El comisionado interino de la Agencia Federal de Aduanas y Patrulla Fronteriza (CBP) de Estados Unidos, Mark Morgan, dijo ayer que aunque México ha dado pasos sin precedente en materia de control migratorio, el gobierno de Donald Trump necesita que haga más para reducir el flujo de personas que intentan llegar a territorio estadunidense a través de nuestro país.
Es claro que en los 90 días transcurridos desde la firma de ese convenio, las autoridades nacionales han hecho su parte, e ir más allá no sólo significaría una claudicación en materia de soberanía, sino que implicaría también crear condiciones para la comisión de violaciones consuetudinarias a los derechos humanos de las personas migrantes.
No obstante, si el magnate neoyorquino pretende llevar más lejos esa representación, hasta el punto de dictar nuestra política migratoria y de forzar a nuestras autoridades a atropellar su propio marco legal, no hay otra respuesta posible que el rechazo a tales pretensiones, no sólo, como se ha dicho, por un elemental principio de soberanía, sino también para evitar que las autoridades mexicanas acepten incurrir en prácticas contrarias a los derechos humanos.
En este punto todas las fuerzas políticas, todos los sectores económicos y todas las organizaciones sociales del país deben repudiar en forma inequívoca las exigencias adicionales de Washington. (La Jornada, p. 2)
La boca del lobo.- Una vez cumplido el plazo para evaluar el desempeño de México con respecto al desafío, las primeras evaluaciones del gobierno de EU no son del todo halagüeñas. El encargado de la protección fronteriza dijo que México tiene que hacer todavía más y deslizó la posibilidad de que asumamos la figura del Tercer País Seguro.
Marcelo Ebrard anda por allá, en la boca del lobo, y ya dijo que eso del tercer país ni lo piensen, pues tiene el mandato del Presidente y el consenso del Senado para decir “no”. El vicepresidente Mike Pence, que será su interlocutor, es, comparado con Trump, un hombre prudente, pero si le ordenan machacar a México, lo hará sin remordimiento. (La Crónica de Hoy, Opinión, p. 2)
Por un lado, no hay sorpresa, Donald Trump lo escribió en su libro sobre cómo negociar y lo ha presumido en campaña y desde la Casa Blanca. Él así negocia.
Después de la amenaza de los aranceles y las acciones de México que han puesto en situación de crisis humanitaria a refugios y poblados en nuestras fronteras ahora el gobierno de Estados Unidos va por más.
Primero el vicepresidente Pence y después el comisionado de la patrulla fronteriza Mark Morgan lo dejaron claro: queremos más. Así lo dijo el segundo en la Casa Blanca: “A pesar de que la ayuda de México se ha intensificado sin precedente, se han unido a Estados Unidos, así como a nuestros socios del Triángulo del Norte, y realmente se han comportado como verdaderos socios y realmente están viendo esto como una crisis regional, necesitamos que hagan más. Necesitamos que México haga más”.
Morgan adelantó parte: “Tenemos que asegurarnos de que se mantengan los esfuerzos; que la Guardia Nacional, los 25 mil soldados que han desplegado, se mantengan en la tarea. Necesitamos que sigamos trabajando y expandiendo el MPP (el programa por el que migrantes centroamericanos esperan en México sus trámites migratorios).
Y ahí vamos de nuevo, a la negociación eterna. Ya nos convertimos en su muro. Ya veremos qué más piden. Y eso que la campaña para la reelección aún no comienza en serio. (Carlos Puig, Milenio Diario, p. 2)
El fin de semana, el presidente López Obrador estuvo en Tamaulipas, un estado azotado por la violencia y por la migración en doble vía: la que llega del sur y la del norte que regresa el gobierno de Estados Unidos, lo que es un problema en desarrollo y creciente, pero el primero, la violencia, es crónico y sin solución donde la tendencia ha ido al alza por la guerra permanente y despiadada entre los cárteles de la droga que disputan esa plaza.
Pidió, vehemente, a los delincuentes que le bajen, que se porten bien, pero también los envió cerca de su finca en Palenque, en Chiapas: no bastan esas expresiones del ¡Fuchi! y ¡Guácala! Y peticiones de que le bajen.
Ojalá lo escucharan a él o a sus mamacitas, pero a estas alturas esos criminales ya no entienden razones y para ellos esos llamados son muestras de debilidad que algunos interpretan como impunidad. (Joaquín López-Dóriga, Milenio Diario, p. 3)
El Gobierno ha insistido en que México no va a ser Tercer País Seguro en el tema migratorio. El problema es que en el terreno de los hechos, de alguna u otra forma lo somos.
Las medidas que ha tomado el gobierno de EU están provocando que sea nuestro país el lugar donde los migrantes pernocten. Lo que hacen es regresarlos a México, mientras las autoridades del vecino país llevan a efecto una larga y engorrosa revisión de las innumerables solicitudes.
EU no ha quitado, ni va a quitar, el dedo del renglón sobre este asunto. A Trump le es importante y rentable, y más en los tiempos político-electorales que se avecinan.
El Gobierno ha hecho un gran esfuerzo. Sin embargo, muchas cosas nos están saliendo caras. El país, de la noche a la mañana, enfrentó una migración inédita, paradójicamente fue el propio Gobierno el que, hacia finales del año pasado en algún sentido la alentó.
La mayoría de los migrantes interpretó y utilizó el mensaje para venir a nuestro país para, en un segundo momento, buscar su objetivo: ingresar desde México a EU. En medio de confusos procesos informativos, en El Salvador, Honduras y Guatemala se creó la idea de que era fácil entrar a México y que esto les abría la posibilidad de cruzar la línea. (Javier Solórzano, La Razón, p. 2)
Marcelo Ebrard llega a Washington con varios puntos a favor y con grandes retos. Un paso a la vez. Marcelo Ebrard está en Washington DC en su tercer viaje a la capital estadounidense como canciller de México y en las casi 24 horas de su estancia se encuentra un escenario interno altamente politizado y descompuesto. Esta combinación no ayuda a la relación bilateral. Sin embargo, Ebrard llega con puntos positivos, pero también con enormes retos.
Hace poco más de mes y medio, Trump amenazó a México con imponer aranceles si el gobierno de AMLO no disminuía la cifra de centroamericanos que llegan a la frontera de EU. El gobierno mexicano apostó por la relación comercial y aceptó una especie de certificación unilateral en materia migratoria. La apuesta fue polémica: se salvó el comercio, pero las imágenes de la Guardia Nacional en la frontera con Guatemala y las historias de abusos a inmigrantes centroamericanos empezaron a mediatizarse más en México. Ebrard va a la Casa Blanca pasados los 90 días que impuso Trump y con una reducción del flujo migratorio de un 56% entre junio y agosto, datos que la misma Oficina de Fronteras y Aduanas avala, pese al tono tuitero de su comisionado encargado.
Ebrard llega a un DC inmerso en plena dinámica electoral, con los indicadores esperados allá, pero con poca atención, con más aliados, pero más divididos. El canciller tiene 24 horas para detener los exabruptos de un Trump que cambia de opinión dependiendo de su humor y de su popularidad. El medidor del éxito de Ebrard es que se despeje la amenaza arancelaria y sí, que Trump no tuitee, al menos esta semana. Con él es un paso a la vez. (Genaro Lozano, Reforma, p. 11)
Hoy México debe rendir cuentas ante Estados Unidos. Muchas cosas han cambiado en cuanto a política migratoria en el país presidido por Andrés Manuel López Obrador, pero en Washington estiman que no es suficiente y presionan en pos de la pieza mayor de su reacomodo en la materia, el tercer país seguro que Palacio Nacional se niega a aceptar formalmente, aunque de facto ya se aplican medidas equivalentes.
Marcelo Ebrard Casaubón es el personaje principal en escena. De hecho, ha asumido funciones parecidas a las de un vicepresidente desde que estalló lo que pudo llegar a ser una crisis económica: es el negociador único en la Casa Blanca, convertido en una especie de Luis Videgaray del periodo peñista; ha tomado bajo su mando, sin recato institucional alguno, las áreas de la administración pública que son necesarias para entregar buenas cuentas a Donald Trump y apuesta al futuro electoral de 2024 desde la condición de eventual secretario expiatorio si algo fracasa o si más adelante es necesario al máximo mando moreno (M3) desmarcarse de los acuerdos con Estados Unidos o responsabilizar de cesiones y arreglos secretos al canciller hasta ahora muy bien reciclado.
El reporte que Ebrard entregará hoy al vicepresidente y al secretario de Estado del país vecino es una vergüenza en términos de principios y doctrina mexicana de política exterior, pero al mismo tiempo es un orgullo del pragmatismo político y diplomático. De las posturas de brazos abiertos a la migración, que anunció López Obrador meses atrás (con ofrecimiento de empleos, educación, atención médica e incluso ayudas económicas directas a los hermanos en busca de cruzar nuestro país), se pasó a la contención y, a la fecha, a la abierta represión mediante fuerzas armadas (la Guardia Nacional militarizada). (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 8)
Notas en Remolino.- Seguramente hoy llegará preparado el canciller Marcelo Ebrard para las nuevas exigencias del vicepresidente Mike Pence y el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, luego de la advertencia de que México puede hacer más… (José Fonseca, El Economista, p. 34)
Globali… ¿que? // ¿Tercer país seguro? Sí, ni modo, lo es
Lo llaman acuerdo tercer país seguro y su presencia en el entorno fonético en México y Centroamérica detona cierta irritación en el cuerpo social.
Con México, el presidente Trump se ha cansado en mostrar su desprecio. En junio amenazó con violar el Tratado de Libre Comercio para perjudicar el intercambio bilateral de su país con México, a menos de que el gobierno de López Obrador endureciera su política de migración. Es decir, Trump estaba dispuesto a darse un balazo en su propio pie: dañar a los productores mexicanos, pero también a los consumidores estadounidenses. El gobierno mexicano cedió súbitamente, y defendió a los primeros e indirectamente a los segundos.
El término de tercer país seguro surge a raíz de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 estipulado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La implementación de este término se refiere a cuando una persona sale de su país en busca de asilo en una segunda nación y ésta se lo niega, por lo que el segundo país lo puede remitir a un tercer país que sea considerado seguro.
En esencia, México lo está haciendo. Pero más allá del nombre técnico, ayer la alta comisionada de la ONU para los derechos humanos Michelle Bachelet dijo estar preocupada por las políticas migratorias implementadas por México y algunos países centroamericanos. “En particular me alarma que los niños migrantes continúen siendo detenidos en centros tanto de EU como de México”.
Lo importante no es el nombre del acuerdo. Lo lamentable es el giro de la política migratoria de México. (Fausto Pretelin Muñoz De Cote, El Economista, p. 39)
Desde un comienzo la posición del canciller Marcelo Ebrard ha sido clara: México no se convertirá en un tercer país seguro, es decir, en un depósito de migrantes no aceptados por Estados Unidos. Sin embargo, insisten. Mark Morgan, comisionado interino de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, dijo en Washington que México y Estados Unidos están tratando de llegar a un acuerdo de cooperación, cuando se le preguntó si su país estaba buscando un tratado de tercer país seguro. La respuesta del canciller mexicano tardó unos cuantos minutos: Acabo de escuchar declaraciones del encargado de CBP. Reitero frente a las presiones: México no es ni aceptará ser tercer país seguro, escribió el funcionario mexicano en su cuenta de Twitter. No lo aceptaremos. (Enrique Galván Ochoa, La Jornada, Política, p. 6)
Moralmente derrotado es quien humilla la cabeza ante el Jefe de la Casa Blanca al convertir a México, por la vía de los hechos, en un gran muro para contener a los inmigrantes, cuando era el momento de unir a la patria y enfrentar a Trump con un gran sentido del honor para soportar el arbitrario aumento de los aranceles, o lo es quien no asiste por complejos psicológicos a los grandes foros internacionales, en donde se discute el destino del mundo y el de México, o quien regala 100 millones de dólares a los países centroamericanos, cuando tenemos 10 millones de compatriotas que calientan su comida, cuando la tienen, con leña, desforestando bosques y selvas, o lo es quien entierra casi 100 mil millones de pesos en el NAICM, a sabiendas que éste generaría 150,000 millones de dólares al año por la derrama económica de pasajeros y transacciones comerciales de carga. (Francisco Martín Moreno, Reforma, Opinión, p. 11)
Los pueblos de Europa y el mexicano comparten una historia de grandes aspiraciones, momentos de crisis profunda y renacimiento democrático.
Europa y México buscan cooperación. Compartimos la misma preocupación por el clima y el deseo de construir un modelo de desarrollo más sostenible.
Durante mi visita a México, propondré al secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, desarrollar una cooperación más estrecha en la defensa del ordenamiento jurídico multilateral, especialmente en el seno de las Naciones Unidas y de la Organización Mundial del Comercio. Las crecientes tensiones mundiales apuntan a la necesidad urgente de fortalecer el sistema multilateral basado en normas compartidas. La UE y México tenemos un largo historial de sinergias y trabajo común en esta área. Y comprendemos bien la importancia de la cooperación regional.
La UE fue uno de los primeros socios en manifestar su apoyo al Plan de Desarrollo Integral para El Salvador, Guatemala, Honduras y México, no sólo a nivel político, sino también económico. Hemos contribuido con 7 millones de euros para proyectos en los cuatro países relacionados con la seguridad alimentaria, el desarrollo rural y la creación de empleo. Compartimos plenamente el objetivo de reducir las desigualdades sociales en la región, y también de ofrecer a todos la oportunidad de construir un futuro digno en su propio país, sin ser impulsado a emigrar. (Federica Mogherini, El Universal, Mundo, p. 19)