La paradoja de siempre. En tiempos de crisis los ricos sacan su dinero del país y los pobres migrantes mandan sus remesas.
Hace unos días fue noticia de primera plana que los envíos de remesas batieron todos los récords. Fueron 4 mil millones de dólares los que se recibieron en el mes de marzo.
El presidente López Obrador les agradeció públicamente.
No era para menos, las fuentes de divisas del país han colapsado con la pandemia y la crisis económica. El petróleo está por los suelos, ya no son petrodólares como en otros tiempos. El turismo y sus negocios aledaños, que dejaban millones de dólares, viven la peor época de la historia; las exportaciones están en niveles mínimos y la inversión extranjera brilla por su ausencia. En resumen, hay un déficit importante en la balanza de pagos.
Diversas razones pueden explicar este incremento inusitado de remesas. En primer lugar, la solidaridad. Muchas familias mexicanas han perdido el empleo o simplemente no pueden trabajar y obtener ingresos. Las remesas cumplen esta función primordial de apoyar a sus familiares con el gasto diario, la manutención, el pago de servicios. En momentos de necesidad, la solidaridad del pueblo migrante mexicano siempre se ha hecho presente. (Jorge Durand, La Jornada, Política)
¡Buenas noticias! Los migrantes nos mantienen
Por eso Vicente Fox acertó (en serio) cuando los llamó “nuestros héroes” y luchó para lograr la “enchilada completa” en un acuerdo migratorio con Estados Unidos… los mexicanos que radican o trabajan ahí enviaron la cantidad récord de 4 mil 16 millones de dólares al país en marzo, previendo sin duda el terrible impacto de la plaga. ¿Y nosotros, qué les damos a ellos, aparte de discursos bonitos y promesas? ¿Cuándo los hemos defendido, de verdad? No nos los merecemos. (El Foco, El Universal, Online)
Tuve oportunidad de participar en una conferencia virtual invitado por el doctor Demetrios Papademetriou, tal vez el más prestigiado investigador, autor y conferencista en el tema de las migraciones internacionales. Organizada bajo el auspicio del Transatlantic Council on Migration, participaron cerca de veinte académicos, funcionarios y analistas de la Unión Europea, Canadá, Estados Unidos y el director de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM).
La plática se organizó alrededor de tres preguntas:
(i) ¿Qué medidas de política migratoria han adoptado?
(ii) ¿Qué controles fronterizos han reforzado? (iii) ¿Qué coordinación existe entre países vecinos o de la misma región?
Las respuestas coincidieron en varios aspectos y por supuesto hubo decisiones propias de sus realidades geográficas, políticas, económicas y sociales; enseguida apunto algunas de los principales conceptos, ideas y experiencias compartidas:
La pandemia causará una crisis humanitaria global, sobre todo en grupos vulnerables como son los migrantes y refugiados.
El COVID-19 ha vuelto a centrar la atención en la necesidad de implantar fuertes controles fronterizos. A gobiernos populistas, restriccionistas les da elementos para promover que “las fronteras cuentan” y por ende, aplicar políticas antiinmigrantes. La Unión Europea no ha podido adoptar políticas comunes racionales y balanceadas, cada país corre ahora por su cuenta. (Gustavo Mohar, Excélsior, Nacional, p.16)