Opinión Migración 091123

Agenda Levantina  /  Los números, a un mes de la guerra

 

En Gaza viven 2.2 millones de palestinos. Más de 70% de ellos son refugiados o descendientes de migrantes, tras la creación del Estado de Israel en 1948.

 

Más de 45% de los palestinos que viven en la Franja son niños, y más de 80% de los 2.2 millones que viven en ahí dependían de la ayuda humanitaria internacional para satisfacer sus necesidades básicas.

 

El Ejército israelí reforzó su asedio total a la Franja; sus bombardeos han dañado o destruido más de 40% de las viviendas y más de 40% de las instalaciones educativas, 11 panaderías, 21 hospitales, 52 mezquitas y siete iglesias.

 

Los 13 hospitales funcionales restantes advirtieron que cerrarán debido a la falta de combustible para operar sus generadores ante el apagón eléctrico.

 

Israel emitió órdenes de evacuación a estos hospitales, cuyo personal médico se ha negado a obedecer dado su compromiso de tratar a los heridos, los enfermos y los recién nacidos. Se cuentan al menos 350,000 pacientes con enfermedades no transmisibles, 50,000 mujeres embarazadas, 1,000 enfermos con insuficiencia renal, 9,000 con cáncer y 130 recién nacidos neonatales en incubadoras con un riesgo de morbilidad alto.

 

La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU informa que el bombardeo israelí de la Franja desde el 7 de octubre ha matado a más de 10,022 civiles palestinos. Al menos 152 personas han sido asesinadas en la Cisjordania ocupada y más de 1,400 en Israel.

 

En días posteriores al ataque, el gobierno de EU alentó políticas de transferencia de población para evacuar “temporalmente” a miles de palestinos en el Sinaí (el Presidente egipcio respondió que si Israel está genuinamente preocupado por las vidas civiles de los gazatíes, tendría que darles la bienvenida en el Negev, en el lado israelí de la frontera con Egipto).

 

Ningún gobierno de los países occidentales ha usado la noción “crímenes de guerra”. Pero masacrar a civiles en Gaza en respuesta constituye un crimen de guerra, como lo es perpetrarla sin ofrecer ningún proyecto político que permita dar paso a la justicia y la reconciliación. En su lugar, se escucha a un ministro israelí evocar la posibilidad de lanzar una bomba nuclear en Gaza (fue cesado luego). (Marta Tawil, El Financiero, Orbe, p. 30)

 

Duda razonable  /  La paradoja de final de sexenio de AMLO

 

Como bien escribía Jorge G. Castañeda ayer, los presidentes siempre planean el final de su sexenio y su futuro desde el día que toman el poder. Por muchas y diferentes razones, las cosas no salen así.

 

El último año del sexenio de Andrés Manuel López Obrador vivirá una paradoja que difícilmente era imaginable en 2018.

 

Por diferentes razones, no todas resultado de sus acciones pero ahora parte de su responsabilidad, los próximos meses la atención tendrá que estar puesta en dos de los estados más pobres del país y que ahora estarán sumidos —si no que ya están— en la inestabilidad política, social y con graves problemas de inseguridad: Guerrero y Chiapas.

 

El huracán Otis terminó de devastar una ciudad y un estado que estaba ya en medio de una de las peores violencias del país producto, entre otras cosas, de un gobierno estatal y la mayoría de los municipales inútiles y cómplices frente a grupos criminales.

Acapulco ya era una ciudad aterrorizada por el crimen y los homicidios y ahora, después de Otis, las cosas no parece que se pondrán mejor.

 

Publicó ayer aquí Óscar Balderas cómo los criminales están proveyendo a la población: “…al menos unos 200 damnificados recibieron una dotación de víveres que sintieron como oxígeno cuando la catástrofe asfixia. Agua, miel, frijoles, papel higiénico. Las entregaron hombres embozados que manejaban vehículos de doble tracción con ventanillas polarizadas y sin placas. No se anunciaban como crimen organizado, pero no era necesario que lo perifonearan: lo que parece un cártel en Guerrero, por lo general, lo es”. De aquí que se construyan cuarteles y llegue la seguridad, las cosas tenderán a ponerse peor.

 

La otra crisis está en Chiapas donde, en parte por la migración pero también por la indolencia y complicidad de los gobiernos, las cosas están cada vez peor. Valga citar la descripción hecha por el EZLN en su último comunicado: “las principales ciudades del suroriental estado mexicano de Chiapas están en un completo caos. Las presidencias municipales están ocupadas por lo que nosotros llamamos ‘sicarios legales’ o ‘crimen desorganizado’. Hay bloqueos, asaltos, secuestros, cobro de piso, reclutamiento forzado, balaceras. Esto es efecto del padrinazgo del gobierno del estado y la disputa por los cargos que está en proceso. No son propuestas políticas las que se enfrentan, sino sociedades criminales”.

 

Guerrero y Chiapas. Sí. No era fácil imaginarlo hace cinco años. (Carlos Puig, Milenio, AL Frente, p. 2)

 

 

Sin ataduras  /  México malparado en Hong Kong

 

El decomiso en Hong Kong de una tonelada de metanfetamina por un valor de 82 millones de dólares procedente de México llamó especialmente la atención por hallarse en costales impresos con el nombre de Seguridad Alimentaria Mexicana (Segalmex).

 

El organismo gubernamental está ligado al desfalco de más de 15 mil millones de pesos, escandaloso no solo por el monto exorbitante sino por la persistente impunidad de los presuntos responsables.

 

El reciente decomiso de la droga mexicana camuflajeada en conchas marinas revela varios aspectos que ameritan algunas observaciones.

 

Uno. No se puede culpar a Segalmex del alijo de metanfetamina por el hecho de haberse encontrado en costales con la leyenda Gobierno de México pero sí debería de aclararse de qué bodega provienen dichos sacos y quién es el proveedor.

 

Si son auténticos quiere decir que fueron robados de algún almacén de Segalmex o vendidos o extraídos por empleados del proveedor quienes deben ser puestos a disposición de las autoridades.

 

Pero sería como meter a la cárcel al que roba una gallina y dejar impune a los presuntos responsables del mega desfalco, el doble de la “Estafa Maestra”, unos 7 mil millones de pesos, en el gobierno de Peña Nieto.

 

Dos. Es cada vez más notorio que México es uno de los principales productores y exportadores de metanfetamina hacia el Lejano Oriente, mientras que el flujo de precursores para elaborar fentanilo ingresa a México procedente de China para su transformación y posterior envío a Estados Unidos.

 

La Marina debe esforzarse por detectar entradas y salidas de los alijos en ambos sentidos como autoridad aduanal de facto en puertos mexicanos.

 

El 23 de octubre de 2022 también en Hong Kong fueron incautadas un millón 900 mil toneladas de metanfetamina líquida (el polvo fácilmente se puede disolver en agua) por un valor de 140 millones de dólares que se encontraba escondida en cartones de agua de coco procedente de México.

 

Tres. Hay una lección básica, fundamental, para lograr el éxito en diplomacia: el sigilo. Las notas diplomáticas siempre deben transmitirse de manera confidencial a gobiernos extranjeros y una vez recibida la respuesta favorable, se da a conocer al público.

 

Justo lo contrario hizo nuestro Presidente. En una conferencia de prensa, sin esperar respuesta, López Obrador hizo público el envío de una carta dirigida a su homólogo chino, Xi Jinping, misiva que quizá aún no habría leído, pidiéndole colaborar en el control del embarque de fentanilo de China a México, lo cual mereció una tajante negativa del gobierno asiático.

 

Ahora el mandatario chino, bajo el principio de reciprocidad, podría enviar una carta similar, pública, a su colega mexicano indagando sobre la metanfetamina procedente de México.

 

Tampoco fortaleció la presencia de México en el mundo, el no haber tenido a un canciller respetable y dedicado de tiempo completo a cumplir con su responsabilidad de asesorar al Presidente, temeroso de contrariarlo por su ambición, ahora frustrada, de ser candidato presidencial de Morena.

 

Para contribuir eficazmente a frenar el narcotráfico este-oeste y norte-sur, México podría convocar a una conferencia de las autoridades correspondientes de China, Hong Kong, Australia, Japón, Laos, Myanmar, Tailandia y de otros países asiáticos junto con las de Estados Unidos, Colombia, Perú y Ecuador, entre otros, ante el expansionismo inter y transcontinental del crimen organizado transnacional. (Agustín Gutiérrez Canet, Milenio, Política, p. 10)

 

 

Cuba se mira en el espejo palestino

 

Como suele ocurrir desde 1992, sólo dos países votaron en la ONU a favor del bloqueo a Cuba: Estados Unidos e Israel. Sin embargo, esta vez no se ha sentido igual la rutina del mundo contra dos gobiernos sordos a perpetuidad en Naciones Unidas. Los que siguen justificando las sanciones contra mi país son los actores principales de la masacre en Gaza que demuestra cómo las políticas de máxima presión a un pueblo pueden conducir no sólo a la abominación moral del apartheid, sino al genocidio directo y programado de la población civil.

 

En Cuba seguimos los ataques de Israel a la población palestina y las justificaciones de la Casa Blanca, con indignación y plena conciencia de que esas bombas pueden caer también sobre nuestras cabezas, porque el preámbulo de esa guerra la hemos vivido y la seguimos viviendo en carne propia.

 

El bloqueo más la inclusión de Cuba en la lista de países que patrocinan el terrorismo han deteriorado las condiciones de vida en este país a niveles casi insoportables, lo que tiene un vínculo directo con la emigración a Estados Unidos –cerca de 500 mil cubanos en los últimos dos años llegaron a la frontera sur–.

 

“El gobierno de Estados Unidos no ha sido eficaz en su objetivo número uno de derrocar al gobierno que no le agrada, pero lamentable y dolorosamente ha sido muy eficaz a la hora de dañar en muy poco tiempo a la población cubana… Para mucha gente, es mejor irse del país”, reconoció la semana pasada, en entrevista con NBC News, la subdirectora de Estados Unidos en la cancillería de Cuba, Johana Tablada (https://bitly.ws/ZKpC).

 

Salvando distancias geográficas e históricas, hay simetrías evidentes entre la isla del Caribe y los territorios palestinos ocupados. El bloqueo a los alimentos, las medicinas, el oxígeno para los centros hospitalarios durante el covid, el combustible y los artículos de primera necesidad, llevan a la desesperación de seres invisibles y descartables que viven, como en el cuento “Embargo”, de José Saramago, atrapados en una máquina que ni el individuo ni la colectividad pueden controlar, que lesiona la capacidad de entender la naturaleza del crimen y conduce a la devastación.

 

Como el bloqueo a Cuba, la tragedia de Gaza no empezó ahora. Los informes de Naciones Unidas han reflejado el impacto de 18 años de aislamiento y sanciones para los 2.2 millones de gazatíes. Antes del 7 de octubre, la tasa de desempleo era allí la más alta del planeta. Según el Banco Mundial, se elevaba hasta 46.6 por ciento (62.5 por ciento para los menores de 30 años). Dos de cada tres habitantes de Gaza dependían de la ayuda internacional para poder comer (1.5 millones de personas estaban inscritas como exiliados en la agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos, la UNRWA). La única planta eléctrica del territorio apenas cubría la mitad de la demanda, lo que causaba apagones de entre 12 y 18 horas al día. El 80 por ciento de las familias vivía por debajo del umbral de pobreza.

 

Cada una de esas cifras tiene un correlato en las Antillas después de 60 años de bloqueo estadunidense. Si no se ha llegado a una situación peor ha sido por obra y gracia de las políticas sociales y porque la mayoría de los cubanos se apretaron el cinturón, sin ignorar que se han cometido errores y bandazos no imputables a la gente que resiste, que no tiene planes de emigrar y que intenta, como decía el escritor Cintio Vitier, construir un parlamento dentro de una trinchera.

 

El enfoque de Israel hacia Gaza, caracterizado por Efraim Inbar y Eitan Shamir en un editorial del Jerusalem Post como la estrategia de “cortar el césped”, no es muy diferente de lo que se escucha como “solución” para Cuba en medios y plataformas sociales de Florida. El problema no es la mentalidad conspirativa y los llamados a gritos para invadir a la isla, siguiendo el ejemplo del Estado sionista. Cada quien puede creer o descreer lo que quiera, incluso creer en cosas que rayan en el delirio. Lo grave es la gente intoxicada por teorías que se han convertido en “sentido común”, que se sostienen con soporte financiero del gobierno estadunidense y que alientan la intransigencia e incluso la agresión militar.

 

A pesar de las resoluciones de la ONU que han denunciado por años la intención explícita de exterminar a un pueblo declarado culpable por el mero hecho de existir, de ser lo que es, está muriendo cada 10 minutos un niño palestino. Con rabia y dolor Cuba se mira en el espejo palestino. (Rosa Miriam Elizalde, La Jornada, Opinión, p. 18)

 

CARTONES

Cartón 09 noviembre

(Rictus, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 36)