Opinión Migración 100426

Nuevos alientos para Cuba

Doloroso pero inevitable, un hecho absolutamente irrevocable es el cambio de régimen político, económico y social en Cuba. Muy difícil tratar de anticipar sus hechos desencadenantes, pero lo que es inevitable es el cambio, quizá pronto. Lamentablemente el factor decisivo para una normalización gradual será Estados Unidos. Ojalá sea para bien de ese querido país.

Otro hecho tan incontrovertible como el anterior atañe también a México. Habrá efectos en esa área geopolítica por nuestra pertenencia a la vecindad México-CubaEstados Unidos y las comunidades caribeñas para no ir más lejos. Mucho de lo que en Cuba suceda afectará a todo ese universo.

De esa realidad brota la estrecha vinculación México-Cuba por 500 años de relación política y comercial. Por todo ese tiempo, todo lo que se intercambiara entre México y Europa pasaba por La Habana. Nos determinábamos recíprocamente y bajo otras realidades así será a futuro.

 

Los hechos venideros vistos, en el plano de la cordialidad que nos une, serían predeciblemente: 1. En materia política dependerá de la actitud de Washington, que por hoy puede suponerse más áspera que tersa, lo que afectará la política exterior de nuestro país 2. Los problemas humanos que se derivarían de migraciones de la isla hacia nuestras costas del sureste, unas legales y otra no, dadas las condiciones de necesidad que esos flujos traerían hacia México. 3. Problemas de orden jurídico penal y de las leyes de población. 4. Nuevas realidades financieras y comerciales. La seguridad nacional no presupone de oficio que a todo hecho trascendente para la vida nacional invariablemente se clasifique como riesgo a ella.

Sí implica el deber de estudio y observación del evento que la provoca con constante calificación de sus potenciales efectos sobre su deber de custodia de los altos intereses nacionales. Lo que suceda al interior de la isla no nos compete, pero sus efectos sí. En materia política no necesariamente sería una democracia liberal plena en el corto plazo, pero sí un sistema híbrido con un partido dominante.

Si la situación política de Cuba de alguna forma se resuelve y logra transitar hacia un sistema más abierto, con normalización institucional y económica, su perfil logrado en su transformación puede proyectarse, toda proporción guardada, con experiencias ejemplares como Vietnam y Corea del Sur y, más próximas a nuestras realidades, con Uruguay y República Dominicana, que salieron satisfactoriamente de regímenes autoritarios a sistemas radicalmente opuestos. Un escenario fácil no está garantizado.

Las principales inseguridades serían: actitud de los grupos anti-Cuba radicados en Florida, transición desordenada o crisis institucional, captura económica por élites o actores externos, corrupción en los procesos de cambio, confianza excesiva en el turismo. Si la transición se da razonablemente, Cuba en pocos años podría ser políticamente semiabierto, con pluralismo limitado económicamente, con una economía mixta en crecimiento, socialmente más desigual, pero con una clase media emergente, con regreso de talentos humanos y capitales, geopolíticamente reintegrada al sistema occidental y regional, aprovechando estratégicamente que, como fue por siglos, sería una clave central en el Caribe.

Si México decidiera salir del sopor de su política exterior se encontraría con sorpresas, oportunidades y tareas. La sorpresa sería que nuestro país no es apreciado por la comunidad internacional, Europa está enredada en su supervivencia, Medio Oriente, con sus guerras; para Oceanía no existimos y lo peor, el resto de América Latina nos desprecia, por lo que una idea lúcida sería participar en la vuelta de Cuba a la hermandad latinoamericana.

Estas ideas tan primarias seguramente están siendo analizadas acuciosamente por la nomenclatura cubana, intereses estadunidenses, oficiales y privados, por los antiguos emigrantes de la isla con sus descendientes y por no sé qué organización en México que produzca reflexiones estratégicas. (Jorge Carrillo Olea, La Jornada, Opinión, p. 12)

Problemas sin fronteras: el papel de la universidad

Durante mucho tiempo, pensamos los grandes desafíos en clave nacional. Las políticas, las decisiones, incluso las soluciones se diseñaban dentro de fronteras claramente delimitadas. Hoy esa lógica ha quedado rebasada. Los problemas más importantes de nuestro tiempo no tienen fronteras físicas.

La migración, la desigualdad, la sostenibilidad ambiental, la confianza institucional, el desarrollo tecnológico. Ninguno de estos fenómenos se detiene en una línea fronteriza. Se despliegan simultáneamente en distintos países, con causas y consecuencias compartidas.

Y eso cambia la naturaleza del liderazgo que necesitamos. Ya no basta con formar profesionales capaces de entender su entorno inmediato. Se requieren personas capaces de pensar en clave global, sin perder responsabilidad concreta. Líderes que comprendan la complejidad de los sistemas interdependientes en los que operan.

Un ejemplo claro es la relación entre México y Estados Unidos. Se trata de una de las interdependencias más intensas del mundo. Económica, cultural, social. Millones de decisiones cotidianas —en empresas, gobiernos, comunidades— cruzan esa frontera de manera constante. Y, sin embargo, esa relación también está marcada por tensiones, asimetrías y cambios permanentes.

Formar líderes para esta realidad implica algo más que enseñar idiomas o promover intercambios. Implica formar capacidad de comprensión profunda. Entender las instituciones, las dinámicas políticas, las tensiones sociales, los marcos económicos. Leer el entorno con matices, no con simplificaciones.

Pero también implica algo más exigente: formar identidad en medio de la interdependencia. Porque en un mundo cada vez más integrado, el riesgo no es sólo no entender al otro, sino dejar de entenderse a uno mismo. La adaptación sin criterio puede llevar a la pérdida de sentido. Por eso, el verdadero desafío es formar personas capaces de dialogar con el mundo sin diluir su visión. Capaces de integrarse sin perder su centro.

A esto se suma una tercera dimensión fundamental, la capacidad de construir puentes desde el conocimiento. Las universidades no sólo tienen la tarea de observar la realidad. Tienen la responsabilidad de contribuir a transformarla. Y en problemas compartidos, las soluciones también deben ser compartidas. Aquí es donde la colaboración académica cobra un valor especial.

Cuando instituciones de distintos países trabajan juntas en investigación, cuando comparten perspectivas, cuando abordan desafíos comunes desde una mirada interdisciplinaria, no sólo generan conocimiento, forman una nueva generación de líderes. Es indispensable considerar que el ámbito universitario, no sólo colabora académicamente; si no que crea espacios de diálogo en un contexto global cada vez más fragmentado. Frente a conflictos bélicos, tensiones políticas, crisis económicas y fracturas sociales, la universidad tiene la responsabilidad singular de ser un lugar donde las diferencias no se cancelan, sino que se comprenden.

En muchos ámbitos, el relativismo ha derivado en una especie de dictadura de lo políticamente correcto que, lejos de generar consenso, ha profundizado divisiones, ha polarizado posturas y debilitado la posibilidad de encuentro. Cuando todo se vuelve opinable, pero al mismo tiempo intocable, el diálogo se sustituye por la descalificación y el conflicto se vuelve permanente.

La universidad, en cambio, está llamada a custodiar la búsqueda de la verdad y la dignificación de la persona. Y desde ahí, recuperar el diálogo como herramienta real de construcción. No un diálogo superficial o estratégico, sino uno que exige escucha, rigor intelectual y apertura a la realidad del otro.

Es en ese espacio donde se forman personas capaces de sostener conversaciones difíciles sin romper, de disentir sin excluir y de construir soluciones sin imponer. Porque los grandes problemas de nuestro tiempo no sólo requieren conocimiento técnico, requieren también la capacidad de encontrarse con quien piensa distinto.

En ese sentido, la universidad sigue siendo —quizá hoy más que nunca— el lugar por excelencia para afrontar los “problemas sin fronteras”. Un espacio donde la palabra sustituye a la confrontación y donde la comprensión abre camino a soluciones verdaderamente compartidas. (Fernanda Llergo Bay, Excélsior, Nacional, p. 11)

Sacapuntas

Valora a su equipo

Cálido recibimiento tuvo el nuevo secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, quien al dar un mensaje al personal de la Cancillería les ofreció tomar en cuenta, valorar y potenciar el talento que hay en las distintas áreas que conforman la Secretaría. El canciller tuvo una agenda muy movida, pues por la mañana también dialogó con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, a quien agradeció las felicitaciones por su nuevo cargo y con quien acordó fortalecer los lazos en materia de seguridad y migración, atendiendo los derechos humanos de la población. (Sacapuntas, El Heraldo de México, La 2, p. 2)

A la Sombra

Luego de ser exhibida en redes sociales, la diputada local y presidenta de la Junta de Coordinación Política del Congreso de Oaxaca, Tania Caballero Navarro, quien además es nuera del gobernador Salomón Jara, reconoció el viaje que hizo a Los Ángeles, Estados Unidos, durante las vacaciones de Semana Santa. Pero tranquilos todos que, según declaró, su estancia allá la pagó con su sueldo y fue por motivos de trabajo, para avanzar en la agenda con migrantes oaxaqueños en ciudades como Los Ángeles y San Quintín.

A la sombra…

La legisladora sostuvo que ya no existen privilegios dentro del Congreso local como vuelos privados, hospedajes o viáticos, por lo que lamentó que se busque desinformar a la ciudadanía sobre su labor. Lo raro es que, pese a ser muy activa en sus redes sociales, no hay nada sobre esas reuniones con migrantes; y también se le olvidó explicar la necesidad de viajar por trabajo junto a su familia, pues lo hizo con su esposo Shabin Jara Bolaños y su cuñada Bxido Xishe Jara Bolaños. (A la Sombra, El Sol de México, República, p. 2)

Cartones

Amenaza

Captura

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 10)