Elefante en pelota
El Instituto Nacional de Migración celebró un convenio de colaboración con la empresa AT&T, el objetivo del pacto es ampliar el servicio de telefonía inalámbrica fija en las instalaciones migratorias para que las personas extranjeras alojadas en estos lugares puedan mantener comunicación gratuita con sus seres queridos. Actualmente esta ayuda se encuentra en 24 estaciones migratorias en 17 estados del país. (El Economista, El Foro, p. 46)
El Correo Ilustrado // Migración detiene a abogado peruano
De forma arbitraria e injusta, agentes de migración detuvieron en Mexicali, Baja California, el viernes pasado a Carlos Herrera Tejada, abogado peruano y maestro en defensa y promoción de los derechos humanos, egresado de la UACM.
Sin forma de juicio lo señalan como sospechoso de pretender introducirse ilegalmente a territorio estadunidense.
Además, le quitaron su computadora personal, su celular y su pasaporte. También lo trasladaron a Tijuana, sin razón justificada.
Está en riesgo de perder su boleto de regreso a Perú, donde ejerce la profesión de abogado y defensor de los derechos humanos, pues tiene fecha de 11 de agosto en curso.
Invitamos a las autoridades de migración a resolver esta injusticia antes de que se provoque un daño mayor al maestro Herrera Tejada. (Adriana Terán, La Jornada, p. 2)
Durante los últimos días, algunos periodistas han comenzado a publicar fragmentos sobre el libro de Jared Kushner, asesor y yerno del expresidente Donald Trump. En Breaking History: A White House Memoir, Kushner narra distintas experiencias que vivió desde la Casa Blanca durante la presidencia de Trump. Vale la penar recordar que, como en cualquier obra de este estilo, la visión del autor está cargada. Los episodios en los que repara, así como las omisiones y silencios, los énfasis y la perspectiva reflejan una narrativa particular: su visión de las cosas. En ese sentido, me remito a los hechos e información pública que puede ser consultada por cualquier persona para precisar lo que sucedió en las negociaciones que tuvieron lugar el verano de 2019 en Washington, D.C., en las que estuve presente.
A finales de mayo de dicho año, el entonces presidente Trump tuiteó que impondría tarifas arancelarias a todos los bienes importados desde México. El monto comenzaría en 5% y aumentaría hasta 25% en caso de que México no tomara medidas para frenar los flujos migratorios hacia EU. En el propio libro de Kushner se puede constatar la seriedad de las amenazas del expresidente Trump. En respuesta, el presidente López Obrador envió una delegación a la capital estadunidense para evitar una guerra comercial entre dos grandes socios económicos que estaban negociando un tratado comercial.
En las memorias de Kushner y en eventos de campaña de Donald Trump se olvida, convenientemente, que la petición fundamental de Estados Unidos era la imposición de un Acuerdo de Tercer País Seguro. La administración trumpista presionaba con tarifas arancelarias a México para que aceptáramos dicho acuerdo. Bajo ese esquema, todas las personas que solicitaran asilo en Estados Unidos serían procesadas en nuestro país. Buscaban que los flujos migratorios irregulares fueran atendidos totalmente por México, impidiendo, además, la posibilidad de que cualquier migrante que pasara por nuestro territorio pudiera solicitar asilo en EU.
La realidad es que el canciller Ebrard rechazó dicho acuerdo. Las negociaciones que encabezó el secretario de Relaciones Exteriores lograron tres resultados fundamentales. En primer lugar, se alcanzó el propósito central: no hubo una guerra comercial entre México y Estados Unidos. Hoy puede parecer sencillo, pero evitamos un escalamiento de tarifas arancelarias que hubiese sido terrible para nuestras economías, que enfrentarían la disrupción estructural del covid-19. Por el contrario, evitamos el conflicto y finalizamos el T-MEC.
Además de evadir la confrontación, México se mantuvo firme en no aceptar el Tercer País Seguro. Continuó la política unilateral contenida en la sección 235(b)(2)(C) de su Ley de Inmigración y Nacionalidad, bajo la cual ciertas personas esperaban su proceso migratorio en México. Se trató de un programa temporal que fue disuelto en enero de este año y que hoy se debate en cortes estadunidenses. Es un programa con un impacto y características muy distintas, mucho menos onerosas para México y para los propios migrantes, al Tercer País Seguro.
México también insistió en la cooperación para el desarrollo en las comunidades de origen de las personas migrantes. Es falso que no haya habido avances en la materia. Tan sólo un mes después de las negociaciones en D.C., el secretario Ebrard firmaba en la Cancillería, con Ryan Brennan, el director de operaciones de lo que hoy es la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos, los primeros 80 millones de dólares destinados a dicho propósito. Las negociaciones de Washington derivaron en créditos por más de 600 millones de dólares para pequeñas y medianas empresas en el sur de México. En suma, el resultado es claro: el presidente López Obrador, el canciller Ebrard y el resto de quienes tuvimos la altísima responsabilidad de participar en un momento diplomático de enorme complejidad, llevamos a buen puerto una negociación que pudo haber terminado en un conflicto económico y político mayúsculo. Sin acuerdo de Tercer País Seguro, sin guerra comercial y con el T-MEC en marcha, hoy podemos reafirmar, con orgullo, que defendimos a México. (Roberto Velasco, Excélsior, Nacional, p. 14)
En el Partido Republicano hay focos rojos encendidos porque su candidato presidencial más fuerte sigue siendo Donald Trump, pero la posibilidad de que el ex Presidente sea juzgado por su participación en el asalto al Capitolio, en enero de 2021, podría abrirle la candidatura a alguien más. Varios republicanos ya han levantado la mano, pero son el ex vicepresidente Mike Pence y el gobernador Ron DeSantis los más fuertes.
Es cierto que hay otras figuras republicanas con posibilidades, como los senadores Marco Rubio y Ted Cruz o incluso el gobernador de Texas, Greg Abbott, pero son Pence y DeSantis quienes lideran las simpatías entre la base trumpista. Entre los republicanos hay una especie de complejo de Edipo con Trump. Las figuras más institucionales, como la dinastía Bush, detestan a Trump y el asalto que significó a su partido, mientras que las figuras más jóvenes lo ven como un gran comunicador, como el hombre que terminó con la era Obama y que derrotó a su heredera, a pesar de tener todas las encuestas en contra. Trump es la sombra gigantesca en el Partido Republicano y ningún precandidato ha podido presentarse hoy como el antiTrump, por el contrario, todos presumen alguna cercanía ideológica o incluso lo mimetizan.
A sus 63 años, Mike Pence tiene ya tiene toda la experiencia para ser Presidente. De joven militó en el Partido Demócrata, pero la era Reagan, en los 80, lo hizo ponerse la camiseta republicana. A sus 41 años se convirtió en legislador federal, justo en enero del 2001, en la era Bush y el combate al terrorismo global. Pence estuvo en el Congreso hasta 2013 cuando ganó la gubernatura de Indiana y posteriormente se unió a la campaña presidencial de Trump, dándole un ala institucional al empresario justo cuando los políticos tradicionales le habían dado la espalda. Su apuesta le ganó la vicepresidencia.
Pence no tiene el carisma de Trump e incluso fue un mal candidato vicepresidencial. Por ello su fortaleza radica en su cercanía con Trump, pero a la vez su diferencia con él también pesa. Cada vez parece más claro que Pence respetó las instituciones y que fue una voz moderada en el gobierno de Trump, principalmente en su epílogo. Pence es un político profesional, conservador en temas sociales, duro en lo migratorio pues favorece terminar el muro de Trump. Para el ala más institucional del Partido Republicano es la opción más sensata y para México simplemente es un personaje al que ya conocemos, aunque siempre detrás de los operadores de Trump. La diplomacia mexicana necesitaría establecer vínculos más directos con él en caso de que resultara candidato presidencial.
Por su lado, la corcholata republicana más novedosa es Ron DeSantis, gobernador de Florida, veterano de la Guerra de Irak del 2003, egresado de Harvard y de Yale. Tiene 43 años, es carismático y es un trumpista confeso. Es muy hábil en los medios y ante la edad de Trump o de Pence, DeSantis representa un relevo generacional en el Partido Republicano.
DeSantis tiene menos de una década en la política. Fue legislador del 2013 al 2019 y tiene un historial legislativo pro armas, pro empresas, anti nuevos impuestos, anti inmigrantes y se opuso también a leyes medioambientales. Si Trump no compite por la candidatura, DeSantis sería un candidato fuerte y podría tener el apoyo de la base trumpista y de republicanos del ala más institucional, los llamados “conservadores compasivos”, como los autonombró George W. Bush. Si hubiese que apostar, creo que DeSantis es hoy el más sólido de los candidatos republicanos y México necesitaría trabajar casi desde cero en crear una relación con él.
DeSantis y Pence son hoy los más fuertes en el Partido Republicano, pero estamos aún lejos de las primarias en Iowa y New Hampshire de enero de 2024 y, especialmente, con la incertidumbre de qué pasará con Trump y el juicio al asalto del Capitolio. De esto principalmente dependerá la candidatura presidencial republicana, ya que este partido dejó de ser el de Lincoln y hoy es el partido de Trump. (Genaro Lozano, Reforma, Opinión, p. 11)