Linotipia // Ramos contra el Ejército
Raymundo Ramos es un hombre de sonrisa pequeña y piel curtida por el sol. Le gusta escribir lo que piensa. Lleva años enfrentándose a la muerte en Tamaulipas, mientras dirige el Comité de Derechos Humanos de Nuevo Laredo y denuncia cuando el Ejército o la Marina asesinan a civiles.
También es uno de los activistas a quienes el Ejército ha espiado con Pegasus, un sistema de monitoreo que se usó con Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto y ha seguido usándose con Andrés Manuel López Obrador.
En agosto de 2020, Ramos envió datos a tres periodistas sobre unos jovenes, que estaban secuestrados en Matamoros y terminaron asesinados por el Ejército. Sedena dijo que eran “agresores reducidos”, pero un video probó que eso era falso. Poco después, mandos militares convocaron a una reunión con el general secretario y le informaron lo que encontraron en el teléfono de Ramos, tras espiarlo ilegalmente.
Mis colegas de Proceso, Animal Político, Aristegui Noticias y R3D encontraron las pruebas del espionaje entre millones de documentos de la filtración Guacamaya. Lo publicaron esta semana.
Ramos me dijo que, en 2021, confirmó por primera vez que su teléfono estaba intervenido, pero el aparato llevaba tiempo actuando raro. Se ponía lento, se duplicaban los mensajes, había likes en sus redes sociales que él no había puesto, correos que desaparecían de su bandeja de entrada. En sus llamadas, oía ruidos extraños. Los escuché, cuando lo llamé esta semana. También veía gente vigilando su casa, o le tocaban la puerta de madrugada.
Esta semana, Nayeli Roldán, de Animal Político, le preguntó al Presidente si supo de esta intervención ilegal. “No, y les tengo confianza a los mandos. Saben muy bien que está prohibido el espionaje”, respondió.
El espionaje, sin embargo, goza de cabal salud.
Durante los gobiernos de Calderón y Peña Nieto, México contrató Pegasus, que produce la corporación israelí NSO y se vende exclusivamente a gobiernos. La prensa lleva años documentando que Pegasus se usa para espiar a periodistas, activistas y opositores, no solo para investigar a delincuentes.
En México, el representante ha sido Uri Ansbacher. En 2021, el gobierno dijo que una empresa de Ansbacher hizo un fraude con un contrato. Es falso, respondió Ansbacher al diario israelí Haaretz.
Desde dos años antes, el gobierno había contratado a las empresas de Ansbacher para poner cámaras en penales, cambiar las computadoras del Instituto Nacional de Migración, y en varios estados, para servicios de seguridad.
Un día durante la pandemia, tras las primeras revelaciones de mis colegas sobre los contratos, hubo una redada en las oficinas del grupo en Polanco, me contaron exempleados. Policías acordonaron la oficina, impidieron a los trabajadores tocar nada y les preguntaban por las compañías. Poco después, vino un abogado, se arregló el problema y volvimos a trabajar, me dijeron. La solución tras “el problema” fue mudarse 200 metros en la misma cuadra, a un edificio de oficinas virtuales. Allí opera hoy Comercializadora Antsua, la nueva proveedora de Pegasus para el Ejército.
El sistema es similar a como funcionaron los contratos en el caso de Genaro García Luna: un empresario representa una empresa de seguridad en México, y el gobierno firma el contrato con el representante. Así ocurrió con la empresa Nice y su representante, Samuel Weinberg, el socio de García Luna, y así ocurre hoy con Ansbacher y NSO, los proveedores de Pegasus.
Le pregunto a Ramos por qué cree que se volvió un objetivo. “Por lo que denuncio”, dice. Comenzó en 2010, cuando el Ejército asesinó a dos niños. Les llamaron víctimas colaterales. Luego, otros casos se suman. Ramos recita unos de memoria, aunque son muchos más: 47 personas desaparecidas por la Marina en 2018; una niña asesinada en un operativo militar, mientras iba al médico con su abuela, en 2021; ese mismo año, una mujer asesinada en su auto y abandonada por la Guardia Nacional; en febrero, cinco jóvenes masacrados por el Ejército en Nuevo Laredo.
Le pregunto cómo se siente. “Impotente”, responde. “Soy yo contra el Ejército”.
En un país de instituciones gigantes, es este hombre contra el Ejército. Y somos todos, para contar y divulgar su historia. (Peniley Ramirez, Reforma, Opinión, p. 10)
El pequeño gran guerrero
Desde muy pequeño Miguel supo lo que era ir contracorriente, toda su corta vida ha sido cuesta arriba. Esa es la realidad de muchas niñas y niños de la Montaña de Guerrero, donde la única opción es sobrevivir; los sueños y juegos de una típica infancia se desdibujan ante las secuelas del hambre y el abandono estructural. En esta región el discurso de que echándole ganas, las cosas se logran no tiene el mismo peso que cuando naces con miles de privilegios. A pesar de ello, Miguel, un niño de siete años del pueblo Ñuu Savi, se ha rebelado, pues no ha aceptado lo que estaba marcado por decreto desde su nacimiento.
Miguel es el pequeño hijo de Paulina, una mujer que ha sido madre y padre a la vez. Su familia está conformada por sus tres hermanas: Luz, Isidora y María y por su pequeña sobrina Danae, quien es su acompañante en miles de travesuras. La vida de Paulina cambió después de que Ernesto, su esposo, falleciera, pues en el imaginario colectivo en ciertas comunidades, las mujeres se vuelven más vulnerables por no tener un hombre en sus vidas que las cuide y guie. Esta situación dejó la puerta abierta para que agredieran a Paulina.
Ella fue violentada en su comunidad, afectando severamente su salud y su integridad. Como si esto no bastara, la familia de quien fuera su esposo la consideró indigna, la señaló y criminalizó, posteriormente la corrieron de su hogar junto con sus cuatro hijas y el pequeño Miguel. Ante la apremiante situación, no tuvo más opción que partir a Estados Unidos para alimentar a su familia, dejando a Miguel de apenas seis meses de nacido.
En tanto, en la Montaña, las hijas mayores de Paulina se cuidaban entre sí, y sobre todo, al pequeño Miguel. Los meses pasaron y éste comenzó a enfermarse sin razón aparente, la familia tomó la decisión de llevarlo al médico. El diagnóstico fue perturbador, Miguel padecía la misma condición que le costó la vida a su padrastro.
La familia ya estaba acostumbrada a navegar a contracorriente, sabían que juntas podía vencer cualquier adversidad. Miguel continúo su andar, y entre hospitales y el cariño de sus hermanas, creció añorando los brazos de Paulina. Poco a poco Isidora y María, ante la complicada situación económica, tuvieron que seguir los pasos de su madre, migraron a Estados Unidos buscando mejores oportunidades.
Luz y Miguel se quedaron en la Montaña. A los pocos meses Luz tenía una gran noticia para Miguel, pues pronto llegaría su compañera de vida Dannae, que desde que abrió los ojos ha sido su confidente y su hermana.
Pareciera que la vida estaba siguiendo su curso normal, pero sólo era cuestión de tiempo para que se volviera encaprichar con el querido Miguel. Las noticias del Norte le decían que su madre estaba muy grave en un hospital, pues entre las intensas jornadas de trabajo, la deficiente alimentación y un cansancio agudo, Paulina tuvo que ser internada por varios meses en una clínica en Nueva York. El diagnóstico no fue alentador. Luz, la hermana mayor y cuidadora de Miguel, decidió pedir ayuda para acompañar a su madre. Acudió a Tlachinollan y solicitó hablar con los abogados, ellos la vincularon con organizaciones en aquel país para que los apoyaran y volvieran a estar juntos.
Por su parte, Miguel continuó enfrentando su condición en Tlapa, la falta de medicamentos, así como hospitales con infraestructura necesaria, además de la profunda corrupción que impera en la región, provocó que su vida se pusiera cada vez más en riesgo. Luz denunció esto ante Tlachinollan, pero los funcionarios del Hospital General se limitaron a negar la acusación. Cuestionaron los señalamientos de Luz, omitiendo que en más de una ocasión la obligaron a firmar de recibido fármacos para el pequeño Miguel, sin que se los hubieran proporcionado. Ante el abandono, Luz tomó la decisión de llevar a su hermano a la Ciudad de México para tener mejor atención. Por fortuna, logró ser canalizado al Hospital Infantil, donde fue valorado y aceptaron seguir con su atención médica.
La suerte parecía volverle a sonreír, pues ya tenía su medicación y podía vivir su infancia como su madre lo hubiera deseado. Sin embargo, los altos costos de los traslados hasta la capital comenzaron afectar la situación económica de la familia. Luz tenía claro que si seguían en la Montaña, Miguel tendría que batallar entre su salud y la falta de dinero que estaba viviendo su familia. No lo pensó más, tomó a los dos niños, unas maletas y emprendió el viaje a Tijuana. Fue un domingo en la noche cuando por última vez vio a su Tlapa querida y advirtió que no sabía cuándo volvería a ver los cerros de Guerrero y el cielo estrellado de su hogar.
Después de tomar varios camiones y un avión, Luz, Miguel y Danae lograron llegar a Tijuana para comenzar el proceso de reunificación. Fueron recibidos por integrantes de la organización Al Otro Lado, los asesoraron y al día siguiente se entregaron a las autoridades migratorias de Estados Unidos. Por fortuna, Luz y Danae lograron permanecer juntas y les fue otorgado el asilo, sin embargo, el pequeño Miguel tuvo un destino distinto pues fue separado de su hermana y su sobrina. Al no estar acompañado de su madre o padre, Miguel fue llevado a un albergue para que una extraña lo cuidara. Parece irónico que los gobiernos piensen que un extraño sabe mejor cómo atender a alguien que la propia familia. Causa impotencia saber que las decisiones que toman unos sobre la vida de otros se hace a partir de un escritorio.
Miguel fue llevado a Nueva York al siguiente día de haber sido separado de su hermana y su sobrina en los centros de detención en San Ysidro, California. La familia tuvo noticias de Miguel por una llamada telefónica; les notificaron que el menor se hallaba en un lugar de acogida temporal y que era necesario comenzar el proceso de custodia por parte de la madre. Paulina no supo cómo sentirse, sabía que la decisión de que sus hijos y su nieta llegaran a Estados Unidos fue la mejor, pero se enfrentaba al calvario de la separación (…) (Fabiola Mancilla Castillo*, La Jornada, Opinión, p. 17)
Secuestro de ciudadanos estadounidenses
Cadena de mando // ¡Inteligencia militar!
Dicen que para entender y poder cuestionar a Tamaulipas, primero se tendría que vivir ahí durante un tiempo prudente. Pero para comprender a Nuevo Laredo o a Matamoros, dicen muchos de sus ciudadanos que vivir ahí es algo fuera de lo normal, por lo tanto, primero se debe sufrir para poder comprender.
Nuevo Laredo, (ya analizaremos Matamoros en otro momento) es el paso fronterizo por donde diariamente pasa la mayor cantidad de carga terrestre del mundo. Es la frontera, junto con Tijuana, de mayor valor para los grupos delictivos y no solamente por el tráfico de drogas, sino por todas las variantes criminales que ofrece.
Nuevo Laredo es la ciudad del país donde más enfrentamientos se dan entre criminales y soldados, y por ello la presencia militar representa la mayor amenaza que pueda tener el Cártel del Noreste, principal grupo criminal de esa ciudad. La Guarnición Militar de Nuevo Laredo mantiene un alto nivel de operación y alerta, donde se necesitan por fuerza trabajos de inteligencia militar, proximidad social y la mayor cooperación con las autoridades civiles, para tener la confianza de la gente.
No recuerdo una manifestación masiva ciudadana en Nuevo Laredo para que los militares salgan de ahí y dejen de apoyar a la población en materia de seguridad.
Ya periodistas y analistas dieron esta semana su opinión y duda favorable respecto a Raymundo Ramos, quien se promociona como defensor de los derechos humanos sobre los abusos que comete el Ejército en Nuevo Laredo.
Regresando a los recuerdos, no recuerdo un solo caso en que este pseudodefensor del pueblo haya podido comprobar un delito por parte del personal militar hacia la población; lo último fue la responsabilidad hacia personal militar por la supuesta muerte de la niña Heidi, en Nuevo Laredo, que nunca pudo comprobar, a pesar de sus esfuerzos mediáticos y de redes sociales.
No es Raymundo Ramos del interés del Ejército, lo es el Cártel del Noreste y los efectos que causa en esa ciudad.
Es de interés del Ejército que no haya impunidad en el caso de los 5 jóvenes asesinados en Nuevo Laredo. Si fueron los soldados que hoy están presos, que paguen con una pena severa.
Quien tenga dudas, que pregunte en Nuevo Laredo por este cabildero y comunicador social del CDN. (Juan Ibarrola, Milenio Diario, Al frente, p. 3)
Cartones

(Boligan, El Universal, Opinión, p. 14)

(Camacho, Reforma, Opinión, p. 10)