Trascendió
Que el presidente capitalino de Morena, Sebastián Ramírez, retó al alcalde de Benito Juárez, Santiago Taboada, a presentar la documentación para probar la inocencia del diputado panista Christian Von Roehrich, contra quien hay orden de aprehensión por su presunta relación con la corrupción inmobiliaria, olvidando que son los acusadores los que deben demostrar la culpabilidad. En tanto, la Fiscalía de Ciudad de México solicitó a la Interpol emitir una ficha roja contra el líder del PAN en el Congreso capitalino y al Instituto Nacional de Migración una alerta. Es decir, ya se les peló. (Milenio, Al Frente, p.2)
Los de abajo
El calvario y el bancimigrante
Es alarmante la situación que atraviesan las personas migrantes en su paso por México. El Colectivo de Observación y Monitoreo de Derechos Humanos en el Sureste Mexicano (COMDHSEM) advierte que entre enero y agosto de 2022 fueron detenidos arbitrariamente 249 mil 295 migrantes, lo que equivale a un promedio de mil 25 diarios.
La población migrante vive un verdadero calvario en su paso por estas tierras. El COMDHSEM ofrece una lista de las diversas violaciones a sus derechos a las que son sometidas decenas de miles de personas que permanecen detenidas por días, semanas y meses en condiciones de hacinamiento, sin insumos biosanitarios, con alimentos en mal estado, incomunicadas, desinformadas e incluso como víctimas de tratos crueles, inhumanos y degradantes.
2022 ha sido un año marcado por violaciones a derechos humanos de las personas migrantes y con necesidades de protección internacional en la frontera sur de México, enfatizan, pues se han enfrentado a la militarización, la ausencia de acceso a opciones de regularización, detenciones y criminalización.
El colectivo de observación y monitoreo identifica que las agresiones se incrementan por las redes de corrupción accionadas por actores estatales y privados, quienes, acusan las organizaciones, gestionan la salida de migrantes detenidos a través de amparos a cambio de grandes cantidades de dinero, estimando un costo aproximado de hasta 400 dólares para su presentación.
Los impactos que generan estas violaciones en las personas migrantes son, como en el resto de las poblaciones violentadas, diferenciados entre los hombres, mujeres, niñas, niños y adolescentes, población LGBT+, personas afrodescendientes, personas de pueblos originarios y personas con discapacidad.
Como represiva y violenta, calificaron la actuación de las fuerzas armadas y de seguridad pública para la contención migratoria, denunciando que de manera paralela se criminaliza también a las organizaciones defensoras de sus derechos. Así, en México, la conmemoración este 10 de diciembre del Día Internacional de los Derechos Humanos. (Gloria Muñoz Ramírez, La Jornadas, Política, p.6)
Serpientes y Escaleras / AMLO en política exterior: injerencismo e incongruencia
Si en la política interna el presidente López Obrador aparece como vengativo, rencoroso y autoritario, en la política exterior el Presidente de México ha resultado ser un auténtico chivo en cristalería. Como ningún presidente en la historia reciente de México –quizá solo comparable con el protagonismo de Luis Echeverría–, Andrés Manuel ha vuelto a poner en boga la expresión popular de “candil de la calle y oscuridad de la casa”, al convertirse en un mandatario que pretende ejercer un supuesto liderazgo internacional, con injerencia en la política interna de otras naciones, sobre todo en Latinoamérica, cuando en su propio país cunde el desorden, la anarquía y la ingobernabilidad.
La política externa de la 4T ha resultado ser una de las más conflictivas y problemáticas que se recuerden en el país. Con Estados Unidos, nuestro principal socio comercial y vecino, la relación bilateral ha estado supeditada siempre al tema de la migración, en donde México aceptó ser –primero con Peña Nieto y luego con López Obrador– un tercer país seguro de facto para los solicitantes de asilo estadounidense, al mismo tiempo que nos convertimos en la policía migratoria para frenar militarmente en la frontera sur, y cuando no se pueda también en la frontera norte, a los miles de migrantes centroamericanos, venezolanos y de otras partes del mundo que intentan llegar al territorio de los Estados Unidos en busca del ya casi inexistente “sueño americano”.
Sin sacar beneficio alguno de haber cedido nuestro territorio para ser el depósito de los migrantes que no quiere el gobierno de Washington, el gobierno de López Obrador se convirtió, al mismo tiempo que servil y dócil en el tema migratorio, en rebelde y desafiante en otros asuntos de la relación bilateral. Su política energética nacionalista y estatista se volvió un tema de incertidumbre y afectación a las millonarias inversiones de empresas estadounidenses en territorio mexicano y a pesar de las advertencias, llamados y peticiones de enviados de Washington, como John Kerry y del embajador Ken Salazar, el Presidente mexicano se aferró a una reforma legal que modificó las reglas de competencia en el sector eléctrico y petrolero, y terminó siendo impugnada y controvertida por Washington en el marco del TMEC.
Y por si no fuera poco con la guerra en materia energética, que está a punto de llevar a México a unos paneles que avizoran sanciones comerciales para nuestro país, el presidente López Obrador abrió otro frente de confrontación al cuestionar la política hacia Latinoamérica, acusando injerencia y hegemonía de la Casa Blanca sobre las naciones de la región. Primero fue su ausencia y fallido boicot contra la Cumbre de las Américas, el pasado mes de junio en Los Angeles, y luego los intentos del mandatario mexicano de conformar un nuevo bloque de izquierda entre los gobiernos de América Latina para oponerse a la hegemonía estadounidense.
Todas esas actitudes le costaron a López Obrador perder la confianza de la administración de Joe Biden, que hoy lo ve con recelo y lo consideran poco fiable para los temas de cooperación e inversión bilateral.
Y si la política con Estados Unidos, que es la más importante y estratégica para México, ha resultado cuestionable y dudosa, la política del gobierno lopezobradorista hacia Latinoamérica ha resultado desastrosa porque está marcada por el interés personal e ideológico del Presidente. Con un canciller como Marcelo Ebrard que, para no meterse en conflictos con el Presidente, le dejó hacer y deshacer lo mismo en nombramientos de embajadas y consulados, que en posicionamientos de política exterior en los que se ignoraron los principios y la tradición del Servicio Exterior Mexicano, para dar paso a una política exterior definida por las filias y fobias ideológicas de López Obrador, el resultado es lo que estamos viendo ahora con las posiciones mexicanas ante lo ocurrido esta semana en Perú y Argentina.
La defensa irracional e ideológica que ha emprendido López Obrador del depuesto presidente peruano Pedro Castillo, así como su cuestionable posicionamiento en la sentencia de la vicepresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, representan uno de los peores momentos en la historia diplomática y del Servicio Exterior Mexicano. Defender a un personaje como Castillo, acusado de delitos graves de corrupción y narcotráfico por la Fiscalía Peruana y considerado “incapaz moralmente” por el Congreso de su país, con base en el artículo 133 de la Constitución del Perú, es una de las expresiones más lamentables del presidente mexicano, que no sólo ha cuestionado a los congresistas y a la Constitución peruana, sino que ha acusado la existencia de “conspiraciones y acosos” para justificar un golpe de Estado como el que intentó Castillo contra la democracia peruana.
Junto a eso, está la injerencia en un proceso penal y judicial de Argentina, al que descalifica el presidente de México al calificar de “venganza de la derecha y vileza de conservadurismo”, cuando existen investigaciones sustentadas en pruebas y testimonios que documentan los desvíos millonarios de Cristina Fernández y su difunto esposo, el expresidente Néstor Kirchner, en los negocios que hicieron en la Patagonia y las operaciones de desvío y lavado de dinero público con el contratista Lázaro Báez. Todo con la complacencia y la inacción de un canciller como Ebrard que, lejos de moderar y frenar al Presidente en sus excesos y desbarres en la política exterior, se convierte en su vocero y aplaudidor, con tal de no contradecirlo y afectar así sus posibilidades de resultar el candidato ungido a la Presidencia de la República.
Lo más grave de la política exterior de la 4T no son sólo las afectaciones que causa a los intereses y la imagen del país, al confrontarse lo mismo con Estados Unidos, nuestro principal socio comercial y vecino, sino también con naciones hermanas de Latinoamérica o con España, con las que genera tensiones artificiales e innecesarias que dejan mal parada la imagen de México con un Presidente alocado y hostil; lo que resulta incomprensible y dibuja de cuerpo entero el estilo autoritario y personalista de gobernar de Andrés Manuel López Obrador, es su incongruencia e injerencismo, al predicar una doctrina de “respeto a la libre determinación de los pueblos”, mientras ataca y cuestiona procesos constitucionales y judiciales de otros países, y su egocentrismo al creer que él puede manejar la política exterior de todo un país con base en sus filias y fobias personales e ideológicas, dañando con ello a la imagen de todos los mexicanos. (Salvador García Soto, El Universal, Nación, p.8)
Perú
Pedro Castillo, conocido líder popular, ha sido depuesto de su cargo de presidente de Perú, acusado de corrupción y otros delitos graves.
Advirtiendo la sólida oposición de muchos sectores a su programa de cambios radicales, Castillo ordenó disolver el Congreso y anunció la instalación de un gobierno “de excepción” decretando, a la vez, toque de queda. La respuesta del Congreso fue el voto de 101 de sus 130 miembros, de los que 80 eran de oposición, por la destitución, nada menos que por “incapacidad moral”, y al expresidente se le acusa por “rebelión”.
Lo que siguió fue su arresto y sustitución por la vicepresidenta Dina Boluarte, abogada de 60 años y primera mujer que dirige Perú. Ella forma parte del partido Perú Libre, por cierto, de inspiración marxista.
Castillo, que tenía noticias de lo que acontecía, anunció que pedía asilo en la Embajada de México en Lima. Los policías que lo llevaban preso no atendieron su petición de dirigirse a nuestra representación y lo llevaron a la comisaría correspondiente.
El asunto es complejo. En su columna en Excélsior, Yuriria Sierra platica que Pedro Castillo es pájaro de cuenta. Son varias las denuncias pendientes que lo acusan de delitos relacionados con tráfico drogas y delitos penales. Igualmente, Raymundo Riva Palacio alude a que “Pedro Castillo, para impedir su tercer juicio por corrupción, intentó un autogolpe de Estado disolviendo el Congreso horas antes de la votación” que lo enjuiciaría.
Pero el Presidente mexicano no tardó en expresar su solidaridad con Castillo. Escribió en Twitter: “Consideramos lamentable que, por intereses de las élites económicas y políticas, desde el comienzo de la presidencia legítima de Pedro Castillo, se haya mantenido un ambiente de confrontación y hostilidad en su contra”. Continúa afirmando que las élites peruanas obligaron a Castillo a renunciar.
Varios países ya reconocieron a la nueva presidenta que tomó posesión de su cargo. Alberto Fernández, entre otros presidentes de izquierda, llamó a la nueva presidenta del Perú para expresarle su apoyo. El rechazo general a la destitución de Castillo no se dio. AMLO no se inquieta. México es independiente y verá si reconoce o no al nuevo gobierno. Consultará con miembros de la Alianza del Pacifico si Perú ha de continuar encabezando ese grupo, hasta ahora presidido por México.
Ayer a las doce treinta horas, la Cancillería peruana llamó al embajador mexicano, Pablo Monroy, para transmitirle “la extrañeza que han generado en el Perú las expresiones de AMLO y del canciller Marcelo Ebrard respecto a los procesos políticos en el país… Las expresiones de las autoridades mexicanas constituyen una injerencia en los asuntos internos del Perú…”
El canciller Ebrard informa estar atendiendo la petición de asilo de Castillo. Pero la figura del asilo ya no puede aplicarse al caso del expresidente Castillo, que ya se encuentra recluso, al lado de Alberto Fujimori, en la cárcel y sin tener carácter de perseguido. Por lo que es ya extemporáneo el que AMLO insista en dar asilo a Pedro Castillo.
Aquí en México, AMLO ha caído en varias incongruencias, empezando por no respetar la acción parlamentaria a la que Perú tiene soberano derecho. Otra incongruencia es la supuesta contradicción con el principio de no injerencia en asuntos internos de otros países.
Una injerencia en asuntos internos de un país se da, empero, con la acción clara, definida y ejecutada con el propósito de desviar una acción o sus efectos. Esto no se ha dado. Si el gobierno mexicano estima injusto el proceso peruano, la acción correspondiente está por las vías internacionales a su disposición, además de la denuncia ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Malamente puede decirse que las expresiones de AMLO constituyan injerencia en los asuntos internos de Perú.
Las expresiones vertidas por AMLO sobre la acción parlamentaria peruana no coinciden con reacciones tolerantes de algunos países. Esas declaraciones pueden asimilarse a las que son usuales en jefes de Estado que opinan claramente sobre las acciones y políticas de otros países. Presenciamos a diario el franco intercambio de expresiones entre los países en el escenario de intereses contrarios. Las que se vierten a causa de los diferendos que hay con nuestros socios en el T-MEC son ejemplos.
El que ningún país latinoamericano se haya mostrado defensor de Castillo demuestra que AMLO defiende a Castillo sólo por su propósito de realizar su programa marxista-leninista.
El que la democracia en América Latina no parece que arraigue denota la tarea que nos espera con tal de entender que todos los tejados, empezando por el nuestro, son de vidrio. (Julio Faesler, Excélsior, Nacional, p.9)
Linotipia / USA vs. García Luna
Comencé a investigar a Genaro García Luna en noviembre de 2012. Era el principal aliado de la DEA en México. Se reunía con Joe Biden y Hillary Clinton. Recibía premios de la CIA y del FBI. Yo estaba en mis primeros años como periodista investigativa. Me ofrecí a indagar por qué García Luna estaba viajando mucho a Miami. No sabía entonces que seguiría esa historia durante más de una década.
Ahora, García Luna y yo vivimos en Nueva York.
Trabajo en Harlem, donde dirijo la unidad investigativa de Futuro Media. Escribí Los millonarios de la guerra, un libro sobre García Luna. Por diez años he revelado piezas en una compleja trama sobre cómo él se hizo de una fortuna que no cuadraba con su salario como funcionario público. Más de una vez, la investigación me ha parecido como una película de espías.
Él está en la cárcel, en Brooklyn. Allí espera juicio, en enero. Lo acusan de recibir más de 50 millones del Cártel de Sinaloa y traficar más de 50 toneladas de cocaína de México a EU.
Pasé los últimos seis meses trabajando con Maria Hinojosa -con quien codirijo Futuro Investigates- y un brillante equipo de periodistas en un pódcast de cinco episodios sobre García Luna. Ayer estrenamos los primeros episodios de “USA v. García Luna”, que distribuye Lemonada Media. Ayer también se cumplieron tres años del arresto de García Luna.
En el pódcast exhibimos graves omisiones de agencias de EU -especialmente de la DEA- para investigar a García Luna ante sospechas de corrupción. Contamos que, desde 2001, el equipo de García Luna frustró una operación de captura de El Chapo Guzmán y que en 2006, cuando Felipe Calderón lo nombró secretario de Seguridad Pública, ya había al menos cuatro investigaciones sobre los posibles vínculos de García Luna y el Cártel de Sinaloa.
Además del presidente de México, el gobierno de EU también siguió confiando en él. En el pódcast revelamos cómo, desde 2008, la embajada de EU supo de denuncias sobre nexos de García Luna con narcotraficantes. Sin embargo, un día después de dejar su puesto en México, él se mudó a Miami. Allí recibía pagos de unos 60 mil dólares mensuales. Supuestamente, era su sueldo como consultor de una compañía que no tenía una dirección de oficina, ni un teléfono o página web.
En el pódcast, vamos más allá de García Luna para explicar por qué él era solo una pieza en un sistema. Ex funcionarios de la DEA nos revelaron cómo vieron y denunciaron la corrupción allí, sin que la agencia lo detuviera.
El gran reto de un pódcast es que los oyentes se queden allí, cinco capítulos, escuchando la historia de alguien de quien no sabían nada, o han escuchado mucho pero no les interesa. Decidimos contarla de un modo muy distinto al tono serio de mi libro y de las series del género true crime. Llevamos al estudio una botella de tequila, chocolates, palomitas de maíz. Escuchamos las entrevistas, amarramos los cabos sueltos, nos indignamos con lo que le sucedía a quienes se interponían en el camino de García Luna en el poder, lloramos con partes personales de mi investigación y las voces de las víctimas en esta “guerra”.
También nos reímos mucho con los detalles bizarros de esta historia: la obsesión de García Luna con James Bond y Donna Summer, la forma como se gastó el dinero de EU y cómo él se ganó la confianza de los poderosos. Cuando Nancy Trujillo, nuestra gerente de proyecto, escuchó el borrador, dijo que era una historia donde se mezclaban true crime y telenovela.
Profundizamos en esa visión. Fue un arduo trabajo para contar una historia muy seria desde un sitio -de risa y asombro- donde pensé que nunca la contaría.
Publicamos el pódcast antes del juicio, porque creemos que mucho de lo que cuestionamos -como la relación de EU con García Luna y las omisiones de la DEA- no serán parte del proceso judicial. Hicimos este pódcast para contar una historia que explica cómo funciona el poder, tras bambalinas, y cómo parece muchas veces (diría mi querido Jorge Volpi) una novela criminal. (Peniley Ramírez, Reforma, Opinión, p.8)