Opinión Migración 090222

Desbalance

¿Discrepancias por migración?

Nos adelantan que el 14 de febrero la Secretaría de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, tendrá una primera reunión de trabajo con su contraparte de Colombia para analizar el tema de los ciudadanos de ese país que no son admitidos al llegar por avión. Al parecer, México está rechazando a un promedio de 700 viajeros al mes. Nos dicen que el gobierno de la mesa la posibilidad de llevar a cabo un pre chequeo antes de salir para que las autoridades migratorias mexicanas no lo rechacen al llegar. Al parecer, nos explican, más que la pandemia de Covid 19, el tema tiene que ver con la elevada migración que se registra por parte de colombianos. Algo parecido ocurrió con Ecuador y Venezuela, a cuyos ciudadanos ahora se les pide visa para entrar al país. (El Universal, Cartera, p. 22)

Pulso político // Critica embajada de EU Reforma Eléctrica

De esto y de aquello…

El funcionario estadounidense, quien hace unos años fuera candidato presidencial demócrata, estuvo en México en octubre pasado, invitado por López Obrador a Palenque para que conociera uno de los programas de este sexenio, como el Sembrando Vida, que ha propuesto a Biden para ayuda a la región centroamericana con el fin de frenar tanta migración a la Unión Americana. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p. 6)

Desde afuera // Una nueva visión en la relación con EEUU

La demanda mexicana contra empresas productoras de armas estadounidenses  subraya el cambio de mentalidad de una diplomacia que sobrepone intereses mexicanos a la relación con Estados Unidos, según Alejandro Celorio, consultor jurídico de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

“Esta administración, este gobierno, el secretario (de Relaciones Exteriores, Marcelo) Ebrard, yo mismo, tenemos en mente lo que los estadounidenses pueden tener en mente o lo que sienten, pero en nuestro centro, México va primero”, dijo Celorio en declaraciones al medio digital The Hill, especializado en política y el Congreso estadounidense.

Según el reporte, Celorio comentó que en el pasado, otros diplomáticos mexicanos “habían coqueteado con la idea de abordar el tráfico ilícito de armas, a través de los tribunales”, pero las relaciones bilaterales desde las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se basaron en una cultura de prevención de conflictos.

En el lado mexicano, necesitábamos una diplomacia mexicana diferente y lo diré sin rodeos: diplomáticos que conozco y respeto, a menudo tenían en mente lo que Washington podría decir“, dijo Celorio.

Las acusaciones implícitas son un tanto fuertes o quizá se leen así en la traducción. Aunque Celorio tal vez tenga sus razones para lamentar que se hayan tomado en cuenta las posibles reacciones estadounidenses. 

Después de todo, sólo se trata de un país que para bien o para mal tiene un peso real en México: tres mil kilómetros de frontera, una economía 20 veces mayor, es la mayor potencia militar de nuestro tiempo, con una población que triplica la mexicana, absorbe 80 por ciento del comercio exterior mexicano y es la principal fuente de inversión extranjera directa. De paso, por cierto, la casa de unos 11 millones de migrantes mexicanos –con o sin documentos– y otros 30 millones más de descendientes de mexicanos, sin contar la fuente del actual ingreso principal de divisas: las remesas.

Fuera de esos detalles el señor Celorio tiene razón. ¿Por qué tomar en cuenta las posibles reacciones estadounidenses? Después de todo no debieran tener impacto en lo que haga o deba hacer México.

Fuera de que, según esa visión, todos aquellos quienes estuvieron antes a cargo de la diplomacia mexicana fueron implícitamente  irresponsables, medrosos o poco patriotas, habría que darle la razón en cuanto a la necesidad de mayor audacia o más iniciativa, en la relación bilateral.

Celorio es la voz cantante de México en un juicio que es de resultados dudosos, por razones ajenas a México y ubicadas en la jurisprudencia y las formas de pensar estadounidenses.

Que, por supuesto, y según la visión de Celorio, no deberían ser un freno, aunque el juicio –que no es criminal– se desarrolle ante una Corte de ese país. Pero de cualquier manera, sirve como adorno para la política doméstica.

Pero el problema no es el juicio, sino la visión. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 27)

Razones y Proporciones // Las remesas y los viajeros internacionales

Los ingresos por remesas han propiciado un creciente interés por parte de los observadores de la economía mexicana, lo que se ha manifestado en la proliferación de análisis periódicos detallados sobre las características socioeconómicas de los emisores y receptores de estos flujos de dinero.

La razón de esta atención ha sido el monto significativo de las entradas monetarias por ese concepto y, en especial, su continuo aumento, que se ha acentuado recientemente. Desde 2014, las variaciones anuales han sido positivas, alcanzando una tasa máxima de 27.1 por ciento durante 2021.

Entre las posibles causas de la tendencia ascendente de estas cantidades destaca el desempeño económico positivo de Estados Unidos, país que concentra la mayor parte de los trabajadores mexicanos que las remiten. La expansión productiva por más de diez años hasta febrero de 2020, los apoyos gubernamentales durante la emergencia sanitaria y la vigorosa reactivación de esa economía han favorecido el empleo y los ingresos de los migrantes.

Las remesas constituyen transferencias de dinero sin ninguna contraprestación económica interna, por lo que no forman parte del PIB de México. En contraste, el trabajo de los migrantes, que posibilita esos envíos, contribuye al PIB del país donde residen. En particular, el esfuerzo laboral de los mexicanos en Estados Unidos ha representado una aportación crucial al ascenso económico de esa nación.

En consecuencia, las remesas representan una ayuda benefactora externa. Existen indicios de que estas donaciones han resultado en un aumento en las erogaciones familiares en salud y educación, así como en la adquisición de bienes duraderos. Asimismo, la mayor disponibilidad de recursos de los hogares beneficiados ha aliviado, en algún grado, las condiciones de pobreza del país.

Si bien, en la medida en que financian una fracción del gasto, las remesas terminan contribuyendo al PIB de México, difícilmente pueden ser puntal del progreso nacional. El avance económico requiere el aumento en el uso eficiente de los recursos productivos, trabajo e inversión, así como la incorporación del cambio tecnológico, lo cual no puede depender de donativos.

Un renglón de la balanza de pagos que extrañamente ha recibido una menor atención al de las remesas es el de los ingresos provenientes de los viajeros internacionales. Tales entradas de dinero se refieren al gasto que los visitantes no residentes realizan en el país, con propósitos diferentes al ejercicio de una actividad remunerada dentro del territorio nacional.

El relativamente reducido análisis dedicado al rubro de viajeros resulta sorprendente, al menos, por dos razones. En primer lugar, durante el presente siglo y hasta el brote de la pandemia, estos flujos tendieron a crecer a un ritmo superior al de las remesas, hasta alcanzar montos no muy alejados al de éstas.

Así, como porcentaje de las remesas, los ingresos por viajeros internacionales pasaron de 30.3 por ciento en 2001 a un promedio de 69.5 durante 2014-2019.

Si bien, en la proporción inicial, pudieron haber influido errores de subestimación de las remesas, el incremento nominal de las entradas relacionadas con los viajes ha sido notable. En este dinamismo perece haber influido la creciente integración económica de México con el vecino país del norte, así como los desarrollos de los destinos turísticos nacionales.

En segundo lugar, más importante, los ingresos asociados a los visitantes del exterior responden a una contraprestación económica interna, en la forma de una provisión de bienes y, en especial, de servicios como restaurantes y hoteles que satisfacen las necesidades de los viajeros.

El valor agregado de estas labores forma parte del PIB turístico de México, el cual comprende la producción de bienes y servicios destinados a los visitantes tanto residentes como no residentes. De 2008 a 2019, el PIB turístico como proporción del PIB nacional se mantuvo relativamente estable en torno a 8.4 por ciento.

Las restricciones impuestas a los viajes con motivo de la pandemia desencadenaron una caída de los ingresos internacionales por este concepto en 2020 y una recuperación en 2021. Adicionalmente, tras un desplome en el segundo trimestre de 2020, el Indicador Trimestral del PIB Turístico ha registrado una moderada mejoría.

Una vez superada la crisis sanitaria, las oportunidades para una mayor contribución de los ingresos por viajeros internacionales al desarrollo turístico de México lucen amplias. Su aprovechamiento depende, entre otros factores, de la remoción de barreras a la inversión, especialmente en infraestructura, y de la mejoría en el ambiente de seguridad pública. El impulso de estos flujos al progreso económico del país podría ser considerable. (Manuel Sánchez González, Exsubgobernador del Banco de México y autor de Economía Mexicana para Desencantados (FCE 2006), El Financiero, Economía, p. 10)

Auctoritas // La solidaridad humana, la única salida

Con excesos los seres humanos, estamos anteponiendo el individualismo por encima de la conciencia social. Las necesidades básicas, gustos, pasiones y aspiraciones personales por encima de todo. La acción del Estado y el mercado, por tanto, orientan sus incentivos hacia el individuo más que por lo colectivo. Bajo esta lógica, el individuo se encumbró por arriba de la sociedad; el hombre hecho Dios omnipresente con una clara falta de empatía hacia los demás. En la actualidad, sin embargo, el concepto del dios dinero del liberalismo no y el concepto del jefe máximo estatista socialista no se sostienen. Los siguientes pasos después de la pandemia, así como la pronunciada crisis de solvencia moral que vivimos y, la administración del impresionante avance tecnológico al que asistimos al igual que el reto migratorio sin precedente requieren voltear hacia la solidaridad humana como única salida a estos desafíos. El falso dilema de primero el bienestar del individuo y con esto, se logra el bienestar colectivo, ha sido tan insensato como la visión contraria. La salida no se puede encontrar en primero uno luego otros. El sustentar nuestras acciones en la ética y la empatía es la respuesta para estos tiempos.

El impacto del Internet, entre otras cosas, ha logrado que las vías de contacto utilizadas por todos, muestren como nunca las ancestrales diferencias socioeconómicas que en esta ocasión están a la luz de todos y en todas partes. En esta lógica del Internet, el multimillonario negocio de las empresas tecnológicas y la proliferación de redes sociales, se inscriben los retos de la migración, pobreza e igualdad. Este hecho ha dado como resultado mayor enojo, frustración y envidia colectiva. Bajo esta lógica, los graves problemas agravados por los nuevos tiempos, aunado a la psique colectiva, obligan a pensar en el humanismo con la empatía, la moral y el autocontrol como vía para lograr una mejor convivencia humana.

Con un nuevo enfoque de vida orientado a una mayor solidaridad, debemos asumir que será la economía de mercado la única capaz de continuar desarrollando la cura global para el Covid y siguientes virus o bacterias tal y como lo hizo con el dengue, el sarampión o la influenza. La diferencia estriba en que en el futuro debe de hacerse con base en utilidades justas, ello impedirá episodios vergonzosos como el hecho de que a estas alturas no hay cura para el Ébola simplemente porque en África no están los recursos para pagarla.

Igualmente, no debiera existir duda de que será el Estado y no el mercado, quien tendrá un papel más relevante sobre el cuidado de las personas bajo normas iguales para todos sin importar estrato social, raza, preferencias o creencias. Han sido las religiones quienes, bajo el principio de universalidad en el que todos somos hijos de un ser superior, han avanzado mejor en el concepto de igualdad, no obstante, sigue existiendo el deseo de igual en términos no sobrenaturales.

El libre mercado con su potencia para generar riqueza y el Estado democrático con su capacidad para alcanzar cohesión social necesitan trabajar de la mano para unir a las sociedades en estos tiempos de división. El tiempo del individualismo se agotó, pero para que llegue realmente el momento de la colectividad, se requiere del despliegue a plenitud de la solidaridad humana, entenderlo así representa la salida a las diferencias sociales que tenemos los seres humanos. (Carlos Alberto Martínez Castillo, El Economista, Política y Sociedad, p. 39)

Cartón

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(Helio Flores, El Universal, Opinión, p. 17)