De buena fuente le adelantamos que el próximo lunes 12 de agosto se realizará la audiencia en la que Francisco Garduño, el todavía comisionado del Instituto Nacional de Migración, intentará por segunda ocasión que se le otorgue una suspensión condicional de todos los procesos penales por el incendio ocurrido el 27 de marzo de 2023 en la estación migratoria de Ciudad Juárez, donde murieron 40 personas y 27 más resultaron heridas.
El funcionario, que ha sido bien arropado por sus jefes, ha tratado de librarse de la responsabilidad de dicha tragedia ofreciendo pagar una pequeña cantidad como indemnización, lo que ha sido rechazado por los afectados, y eso que no se le investiga por homicidio ni lesiones, sino por ejercicio ilícito del servicio público. (El Sol de México, República, p.2)
LA SITUACIÓN en la zona fronteriza de Chiapas con Guatemala sigue muy tensa y es evidente el control que tienen los grupos armados.
AYER el que se hace llamar Autodefensas de Los Altos se dejó ver en al menos cinco municipios para amenazar a pobladores y retar a otro grupo criminal. Las autoridades estatales, empezando por el gobernador Rutilio Escandón, no han hecho una presencia efectiva y aunque dicen haber repartido despensas, lo que los pobladores quieren son garantías para vivir y trabajar en sus comunidades.
EL PRESIDENTE Andrés Manuel López Obrador dijo que sólo son 200 o 300 familias las que se han ido a Guatemala… y que eso no constituye “un éxodo”. Ojalá la discusión fuera semántica o incluso numérica. Los pobladores que han logrado escapar lo han hecho en condiciones muy difíciles, por territorios montañosos y con todos los riesgos para sus vidas.
LO QUE OCURRE no es para minimizarlo ni para descalificar a organismos civiles que en Chiapas llevan décadas trabajando en favor de las comunidades. Al contrario, esos grupos podrían ser muy importantes para el restablecimiento de la concordia y la paz en la región. (Fray Bartolomé, Reforma, Opinión, p.8)
El juez Brian Cogan, de la Corte Federal del Distrito Este en Brooklyn, rechazó ayer la petición del exsecretario de Seguridad Genaro García Luna de anular el juicio que lo encontró culpable de conspiración y haber recibido dinero del Cártel de Sinaloa, por violaciones al debido proceso y perjurio de seis testigos, porque “ninguno de los argumentos (que presentó la defensa) son suficientes para un nuevo juicio”, por lo cual, como programó, le dictará sentencia en octubre. Es una derrota para García Luna, pero también, por más extraño que parezca, para el presidente Andrés Manuel López Obrador.
La moción de anulación del juicio presentada en enero se sustentaba en ocho violaciones a las obligaciones Brady, que fuerzan a los acusadores a revelar toda la evidencia incriminatoria o exculpatoria en su poder para garantizar el debido proceso. Los fiscales no respondieron el fondo de la petición, pero alegaron que no podían ser tomadas como pruebas supervinientes. Cogan no le dio la razón a la fiscalía, pero descartó las evidencias que presentó la defensa.
César de Castro, abogado de García Luna, se mostró “profundamente decepcionado” por el fallo, en particular por haberse ignorado las pruebas que, alegó, probarían el perjurio del testigo colaborador Héctor Villarreal, extesorero del gobierno de Coahuila, que afirmó haber visitado el búnker de la Secretaría de Seguridad Pública en 2008, cuando se construyó en 2009, y que García Luna le ofreció el programa Pegasus, inexistente hasta 2010. Tampoco tomó en cuenta las pruebas que ponían en duda la veracidad de los dichos de varios exmiembros del Cártel de Sinaloa que declararon contra García Luna.
Una interpretación que hicieron juristas neoyorquinos de la resolución de Cogan es que mantuvo su criterio original sobre el caso, que legalmente puede hacerlo, descartando la evidencia de la defensa que lo llevara a reponer el juicio, a fin de no generar un precedente para casos futuros. Este matiz a la lectura de la derrota de García Luna en Brooklyn es el revés para López Obrador, porque dejó activos a todos los testigos que, con mentiras y dichos, convencieron al jurado de encontrar al exsecretario culpable.
El caso fue político, como lo planteó la moción para la anulación del juicio, pero Cogan, saliéndose de ese contexto, dejó abierta la puerta para que en el futuro, con los mismos testigos o nuevos que repitan el guion que presentó la fiscalía –De Castro probó también cómo habían puesto los acusadores de acuerdo a los criminales para declarar lo mismo–, se pueda juzgar a más políticos o funcionarios mexicanos. De haberse anulado el juicio, los testigos colaboradores habrían quedado invalidados para ser utilizados más adelante o para que dichos sin pruebas fueran tomados como evidencia.
Cogan dictará sentencia el próximo 9 de octubre y, como suele suceder en la justicia estadounidense, será voluminosa en años de cárcel –varias vidas para cumplirla–, lo que se hace para enviar un mensaje contra la impunidad, pero que en el proceso de apelación, fuera de los reflectores de la opinión pública, se van reduciendo significativamente. De Castro anunció que apelará el fallo de Cogan, por lo que el caso de García Luna está muy lejos de terminar. López Obrador, que durante casi cinco años lo utilizó en términos políticos y electorales, ayer reaccionó con moderación retórica al comentar sobre el fallo de Cogan, y dijo que era bueno lo que había sucedido en Brooklyn, porque habían hecho mucho daño. Fue interesante que no se regodeó ni aprovechó la oportunidad que se le presentó, con una inusual moderación.
No hay una explicación sobre su comportamiento, pero hay un contexto. López Obrador ofreció al gobierno de Donald Trump, a través de un emisario, todo lo que quisieran para frenar la inmigración a cambio de que los fiscales convencieran a García Luna de imputar a decenas de personas –los expresidentes desde Carlos Salinas, los exsecretarios de Gobernación y Hacienda, los principales empresarios y los dueños y periodistas de los medios de comunicación más influyentes– de estar vinculados con el narcotráfico.
Los fiscales se lo propusieron en cuatro ocasiones, a cambio de libertad en cinco meses, reparación del daño patrimonial –más de 5 millones de dólares– y trabajo en Estados Unidos. García Luna rechazó la propuesta con el argumento consistente de que no imputaría a nadie sin tener pruebas. Su negativa impidió que López Obrador, sin ensuciarse las manos, hubiera logrado el cambio de régimen que tanto anhelaba. Las pasadas elecciones le permitirán lograrlo, pero el cabo suelto es el que dejó Cogan en Brooklyn.
Cuando López Obrador pide que hable García Luna, quizá no se imagina lo que podría suceder. El exsecretario puede tomar la decisión de declarar, no en los términos que plantearon los fiscales, sino en los suyos. El universo de lo que pudiera emerger en Brooklyn tuvo una pincelada ayer en un despacho del The New York Times, donde dice que la captura de Ismael el Mayo Zambada se dio cuando iba a mediar entre dos políticos sinaloenses, identificados por periodistas como el gobernador Rubén Rocha, y Héctor Melesio Cuén, que le peleó la gubernatura, asesinado el mismo día de su detención.
La información que tienen el Departamento de Justicia y la fiscalía en Brooklyn incluye: al menos dos trasferencias electrónicas desde Culiacán a cercanos de López Obrador, después de que saludó a la madre del Chapo Guzmán, en 2020; declaraciones no judicializadas de entregas de dinero del Cártel de Sinaloa a sus campañas presidenciales de 2006 y 2012; declaraciones no judicializadas de un acuerdo de no extradición de Rafael Caro Quintero a cambio de apoyos para Morena en elecciones; declaraciones no judicializadas de entrega de dinero de La Familia Michoacana a un futuro secretario de Estado y a un líder de la cuatroté, y un expediente de la DEA sobre presunto financiamiento del narco a López Obrador que se entregó al entonces presidente Felipe Calderón.
Fuera de las transacciones electrónicas, lo demás son dichos, como los que el juez Cogan validó en preparación de la condena de García Luna. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, p.36)
La lista de personalidades invitadas a la toma de protesta a Claudia Sheinbaum se acordó entre la canciller Alicia Bárcena y quien la sucederá en el cargo, Juan Ramón de la Fuente, informó ayer la próxima presidenta.
A través de la Secretaría de Relaciones Exteriores (no del equipo de transición) se hizo la convocatoria, o sea que la responsabilidad, en rigor, es del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
La cancillería dijo a Reuters que se invitó a los dirigentes de todas las naciones del mundo con las que mantiene relaciones y a los organismos internacionales en que participa México.
Por encima de cualquiera, el invitado que sobresalta es Vladímir Putin, presidente de la Federación Rusa, por ser probable criminal de guerra contra quien, desde marzo de 2023, pesa una orden de captura de la Corte Penal Internacional, bajo la acusación de que perpetró la presunta deportación ilegal de niños ucranianos a Rusia.
El delito que se le imputa lo habría cometido a partir de febrero de 2022, cuando comenzó la invasión a Ucrania.
La detención ordenada se ajusta al Estatuto de Roma que la comunidad internacional adoptó en 1998 y México suscribió en la conferencia que tuvo lugar en la capital de Italia, donde se dispuso la creación de la Corte Penal Internacional.
¿Bárcena y De la Fuente desconocían tan grave acusación?
“Por protocolo”, se dice, fue que se hicieron las invitaciones y también, es de suponerse, deben haberlo hecho con el habitualmente ignorado por la 4T, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski (acusó ya el agravio), el descocado ultraneoliberal Javier Milei o el derechoso Benjamín Netanyahu.
Entre los 208 personajes convidados seguro que figuran tiranos latinoamericanos hermanados con AMLO, en primer lugar Miguel Díaz-Canel, de Cuba (huésped de honor y orador en la ceremonia del 16 de septiembre de 2021), el siniestro Daniel Ortega, de Nicaragua, y el virolo represor Nicolás Maduro (sin demostrarlo asegura que ganó la presidencia), quien a solo diez días de las elecciones encabeza el asesinato de 24 venezolanos, el encarcelamiento de más de dos mil 200 (y anuncia la construcción de dos penales de máxima seguridad para sus detractores quienes “¡nunca nunca ganarán el poder político!”, ha vociferado.
Y pese a que AMLO tiró la primera piedra respaldando y queriendo refugiar a un delincuente, es comprensible que por la violación de la embajada mexicana en Quito no haya sido invitado el de Ecuador… pero tampoco se invitó a la presidenta legítima de Perú, Dina Boluarte.
Eso únicamente se explica porque AMLO la detesta y descalifica la legalidad de su mandato, ya que cree que el bribón Pedro Castillo no es el corrupto ex presidente que quiso dar un autogolpe de Estado.
Lo vergonzoso con la peruana es que se contradice a la cancillería (en que dizque se consideró a los países con que mantiene relaciones) porque, aunque reducido al mínimo, México mantiene su vínculo diplomático con Perú.
¿Del saliente y la entrante, a quién atribuir estos penosos desatinos…? (Carlos Marín, Milenio, Política, p.5)
La declinación de Biden le abrió paso hacia la candidatura demócrata a una mujer carismática y probadamente capaz en los cargos públicos que ha ocupado y, lo más importante: Kamala Harris es un buen ejemplo de la ensalada racial que es Estados Unidos, aunque mucho les duela a los WASP, gringos blancos, anglosajones y protestantes.
Cuando Joe Biden iba de una pifia a otra y Donald Trump marchaba adelante en la carrera presidencial, el equipo de Claudia Sheinbaum se puso a estudiar opciones para resistir al energúmeno, pues todo presagiaba malos tiempos para nuestro país.
La declinación de Biden le abrió paso hacia la candidatura demócrata a una mujer carismática y probadamente capaz en los cargos públicos que ha ocupado y, lo más importante: Kamala Harris es un buen ejemplo de la ensalada racial que es Estados Unidos, aunque mucho les duela a los WASP, gringos blancos, anglosajones y protestantes.
El colega Carlos Martínez García informó que el padre de Kamala, nacido en Jamaica, es el doctor en economía Donald J. Harris, quien ha sido profesor en varias universidades de Estados Unidos y actualmente se desempeña como director del Departamento de Economía en la Universidad de Stanford, donde es el primer negro en ocupar tan importante cargo.
La madre de Kamala fue la doctora en biomedicina Shyamala Gopalan, quien nació en la India y se tituló por la Universidad de Stanford, donde conoció a Donald Harris en los años 60, cuando ambos eran activistas del movimiento por los derechos civiles. Se divorciaron en 1972 y ella se hizo cargo de la crianza de su hija.
De modo que Kamala no es blanca ni anglosajona, aunque sí es protestante, pero de una iglesia bautista, cuyo pastor, Amos Brown, fue discípulo de Martin Luther King, y practica un cristianismo solidario y liberal que, por ejemplo, otorga a las mujeres libertad sobre su cuerpo.
La candidatura de Kamala Harris permitirá conocer hasta dónde sigue presente el racismo en Estados Unidos, pues no se olvide que a Trump lo apoyan fuerzas que practican sistemáticamente la discriminación y no ocultan sus tendencias fascistas, como el propio candidato republicano.
Otro acierto de la precandidata demócrata es haber elegido a Tim Walz como su compañero de fórmula. Como se sabe, los vicepresidentes de EU suelen tener contadas funciones y poca relevancia, pero todo indica que Walz es hombre de ideas y con reconocida habilidad política.
De origen modesto, huérfano a edad temprana y miembro de una familia que tuvo que depender en buena medida de los programas de bienestar social, Walz, a los 17 años, se alistó en la Guardia Nacional de EU, en la que permaneció dos décadas. Luego fue profesor de bachillerato y asesor de una agrupación estudiantil en la que había heterosexuales y gays declarados.
Varias veces diputado y gobernador de Minnesota desde 2019, en ese estado logró para familias con un ingreso anual inferior a 80 mil dólares, que los jóvenes (incluidos los indocumentados) puedan ingresar gratuitamente a las universidades del estado, en un país donde cursar una licenciatura exige a los padres ahorrar durante décadas. No menos importante ha sido el programa de desayunos y comidas gratuitas en las escuelas de varios niveles. Igualmente, por cada hijo, los padres reciben un crédito fiscal, el aborto es libre, existe un programa de vivienda a precios accesibles y se promueve el empleo de energías no contaminantes. Para financiar sus programas ha realizado reformas fiscales que, como era esperable, suscitaron protestas de los sectores pudientes.
Si resulta exitosa la dupla demócrata, podremos esperar que disminuyan las tensiones y las ofensas para México y tal vez se eviten medidas hostiles, como las prometidas por Trump, entre otras, la construcción de muros fronterizos, las redadas y expulsiones masivas de mexicanos, el intervencionismo de sus cuerpos policiacos en el territorio nacional, el frecuente cierre a uno u otro tipo de importaciones y mil cosas más.
Las economías de ambos países han llegado a un grado de integración que sería muy costoso suprimir. En Estados Unidos viven entre 12 y doce y medio millones de nacidos en México, en tanto que de este lado de la frontera eran, en 2022, un millón 600 mil, según Washington. Pese a la disparidad de esos conglomerados de migrantes, la presencia de uno y otro es muy relevante.
Del siniestro dueto de Trump y el neonazi JD Vance, poco bueno podríamos esperar los mexicanos. Con Kamala Harris y Tim Walz por lo menos podemos alimentar la esperanza. Y en estos tiempos eso no es poco. (Humberto Musacchio, Excélsior, Nacional, p.9)
El presidente lleva 13 días diciendo que no sabe qué pasó con el Mayo Zambada. En realidad, el gobierno estuvo enterado antes, durante y después de la operación que concluyó con la detención en Estados Unidos de Ismael “El Mayo” Zambada y de su ahijado Joaquín Guzmán López.
Mandos del Ejército, de la Marina, del gobierno de Sinaloa y del gobierno federal —que pertenecen al mismo partido político— fueron informados por las dos facciones del cártel de Sinaloa (Los Chapitos y los de El Mayo). Unos les dijeron lo que iba a suceder. Otros les contaron lo que ya había sucedido.
Incluso se sabe que un funcionario del gobierno morenista de Sinaloa estuvo en el lugar donde se quedaron de ver Joaquín Guzmán hijo y el Mayo Zambada, y que fue el punto de partida de la operación de la entrega. De esa casa de seguridad se trasladaron al aeropuerto de Culiacán, donde autoridades registraron el despegue de la aeronave que habría llevado a bordo a un piloto americano y a un agente de inteligencia del gobierno de Estados Unidos.
Las fuentes de primer nivel que me han revelado esto no tienen certeza de que el presidente López Obrador haya estado informado desde antes sobre el operativo en suelo mexicano, ni siquiera inmediatamente después de que se concretó la detención en territorio estadounidense. Pero sí tienen la certeza de que tan pronto surgió la noticia, en el gobierno federal tuvieron la película completa de lo que había sucedido. Y esa película llegó casi de inmediato al escritorio del presidente. Así que la decisión de López Obrador de acumular 13 días haciendo como que no sabe qué pasó es una decisión política para presionar a un posicionamiento oficial del gobierno estadounidense.
El gobierno federal mexicano siempre ha sabido dónde está y dónde se mueve Ismael “El Mayo” Zambada. Lo mismo con los hijos de “El Chapo” Guzmán. De hecho, el gobierno morenista de Sinaloa, que encabeza Rubén Rocha, tiene comunicación permanente con ambos grupos. Los respeta, los protege, los incluye en la operación política y hasta les ha dado contratos de obra pública. Lo único que el obradorato les pide a cambio —porque esa es una instrucción que llega desde el gobierno federal— es que no se maten, que no descompongan los índices de violencia en el estado y en el país.
La política de López Obrador ha sido explícita: no capturar a los grandes capos del narcotráfico. Lo declaró abiertamente el presidente desde el inicio del sexenio. Cuando ha caído algún nombre grande del crimen organizado ha sido por presión de Estados Unidos y de manera pactada. Por eso primero liberaron a Ovidio Guzmán en medio de una balacera que se extendió a todo Culiacán en 2019, y tres años después lo volvieron a aprehender y esta vez lo extraditaron sin que mediara un solo disparo, tres días antes de que llegara de visita a México el presidente de Estados Unidos, Joe Biden.
A ver si en estos días el presidente se decide y cuenta lo que desde hace días sabe sobre el caso del Mayo Zambada. Mientras tanto, se sabe que ya se reunieron, con la venia de Palacio Nacional, un representante del Mayo, uno de los Chapitos y uno del cártel del Golfo. El objetivo: que toda esta sacudida no derive en un baño de sangre.
SACIAMORBOS
Cuentan que el Mayo ya empezó a declarar ante el gobierno americano. Y que está hablando de políticos mexicanos. A diferencia del barrido de escaleras, platican que él está yendo de abajo hacia arriba. (Carlos Loret de Mola, El Universal, Nación, p.7)
El retiro de Biden cambió el escenario político en EU. Un sector de opinadores había considerado que se tardó en replegarse, lo que hizo perder días significativos, mientras Trump seguía adelante en las encuestas, en la recaudación de fondos y más importante aún, dueño del entorno mediático. Antes de la renuncia de Biden el ganador hubiera sido Trump, no obstante, Kamala retiró los reflectores que lo iluminaban. Si las elecciones fueran hoy ella sería la ganadora.
Kamala desconcertó a los republicanos, los pilló sin estrategia, por lo que Trump optó por la vía fácil del insulto y la descalificación, además de introducir el componente racial. Según Trump, Kamala no es negra, sino india y jamaiquina que se hace pasar por afroamericana. Un poco el mundo al revés: si recordamos a Michael Jackson que hizo todo lo imaginable para no parecer negro, ahora Trump ataca a Harris por hacerse pasar por negra, para engañar a un segmento de electores.
La llegada de Walz, como integrante de la fórmula, dio otro impulso a la causa kamaliana. Walz es blanco, típico exponente de la clase media, algo gordo y pelón, con un historial intachable de cualidades personales, una persona “como tú y como yo”. Forma parte del ala progresista del Partido Demócrata, más cerca de la izquierda que del centro político. Ha estado —como Kamala— a favor de la legalización de la mariguana, del aborto, impulsó las comidas gratuitas para estudiantes de las escuelas públicas. A favor del control de las armas de fuego, a pesar de ser un entusiasta cazador al que la ultraconservadora National Rifle Association (NRA) le dio donaciones para sus campañas.
La elección de Walz es un acierto por sus atributos personales, por ser alguien normal, un ciudadano de a pie, que contrasta con Kamala Harris. La candidata presidencial forma parte de la élite, situada en las alturas políticas toda su carrera. Como vicepresidenta es la mujer que ha ocupado el más alto cargo en la historia política de Estados Unidos. Fue Abogada General de California, senadora por ese estado antes de ser vicepresidenta de Estados Unidos. Walz fue el entrenador del equipo escolar de futbol americano, integrante de las fuerzas armadas, pero a nivel de infantería, llegó apenas a sargento. Los republicanos lo presentan como un izquierdista de cuidado, casi un comunista, un político extremista. Si estuviera en México dirían que es un peligro. Hablando de México, Walz impulsó, como gobernador de Minnesota, la entrega de licencias de conducir a los inmigrantes, así fueran “ilegales” (indocumentados), lo que parece nimiedad, si bien las licencias de manejo en el Estados Unidos profundo son tanto o más importantes que los mismos pasaportes.
Es probable que la táctica demócrata abandone el ataque personal a Trump. Kamala deberá presentar la estrategia para combatir la inflación, es más importante que intercambiar ofensas y seguir hablando de Trump, plantear cómo se va a recomponer la economía. Mejor discutir cómo reducir los precios que estar pendiente de los procesos penales del contrincante. Harris deberá dejar de pensar como fiscal de justicia y más como candidata a la presidencia.
Hace algunos años, cuando visitó México, AMLO la recibió en Palacio Nacional con la expresión “presidente Kamala”, lo que entonces pareció gazapo. El tiempo (noventa días) dirá si el entonces presidente mexicano se equivocó o fue premonitorio. La campaña en Estados Unidos tiene un tinglado jamás imaginado: uno de los candidatos está formalmente declarado culpable por un jurado, frente a otra, que como fiscal, dedicó la mayor parte de su carrera profesional a perseguir delincuentes. (Mario Melgar-Adalid, El Universal, Opinión, p.21)
Cartón

(Magú, La Jornada, Política, p.4)