Opinión Migración 091124

Templo Mayor

QUIENES ESCUCHARON la charla telefónica entre Claudia Sheinbaum y Donald Trump, dicen que fue un intercambio de felicitaciones y que el estadounidense tuvo elogios para la Presidenta y “buenos recuerdos” de su relación con AMLO.

DICEN QUE EL TONO del Presidente electo se percibió como “más político”. Tan es así que la de frase de “See you soon”, desató especulaciones de un encuentro próximo entre ambos mandatarios.

UNA COSA son las buenas vibras telefónicas entre Sheinbaum y Trump; y otra muy distinta la realidad migratoria en México. Un adelanto de la crisis que podría ocurrir cuando asuma el próximo 20 de enero, se vio en Tuxtla Gutiérrez.

DURANTE MÁS de ocho horas, habitantes de la capital chiapaneca bloquearon vialidades en protesta por los campamentos de migrantes que se han establecido en parques, lotes baldíos y hasta en estacionamientos de centros comerciales.

SE CALCULA que por la ciudad y sus alrededores circulan actualmente cerca de 10 mil migrantes, la mayoría de origen venezolano. Los vecinos inconformes se quejan de la pasividad del Instituto Nacional de Migración ante el desorden que producen los campamentos que no cuentan con los servicios de seguridad, salud y limpieza necesarios.

SI AL LLEGAR a la Casa Blanca, Trump hace efectivo lo de sellar la frontera y comienza a deportar por miles, la situación podría desbordarse en México y convertirse en una pesadilla para el gobierno. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 10)

Trump, amenaza para México

No coincido con la presidenta Claudia Sheinbaum. Dijo que “no hay ningún motivo de preocupación” para México por la reelección de Donald Trump a la Casa Blanca. Pero todo indica que hay mucho de qué preocuparse y que México y los mexicanos, en ambos lados de la frontera, serán afectados negativamente por las políticas radicales de Trump.

“A los paisanos y paisanas, a los empresarios”, dijo Sheibaum en su mañanera tras el triunfo de Trump, “México siempre sale adelante. Somos un país libre, independiente y soberano. Y va a haber buena relación con Estados Unidos”.

Siempre y cuando México haga lo que Trump quiere.

Y es que el mundo cambió.

Eran las 2:24 de la mañana del miércoles 6 de noviembre cuando el expresidente se declaró vencedor en un discurso ante miles de simpatizantes, a pesar de que la mayoría de las cadenas de televisión aún no le había asignado los 270 votos electorales necesarios para ganar. Típico. Era Trump haciendo, como siempre, lo que se le daba la gana. Se estaba saltando las reglas, pero se sabía triunfador.

Y en ese discurso insistió en un tema central de su campaña: “arreglar la frontera” con México. Trump ha culpado injustamente a los inmigrantes del crimen y de los principales problemas económicos de Estados Unidos.

Esto afecta directamente a México debido a los planes de Trump de realizar una gigantesca operación de deportaciones -regresando a muchos de esos inmigrantes indocumentados a su vecino del sur- y por la amenaza de imponer aranceles del 25 por ciento a todos los productos mexicanos de exportación al norte si no se detiene el flujo de migrantes al norte.

El ataque de Trump a México ha sido frontal. E incluyó una amenaza a la presidenta Sheinbaum.

“Estamos siendo invadidos por México”, dijo Trump en un discurso un día antes de la elección. “Ahora tenemos a una nueva presidenta en México; no la he conocido. Y le voy a informar que si ellos no frenan esta embestida de criminales y drogas que entran a nuestro país, de inmediato impondré un arancel del 25 por ciento a todo lo que envían a Estados Unidos”. Y si eso no funciona, dijo, lo subirá al 100 por ciento.

Trump recordó que le hizo una amenaza similar al expresidente Andrés Manuel López Obrador y que su gobierno reaccionó enviando a miles de soldados mexicanos a la frontera de México con Guatemala y Belice. Trump ahora espera que Sheinbaum haga lo mismo.

La otra gran preocupación para el nuevo gobierno es el plan de Trump de realizar “la mayor campaña de deportaciones en la historia moderna de Estados Unidos”. La última vez que Estados Unidos hizo algo similar fue en 1954 con la Operación Wetback (en que se deportó a México a más de un millón de personas con terribles violaciones a los derechos humanos).

En Estados Unidos hay unos 11 millones de indocumentados y, quizás, otros 8 millones más que entraron ilegalmente durante el gobierno de Biden, pero que han solicitado asilo. Es imposible deportar a tanta gente. Pero el próximo vicepresidente, J.D. Vance, dijo en una entrevista que “vamos a comenzar con un millón”. ¿Y a dónde va a enviar Estados Unidos a todos esos deportados? A México, mayoritariamente. Sería, de nuevo, la válvula de escape y la policía migratoria de Trump.

Y hay más. Trump querría utilizar a agentes estadounidenses dentro de México para luchar contra los cárteles que trafican con migrantes y fentanilo. Trump ha dicho que consideraría “el uso apropiado de Fuerzas Especiales para realizar acciones, abiertas o encubiertas, que causaran el máximo daño al liderazgo, infraestructura y operaciones de los carteles”. Trump no hizo ninguna mención a la soberanía de México.

México siempre se ha opuesto a cualquier tipo de operación militar extranjera en su territorio. Pero Trump suele meterse en asuntos que van más allá de sus fronteras.

Hay mucho que negociar antes de que Trump tome posesión el 20 de enero. Pero el peligro de deportaciones masivas, aranceles y hasta de operaciones militares ha puesto en alerta a la nueva presidenta de México. Y aunque ya habló por teléfono con Trump, la advertencia es clara: nunca se puede confiar en las buenas intenciones de un bully.

Sí, hay mucho de qué preocuparse. Hay que creerle a Trump. (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p. 10)

Trump: dichos y hechos

Desde que los resultados preliminares de las elecciones presidenciales en Estados Unidos comenzaron a mostrar una tendencia favorable a Donald Trump, fuera y dentro de México se ha especulado sin parar acerca de una supuestamente inevitable confrontación política con el inminente gobierno del magnate, así como de los serios daños que padecería la economía mexicana si éste cumple sus amenazas de deportar a millones de migrantes indocumentados, imponer aranceles ilegales a los productos que su país importa desde aquí, obligar a las empresas estadunidenses a trasladar sus fábricas adentro de sus fronteras, entre otras.

Pese al tono en ocasiones apocalíptico que han cobrado tales elucubraciones, las señales de mercado hablan de una transición sin mayores sobresaltos. El tipo de cambio peso-dólar, que se disparó durante las horas de incertidumbre electoral, bajó a los niveles previos a los comicios y no ha mostrado nuevos picos. Los precios de las acciones que se negocian en las bolsas estadunidenses han crecido de forma espectacular en estos días y se mueven en máximos históricos. Si bien este fenómeno refleja, en buena parte, el júbilo de los grandes capitales por el regreso de un desmantelador de regulaciones y fanático de los recortes fiscales, también muestra que no se anticipa un golpe a las corporaciones como el que les supondría pagar el enorme costo de reubicar en Estados Unidos la producción que hoy realizan en México.

Otros indicios de que se ha exagerado el peligro de un segundo periodo trumpiano para la economía mexicana se encuentran en el tono cordial con que se desenvolvió la primera llamada entre el republicano y la presidenta Claudia Sheinbaum, quienes intercambiaron felicitaciones por sus respectivas victorias electorales y acordaron abordar en su momento los temas relevantes de interés binacional. El propio embajador de Washington en México, Ken Salazar, apuntó que Trump deberá reconocer la importancia de la relación comercial, que constituye la mayor sociedad del mundo por el volumen y el valor de las mercancías que cruzan la frontera en ambas direcciones. Salazar también matizó las palabras del magnate diciendo que la retórica de la campaña puede ser preocupante, pero la relación es tan fuerte que trasciende a la política.

Sin subestimar la voluntad de Trump para imponer su agenda xenófoba sin importarle los perjuicios que ocasione a sus conciudadanos y al resto del mundo, su discurso debe contrastarse tanto con el verdadero margen de maniobra del que dispondrá como con la experiencia de su primer mandato (2017-2021). En este sentido, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, quien ya lidió con el magnate mientras ocupó la cartera de Relaciones Exteriores el sexenio pasado, ha sido enfático en que la relación bilateral será compleja pero buena en términos generales, para lo que se aplicará la fórmula probada durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador: inteligencia y sangre fría. En cuanto al uso del tema migratorio como herramienta de presión, el canciller Juan Ramón de la Fuente destacó que en menos de un año el flujo de personas que cruzan de manera irregular la frontera común cayó 76 por ciento, por lo que Trump no tiene argumentos verdaderos para sostener que existe una situación fuera de control.

En suma, se cuenta con una relación sólida basada en el respeto mutuo heredada del sexenio anterior, con funcionarios experimentados para manejar las peculiaridades del trumpismo y con unos vínculos comerciales de tal magnitud que atan a ambos lados a sentarse a resolver sus diferencias en términos civilizados. Con firmeza e inteligencia, podrán encararse los retos venideros. (Redacción, La Jornada, Editorial, p. 2)

Tengamos cuidado con el presidente Trump

Con el ascenso del señor Donald Trump como presidente de Estados Unidos, habrá que preocuparse y ocuparse, y se deberá tener mucho cuidado respecto de su desempeño hacia México. Y por supuesto que también habrá que adecuar y afinar las estrategias mexicanas para obtener la mayor utilidad en todos los aspectos, de cara a las nuevas circunstancias que ofrece nuestra vecindad en un plano de realismo político, económico y social, a la luz de la interdependencia en la que estamos inmersos.

A partir de la expresión popular muy mexicana que propala que debemos estar con un ojo al gato y otro al garabato, y más aún que deberemos cuidarnos de los perros bravos, que ladran y muerden; habrá que tomar muy en cuenta estas metáforas y aprenderlas muy bien, pues encajan perfectamente en el entorno que nos espera en la difícil relación binacional de gobierno a gobierno frente a Estados Unidos, desde el primer día del mandato que encabezará el señor Trump. El futuro presidente estadunidense es muy obvio y muy predecible, debido a su agresividad, belicosidad, arrogancia, prepotencia y soberbia manifiestas; y por todo ello resulta muy difícil creer en la cordialidad que le expresó a la presidenta Claudia Sheinbaum durante su primer contacto telefónico celebrado recientemente.

Por supuesto que hizo bien la Presidenta en mostrar su satisfacción, su buen ánimo y su esperanza en que ella y su gobierno sabrán conducirse con éxito en las múltiples y harto difíciles conversaciones y negociaciones que nos esperan; pero, ¡cuidado!, la diplomacia mexicana no deberá sustentarse en una esperanza –ingenua, ilusa, por ello inútil– del buen trato al vecino cercano pero distante que somos.

Se requiere estar siempre alertas, con buen ánimo e inteligente disposición, pero alertas y dispuestos a tomar acuerdos realistas y dignos para seguir avanzando, muy a pesar de las dificultades que se presenten.

Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum haya dicho que no hay motivos para preocuparnos, yo respetuosamente disiento de ella en esta parte de sus palabras dadas a conocer en su conferencia matutina luego del triunfo republicano; pues en mi opinión sí debemos estar preocupados y también deberemos estar ocupados en el diseño de estrategias y tácticas que conduzcan a nuestro país en el camino más pertinente, viable, factible y realista para salir exitosos del panorama que nos aguarda, pues las amenazas anunciadas por el candidato republicano Donald Trump podría cumplirlas como presidente –parcial o totalmente–.

Tomémoslo, pues, en serio, pero muy en serio.

No podemos ni debemos estar confiados, despreocupados, tranquilos, pasivos o distraídos ante sus reiteradas balandronadas, pues este señor ha manifestado, por doquier y en infinidad de ocasiones, su desprecio, sus ofensas y su odio a México y a las y a los mexicanos, a los migrantes, a nuestra producción industrial y al comercio tan sólido que nos une a su país.

Adicionalmente, como si sus amenazas fueran poco, tanto él como quien ocupará la vicepresidencia de su país se han prodigado en denuestos y en anuncios que llegaron a hablar de cerrar la frontera, expulsar a las y los migrantes y a invadir a México con el consabido prurito de atacar el narcoterrorismo derivado del ciertamente incontrolable, lacerante e infame desempeño del crimen organizado en nuestro país.

Trump sabe presionar sin límite alguno y acierta en avanzar en sus propósitos, como lo dice en uno de sus libros publicados, y más aún como lo hizo con el gobierno mexicano anterior, tras la exigencia de establecer un muro humano en nuestra frontera sur contra los migrantes, y con la amenaza de establecer nuevos aranceles a los productos de manufactura mexicana.

El actual secretario de Economía, Marcelo Ebrard, sabe muy bien lo que pasó entonces y hasta sufrió las más estrambóticas ofensas.

La digna y talentosa embajadora Martha Bárcena, quien fuera nuestra representante en Washington, DC, tiene muy claro el panorama que nos espera y lo ha hecho del conocimiento público como una insobornable y muy bien intencionada advertencia en bien de nuestro país y de una aceptable y exitosa relación bilateral con Estados Unidos.

Estemos, pues, pendientes, alertas y atentos al acontecer, y sustentemos mejor nuestras esperanzas, con realismo, de cara a los nuevos tiempos y en la búsqueda de mejores circunstancias.

Y finquemos nuestras esperanzas, sin ingenuidad y sin ilusión, en que mister Donald Trump sea diferente y deferente para con México, para con el pueblo estadunidense y con el mundo en general. (Heriberto M. Galindo Quiñones, La Jornada, Política, p. 4)

México de cara a la sombra de Donald Trump

El regreso de Donald Trump en la presidencia de los Estados Unidos tiene implicaciones profundas para México en áreas como la seguridad, la economía, la migración y la política exterior. Desde su primer mandato, Trump mostró una inclinación hacia políticas unilaterales y una retórica que en ocasiones resultaba desafiante para los intereses mexicanos. A dos días de haber logrado la victoria, Trump ha comenzado a gestar movimientos políticos y sociales que generan desasosiego en gran parte de la élite política del orbe y sobre todo de nuestro país.

Uno de los temas centrales durante la administración Trump fue la migración. Su enfoque consistió en endurecer las políticas migratorias a través de órdenes ejecutivas y presionar a México para implementar políticas de contención. Esto incluyó el controversial programa “Remain in Mexico”, que obligaba a los solicitantes de asilo a esperar en territorio mexicano mientras sus casos eran revisados en los EU.

Para México, la clave para gestionar la presión en este ámbito será trabajar en coordinación con organismos internacionales y líderes de otros países de la región. México podría promover el diálogo y la cooperación multilateral, impulsando alianzas con países de América Latina para desarrollar un enfoque integral hacia el tema migratorio. Asimismo, podría fortalecer su política migratoria mediante la inversión en recursos y en el desarrollo de infraestructura para recibir y atender migrantes, lo que permitiría a México gestionar mejor los flujos migratorios y ser menos vulnerable a las presiones unilaterales de EU.

El combate al narcotráfico ha sido un área de colaboración y, a la vez, de conflicto entre ambos países. Durante su mandato, Trump impulsó políticas de “mano dura” y lanzó amenazas de intervención militar, acusando a México de no controlar a los cárteles. No hay que olvidar que en ese tiempo dos figuras de alto nivel de los sexenios de Calderón y Peña fueron detenidos de forma inédita en la relación bilateral. Una nueva presidencia de Trump podría seguir este enfoque, más aún con esa papa caliente llamada Ismael Zambada. No hay duda que una política de cero tolerancia que priorice la seguridad nacional de EU estará por encima de la colaboración y la diplomacia. En este escenario, podrían esperarse amenazas de designación de cárteles como organizaciones terroristas, lo que justificaría la intervención directa de fuerzas estadounidenses en territorio mexicano, mayor presión para que México realice operativos conjuntos con EU, aún cuando esto implique riesgos para la soberanía mexicana, y un incremento en el uso de tecnología de vigilancia y monitoreo en zonas fronterizas, lo que incrementaría la tensión entre la privacidad y la seguridad nacional.

Así pues, México debe desarrollar una estrategia de seguridad que equilibre la colaboración con EU con la protección de su soberanía. Algunas opciones incluyen fortalecer su sistema de inteligencia y capacidad de respuesta para demostrar independencia y efectividad en el combate al crimen organizado. México también podría negociar acuerdos específicos de cooperación bajo términos claros que aseguren la protección de la soberanía y el respeto a la auto pisoteada legislación mexicana.

La presidencia de Donald Trump representa un reto para México. Frente a una administración que podría adoptar políticas más duras, nuestro país necesita consolidar sus instituciones, fortalecer sus relaciones internacionales y promover una visión económica y social más autosuficiente. De no ser así, los nubarrones que se avecinan más que resolver la sequía en la relación bilateral, serán huracanes destructivos típicos del calentamiento global y con resultados apocalípticos. (Alberto Capella, El Universal, Opinión, p. A12)

Frentes Políticos

  1. Pasada la tempestad. Es evidente que los discursos de campaña distan mucho de la realidad y el caso de Donald Trumpes ejemplo de ello. El virtual ganador de la elección en Estados Unidos amagó desde diversos frentes inclusive con la imposición de aranceles por encima de la lógica. Sin embargo, la mandataria mexicana, Claudia Sheinbaum, reveló que Trump le dijo “see you soon” (nos vemos pronto) durante la llamada que sostuvieron y que le envió saludos al expresidente, con quien, dijo, tuvo una buena relación en su gobierno. Imperó la cordialidad. Que no se rompa. (Redacción, Excélsior, Nacional, p. 11)

Cartones

S.O.S.

universal3

(Fernando de Anda (FER), El Universal, Opinión, p. A13)

Tal cual

heraldo

(Alarcón, El Heraldo de México, p. 2)