Pide Sheinbaum a cónsules y embajadores hacerse visibles
A solo unos días de que Donald Trump regrese a la Casa Blanca y comience a cumplir sus amenazas de deportar masivamente a migrantes, ayer la presidenta Claudia Sheinbaum pidió a los embajadores y cónsules de México en el exterior que se “hagan notar”, que hagan un buen trabajo para representar a los mexicanos, y que hagan alianzas con organizaciones que defiendan los derechos de los migrantes. Nos dicen que, en la reunión, en la que hubo un ambiente cordial, la Presidenta les pidió que se involucren en la medida de sus facultades con los legisladores republicanos para demostrar que los mexicanos “valen y aportan mucho” a la economía estadounidense. Nos dicen que ojalá que el mensaje de la mandataria despierte a algunos diplomáticos que hasta hace poco no se les veía en acción.
Toma de posesión de Trump llegará a 650 millones de hispanoparlantes
Y, a propósito de la llegada de Donald Trump, nos enteramos de que hay tanta preocupación entre inmigrantes hispanos en los Estados Unidos, y entre ciudadanos y gobernantes de los países de América Latina, con la toma de posesión el 20 de enero de Trump como presidente de los Estados Unidos, sucederá algo nunca antes visto en la cobertura televisiva. Nos detallan que los informativos de Univisión y de Televisa (N+) harán una cobertura conjunta que podrá ser vista desde Alaska hasta la Patagonia en Chile, a través de TV y plataformas. Será pues la primera vez que la llegada de un presidente en Estados Unidos genere tanto interés informativo entre los 650 millones de hispanoparlantes. (Bajo Reserva, El Universal, p. A2)
En las intersecciones del poder global y la fragilidad humana, pocas historias son tan reveladoras como la de los deportados mexicanos. Son el espejo de una doble indiferencia: la de Estados Unidos, que los expulsa de una economía que ayudaron a construir, y la de México, que no logra recibirlos con la dignidad y el respeto que merecen. Este flujo migratorio no es un fenómeno nuevo, pero sí una deuda histórica que el Estado mexicano aún no ha saldado.
En 2024, más de 190 mil mexicanos fueron deportados desde Estados Unidos, de los cuales el 90% fueron dejados en ciudades fronterizas como Tijuana, Mexicali, Ciudad Juárez y Reynosa. Estas ciudades, marcadas por altos índices de violencia y limitaciones estructurales, se han convertido en espacios de vulnerabilidad para quienes regresan al país con poco más que lo puesto. Las deportaciones, realizadas mayoritariamente en la madrugada, dejan a los connacionales en el momento más riesgoso del día, enfrentando peligros que ningún sistema debería tolerar.
El Instituto Nacional de Migración (INM) asegura operar un sistema de 11 módulos de repatriación en estas zonas fronterizas, ofreciendo servicios básicos como agua, alimentos, asistencia médica y orientación para su traslado. Pero la operatividad de estos módulos es limitada: sus horarios de atención no coinciden con los flujos de deportación, y los intentos por obtener información a través de números oficiales, como el 800 004 6264, se convierten en un laberinto de grabaciones automáticas y extensiones que pocos pueden descifrar. Esta desconexión no solo refleja ineficiencia, sino una falta de empatía hacia quienes más lo necesitan.
El verdadero desafío, sin embargo, no está en la recepción, sino en la reintegración. Estos deportados no solo regresan a un país que muchas veces les es ajeno tras años, o incluso décadas, en el extranjero; también enfrentan un sistema que carece de las herramientas necesarias para ayudarlos a reconstruir sus vidas. No existe un registro nacional confiable que permita rastrear sus perfiles, necesidades o estados de origen. Sin datos, cualquier esfuerzo de reintegración es meramente simbólico.
Las preguntas frecuentes
¿Cómo se coordina un sistema interinstitucional si no hay diálogo efectivo entre los niveles de gobierno? ¿Cómo garantizamos la inclusión social de los deportados si ni siquiera sabemos cuántos son ni cuáles son sus necesidades específicas? ¿Y qué mensaje envía México al mundo cuando no logra cuidar a sus propios ciudadanos?
Más allá de la logística, la narrativa oficial enfrenta otra contradicción: mientras México celebra las remesas que estabilizan su economía —más de 60 mil millones de dólares anuales, aportados en gran parte por quienes migraron al norte—, la respuesta institucional hacia los deportados es, en el mejor de los casos, insuficiente. ¿Qué sucederá, entonces, con nuevas iniciativas como el botón de pánico anunciado para migrantes en peligro? Si el sistema actual apenas puede garantizar un recibimiento digno en los puntos fronterizos, ¿cómo podemos esperar que herramientas más ambiciosas funcionen de manera efectiva en un país que los rechaza?
Una prueba de liderazgo
La migración no es solo un asunto de política exterior; es una cuestión de justicia social y soberanía. México está ante una oportunidad histórica: transformar la atención a los deportados en un modelo que demuestre al mundo su capacidad de cuidar y valorar a su gente.
Esto no es solo un reto técnico, sino una prueba de liderazgo para la presidenta de la República. Se necesita algo más que discursos o programas fragmentados; se requiere una visión de Estado que articule soluciones inmediatas y estructurales:
Antes del fin
La atención a los deportados no es solo un deber moral; es una oportunidad económica, social y política. Estos connacionales no regresan como una carga, sino como personas con habilidades, experiencias y resiliencia que pueden enriquecer sus comunidades si se les brinda el apoyo necesario.
México tiene ante sí una gran prueba. No se trata solo de corregir las fallas de un sistema que ha operado con indiferencia durante demasiado tiempo. Se trata de demostrar que, frente a uno de los desafíos más complejos de nuestra era, es posible construir un modelo que priorice la dignidad y los derechos humanos.
Presidenta, el tiempo de las promesas ha pasado. Los deportados no pueden seguir esperando. La historia no juzgará la magnitud del desafío, sino la grandeza de la respuesta. Y hoy, más que nunca, México necesita una respuesta a la altura de su gente. (Nadine Cortés, El Financiero, Opinión, p. 28)
Expresa solidaridad con la Presidenta ante amagos de Trump
Estimada presidenta Claudia Sheinbaum, camarada: Me dirijo a usted para expresar mi más sincero apoyo y solidaridad frente a las presiones ejercidas por el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump.
Entiendo que la historia entre México y el país vecino ha sido compleja, con momentos de cooperación y otros de tensión, especialmente en cuanto a la migración y a nuestro territorio.
Es importante recordar que la migración es un fenómeno global que requiere soluciones concertadas y humanitarias. México ha sido un país de tránsito y también de origen para muchos migrantes que buscan una vida mejor para ellos y sus familias. La cooperación y el diálogo entre nuestras naciones son fundamentales para abordar este tema de manera efectiva y justa. Su liderazgo y defensa de los intereses y derechos de México y sus ciudadanos son fundamentales en este momento.
Su llamado al diálogo y la cooperación es un paso importante hacia la resolución de los desafíos que enfrentamos. Quiero reiterar mi apoyo a su gestión y a las acciones que ha emprendido para proteger y promover los intereses de México.
Estoy seguro de que, juntos, ciudadanos y gobierno –un gobierno emanado de la mayor votación jamás antes obtenida en nuestro país– podemos construir una relación más justa, equitativa y beneficiosa para ambos países. Agradezco su dedicación y compromiso con el pueblo mexicano. Por favor, acepte mi más sincera expresión de solidaridad y apoyo. (Ricardo Bautista García, La Jornada, Editorial, p. 2)
Paisanos marginados por estrategia
EN CAMBIO, A los mexicanos que trabajan en Estados Unidos sin regularización migratoria se les maltrata, persigue, estigmatiza y, ahora, se les preparan redadas masivas, con elementos militares, para ser deportados. Por ello no está de más recordar lo que a México le corresponde, no sólo en la denominación de un golfo, sino en el atraco territorial, en la voracidad criminal histórica. (La Jornada, Política, p. 8)
Tras los primeros días de 2025, varios sucesos nos recuerdan la preponderancia que debiera darse a la agenda de derechos humanos en un año que se anticipa lleno de desafíos nacionales e internacionales.
Desde la publicación en el Diario Oficial de la Federación de la reforma sobre prisión preventiva oficiosa (PPO), la implementación del resto de reformas contenidas en el paquete del denominado plan C del gobierno anterior y las crecientes tensiones alrededor de la política migratoria en Norteamérica y Europa, son algunas de las preocupaciones que muy probablemente atravesarán este año y que tendrán que ser atendidas desde los gobiernos, la ciudadanía y la sociedad civil.
El 31 de diciembre pasado se publicó el decreto que modifica el artículo 19 de la Constitución política, que amplía el alcance de la PPO. Por sí misma, y desde su aprobación en noviembre, la reforma fue motivo de preocupación para organismos nacionales e internacionales de derechos humanos. De acuerdo con mecanismos internacionales que observan y protegen los derechos fundamentales, la prisión preventiva atenta contra la presunción de inocencia, el debido proceso, el derecho a la libertad personal, la igualdad ante la ley, el deber de fundar y motivar la privación de la libertad, el derecho a la revisión judicial, entre muchos principios que garantizan el enfoque de derechos humanos en la seguridad pública.
En un país donde los índices de impunidad son muy altos, las medidas punitivas han adquirido creciente popularidad a pesar de su probada ineficacia. El sistema penitenciario aquí se encuentra desbordado, provocando condiciones de hacinamiento y entorno de corrupción, que son la normalidad en los centros penitenciarios. La ampliación de la PPO vulnera más el adecuado funcionamiento del sistema penitenciario y pone en riesgo a la ciudadanía en un país donde la presunción de inocencia nunca ha sido realidad plena. La publicación de dicha reforma nos convoca a estar atentos para exigir que esta figura no sea instrumentalizada como falso camino de “acceso a la justicia”.
Sin duda, el cierre de 2024 y el principio de 2025 ha estado marcado por el aumento de las tensiones en la situación migratoria mundial. Las caravanas migrantes siguen llegando al país, mientras las declaraciones del inminente presidente de EU, Donald Trump, prefiguran un panorama desolador. Recientemente, la Secretaría de Gobernación dijo que los menores en tránsito por México aumentaron 514 por ciento en seis años. Por su parte, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EU informó que la muerte de mexicanos que intentan cruzar hacia el norte aumentó 467 por ciento entre 2019 y 2023.
La amenaza de las deportaciones masivas y el endurecimiento del cierre de fronteras se suma a la oleada de políticas antimigratorias cuya popularidad aumenta a escala mundial. Sin atender las causas estructurales de la migración desde una perspectiva supranacional y desde la cooperación, el fenómeno –que cada vez adquiere más características de desplazamiento forzado– seguirá consolidándose como la principal amenaza crítica de los años venideros, junto con la crisis climática.
No podemos cerrar este breve recuento de lo que los primeros días de 2025 han arrojado sobre derechos humanos sin recordar el aniversario de la desaparición de Alicia de los Ríos Merino, detenida el 5 de enero de 1978 en la Ciudad de México en el contexto de la mal llamada guerra sucia. Este caso es fiel muestra de la crisis de desaparición que desde entonces y hasta la fecha persiste en el país.
El aniversario de su detención y desaparición recuerda el pendiente histórico y sistémico que tiene el Estado con la verdad y la justicia tanto del pasado como del presente. Si bien el Mecanismo de Esclarecimiento Histórico ha realizado una gran labor para desenterrar la verdad de la violencia de Estado en las últimas décadas del siglo pasado, prevalece un gran pendiente en términos de acceso a la justicia para las víctimas, así como un velo de opacidad sobre importante información resguardada por el Estado, lo cual ha bloqueado el progreso de las investigaciones para el acceso a la verdad.
Con más de 120 mil personas desaparecidas y no localizadas, el gobierno mexicano no puede abandonar los esfuerzos por garantizar la verdad y la justicia para todas las víctimas, ni dejar de apostar por una política de pacificación efectiva, anclada en los principios de seguridad ciudadana.
Esto es apenas una pincelada de los grandes pendientes de este 2025 sobre derechos humanos, a partir de lo que la coyuntura nos ha arrojado en los primeros días. En relación con lo dicho ya en este espacio, reiteramos que, además de la crisis climática, serán la migratoria, la de violencia y la implementación de las reformas aprobadas en los últimos meses los principales temas relacionados con la agenda de derechos humanos en los que debemos poner atención para que se fortalezca como condición de posibilidad para la consolidación del Estado democrático de derecho. (Mario Patrón, La Jornada, Opinión, p. 13)
El pasado 6 de enero, Justin Trudeau anunció que renunciará a su cargo como primer ministro de Canadá y líder del partido liberal. Hay quienes dicen que Trudeau, quien llegó al poder en 2015 teniendo sólo 43 años, forma parte de un grupo de líderes políticos —tales como Macron y Obama— de corte liberal o progresista que hoy están en franca retirada en diversas latitudes del mundo frente a una creciente andanada de liderazgos demagógicos conservadores, nacionalistas o proteccionistas. En retrospectiva, quizá sirvió de poco el carisma de esos políticos frente a los cambios sociales y políticos de los tiempos que corren.
A lo largo de su mandato, Trudeau impulsó políticas migratorias más abiertas, permitió una mayor inmigración, facilitó la residencia de miles de personas y apoyó a refugiados internacionales. En un primer momento, estas medidas buscaban fortalecer la economía canadiense y paliar los déficits demográficos de una sociedad que envejece más rápido de lo que crece su fuerza laboral, a la vez que posicionaron a Canadá como un país diverso e incluyente.
Por desgracia, diez años después, ese tipo de políticas desgastaron a Trudeau y a su partido, en medio de un creciente malestar contra los migrantes, la inflación y la escasez de vivienda: es muy probable que el partido conservador gane en las próximas elecciones con una plataforma nacionalista análoga a la de Trump en Estados Unidos.
Vale la pena repetirlo tantas veces como sea necesario: la migración internacional promueve el desarrollo económico porque la población inmigrante en países desarrollados no sólo ayuda a cubrir los déficits de sus mercados laborales, sino que también ayudan a financiar las pensiones de los adultos mayores residentes. Un migrante que llega a trabajar a un país rico no causa un daño a las finanzas públicas, sino al contrario. Así como un mayor comercio internacional de bienes y servicios, y un mayor flujo de ideas y capitales han producido un mundo más próspero en los últimos siglos, una mayor movilidad de la fuerza laboral también promueve el crecimiento económico.
Esto no quiere decir que la globalización no está libre de problemas y conflictos. Si bien el comercio y la migración permiten un mayor crecimiento económico, también pueden producir conflictos distributivos al interior de los mercados laborales de cada país y numerosas tensiones sociales y políticas. La población migrante, a diferencia de los bienes y servicios, tiene voz, agravios y exigencias, pero no suele tener los mismos derechos y libertades políticas que la población residente de los países que los reciben: por esta razón, entre muchas otras, es más fácil negociar tratados comerciales que acuerdos migratorios.
Con el conflicto comercial entre China y EU está por concluir la más reciente era de la globalización, pero no la primera. Así como en otras épocas la globalización permitió el intercambio de materias primas, textiles y manufacturas, la más reciente ha facilitado la creación de cadenas de suministro multinacionales y el intercambio de bienes y servicios digitales. Así como los países más desarrollados se benefician con la migración, los consumidores del mundo se han beneficiado con las manufacturas y la tecnología de China y otros países asiáticos.
Son tiempos de proteccionismo: de mayores aranceles y tarifas al comercio de bienes y servicios, y de mayores restricciones a la migración internacional. No se trata de un fenómeno exclusivo de países desarrollados: miles de venezolanos están emigrando a países vecinos, y también ha crecido la migración entre África y América Latina.
Una nueva generación de políticos irresponsables llegará al poder gracias al espíritu de estos tiempos. El crecimiento económico del mundo ya ha perdido dinamismo con las crecientes barreras al comercio internacional. Si a estas tendencias se añaden deportaciones masivas y mayores barreras a la migración, la economía global se acercará a una recesión y el mundo será más pobre. ¿Cuántos años tomará darnos cuenta de que el proteccionismo no es una salida viable del rezago social, sino un espejismo? (Javier Aparicio, Excélsior, Nacional, p. 10)
Que la reunión anual de embajadores y cónsules 2025 cerró con la migración como tema central y prioritario para la diplomacia mexicana, pero también se pidió avanzar en la estrategia multilateral basada en cuatro principios: paz y seguridad, agenda 2030, derechos humanos e igualdad de género y renovación de la gobernanza multilateral y tecnologías emergentes, todo en medio de las presiones subidas de tono del presidente electo de EU, Donald Trump. (Trascendió, Milenio, Al Frente, p. 2)
“Trump va a hacer exactamente lo que dijo durante su campaña y después de triunfar”, eso dicen muchos que aseguran que se nos viene la catástrofe.
Es muy probable que sí tengamos problemas muy serios tras la llegada del republicano a la Casa Blanca, pero lo que es un hecho es que el próximo presidente es inconsistente en sus propuestas y que, dependiendo de las circunstancias, las cambia.
El caso más claro es el de los aranceles.
Durante su campaña, la propuesta fue imponer un arancel generalizado de 60 por ciento a las importaciones provenientes de China y otro de 10 por ciento, de manera universal a todos los otros países, entre los que, desde luego, se incluiría México.
Pero, tras ganar la elección, la propuesta cambió.
La que dio a conocer en noviembre fue un arancel de 25 por ciento a todos los productos importados de México y Canadá, mientras que se aplicaría otro 10 por ciento a los productos importados de China.
Ya no dijo nada respecto a un arancel universal.
Pero lo ha vuelto a poner sobre la mesa en recientes entrevistas.
El lunes pasado, The Washington Post publicó una nota que refería un documento proveniente del equipo de Trump en el que se decía que los aranceles serían focalizados y no generalizados.
En el curso del mismo lunes, Trump desmintió el documento.
Cuando el río suena, agua lleva. Délo por hecho, habrá aranceles, aunque no descarte que lo que se aplique realmente sea algo diferente a lo que se ha anunciado.
El futuro presidente de Estados Unidos tiene tras de sí a grupos que no necesariamente tienen proyectos coherentes.
Lo que los reúne es el propio Trump, pero poco más.
El semanario The Economist puso el acento en este hecho en su edición de esta semana, contrastando a los fundamentalistas del movimiento que lo respaldó y que se conocen como los MAGA (Make America Great Again) y los empresarios de Silicon Valley que se han alineado tras él; notoriamente, el hombre más rico del mundo, Elon Musk.
La controversia respecto a los inmigrantes altamente calificados que ocurrió hace algunos días refleja dos visiones del mundo.
Los tradicionalistas de la derecha republicana piensan que, si se dan visas de trabajo a expertos provenientes de otros lugares del mundo, se estarán quitando oportunidades a los norteamericanos.
Los llamados “techies”, con Musk a la cabeza, consideran que hay que atraer al mejor talento, no importa de qué lugar del mundo provenga.
El tema va más allá; la visión de Musk es conseguir las máximas eficiencias con una remodelación del gobierno, lo que probablemente haga desaparecer muchos puestos de trabajo que hoy están ocupados por norteamericanos, lo que ocasionará el enojo de los que quieren que el empleo de los locales se preserve a cualquier costo.
¿Cuánto tiempo habrá que esperar para tener una primera gran crisis en el gabinete de Trump? No lo sabemos, y menos aún podemos anticipar cuál será el bando que resulte triunfador. Pero dé por hecho que habrá.
Trump no es alguien que tenga una visión del mundo bien estructurada. Tiene impulsos y creencias, que se modifican en función de quiénes son los que más influyen sobre él en un momento determinado.
Hay quien cree que el 21 de enero habrá millones de indocumentados en las fronteras esperando para ser deportados.
La realidad está muy lejos de eso. Quizás algunas decenas de miles en las primeras semanas del gobierno, cuya expulsión será mostrada al mundo por Trump como una prueba de que ha comenzado la principal deportación de la historia de la humanidad.
Curiosamente, lo que las cifras dicen es que el volumen anual promedio de las deportaciones registradas por el Servicio de Inmigración y Naturalización alcanzó su máximo durante la administración de Barak Obama y no, como podría pensarse, en el anterior gobierno de Trump.
No hay que cruzarse de brazos, desde luego, y hay que prepararse para lo peor, pero tampoco perder la perspectiva.
Además, hay que aprovechar esas inconsistencias en las fuerzas detrás de Trump, que van a notarse con más claridad cuando comience su gobierno. (Enrique Quintana, El Financiero, Pagina Dos, p. 2)
No solo México, sino el planeta está preocupado por el regreso de Donald Trump a la presidencia del país más poderoso del mundo, y ello de suyo augura tiempos complicados para la estabilidad pacífica, particularmente de regiones del orbe que ya están en guerra, como Ucrania y Medio Oriente, además de poner más tensión en la relación comercial y diplomática de Estados Unidos con China, Rusia y la misma comunidad europea.
En lo que concierne a México, la estrategia definida para enfrentar los locuaces dichos del magnate inmobiliario es contestarle por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum en la misma tesitura, es decir, si propone cambiarle el nombre al Golfo de México por Golfo de América; la doctora se mofa con bautizar a Estados Unidos como América Mexicana. Ante un mal chiste, uno peor.
El tema sería gracioso, si no fuera porque cualquier desencuentro entre presidentes tendría serias repercusiones para los habitantes de México y EU por las consecuencias económicas, sociales y de gobernabilidad derivadas de la imposición de más aranceles a productos nacionales, o de expulsar a miles de indocumentados, o de plano terminar con el T-MEC y, en el mejor de los casos, dejar un acuerdo bilateral tan solo entre ambos países.
Todas las amenazas vertidas por Trump contra México y su gobierno versan sobre tres temas: aranceles, migración y la declaración de terroristas a los cárteles mexicanos; y en respuesta por parte de la mandataria mexicana, es casi en el mismo tono, lo que de entrada provoca que se haya caído en la agenda que marca el presidente norteamericano.
Sheinbaum baila al son que le marca Donald y eso que todavía no asume la presidencia de la Unión Americana.
El riesgo de tener un encuentro todos los días con la prensa es precisamente que, gracias a las preguntas sembradas por Jesús Ramírez Cuevas, la presidenta tiene que contestar a botepronto y ello deja entrever que carece de una estrategia y narrativa propia para defenderse de los dichos de Trump.
A cada declaración del millonario estadounidense, por muy ofensiva que sea esta, la presidenta contesta en el mismo tono, lo que provoca hilaridad y preocupación, toda vez que será hasta el 20 de enero que Donald se convierta en presidente y será a partir de ese momento donde sus declaraciones y acciones tendrán consecuencias reales.
Desde luego, tanto Marcelo Ebrard como Juan Ramón de la Fuente han recomendado mesura y respeto; empero, impera la rijosidad para contestar en los mismos términos a “la bota del imperialismo yanqui”.
La presidenta de México no debe caer en provocaciones y sí pintar su raya contra las declaraciones xenofóbicas de Trump, pero hasta que despache en la oficina Oval de la Casa Blanca; mientras tanto, debe mantener la calma y dejar que las diatribas del neoyorquino se le resbalen, como en su tiempo lo hiciera AMLO.
De nada sirve que en estos momentos Sheinbaum conteste los ataques de Trump, que son producto de la borrachera causada por su reelección presidencial; más bien debería tener perfectamente diseñado el denominado Plan México para contestar con enérgicas acciones en materia de migración, comercio y combate a los capos de la droga, pero no con medidas reactivas, sino con acciones proactivas que reviertan, por ejemplo, la imposición del 25% de aranceles a los productos mexicanos, con medidas similares a los productos norteamericanos.
Lo hemos dicho en otras colaboraciones, por desgracia, el desastre que dejó AMLO en temas como migración, crecimiento económico, inseguridad pública y combate al trasiego de drogas sintéticas, además de permitir el contrabando de mercancías chinas a nuestro país, entre otras omisiones, ha puesto a los mexicanos contra la pared ante el embate de Donald Trump.
El magnate tiene muchas más barajas para presionar al gobierno mexicano que a la inversa, y esto lo sabe Trump, por eso se requiere mente fría, mesura e inteligencia para mitigar el daño e incluso convertirlo en oportunidades de crecimiento.
La vecindad entre ambos países y la hermandad entre sus habitantes en virtud de los lazos consanguíneos que existen entre millones de seres humanos que viven en ambos lados del Río Bravo han creado un sistema estructural de convivencia cotidiana que es imposible de trastocar, aun por los eventuales desencuentros entre los presidentes de las dos naciones. (Alejo Sánchez Cano, El Financiero, Opinión, p. 27)
En los consulados existe un área de protección que se encarga de atender a los mexicanos con problemas con la ley, muchos de ellos internados en prisiones, también se encarga de enviar los restos de personas fallecidas, algunas de ellas delincuentes, sí porque no todos los migrantes son empeñosos trabajadores que se ganan los dólares para enviar remesas a sus familias.
Hay muchos que eran o se convirtieron en delincuentes, se involucran en las pandillas, se enredan con grupos que trafican drogas, roban, asaltan y también asesinan.
No lo duden, muchos de ellos podrían estar entre los que serán repatriados y que buscarán un lugar en México o en otros países, porque, además de los mal calificados héroes, hay delincuentes que van agravar los problemas de seguridad de los lugares donde se instalen.
Que tampoco se malinterprete, la gran mayoría de los migrantes son personas trabajadoras,que contribuyen con su esfuerzo en todas las áreas de la economía estadounidense, gracias a su trabajo en la construcción se han transformado pueblos y ciudades, son ellos los que cubren los servicios, los que siembran y levantan las cosechas, asean casas y edificios, sirven en los restaurantes y en una larga cadena de empleos.
Pero los migrantes no son héroes, casi siempre, son víctimas de una sociedad que no les brindó las oportunidades para desarrollarse en sus comunidades, para arraigarse en los lugares que jamás hubiesen querido abandonar; por eso, seguramente regresan cada y cuando a las fiestas del pueblo o mandan a sus familias, además de dinero, televisores, ropa, electrodomésticos y otros productos a trevés de una red de pequeños negocios de envíos.
En el caso de México, el gobierno federal los tiene en el abandono, durante todo el gobierno de López Obrador y en lo que va del gobierno de Claudia Sheinbaum, los presidentes no han tenido acercamiento con las comunidades, el primero fue a Nueva York, donde se encuentran miles de poblanos, mexiquenses y capitalinos, jamás se tomó la molestia de saludarlos.
No tienen la menor idea de las necesidades de los paisanos, hace días Sheinbaum anunció la creación de una identificación. ¿Ignora que desde hace muchos años existe la matrícula consular? Un documento probatorio de la nacionalidad y ubicación de la persona que tramitan hasta en supermercados y que varios gobiernos, bancos y otras instituciones han aceptado para algunos trámites.
Más que nuevas credenciales los mexicanos en Estados Unidos necesitan facilidades para hacer diversos trámites, como el pasaporte o la credencial de elector. Los consulados están rebasados, no tienen personal suficiente, por si fuera poco les acaban de reducir el presupuesto para este año.
Pero de nuevo al tema, el gobierno de Donald Trump a su llegada contará con el registro de por lo menos 1 millón de extranjeros que han violado la ley, por ahí comenzarán para mandar un mensaje a sus simpatizantes, muchos de esos sujetos van a recalar en México.
La administración Trump no tardará en detectar el lavado de dinero por la vía de las remesas, organismos, como Signos Vitales, han estimado en 4 o 5,000 millones de dólares los que llegan a México por esa vía.
No fue gratuita la afirmación de Trump en el sentido de que le preocupa México porque está gobernado por los cárteles; por cierto, fue lo más importante de lo que dijo, centrarse en lo del golfo de México es pretender ignorar que el próximo presidente de Estados Unidos así ve al gobierno mexicano, ya veremos si también tiene información que lo demuestre. (Juan María Naveja, El Economista, El Foro, p. 39)
Un año después de la renuncia de Hernán Bermúdez Requena como secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de Tabasco, el estado continúa sumido en una escalada de violencia considerada como resultado de la ruptura de los pactos entre las autoridades y el crimen organizado. El posible acuerdo lo ventiló en noviembre Javier May Rodríguez apenas un mes después de que tomara posesión como gobernador de la entidad. La colusión de grupos criminales con autoridades policiacas del estado nombradas por Adán Augusto López en 2019 cuando asumió como gobernador, continuó en 2021 cuando fue nombrado al frente de la secretaría de Gobernación. Visto a la distancia desde aquel octubre de 2022 cuando Andrés Manuel López Obrador fue cuestionado sobre los informes de inteligencia militar y civil que vinculaban con carteles de la droga a la administración del hoy coordinador de la bancada de Morena en el Senado, su respuesta de que se trataba un “ataque de la prensa conservadora” fue una cortina de humo que al disiparse dejó más claro el caos que hoy vive la entidad.
Bermúdez Requena nunca fue bien visto por los comandantes militares que encabezaron la 30 zona militar con sede en Villahermosa en los cinco años en que estuvo al frente de la seguridad del estado. Desde que fue director de la policía de investigación, la antigua policía judicial, la ficha que elaboraron los órganos de inteligencia militar lo relacionaban con grupos criminales dedicados al trasiego de droga, robo de combustible, tráfico de migrantes entre otros ilícitos. Oficiales del Ejército que en aquellos años estuvieron de comisión en ésta zona militar y la 38 en Tenosique, en la región fronteriza con Guatemala, coincidieron en señalar la forma tan abierta en que operaron para el denominado Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) y su entonces brazo armado autodenominado “La Barredora” en el corredor que va de la frontera y pasa por Emiliano Zapata, Macuspana, Centro, Cunduacán, Comalcalco, Cárdenas y Huimanguillo.
En el otoño del 2022 varios medios de comunicación dieron a conocer los reportes del Centro Regional de Fusión de Inteligencia (CERFI) Sureste, donde Bermúdez Requena aparecía en la parte superior de la pirámide de los funcionarios policiacos señalados de operar para esta organización criminal.
De ese legajo de documentos dados a conocer tras el hackeo a la Defensa Nacional por el colectivo Guacamaya, llama la atención que en las disputas criminales que se citaban haya sido “La Barredora” la que se hizo con el control de la mayoría de los municipios tabasqueños.
Con ese antecedente la caída de Bermúdez Requena agudizó las pugnas criminales donde, según las autoridades, los antiguos aliados ahora se disputan la entidad. Quizá por ello Adán Augusto López evadió hablar en noviembre pasado sobre los señalamientos del gobernador May de que durante su gestión hubo pactos con la delincuencia organizada.
Las declaraciones del gobernador sirven de contexto después de la masacre de siete personas el 4 de enero en un bar de Villahermosa que operaba de forma irregular.
En una línea de tiempo de noviembre a la fecha (cuando seis personas fueron acribilladas en otro centro nocturno), el incendio del edén tabasqueño explica los silencios y evasivas de los dos López. (Juan Veledías, El Sol de México, República, p. 5)
A las irresponsables amenazas y cuestionamientos de Donald Trump, la presidenta mexicana ha respondido con las manidas descalificaciones de López Obrador a sus villanos favoritos. Después de que Trump afirmó que en México “están esencialmente gobernados por los cárteles”, Sheinbaum contestó: “Ayer al presidente Trump le malinformaron… Yo creo que le informaron que en México todavía gobierna Felipe Calderón y García Luna; pero no, en México gobierna el pueblo”.
Es lamentable, para empezar, que la Presidenta le siga echando la culpa de todo a un mandatario que dejó el poder hace más de 12 años; muy ineficaces deben ser los gobiernos de la Cuarta Transformación si no han podido superar los presuntos males de un gobierno que terminó hace tanto tiempo. Peor aún es que insista en la posición de su predecesor de dividir a los mexicanos, especialmente en un momento en que enfrentamos un reto tan importante de Trump.
Lo de menos es que Trump pretenda cambiar el nombre del Golfo de México y ponerle Golfo de América o de Estados Unidos. Estas declaraciones solo demuestran su afán de protagonismo. Recuerdan al López Obrador de noviembre de 2023, cuando declaró que iba a cambiar el nombre del “Mar de Cortés” a “Golfo de California”, sin saber, o pretendiendo no saber, que desde hace muchas décadas se denomina así oficialmente.
A los políticos populistas les gusta hacer declaraciones escandalosas, aunque no tengan contenido real, porque quieren ser el foco de atención. Aun si Trump decreta un cambio de nombre del golfo, esto no tendrá ninguna consecuencia. A nadie le importa que los mexicanos hablemos del Río Bravo y los estadounidenses del Río Grande. Lo que sí es significativo es el odio a México y los mexicanos que Trump revela en cada declaración.
Mucho más inquietante es la amenaza de aplicar un arancel de 25 por ciento a los productos mexicanos. Es cierto que Trump se estaría dando “un tiro en el pie”, o más bien se lo estaría dando a los consumidores estadounidenses que pagarían el costo, pero para México sería un disparo en el corazón. Millones de empleos en nuestro país dependen de las exportaciones a Estados Unidos. Una disrupción importante dejaría a cientos de miles, quizá millones, sin trabajo, lo cual generaría una fuerte recesión económica y, paradójicamente, multiplicaría los flujos de migrantes indocumentados a la Unión Americana. Los aranceles serían violatorios del T-MEC, claro, pero Trump es uno de esos gobernantes que piensan que los jueces no deben salir “con el cuento de que la ley es la ley”.
Es difícil saber qué tanto daño tratará de hacer Trump a México y al mundo a partir del próximo 20 de enero, pero es indudable que tiene muchas de las características narcisistas de otros gobernantes que en la historia han destrozado instituciones democráticas y legales. Por lo pronto, busca infundir miedo con sus amenazas, pero creo improbable que después de tantas veces que ha dicho que impondrá aranceles a México vaya a decidir no hacerlo en un momento de cordura al tomar el poder.
También López Obrador amenazó a los mexicanos con mandar al diablo “sus instituciones” después de perder las elecciones de 2006, una derrota que lo llevó a albergar ese odio contra Calderón del que su sucesora sigue haciendo gala. Muchos lo tomaron como una amenaza sin sustento, pero hoy sabemos que un narcisista decidido puede llevar esos amagos hasta las últimas consecuencias, sin importar lo que diga la ley.
Es muy peligroso tomar a la ligera las amenazas de Trump. No se esfumarán solo porque nuestros políticos digan que no le han informado, 12 años después, que Calderón ya no es presidente de México. (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p.10)
La prolongada reunión del Presidente de EU, Joe Biden, con el líder de la Oposición venezolana Edmundo González Urrutia en la Casa Blanca envió un poderoso mensaje a los venezolanos y a la comunidad internacional en un momento crítico de la lucha de Venezuela por la democracia.
La gran pregunta es por qué el Mandatario electo Donald Trump no recibió a González Urrutia durante la visita del líder opositor venezolano a Estados Unidos.
El ex candidato presidencial estaba más que ansioso por viajar a la residencia del republicano en Florida para reunirse con él, me dijeron fuentes de la Oposición venezolana.
Una foto de González Urrutia con Trump, quien ha criticado a Biden por ser supuestamente blando con la dictadura de Caracas, habría sido clave para energizar a los venezolanos antes de una manifestación potencialmente histórica de la Oposición programada para hoy, 9 de enero.
La dirigente opositora María Corina Machado convocó la protesta para impedir que el dictador Nicolás Maduro se jure fraudulentamente para un tercer mandato mañana, 10 de enero.
Según los registros electorales dados a conocer por los opositores, y certificados como auténticos por Estados Unidos y otros países, González Urrutia ganó las elecciones de julio con el 67 por ciento de los votos, y debería ser quien sea juramentado el 10 de enero.
Pero al momento de escribir estas líneas, Trump no había recibido al ex Embajador del país caribeño.
En cambio, el líder opositor venezolano solo pudo verse con el asesor de seguridad nacional designado por Trump, Mike Waltz, y algunos legisladores republicanos de Florida, durante su estadía en Washington.
González Urrutia volaba hacia Panamá ayer y planeaba ir luego a República Dominicana. Desde allí, podría volar a Venezuela el viernes, escoltado por más de media docena de ex gobernantes latinoamericanos.
“Por cualquier medio que sea necesario, voy a estar allí” el 10 de enero, comentó el opositor.
Aunque es probable que Trump siga teniendo un discurso de línea dura sobre Venezuela, el hecho de que no haya recibido personalmente a González Urrutia durante su visita a Estados Unidos ha provocado cierta ansiedad entre la oposición venezolana.
Ha habido señales aisladas de que algunas personas con acceso al magnate pueden estar presionando por un acuerdo con Maduro.
Bajo un potencial acuerdo entre Trump y Maduro, el dictador venezolano admitiría a migrantes indocumentados venezolanos deportados -que representan gran parte de la migración ilegal a Estados Unidos- a cambio de concesiones económicas estadounidenses.
El recientemente electo senador republicano Bernie Moreno, un fiel seguidor del Presidente electo, hizo sonar las alarmas dentro de la Oposición venezolana al declarar la semana pasada que “Trump trabajará con Maduro, porque él es quien va a tomar posesión del cargo”.
Moreno agregó que “al final del día”, las principales prioridades de Estados Unidos sobre Venezuela serán detener el flujo de drogas y que Maduro acepte el regreso de los migrantes indocumentados venezolanos.
Aunque el nominado por Trump para Secretario de Estado, el senador cubanoamericano Marco Rubio, es un severo critico de Maduro, el republicano también ha designado a Richard Grenell como su enviado presidencial para misiones especiales, mencionando a Venezuela entre sus principales prioridades.
Durante el primer mandato de Trump, se reportó que Grenell tuvo una reunión en 2020 con el régimen de Venezuela en la Ciudad de México en busca de una solución negociada a la crisis venezolana.
Por otro lado, magnates petroleros estadounidenses e inversionistas en bonos urgen al Presidente electo para que abandone su política anterior de “máxima presión” sobre Maduro, según un artículo del 28 de noviembre en The Wall Street Journal.
El periódico agregó que los ejecutivos petroleros instan a Trump a llegar a un acuerdo con Venezuela de más concesiones petroleras estadounidenses a cambio de medidas venezolanas para reducir la migración.
Me resulta difícil creer que el republicano le dará la espalda por completo a la Oposición venezolana, aunque no lo descartaría.
Sin embargo, si Trump no se reúne con González Urrutia antes del planeado regreso del dirigente a su país, donde se arriesga a ser arrestado de inmediato, le habrá fallado a los opositores venezolanos en un momento crucial de su lucha por la democracia. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 14)