A diferencia de sus antecesores –y a pesar de la persistente ola criminal que coloca al secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, como el más atrasado del gabinete–, López Obrador asegura que no caerá en la trampa de abrir fuego contra la delincuencia organizada, porque confía en superarla combatiendo las causas que, dice, desataron la violencia.
Así que la dureza de la 4T, por lo pronto, se centra en sacar adelante los compromisos con Trump, conteniendo a los migrantes centroamericanos, una tarea que ha confirmado los niveles de eficacia del canciller Marcelo Ebrard y del titular del Instituto de Migración, Francisco Garduño.
Es una dureza que ya alcanzó a dirigentes de productores de Morena, el senador José Narro Céspedes y el diputado Eraclio Rodríguez, a quienes el Presidente ha etiquetado como “líderes de nylon” y a los que ayer les recetó la advertencia del nuevo orden democrático. (Ivonne Melgar, Excélsior, Nacional, p. 7)
Hace un año comenzaba a vislumbrase una crisis en materia migratoria. Poco a poco iban creciendo las caravanas de Centroamérica y el gobierno del presidente Peña Nieto parecía contar los minutos para terminar su sexenio. Mientras tanto, el Presidente Electo López Obrador invitaba a los migrantes a nuestro territorio y les aseguraba trabajo y vivienda. Algunos meses después, Olga Sánchez Cordero, ya como secretaria de Gobernación, declararía que la crisis había sido solucionada en los primeros cinco días de la nueva administración. A finales de mayo de 2019, con el problema desbordado, el gobierno tuvo que dar un golpe de timón en su política al ser amenazado con aranceles por Donald Trump, y las fuerzas federales comenzaron a perseguir a los migrantes.
En materia internacional existía gran expectativa sobre qué mandatarios visitarían nuestro país con motivo de la toma de posesión del Presidente Electo. No teníamos idea que la agenda internacional durante el primer año de gobierno sería prácticamente inexistente y no habría ninguna gira al extranjero durante ese periodo. (Ricardo Alexander M, Excélsior, Nacional, p. 6)
Sólo desde la insensatez o la extrema ignorancia se podría pensar que los grotescos actos de EU no ocurrirían, cuando desde la campaña electoral, su hoy presidente profirió interminables ofensas, insultos y expresiones discriminatorias hacia los inmigrantes, específicamente a los mexicanos, con la deliberada intención de ubicarlos como enemigos del país, de atizar la animadversión entre sus seguidores, e incitar, abierta o veladamente, al odio y a la violencia.
Dentro de su cobardía, el escuchar la voz de su líder político señalar que los mexicanos que migran son violadores, narcotraficantes y criminales, los ha conducido a un negacionismo de su historia migrante, impulsándolos a emprender una peligrosa limpieza étnica o cruzada racial que por las dramáticas experiencias vividas con el nazismo, el Ku Klux Klan y el genocidio de Ruanda, sabemos a donde conducen.
En un contexto de vecindad geográfica en el que la comunidad de origen mexicano asciende a 40 millones de residentes en EU, y en donde un millón de personas cruzan diariamente, carece de sentido una ley nacional de armas de fuego, cuando ellos tienen una blandengue regulación que permite a cualquier persona comprar un arma sin requisito alguno, amén de la extrema permeabilidad a la migración armamentística en la frontera. (César Astudillo, El Universal, Nación, p. 12)
La matanza de latinos en El Paso, Texas, es la expresión de rechazo más brutal y violenta frente a un futuro dominado por minorías. Es lo que pasa cuando el odio racial se promueve desde arriba hacia abajo en un país donde hay más armas que personas.
Minutos antes de irrumpir en Walmart, según las autoridades, (Patrick) Crusius posteó digitalmente un “manifiesto” en el que justificaba su acción. Escribió que el ataque era en respuesta a la “invasión hispana de Texas”. Al leer el documento de 2,300 palabras un párrafo me saltó.
El problema es este: las palabras de Trump y las de Crusius se confunden. Cuando ambos hablan de “invasión” y exponen su visión negativa sobre los inmigrantes, es difícil saber de qué boca están saliendo. (Jorge Ramos, Reforma, Opinión, p. 8)
Me parece que dos indicadores claros del éxito o fracaso de una nación, son su tasa de migración y su tasa de homicidios. Si la primera es negativa, es decir, si sale más gente que la que entra, queda claro que ese no es un país en el que la gente quiera vivir. Y si la segunda es alta, comparativamente hablando, también queda claro que ese país tiene problemas de convivencia social. Ambas tasas pueden estar relacionadas. Y una puede ser causa parcial de la otra, etc. Pero queda claro que ambas representan, a su manera, el éxito o fracaso de un país.
El caso es que revisando los datos más recientes de violencia homicida en Latinoamérica (de 2017, compilados y puestos a disposición por UNODC), la noticia es que México no está entre los cinco países más violentos de la región. Tenía la impresión de que ya estábamos dentro, o a un paso de pertenecer a ese triste ranking. Pero veo que no. (Carlos Vilalta, El Universal, Opinión, p.12)
Muertos en El Paso, Texas, por un fanático seguidor de las estupideces xenófobas de Donald Trump. Población civil víctima de bombardeos en Palestina y en Siria. Millones de migrantes huyendo de Venezuela, de los países del Triángulo de Centroamérica, otros miles de Cuba, de Medio Oriente, de África tanto en el norte como es el caso de Libia como más al sur de Costa de Marfil, Uganda, el Congo. Desigualdad creciente en todo el planeta. Organizaciones criminales inmensamente poderosas en el tráfico de personas, la prostitución de todo tipo, la impresionante economía política del mundo del narcotráfico con sus arsenales creados desde Estados Unidos, donde se pueden surtir de todo tipo de armas, ante la pasividad y complicidad del Estado. La amenaza cotidiana contra el planeta mismo por todo tipo de prácticas contra el medio ambiente. (Joel Ortega Juárez, Milenio Diario, p. 3)
Falta de confianza.- Rusia enfrenta una importante crisis demográfica. Por eso, a ese país balcánico le urge que lleguen millones de inmigrantes. Así de claro, al gobierno del presidente Vladimir Putin desarrolla un ambicioso plan para atraer a entre 5 y 10 millones de inmigrantes entre 2019 y 2025. ¡Hombre! No importa que esté un poco lejos. Aquí lo que nos sobra son migrantes centroamericanos, le podemos echar la mano con ellos, y ellos felices de comer caviar, y ya no frijoles “como los chanchos”. (Eva Makívar, El Sol de México, Análisis, p. 2)
La reciente reaparición de Ébola en el Congo, nos recuerda que las epidemias/pandemias de enfermedades infeccioso-contagiosas, son una de las nuevas amenazas a la seguridad internacional, que igualmente afectan la seguridad nacional.
La pandemia más devastadora de la historia fue la mal llamada influenza española (surgió en Kansas) que mató entre 50 y 100 millones de personas de 1918 a 1919. En efecto, el desmesurado crecimiento poblacional y las aglomeraciones urbanas, el frenético movimiento de personas y bienes en un mundo globalizado, la expandida pobreza, las migraciones, los conflictos bélicos, el deterioro del medio ambiente, etc han forjado el caldo de cultivo propicio para pandemias de todo tipo.
No obstante, como la cruda realidad siempre acaba imponiéndose sobre los slogans populistas, las realidades alternativas, los otros datos y las fake riews, probablemente confrontaremos otra catástrofe como la de 1918-1919. Desgraciadamente nos tomará desprevenidos e impreparados, porque el circo político-mediático cotidiano intencionalmente nos distrae de los verdaderos y más urgentes problemas de nuestro tiempo. (Walter Astié Burgos, El Universal, Nación, p. 13)