Entre esas providencias, la más evidente es concretar ya la remoción de Francisco Garduño del Instituto Nacional de Migración, especialista en centros de reclusión.
Si a su puesto llegará en diciembre Sergio Salomón Céspedes –como anunció la mandataria hace un mes–, el todavía gobernador de Puebla debería pedir licencia y asumir la titularidad del Instituto, siempre y cuando entienda el fenómeno migratorio y el problemón supuesto en el amago de Donald Trump de realizar deportaciones masivas. Si no es así y la posición se le ofreció para no dejarlo sin chamba, lo correcto es rectificar la decisión. Ante lo cantado, el comisionado del Instituto Nacional de Migración no puede ser un improvisado.
Lo increíble es que Francisco Garduño, sujeto a proceso por el incendio que provocó la muerte de 40 migrantes en marzo de 2023 en una prisión improvisada con rótulo de Estación Migratoria, siga al frente de esa institución. Que Andrés Manuel López Obrador lo solapara solo se explica por la costumbre del exmandatario de extender carta de impunidad a los suyos así hubieran incurrido en actos de lesa humanidad, como es el caso. Retirar o no del cargo a ese funcionario es un mensaje. ¿Qué señal se quiere enviar a Estados Unidos? En todo caso, sostener a un cuadro vulnerable como lo es Garduño en un capítulo del mayor interés del delincuente que, en breve, presidirá Estados Unidos obliga a la reflexión.
Asimismo, es menester definir qué Secretaría lleva la política migratoria. Se endosó a Relaciones Exteriores sin separarla de Gobernación, dejándola en el limbo. ¿Qué definición se va a tomar ahí? (René Delgado, El Financiero, Enfoques, p. 29)
Que la presencia de Ardelio Vargas Fosado en el Congreso del estado, justo cuando la conversación giraba en torno a los resultados electorales en la Unión Americana, no puede interpretarse como una simple casualidad. La intención fue hacerse notar y dejar claro que será una pieza clave en el equipo de Sergio Céspedes, una vez que deje de ser gobernador de Puebla y asuma el cargo que ocupó en el pasado: Comisionado del Instituto Nacional de Migración. En cualquier caso, sustituir a Francisco Garduño es lo mejor que le podría pasar al país. (Milenio Puebla online)
Donald Trump regresa a la Casa Blanca con un renovado apoyo popular, sin nada que perder y con un discurso más radical que nunca. Su triunfo implica retos importantes para el gobierno mexicano, tanto por las formas frontales y poco diplomáticas del personaje, como por el fondo de sus políticas y deseos. México se enfrenta a una relación bilateral con un vecino dispuesto a imponer su agenda sin concesiones.
Además de la migración, Trump amagará fuertemente con los temas de narcotráfico (fentanilo) y crimen organizado. Hay algunos republicanos que incluso han calificado a estos grupos como “terroristas”, lo que podría marcar el inicio de una nueva narrativa intervencionista en medio de una relación desgastada en materia de cooperación en el tema de seguridad. Trump ha amenazado directamente al gobierno mexicano con imponer aranceles si no se detiene la migración y lo hará ahora también, con el flujo de drogas. El día de ayer, en entrevista con NBC News, anticipó que su primera acción como presidente será cerrar la frontera a los indocumentados y lanzar una guerra contra los narcos. Por otro lado, aunque es cierto que las políticas migratorias de Obama y Biden fueron restrictivas y perjudicaron a la población migrante, y que tanto ellos como Trump, deportaron a muchas personas, la realidad es que existen importantes diferencias a señalar. En primer lugar, las formas de los demócratas cambian radicalmente con las del republicano. El lenguaje agresivo y racista de Trump tiene consecuencias tangibles. Su discurso conecta con los miedos de muchos estadounidenses y con el racismo de otros, lo que se traduce en un aumento de la violencia. Según informes del FBI, los crímenes de odio en contra de migrantes, principalmente latinos, aumentaron casi un 20% durante su anterior administración, alcanzando su nivel más alto en 28 años.
En segundo lugar, tanto el perfil de las personas deportadas como el tipo de delitos por los que se les expulsa son distintos. Trump modificó las prioridades de deportación para incluir no solo crímenes graves, sino faltas administrativas y delitos menores. Implementó revisiones en el interior del país, en contraste con el enfoque tradicionalmente aplicado por los demócratas, centrado principalmente en la franja fronteriza. Esto llevó a la puesta en marcha de puntos de revisión aleatorios y citatorios del ICE que derivaron en la detención de miles de personas. Se realizaron arrestos incidentales mediante redadas en domicilios y comunidades habitadas por personas indocumentadas, lo que puso en la mira no solo a quienes acababan de llegar al país, sino también a aquellos que llevan años o incluso toda su vida en Estados Unidos. La niñez migrante también enfrentó mayores abusos y una amenaza constante.
Trump se presenta esta vez con más poder que nunca. Además del control republicano del Senado y probablemente también de la Cámara de Representantes, cuenta con menos trabas en el Poder Judicial. No hay que olvidar que muchas de sus ocurrencias, y políticas extremas de su primer periodo, fueron frenadas por cortes federales y la Corte Suprema. Sin embargo, se encargó de colocar a muchos de los jueces federales y a tres del tribunal supremo. Durante este mandato podrá nombrar a 2 más, lo que facilitará la implementación de políticas más restrictivas y perjudiciales para los migrantes. También se van a complicar los casos de refugio pendientes, particularmente los relacionados con la protección de mujeres víctimas de violencia doméstica y se endurecerán los requisitos para la obtención de asilo. Además, Trump prometió que fortalecerá la política de “desnaturalización”, con la que pretende despojar de la ciudadanía a estadounidenses naturalizados e incluso quitar la ciudadanía a hijos de personas indocumentadas. Todo esto genera una sensación de inseguridad y temor en un sector ya vulnerable. Así que la protección y apoyo desde la red consular mexicana y aliados será fundamental.
En suma, entre la soberanía y la realidad de la relación bilateral, el gobierno mexicano se enfrenta a un periodo de cuatro años difíciles, en los que las tensiones sobre migración, seguridad y economía pondrán a prueba su capacidad de negociación. (Eunice Rendón, El Universal, Nación, p. A7)
El nombre de esta columna está tomado del libro de Alan Riding Vecinos distantes. Un portarretrato de los mexicanos, publicado en 1985, que fue el primer esfuerzo por explicar a una audiencia universal la complejidad de la cultura mexicana, sus matices, su carácter sibilino, su elasticidad inmoral y lo diferente que somos de Estados Unidos. El libro de Riding, un agudo periodista británico que fue corresponsal del The New York Times por medio siglo, comenzaba con esta afirmación: “Probablemente no existen en el mundo dos países tan diferentes como México y Estados Unidos que vivan lado a lado”.
Muchas de esas diferencias se fueron achicando por la integración económica, pero los recelos, por la naturaleza de sus experiencias, se mantienen prácticamente intactos. El libro de Riding viene a la memoria porque ayer, por primera vez, la presidenta Claudia Sheinbaum habló con Donald Trump, presidente electo de Estados Unidos. No podía haber sido una plática de vecinos más distantes, más allá de enmarcarse en una historia bilateral compleja, sino porque, además, son la antítesis uno del otro.
Sheinbaum se encuentra demasiado lejos de él. Educada en la Universidad de California en Berkeley, epicentro de resistencia y protesta, cuna del movimiento de la libertad de expresión, con origen judío y mujer. Trump, racista, misógino e hipermachista, es tan altanero como grosero. Trump no tiene filtros, como lo prueba su memorable animosidad con la excanciller federal de Alemania Angela Markel, que en algún momento lo comparó –sin que hasta hoy se sepa si entendió– con Adolfo Hitler. En todo caso, Trump le dijo “estúpida” durante una llamada telefónica, y con sus asesores se refería a ella como “la perra Merkel”. Sheinbaum también es grosera en privado, intolerante y con un fuerte temperamento, sin saberse hasta dónde pudiera llegar ante uno de ese tipo de arrebatos de Trump. Por lo pronto, de saque, Sheinbaum dijo que su conversación fue “cordial”.
Había anticipado que buscaría hablar sobre la agenda bilateral, pero aunque lo haya hecho, habrán sido generalidades porque el tiempo no permite profundizar. Lo que sabemos de antemano es que la Presidenta discrepa de los dichos de Trump sobre la poca cooperación de México en materia migratoria, y minimiza –o esconde de esa manera su temor– que, tal como lo haya advertido, imponga aranceles descomunales a los productos mexicanos. Cómo vendrá la mano de Trump a partir del 20 de enero próximo, no lo sabemos, pero la posibilidad de una pesadilla está traducida en un documento de 922 páginas que es el punto de partida del nuevo gobierno, elaborado por la Fundación Heritage, un tanque de pensamiento ultraconservador que en los 80, durante la administración Reagan, produjo materiales incendiarios e intervencionistas contra México.
La hoja de ruta se llama Proyecto 2025, del cual Trump aseguró durante su campaña que no tenía vinculaciones con los autores del documento. Sin embargo, la cadena de televisión CNN encontró que al menos 140 personas que trabajaron en lo que llamaron “Mandato para el Liderazgo” habían sido funcionarios en su gobierno. Kevin Roberts, el presidente de la Fundación Heritage, que trabajó en el equipo de transición de Trump en 2016 y fue uno de los principales promotores para descarrilar la elección presidencial en 2020, ha descrito públicamente a esta organización ultraconservadora como un instrumento para “institucionalizar el trumpismo”.
El Proyecto 2025 establece una serie de políticas públicas que reestructuran radicalmente al gobierno y proponen derogación de leyes y aprobación de nuevas en varios campos, como la inmigración y el asilo. Apunta como objetivos del endurecimiento de sus acciones a comunidades de inmigrantes, donde plantea redadas y deportaciones masivas, terminar con el otorgamiento de la ciudadanía por nacimiento –para evitar que inmigrantes indocumentados puedan tener un pie legal en Estados Unidos–, retomar la separación de las familias –que se suspendió en el gobierno de Joe Biden por su crueldad y violación de derechos humanos– y desmantelar el sistema de asilo.
Trump tocó todos estos puntos en sus mítines y entrevistas durante la campaña. En el campo de las redadas, quiere reducir las limitaciones que tienen las autoridades para detener a quien consideren, tan subjetivo como se oye, a quienes les parezcan migrantes, llevarlos a centros de detención (que recuerdan los campos de concentración contra japoneses en la Segunda Guerra Mundial) que han sido propuestos en el Proyecto 2025, y deportar un millón de migrantes por año, lo que ha generado preocupación en ambos países; allá por el impacto que tendría en la economía y en la fuerza laboral (40% de la mano de obra es extranjera), y aquí por la incapacidad para recibir tal cantidad de deportados.
Trump quiere reforzar la seguridad en la frontera con México y terminar la construcción de un muro, que frene la migración y el tráfico de drogas, así como restablecer el programa Permanecer en México, para que este país sirva, como en la primera parte del gobierno obradorista, como estación de paso de miles de migrantes mientras se procesan sus solicitudes de asilo. El Proyecto 2025 propone adicionalmente restringir las visas temporales H-2 para trabajadores agrícolas, que tendrían un fuerte impacto en México.
Con el Senado y el Congreso controlados por los republicanos, la fuerza que tendrá Trump para implementar sus reformas y enmiendas será la más fuerte que haya tenido un presidente estadounidense en 20 años, aunque la última vez se utilizó para la guerra contra el terrorismo. Hoy es México.
La migración y una frontera segura es alta prioridad para Trump, quien, en concordancia con sus advertencias de campaña, declaró ayer en una entrevista con la cadena de televisión NBC –que apostó por la candidata perdedora, Kamala Harris– que entre las primeras acciones que tomará al asumir la jefatura de la Casa Blanca, será reconstruir una frontera fuerte y poderosa que impida la inmigración y el narcotráfico.
Sheinbaum no podrá decirse sorprendida, porque Trump no la está engañando. Ser cordial no cambia las cosas. La mano dura contra México está sobre la mesa y en semanas comenzará a golpear. Tiene 12 semanas para prepararse a lo que viene. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 40)
Contra toda lógica, Donald Trump, bravucón populista, autoritario, arrogante, encopetado, mentiroso, narcisista, divisionista, grosero, autócrata, tramposo, irascible, defraudador, agresor sexual, conspirador para interferir la transmisión pacífica del poder asaltando el Capitolio en enero de 2021, ganó la elección -reelección salteada- para convertirse en el 47 presidente de Estados Unidos. Trump obtuvo el voto popular y mayoría en ambas Cámaras. Trump enfrenta cuatro procesos penales y ha sido declarado culpable en diversos casos civiles. El equipo legal de Trump ya analiza la estrategia para eliminar todos los cargos que enfrenta, es más, Trump anticipó que der ser electo “despediría de inmediato” al fiscal que lo enjuicia, Jack Smith. Trump, contrario al derecho al aborto, indiferente al calentamiento global, utilizó como eje central de su campaña dos engañosos argumentos: que los migrantes indocumentados provenientes de México, la mayoría “criminales y drogadictos”, gentes que matan, violan y no son buenos miembros de la sociedad han invadido su país, y el segundo, que la economía de Estados Unidos es un desastre. Lo cierto es que únicamente en 2024, los cruces fronterizos no autorizados disminuyeron 70% y que distintos estudios indican que los migrantes indocumentados, en promedio, cometen menos crímenes violentos que los nacidos en Estados Unidos. Referente a la economía, con Biden se crearon 16 millones de empleos, creciendo en 2024 al 2.7% del PIB, el índice Dow Jones alcanza récord histórico y la inflación recuperó niveles de prepandemia.
Trump ha amenazado con implementar medidas drásticas para frenar la migración y flujo de drogas desde México, destacando: Cerrar fronteras desde el primer día, militarizar la frontera, uso de drones y tecnología de vigilancia avanzada, ejercer presión económica y arancelaria, clasificar a cárteles mexicanos como organizaciones terroristas pudiendo intervenir tomando acciones unilaterales en territorio mexicano, devolución inmediata de migrantes detenidos en la frontera. Estemos alertas, la revisión al T-MEC en 2026 será una renegociación completa, Trump pugnará por ventajas adicionales, condicionando incluso su permanencia en el T-MEC. Seguramente Trump amenazará con el cobro de aranceles en caso de no obtener concesiones en temas de migración y seguridad fronteriza, en sectores de manufactura, energía y agricultura, al igual que exigirá a México aplicar medidas más estrictas en el control de migración y narcotráfico.
En referencia al sector automotriz, Trump ha amagado con ejercer represalias económicas contra México, si considera que ciertas políticas nacionales o el aumento de productos provenientes de China afectan negativamente a la industria automotriz estadounidense. Entre las posibles medidas: Aumento de aranceles a vehículos y autopartes mexicanas, restricciones a autopartes chinas ensambladas en México, nuevas reglas de origen en el T-MEC, incentivos para producción en Estados Unidos y restricción a la importación de autos chinos.
La estrategia de negociación de Trump, contenida en su libro “The Art of the Deal” y en su programa televisivo “El Aprendiz”, se basa en maximizar su ventaja en cualquier acuerdo, para lo cual es requisito crear una posición de fuerza, mantener la incertidumbre, ser agresivo en las demandas iniciales, no temer al conflicto, dar la percepción del “ganador” y utilizar la presión mediática. Para Trump la ventaja en una negociación se basa en la capacidad de presionar y llevar al otro a ceder en sus términos. (José Rubinstein, El Universal Opinión, p. A18)
See you soon, acuerdan Trump y Sheinbaum
La presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que la llamada que sostuvo con el próximo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, fue muy cordial. Sin embargo, lo que no mencionó la mandataria es que la felicitación que ella le comunicó a Trump fue recíproca. Nos dicen que el virtual presidente de EU reconoció a Sheinbaum por el alto margen con el que ganó la elección presidencial del pasado 2 de junio. Y, tras coincidir en que habrá buena relación entre los dos países y los dos gobiernos, la llamada se cerró con un cordial “see you soon” (nos vemos pronto). (Redacción, El Universal, p. A2)
Que el secretario de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, debutará hoy en la mañanera de Claudia Sheinbaum, quien invitó al canciller a Palacio Nacional para hablar sobre los objetivos de México en la Cumbre del G20, así como del plan oficial para reducir el flujo migratorio, principalmente. Por cierto, el ex rector de la UNAM estuvo ayer en el recinto histórico durante la llamada telefónica que la mandataria tuvo con Donald Trump. (Redacción, Milenio, Al Frente, p. 2)
Donald Trump regresa a la Casa Blanca el 20 de enero de 2025. ¿Qué es lo que ha cambiado en él mismo y en Estados Unidos, que nos permite afirmar que su forma de ejercer la presidencia será más riesgosa para México?
Hay que tomar en serio lo que Trump dice que hará, por descabellado que suene.
Otra cosa es que logre su propósito en cada rubro. Pero de que intentará hacer lo que ha anunciado, no me cabe duda alguna. Lo que haga Trump partirá mucho más de sus creencias y percepciones que de la realidad misma. Van los cinco factores de mayor riesgo para México:
No es que la totalidad de los estadounidenses compartan este diagnóstico. Incluso la lectura de Washington sobre cada tema está cargada de sesgos. No valdrán los argumentos que interpongan Bruselas, Kiev, Seúl, Tokyo o Ciudad de México. Lo que puede matizar es la manera de instrumentar estos planes, pues son factores internos de la política estadounidense.
Paradójicamente, tanto Donald Trump como Claudia Sheinbaum tienen a su disposición los tres poderes —el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial— lo que en la jerga política se llama una trifecta. Y en el caso de México se le puede denominar cuatrifecta por apoyarse en una militarización de la sociedad mexicana. (Carlos Heredia Zubieta, El Universal, Opinión, p. A18)
Una de las principales razones por las que Donald Trump ganó las elecciones del 5 de noviembre es que recibió el apoyo de muchos más votantes latinos de lo que pronosticaban los sondeos, a pesar de sus acusaciones de que los migrantes están “envenenando la sangre de nuestro país”.
Según las encuestas de salida de urnas, Trump aumentó su porcentaje del voto hispano a nivel nacional del 32 por ciento en las elecciones de 2020 al 45 por ciento en 2024. Al igual que con otros grupos étnicos, la mayoría del aumento de apoyo al republicano se dio entre los hombres sin estudios universitarios.
Incluso en el crucial estado clave de Pensilvania, donde los encuestadores predijeron que el ex Presidente perdería decenas de miles de votos puertorriqueños después de que un comediante en un mitin dijera hace una semana que Puerto Rico es una “isla flotante de basura”, el magnate obtuvo el 42 por ciento del voto latino, casi el doble de lo que había recibido hace cuatro años.
¿Por qué tantos hispanos votaron por el candidato que insultaba a los migrantes latinos todo el tiempo? Aquí hay tres razones que pueden ayudar a explicarlo.
En primer lugar, la principal preocupación entre los votantes hispanos era la economía, mucho más que la democracia, el derecho al aborto o la política exterior.
A pesar de la reciente recuperación de la economía estadounidense, que según el Fondo Monetario Internacional es la de más rápido crecimiento entre todos los países ricos, y el bajo desempleo, muchos latinos, como otros estadounidenses, están descontentos con los altos precios de la comida y la vivienda.
La inflación estadounidense cayó al 2.4 por ciento recientemente, pero la noticia llegó demasiado tarde para cambiar la opinión de los votantes sobre su economía personal. Y la candidata demócrata Kamala Harris no hizo lo suficiente para diferenciarse del Mandatario Joe Biden durante su breve campaña.
Alrededor del 85 por ciento de los votantes hispanos dijeron que su principal prioridad en las elecciones de este año era la economía, seguida de la atención médica (71 por ciento) y los delitos violentos (62 por ciento), según una encuesta preelectoral del Pew Research Center.
En segundo lugar, Trump hizo un trabajo mucho mejor que los demócratas a la hora de cortejar a grupos latinos específicos, como los cubanoamericanos y los puertorriqueños de Florida.
Harris no dedicó mucho tiempo ni recursos a cortejar a estos electorados, tal vez porque los demócratas ya habían llegado a la conclusión de que votarían por Trump. Pero el hecho es que los candidatos presidenciales demócratas han visto disminuir su apoyo entre los hispanos del 67 por ciento en 2008 al 53 por ciento en la actualidad.
En tercer lugar, muchos latinos no reaccionaron negativamente a los insultos casi diarios del magnate contra los migrantes hispanos, en parte porque viven en comunidades trumpistas y quieren integrarse a ellas lo más posible.
“Ellos se dicen, ‘Yo te voy a demostrar que soy un buen estadounidense votando por Trump'”, me dijo Ernesto Castañeda, director del Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos de la American University en Washington.
En cuanto a las falsas alegaciones del ex Presidente de que los migrantes latinos son responsables de una ola de crímenes violentos en el país, muchos votantes hispanos dicen: “No está hablando de mí; está hablando de los otros. Yo soy el migrante bueno, él está hablando de los malos”, me dijo Castañeda.
De hecho, varios estudios han demostrado que los migrantes latinos cometen en promedio menos delitos violentos que los nacidos en Estados Unidos.
En cuanto a las afirmaciones igualmente engañosas de que los migrantes indocumentados están robándole puestos de trabajo a los hispanos, los economistas coinciden en que hay una enorme escasez de trabajadores en la construcción y varias otras industrias en que suelen trabajar los latinos.
Por supuesto, hay otras explicaciones del avance de Trump entre la comunidad hispana. Algunos expertos dicen que muchos de ellos en el fondo admiran a los “hombres fuertes”, o autócratas.
Pero el hecho concreto es que el magnate ha ganado mucho terreno entre los votantes latinos, que solían votar abrumadoramente por los demócratas.
Las encuestas acertaron en pronosticar que el republicano aumentaría su caudal de voto hispano, y los demócratas tendrán que pensar seriamente en cómo revertir esa tendencia en el futuro. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 14)
Donald Trump habló con la presidenta Sheinbaum, quien destacó el tono de cordialidad en la llamada y la confianza en una buena relación entre México y Estados Unidos. Pero algo pareció haberse mencionado en ese diálogo, pues más tarde arribó a Palacio Nacional el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, quien luego declaró a reporteros que los amagos del presidente electo del país vecino deberán enfrentarse con sangre fría e inteligencia. Recuérdese que el principal encargo de Ebrard está relacionado con la revisión (a la que Trump, de manera amenazadora, se refiere como renegociación), del tratado comercial norteamericano.
El mismo día, Trump confirmó a NBC que se aplicará en el control migratorio y en hacer fuerte la frontera con México, todo envuelto en la reiteración de calificativos de criminalidad hacia la migración sin regularidad documental. Y Jason Miller, uno de sus asesores principales, aseguró al portal Político que el primer día de gobierno de Trump se expedirá un decreto de impacto, en un contexto impreciso de cierre de frontera. (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 10)
¿DE QUÉ habrán hablado Claudia Sheinbaum y Donald Trump? Los temas en la agenda bilateral son varios y variados. Será interesante ver cómo se da el diálogo entre ambos, dada la enooorme diferencia entre los paradigmas de una y otro.
LO IMPORTANTE por el momento es que no demoró mucho el contacto entre ambos líderes y que las versiones de esa comunicación son positivas.
SEGÚN LA VERSIÓN oficial del gobierno mexicano, la plática fue cordial y con el subrayado de que ambos dirigentes estarán comprometidos en el fortalecimiento de las relaciones binacionales, con pleno respeto a la soberanía de los dos países.
A LO MEJOR en la plática de ayer no tocaron temas tan delicados, pero tarde o temprano tendrán que estar en la mesa de negociaciones asuntos como el maíz transgénico, el comercio con China, el asunto migratorio. Entre otros.
POR LO PRONTO, es buena señal que Sheinbaum haya sido invitada a la toma de posesión el próximo 20 de enero en Washington. Y si acude marcaría un cambio significativo en las relaciones. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 10)
El próximo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es un viejo conocido de México y de la 4T. A partir de enero de 2025, el gobierno de Claudia Sheinbaum reeditará los problemas que vivió Andrés Manuel López Obrador en la relación bilateral, especialmente en los temas de comercio y seguridad. Las amenazas de Trump en campaña, en el sentido de bombardear a los cárteles mexicanos y sus laboratorios, pudieran ser sólo retórica. No obstante, el virtual presidente es impredecible, y por el tema del narcotráfico se podría anticipar un endurecimiento en su política de seguridad, de tal suerte que aumentaría la presión sobre las Fuerzas Armadas mexicanas, al ser las principales instituciones encargadas de combatir al crimen organizado, y como moneda de cambio estarían los acuerdos comerciales.
La idea de utilizar la fuerza militar en contra los cárteles le ganó el respaldo de millones de republicanos. Durante su mandato anterior, sugirió, incluso, el uso de misiles para “borrarlos del mapa”, al clasificarlos como terroristas y de ser los principales productores del fentanilo que ha cobrado más de 100 mil vidas en EU, tan sólo el año pasado.
Trump tiene el respaldo de gobernadores que se han manifestado en contra de los cárteles y de los migrantes, a los que tachan de delincuentes, y ahora, tras su triunfo en las urnas, contará con la mayoría en el Congreso. Un claro aviso es el hecho de que, pese a que el cruce de ilegales disminuyó, dijo que pedirá la contratación de 10 mil nuevos agentes y la redirección de presupuesto militar para tales fines.
El tema no es nuevo. En el gobierno de López Obrador, Trump lo presionó para enviar a la frontera sur a 20 mil soldados y con ello frenar la migración centroamericana. Lo amagó con aumentar los aranceles; al final, Marcelo Ebrard como canciller, y el expresidente, se doblaron. Ahora vuelve a insistir en el mismo tema, pero esta vez quiere ver a sus soldados y marinos en nuestro territorio.
Sus desmedidas pretensiones podrían dificultar las relaciones diplomáticas y comerciales entre ambos países. La respuesta de Claudia Sheinbaum deberá ser precisa para contrarrestar esa política hostil que se avecina. Lo conveniente sería buscar un acuerdo y sostener una relación constructiva que permita unir esfuerzos para luchar contra el tráfico de drogas. Encontrar un punto medio para restablecer la cooperación e intercambio de información entre las instituciones de seguridad y órganos de inteligencia de México con los servicios de inteligencia de EU, como la DEA, o la CIA, que rompió López Obrador en su totalidad.
El hecho de lanzar señales de que la estrategia de abrazos, no balazos ha quedado en el pasado, conjugado esto con las últimas acciones y golpes al narcotráfico por el Ejército, GN y Marina, es, quizá, indicio de que el gobierno de Sheinbaum está dispuesto a adoptar una postura más proactiva, en lugar de evadir una realidad cada vez más difícil de ignorar. (Miguel Ángel Godínez García, Excélsior, Nacional, p. 14)
2.- Deportación de migrantes e impacto en remesas
El segundo tema porque el debemos preocuparnos es el migratorio por la amenaza de deportar a millones de migrantes no sólo mexicanos sino latinoamericanos. Uno de los efectos de esta deportación será el impacto negativo en las remesas que es la principal fuente de divisas extranjeras en México.
3.- Lucha contra el narcotráfico
El tercer motivo es la lucha contra el narcotráfico y la amenaza de Trump de combatirlos en territorio mexicano y de declarar a los narcotraficantes como terroristas a lo que se opone en forma tajante el gobierno mexicano. (Maricarmen Cortés, 24 Horas, Negocios, p. 14)
Buen inicio Desde EU se filtró que Donald Trump invitó a la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, a su toma de protesta y hasta se planteó un encuentro antes; de ser cierto parece ser que la relación con el vecino del norte comienza bien, sobre todo si se toma en cuenta que antes de las elecciones […] (Redacción, 24 Horas, p. 2)
Uno de los fenómenos más complejos en el entramado de la migración es lo que se denomina “asimilación” de los recién llegados, con cultura y lengua diferentes las más de las veces, a una sociedad y una comunidad predominantes. No es poco frecuente que esas diferencias devengan en conflicto y los extraños, los aliens, los diferentes, sean los responsables directos de los males cotidianos en la imaginación básica de la población asentada.
Tan discutible como usted quiera, estos cuadros son los que han derivado en movimientos pro migrantes e incluso entre los propios naturales de una tierra generan campañas como la de Black Lives Matter, porque los negros siguen siendo susceptibles a ser víctimas de discriminación y racismo por las sociedades y las autoridades. Estados Unidos, por supuesto, es el mejor espejo de estas realidades hoy en medio del debate con el triunfo de Donald Trump.
Mientras los demócratas se atragantaron con su discurso por la democracia y contra el fascismo que en su opinión representa el magnate, éste aprovechó un elemento que había escrutado Samuel Huntington en su libro ¿Quiénes somos? (Paidós, 2004): le habló a los migrantes que se consideran o ya son asimilados, esos que crecieron con las costumbres de sus padres, sí, pero viviendo con las reglas del establishment gringo, que ven lejanas sus raíces y no se miran como latinos o hindúes.
Ese grupo enorme de población está interesado en mejores empleos, en buenos salarios, en precios bajos, en opciones diversas para adquirir un auto o una casa, antes que en los paisanos directos de sus mayores lidiando con cruzar la frontera en pos del american dream o en los niños que viajan solos y la Border los mete a jaulas que demócratas idearon y republicanos pusieron en operación. Quieren dólares y votarán por quien se los prometa, así haya sido encontrado culpable de 34 cargos criminales.
El endurecimiento de medidas en la frontera afectará a todos los migrantes y creará roces con el gobierno mexicano. La deportación masiva no deja de parecer más una provocación de campaña que una posibilidad real, dada la dependencia de la economía estadunidense a la mano de obra extranjera, sobre todo la venida de México y del resto de América Latina. (Alfredo Campos Villeda, Milenio, Al Frente, p. 2)
A Gamés no lo calentaba ni el sol. Así caminaba sobre la duela de cedro blanco cuando le cayó como un rayo el recuerdo de un poema de Constantino Cavafis. Se llama “Esperando a los bárbaros”. Gil leyó las traducciones del griego de Juan Carvajal y otra de Cayetano Cantú. Las primeras líneas quedarían así: “¿Qué esperamos reunidos en la plaza? / A los Bárbaros, que llegan hoy / ¿Por qué hay tal marasmo en el Senado? / ¿Por qué los senadores no legislan? / Es que hoy llegan los Bárbaros. / ¿Qué leyes votarán ya los senadores? / Cuando lleguen, los Barbaros harán las leyes”. El poema de Cavafis toma un rumbo distinto en el sentido de su final, pero Gilga traía pegadas las primeras líneas en la cabeza.
En esas andaba Gil cuando leyó en la versión del New York Times en español y en una nota de Simon Romero y Emiliano Rodríguez Mega todo lo que sigue.
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Pocos lugares en América se verán tan sacudidos por una nueva presidencia de Trump como México, la nación de casi 130 millones de habitantes que el presidente electo convirtió en blanco de numerosas amenazas durante su campaña.
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Ahora que Donald Trump se prepara para regresar a la Casa Blanca, México se encuentra de nuevo en el centro de sus agresivas posturas sobre comercio, inmigración y narcotráfico. A pesar de un fuerte descenso de los cruces fronterizos este año después de que México se convirtiera en un ejecutor de las restricciones migratorias del gobierno de Joe Biden, las promesas de campaña de Trump sugieren un camino complejo y polémico por delante.
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Promete aranceles elevados, acuerdos comerciales renegociados e incluso una intervención militar contra los cárteles. La forma en que los líderes mexicanos, bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum, se desenvuelvan en este panorama será fundamental y podría marcar la pauta de la diplomacia norteamericana en los próximos años.
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A continuación, cuatro cosas que hay que saber sobre cómo un Trump recién elegido podría remodelar las relaciones de Estados Unidos con México.
Al igual que su predecesor, Trump tiene grandes planes para rehacer el sistema de inmigración de Estados Unidos. Pero sus visiones no podrían ser más diferentes.
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Trump ha amenazado con imponer aranceles a México, que ha eclipsado a China para convertirse en la mayor fuente de importaciones de Estados Unidos. En uno de sus últimos mítines, prometió imponer de inmediato aranceles del 25 por ciento a todos los productos procedentes de México a menos que el gobierno detenga el flujo de migrantes y drogas hacia Estados Unidos.
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Durante su anterior mandato, Trump sugirió disparar misiles a México para acabar con los laboratorios de droga. Otros líderes republicanos han abrazado desde entonces la idea de utilizar la fuerza militar estadounidense contra los cárteles en territorio mexicano, incluso sin el consentimiento de México.
En una entrevista con Fox News en julio, se le preguntó a Trump si estaba dispuesto a utilizar la fuerza militar contra los cárteles de la droga mexicanos. “Absolutamente”, dijo Trump. “México va a tener que enderezarlo muy rápido, o la respuesta es absolutamente”.
Tal medida sería “extremadamente perjudicial” para la relación Estados Unidos-México, dijo Rebecca Bill Chavez, directora del Diálogo Interamericano, un instituto de investigación con sede en Washington. Podría poner en peligro toda la cooperación entre los dos países, dijo, incluidos los lazos comerciales, pero también los esfuerzos para controlar el flujo de migrantes y drogas, como el fentanilo, hacia Estados Unidos.
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“Somos un país que debe respetarse”, declaró a The New York Times el año pasado Roberto Velasco Álvarez, máximo responsable para América del Norte de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México. “No somos colonia ni protectorado de nadie”.
Otros advierten que los ataques militares a los cárteles o los asesinatos selectivos de sus líderes apenas pueden afectar el flujo de drogas hacia Estados Unidos.
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Sheinbaum ha dicho en repetidas ocasiones que México colaboraría con cualquier líder de EE. UU., incluido Trump. “No hay motivo ninguno de preocupación”, dijo a los periodistas el miércoles por la mañana. “Va a haber buena relación con los Estados Unidos, estoy convencida de ello”.
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Andrés Manuel López Obrador, predecesor y mentor de Sheinbaum, también se enfrentó a los aranceles prometidos por Trump. Disipó esas amenazas desplegando a las fuerzas armadas de México para gestionar el flujo de migrantes. El acuerdo informal entre López Obrador y Trump fue que México gestionaría las cuestiones migratorias, mientras que la Casa Blanca se abstendría de interferir en los asuntos internos de México.
Todo es muy raro, caracho, y no hay frase de momento. (Gil Gamés, Milenio, Al Cierre, p. 39)
Tras su primera conversación telefónica desde Palacio Nacional con Donald Trump, para felicitarlo por su triunfo electoral y que desde el 20 de enero próximo regresará a la Casa Blanca, la Presidenta Claudia Sheinbaum la calificó de “muy cordial”, confiada en que habrá una buena relación bilateral y que, si llega a haber problemas en temas de tráfico de fentanilo, narcotráfico y migración, los va a saber resolver, porque hay estrategia y diálogo con Estados Unidos y su próximo Presidente.
Al parecer convencida de ello, declaró que la estrategia migratoria que se aplica desde el gobierno del Presidente López Obrador, que permitió “reducir en 75 por ciento la llegada de migrantes a la frontera norte” a la que le ha dado continuidad y la está fortaleciendo, ya que tiene que ver con el rescate de ellos frente a situaciones adversas que se puedan presentar a lo largo del territorio nacional en los albergues y la incorporación de migrantes en México al mercado laboral.
Desde la alcaldía de Iztapalapa, en donde estuvo la casa de transición, la presidenta Sheinbaum auguró que la elección judicial que habrá en junio del año que entra —que el INE aún no define, luego de presentar su costoso presupuesto de más de 13 mil millones de pesos—convertirá a México en “el país más democrático del mundo”.
Poco antes, en su mañanera, anunció que antes del 15 de este mes, se presentará en la Cámara de Diputados el Presupuesto de Egresos de la Federación 2025, en el que habrá “ahorros en algunos temas”, aunque seguramente no en lo que requerirá el proceso para elegir juzgadores.
Al ministro Alberto Pérez Dayán, que emitió el voto decisivo que impidió que la reforma judicial fuera declarada parcialmente inconstitucional, le sigue yendo mal no sólo afuera, sino también adentro de la Suprema Corte y en su propia oficina, la cual fue tapizada de reclamos en carteles y cartones, acusándolo de traidor.
Para colmo, sus mismos siete colegas que formaban el bloque que le cerraría el paso a esa cuestionada reforma al Poder Judicial de la Federación, lo ven con sospecha de que a última hora votara en contra y lo hiciera igual que las tres ministras gobiernistas que aspiran a sustituir a Norma Lucía Piña Hernández.
Llegó la hora de la venganza morenista: instalan la Sección Instructora de la Cámara de Diputados y el primero en la lista para ser desaforado es Alejandro Moreno, y “para que no digan” incluyen a Lorenzo Córdova, entre el Fiscal General, Alejandro Gertz, y al ministro en retiro, Arturo Zaldívar y actual funcionario, para juicios políticos.
Sin freno, sigue la violencia en Tabasco. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p. 8)
Washington. Un viejo chiste en la comunidad latina relata cómo un migrante asiste a su juramentación como ciudadano estadounidense y al regresar a su trabajo, lo primero que señala al dirigirse a sus colegas es quejarse de los migrantes indocumentados.
Pero el chiste ya no lo es. En las pasadas elecciones estadounidenses, el candidato republicano, Donald Trump, alcanzó 45% del voto de los hispanos con base en dos señalamientos, la economía y la migración. Podría decirse que hay un cambio fundamental entre los latinos, y tal vez así sea, pero la realidad es que muchas de esas quejas estuvieron presentes, como lo han estado hace años ya entre los descendientes de los latinos, sean mexicanos, cubanos o centroamericanos que llegaron hace décadas a Estados Unidos.
Hoy la minoría latina está compuesta mayormente por estadounidenses por nacimiento, que mantienen un incremento anual estimado en casi un millón de personas y un número de posibles votantes calculado este año en 38 millones. Son un grupo, o más bien varios grupos, que si bien gustan de mantener vínculos o rasgos que los identifiquen con su cultura original, son, sobre todo, ciudadanos estadounidenses que enfrentan muchos de los problemas de esa sociedad y ciertamente comparten algunas de las propuestas de solución.
Eso explica en alguna medida 45% del voto latino que Donald Trump obtuvo a pesar de una campaña en la que frecuentemente insultó a los migrantes, permitió que un cómico se refiriera a Puerto Rico como una “isla de basura”, mintió respecto a la cantidad y muchas veces a la conducta de los migrantes, especialmente los indocumentados. Sus preocupaciones, como las de muchos estadounidenses, son la economía y la seguridad. Y el cansancio respecto a una cultura de corrección política donde es posible ofender a sectores sin siquiera darse cuenta. 45% del voto latino, ejercido, esto es.
Los latinos son 19 por ciento de la población estadounidense, o sea, unos 65 millones de personas y de ellos, 38 millones en edad de votar, pero lo hizo alrededor de la mitad, 18 millones.
O sea que unos ocho millones de sufragios fueron para Trump, mayormente de hombres jóvenes hispanos. Puede hablarse de la fragmentación de un bloque de votantes.
Pero nunca lo fue. 60% de los hispanos en Estados Unidos son mexicanos de nacimiento o descendientes de mexicanos. Alrededor de 10% son puertorriqueños, y aproximadamente 5% son cubanos, otro tanto dominicanos y el resto de origen centroamericano y sudamericano, especialmente venezolanos. Muchos salieron de sus países huyendo de regímenes izquierdistas, como Venezuela o Nicaragua, y se unieron al exilio cubano. Pero la mayoría son nacidos en Estados Unidos.
Los latinos son ahora el segundo mayor grupo del país, solo detrás de los blancos anglosajones y un grupo electoral que aún es mayormente demócrata, aunque los republicanos han logrado avances al preocuparlos y asustarlos con la llegada de nuevos inmigrantes. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 27)

(Patricio, El Sol de México, Análisis, p. 22)
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