Programa de Asuntos Migratorios
En el norte de la ciudad de México se ha gestado una pequeña comunidad que es diversa y pluricultural. La calle Clave, lugar en el que se encuentran antiguos rieles de unas vías del tren, es el espacio en el que se establecieron decenas de familias que están a la espera de tener condiciones de vida dignas.
Durante una de mis visitas a este campamento observé a una familia mexicana que se acercó a compartir ropa y pañales. De entre las casas de campaña se percibían a niñas y niños que asomaban sus rostros con curiosidad por la llegada de personas externas al campamento. Mujeres de origen afrodescendiente con bebés en brazos se acercan para saber lo que ofrecen. A lo lejos, se escucha la voz de una mujer venezolana: “Por favor, usted reparta la ayuda para que nos llegue a todos”.
La permanencia en estos asentamientos irregulares que se encuentran en diversos puntos de la Ciudad de México y zona metropolitana puede ser de tres hasta seis meses, o más. Algunas personas están a la espera de obtener el reconocimiento de la condición de refugiada en México, o de obtener una cita para ingresar a Estados Unidos como solicitantes de asilo.
Provienen de distintas partes del continente americano (Haití, Venezuela, Ecuador, Cuba, Honduras, Guatemala, etc.) y de otras partes del mundo (como Angola, China, India, Afganistán, etc.). Están huyendo de condiciones de pobreza, violencia, marginalidad, debido a emergencias ambientales, o incluso han sido despojadas de sus tierras o bienes naturales. También ocurre que la migración forzada es producto de la interacción entre estos diversos factores.
Bajo estas condiciones, la protección de la salud se convierte en una necesidad prioritaria. Existen graves afectaciones a la salud relacionadas al tránsito migratorio: al llegar a México, las personas migrantes tienen cuadros de salud caracterizados por enfermedades respiratorias, gastrointestinales, musculares, padecimientos dermatológicos, así como infecciones urinarias o de transmisión sexual, entre otras (MSF et al, 2020).
Además, provienen de lugares con sistemas de salud debilitados, con graves carencias en medicamentos o infraestructura hospitalaria. Incluso, esta situación puede ser un detonante de la migración de familias con integrantes que padecen enfermedades crónicas o degenerativas, o viven con alguna discapacidad. A esto se suman las necesidades de atención a la salud sexual y reproductiva, la cual se ve gravemente afectada debido a las diversas formas de violencia presentes en territorio mexicano, incluida la sexual. La atención a la salud durante el embarazo, parto y puerperio es de preocupación particular, ya que en casi todos los campamentos hay mujeres embarazadas o con bebés recién nacidos.
El trabajo de acompañamiento que realizan los albergues ha favorecido la creación de rutas de canalización para la atención a la salud en los servicios públicos. Sin embargo, aún existen barreras debido a la discriminación y la xenofobia. Las detenciones migratorias arbitrarias, o los desalojos forzosos de los campamentos por parte de las autoridades encargadas de la gestión migratoria, son acciones que incrementan las afectaciones a la salud física y mental de las personas migrantes.
En el caso de las detenciones, las personas son orilladas a buscar rutas migratorias que les coloca en mayor riesgo de ser víctima de violencia por parte de grupos criminales. O bien, se ha observado que niñas y niños han presentado cuadros de pánico a causa de los desalojos, tal como ocurrió la noche del 5 de junio de 2024, en la Plaza Giordano Bruno.
La protección de la salud de las personas migrantes es un reto colectivo, no solo para los servicios de salud públicos y privados, sino también para las comunidades de tránsito y de destino que cohabitan en una ciudad santuario, como es la ciudad de México (según lo marca la Ley de Interculturalidad y Atención a Migrantes), y con programas y modelos de atención a la salud sexual y reproductiva especializados e incluyentes. Sin olvidar que es una ciudad con un modelo de atención para la Interrupción Legal del Embarazo con 17 años de antigüedad. (Samantha Mino Gracia, El Universal, Online)
El gobierno gringo estima que hay poco más de seis millones y medio de mexicanos viviendo ilegalmente en EU. El riesgo al que se enfrentan es, desde luego, la deportación. Casi toda la conversación se centra en el papel de esos migrantes en EU: Trump asegura que son criminales, promete que los detendrá con una pared, otros nos muestran que las nacionalidades son un anacronismo.
Sabemos -tenemos los datos- que los migrantes mexicanos (y de otras nacionalidades) no solo no son una amenaza para EU, sino que los ciudadanos gringos les deben las gracias: los migrantes desempeñan los cargos que nadie quiere y cobran un salario mucho menor que los gringos. Es decir, contribuyen a que la sociedad esté mejor.
Poco sabemos de qué pasa con aquellos que son devueltos a sus países. Podemos pensar, por ejemplo, que después de tener una vida hecha en Indiana, un padre de familia que es deportado de un día a otro a su natal Atlixco cae en una profunda depresión y se suicida.
Dos economistas mexicanos, Daniel Osuna Gómez y Eduardo Medina Cortina, estudiaron el impacto de la deportación de migrantes mexicanos en sus comunidades. En particular, el efecto sobre los negocios en esas localidades. Cuando personas con doctorado empiezan a mudarse a nuestra colonia es difícil que algún vecino se oponga. Sin embargo, cuando la calle empieza a llenarse de trabajadores de la construcción y otros sectores donde los salarios son bajos (como tiende a ser el caso de los migrantes deportados) es fácil que los comentarios despectivos proliferen.
Utilizaron los datos de uno de los programas de deportación más grandes que se han implementado en EU, Secure Communities, para rastrear la cantidad, el tipo de deportaciones y el lugar a dónde fueron deportados. Por tipo de deportación me refiero a la cantidad de tiempo que el migrante pasó en EU antes de ser deportado.
Al correr las regresiones encontraron que en los municipios mexicanos a donde llegaron más deportados hubo un incremento estadísticamente significativo en el número de nuevos negocios, especialmente negocios informales y pequeños.
¿Cómo es que aquellos que son deportados (lo cual podría ser visto como un fracaso para ellos) se vuelven emprendedores? Hay dos mecanismos: por un lado, los migrantes deportados envían sus ahorros a México. En muchos casos vendieron las pertenencias que tenían en EU y también enviaron ese dinero a México. Al regresar, desempleados, usan ese dinero acumulado para iniciar un nuevo negocio. Otros migrantes, preocupados por una posible deportación, probablemente también envían más dinero a sus familias, lo que significa que el programa de deportaciones pudo incluso provocar un incremento en el emprendimiento entre las personas que ya vivían en México.
Por otro lado, la acumulación de capital humano y financiero. Los migrantes deportados aprendieron los gajes de ciertos oficios en EU, e incluso cómo administrar un negocio, e implementaron esos conocimientos al volver a su municipio natal. Los datos muestran que aquellos deportados que pasaron más tiempo con los gringos son los que tuvieron más influencia en el éxito de los nuevos negocios.
Los beneficios no son solo para aquellos que recién llegan de Estados Unidos. Los datos muestran que ahí donde llegan más migrantes deportados incrementa la probabilidad de que los negocios que ya existen sobrevivan, incrementen sus ganancias y hasta exporten por vez primera. Esto se explica por el incremento en la demanda que resulta de los nuevos habitantes.
La contraparte de esto es que los negocios creados son informales. En México más de la mitad de los empleos siguen en la informalidad. Eso implica que no pagan impuestos, lo cual nos afecta a todos, pero también implica que quienes trabajan en esas empresas no tienen seguro médico, carecen de las protecciones que todo empleado debe tener.
Estos resultados no significan que debemos aplaudir las deportaciones. Además de la potencial separación de familias, violaciones a derechos humanos durante el proceso y los efectos adversos en la salud mental, hay un argumento más esencial: ¿cuál es la diferencia entre una persona que tiene un pasaporte que dice Francia y otro que dice Honduras, salvo las letras y el diseño de ese pequeño cuadernito rectangular? ¿A qué propósito atienden hoy las demarcaciones fronterizas?
La moraleja es que en esas ciudades, me refiero a aquellas a donde se van los migrantes mexicanos en busca de una mejor vida, de hecho sí les dan una mejor vida, no solo en la forma de más dinero, sino de capacitación para abrir un negocio por su cuenta y que ese negocio funcione. Nuestros legisladores deberían estar estudiando qué aprenden los migrantes mexicanos en EU, para implementar políticas públicas que les permitan aprenderlo aquí, sin necesidad de irse. Pero no, en cambio están empeñados en destruir la autonomía del poder judicial. (Carlos Alejandro Noyola, El Universal, Online)
Una cosa es la retórica electoral de Trump sobre migración, en la que se saltan todas las bardas posibles, se propalan los insultos más procaces y se proclaman las exageraciones más idiotas y otra es llevar a cabo una política migratoria en el día a día y año con año.
Su propuesta de ser dictador por un día y cerrar la frontera puede concretizarse en algo teatral y televisivo, pero los mexicanos ya aprendimos, con la pandemia, que se puede cerrar la frontera para el tráfico de personas y no pasa nada, pero no se puede cerrar el tránsito de productos y mercancías porque les afecta demasiado.
Quizá la peor patraña de Trump fue la de separar a las familias de migrantes y solicitantes de asilo y mandar a los niños a diferentes instituciones del país, sin ningún orden, control o concierto. Pero sus promesas de deportar a millones de indocumentados no se cumplieron y sus cifras fueron mucho menores que las de Obama, que llegó a deportar a 3 millones en ocho años. Lo que sí se incrementó, en 25 por ciento, fue la persecución al interior, con la consecuencia nefasta de separar familias. El documental de Nexflix sobre la actuación de la migra, del ICE, es muy elocuente al respecto.
Tampoco hubo redadas en centros de trabajo, la única que recuerdo fue la de una empacadora pequeña, regenteada por un chino y que capturó a una centena de migrantes, especialmente centroamericanos. Nunca tocó a las grandes empacadoras de carne y de aves, que contratan a miles de migrantes indocumentados.
Tal vez el efecto más funesto de su administración fue su afán de generar miedo en la población migrante en situación irregular. Pero no pudo, por ejemplo, quitarle la protección a los dreamers y tampoco a los que tienen estatus temporal protegido.
En letra impresa, su plan consiste en seis puntos: deportar a un millón por año, militarizar la frontera, incrementar centros de detención, aplicar y expandir su plan de tercer país seguro, resucitar el decreto en el que impide la entrada a ciudadanos musulmanes y reformar la constitución para quitar el derecho de nacionalidad por nacimiento.
Si bien la retórica de Trump habla de 20 millones de indocumentados, en la práctica son 12 y deportar a un millón por año es una cifra plausible. Se hizo en 1954 con la operación espalda mojada, principalmente con trabajadores agrícolas; sin embargo luego de unos meses tuvieron que abrir otra vez la puerta y poner en marcha el programa bracero. El problema es a dónde los va a deportar y si se va a aplicar su amenaza de capturar y deportar a México, lo que incluye extranjeros.
Militarizar la frontera, construir el muro e incrementar el personal de la patrulla fronteriza puede hacerse, pero requiere de mayor presupuesto y eso queda en manos del Congreso. Habrá que ver cómo se distribuye el pastel de legisladores y senadores.
El plan de construir más centros de detención y utilizar recintos militares es una medida acorde con el plan de empezar la cacería de migrantes irregulares y contar con instalaciones con capacidad para albergar a unos 80 mil o 100 mil migrantes, mientras se da el proceso de deportación, que requiere de burocracia, organización y disponibilidad de aviones para el caso de los que no son mexicanos.
Por su parte, Trump piensa forzar a varios países de la región a firmar acuerdos de tercer país seguro, ya lo hizo con Guatemala y Honduras y trató, por todos los medios, de involucrar a México; no obstante, nuestro país sólo hizo varias e importantes concesiones, sin firmar nada. Con esta medida se pretende controlar el flujo de solicitantes de refugio que tendrían que solicitarlo, primero en esos países que se consideran seguros, pero que obviamente no tienen condiciones mínimas para albergar y procesar a miles de solicitantes.
El asunto de los musulmanes tiene que ver con sus fobias racistas, aunque también con evitar algunos de los problemas que tienen los países europeos con el radicalismo islámico. No obstante, en una de sus últimas declaraciones, Trump se refirió a que llegaban migrantes de todo el universo e incluso de países de los que él no tenía noticia (sic). Ventajosamente ya no habla de mexicanos y generaliza que esos migrantes son delincuentes, enfermos mentales, ex presidiarios, traficantes de drogas y de personas, y demás apelativos.
Finalmente, vuelve a tocar el punto de la Enmienda 14 y el cambio de la constitución sobre el derecho que otorga la nacionalidad a todos los nacidos en su suelo, incluidos los esclavos, derecho conquistado precisamente en la guerra de secesión y la supresión de la esclavitud. Un tema álgido, rara vez se reforma la constitución, pero la propuesta ya se ha planteado por la derecha en múltiples ocasiones. Los más afectados, sin duda, serían los mexicanos, por ser el grupo inmigrante mayoritario.
Como quiera, esta medida también afecta de manera simbólica a los negros, que ganaron la ciudadanía con esa enmienda.
Pero ya lo dijo Donald Trump, él ha hecho más por los negros que el mismísimo presidente Lincoln. (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 16)

(Llera, Excélsior, Nacional, p. 12)