Ante los migrantes de diferentes nacionalidades que se están quedando “estacionados” en diferentes estados de la República Mexicana, entre ellos, Puebla, el riesgo de la trata de personas por parte grupos delictivos aumenta.
Las personas en situación de movilidad están en riesgo de caer en las redes que abusan de los derechos humanos y el resultado puede ser un mayor número de personas que son utilizadas con diferentes fines.
En rutas que pasan por el estado de Puebla, el número de personas que buscan cumplir el llamado sueño americano está en aumento; sin embargo, gran parte de ellas se está quedando a la espera de poder hacer el intento de cruzar la frontera de México en un futuro cercano. Al mismo tiempo, existen personas que van de regreso a sus países de origen, pero antes de salir de territorio mexicano esperan que se les presente una nueva oportunidad. De la misma forma, llegan migrantes que buscan reencontrarse con sus familiares y su destino es algún punto de México.
De acuerdo con información del Consejo Ciudadano para la Seguridad y la Justicia de la Ciudad de México, el riesgo de que los migrantes sean víctimas de trata de personas creció. Uno de cada 10 reportes que atiende a través de su línea o chat contra la trata de personas, corresponde a peticiones de ayuda de personas en situación de movilidad.
Las personas que se identifican como migrantes y que reportan que son víctimas de trata de personas provienen, en su mayoría de Centroamérica y Sudamérica. Por nacionalidad, la mayor cantidad de reportes de víctimas de trata provienen de Honduras, El Salvador, Guatemala, Colombia y Venezuela; además, se tienen registrados casos de Perú, Ecuador, Haití, Nicaragua y Panamá.
La trata está relacionada con el tráfico de personas y, en su camino, los hombres en situación de movilidad son obligados a realizar pagos económicos; mientras que las mujeres, en diferentes casos, son víctimas de los llamados pagos sexuales.
Ante la imposibilidad de que los traficantes de personas lleven a los migrantes a Estados Unidos, optan por explotar a quienes están en busca de cumplir el sueño americano, una realidad que exige la atención de todos los sectores de la sociedad. (Jaime Zambrano, Milenio Puebla, Opinión, Online)
Embajador regresa a Canadá con tarea
Ahora que se realizó en la Secretaría de Relaciones Exteriores la reunión de cónsules y embajadores, nos cuentan que a unos más que a otros se les pidió redoblar su trabajo en los países donde representan a México. Nos hacen ver que uno de ellos es el embajador en Canadá, Carlos Joaquín. Las autoridades superiores de la cancillería le encargaron estar atento a dos temas relevantes que van a marcar la agenda este 2026. Nos refieren que a don Joaquín se le encomendó mantener toda su atención en la revisión del T-MEC y la organización de la Copa FIFA 2026. Este año, el embajador y exgobernador, sin duda, desquitará el sueldo. (Bajo Reserva, El Universal, p. A2)
› Lula y Sheinbaum cierran filas por el continente
Nos comentan que una conversación telefónica sostuvieron ayer la Presidenta Claudia Sheinbaum y su par brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quienes coincidieron en rechazar los ataques contra la soberanía venezolana, pero, más allá de eso, en condenar posturas que impliquen el deterioro del multilateralismo y el derecho internacional.
Y es que ya se vio que este cierre de filas resultó más que necesario ante las presiones expresadas el mismo día por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien soltó otra bomba cuando declaró que iniciará ahora ataques terrestres unilaterales contra los cárteles de la droga y señalara, una vez más, a México.
Nos hacen ver que tanto Sheinbaum como Lula ya advertían los riesgos que vienen para el continente con la operación de Trump contra Caracas. “Repudiamos los ataques contra la soberanía venezolana y rechazamos cualquier visión que pueda implicar la anticuada división del mundo en zonas de influencia”, escribió Lula tras telefonearse con nuestra mandataria. Ahí el dato. (Rozones, La Razón, LA DOS, p. 2)
Charlan Sheinbaum y Lula
Conversación telefónica sostuvieron la presidenta Claudia Sheinbaum y su homólogo de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. Reprobaron la incursión militar de EU en Venezuela para atrapar a Nicolás Maduro y acordaron cooperar en la pacificación de ese país. También defender “el multilateralismo, el derecho internacional y el libre comercio”, y hacer un frente para combatir la violencia contra las mujeres. De paso, el sudamericano invitó a la mexicana a visitar su nación.
Lo toman muy en serio
El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum se tomó muy en serio el amago lanzado anoche por el presidente de EU, Donald Trump, sobre iniciar ataques contra cárteles en territorio nacional. Y en ese sentido, con cabeza fría, se espera la respuesta al estadounidense, quien en los últimos días ha repartido amenazas a varios países de Latinoamérica y hasta de Europa. (Sacapuntas, El Heraldo de México, La 2, p. 2)
Nicolás Maduro y su esposa fueron secuestrados en Venezuela y trasladados a Estados Unidos para enfrentar a la justicia norteamericana, un episodio que provocó reacciones encontradas a nivel global. Mientras algunos sectores defienden la intervención como un paso necesario para recuperar la democracia, otros reivindican la soberanía y el respeto al derecho internacional, incluso frente a abusos internos.
Mientras el debate ideológico se polariza, Venezuela y Estados Unidos actúan con pragmatismo en un escenario incierto. Delcy Rodríguez permanece en el poder bajo observación estadounidense, avanzan negociaciones sobre petróleo, sanciones e infraestructura y el gobierno ha anunciado la liberación de presos políticos, sin que esté claro hacia dónde se encamina el país ni cuáles serán las reglas del nuevo equilibrio.
Es innegable el saldo desastroso del gobierno venezolano: ocho millones de personas forzadas al exilio, detenciones arbitrarias, fraude electoral y abusos de todo tipo. Un régimen así alimenta el discurso intervencionista y el sentir de millones de venezolanos que celebran la caída de Maduro a partir de su propia historia y de los males padecidos, aunque no lo legitima. Estados Unidos ha utilizado históricamente la defensa de la democracia y los derechos humanos como marco para justificar intervenciones que responden a intereses estratégicos.
Con Donald Trump, ese velo humanitario se abandona. No apela a la promoción de la democracia, sino que justifica el uso de la fuerza en nombre del combate al narcotráfico, el orden y la seguridad hemisférica. La contradicción persiste: una potencia que se asume democrática recurre a acciones unilaterales, ignora la diplomacia y normaliza el uso de la fuerza, aceptando un espejismo de legalidad que sigue subordinando los principios a los intereses.
Hay dos victorias preliminares para Estados Unidos. La primera es la confirmación de que puede imponer su voluntad sin enfrentar grandes consecuencias, recurriendo a la fuerza en un contexto donde el multilateralismo, el papel de la ONU y otras instituciones internacionales está debilitado. Los demás Estados observan impotentes un abuso que también los amenaza: desde intimidaciones a Petro en Colombia y a Canel en Cuba, hasta alusiones a posibles intervenciones en México, la recuperación del control del Canal de Panamá y la toma de control de Groenlandia.
La segunda, quizá menos tangible en lo inmediato, pero igual de peligrosa, es haber logrado que amplios sectores sociales celebren la captura de Maduro como un triunfo colectivo. Lo que resulta cada vez más claro no es solo la aceptación y naturalización del uso de la fuerza y del fracaso de la diplomacia, sino el avance de discursos extremos que han convencido a muchas personas de que una invasión norteamericana puede interpretarse como un acto de liberación.
Es más, el discurso de Washington cada vez se molesta menos en disfrazar sus verdaderos intereses.
Estamos en una guerra narrativa donde sectores ideológicamente opuestos se disputan el discurso, cuando lo que realmente está en juego es la reafirmación hegemónica de Estados Unidos en nuestra región, en un contexto donde el multilateralismo y el derecho internacional han mostrado su ineficacia. No importa tanto la invasión armada como su representación: este nuevo relato relativiza la soberanía y la legalidad. Todo se justifica porque la percepción del público ya ha sido moldeada por una estrategia de comunicación calculada. El poder de Estados Unidos no reside solo en la fuerza militar que permitió secuestrar al presidente Maduro, sino también en su capacidad de controlar la narrativa.
Es válido reconocer los abusos del gobierno venezolano y, al mismo tiempo, alertar sobre un intervencionismo que amenaza a toda la región. No está claro si las acciones de Estados Unidos buscan controlar recursos estratégicos o disputar recursos frente a Rusia, Irán o China, pero sí es evidente una reconfiguración del poder basada en la imposición. El mensaje es inquietante: Washington puede actuar discrecionalmente contra redes criminales, gobiernos incómodos o Estados estratégicos. (Eunice Rendón, El Universal, Nación, p. 5)
El chavismo/madurismo venezolano expulsó de su país a entre 8 y 9 millones de venezolanos. Algo así como la cuarta parte de los habitantes de aquel país. Uno de los fenómenos de desplazamiento más importante del mundo, si no el que más en los últimos años.
La mayoría de ellos huyó a países cercanos en América Latina: casi tres millones a Colombia, poco más de millón y medio a Perú, 740 mil a Brasil, casi 700 mil a Chile y alrededor de 450 mil a Ecuador.
Otro medio millón se reparte en el Caribe y otra decena de países latinoamericanos que encabezan como receptores de esa migración: Argentina, México y la República Dominicana.
Otro destino favorito fue España. La cifra de residentes con nacionalidad venezolana superó los 400 mil a inicios de 2025; pero si se incluye a quienes ya poseen la nacionalidad española (por origen o residencia) y a los solicitantes de asilo, el número total de personas nacidas en Venezuela viviendo en España se aproxima a los 800 mil en 2026.
En Estados Unidos había hasta hace poco unos 610 mil venezolanos amparados por el estatus de protección temporal (TPS) que otorga autorización de trabajo y protección contra la deportación y más de 117 mil personas habían ingresado por el permiso humanitario antes de que, en los hechos, se suspendiera a finales de 2024.
Menciono el caso de TPS en pasado, porque una de las primeras decisiones del gobierno trumpista, ratificado en octubre del año pasado por la Suprema Corte, fue la terminación de esa protección para los venezolanos con lo que, según el mandato aprobado, el 2 de octubre de este año perderán su permiso de trabajo y estancia en el país. Es decir, serán deportables pronto.
En las horas recientes después del secuestro/invasión de Nicolás Maduro; resulta que la presidenta encargada ya habla con Estados Unidos para comercializar petróleo, se liberan a presos políticos, Trump dice que Marco Rubio está en constante comunicación con la presidenta encargada, Petro y Trump son grandes amigos ahora; hoy hay reunión de petroleros para ver cómo le hacen, Estados Unidos promete parte de ese dinero para los venezolanos… En fin, una especie de rara —soy generoso— normalidad después de lo visto.
¿De qué no se habla? O yo no lo he visto por ninguna parte.
De esos muchos millones de venezolanos que fueron forzados a emigrar, lejos de su territorio, sus familias, sus orígenes, buscándose la vida como pueden.
Los olvidados, pues. Como siempre. (Carlos Puig, Milenio, Al Frente, p. 2)
Estados Unidos tan contradictorio con sus políticas, ideología y actuar ante el mundo.
Por un lado busca imponer un orden salvaguardando la integridad y soberanía de otros países, pero al interior es un caos que desata violencia desmedida ante hombres y mujeres migrantes, que si bien no tienen papeles en regla, han aportado por años su trabajo y talento a su país.
La persecución que inició Donald Trump desde el año pasado ha sobrepasado en distintas ocasiones el acoso fulminante contra cualquiera que su imagen denote que no tiene papeles y es latinoamericano.
Es curioso, pero todo se determina con base a cómo se ve, cómo se viste y qué auto maneja. Claro, también en sus trabajos, como cuando han realizado redadas afuera de tiendas como Home Depott en donde acuden trabajadores y esperan a que algún cliente los contrate para hacer trabajos específicos en sus casas.
Lo que pasó estos días fue el asesinato de una mujer de 37 años, una ciudadana estadounidense de nombre Renee Nicole Good. Los videos son claros, se puede ver la camioneta Honda a mitad del camino en donde es detenida por un comando de hombres armados quienes se ven frente a una mujer que sin saber qué hacer, trata de huir del lugar y estos, le disparan a quemarropa.
El gobierno federal dice que la mujer “atentó” contra los elementos, mientras que autoridades de Minesota dicen lo contrario. Esto es lo más absurdo cuando hay videos alrededor de una escena de injusticia y abuso de poder.
La fotografía que les comparto, tomada por el fotoperiodista de Reuters Tom Evans no es la de la camioneta frente a un poste con el que choca cuando la mujer ya herida pierde el control del volante, ni de ella, ni del orificio en el cristal, sino de 18 elementos de la Policía Federal de Estados Unidos y del ICE.
Dieciocho hombres armados como si estuvieran frente a una situación de ataque hacia algún enemigo, pero en realidad están frente a pocas personas, e incluso ante el cuerpo sin vida de UNA sola persona a la que uno de ellos mató.
El reflejo de las incongruencias norteamericanas, de su pésima imagen de poder disfrazado de uniforme camuflajeado y chalecos antibalas.
Nada más claro que DIECIOCHO hombres que solo muestran su incapacidad mental y humana para actuar frente a hombres y mujeres que no van armados y que no presumen ningún peligro para ellos.
Una imagen que los delata como belicosos e incapacitados para diferenciar una escena de peligro con una que los obliga a demostrar que ellos tienen un arma, que representan a la Policía de EUA y que salvaguardarán la seguridad de una nación, (según ellos) matando a cualquiera.
La gente ha salido a las calles a protestar, de nueva cuenta, como desde el año pasado. La beligerancia hacia los posibles migrantes ante la vista de estos personajes, cae en una violación de derechos humanos que también debe de ser cuestionada y señalada.
No se puede “hacerse” el bueno capturando a un dictador, cuando con los tuyos cometes este tipo de actos. (Laura Garza, La Razón de México, Opinión, Online)

(Alarcón, Heraldo de México, La Dos, p. 2)

(Camacho, La Jornada, Opinión, p. 8)

(Rictus, El Financiero, Nacional p. 34)

(El Fisgón, La Jornada, Política, p. 7)

(Xolo, 24 Horas, Página 2, p. 2)