Autoritarismo en Coahuila
Aunque el gobernador de Coahuila, Miguel Riquelme, aseguró al inicio de esta semana que los operativos implementados por su administración han reducido el flujo migratorio en su entidad, bien valdría la pena no solo poner bajo la lupa los verdaderos resultados sino la estrategia utilizada por la autoridad, y es que la reciente agresión a un grupo de migrantes por parte de la Policía Especializada de Coahuila, la cual ya está bajo investigación de la Comisión de los Derechos Humanos del estado, podría dejar entrever prácticas muy cuestionables de la corporación estatal, en donde no se percibe el mínimo respeto a los derechos fundamentales de los migrantes. ¿Se destapará el lado más autoritario de la administración de Riquelme? Atentos. (Reporte Índigo, Reporte, p. 3)
Que hoy habrá cónclave de senadores y el alto mando militar cuando integrantes de la Comisión de Defensa Nacional, que preside el mexiquense Higinio Martínez, acudan al Centro Integral de Evaluación del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, en el Campo Militar Número Uno, para conversar con el secretario de Defensa, Luis Cresencio Sandoval, sobre todo en cuanto a seguridad, pues en una anterior reunión se abordaron los temas migratorio, relación bilateral con EU y operaciones de paz. (Milenio Diario, Al frente, p. 2)
De creer a la prensa estadounidense, es hora de pensar seriamente en el trumpismo sin Donald Trump.
Mientras los resultados de las elecciones del martes se desgranaban y la esperanza de la anunciada marea republicana enfrentaba una realidad disminuida, los medios políticos se apresuraron a presentar el hecho como un revés para Trump, contrastante con las actitudes hacia el que puede ser su más viable competidor por la candidatura presidencial republicana, Ron
DeSantis, el gobernador de Florida que fue cómodamente reelecto y no tiene el bagaje personal del controversial exmandatario.
Trump estaba listo el martes a presentarse como el artífice de la gran victoria republicana y por tanto como el hombre a vencer en la que prometía ser simbólica carrera por la nominación presidencial de un Partido Republicano que, teóricamente, habría arrasado en comicios de medio término, usualmente difíciles cuando no desastrosos para el partido en el poder.
Pero ahora Trump parece culpable de exageración, nada extraño a su forma de ser, pero al parecer no exactamente bienvenida por votantes preocupados por economía, seguridad y migración, pero también aborto, libertades personales y democracia.
“Trump es todavía la figura dominante en el Partido Republicano, pero será el favorito para ganar la nominación presidencial si, como se espera, corre otra vez”, indicó un análisis del diario político.com.
El liderazgo de Trump parece ahora cuestionado y más debilitado que hace dos días, luego de que varios de sus seguidores fracasaron en intentos por ser electos o debieron aceptar la ayuda de corrientes tradicionales del partido para ganar. De hecho, de acuerdo con una versión ampliamente difundida, el expresidente “está lívido” de ira, “grita a todo mundo” y afirma que apoyó a malos candidatos.
Trump respaldó abiertamente a aspirantes que comparten su estilo de conservadurismo, que apoyan la idea de que hubo fraude en las elecciones presidenciales de 2020 y una versión aislacionista de la política exterior estadounidense.
En los últimos días, Trump sujetó a DeSantis a una serie de ataques, que ahora se ven como un intento de asustarlo y evitar que busque la postulación presidencial de 2024.
DeSantis, que en su campaña de reelección acumuló un fondo electoral de más de 200 millones de dólares que le vendrá bien si decide buscar la Presidencia; es considerado tan conservador, o más que Trump y no ha tenido problemas en usar temas como migración de forma demagógica como el que también pudiera ser su competidor, el texano Greg Abbott.
DeSantis se vio envuelto en una controversia cuando personas que trabajaban en su nombre “reclutaron” migrantes o solicitantes de asilo para enviarlas a estados prodemócratas del noreste, como Massachusetts y Nueva York, en busca de trabajo y de ayuda.
Trump tal vez puede estar rebasado, pero el trumpismo, definido como nacionalismo exagerado con ribetes populistas de xenofobia y racismo, está vivo y coleando. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 31)
Los sectores progresistas en Estados Unidos celebran, con toda razón, que las elecciones intermedias de este martes no se hayan convertido en una masacre para el Partido Demócrata, como anticiparon los sondeos. En el momento de cerrar estas líneas no está claro qué partido dominará la Cámara de Representantes y el Senado, y lo más probable es que tome varios días saberlo a ciencia cierta, pero lo más probable es que concluya en alguna suerte de precario equilibrio: los demócratas manteniendo por las justas la Cámara de Senadores, los republicanos posiblemente la de Representantes. En todo caso, las llamadas elecciones intermedias no pintaron de rojo el mapa de las gubernaturas o del Poder Legislativo. Pero no nos engañemos, que no sea por goleada no significa que no sea una derrota para Joe Biden y el partido azul. Si se hubiera tratado de una elección presidencial, la Casa Blanca habría cambiado de manos en estos comicios.
¿Qué perspectivas se abren para México con el escenario que dejan estos resultados? En lo inmediato, pocos cambios. Los dos años restantes de la presidencia de Biden estarán acotados por una mayor influencia de los republicanos en el Poder Legislativo de la que existía en la primera mitad de su gobierno, con todo el desgaste que ello supone. Eso y la proximidad de las precampañas presidenciales provocará una actitud de cautela por parte de la Casa Blanca, muy poco propicia para alguna sacudida significativa en materia migratoria, fronteriza, drogas, inversiones o estrategia comercial. Con todo, el ambiente que rodea estos temas podría ser más hostil, como resultado del avance republicano, lo cual ejercerá presiones sobre el gobierno en su trato con México. Esperemos que la escalada de esa presión sea moderada y, en su caso, manejable.
Sin embargo, el horizonte a mediano plazo es mucho más preocupante, particularmente si la presidencia vuelve a cambiar de manos en 2024. Y no es que se trate de los republicanos, sino del hecho de que estos republicanos serían trumpistas o neotrumpistas, es decir el propio Donald o, peor aún, alguien que lo rebase por la derecha.
Solía decirse que pese a ser más progresistas, al menos en teoría, los demócratas no necesariamente convenían a México, en particular por lo que toca a temas migratorios. Los intereses sindicales, que constituían buena parte de la base social de ese partido, eran los sectores más reacios a la apertura de fronteras tanto en lo que respecta al comercio como al ingreso de mano de obra del sur. Se afirmaba que los republicanos, mucho más pendientes de los negocios no tenían tales pruritos y actuaban con mayor apertura sobre estos temas. En consecuencia, se asegura que los gobiernos de los Bush fueron más propicios para nosotros que el de Obama, por ejemplo, al margen de las simpatías que esas figuras pudieran generar en nuestra opinión pública.
El tema es debatible cuando se incorporan otras variables, pero incluso asumiendo así, habría que decir que el trumpismo ha sacudido buena parte de estas nociones. America First las borró al hacer un guiño a los intereses de las zonas obreras tradicionales, golpeadas por la apertura o simplemente por el cambio tecnológico, pero con la mano de obra inmigrante como chivo expiatorio. La nueva derecha republicana, poderosamente influida por el trumpismo, ha adoptado como lema de campaña una mayor agresividad hacia la migración y abriga muchas reservas sobre la integración económica indiscriminada con nuestro país. Si bien es cierto que la enorme desconfianza hacia las mercancías de China nos favorece, todos aquellos servicios y productos mexicanos que sean percibidos como una competencia del empleo, la industria o la agricultura locales, tenderán a ser objeto de un mayor escrutinio. Y, por lo demás, la tendencia intervencionista, que siempre ha caracterizado a los republicanos, lejos de haber cambiado se exacerbará, con algunas implicaciones en temas de circulación de armas, combate a las drogas o asuntos de inseguridad fronteriza.
La agresividad contra México durante la primera presidencia de Donald Trump, y ojalá la única, de alguna manera terminó siendo matizada por las relaciones personales entre los mandatarios de los dos países y por un contexto que impuso otras prioridades a la Casa Blanca (las interminables polémicas de Trump en materia de política doméstica, la confrontación con China y en algunos temas con Europa, y el estallido del covid en su último año de gobierno). La inesperada empatía entre Andrés Manuel López Obrador y el político neoyorquino conjuraron las amenazas más puntuales sobre los intereses mexicanos. La cancelación del TLC o su reanudación en condición leonina, el aumento de tarifas de manera unilateral o el intervencionismo de la DEA, por ejemplo, pudieron arreglarse en el contexto de la buena relación entre ellos. No podemos olvidar el significativo espaldarazo que López Obrador otorgó a Trump, en plena campaña de reelección, llamándole amigo de los mexicanos en Washington, de cara al voto latino.
El problema es que esa relación ya no existirá el 20 enero de 2025 cuando el próximo presidente despache en la Casa Blanca. Un segundo periodo de Joe Biden hace irrelevante ese antecedente, y en tal caso podríamos esperar más de lo mismo cuatro años adicionales, aunque probablemente en un contexto más desfavorable por el peso de ese republicanismo radical en las cámaras y en las gubernaturas. Pero en este momento no es el escenario más probable, por desgracia.
El regreso de Donald Trump o una versión igualmente radical podría constituir muy malas noticias sin el parapeto que representó la relación con AMLO y sobre todo tratándose de una segunda versión en un contexto mucho más radicalizado. Tal escenario constituiría una dura prueba para el presidente mexicano que haya llegado a Palacio Nacional apenas unas semanas antes. Esperemos que llegado el caso, estos sombríos pronósticos (los más probables) nos encuentren más unidos que ahora, porque podrían ser tormentosos. (Jorge Zepeda Patterson, Milenio Diario, Política, p. 12)
En vísperas de la elección intermedia en Estados Unidos, el corresponsal de N+ en Washington, Ariel Moutsatsos, dijo de manera casi premonitoria: “Nos va a ir mal, pero nos puede ir peor”. Se refería a las pocas señales de que los republicanos no estaban tan fuertes como parecía, y que los demócratas podrían tener más energía para ir a votar este martes. Tras el cierre de casillas, aunque aún está en vilo el control del Senado –que se inclina hacia los demócratas– y el de la Cámara de Representantes –que se perfila para ser recuperado por los republicanos–, la frase fue probada en el laboratorio electoral y las noticias para México, si no catastróficas, tampoco son alentadoras. Con sus diferentes grados de tensión y presión, una cosa resultó clara, los demócratas y republicanos nos tomarán de piñata durante los dos próximos años, rumbo a la elección presidencial.
Las elecciones fueron muy competidas, y aunque los demócratas pudieron contener el tsunami rojo republicano, quedaron con pocos espacios de maniobra y legisladores demócratas en posiciones clave que impactan las relaciones bilaterales con México tendrán que abrazar banderas republicanas en materia de seguridad, migración, agricultura y energía, para evitar que en 2024 sean derrotados por las figuras emergentes del conservadurismo republicano o extremistas respaldados por el expresidente Donald Trump.
Martha Bárcena, exembajadora de México en Estados Unidos, señaló que más allá de quién controle el Capitolio, los grandes temas de la agenda bilateral serán la migración, la seguridad fronteriza, el tráfico de fentanilo –que causó 108 mil muertes en aquel país el año pasado–, el programa del Título 42, donde México recibe a venezolanos y centroamericanos que busquen asilo allá, y la militarización, como un tema que involucra aspectos que tienen que ver con la democracia. Y hoy, por razones distintas, republicanos y demócratas coinciden en los puntos centrales de la agenda. Como botón demuestra, la migración.
La bandera republicana, impulsada por decenas de candidatas y candidatos respaldados por Trump, fue sellar la frontera con México, como dijo el expresidente a la cadena Fox esta semana que haría, como primera acción, de recuperar la Casa Blanca. Anna Paulina Luna, una extremista republicana que arrebató una curul demócrata en el sur de Florida, incluyó en su campaña la propuesta de restablecer la construcción del muro. Si los republicanos se quedan con la mayoría en la Cámara de Representantes, quien probablemente presida el influyente Comité Judicial, que trata todos los temas criminales y de migración, será Jim Jordan, otro trumpista cofundador del Freedom Caucus, de extrema derecha.
Una de las banderas en la plataforma conservadora y radical de los republicanos –que no son lo mismo– fue la migración, donde el gobierno de Joe Biden ha sido criticado y acorralado durante dos años. Un mes antes de las elecciones intermedias, el poderoso senador texano Ted Cruz crítico del presidente Andrés Manuel López Obrador, firmó una carta junto con otro influyente senador, Lindsey Graham, amenazando al secretario de Seguridad Territorial, Alejandro Mayorkas, de juicio político, por su manejo de la frontera con México, cuyas deficiencias caen en “incumplimiento grave del deber”.
La beligerancia republicana acorrala a los demócratas, que aunque obtuvieron victorias en los distritos fronterizos con México, tuvieron muchas dificultades para lograrlo por la mudanza sostenida de hispanos hacia el conservadurismo. En las elecciones presidenciales en 2018, el sólido apoyo de 30% de los hispanos entre 18 y 44 años cayó a 21% este miércoles. Demócratas con amplia experiencia en Washington, como el texano Henry Cuéllar, sufrieron para mantener su curul en un distrito que hace frontera con México, pese a que había sido muy crítico de la política migratoria de Biden.
Otro campo donde los demócratas se tendrán que correr todavía más hacia el universo republicano es el energético, donde su defensa de las empresas estadounidenses en México no basta. Un ejemplo es el de Vicente González, que preside el Caucus de Petróleo y Gas de la Cámara de Representantes, que elogió la queja de la Oficina de la Representante Comercial de la Casa Blanca por las presuntas violaciones mexicanas al acuerdo comercial norteamericano, que acompañó con una crítica a López Obrador por “su desprecio atroz y flagrante” a la ley, y que también estuvo en riesgo de perder su curul.
El corrimiento demócrata hacia las líneas republicanas tendrá que ser más activo y sonoro, para no verse suaves y condescendientes con López Obrador, que es la crítica creciente en Washington contra el embajador Ken Salazar, que no ha sido relevado todavía por su cercanía con Biden. Un tema potencial de fuerte presión es el de las exportaciones de maíz modificado genéticamente, que planteó a López Obrador John Kerry, el enviado de Biden para el cambio climático, durante su reunión en Hermosillo. El Presidente no quiere saber nada del tema.
La posición de López Obrador, de acuerdo con un reciente estudio de la consultora World Perspectives, impactaría 70% de la dieta mexicana y durante una década incrementaría el precio del maíz en 19% y de la tortilla en 16%. Para la economía estadounidense, durante el mismo periodo, se tendrían pérdidas por 73 mil millones de dólares y más de 35 mil personas se quedarían sin trabajo. Estos desempleados se encuentran en las regiones rurales de Estados Unidos, que son profundamente republicanas y crecientemente trumpistas, y fueron un dolor de cabeza para los demócratas en las elecciones intermedias, que incluso podrían hacerles perder los escaños de Georgia y Wisconsin.
Las elecciones intermedias no suelen ser buenas para el presidente, y los resultados, aunque fueron tan competidos como otras, tiene como diferencia cualitativa que el trumpismo avanzó entre el electorado, y algunos republicanos que no están con Trump son más radicales. Este fenómeno ideológico provocará el desplazamiento hacia posiciones más extremas, y la necesidad demócrata de confrontar a sus adversarios con políticas, mensajes y beligerancia. Si la lucha en el 24 es por un proyecto de nación en torno a la democracia, la piñata mexicana bien vale una campaña. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 40)
La identificación de las nuevas tendencias delictivas, pero sobre todo el análisis prospectivo a nivel global, estaba entre las prioridades de la Interpol al arranque de la década. Los organismos encargados de la aplicación de la ley —definió— tienen el imperativo de diseñar estrategias policiales anticipatorias para combatir el abanico de desafíos planteados por los generadores de amenazas, tanto de forma individual como colectiva.
Los efectos de la pandemia por el coronavirus sobre la salud y la economía mundial fueron inmediatos, pero en el mapa mundial de los delitos apenas son notorios. El cambio en las tendencias de la delincuencia motivó que la oficina central de ese organismo —ubicada en Singapur— enviara un cuestionario a los 190 países miembros, revisara las estadísticas e informes nacionales sobre la delincuencia y su banco de datos, que incluye cerca de 60,000 notificaciones rojas y difusiones, desglosadas por códigos de delitos.
De la agilidad de las organizaciones criminales para diversificar hay amplia constancia. Y en el último bienio, han emergido cinco amplios ámbitos delictivos, que dominan el panorama de las amenazas de la delincuencia a escala mundial: la delincuencia organizada, el tráfico ilícito (en el que destacan el narcotráfico, la trata de personas y el tráfico de migrantes), los delitos financieros (en particular el blanqueo de capitales, las estafas financieras y la corrupción, en tanto que crucial facilitador de delitos), los ciberdelitos (sobre todo el ransomware, el phishing y las estafas por Internet) y el terrorismo.
Para la región de las Américas y el Caribe —de acuerdo al informe de la Interpol sobre las tendencias que representan una seria amenaza para la seguridad y el bienestar de las entidades y los agentes, tanto públicos como privados-— el tráfico de armas actualmente es la amenaza mayor, en el Top 10 de las tendencia delictivas. La explotación y abuso sexual de menores en Internet se situó en tercera posición.
La delincuencia organizada se sitúa en quinta posición, entre las tendencias delictivas mayoritariamente percibidas por los países miembros de la región como una amenaza alta o muy alta.
Los grupos delictivos de tipo mafioso presentes en la región constituyen un importante motor de la delincuencia organizada, reconoce la policía internacional. Y tanto los actores gubernamentales como la corrupción “probablemente desempeñan un papel fundamental en la facilitación” de la delincuencia organizada.
La narrativa de las agencias estadounidenses encargadas de combatir al crimen organizado es diametralmente distinta. Los análisis de la Interpol identifican que la producción y distribución de cocaína —y no el fentanilo— es la tendencia relacionada con drogas mayoritariamente percibida por los países miembros de la región como una amenaza alta. La trata de personas y el tráfico de migrantes constituyen asimismo los mercados delictivos más generalizados en el conjunto de la región.
Sobre los delitos financieros, la categorización es relevante: “Aunque el blanqueo de capitales es un delito en sí mismo, también es un facilitador determinante de otros delitos, y las entidades financieras de la región probablemente han desempeñado un papel decisivo en el blanqueo de unas ganancias ilícitas que sirven para apoyar y fortalecer a la delincuencia organizada”.
El ransomware es la tendencia de la delincuencia mayoritariamente percibida como una amenaza alta o muy alta. Los países miembros señalaron asimismo su firme convencimiento de que la mayoría de las tendencias de la delincuencia se intensificarán de aquí a entre tres y cinco años.
Efectos secundarios
AGARRÓN. Con solo cuatro votos en contra, de 19 posibles, los decanos del Colegio Nacional del Notariado validaron las dos planillas que compiten por la presidencia de ese organismo. Guadalupe Díaz Carranza y Nicolás Maluf Maloff son los aspirantes. (Alberto Aguirre, El Economista, Política y sociedad, p. 46)
Llegaron por fin las elecciones de Estados Unidos. A reserva de contar con los resultados finales —que pueden tardar semanas— pareciera haber dos ganadores y un derrotado. Los primeros serían Joe Biden y Ron DeSantis, gobernador de Florida, y el gran derrotado sería Donald Trump.
Biden ganó porque superó las expectativas, la debacle demócrata que presagiaban todos los medios, no sucedió. A excepción de Bush en el 2002, los partidos en el poder suelen ser arrollados en las elecciones intermedias perdiendo un gran número de representantes y de senadores. Bush en el 2006 perdió 32 representantes y seis senadores; Obama en el 2010 perdió 63 y seis; Obama en el 2014 perdió 13 y nueve; Trump en 2018 perdió 41 y dos. Si las tendencias se confirman, el Partido Demócrata habría perdido menos de 10 (algunos pronosticaban hasta 50) y habría ganado un senador o quedado tablas. El Partido Demócrata parece haber recuperado Michigan y Pennsylvania que les había arrebatado Trump y defiende Colorado, New Hampshire y Arizona (hasta ahora) que serán clave en el 2024. El llamado de Biden a defender la democracia frente al trumpismo parece haber surtido efecto y este éxito relativo legitima, hasta cierto punto, su agenda económica.
El gran perdedor de esta elección es Donald Trump, sobre todo hacia el interior de su partido. Trump impulsó en las primarias a candidatos al Senado como el presentador de televisión Dr. Oz en Pennsylvania, el exjugador de futbol americano Hershel Walker en Georgia (que aún puede ganar en segunda vuelta), y en la Cámara a candidatos que defienden la mentira del fraude del 2020 y unos que incluso fueron parte de la insurrección del 6 de enero. Estos eran a todas luces impresentables e inelegibles en una elección que no estuviera cerrada al Partido Republicano. Haber nominado a este tipo de locos llevó al Partido Republicano a perder muchas contiendas que daban por ganadas. La larga lista de enemigos al interior del partido que Trump ha cosechado durante años está más que lista para colgarle y cobrarle este fracaso.
Este fracaso es oro molido para Ron DeSantis, el otro ganador de esta elección. El gobernador ultraconservador de Florida arrasó en las elecciones en su estado —para términos prácticos Florida ya no es un estado competido— y es el que capitaliza la derrota del expresidente. También es un político con posturas ultraconservadoras y antiinmigrantes, pero es un insider del partido y por ende más tolerable para los liderazgos y para los votantes moderados. Si antes era el mejor posicionado, hoy ya no hay duda de que DeSantis es la opción para los republicanos que se quieren deshacer de Trump.
No es obvio qué implicaciones tiene todo esto para México.
Por una parte, con los republicanos con su mayoría tomarán control de los comités de ways & means y appropriations que definen impuestos y presupuestos. Desde ahí es muy probable que impulsen una línea mucho más dura y con más presupuestos a la frontera y a seguridad. También es probable que los lobbies agrícola y energéticos ganen poder e influencia sobre las disputas comerciales con México en el marco del TMEC.
En cuanto al Ejecutivo, estaremos ante un gobierno más fuerte por su victoria que probablemente dedique la retórica de su política exterior en esta segunda mitad a la guerra en Ucrania y al cambio climático, pero donde el verdadero tema es la disputa con China. Sin duda los dos primeros son temas espinosos en la relación bilateral, pero atendibles si dejáramos de lado telarañas mentales y nos enfocáramos en aprovechar el tercero. (Jorge A. Castañeda, El Economista, Política y Sociedad, p. 46)
El típico jugador semileal con la democracia: cuando le conviene, acepta las instituciones políticas, cuando no, las repudia.
Desde hace ya varias décadas, me gusta seguir la política en Estados Unidos. Su régimen me parece fascinante por muchas razones. En particular, ha sido interesantísimo observar lo que ha pasado en ese país desde la presidencia de Bill Clinton (1993-2001). Por la Casa Blanca han pasado el propio Clinton, Bush hijo, Obama, Trump y, ahora, Biden.
Si algo he atestiguado a lo largo de más ya casi 30 años es el proceso de polarización política en nuestro vecino del norte. Cómo se ha perdido el centro y la migración de los votantes hacia los extremos. En este contexto, fue muy triste ver cómo una horda de extremistas azuzados por el entonces presidente Trump tomó el Capitolio con el fin de impedir la proclamación de Biden como presidente por parte del Congreso. En la larga historia de una de las primeras democracias liberales del mundo, nunca se había visto un intento de subversión de este tipo.
Hace dos años, la mayoría del electorado estadunidense recuperó la cordura y sacó a Trump de la Casa Blanca. Se demostraba, una vez más, que la democracia tenía el poder de corregir sus errores. Sin embargo, el magnate nunca aceptó el resultado y salió con el cuento que le hicieron fraude electoral. El típico jugador semileal con la democracia: cuando le conviene, acepta las instituciones políticas, cuando no, las repudia.
Por eso eran tan importantes las elecciones intermedias que se llevaron a cabo el martes en ese país. Se trataba de la primera prueba de fuego para volver a medir la fuerza de Trump y el trumpismo. La buena noticia es que perdió el primero. La mala es que sobrevive con fuerza el segundo. (Leo Zuckermann, Excélsior, Nacional, p. 11)
Uno de los aspectos más interesantes que se acentuó a raíz de la nueva normalidad son las nuevas formas de organización en el trabajo. Cada vez es más común conocer gente que trabaja vía remota, lejos de su país de origen y de su centro de trabajo, con la oportunidad de combinar su labor con un estilo de vida que les permite viajar libremente por el mundo y nutrirse de nuevas culturas, sin permanecer anclados a un sitio específico.
(…) Pero ello representa también nuevos riesgos para la calidad y el costo de vida en las ciudades y destinos donde se alojan estos nómadas digitales. Desde hace mucho tiempo, la Ciudad de México ha sido punto de entrada para un gran número de turistas, cuya presencia se ha agudizado con el auge del turismo digital.
Recientemente, el Gobierno de la Ciudad de México, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y la plataforma Airbnb hicieron un acuerdo para promover el “turismo creativo”, aprovechando la alta presencia de trabajadores digitales en nuestro país; un proyecto con semejanzas al que comenzó a promoverse en Costa Rica el año pasado.
(…) Aunque se trata de un proyecto nuevo, sus esfuerzos por aprovechar las ventajas y adaptarse a las demandas del contexto actual son innegables. No obstante, ha sido criticado debido a la falta de lineamientos claros y herramientas para su óptima aplicación, por ejemplo, para fiscalizar las rentas por actividades con sede en otro país y para atender el crecimiento y la planificación territorial ante un posible aumento en la demanda de vivienda; asimismo, los privilegios migratorios que concede a extranjeros de ingresos altos, como la exoneración de impuestos, han generado la molestia de los nacionales, para quienes representa una competencia desleal. Tomo como ejemplo el caso de Costa Rica, porque es preciso recordar que todo proyecto cuya finalidad sea atraer la derrama y el crecimiento económico a un lugar, debe garantizar, a su vez, el bienestar y la calidad de vida de sus habitantes, y evitar que el fenómeno de la gentrificación recaiga sobre ellos, con costos de vida y vivienda más elevados a los que pueden pagar.
Para cualquier europeo o estadunidense es fácil gozar de calidad de vida en países menos desarrollados, con un ingreso percibido en una moneda cuyo valor es considerablemente más elevado que la del país de estadía, por lo que un alza en el costo de las rentas, los precios de vivienda, alimentación y servicios no le representa el mayor problema; pero para los habitantes locales sí representa el riesgo de enfrentarse a un costo de vida que se vuelva inaccesible, lo cual sería un verdadero error. (Jesús Sesma, Excélsior, Nacional, p. 21)

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 12)