En esta pandemia, la peor desde la mal llamada gripe “española” de 1918, cobra especial relevancia la cooperación global que impulsa México. Justo al publicarse este texto, nuestro canciller anunció la plena disposición de México —a la que esperamos se unan otros miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac)— de sumarnos al esfuerzo internacional para desarrollar una vacuna.
Y entretanto se logra una solución, la Secretaría de Relaciones Exteriores sigue velando por la repatriación de connacionales alrededor del mundo. A la fecha ascienden a más de 11 mil los mexicanos que lograron regresar con apoyo del gobierno mexicano, por propios medios o con la acción combinada de aerolíneas comerciales y organizaciones de la sociedad civil.
No pocas de estas situaciones constituyen un relato épico; sin embargo, hay algunas que sobresalen como el de la familia Chiappini, que el 1 de mayo retornó en un vuelo chárter desde Buenos Aires, Argentina, junto con 245 mexicanos. En este caso fue gracias al apoyo, literalmente providencial, de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. (Maximiliano Reyes Zúñiga, Milenio, Opinión, p.10)
¿Quién hará algo por nuestros migrantes?
El pasado martes, el Banco de México informó que las remesas de migrantes enviadas al país en marzo llegaron a 4 mil 16 millones de dólares, 35 por ciento más que en el mismo mes de 2019.
De nuevo las mujeres y hombres migrantes muestran el papel central que juegan en el sano desarrollo de México, especialmente en tiempos de crisis como los actuales.
Sin embargo, fuera de bonitos discursos, poco o nada se hace a favor de ellas y ellos. Por ejemplo, a pesar de que organizaciones de migrantes han demandado desde hace más de 20 años tener representación política en el Congreso de la Unión, no existe una ley al respecto. De ahí que la nación mexicana en el extranjero siga sin tener voz en el Poder Legislativo. (Primitivo Rodríguez Oceguera, La Jornada, Opinión, p.10)
Juárez está al sur geográfico de Estados Unidos, pero, más que nada en el sur global, como lo concibe Boaventura de Sousa: el lugar social donde la opresión capitalista, colonialista y patriarcal se condensa y se agudiza. Eso lo confirma la manera cómo se vive en esta frontera la pandemia del Covid-19.
La letalidad sigue siendo un distintivo de esta multivulnerada ciudad: no digamos los homicidios dolosos y culposos que en el primer cuatrimestre de 2020 sumaron 566, de los cuales 171 fueron en abril; sino la mortandad provocada por la pandemia: al 6 de mayo, de los 684 casos confirmados de Covid-19 en Chihuahua, 433 estaban en Juárez y de las 125 defunciones en el estado, 104 se han dado en esta frontera: 83 por ciento, cuando esta ciudad representa 39 por ciento de la población estatal. La tasa de letalidad, entendiendo esto como la proporción de defunciones sobre la totalidad de contagios, ese día era de 9.7 por ciento para el país; para Chihuahua, casi el doble, 18, pero para Juárez, 24 por ciento, prácticamente dos veces y media el promedio nacional.
El alto porcentaje de la población local o migrante en pobreza es otro factor: el personal de salud reporta que a los hospitales llegan muchos migrantes del sur del país en condiciones de desnutrición, con las defensas muy bajas por las malas condiciones de alojamiento y de transporte. En situación similar están muchos de los habitantes de esta frontera, donde se condensa el mayor núcleo de extrema pobreza en Chihuahua; además de la mala alimentación, padecen la precariedad de sus viviendas, la falta de servicios sanitarios y de salud, de agua potable. Todo esto se agudiza porque, dada su ubicación en el desierto, por el desmonte de tierras aledañas y el alto porcentaje de calles sin pavimentar, en Juárez hay una proporción muy alta de partículas suspendidas, lo que, sean tiempos de coronavirus o no, genera una fuerte incidencia de neumonías y enfermedades bronquio respiratorias. (Víctor M. Quintana S., La jornada, Opinión, p.20)
El movimiento aunque surge del ámbito empresarial, en el que se suman poderosos capitanes de empresas de Nuevo León y algunos integrantes del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, los mismos que en la elección presidencial de 2018 intentaron impulsar una candidatura única de Ricardo Anaya contra López Obrador, está buscando sumar en todos los ámbitos y ya tiene el apoyo de gobernadores del norte del país (Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila) además de medios y periodistas que apoyarían la idea de inducir una renuncia en la presidencia que tiene intenciones claramente golpistas.
Lo más delicado es que los empresarios que impulsan el movimiento anti-AMLO ya empezaron a buscar el apoyo de Estados Unidos y que han intentado sumar a su propuesta golpista a un sector del Ejército y de la Marina, pero no han tenido éxito.
Representantes de ese grupo ya hicieron contacto con Jared Kushner, el yerno de Donald Trump. Utilizando servicios de despachos de cabildeo que operan en Washington, algunos de ellos a cargo de exdiplomáticos mexicanos, le han hecho llegar mensajes a Kushner con el argumento de que la situación económica y social de México se pude complicar tanto, ante las políticas de López Obrador para enfrentar la profunda crisis económica por el coronavirus, que el problema para Estados Unidos y para Trump ya no serán las caravanas de migrantes centroamericanos, sino “las oleadas de migrantes mexicanos que buscarían cruzar ilegalmente a territorio estadounidense ante el desempleo y la pobreza que se va a generar en el país”. (Salvador García Soto, El Universal, Opinión, p.7)
Y recuperarse de esta doble crisis no será fácil. Particularmente si no se recibe ayuda del gobierno federal. Es incomprensible y cruel que el presidente Donald Trump no haya incluido a los 10 millones de indocumentados en su programa de ayuda. Muchos de ellos tienen hijos estadounidenses nacidos en este país. Es irónico que los trabajadores del campo o de las empacadoras de carne sean considerados “esenciales” para enfrentar esta crisis y que todos los días se jueguen la vida. Pero, a la hora de repartir la ayuda, muchos quedaron fuera por no tener su documentación legal. (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p.8)
Según cifras del United State Census Bureau 2015, en Estados Unidos viven 31 millones 798 mil 258 personas de origen mexicano, de las cuales 11 millones 848 mil 537 son nacidas en México, y otros 331 mil 162 residen en el resto del mundo.
Desde hace varios años, estos migrantes envían remesas a México que van desde los 30 mil a los 36 mil millones de dólares al año, manteniéndose siempre entre las principales fuentes de ingresos económicos del país. Este envío de dinero sostiene la economía de miles de familias mexicanas, inclusive existen ciudades como Dolores, Hidalgo, Apatzingán, Atlixco, entre otras, en donde dos de cada 10 hogares reciben ingresos del extranjero, principalmente de Estados Unidos (encuesta intercensal 2015, Inegi).
El pasado 5 de mayo, el Banco de México informó que durante marzo se registró un ingreso al país de 4 mil millones de dólares en envío de remesas, superando así el récord obtenido en agosto de 2019. Ese mismo día, el Presidente de México reconoció estas cifras y agradeció a los connacionales por su contribución a la economía nacional; asimismo, mencionó que estos recursos se han convertido en la principal fuente de ingresos económicos del país. (Enrique Lucero Vázquez, Excélsior, Opinión, p.12)