si la mañanera crujió ayer fue porque hasta Andrés Manuel López Obrador, el más histrión de los presidentes, tiene que suspender el jijiji cuando topa con la cruda realidad.

La realidad de Matamoros le cambió, así fuera por unas horas, el guion a AMLO cuando todo mundo, todo el mundo incluso, vio cómo los criminales en esa ciudad son los dueños de las calles. Matan y secuestran a plena luz del día, sin agobio, sin sentirse amenazados. Son La Autoridad y no da risa. Matamoros es un viral mentís al “vamos requetebién” del tabasqueño.

El otro aspecto de la realidad de Matamoros con la que topó López Obrador es que los efectos hipnóticos de su montaje cotidiano son para consumo local, totalmente vernáculo. Y esta tragedia tamaulipeca traspasó la frontera porque las víctimas tienen otra águila en su escudo, tienen quién pida cuentas por esas vidas, quién diga me da igual tu retórica, dónde están mis ciudadanos.

La tragedia es aprovechada por los enemigos de México en Estados Unidos, eso también es cierto. Pero la solución no es un Ricardo Monreal lanzándose de niño héroe en el Twitter. Porque su partido (que es también el del Presidente), su familia (que milita en Morena), y bien valdría decir que él mismo, gobiernan en Zacatecas, donde también los criminales ponen de cabeza el estado cada que les da la gana. Con o sin Guardia Nacional. ¿De verdad tiene el senador zacatecano argumentos para contrarrestar los ataques de legisladores de Estados Unidos?

La realidad de la violencia con la que tropezó AMLO esta semana está lejos, por supuesto, de circunscribirse a Tamaulipas o Zacatecas. Michoacán sigue ingobernable y de ello da fe Hipólito Mora, fundador hace una década de las autodefensas y quien de nuevo denuncia la salvaje ingobernabilidad. Y así podemos mencionar a otras entidades.

Cabe recordar que 2023 arrancó recordándonos a los mexicanos que la inseguridad no se ha ido con la nueva militarización ni los nuevos abrazos ni con echarle culpas, todos los días, al pasado y a Genaro García Luna.

Porque todo es jijiji, jajaja en la mañanera, el Presidente ríe, pone memes y canciones, o abusa de su autoridad para atacar periodistas, pero de repente un ataque a cuatro personas, para en seco toda la marrullería. Porque la realidad que no quiere gobernar no mejorará ni con otras mil mañaneras. (Salvador Camarena, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 36)

Uso de Razón / México en peligro

El que todos los días se ostenta como el defensor de la soberanía nacional, ahora tiene a México en peligro de una intervención extranjera.

López Obrador, por negligencia propia y una inexplicable simpatía hacia los cabecillas de los cárteles de las drogas y del crimen en general, pone en riesgo la soberanía del país.

Su principal tarea es cuidar la soberanía de México, y por su equivocada política hacia el narcotráfico ha entregado parte del control del país a los grupos criminales.

Eso es inaceptable para los mexicanos, y también lo es para el vecino del norte. Fue la palabra que utilizó la Casa Blanca respecto del secuestro de dos ciudadanas y dos ciudadanos estadounidenses en Matamoros.

Ayer fueron encontrados muertos dos de ellos, uno más herido y el otro salvó la vida.

El país se despedaza en manos de grupos criminales que contaron con cuatro años de tolerancia y abrazos de parte del Presidente de la República.

¿Van a entrar marines a destruir laboratorios de fentanilo en México? No lo sabemos. Por desgracia, no se puede descartar. También dependerá de quien gane las elecciones en Estados Unidos el próximo año.

Hasta ahora Estados Unidos ha dejado pasar todas las agresiones de AMLO, su intromisión en la política interna de ese país al apoyar en persona la reelección de Donald Trump, sus ataques a la democracia liberal, la simpatía del partido gobernante con Vladímir Putin, y la defensa de dictaduras latinoamericanas.

Todo sea por tener estabilidad en el país vecino. Esa ha sido siempre la prioridad de Washington. Un México estable.

Igual hicieron con Mobutu en Zaire por tres décadas. Toleraron incluso que se volviera loco, con tal de que garantizara estabilidad en el país más grande de África subsahariana. Hasta que dejó de ser funcional.

El gobierno de México ya no garantiza estabilidad.

AMLO tiene el poder, pero no el control.

La frontera de Tamaulipas con Texas pertenece a Los Zetas.

Con el narco empoderado, dominio territorial, simbiosis de grupos criminales con el partido gobernante en varias entidades, el gobierno mexicano está en el ojo del huracán.

El daño causado por el Presidente al haberlos hecho sus compadres, a los narcos, no se puede reparar en el año y medio que le falta.

Recorre Estados Unidos la idea de que en el sur de la frontera florece un narco-Estado.

Y aquí el Presidente comete dos errores, en perjuicio de México.

El primero es tener a la población polarizada, enfrentada entre sí.

A diario fomenta la discordia entre mexicanos.

Y las intervenciones se han dado cuando hemos estado divididos.

La división interna dio como resultado la pérdida de la mitad del territorio nacional.

Otra intervención la tuvimos en la época revolucionaria, con Huerta en la Presidencia.

¿Para allá vamos?

El segundo error del Presidente en la estrategia para defender la soberanía ha sido envolverse en la bandera en lugar de atacar las causas por las cuales se puede desencadenar una agresión a México.

No es necesario leer la prensa estadounidense o la mexicana para ver el empoderamiento del narco en nuestro país. Basta con aventurarse en alguna carretera para saber que estamos en peligro.

Ayer dijo AMLO que no permitiría que países extranjeros intervengan en asuntos nacionales, y que él no iba a entrar a Estados Unidos a perseguir a las mafias que distribuyen fentanilo.

¿Cómo va a impedir que otros países intervengan en los asuntos mexicanos, si el gobierno de México interfiere en los asuntos domésticos de otros?

E interviene para apoyar las dictaduras de Nicaragua y Venezuela.

Interviene para apoyar un golpe de Estado en Perú.

Respaldó, con su solitario rechazo a condenarlo, el intento de golpe de Estado de Trump el 6 de enero de 2021.

Y fuimos el último país en reconocer el triunfo de Joe Biden.

Vivimos junto a un imperio. Lo sensato es aprovechar las oportunidades que ello representa, y tener la casa en orden, unida.

El Presidente ha hecho todo lo contrario.

Y ahora que pierde el control del país a manos de los que abrazó y dio trato privilegiado, los narcos, amaga con la peligrosa huida hacia adelante: la culpa es de los gringos, de los conservadores, la prensa…

AMLO confunde la soberanía nacional con el líquido negro y viscoso que se llama petróleo.

Confunde la buena disposición de Biden con debilidad ante él.

Confunde a los narcos con el pueblo bueno.

Confunde a sus gobernados, que somos todos, con leales y enemigos que conjuran contra él.

Estados Unidos entra en un proceso de sucesión presidencial, y México será el tema. Migración y narcotráfico.

Y la actitud de nuestro presidente le deja cada vez menos espacios a Biden para cubrirnos ante republicanos, demócratas y la opinión pública de su país.

Sí, México está en peligro. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 32)

Cartones

Aprovechando

carton 1

(Xolo, 24 horas, La dos, p. 2)

carton 2

(Rapé, Milenio Diario, Al frente, p. 2)

carton 3

(Osvaldo, El Sol de México, Análisis, p. 44)

El infierno

carton 4

(Rictus, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 34)

carton 5

(Helio Flores, El Universal, Opinión, p. 21)

carton 6

(Obi, Reforma, Opinión, p. 10)

carton 7

(El Fisgón, La Jornada, Política, p. 4)

carton 8

(Hernández, La Jornada, Política, p. 5)