Uno de los libros que habla sobre esa apasionante parte de la historia de Estados Unidos que fue el New Deal, impulsado bajo el liderazgo Franklin Delano Roosevelt, se llama No Ordinary Time, escrito por Doris Kearns Goodwin, traducido al español como Tiempos extraordinarios. Es indiscutible que estamos viviendo tiempos extraordinarios. Con claridad –con excepción del tema migratorio, en el que están atrapados la gran mayoría de los gobernantes del mundo, ya que es un fenómeno que ha sorprendido a todos desde en las últimas décadas, pero especialmente tras la caída del Muro de Berlín, en 1989, y tras las primaveras y fenómenos de emancipación árabes– el discurso del Estado de la Unión de Joe Biden estuvo destinado a manifestar, sobre todo, cuánta vitalidad puede tener un hombre de 81 años, cuánta claridad conceptual y cuánto valor tiene para pronunciar un discurso político en tiempos extraordinarios. La declaración de Biden sobre que no se puede amar al país sólo cuando uno gana es estremecedora y es repetible para casi todos los países del mundo. Pero lo más importante es la confusión que generaron sus palabras –no sé si deliberada o por incapacidad– de plantarle cara, de una vez por todas, al fenómeno irresoluto de la crisis migratoria.
Thomas Jefferson fue un clásico. Amaba todas las condiciones que hicieron posible –desde los tiempos de Pericles hasta la época de Julio César– la supremacía de la voz del pueblo sobre la voluntad de los gobernantes. Su desconfianza, pero a la vez su convicción de tener que darle voz al pueblo, provocó que en Estados Unidos se diseñara un instrumento, en el fondo, tan poco actual y con tantas complejidades como es el Colegio Electoral de los Estados Unidos de América.
Contrario al sistema electoral mexicano, en Estados Unidos un candidato puede ganar el voto popular y aun así perder las elecciones presidenciales por el recuento de votos en el Colegio Electoral, como le sucedió a Hillary Clinton en 2016. Todo empieza con las reminiscencias y cuestionamientos sobre por qué los martes son los días que se vota en las primarias en Estados Unidos y la necesidad de analizar cómo era la sociedad cuando se instauró la normativa que sigue funcionando hasta el día de hoy. Los estadounidenses siempre se han visto envueltos en crisis de Estado que, de una manera u otra, han conseguido superar. Bastaría recordar la época en la que Franklin Delano Roosevelt tuvo que enfrentarse al Tribunal Supremo de su país o las constantes disputas con jueces del entonces chief justice, Charles Evans Hughes, en su intento de socavar la gran serie de reformas financieras –intervencionistas para algunos– que buscaban contrarrestar los efectos causados por la Gran Depresión estadounidense.
Antes de la crisis de 1929 nunca se había previsto que la especulación financiera y la falta de control sobre el manejo del dinero, en un país tan salvaje desde el punto de vista del capitalismo como lo es Estados Unidos, pudieran llegar a considerarse una cuestión de seguridad nacional. La falta de actualización y adecuación de los instrumentos jurídicos de la época provocaron la inevitable confrontación entre lo expuesto en el New Deal y jueces como Evans Hughes. Sin embargo, hubo un personaje –o más bien su legado constitucional y jurisprudencial– que fue clave para que el programa impulsado por Franklin Delano Roosevelt.
Oliver Wendell Holmes, considerado como uno de los jueces más reconocidos en la historia del Tribunal Supremo de Estados Unidos y nombrado juez de éste durante el mandato de Theodore Roosevelt, fue uno de los jueces que más promovió reforzar los esfuerzos para regular la economía de Estados Unidos. Su interpretación legal y jurisprudencia ejerció una influencia significativa en el desarrollo del pensamiento jurídico en Estados Unidos, contribuyendo al consenso judicial que respaldó la creación de nuevas regulaciones legales derivadas de las políticas del New Deal.
Hasta el día de hoy tampoco estaba previsto –ni siquiera en la sección o aplicación del artículo que se hizo después del estallido de la guerra civil– tener que ser testigos de una campaña presidida por un personaje tan atrabiliario y con un comportamiento tan fuera de las normas como lo es Donald Trump. No existían antecedentes y, lo que es más importante, no existían instrumentos que hiciesen, por ejemplo, que el ejercicio continuado del uso de la mentira desde la primera magistratura de la nación le costara el cargo o, por lo menos, una responsabilidad penal sobre lo que significa el misleading advertising a un cargo fundamental perpetrado contra la sociedad estadounidense.
Hasta la fecha el mundo no había visto a un candidato más que viable para ocupar la Presidencia de una de las principales potencias –si no es que la más– del planeta, como está sucediendo en Estados Unidos con la figura de Donald Trump y los múltiples procesos penales y civiles en su contra y que siguen pendientes de resolución. Dicho de otra forma, pese al intento de insurrección del 6 de enero de 2021, pese a su discurso, pese a la inacción y todo lo que sucedió ese día en el asalto al Capitolio, realmente había que querer, entender y había que usar el poder de poderes para pararlo, para que él no pudiera estar en la boleta del 5 de noviembre.
Por unanimidad, hace unos días la Corte Suprema de Estados Unidos consolidó y confirmó que ese personaje tan particular, problemático y, sin duda alguna, único en su tipo llamado Donald Trump –pese a todo– podrá aparecer en las boletas presidenciales. Se trata de una jurisprudencia muy peligrosa sobre lo que significa el gobierno de acuerdo con la ley y la aplicación del Rule of Law sobre la voluntad de la gente. El pueblo estadounidense lo sabe. Los jóvenes lo saben. Los viejos y quienes no quieren trabajar también lo saben. Y, sin embargo, Donald Trump puede ser nuevamente presidente de Estados Unidos, sobre todo tras ver el número de votos conseguidos en el Super Tuesday republicano de la semana pasada. A pesar de que los delegados involucrados en esta votación primaria republicana no representan a todos los estados decisivos, sí es un gran paso rumbo a la nominación presidencial de Trump.
No se equivoque, al día de hoy ya hay presidente y éste se llama Donald Trump. Un personaje que, con relación a los estadounidenses, a los migrantes y a los mexicanos se atiene al pragmatismo más radical y objetivo que sea en su beneficio. Para empezar, Trump tiene que encontrar la manera de recuperar y recaudar más de 450 millones de dólares, que son lo que tiene que pagar para subsanar la última multa impuesta en su contra. Además de eso, pese a todo lo que dice y pese a este aire de belle epoque y de tragedia mundial que se le está asignando al mundo, no lo veo en la tesitura de destruir la OTAN y producir lo que sería –si es que así lo hace– la guerra en Europa, con una supremacía muy importante a cargo de su amigo Putin sobre los demás. No creo que los estadounidenses hayan llegado a estar tan indefensos que sea posible precipitar su Estado al desastre sin que funcionen los mecanismos de control que, en este caso, pueden ser la clave del maletín de las armas nucleares en manos del presidente electo. Desde luego, todo esto lo veo poco probable ya que, para lograrlo, tendría que convencer a todos los altos mandos militares estadounidenses de desencadenar lo que, sin duda, alguna sería un holocausto nuclear.
Así están las cosas, no hay que darle más vueltas. Lo de Joe Biden, como siempre sucede cuando el poder es efectuado con buenas intenciones, pero sin estar acompañado por la fe, convicción y liderazgo, tiene un gran camino por recorrer. Sobre todo, porque, aunque llegue a ganar, da la impresión de que está perdiendo. Quedan ocho meses, en ocho meses puede pasar cualquier cosa, pero lo que actualmente es importante estudiar es la reacción del pueblo estadounidense. Y al pueblo estadounidense, pese a las mentiras, los excesos y los fraudes, le gusta más Trump que alguien que, por más que tenga muchos más años de experiencia política y siendo incluso cuatro años mayor de edad, aún no termina de convencer a los estadounidenses. En tiempos turbulentos, los pueblos generalmente se inclinan por elegir a capitanes que destaquen no tanto por su experiencia, sino por ser capaces de hacer lo que sea por mantener a flote el barco.
Las migraciones han llegado para quedarse. Europa actualmente –por crecimiento demográfico– pertenece más a los enemigos jurados de la civilización cristiana que a los seguidores o practicantes de la religión que forjó los cimientos de la historia europea que, sin duda alguna, en su mayoría fue el cristianismo. Una de las realidades incómodas para los estadounidenses es que no podrían subsistir por sí mismos sin el trabajo y aportación que dan los migrantes a su desarrollo. La migración y la discriminación de cualquier tipo que viene intrínsecamente asociada a este fenómeno se ha convertido en uno de los factores que más altera y polariza la vida de las sociedades. Tuvimos y vivimos el poscomunismo, pero hasta hace muy pocos días descubrí que una de las partes del rompecabezas de la realidad actual que casi a todos nos hace falta aceptar y digerir es que estamos en medio de la era del poscristianismo.
Estados Unidos no tiene un proyecto migratorio. Europa tampoco. Con las fuerzas autóctonas no se pueden construir los países; tal vez por eso el discurso de Biden fue confuso, sobre todo en cuanto al tema medular de la elección de este año, que es la migración. Pero la migración –no hay que engañarse– es un factor completamente necesario e imprescindible del desarrollo de algunos países, sobre todo de Estados Unidos. Y esta situación solamente puede producir más polarización, seguramente también votos rumbo al 5 de noviembre, pero también una confusión que puede terminar precipitando –dependiendo del resultado electoral– el estallido de la guerra civil.
La mesa está puesta. Hace décadas que unas primarias no estaban tan más definidas y menos competitivas. Trump y Biden. Biden y Trump. Inicia el segundo round. De los estados en cuestión sólo fue Vermont el que le dio un ligero suspiro de esperanza a una Nikki Haley, que un día después de conocer los resultados decidió abandonar por completo la contienda. Por el otro lado, por el demócrata, sólo hubo una sorpresa llamada la Samoa estadounidense. El 5 de noviembre está a la vuelta de la esquina. ¿Conseguirá terminar el trabajo Biden o logrará Trump “hacer a América grande otra vez”? Ya veremos, aunque lo cierto es que, por el momento, la balanza pareciera que está claramente inclinada hacia un lado. (Antonio Navalón, El Financiero, Enfoques, p. 31)
La agenda en Tijuana
Aunque en su próxima visita a Tijuana no tiene aún confirmado retomar el tema de Luis Donaldo Colosio, entre el equipo de Xóchitl Gálvez no descartan que se pudiera abrir un espacio para que en la gira que hará esta semana en ese municipio fronterizo pueda incluso acudir a Lomas Taurinas, el lugar donde el candidato presidencial del PRI fue asesinado en 1994. Lo anterior, de cara al 30 aniversario de este episodio que sacudió al país y que hoy sigue siendo referencia de tiempos convulsos que con el paso de los años derivarían en la alternancia política en el país. Todo dependerá del cúmulo de actividades, porque la abanderada del PAN, PRI y PRD buscará atender uno de los temas críticos para México y para Estados Unidos, particularmente en los puntos fronterizos. Sí, el de la migración, por el que algunos políticos del país vecino quieren tomar al nuestro como piñata. (Rozones, La Razón, LA DOS, p. 2)
No más especulación. Es un hecho, la próxima elección presidencial en Estados Unidos se disputará entre Joe Biden, quien buscará su relección por el Partido Demócrata, y Donald Trump por el Partido Republicano, después de que en 2020 perdió su relección con el hoy presidente Biden. Las encuestas de opinión señalan que Trump supera a Biden por cuatro o cinco puntos. Es interesante definir el perfil de quienes favorecen a uno u otro.
Quienes apoyan a Donald Trump no entienden que la emergencia sanitaria al comienzo de la década dejó a la economía del país prácticamente en ruinas. Trump se negó a entender la necesidad de establecer un plan para detener la propagación del covid-19 y tomar medidas que ayudaran a los millones que sufrieron sus efectos y, por el contrario, negó la existencia de la pandemia y perseveró en el recorte de impuestos al sector de más altos ingresos.
Quienes favorecen a Joseph Biden entienden que el ataque frontal que instrumentó para evitar la propagación de la pandemia fue decisivo y evitó la muerte de miles y que, en contra de los legisladores republicanos, puso en marcha un plan para apoyar a quienes padecieron los efectos económicos de la pandemia. Y lo que fue aún más importante: apoyó a los millones de hogares cuyos recursos fueron diezmados y que, sin un plan de recuperación, hubieran vivido una situación similar a la de la gran crisis de los años 30.
Quienes defienden a Trump insisten en que él ganó la elección en 2020. En enero de 2021 organizaron una intentona de golpe de Estado azuzados desde la Casa Blanca por el entonces presidente Trump, quien irresponsablemente continúa atacando a las estancias electorales que han demostrado plenamente que el ganador fue Biden.
Quienes respaldan a Biden han admitido que la democracia, con todo y sus fallas y limitaciones, funcionó y garantizó la legitimidad del actual presidente, a pesar de los exégetas que la cuestionan.
Quienes insisten en dar su voto por Trump, continúan sin entender que la causa de la inflación es un fenómeno del que Biden no es responsable directo.
Quienes confían en Biden se han percatado que la inflación se ha reducido de 10 a 3 por ciento, y han caído en cuenta que los precios han bajado a pesar de la especulación producida por la especulación y voracidad de los intermediarios en lo que se ha denominado “Greedflation”. La revista The Economist y varios especialistas mencionan que la economía de Estados Unidos crece por arriba de lo esperado. La inflación está próxima a las metas del Banco de la Reserva, los precios continúan bajando y el fantasma de la recesión se alejó, por ahora.
Quienes avalan a Trump se han sumado a sus sistemáticas agresiones en contra de los migrantes en general, documentados o no, acusándolos de violadores, asaltantes y narcotraficantes. Y Trump ha prometido hacer una limpia en toda la nación para echarlos fuera, ordenando a los legisladores republicanos romper con las pláticas que pudieran dar cauce a la solución del problema.
Quienes confían en Biden han entendido que el asunto de la migración es complejo, particularmente en la frontera, y que es necesario fortalecerla, sí, pero de tal forma que se garantice un proceso de asilo humanitario y consecuente con la tradición de Estados Unidos en ese sentido.
El asunto no debiera pintarse en blanco y negro, pero esa es la única forma de describir la necia actitud de quienes insisten, según revelan las encuestas, en dar a Trump la ventaja. Sólo cabe pensar que en el país hay un buen número de quienes quisieran vivir en un país en el que el color blanco fuera emblemático. Y que el significado de invitaciones como la que Trump hizo al primer ministro de Hungría, Víctor Orban, fuera la pauta a seguir en materia de política exterior.
En su reciente informe a la nación, Biden dio un respiro a quienes le exigen una actitud más firme para evitar que Trump regrese como huésped a la Casa Blanca. Advirtieron que, por fin, se decidió a rescatar su imagen ante la opinión pública y demostrar que, a pesar de su edad, es capaz y tiene la fuerza necesaria para defender sus logros y darles continuidad. Así lo entendieron quienes escucharon su discurso el jueves pasado. La ofensiva parece haber comenzado. (Arturo Balderas, La Jornada, Política, p. 8)
La secretaria de Relaciones Exteriores, Alicia Bárcena, dijo con aplomo, ante la sesión plenaria de la pasada cumbre de la Celac, el 1º de marzo, en las caribeñas islas de San Vicente y las Granadinas: Necesitamos un nuevo estilo de desarrollo, que supere el extractivismo, que apostemos por la industrialización con sostenibilidad; que apostemos por la autosuficiencia alimentaria y energética con recursos propios. Añadió que México está recuperando su soberanía y el rol del Estado (https://tinyurl.com/mwb8skm4).
El discurso de Bárcena coincide con la Declaración de Kingstown, firmada por los 33 países que forman la Celac, la cual se enfoca en fortalecer la integración regional. Pero hay en ella un punto crucial en el que se acoge la adopción de la Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas contra Medidas económicas unilaterales como medio de ejercer presión política y económica sobre los países en desarrollo (https://tinyurl.com/2s43942d). Sin embargo, parece seguir siendo tema tabú en la Celac reconocer que la mayor medida coercitiva para ejercer presión económica y política lo constituyen, en la práctica, los tratados de libre comercio (TLC) y tratados bilaterales de inversiones (TBI) –que apuntalan a corporaciones extractivas trasnacionales en su insaciable ambición de hacerse de nuestros recursos naturales.
La presidenta de Honduras, Xiomara Castro, sí tuvo la audacia de denunciar los paraísos fiscales y los centros internacionales de arbitraje que violentan nuestra soberanía y empobrecen a nuestros pueblos (https://tinyurl.com/4spjkj5n), durante la ceremonia de asunción por parte de Honduras de la presidencia pro tempore de la Celac. No fue mero discurso; el 24 de febrero su gobierno envió al Banco Mundial una notificación de denuncia del Convenio sobre Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones entre Estados y Nacionales de Otros Estados. O sea, que ¡Honduras saldrá del Ciadi! https://tinyurl.com/y3yutjt6).
Honduras fue el segundo país de la región más demandado en 2023 (nueve), sólo después de México (10). La más exorbitante fue interpuesta por la empresa estadunidense Próspera, por 10 mil 700 millones de dólares, tras la derogación de las eufemísticamente llamadas zonas de empleo y desarrollo (ZEDE), también llamadas ciudades modelo, que son paraísos fiscales privados, libres de observar leyes nacionales, creados bajo la narcodictadura del ahora enjuiciado Juan Orlando Hernández (https://tinyurl.com/ye25ez5k).
La Plataforma de Organizaciones Sociales y Civiles América Latina Mejor sin TLC, coordinada actualmente por organizaciones chilenas, apoya a Honduras declarando que la salida del Ciadi es una clara y contundente señal del gobierno de refundación democrática liderado por la presidenta Castro, de poner en cuestión los privilegios de los inversores extranjeros (https://tinyurl.com/bdzhjs3c). Se recomienda a Honduras desmontar el andamiaje del neocolonialismo corporativo, revisando su actual Ley de Protección y Promoción de las Inversiones de 2011, así como los TLC y TBI de los que forma parte, pues son instrumentos vigentes que incluyen la posibilidad de que inversionistas extranjeros demanden al Estado en otros centros arbitrales, más allá del Ciadi.
Ecuador, en sentido contrario a Honduras, reingresó al Ciadi en 2021, bajo el gobierno del banquero Guillermo Lasso. Se había retirado en 2009 durante la presidencia de Rafael Correa, cuando enfrentaba demandas corporativas –principalmente empresas petroleras– por más de 10 mil 800 millones de dólares. El reingreso de Ecuador al Ciadi es un verdadero retroceso como lo califican integrantes de la Comisión para la Auditoría Integral Ciudadana de los Tratados de Protección Recíproca de Inversiones y del Sistema de Arbitraje Internacional en Materia de Inversiones (Caitisa.org), que inició en octubre de 2013 y concluyó que el ingreso de Ecuador al Ciadi fue pernicioso. Se había entrado en una red de protección de inversiones donde los intereses de las trasnacionales estaban por encima de los derechos humanos y los de la naturaleza (https://tinyurl.com/46byt2ye).
Ahora el presidente derechista Daniel Noboa ha convocado a un referendo el 21 de abril con temas desde seguridad a migración. Pero una es sobre la modificación del artículo 422 de la Constitución de 2008 que prohíbe al gobierno, a partir de las conclusiones de Caitisa, suscribir nuevos acuerdos internacionales que incluyan mecanismos de demandas supranacionales para inversionistas extranjeros, incluyendo en el TLC con EU que tanto ansían los nuevos gobiernos conservadores de Ecuador. La pregunta en el referendo es tramposa: “¿Está usted de acuerdo en que el Estado ecuatoriano promueva la inversión extranjera y reconozca el arbitraje internacional como método para solucionar controversias en materia de inversión […] de manera que se ofrezca a los inversores extranjeros un entorno apropiado de seguridad jurídica que genere mayores oportunidades de empleo y afiancen la dolarización?” (https://tinyurl.com/38z6rj99)
En 2018, el secretario de Economía Ildefonso Guajardo, en los últimos alientos del gobierno de Peña Nieto, firmó el convenio del Ciadi, del que México se había resistido a entrar, con la misma trampa de que la firma de este instrumento robustecerá la posición de México como país seguro, confiable y atractivo para las inversiones, que protege y promueve la inversión extranjera, otorgando mayor certidumbre jurídica a los inversionistas nacionales en el exterior y a los extranjeros en nuestro país (https://tinyurl.com/38z6rj99). En realidad el objetivo fue dejar al entrante gobierno de la 4T maniatado ante los intereses de las grandes trasnacionales. La pregunta para el próximo gobierno es: ¿seguirá el modelo neoliberal bajo los TLC y TBI que empeñan nuestra soberanía en tribunales como el Ciadi? o ¿actuará con valor y firmeza como Castro, y se le unirá para comenzar un proceso regional de desmantelamiento y liberación de estos tratados neocoloniales y tribunales supranacionales? (Manuel Pérez Rocha L., La Jornada, Opinión, p. 13)
Este es el año electoral más importante en la historia moderna del mundo. 4 mil millones de personas en más de 50 países van a votar, entre ellos México y Estados Unidos. Será un reto inédito para la democracia. Pondrá a prueba la solidez de las instituciones electorales y las costumbres democráticas. Con la desinformación y la manipulación como herramientas electorales, el año examinará la capacidad del votante de discernir y su voluntad de participar.
Las consecuencias no podrían ser más grandes.
No es una exageración decir que este año decidirá el rumbo político, cultural, económico y social del planeta en lo que resta del siglo.
En este contexto de enorme trascendencia, ninguna variable será más reveladora que el comportamiento de los votantes jóvenes. ¿Decidirán participar en los procesos electorales o preferirán la apatía? Si participan, ¿cuáles serán los temas que los lleven a las urnas? ¿Qué motivará su voto? Y más importante todavía: ¿entienden a cabalidad lo que está en juego? ¿Están lo suficientemente informados –es decir: conocen suficiente la historia de sus países y del mundo– como para votar de manera racional?
Un reportaje reciente en el Washington Post sobre la política europea sugiere que los jóvenes han olvidado las lecciones de la historia. O al menos han optado por descartarlas. El Washington Post recoge el caso de Portugal, en el que el partido de extrema derecha “Chega” ha registrado un notable aumento de respaldo entre los votantes de 18 a 34 años. Si las tendencias recientes continúan, “Chega” –antiinmigrante, restrictivo de derechos como el aborto– podría convertirse en el partido más popular entre los jóvenes portugueses.
¿Por qué ha crecido “Chega”? En parte, porque los jóvenes tienen agravios reales, no atendidos por los partidos más moderados. El costo de la vida y la vivienda; un desencanto palpable con la economía. Pero hay otros factores. El primero es una clara ignorancia de la historia. El reportaje del Post comparte sondeos que indican que los jóvenes portugueses no conocen (ni recuerdan, evidentemente) la vida durante la larga dictadura que terminó en 1974. Como no conocen el precio de perder la libertad no tienen incentivos para defenderla.
Lo que sí tienen, en cambio, es el incentivo de la frivolidad. “Chega” ha crecido también porque cuenta con políticos tiktokeros que son celebridades en redes sociales. El atractivo del oropel moderno junto con la estridencia de políticas radicales –por ejemplo, nacionalismos rabiosamente opuestos a la migración– parece estar encontrando un peligroso eco en Portugal y otros lugares de Europa, como Austria, Países Bajos y Francia.
Los jóvenes europeos parecen querer la restauración de represiones pasadas.
Y esto obliga a una pregunta urgente. ¿Qué quieren los jóvenes mexicanos? ¿Qué impulsa su voto? ¿Cómo conseguir su respaldo? Está claro que Movimiento Ciudadano apuesta por atraer desde la superficie, desde el resplandor de los tenis fosforescentes y la cultura de Instagram. Habrá que ver hasta dónde llega ese (digamos) argumento. Otros apuestan a la misma amnesia colectiva que aqueja a los jóvenes europeos. En México, la democracia ha perdido prestigio. A los jóvenes parece importarles menos que a sus padres si México vive en democracia. En parte, me temo, se debe a que han olvidado las lecciones del México del PRI. Un votante nacido en el año de la alternancia tiene hoy 24 años. ¿Recuerda lo que fue el PRI? ¿Sabe cómo el partido hegemónico hundió a México en años de lo que fue la famosa “dictadura perfecta”? ¿Conocen la historia de 1988 y la lucha por la democracia? Parece poco probable. Y si eso es poco probable, ¿cómo van a encontrar los focos de alarma en el endurecimiento del nuevo sistema político mexicano, con su propio partido hegemónico, con sus propios modos autoritarios, tan claramente similares a lo que parecíamos haber superado? Como no conocen la historia, se han condenado a repetirla.
En parte, les hemos fallado nosotros, las generaciones que les antecedieron. Es nuestra responsabilidad explicar lo que fue para que no lo sea de nuevo. Parece que no lo hecho bien.
Por lo pronto, con la coyuntura electoral ya en puerta, lo que resta es hacer un llamado a la participación joven. No importa el sentido del voto. Importa el voto. Que los jóvenes voten de manera desinformada sería una derrota para la democracia mexicana. Pero que no voten lo sería mucho más. Al fin y al cabo, este país es suyo ya. Aunque no lo vean con la claridad necesaria. (León Krauze, El Universal, Nación, p. A14)
En el Consejo General del INE hay múltiples solicitudes de los partidos políticos para que se elabore un mapa de riesgo para los candidatos, debido a la violencia que se vive en el país. Voces al interior del instituto aseguran que no tienen las facultades o las herramientas de inteligencia para elaborar un proyecto de esa naturaleza, pero lo cierto es que dicha radiografía de la presencia del crimen existe y es de conocimiento no sólo de los entes de seguridad, sino de varias dependencias que estarán involucradas en el proceso electoral.
Hay zonas en las que, de manera obligada, el INE debe contemplar la presencia de la delincuencia para llevar a cabo las elecciones. Los capacitadores entran con los cuerpos policiacos a varias regiones, lo mismo para la instalación de las casillas y el desarrollo de la jornada. Según los reportes de inteligencia, en las nueve entidades que estarán en disputa hay presencia de la delincuencia organizada, lo que obliga a tomar medidas extraordinarias, aunque al instituto que preside Guadalupe Taddei no le guste decirlo en voz alta.
Empezando por Chiapas, donde Rutilio Escandón terminará su sexenio, los comicios se llevarán a cabo en plena disputa de seis grupos delictivos de alto impacto; esto sin contar las bandas locales, las autodefensas o el fenómeno migratorio que ha incrementado otro tipo de problemáticas. En al menos 39 municipios chiapanecos opera abiertamente el crimen, principalmente el Cártel de Sinaloa, el Cártel Jalisco y Los Zetas.
En Guanajuato, el panista Diego Sinhue concluirá su mandato y dará paso a una nueva administración que recibirá un estado con siete organizaciones criminales operando al mismo tiempo en 36 de sus municipios. Ahí, tanto las instituciones de Seguridad como el INE deberán contemplar la presencia del Cártel Jalisco y del Cartel de Santa Rosa de Lima, para mencionar los más poderosos.
En Morelos, gobernado por Cuauhtémoc Blanco, quien dejará una profunda crisis de inseguridad, hay 11 grupos criminales asentados. La aliancista Lucy Meza, la morenista Margarita González Saravia o la emecista Jessica Ortega tendrán que lidiar con la presencia de bandas como los Guerreros Unidos, Los Jefes, La Familia Michoacana, el Cártel del Noreste y el grupo de colombianos y venezolanos, operando todos en el 99% del territorio.
En Veracruz, gobernador por Cuitláhuac García, hay siete grupos delincuenciales de alta peligrosidad. Las elecciones van a transcurrir con el Cártel Jalisco, el Cártel de Sinaloa, el Cártel del Noreste, la Fuerza Especial Grupo Sombra, Pura Gente Nueva y la Célula Independiente 35-Z peleando por el estado.
En Puebla, Sergio Salomón terminará el periodo que inició Miguel Barbosa para dar paso a una nueva administración de Eduardo Rivera o Alejandro Armenta; los comicios deberán transcurrir y las casillas instalarse a pesar de la presencia de 11 grupos criminales. Mientras que en Tabasco, Carlos Manuel Merino dejará un estado en el que coexisten nueve cárteles.
En Yucatán, de Mauricio Vila, aunque resulte uno de los estados “más seguros para vivir”, tienen presencia nueve grupos criminales, entre ellos los llamados Caballeros Templarios, el Cártel de Sinaloa, el Cártel Jalisco, el Cártel del Golfo, el Cártel del Istmo y Los Zetas, aunque solamente tienen en 12 de los 106 municipios de la entidad.
El caso de la Ciudad de México no es muy diferente. Martí Batres, que sustituyó a Claudia Sheinbaum en el cargo, gobierna el territorio donde más organizaciones delictivas operan. Hay 30 bandas repartidas en las 16 alcaldías que también estarán en disputa el próximo 2 de junio; la Unión Tepito, el Cártel de Tláhuac y la Fuerza AntiUnión son algunas de las locales que se suman a las que tienen presencia nacional.
Posdata
Hablando de violencia y de la injerencia del crimen organizado en la política, en Palacio Nacional cada vez es mayor la preocupación porque algunas elecciones puedan ser anuladas debido a la intromisión de las bandas antes, durante y después del 2 de junio.
En el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ya advirtieron que la influencia del crimen organizado en las elecciones es una problemática que debe reconocerse y atenderse, antes de que pueda llegar a tomar control incluso desde la Presidencia de la República.
Como lo publicó EL UNIVERSAL tras un foro con magistrados y magistradas del TEPJF, dependerá del número de denuncias y su gravedad que se puedan anular las elecciones.
El mismo presidente Andrés Manuel López Obrador advirtió que las campañas en redes sociales, como la que se ha impulsado en su contra bajo la etiqueta de #NarcoPresidente, pueden ”tumbar a un gobierno” cuando la gente no está informada y es susceptible a la manipulación.
El presidente ha calificado esto como “gravísimo” y “tóxico”, así que un escenario de anulación de elecciones está muy vigente. (Mario Maldonado, El Universal, Nación, p. A13)
Este 2024 será como pocos, un año marcado por elecciones. Alrededor de 100 países las tendrán y se renovarán las presidencias en 50 de ellos. En un mundo globalizado todas tendrán que ver entre ellas y aunque unas serán más determinantes que otras.
En nuestro hemisferio los comicios en Estados Unidos serán de la mayor relevancia para nuestro futuro. La semana pasada estuvo marcada por momentos por demás relevantes para los procesos electorales en ambos países, en el nuestro finalmente iniciaron formalmente las campañas y en EU se definieron, en el supermartes, quiénes serán los dos contendientes a la Presidencia en aquel país y además el presidente Biden dio su informe sobre “El Estado de la Nación”, que más allá de la obligación que tiene al respecto, fue sin duda además un acto de campaña.
De la misma manera hay que poner la vista en Canadá, que si bien no tiene elecciones este año se prepara para ellas y los efectos de ello ya los estamos viendo en cuestiones tan “prácticas” como las visas para mexicanos que viajan a ese país y en temas como el tratado comercial y migración que generan tensiones políticas en aquel país.
Cada quien con sus problemas, pero todos compartiendo un mayor número de cuestiones que nos son comunes. Como nunca, las relaciones entre los tres países serán motivo de las deliberaciones en las campañas. Pero vayamos por partes.
Aquí arrancamos sin sorpresas, Claudia Sheinbaum reitera su lealtad a López Obrador y centra su campaña en la continuidad del proyecto de la 4T; Xóchitl Gálvez, en sentido opuesto, resalta las deficiencias de las políticas del actual gobierno y propone el cambio, y Álvarez Máynez, buscando su propia identidad, se propone como una tercera vía y trata de usar como plataforma de despegue la inercia que le dejó el gobernador de Nuevo León en su intentona fallida de ser candidato presidencial.
En resumen, continuidad versus cambio y un partido que se juega su registro y más si la polarización se agudiza y al final el “voto útil” se decanta por dos y no entre tres opciones.
Esperemos que en las semanas que vienen (estamos a 82 días de la jornada electoral, el tiempo corre implacable) se pase del marketing de campaña, a propuestas de Estado, a la altura del momento que vivimos. Es decir, de las generalidades, del largo listado de 100 promesas y las buenas intenciones, a planteamientos viables sobre los problemas estructurales que aquejan a nuestro país. Hablamos de seguridad, salud, educación, medio ambiente, distribución del ingreso, inserción en el desconcierto global.
Por otra parte, en los EU también lo previsible Biden vs. Trump, la continuidad y el cambio. Dos reelecciones a la vista, lo que habla, más allá de la edad de los contendientes, de la falta de relevos generacionales, pero ese es otro tema, aunque no menor. Lo que llama la atención es que con tanta anticipación y claridad estén definidos los dos contendientes.
A pesar de las asimetrías encontramos paralelos en ambos países, entre otros la polarización, síndrome de nuestros tiempos. La geopolítica marcando la lógica de los mercados y temas que cruzan fronteras en un mundo globalizado: migración, medio ambiente, poderes extraestatales (crimen organizado, criptomonedas, inteligencia artificial, injerencia extranjera en procesos electorales nacionales, etc.), y para colmo un ambiente bélico ante la falta de un concierto internacional.
Nosotros el 2 de junio, ellos en noviembre, pero ya desde hoy, desde ayer, en nuestras campañas, ellos estarán presentes y nosotros en las de ellos.
No es de extrañar que los temas de la “frontera sur” sean parte del debate en campañas en EU, pero lo que no es común es que ocupen un lugar tan relevante y determinante para los próximos años y que la agenda sea tan abundante.
Un tema que estará presente en la deliberación pública en ambas campañas será el de la democracia, su calidad y el riesgo de perderla frente a las tendencias autoritarias y el desencanto de los electores.
El presidente Biden en enjundioso discurso llamó a defender a la democracia ante la amenaza de Trump y razones no le faltan, el expresidente vio con simpatía la toma del Capitolio en el 2021 ante su derrota en las urnas y ha montado su estrategia de campaña en el consabido discurso maniqueo amigo-enemigo.
Algo similar estamos viviendo en México, en donde se llama demócratas a los que coinciden conmigo y se les niega tal carácter a los que no. Lamentable el estado de la democracia y de las instituciones que se han construido en torno de ella.
Los paralelos son evidentes, López Obrador, al igual que Trump reta al Poder Judicial, sistemáticamente viola las reglas y se dirige solo a sus seguidores descalificando a sus oponentes cuando su responsabilidad constitucional es representar a todos. Al igual que Trump ve con recelo los procesos electorales y desconfía de los métodos democráticos.
Por otra parte, si bien Canadá tiene previstas elecciones federales hasta septiembre de 2025, el debate electoral se ha anticipado ante el notorio avance de los conservadores y el debilitamiento de los liberales y del primer ministro Justin Trudeau, quien gobierna desde 2015.
Las elecciones en los dos países que son sus principales socios comerciales marcarán los comicios canadienses. La relación entre Trudeau y Trump no es buena, este último lo calificó de débil y mentiroso en algún momento de su periodo presidencial. Y ahora López Obrador lo enfrenta ante el anuncio del requerimiento de las visas a mexicanos y amenaza de no ir a la cumbre de los tres países prevista para el próximo mes.
Y todo eso en la antesala de la revisión del tratado comercial, misma que estará marcada por tendencias proteccionistas-nacionalistas a contraflujo de lo que originalmente inspiró la construcción de la zona económica que hoy entrelaza a los tres países.
Política y economía, democracia y autoritarismo, expansión y restricción de derechos. Tres elecciones marcadas, a pesar de las asimetrías y las particulares historias, por problemas compartidos y un horizonte político sombrío y con tendencias regresivas.
POSDATA: Las evidencias de que estamos ante una elección de Estado se acumulan, ahora la CNDH se entromete en los procesos electorales cuando lo tiene expresamente prohibido en la Constitución y además califica el discurso de Lorenzo Córdova del 18 de febrero como “racista y clasista”, nada más alejado de la verdad. (Edmundo Jacobo Medina, El Financiero, Opinión, p. 28)
Si las piezas estratégicas se siguen colocando como se advierte de manera previsible, entonces el próximo Presidente de Estados Unidos será nada menos que el expresidente Donald Trump y con él llegarán nuevas oleadas de presiones en modo imperiales sobre el próximo Gobierno mexicano.
Aunque faltan las elecciones de noviembre en EU, las primarias del supermartes y el informe presidencial de Joseph Biden dejaron más o menos las tendencias de votos con cinco puntos a favor de Trump y sobre ese escenario hay que interpretar las expectativas.
El primer punto es el hecho de que la próxima presidenta de México será mujer y Trump ha demostrado que a veces es más machista que racista y eso es ya mucho decir. Esto lo trae desde el fondo de su alma, lo cual implica que ni siquiera tiene tiempo para racionalizar su cargo para tratar con políticas mujeres de otros países. La alemana Angela Merkel lo padeció.
El otro punto es que al machismo del poder se uniría el de género para el trato con un México gobernado por una mujer, y destacar desde ahora que Trump quiso lanzar misiles sobre posiciones del narco en zonas urbanas mexicanas, ha insistido en mandar a los marines a territorio mexicano para perseguir a los capos de la droga y ha usado de manera arbitraria la amenaza de aranceles para que nuestro país sea un socio menor y obediente en materia migratoria.
El presidente López Obrador supo lidiar con Trump aplicando estrategias de elusión, pero al final de cuentas el poder estadounidense fue inmenso y desde la Casa Blanca obligaron a la toma de decisiones mexicanas que contradecían el espíritu humanitario de la migración.
La candidata oficial Claudia Sheinbaum Pardo no ha tenido oportunidad de dar un planteamiento directo sobre Trump, pero la candidata opositora Xóchitl Gálvez Ruiz ya ha estado en el territorio estadounidense para buscar cobijo político.
Zona Zero
En las próximas semanas el tema central parece ser que ya no será si Trump va a ganar las elecciones, sino tratar de adivinar quién será su candidato a la vicepresidencia. Y hay un indicio que no hace sino complicar el panorama de las relaciones con México: el ultrarracista gobernador texano, Greg Abbott, pudiera ser el vicepresidente de Trump como un mensaje de que la prioridad fundamental de la agenda del próximo Gobierno republicano será aplastar a México en materia de migración y seguridad. (Carlos Ramírez, 24 Horas, Estados, p. 12)
Conforme avanza el proceso electoral, los mercados financieros tomarán más en cuenta las propuestas de los contendientes y tratarán de anticiparse al modelo económico del siguiente gobierno y a sus respectivas implicaciones para tomar decisiones previas o incluso determinar su estrategia de inversión en el mercado local. Por ejemplo, JP Morgan consideró que asumiendo la ventaja de Morena en las encuestas, la atención se centrará en alcanzar, mediante sus aliados políticos, la mayoría en el Congreso, y el papel que Movimiento Ciudadano jugaría para lograr dicho objetivo, considerando su disposición que hizo pública para apoyar con sus votos algunos de los cambios constitucionales propuestos por el primer mandatario.
Y es que la mayoría calificada legislativa tomó mayor relevancia con la presentación de un paquete de 20 reformas que muchos interpretaron como una especie de “guion” para el siguiente gobierno, pero de acuerdo con el banco internacional, más allá de estas propuestas hay dos desafíos políticos que eclipsarían los pretendidos cambios constitucionales considerando que por lo general las reformas nos tienen un efecto inmediato en la economía.
¿Y cuáles son esos desafíos? En el plano externo está el TMEC, porque las reformas propuestas amenazan con empañar la desgastada relación entre Estados Unidos y México afectada por la crisis migratoria, el escaso avance en la guerra contra el crimen organizado, y la mayor participación de China en la inversión extranjera directa. Y con las elecciones en Estados Unidos acercándose gradualmente, la narrativa de los temas mencionado pronto pasará al centro del escenario, y la próxima revisión del TMEC, en el segundo semestre de 2026, se espera que a los candidatos tengan que responder sobre el escaso progreso de las discusiones comerciales actuales con Estados Unidos y además de otros potenciales obstáculos incluidos en el paquete de reformas. “La incertidumbre sobre el futuro del TMEC podría disuadir nuevas inversiones”, advirtió JP Morgan que explicó que, si bien hay noticias positivas recientes en materia de inversión extranjera directa, las nuevas inversiones siguen siendo modestas.
Sobre el desafío interno, JP Morgan explicó que, si bien la candidata de Morena ha emitido mensajes contradictorios sobre su respaldo o no al programa de AMLO, optó por permanecer cerca del mensaje populista de los últimos seis años. Además, la candidata sigue enfatizando que no hay urgencia de implementar una reforma fiscal, incluso si se espera que su agenda se mantenga cercana a los pilares políticos del gobierno de AMLO que implican un fuerte gasto social a costa de reducir el gasto de capital, ligeramente contrarrestado por una política de ingresos que hasta ahora se basa en el agotamiento de los fideicomisos públicos, y los fondos de contingencia, y seguir enfatizando la eficiencia fiscal para evitar aumentar los impuestos. (Roberto Aguilar, El Sol de México, Finanzas, p. 14)