Al principio del sexenio pasado, el gobierno mexicano cedió ante una amenaza de Donald Trump, presidente en su primer cuatrienio, e inició una nunca vista movilización de las fuerzas de seguridad mexicanas, principalmente el Ejército, en el sur del país para impedir el cruce de migrantes desde Centroamérica por el país para llegar a la frontera norte y de ahí cruza a Estados Unidos.
Las consecuencias de esa decisión han resultado en una trágica serie de violaciones a los derechos humanos de aquellos que el movimiento que gobernaba y gobierna dicen que reciben con humanismo. El símbolo mayor de la estrategia es el incendio y muerte de migrantes en un centro de detención del Instituto Nacional de Migración, cuyo titular entonces ni rindió ni rendirá cuentas.
Con Trump de vuelta a la Casa Blanca, el nuevo gobierno inauguró una operación Frontera Norte, una vez más con todas fuerzas de seguridad, que refuerza aquel operativo y sigue haciendo la vida imposible para los migrantes.
Gracias a estos esfuerzos, el gobierno mexicano ha conseguido algún mejor trato de parte del gobierno estadunidense, cierto. A costa de la peor vida para aquellos que desde México y otros países quieren llegar a Estados Unidos soñando con una mejor vida que en sus lugares de origen no tienen.
En todo este tiempo, en sus dos momentos en la Casa Blanca y en sus campañas, sobre todo en la última, Trump ha sido de una crueldad inimaginable con los migrantes, incluyendo a los mexicanos. De hecho, la migración, dicen la mayoría de los estudios, fue el tema que más influyó en su reelección.
Al mismo tiempo, los consulados del país están faltos de recursos, tenemos un embajador que vaya usted a saber qué hace desde el sexenio pasado y un canciller que… en fin.
La furia de Trump no ha parado ni parará. Este fin de semana en Los Ángeles reventó en caos. La advertencia del presidente de Estados Unidos es clara: “Estoy ordenando a la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem; al secretario de Defensa, Pete Hegseth, y a la procuradora general, Pam Bondi, en coordinación con todos los demás departamentos y agencias relevantes, que tomen todas las medidas necesarias para liberar a Los Ángeles de la invasión migratoria y poner fin a estos disturbios de migrantes. Se restablecerá el orden, se expulsará a los ilegales y Los Ángeles será liberada”.
Las verdaderas víctimas: los migrantes, con o sin documentos. Los olvidados de siempre.
Y lo que falta. (Carlos Puig, Milenio, Al Frente, p. 2)
Al mismo tiempo que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenara que tropas de la Guardia Nacional se trasladaran a Los Ángeles ante las protestas por redadas masivas de migrantes en esa ciudad –centenares de ellos mexicanos detenidos– la presidenta Claudia Sheinbam rechazó esa medida al señalar que no es con ellas ni con violencia como se va a atender el fenómeno migratorio sino trabajar en una reforma integral de ese problema.
En su gira de fin de semana por Puebla, sostuvo que las y los mexicanos que viven allá son mujeres y hombres de bien, honestos, no criminales, que migraron a ese país en busca de una mejor vida para ellos y sus famlias, muchos de ellos originarios de esa entidad, tantos que por eso, a Nueva York le dicen Puebla York, igual que Los Ángeles no sería lo que es si no fuera por los mexicanos que viven y trabajan allá.
Después de que la Misión de Observadores Electorales de la Organización de Estados Americanos que estuvo en las elecciones del Poder Judicial de la Federación el domingo pasado, concluyera que con perfiles electos a través de “acordeones”, los juzgadores carecerán de legitimidad e independencia, el gobierno de México le envió una nota diplomática al secretario general, Albert Ramdin, acusando “injerencismo”.
Al mismo tiempo, dirigentes y legisladores del PAN, coincidieron en instar al gobierno a respetar y reconocer las observaciones de esa Misión que sostuvo que la elección judicial no fue transparente ni equitativa, por lo que pidió que el compromiso de México con los organismos internacionales y los derechos humanos, se refleje en acciones concretas.
A su vez, el diputado blanquiazul, Danel Chimal, urgió a la Secetaría de Relaciones Exteriores a tener tacto político al exponer posicionamientos sobre México frente al mundo, debido a que su labor es emitir posturas acordes al contexto internacional y el clima político del mundo ya que esa dependencia “no es un comité más de Morena”.
Mientras varios de sus colegas enfrentan reclamos por su desempeño o se ven envueltos en problemas y acusaciones ajenas a sus cargos, el alcalde del histórico municipio poblano de Zacapoaxtla, Margarito Rojas Parra, asistió el sábado a una comida ofrecida por sus habitantes para agradecerle la realización de obras ofrecidas en campaña.
Ilusos excandidatos a cargos de juzgadores en la elección judicial al solicitar al INE un recuento de votos, misma que fue rechazada de inmediato por no estar contemplada en la reforma al PJF, al igual que otras que lo están y fueron ignoradas. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p. 6)
La relación entre México y Estados Unidos cada día se vuelve más compleja. El gobierno de Donald Trump ha logrado establecer una política económica donde siempre hay un elemento que tiene que negociarse en la mesa y deja poco espacio para el reclamo de derechos para los migrantes en general, y de los mexicanos en particular.
La pregunta es, ¿hasta qué punto será prudente dejar que el asunto comercial quede por encima de los derechos humanos de las personas migrantes que están en el territorio de Estados Unidos?
¿En qué punto el gobierno de México va a poder encontrar un equilibrio para no molestar demasiado las mesas de negociación con aranceles a autopartes, acero, aluminio y que esa mesa no se contamine con las legítimas peticiones de respetar los derechos de las personas migrantes?
Los mexicanos en el extranjero son un motor económico por sí solo, al país ingresaron 64 mil 746 millones de dólares por remesas en 2024. Solo de enero a abril, ingresaron ya 19 mil 501 millones de dólares. En los meses que vienen necesitamos tener claridad de cómo vamos a extender una mano de ayuda a quienes hoy viven redadas de persecución e intimidación.
Esta semana, vimos imágenes de elementos de la Guardia Nacional de Estados Unidos agrupándose en distintos puntos de la ciudad de Los Ángeles para contrarrestar las protestas de las comunidades latinas que enfrentan las redadas de los agentes de inmigración.
Los operativos del ICE terminaron por ser una especie de cacería de personas que más allá de la revisión del estatus migratorio, es una medida para infundir miedo, para provocar autodeportaciones, para evitar que las comunidades se agrupen, que peleen por sus derechos, deshumanizar un poco la vida que han estado construyendo a lo largo de varios años.
Las cifras de algunos grupos de derechos humanos en la ciudad de California dicen que fueron al menos 45 personas arrestadas, y de esas al menos 11 son mexicanos según el consulado, pero los números aún no son definitivos.
Además, esta situación promete ser el primero de varios episodios, porque la política del presidente Donald Trump es estridente. No necesariamente quirúrgica, pero lo que importa es transmitir un mensaje: este país no es seguro para los migrantes.
Lo preocupante de las redadas en Los Ángeles es la posibilidad de que se repitan en cualquier otra ciudad con una presencia migrante. Es que no existe un sitio seguro.
De nuestra parte, en el territorio mexicano toca pelear por que se respeten los derechos fundamentales de las personas. La presidenta Claudia Sheinbaum envió un primer mensaje, no es ni con redadas ni con violencia como podrá atenderse el fenómeno migratorio.
Pero la duda genuina ahora es, ¿cuáles son las posibilidades de ayuda del gobierno mexicano para con los migrantes? Caminar de manera firme en las líneas de negociación con el gobierno de Estados Unidos no va a ser una tarea corta o sencilla. (Miriam Castillo, 24 Horas, CDMX, p. 9)
Dice Trump que “Los Ángeles fue invadida y ocupada por inmigrantes indocumentados y criminales”. Y es cierto. Ocurrió en 1848, cuando, con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, los estadunidenses nos robaron la mitad de nuestro territorio. (Redacción, La Jornada, Cp.)
Logros o tour legislativo
Nos cuentan que las reuniones sostenidas entre senadores de México y Estados Unidos fueron muy breves y los legisladores mexicanos sólo lograron hablar del gravamen a las remesas. La gran incógnita es si los mexicanos convencieron a sus homólogos para evitar poner impuestos a las remesas o sólo fueron a pasear… ¿Será?
Folclor diplomático
El subsecretario de Estado de Estados Unidos, Cristopher Landau, ya mejor hizo un chiste de la foto editada que la senadora Andrea Chávez difundió y en donde se les olvidó borrar una mano del barandal de la escalera en la que posaron… Reconocido por su buen humor, el exembajador de EU en México posteo un video de “dedos”, la mano que es parte de la familia Adams y compañera de Merlina. Para puras vergüenzas con nuestros legisladores. ¿Será?
Morenista, a protesta frente embajada
Y fue la senadora morenista Guadalupe Chavira la que lanzó un posicionamiento contra la política migratoria de Estados Unidos, al calificar como “represivas” e “inhumanas” las redadas contra migrantes y el uso de la Guardia Nacional estadounidense en estos operativos. “¡La dignidad no se negocia!”, clamó la legisladora. Y como muestra de que el discurso va en serio, anunció que este martes, acompañada por legisladores, sindicatos y organizaciones sociales, acudirá a Paseo de la Reforma, justo frente a la sede antigua de la embajada de Estados Unidos, a exigir un alto a lo que calificó como un “crimen de Estado”. Aseguró que no se trata sólo de un reclamo político, sino de una defensa del alma de la patria: los migrantes, quienes, dijo, “no son cifras ni discursos, son vidas”. Habrá que ver qué diputados y senadores y de qué partidos se le suman. Sobre todo, porque entre músicos y cantantes de regional y políticos en estos tiempos hay temor de que les quiten la visa. (Redacción, La Razón, LADOS, p. 2)
Que legisladores morenistas como el vicecoordinador de la bancada guinda en la Cámara de Diputados, Alfonso Ramírez Cuéllar, y la senadora Guadalupe Chavira, entre otros, decidieron desempolvar sus camisetas de activistas y convocar a una “protesta pacífica y solidaria contra la represión a migrantes en EU” el martes por la tarde frente a la embajada de ese país en Paseo de la Reforma, lo cual les valió en redes sociales señalamientos de oportunistas y reclamos por no mostrar la misma solidaridad con los mexicanos víctimas de la violencia del crimen y otros flagelos en su propia nación. (Redacción, Milenio, Al Frente, p. 2)
Como dicen las fuerzas vivas de la ultraderecha nacional prianista-voxista, no puede ser que los inmigrantes mexicanos se rebelen en contra de las muy humanistas medidas de Donald Trump que los reprime, persigue, encarcela, golpea y de forma benigna les envía a las cárceles-SPA de Bukele. No es posible que en lugar de agradecer que se le someta a toda clase de vejaciones, ataques y deportaciones masivas, la migración salga a tomar las calles de Los Ángeles exigiéndole al sacrosanto Donald un trato que no sea solo reservado para bestias del averno.
Qué acaso no entienden que el de los pelos oxigenados tiene problemas mayores, como el de ayudar a Netanyahu, despejar Gaza a bombazos para construir Trumpland, un paraíso para viejos rabo verdes y prófugos del ácido fólico. Es increíble que no haya empatía entre los migrantes, cuando el esposo de Melania tiene que lidiar con la pérdida de su mejor amigo, Elon Musk, que me lo está funando por andar en los pachangones de Jeffrey Epstein, el chichifo mayor, no se vale.
Y todavía se atreven a agitar la bandera mexicana en medio de la trifulca y usar pancartas como “Fuck ICE” y “Chinga tu Migra”.
Cuánta razón tienen los bots, trolls y jéiters que acusan a los rebeldes de no saber apreciar a un gobierno que recurre a los métodos del KKK para defender a la tierra de la libertad. Me encanta la manera en qué los grandes intelectuales derechairos y los ellos, se ponen el uniforme de la loca academia de Miramontes, para solidarizarse con la con el trompismo, mientras le echan la culpa a Claudia Sheinbaum y López Obrador de todas estas movilizaciones. Ha sido muy conmovedor ver a la fanaticada trumpera mandarle mensajes a la Embajada gringa para que quienes apoyen a la resistencia migrante, se les niegue la visa o se les arrebate.
Debe tener razón un alarazkiano y nada delirante Simón Trevi cuando afirma que detrás de todas estas escaramuzas están los narco venezolanos, el Partido Comunista Cubano, la banda de Morena y casi casi que la CNTE y los Diablos rojos.
Ya me anda por porque Krauze compare a Trump con Lázaro Cárdenas y que la dotorcita Dresser llame heroica a la Guardia Nacional yanqui que se puso más medieval contra los manifestantes migrantes, que los ganaderos de Milei con los jubilados.
Esa idea de que la ultraderechairiza trumpista es dictatorial, aunque tenga parecido al Imperio galáctico de Darh Vader, es falsa. (Jairo Calixto Albarrán, Milenio, Al Cierre, p. 39)
Y México lo hace enojar más.
Hablemos de concesiones y tolerancias:
Un día el magnate pide y le instalan muros militares al sur y al norte para contener migrantes y el flujo de narcóticos, en especial fentanilo.
Luego anuncia aranceles de 25 por ciento a las exportaciones mexicanas a despecho del pacto comercial México-Estados Unidos-Canadá.
Adelantito pide agua y se vacían presas y exprimen ríos aunque se afecte a poblaciones fronterizas en el peor momento del estiaje.
A continuación en su proyecto de presupuesto pide gravar con cinco por ciento las remesas, pero la Cámara de Representantes la fija en 3.5.
Y ahí la lleva, con 50 por ciento de aranceles al acero y al aluminio, en espera de nuevas medidas de alto impacto para México
Amén de redadas de indocumentados anunciadas en campaña pero protestadas cuatro meses y 19 días después de iniciado su segundo mandato.
INCITACIONES EN EU
Hablemos de éstas.
Donald Trump las anunció en su primera campaña y en la segunda prometió ser implacable, pero la protesta mexicana llegó más de cuatro meses después.
Antes vino la provocación con llamados a migrantes y organizaciones civiles a mandar cartas y protestar por el impuesto de 3.5 por ciento.
Injerencia en territorio estadounidense mientras aquí se reforma la Constitución para evitar llamados en México a no ingresar ilegalmente… ¡a Estados Unidos!
Así hemos llegado a este lunes con un tema en puerta: el primer ministro de Canadá, Mark Carney, ha invitado a Claudia Sheinbaum a la cumbre del G-7.
No ha habido respuesta, pero en Ottawa se teme la inasistencia a la pérdida de oportunidad del diálogo presidencial Sheinbaum-Trump, Sheinbaum-Carney y otros jefes de Estado y de gobierno para fijar caminos de entendimiento y solución.
Ante la falta de respuesta, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, prepara una carpeta por si al final hay viaje y tal vez Juan Ramón de la Fuente haga lo mismo.
ABRIRSE AL MUNDO
1.- Habría beneficios colaterales.
El principal sería unir fuerzas y argumentos con Canadá rumbo a la tercera fase del TLCAN/T-MEC y abrir mercados como Mark Carney hace con Europa y Asia.
2.- Si hay duda, baste recordar la sesión de la Comisión Parlamentaria Mixta México-Unión Europa del mes pasado, donde se lamentó el bajo ímpetu de los distintos sectores del país.
Con el viejo continente el intercambio comercial ronda los 80 mil millones de dólares anuales, mientras con Estados Unidos rebasa los 800 mil.
Diez veces más y seguimos empecinados pese a las amenazas de Donald Trump.
Las recomendaciones de la Comisión Parlamentaria Mixta México-Unión Europea es pedir a Claudia Sheinbaum ratificar muchos convenios pendientes y voltear hacia otras partes del mundo.
Y 3.- La alcaldesa de Acapulco, Abelina López, ha escogido la vía fácil de declararse perseguida en lugar de aclarar el destino de 898 millones de pesos en el ejercicio de 2023.
Así de simple.
Abelina estuvo muy activa en las precampañas -su corcholata presidencial era Marcelo Ebrard- y sólo ella sabe si no entrega la documentación porque no hay manera de justificar tal gasto ante la Auditoría Superior del Estado de Guerrero. (José Ureña, 24 Horas, México, p. 4)
Más temprano que tarde, la ofensiva de la presidencia de Donald Trump en contra de los trabajadores migrantes tenía que desembocar en una ola de protestas. Los disturbios que empezaron en Los Ángeles el pasado fin de semana son una incipiente muestra del hartazgo de la ciudadanía, y particularmente de las comunidades mexicana y latinoamericana, por los abusos, atropellos e ilegalidades en los que el magnate embarcó al gobierno de Estados Unidos: detenciones individuales y colectivas sin la menor justificación, deportaciones sin motivo, muchas de ellas no hacia los países de origen de las víctimas, sino hacia los infiernos carcelarios de El Salvador o a la remota África, expulsiones incluso de personas con situación migratoria regular, separación de familias, redadas en unidades habitacionales, comercios, templos y escuelas.
Si lo que pretendía Trump era mantener desde la Casa Blanca la seducción que ha ejercido sobre su base de apoyo xenófoba y supremacista –que constituyó el núcleo duro de los votantes que lo llevaron a la presidencia–, es claro que fue demasiado lejos: no podía profundizar y agravar, sin generar consecuencias, el tono de sus insultos y agresiones en contra de decenas de millones de personas que, guste o no, forman parte de la población de Estados Unidos. A fin de cuentas, lo sorprendente de las protestas callejeras que estallaron en Los Ángeles es que han tardado tanto tiempo en presentarse, habida cuenta que estaban siendo provocadas desde la Oficina Oval a partir del 20 de enero pasado, día de la toma de posesión para el segundo periodo del mandatario republicano.
En lugar de buscar la conciliación ante lo que su asesor Stephen Miller llamó hiperbólicamente insurrección, Trump ha querido mostrar un rostro duro e implacable ante los disturbios; ordenó, en esa lógica, el envío a la urbe californiana de tropas de la Guardia Nacional y éstas no tardaron en desatar una violenta represión contra los manifestantes. Todo ello, pese a la oposición del gobernador del estado, Gavin Newsom, quien describió la medida de violación a la soberanía estatal y de alarmante abuso de poder, toda vez que la Guardia Nacional está adscrita a la autoridad local, no a la del presidente. Newsom recibió el apoyo de 22 gobernadores demócratas. En el mismo sentido se manifestó la alcaldesa de la ciudad, Karen Bass. En un nuevo exceso autoritario del trumpismo, el llamado “ zar de la frontera”, Tom Homan, amenazó con detener a ambos funcionarios.
Así, el trumpismo tiene en la mira no sólo a los trabajadores extranjeros y a las comunidades mexicanas, sino también a autoridades locales preocupadas por proteger a sectores económicos que dependen de la fuerza de trabajo migrante –es el caso de la agricultura, la construcción y la industria restaurantera, entre otras– y que, si Trump lograse su objetivo declarado de emprender deportaciones masivas, enfrentarían una crisis de graves proporciones.
Contrasta con la delirante agresividad de la administración federal del país vecino la sensatez con la que la presidenta Claudia Sheinbaum señaló ayer que la migración no se puede resolver con violencia y detenciones y le aconsejó trabajar en una reforma migratoria que reconozca la relevancia de las portaciones de los migrantes mexicanos en Estados Unidos.
Sin embargo, en lo que podría ser una huida hacia adelante, habida cuenta del declive de su aceptación y de los precoces conflictos que han surgido entre sus colaboradores, Trump se empecina en apagar con la gasolina de la represión militar lo que puede ser el inicio de un gran incendio social en la superpotencia. (Redacción, La Jornada, Editorial, p. 2)
Puntual ha sido el veredicto de la comunidad mexicana en Los Angeles a la violenta pretensión del inquilino de la Casa Blanca de acabar con ella: fuck ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos), y de pasadita fuck Trump, y lo mismo para la Guardia Nacional (y su ilegal despliegue) y todo aquel que intente violentarla. Y esa ha sido la respuesta histórica de nuestros paisanos desde que los gringos robaron más de la mitad de nuestro territorio, del que formaban parte Los Angeles (ciudad agredida por el empresario-presidente) y, desde luego, California toda.
Así es: Estados Unidos no sólo robó alrededor de 2 millones de kilómetros cuadrados de territorio mexicano, sino que, en su pretensión de limpiar étnicamente al país, a lo largo de los años (desde hace 177) y de la forma más salvaje insiste en expulsar a nuestros paisanos (originarios, sus descendientes nacidos allá en segunda, tercera y demás generaciones, y a los inmigrantes indocumentados), evadiendo toda posibilidad de concretar un amplio acuerdo migratorio. Qué raro: las redadas nunca incluyen a otras comunidades de origen foráneo, especialmente europeo (Trump es descendiente de inmigrantes alemanes y escoceses).
El delincuente Donald maneja Estados Unidos como si fuera el dueño de una empresa a la que cree suya, y va y viene a capricho, según amanezca, siendo feliz si violenta a terceros; se mete donde nadie lo requiere y agrede a todo lo que se le ocurra. Es un persecutor enfermo y entre sus gustos está atentar en contra de la población de origen mexicano en particular y latinoamericano en general, lo que parece provocarle placer. Entonces debería estar en un siquiátrico o en la cárcel –por ser un delincuente condenado– y no en la Casa Blanca.
Como buen filofascista que es, Trump atribuye toda protesta a la izquierda radical, a los instigadores y alborotadores pagados. No es el único, desde luego: su secretario de la Defensa, Pete Hegseth (descendiente de inmigrantes noruegos y otrora lector de noticias en el canal Fox News de la televisión gringa) amenazó con enviar a los marines si la violencia continúa (en Los Angeles y en las zonas cercanas en las que la protesta crece) y la Guardia Nacional no da el ancho (2 mil elementos contra no menos de un millón de paisanos sólo en Los Angeles ). Qué decir de otra bestia: Kristi Noem (también descendiente de inmigrantes noruegos), secretaria de Seguridad Nacional a quien la boca no le para si se trata de agredir a la comunidad mexicana en Estados Unidos (no menos de 40 millones de personas en todo el territorio, de las que sólo 4 millones son indocumentadas; por cierto, en las elecciones presidenciales de 2024 parte de ella votó por el esperpéntico Donald).
¿Qué quiere el empresario disfrazado de presidente? ¿Aplausos? ¿Reconocimiento por la brutal represión y el ilegal uso de la Guardia Nacional y, eventualmente, de los marines? ¿Ovación por poner patas para arriba la de por sí precaria estabilidad? O, simplemente, el escandaloso operativo en contra de la comunidad mexicana, en particular, es una cortina de humo para tapar la caída de Trump en la aprobación de los estadunidenses: tras 100 días en la Casa Blanca apenas llega a 22 por ciento, la menor en las últimas siete décadas (de acuerdo con la cadena CNN).
Ante esa muestra de odio, violencia y crueldad, la presidenta Sheinbaum advirtió: no estamos de acuerdo con esta forma de atender el fenómeno migratorio; no es con redadas ni con violencia. Es sentándose, trabajando en una reforma integral, migratoria, que tome en cuenta a todos los mexicanos que están del otro lado de la frontera que viven y trabajan en Estados Unidos; son hombres y mujeres de bien, honestos, que se fueron a Estados Unidos a buscar una mejor vida para ellos y para aportar a sus familias; la mayoría ya tienen muchos años trabajando allá; no son criminales. Los Angeles (y muchas otras ciudades y localidades estadunidenses) no sería lo que es si no fuera por las mexicanas y los mexicanos que están allá. Migran por necesidad, y Estados Unidos es lo que es gracias también al trabajo de las mexicanas y de los mexicanos que viven del otro lado de la frontera y debe reconocerse; son héroes y heroínas de la patria. Y siempre un llamado a la paz, a la no violencia, a no exacerbar ninguna forma violenta de manifestación, ninguna. México los abraza.
Las rebanadas del pastel
Entonces, simple y sencillamente: fuck Donald Trump, fuck ICE, fuck Kristi Noem y fuck toda la banda de rufianes, xenófobos, racistas y supremacistas. ¡Fuerza, paisanos! (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Economía, p. 22)
Es un exceso desplegar a 2 mil soldados de la Guardia Nacional en Los Ángeles, California, para reprimir manifestaciones de migrantes inermes. Han protagonizado actos de resistencia relativamente pequeños que se oponen a las detenciones y abusos de los agentes de la oficina de Migración y Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés). Los agentes han usado recursos desproporcionados: gases lacrimógenos, granadas de ruido, perros robots. Al parecer lo que se propone el presidente Trump con el envío la Guardia Nacional es desarmar la resistencia por medio del terror. Sin embargo, puede exacerbar la respuesta de los migrantes no sólo de Los Ángeles, sino en diversos puntos del país. El ataque ocurre en una ciudad y una entidad gobernados por el Partido Demócrata y la alcaldesa Karen Bass y el gobernador, Gavin Newsom, junto con numerosos gobernadores, han expresado su desacuerdo.
Dos frentes
Donald Trump está atacando el problema en dos frentes: 1) militariza la frontera para impedir la entrada de migrantes, ha contado con el apoyo del gobierno mexicano que, según anunció, ha desplegado a 10 mil soldados para cerrar la porosa línea divisoria. Han tenido éxito; 2) aterroriza a los migrantes que ya están adentro, incluso con documentos, para obligarlos a que se vayan. En este renglón los resultados no son tan espectaculares por la resistencia y por la dificultad de ubicar a millones de personas esparcidas en centenares de miles de sitios, donde trabajan y donde viven.
No son criminales
En San Andrés Cholula, Puebla, la presidenta Sheinbaum salió con sangre caliente en defensa de los paisanos. Son hombres y mujeres de bien, son hombres honestos, que se fueron a Estados Unidos a buscar una mejor vida para ellos y para aportar a sus familias. ¡No son criminales! Ha dado instrucciones al secretario de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, para que a través de la red consular les brinde todo el apoyo. (Enrique Galván Ochoa, La Jornada, Política, p. 6)
Entrampado en su telaraña de insostenibles aranceles, a la baja en su popularidad que creía blindada, confrontado de manera escandalosa con el tecnólogo supermillonario que le resultó respondón, caricaturesco responsable de una creciente incertidumbre entre su erosionada base electoral, Donald Trump, y/o los poderes de halconería que lo acompañan han desatado acciones de violencia (contra los migrantes, sobre todo en Los Ángeles, California) y han hecho comentarios y expresiones ante situaciones críticas internacionales (contra Petro, en Colombia, por ejemplo), en un ajetreo de intereses que zarandea el aparato institucional de Estados Unidos y pone en peligro varios puntos del orbe.
A la hora de cerrar esta columna crecían las protestas violentas en Los Ángeles, California, considerada la segunda ciudad con más mexicanos, contra las redadas de migrantes (no sólo con situación documental irregular). Trump, que había anunciado durante su campaña presidencial, y luego ya en su segunda estancia en la Casa Blanca, que haría redadas de magnitud histórica, incrementó el acoso a los migrantes justamente en el contexto referido en el anterior párrafo de este texto, al grado de generar una fuerte reacción que anoche llevó a voces desesperadas del trumpismo a pedir la entrada en acción de los marines contra la rebeldía desplegada mayoritariamente por mexicanos.
Trump había anunciado el envío de dos mil elementos de la Guardia Nacional, a pesar de que el gobernador de California, Gavin Newsom, y la alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, consideraron tal medida como una provocación que generaría más cólera social. El belicoso presidente de Estados Unidos denegó las peticiones de cancelar el envío de fuerzas federales y el zar de la frontera, Tom Homan, advirtió que el gobernador y la alcaldesa podrían enfrentar arrestos si se exceden.
Las políticas antimigratorias de Trump han llegado a un punto de conflicto extremo en Los Ángeles por el número de mexicanos que ahí residen, por el persistente recuerdo de los mexicanos de que esas tierras fueron robadas por Estados Unidos y porque la respuesta tiránica de Trump y sus halcones contra los migrantes pretende ignorar y mal pagar la contribución de millones de mexicanos, a través de muy largo tiempo, para proveer de servicios y mano de obra a la economía estadunidense.
La presidenta Sheinbaum ha subido el tono en defensa de esos mexicanos en Estados Unidos. Pero es probable, sobre todo a partir del grado de violencia que el trumpismo desate sobre los rebeldes de Los Ángeles, que, a diferencia de lo sucedido en temas arancelarios y de crimen organizado, ahora no sea suficiente ceder, eludir o solo hacer declaraciones.
En Colombia, en tanto, el secretario de Estado, Marco Rubio, no esperó a que hubiera ciertas diligencias forenses mínimas para expresar su sentencia verbal contra el presidente Gustavo Petro a causa del atentado contra Miguel Uribe Turbay, senador y candidato presidencial de derecha, a quien un tirador de corta edad, un niño, colocó en una situación de extrema gravedad. Rubio se precipitó, poniendo de manifiesto una urgencia política, al asegurar que el atentado fue resultado de la violenta retórica izquierdista que proviene de los niveles más altos del gobierno colombiano. Los halcones quieren tumbar a Petro, o cuando menos impedir la continuidad de la izquierda en el poder.
En Argentina, mientras tanto, el peón de Washington, Javier Milei, dictó personalmente las directrices, junto con la jefa policiaca federal, para detener a uno de sus principales opositores, Juan Grabois (luego liberado). Y la Flotilla para la Libertad de Gaza, que navegaba con la intención de llegar a esta franja, fue impedida de continuar por representantes de Israel que abordaron la embarcación y habrían secuestrado a los activistas.
Y, mientras Andy ha cometido el error, estigmatizante, bumerán hasta en un salón escolar, de pretender que no le llamen Andy, ¡hasta mañana! (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 8)
Es una imagen que trascenderá nuestro tiempo. Las banderas de México y Estados Unidos, hondeando en elipsis simétrica, mientras sus portadores intentan sobrevivir al humo que ha penetrado sus pulmones.
Los manifestantes exhibieron estos símbolos de su doble identidad mientras eran atacados en la ciudad de Los Ángeles por la Guardia Nacional.
Al ser lanzadas, el ruido de las bombas humeantes sonó similar al de una metralla. El resto del relato también parece de guerra.
El conflicto comenzó el viernes pasado cuando la policía migratoria (ICE) habría cazado a varias decenas de personas en siete barrios distintos del centro y del sur de Los Ángeles.
Corrió veloz la noticia de que, entre los detenidos, se encontraba David Huerta, presidente en California de un poderoso sindicato que representa a personas trabajadoras del sector salud y los servicios públicos.
Durante este episodio el líder sindical resultó herido. Esto provocó que la gente se organizara para protestar porque la autoridad perfiló arbitrariamente a los detenidos por su apariencia física y su nombre de origen latino, más que por su estatus migratorio.
Ayer domingo, cerca de 800 personas decidieron manifestarse pacíficamente, en pleno corazón de Los Ángeles. No agredieron, no provocaron y no violentaron a nadie. Ordenadamente hicieron ejercicio de su legítimo derecho a la protesta. La Guardia Nacional respondió con un despliegue de 300 efectivos y rifles cargados con humo.
Horas antes, el presidente Donald Trump amenazó con que su gobierno estaba dispuesto a tomar “todas” las acciones que fueran necesarias para liberar a Los Ángeles de “la invasión migrante.”
¿Qué medidas pueden ser esas cuando dicha ciudad californiana es, sobre todas las cosas, una ciudad migrante?
Gavin Newsom, gobernador de California, explicó bien lo que está pasando: “Trump está fabricando una crisis, inflama el caos para luego justificar mayores intervenciones”. Coincidió al respecto Karen Bass, alcalde de la ciudad: se trata, dijo, de un “escalamiento deliberadamente caótico.”
Zoom: Es, en efecto, un espectáculo bien calculado para alimentar el miedo y con ello potenciar el poder autoritario. La primera página de un libro al que lamentablemente le faltan muchas tragedias aún por ocurrir. (Ricardo Raphael, Milenio, Al Frente, p. 3)
No es casualidad que Donald Trump haya puesto a Los Ángeles en la mira: es una de las ciudades más diversas de Estados Unidos y encarna como ninguna otra el ideal de una sociedad plural.
Es, además, la gran ciudad hispana de Estados Unidos.
Cerca del 47% de los angelinos se identifican como hispanos. Paramount, el suburbio obrero y mayoritariamente latino donde al menos 20 personas fueron arrestadas el sábado, es 82% latino. La ciudad tiene una enorme diversidad lingüística: el 60% de sus habitantes se comunica en español, coreano, armenio o una larga lista de idiomas. Únicamente el 40% habla solo inglés. Esta diversidad es el reflejo más claro de la identidad de la ciudad.
Es, también, la gran ciudad inmigrante de Estados Unidos.
Tiene la mayor población nacida en el extranjero de todo el país. Hay residentes provenientes de al menos 130 países. Casi el 40% de los angelinos son inmigrantes. Es la segunda ciudad con más mexicanos en el mundo. La mayor comunidad salvadoreña fuera de El Salvador. La mayor comunidad coreana fuera de Corea. Lo mismo puede decirse de guatemaltecos, hondureños, filipinos, armenios y muchos más.
Para Trump y muchos de sus seguidores, esta pluralidad representa una amenaza. Pero se equivocan. Porque esa pluralidad es precisamente la fuente de su fuerza: su fuerza cultural y su fuerza económica. La suya y la del país entero.
Si California fuera un país, sería la quinta economía del mundo. Y esa fortaleza se debe, en gran medida, a los inmigrantes. Más allá del discurso político, los números revelan con claridad lo que cualquiera que haya vivido en Los Ángeles sabe: sin inmigrantes, California simplemente no funcionaría. En 2023, ocuparon el 38% de todos los empleos en el área metropolitana de Los Ángeles. Un tercio de los trabajos en California está en manos de personas nacidas fuera del país. Su impacto económico es profundo: los inmigrantes generan cerca del 32% del PIB estatal —más de 715 mil millones de dólares al año—. En Los Ángeles, la comunidad aporta casi 40 mil millones en impuestos. El 28% del ingreso total de California proviene de hogares inmigrantes. Uno de cada tres propietarios de pequeñas empresas en el estado es inmigrante.
Perseguirlos es un acto de profunda injusticia e ingratitud. Y representa un asalto irracional a la prosperidad económica.
Me permito aquí un comentario personal. Viví en Los Ángeles durante más de una década. Tuve el privilegio de trabajar desde la comunidad hispana. Sé por qué está en Estados Unidos: busca trabajo honesto, una vida mejor para los suyos, una educación para sus hijos.
Recuerdo incontables historias de jóvenes que fueron los primeros en su familia en graduarse de preparatoria o universidad. Hijos de jornaleros, campesinos, gente que una generación atrás vendía leña en algún pueblo de México y hoy abrazan a sus hijos licenciados.
Esa es la comunidad de Los Ángeles. Esa es la comunidad hoy perseguida. Una comunidad que, a pesar de no tener acceso a la residencia o ciudadanía, paga sus impuestos y enseña a sus hijos a pertenecer, a agradecer a este país. No recuerdo un solo inmigrante que me haya expresado rechazo a Estados Unidos. Al contrario: solo gratitud, solo deseo de pertenecer.
Merecen protección, no persecución. (León Krauze, El Universal, Nación, p. A13)
La crisis con la gestión interna en Estados Unidos de los millones de migrantes que el Gobierno del presidente Joseph Biden dejó pasar sin cumplir con las exigencias migratorias de seguridad nacional, tenía que estallar en alguna parte. Y fue Los Ángeles, donde la población migrante, sobre todo hispana, está a punto de alcanzar la mayoría poblacional.
El problema no fue el cumplimiento del compromiso de campaña del presidente Donald Trump de deportar a los migrantes ilegales, ciertamente con una parte muy grande de personas con pasivos judiciales y de seguridad. Pero el uso público de la migra para redadas en masa era lógico que encontrara resistencia en una población que ha usado la violencia racial como instrumento de protesta y de resistencia.
El uso de la fuerza física por parte de la policía, la aplicación de balas de goma y granadas agresivas y el envío de cuando menos 2 mil integrantes de la Guardia Nacional solamente escalara la violencia.
Los Ángeles y la zona conurbada podría decirse que es la capital de la república migrante, mexicana en su mayoría, y ahora con creciente presencia centroamericana. Quien haya visitado la zona tuvo que haber visto el área urbana donde existe mayor aglomeración de migrantes legales o ilegales y ahí es posible identificar las casas donde se fabrican documentos ilegales falsificados que luego se usan para trámites legales, como el Santo Domingo de Ciudad de México: pasaportes, visas, tarjetas de trabajo, licencias de manejo, entre otras, pero que constituye un delito flagrante.
Mandar a policías migratorios en bola a zonas comerciales a arrestar migrantes ilegales fue una invitación ingenua a la violencia de respuesta. Como referencia histórica están los disturbios violentos de 1992 cuando la población afroamericana angelina estalló la violencia por el caso de Rodney King.
El infierno vive en el paraíso. (Carlos Ramírez, 24 Horas, Estados, p. 14)
El Congreso estadounidense se encuentra debatiendo el paquete legislativo denominado The One, Big, Beautiful Bill que reforma al Código de Rentas Internas, estableciendo un impuesto a las remesas enviadas desde Estados Unidos (EU) al extranjero.
Se trata de un impuesto especial sobre servicios (como nuestro IEPS) a una tasa de 3.5% sobre el monto remitido al extranjero y busca gravar los montos enviados por personas físicas cuyo estatus migratorio es irregular. No es, por tanto, un impuesto a cargo de los mexicanos quienes reciben íntegramente el dinero. Este impuesto aplicará a partir del 2026 y, en el caso de remesas a México, podría recaudar alrededor de 1,750 millones de dólares anuales.
El impuesto lo cubrirá cualquier persona que envíe dinero al extranjero con la particularidad de que los nacionales o ciudadanos estadounidenses podrán, ya sea, calificar como remitentes validados y quedar exentos, o bien, acreditar o restar el monto del impuesto sobre remesas en contra de otros impuestos a su cargo en EU, por lo que, quienes no paguen impuestos en ese país no podrán recuperarlo y se convertirá en un impuesto definitivo. Algo similar a lo que tuvimos en México con el impuesto de 3% a los depósitos en efectivo superiores a 15,000 pesos para quienes no pagaran el ISR mexicano. Nuestra lectura del Código estadounidense permite concluir que el acreditamiento puede efectuarse por residentes fiscales en EU, incluidos quienes tengan un número de seguridad social por detentar una green card, o bien que paguen el ISR estadounidense por tener una presencia sustancial en ese país.
El gobierno y legisladores mexicanos han expresado su natural preocupación por esta gravosa medida, señalando que el impuesto es discriminatorio conforme al tratado fiscal que tenemos con EU y que genera una doble tributación. Ambos señalamientos parecen imprecisos.
En efecto, el Artículo 25 de este tratado fiscal prohíbe la imposición a los nacionales mexicanos que no afecte igualmente a nacionales estadounidenses, si unos y otros se encuentran en las mismas condiciones. Conforme al tratado, no se encuentran en las mismas condiciones los residentes fiscales de uno y otro país, con independencia de su nacionalidad. Esto permite, que ambos países tengan actualmente un régimen fiscal distinto (por ejemplo, en el ISR, IVA e IEPS) para los residentes en su país, frente a los no residentes (de hecho, EU grava a sus ciudadanos como residentes, aunque no vivan ahí).
Tampoco cabe el argumento de la doble tributación, ya que no se trata de un Impuesto sobre la Renta y, en todo caso, de haber cubierto el trabajador mexicano remitente algún impuesto allá podría optar por el acreditamiento antes señalado.
Siendo las remesas dinerarias un servicio financiero transfronterizo, me parece –más bien– que este impuesto puede contravenir diversas disposiciones del T-MEC referentes a las transferencias libres de dinero (Artículo 15.12.1) con relación al principio de trato nacional (no discriminación) en servicios financieros (Artículos 17.1 y 17.3), disciplinas que aplican –por excepción– a medidas tributarias conforme al Artículo 32.3.6(b) al no tratarse de una medida cubierta por el tratado fiscal.
Nuestras autoridades deben afinar su soporte jurídico ante congresistas estadounidenses para no debilitar su posición política. (Eduardo Revilla, El Economista, Finanzas y Dinero, p. 12)
Candidatos potenciales a que Estados Unidos –si decide ser ortodoxo con sus nuevas políticas de cancelación de visas por afectar sus intereses– los declare algo así como non gratos, son dos altos funcionarios del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum: José Merino, uno de los más cercanos a ella, cuya “súper agencia” de Transformación Digital instaurará un estado policial, y Zoé Robledo, director del Seguro Social.
No sería por tener relaciones con el narcotráfico, que no es el caso, o cantar corridos de apología de los criminales, que tampoco lo es. Les podría llegar la sanción si el presidente Donald Trump le quiere subir el calor a la estufa en donde tiene parada a Sheinbaum.
Merino, autor de la reforma a la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, criticada por el tufo censor que tiene, tuvo que recular y tragarse los calificativos de autócrata para evitar que cayeran en la presidenta, que está tan convencida como él de construir los instrumentos para silenciar la disidencia.
Sheinbaum anticipó que se eliminaría el artículo más controvertido de la ley, el 109, que le daba a Merino la facultad para bloquear plataformas digitales, sin importar las restricciones a la libertad de expresión y la previa censura, cuyo camino pavimentaba.
Sin embargo, Sheinbaum y Merino han dejado vivo el artículo 201, que establece que los concesionarios necesitan autorización previa de la Secretaría de Gobernación para transmitir contenidos pagados, patrocinados o encargados por gobiernos extranjeros, organismos internacionales o personas físicas o morales de nacionalidad extranjera, inclusive en vivo. El pretexto era evitar spots como los que se transmitieron en televisión abierta de la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem, sobre la migración indocumentada. Pero es tan discrecional su aplicación que YouTube, por donde sigue transmitiéndose el spot, podría ser sancionado por el gobierno mexicano.
La ley es tan estalinista como absurda. Asuntos de interés público como el atentado terrorista a Estados Unidos en 2001, habría necesitado autorización de la Secretaría de Gobernación para transmitirse, porque hubiera sido imposible que pasara por la oficina censora de Bucareli dos semanas antes de los ataques. La cobertura de la muerte del papa Francisco o la reina Isabel II tampoco podrían haberse transmitido en ninguna plataforma digital por las mismas razones.
Sheinbaum y Merino, que junto con los abogados del emporio del magnate Carlos Slim, revisaron los detalles y alcances de la ley, dejaron abierta la posibilidad de que discursos de jefes de Estado que fueran críticos del gobierno, o audiencias en el Capitolio sobre México, puedan ser interrumpidos por Gobernación.
El artículo 201 –suponiendo que el 109 efectivamente será excluido de la ley– entra en la nueva política sobre visas que estableció el 28 de mayo el secretario de Estado, Marco Rubio. En una declaración oficial, Rubio fijó restricciones para quienes busquen censurar a ciudadanos y empresas tecnológicas, bajo el criterio de que estarían atacando la libertad de expresión. La razón original de ese impedimento adicional está en una respuesta a Europa que ha estado limitando a los gigantes tecnológicos de Estados Unidos, pero se aplica también a cualquier otro país, bajo el precepto de que, desde la óptica en Washington, se está afectando la libertad de expresión.
“La libertad de expresión es uno de los derechos más preciados que disfrutamos como estadounidenses”, apuntó Rubio. “Este derecho nos ha distinguido como un ejemplo de libertad en todo el mundo. Incluso, mientras tomamos medidas para rechazar la censura en nuestro país, observamos casos preocupantes de gobiernos y funcionarios extranjeros que no lo están haciendo. En algunos casos han tomado medidas censoras flagrantes contra empresas tecnológicas, ciudadanos y residentes estadounidenses, sin tener la autoridad para hacerlo.
“Es inaceptable que funcionarios extranjeros demanden a las plataformas tecnológicas de Estados Unidos adoptar globalmente sus políticas de moderación de contenidos o embarcarse en actos de censura que van más allá de su autoridad y de Estados Unidos. No toleraremos invasiones de la soberanía estadounidense, especialmente cuando esas intervenciones dañan el ejercicio fundamental del derecho a la libertad de expresión”.
Si Merino está en riesgo, Robledo todavía más.
Hace una semana, Rubio anunció la restricción de visas a funcionarios de varios gobiernos de Centroamérica y a sus familiares, por su vinculación a un esquema de esclavitud laboral del régimen cubano, responsables de “programas de misiones médicas que incluye elementos de trabajos forzados y explotación de trabajadores cubanos”. Aunque el anuncio estaba dirigido a otra región, el gobierno mexicano se puso el saco, entendiendo que en cualquier momento este criterio podría extenderse al régimen obradorista.
Robledo fue el responsable de contratar médicos cubanos para que trabajaran en México durante la pandemia, aduciendo que no había suficientes doctores para atender las necesidades. El expresidente Andrés Manuel López Obrador acusó a los médicos mexicanos de no querer trabajar fuera de su zona de confort, y que por eso se necesitaban a cubanos, que los metió en esta nueva tesitura. López Obrador, y este año la presidenta Sheinbaum, contrataron doctores cubanos cuyos salarios no los reciben ellos, sino el gobierno de La Habana, que recibe el pago en dólares y remuneran en pesos cubanos a los doctores en la isla.
La revista especializada en temas de salud The Lancet estimó que, entre 2022 y 2023, el gobierno de López Obrador pagó al régimen cubano 24 millones de dólares por sus médicos. La prensa calculó que se pagaron alrededor de mil 300 dólares por cada médico cubano a una empresa estatal, que les entregó solamente una tercera parte de lo ingresado por su trabajo. La contratación de médicos cubanos fue renovada este año en los mismos términos, y por eso Sheinbaum, sintiéndose aludida, retó a Estados Unidos a demostrar que hay explotación laboral.
Rubio no hablaba de México, pero hizo un control de daños preventivo. El arreglo entre Palacio Nacional y La Habana ha sido criticado no sólo por ser un financiamiento disfrazado para el régimen cubano, sino violatorio de derechos laborales. Sheinbaum captó la amenaza velada a Robledo, pero aún no se percata de que, en otro campo, más peligroso para su proyecto autócrata, es la que se cierne sobre Merino. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 46)
LO QUE SE VIO el fin de semana podría parecer la típica película futurista de Hollywood: tanquetas avanzando por las calles de Los Ángeles, tropas de la Guardia Nacional desplegándose por la ciudad, en tanto que elementos de migración se enfrentaban con civiles lanzándoles granadas aturdidoras, gas lacrimógeno y chorros de agua.
PERO NO ERA el blockbuster del verano, sino la realidad que ha creado el gobierno de Donald Trump en su propio país. El discurso polarizador, racista y antiinmigrante pasó de las palabras a los hechos con los enfrentamientos en California, por las redadas migratorias del ICE.
HASTA DONDE se sabe, la mayoría de los detenidos en los disturbios son de nacionalidad mexicana. La respuesta de la Secretaría de Relaciones Exteriores ha sido, más bien tibia, emitiendo un comunicado para consumo local y no para apoyar de forma contundente a la comunidad migrante. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 12)
Reporte rapidín sobre el viaje a Washington
Quien aprovechó la gira de la presidenta Sheimbaum por Puebla fue el senador Ignacio Mier. El vicecoordinador de la bancada de Morena aprovechó el momento de los saludos para dar un reporte rápido de los alcances de la gira en Washington, donde tuvieron diálogo con sus homólogos para tratar de frenar el impuesto a remesas. Mejor hacerlo personal, aunque sea así en segundos, y no a través de la voz del coordinador Adán Augusto López Hernández en la ya clásica reunión de los lunes que tienen en Palacio Nacional. (Redacción, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 41)
Los incidentes protagonizados por migrantes y agentes migratorios ocurridos en Los Angeles subrayaron la campaña antimigrante del gobierno de Donald Trump y la movilización de tropas de la Guardia Nacional para dominarlos dramatizó la situación de indocumentados, residentes legales y ciudadanos estadounidenses de color.
Pero de creer a la alcaldesa de Los Angeles, Karen Baas, el número de manifestantes fue de apenas unos cientos y el despliegue de dos mil elementos de la Guardia Nacional es injustificado.
El gobernador Gavin Newsom, por su parte, señaló que “el gobierno federal está tomando el control de la Guardia Nacional de California y han desplegado 2 mil soldados en Los Ángeles, no porque haya escasez de fuerzas del orden, sino porque quieren un espectáculo”. Y pidió luego “no les den uno”.
Pero las condiciones están dadas para que haya un “espectáculo”.
A juzgar por las apariencias, algunos en el gobierno del presidente Trump están ansiosos por imágenes en que soldados estadounidenses hagan frente al “enemigo invasor”, si bien según sus críticos la mayoría de esos invasores se hace cargo de jardines, cocinar, servir mesas, limpieza de casas y oficinas o levantar cosechas.
Pero las decenas, o cientos de personas que se manifestaron la noche del sábado alrededor del Centro de Detenciones Federales de Los Angeles permitieron que Stephen Miller, Subjefe de Asesores de la Casa Blanca y un connotado anti-migrante, enviará un tweet con alegatos de “insurrección contra las leyes y la soberanía de Estados Unidos”.
La situación da nuevo cuerpo a preocupaciones sobre autoritarismo y xenofobia.
Y sobre todo, la posibilidad de violencia. La Guardia Nacional no es un cuerpo de policía sino militar.
De entrada, es la primera vez desde 1965 que hay una movilización de tropas de la Guardia Nacional sin petición del gobierno estatal; en ese entonces, el entonces presidente Lyndon B. Johnson la usó para hacer cumplir la integración racial en Alabama.
En ese marco, las expresiones de descontento por el despliegue de la policía fronteriza (Immigration and Customs Enforcement-ICE), que parece tener “manos libres” para llenar a como dé lugar y sin importar como, una cuota de deportaciones, pusieron de relieve lo que para algunos es una creciente señal de autoritarismo y para otros la decisión de “recuperar” el país.
Los relatos no solo de razzias en las que resultan detenidos y hasta lesionados ciudadanos estadounidenses de origen latino, sino de abusos de autoridad contra turistas extranjeros, incluso europeos, no ayudan en cuanta imagen internacional, pero sí a la audiencia doméstica de Trump y sus aliados.
El uso de la milicia refleja la decisión del gobierno Trump de usar leyes de emergencia para enfrentar lo que la derecha radical –grupos racistas incluidos– ha definido por años como la “invasión” de Estados Unidos.
¿Habrá “manos libres” para la Guardia Nacional? (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Online)
Batalla en Los Ángeles
Enviar a miles de elementos de la Guardia Nacional a Los Ángeles es echarle gasolina al fuego. No resuelve el problema de la molestia de los migrantes por las redadas indiscriminadas y sí puede causar nuevos problemas, incluso algunos de esos que no tienen remedio.
Pero a Donald Trump le gusta jugar con fuego y no le importa incendiar California. De hecho, tiene cuentas pendientes con el gobernador y con la alcaldesa de la ciudad y eso explica en buena medida su interés de mostrar mano dura.
En las protestas callejeras han salido a relucir banderas mexicanas, lo que muestra la irritación que impera en la gigantesca colonia de origen mexicano en Los Ángeles. Trump y sus asesores van por el choque. Quieren mostrarse inclementes.
Los de los aranceles va mal y la relación con Elon Musk se descarriló, Trump busca recuperar terreno atacando a los migrantes en su santuario, Los Ángeles. Cuidado. (Pepe Grillo, La Crónica de Hoy, La Dos, p. 2)
Un segmento crecientemente visible y sin partidismos ha comenzado a responderle a la mezquindad histórica de Donald Trump en algunas ciudades capitales. Es el caso del alma mexicana a ambos lados de la frontera.
ALMA es una expresión colaborativa de activismo, desglosada como Alliance of Mexicans and Americans, en combinación con Fuerza Migrante, Mi familia Vota, Mexican Press Agency y otras asociaciones de base, así como células de activistas. Busca contener al liderazgo autoritario del magnate peleonero irritado por su repliegue obligado ante fuerzas corporativas y globales. Se ganó su apelativo de TACO —Trump Always Chickens Out— y en parte compelido a ganar batallas con los más débiles. Se concentra en un plan de acción autodesplegado como indispensable, con independencia de las reacciones en contra y a pesar de todas ellas.
El inicio de tales proyectos, como la amenaza de un impuesto de 3.5 por ciento en las remesas y redadas antimigrantes crea, sin embargo, una oportunidad para reactivar, reunir, reidentificar a una comunidad como es el caso de ALMA.
Ese gravamen busca reducir los flujos migratorios y erosionar el envío de remesas, columna vertebral de economías latinas, las cuales han sido incapaces, mayormente, de generar suficientes empleos para sus respectivas juventudes. En 2024, México recibió alrededor de 62 mil 500 millones de dólares, casi 4 por ciento del PIB.
Contra el empuje proteccionista de Trump, y sus herramientas político-económicas, anima la organización múltiple de formas de acción colectivas e individuales en la defensa de las comunidades migrantes y del gobierno mexicano.
México comienza a afinar su defensa: combinar diplomacia económica, colaboración financiera con instituciones como el Banco Mundial, donde la presencia de Diana Alarcón, representante del Gobierno de México ante ese organismo y una de las colaboradoras más inteligentes, experimentadas y capaces de la Presidenta Claudia Sheinbaum, es central con argumentos jurídicos en espacios internacionales.
La respuesta a Trump ha sido una defensa diplomática. En la mañanera del viernes, la Presidenta cuestionó la injusticia de una doble contribución y su impacto para los países y familias. “No estamos de acuerdo con ese impuesto y desde aquí estamos trabajando para que no sea aprobado en el Senado de Estados Unidos”, dijo.
Contribuyen los senadores y legisladores estadounidenses para abrir el diálogo sobre las implicaciones de la medida. Estas fueron resumidas en una serie de videos presentados por la mandataria donde trabajadores mexicanos reclaman el gravamen sobre una ganancia de la cual ya pagaron impuesto.
En la defensa se suman campeones mundiales de boxeo como José Luis Bueno, Daniel Zaragoza, Jessica Nery Plata o jóvenes profesionistas como mis hijos Aura y Pedro Guerrero, ambos abogados en DC. La postura de defender a nuestra gente es la mejor pelea que podemos dar. En el cuadrilátero, en la calle, en los medios.
Se discute el derecho de los migrantes a contribuir a su país sin castigo, se cuestiona una doble tributación que elimina recursos vitales para familias y erosiona economías locales. La tensión llegó a las calles en Los Ángeles e implicó arrestos de inmigrantes. La presencia de la Guardia Nacional ante las protestas profundiza la incertidumbre.
El éxito de Trump en frenar el paso de migrantes hasta ahora ha sido notorio, según algunas notas estadounidenses. La mano dura tiene un respaldo poderoso dentro del electorado blanco rural, donde sí se atienden las sugerencias del otrora mejor amigo de la Casa Blanca, Elon Musk.
México enfrenta la atención sesgada proestadounidense de la OEA respecto de la elección judicial. En la Ciudad de México, gobernada por Clara Brugada, en el Ejecutivo encabezado por Sheinbaum, del territorio local al nacional y a la interacción global. Las calles parecen listas como a veces lo están hartas de causas ajenas a la comunidad. (Salvador Guerrero Chiprés, La Crónica de Hoy, Metrópoli, p. 17)
Deportados

(Garci, El Financiero, Opinión, p. 34)
NATIONAL GUARD

(Hernández, La Jornada, Política, p. 7)

(Xolo, 24 Horas, p. 2)
Los Ángeles

(Chavo del Toro, El Economista, El Foro, p. 54)

(Rictus, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 46)

(Obi, Reforma, Opinión, p. 12)

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 10)
Redadas anti bienestar

(Osvaldo, El Sol de México, Análisis, p. 20)
Agentes indocumentados

(Patricio, El Sol de México, Análisis, p. 22 y La Prensa, Editorial, p. 14)